¿Qué significa ser un esposo consagrado?

¿Qué significa ser un esposo consagrado?

Cuando preguntamos cómo ser un marido consagrado, una de las primeras verdades que hay que reconocer, es que por naturaleza nadie es consagrado. Ni los hombres ni las mujeres pueden ser todo lo que Dios quiere que sean por sus propias fuerzas. Así que para ser una esposa o un esposo consagrado, se requiere en primer lugar que entreguemos nuestras vidas al señorío de Jesucristo. Ser «consagrados» significa que debemos tener a Dios. Cuando Su Espíritu vive en nosotros, Él nos empodera para vivir vidas consagradas (Gálatas 2:20; Tito 2:12).

Filipenses 2:3-4 establece una base para todas las relaciones piadosas, incluida la del matrimonio: «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros». En el matrimonio, esto significa que un esposo y una esposa ya no son sus propios jefes. Cada uno ha entregado voluntariamente al otro el derecho a hacer lo que quiera y cuando quiera. Esto puede ser particularmente difícil para los hombres, especialmente si habían estado solteros por un largo tiempo. Es posible que nunca se le pase al hombre por la cabeza que su esposa no es tan apasionada como él en cuanto a pasar el fin de semana en un partido de fútbol o en alguna otra actividad. Sin embargo, este pasaje nos instruye a considerar intencionalmente los sentimientos y las ideas de los demás, en lugar de suponer que piensan lo mismo que nosotros.

1 Pedro 3:7 dice, «Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo». El término «vaso más frágil» a menudo ha sido mal interpretado. Esto no implica inferioridad, ya que el versículo continúa diciendo que una mujer es coheredera con su marido. Dentro del contexto de este versículo, la frase «más frágil» significa que a una mujer no se debe tratar como si fuera «uno de los chicos». Ella es creada de forma diferente, tanto en cuerpo como en espíritu. «Entender » es la clave. Un esposo debe estudiar a su esposa, aprender quién es ella, y tomar decisiones que resalte sus fortalezas y belleza. El enfrentamiento físico, el matoneo verbal, intimidación y el abandono emocional no tienen cabida en un matrimonio cristiano. Vivir con ella de manera que se comprenda, significa que un esposo sabio controla sus propias necesidades y desea que las necesidades de su esposa se suplan. Él no la menosprecia, no minimiza su aporte a la familia o espera que ella haga lo que Dios le ha dado al esposo para hacer. La tarea que el esposo tiene de por vida es el estudio de una mujer, y quiere ser un experto en ella.

Efesios 5 continúa con la descripción de un marido consagrado. El versículo 25 dice, «Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella». Esta comparación con Cristo y la iglesia dice mucho. Los maridos tienen que mostrar un amor sacrificial e incondicional por sus esposas de la misma manera que Jesús nos ama; somos Su novia, aun cuando somos indisciplinados, desobedientes, y odiosos. El versículo 28 dice, «Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama». Los hombres generalmente no tienen ningún problema en amar sus propios cuerpos. La realización sexual, la destreza muscular y otras necesidades físicas a menudo son prioridades que están en los primeros lugares. Dios está instruyendo a los esposos para que le den a sus esposas la misma prioridad que le dan a las necesidades físicas. Jesús voluntariamente sujetó su propio cuerpo a los malos tratos, la humillación y a la necesidad por amor de su esposa, la iglesia. Este es el modelo a seguir que la escritura da para los esposos.

Las esposas cristianas desean un liderazgo consagrado al Señor y no dictatorial. Sin embargo, un hombre no puede guiar a donde él no ha estado. Un líder siempre va primero, forjando el camino, batallando en temas espirituales y, luego, presenta la instrucción de Dios para su familia. Una continua relación personal con Jesús es crucial para guiar espiritualmente a la familia. Dios responsabiliza a los hombres por el bienestar espiritual y físico de sus familias (1 Timoteo 5:8). Incluso si la mujer es mucho mejor que el hombre en la enseñanza y liderando, el marido aún tiene que involucrarse para enseñar a sus hijos. Él debe dar ejemplo cuando asisten a la iglesia, en la lectura de la biblia, la oración y las disciplinas espirituales. Es difícil que una mujer cristiana respete a su marido en otras áreas cuando él no ha sido coherente liderándola espiritualmente.

Tanto los hombres solteros y casados pueden beneficiarse de estas características de un líder consagrado a Dios. Un líder es:

• En primer lugar, un líder es un siervo (Mateo 23:11)

• Enseñable (Proverbios 19:20)

• Lleno del Espíritu Santo (Hechos 6:3)

• Entusiasmado con su función (Efesios 6:7)

• Un modelo de humildad y de perdón (1 Pedro 5:6; Efesios 4:32)

• Amoroso con aquellos que dirige (Mateo 5:46; Juan 13:34-35)

• Listo a admitir sus fracasos y las áreas donde necesita crecimiento (Filipenses 3:12).

Más específicamente, un hombre puede llegar a ser un marido consagrado a Dios considerando lo siguiente:

1. ¿Su horario indica que su familia es una prioridad en cuanto a tiempo, energía e interés?

2. ¿Está escuchando el consejo de 1 Pedro 3:7 y realmente está estudiando a su esposa?

3. ¿Están tomando la iniciativa para guiar espiritualmente a su esposa, compartiendo las cosas que Dios le está enseñando?

4. ¿Es sensible al estado físico y necesidades sexuales de su esposa? Son muy diferentes de las suyas, y un marido consagrado a Dios respeta eso sin hacer mala cara o tratar de «castigarla».

5. ¿Está aceptando una responsabilidad igual para con los niños? Incluso si su esposa es mejor en algunos aspectos de la crianza de los hijos, sus hijos son su responsabilidad. Su esposa necesita un compañero que voluntariamente comparta la carga con ella.

6. Examine el tono de voz. ¿Ha caído en el hábito de la dureza, la culpa, o la desaprobación sutil?

7. ¿Alguna vez acude al abuso verbal o físico en cualquiera de sus formas? Si necesita ayuda para el manejo de la ira, consígala.

8. En las áreas donde su esposa es débil, ¿está ayudándola a crecer en lugar de criticarla o menospreciarla?

9. ¿Es un buen oyente? Las esposas necesitan compartir lo que hay en sus corazones, y usted debe ser el lugar más seguro para que ella lo haga.

10. ¿Es usted el guardián de su corazón, de sus sueños y su autoestima? No puede ser Dios para ella, pero puede animarla a conectarse con Dios de tal manera que sus más profundas necesidades emocionales sean suplidas por Él.

Los hombres suelen medirse por las apariencias que están fuera de su control. El dinero, la fama, la capacidad física y el poder son pasajeros y temporales. Sin embargo, un esposo puede llegar a definir el éxito por lo bien que ha seguido el mandamiento de Dios de cuidar a su esposa y de guiar a su familia. Una mujer feliz es un testamento para su marido. Mientras que él no es responsable por la forma en que su esposa responde, cada esposo puede controlar lo bien que está siguiendo el modelo de Jesús en amar y guiar a las personas que Dios le ha confiado.

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 «¿Qué cosas en este mundo tienen un valor eterno verdadero?»

 «¿Qué cosas en este mundo tienen un valor eterno verdadero?»

 Sobra decir que las únicas cosas de valor eterno en este mundo son aquellas que son eternas. La vida en este mundo es temporal, no eterna, y por lo tanto, la única parte de la vida que tiene valor eterno es la que dura hasta la eternidad. Claramente, lo más importante en este mundo que tiene un verdadero valor eterno, es tener una relación con Jesucristo, sabiendo que el regalo de la vida eterna viene sólo a través de él para todos los que creen (Juan 3:16). Como Jesús dijo, «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al padre, sino por mí» (Juan 14:6). Todo el mundo va a vivir en algún lugar por la eternidad, cristianos y no cristianos por igual. Y el único destino eterno distinto diferente al de estar en el cielo con Cristo, es el que ofrece un castigo eterno para aquellos que rechazan a Jesús (Mateo 25:46).

Con respecto a las abundantes cosas materiales que este mundo ofrece y que muchos buscan obstinadamente, Jesús nos enseñó a que no acumuláramos tesoros terrenales que pueden ser destruidos o robados (Mateo 6:19-20). Después de todo, no hemos traído nada a este mundo, y sin duda nada podremos llevarnos. Sin embargo, siempre se pasan por alto nuestros principales valores cristianos en nuestra búsqueda diligente del éxito y el bienestar material, y en medio de estas búsquedas terrenales con frecuencia nos olvidamos de Dios. Moisés abordó este tema hace 3.500 años cuando su pueblo estaba a punto de entrar a la tierra prometida. Les advirtió de no olvidar a Dios, porque él sabía que una vez que «construyeran casas donde habitaran» sus corazones se enorgullecerían y se olvidarían de Dios (Deuteronomio 8:12-14). Es cierto que no hay valor eterno en vivir nuestras vidas para nosotros mismos, buscando obtener todo lo que podamos de la vida, como el sistema mundial nos quiere hacer creer.

Sin embargo, puede haber valor eterno importante en lo que hacemos con nuestras vidas durante el tiempo extremadamente breve que estamos aquí en la tierra. Aunque la escritura deja claro que nuestras buenas obras acá en la tierra no nos salvan o nos mantienen salvos (Efesios 2:8-9), es igualmente claro que estaremos eternamente recompensados de acuerdo a lo que hayamos hecho mientras estamos aquí en la tierra. Como Cristo mismo dijo, «Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras» (Mateo 16:27). De hecho, los cristianos son «…hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas» (Efesios 2:10, énfasis añadido). Estas «buenas obras» tienen que ver con servir al señor lo mejor que podamos con lo que él nos ha dado y dependiendo totalmente de él.

El apóstol Pablo explica la calidad de las obras que pueden traer recompensas eternas. Comparando a los cristianos con «constructores» y la calidad de nuestras obras con materiales de construcción, Pablo nos dice que los buenos materiales que sobreviven a la prueba de fuego de Dios y que tienen valor eterno son «oro, plata y piedras preciosas», mientras que el uso de materiales de menor calidad tales como «madera, heno y hojarasca» para construir sobre el fundamento que es Cristo, no tienen valor eterno y no recibirán recompensa (1 Corintios 3:11-13). Básicamente, Pablo nos está diciendo que no toda nuestra conducta y todas nuestras obras merecerán recompensas.

Hay muchas maneras en que nuestro servicio al señor nos traerá recompensas. En primer lugar, debemos reconocer que cada verdadero creyente ha sido apartado por Dios y para Dios. Cuando recibimos el regalo de la salvación de parte de Dios, recibimos ciertos dones espirituales (1 Corintios 12:7, 11). Y si pensamos que nuestros dones son insignificantes, debemos recordar que, como Pablo le dijo a la iglesia de Corinto, el cuerpo de Cristo está compuesto de muchas partes (1 Corintios 12:14). Y «Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. . .los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios» (1 Corintios 12: 18, 22 énfasis agregado). Si estás ejercitando tus dones espirituales, estás jugando un papel importante en el cuerpo de Cristo y haciendo lo que tiene valor eterno.

Cada miembro del cuerpo de Cristo puede hacer aportes significativos cuando humildemente buscamos edificar el cuerpo y glorificar a Dios. De hecho, cada pequeña cosa se puede sumar al hermoso mosaico de lo que Dios puede hacer cuando cada uno de nosotros hacemos nuestra parte. Recuerda que, en la tierra Cristo no tiene cuerpo, excepto el nuestro, no tiene manos excepto las nuestras, no tiene pies excepto los nuestros. Los dones espirituales son la forma en que Dios administra su gracia a los demás. Cuando mostramos nuestro amor a Dios obedeciendo sus mandamientos, cuando perseveramos en la fe a pesar de toda la oposición y persecución, cuando en su nombre mostramos misericordia a los pobres, a los enfermos y menos afortunados, y cuando ayudamos a aliviar el dolor y el sufrimiento que está a nuestro alrededor, entonces ciertamente estamos edificando con «oro, plata y piedras preciosas» que tienen un verdadero valor eterno.

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¿Dónde está el infierno? ¿Cuál es la ubicación del infierno?

¿Dónde está el infierno? ¿Cuál es la ubicación del infierno?

Diversas teorías sobre la ubicación del infierno se han presentado. Una visión tradicional es que el infierno está en el centro de la tierra. Otros proponen que el infierno está situado en el espacio exterior en un agujero negro. En el Antiguo Testamento, la palabra traducida «infierno» es Seól; en el Nuevo Testamento, es Hades (que significa «invisible») y Gehena («el valle de Hinom»). Seól también se traduce como «pozo» y «sepulcro». Tanto Seól y Hades se refieren a una residencia temporal de los muertos antes del juicio (Salmo 9:17Apocalipsis 1:18). Gehena se refiere a un estado eterno de castigo para los muertos impíos (Marcos 9:43).

La idea de que el infierno está debajo de nosotros, tal vez en el centro de la tierra, viene de pasajes tales como Lucas 10:15: «Y tú, Capernaum, que hasta los cielos eres levantada, hasta el Hades serás abatida.» También, en 1 Samuel 28:13-15, el médium de Endor ve el espíritu de Samuel «subiendo de la tierra». Debemos señalar, sin embargo, que ninguno de estos pasajes se refiere a la ubicación geográfica del infierno. Capernaum siendo abatida «hacia abajo» es probablemente una referencia a ser condenado en vez de una dirección física. Y la visión del médium de Samuel era sólo eso: una visión.

En la versión King James, Efesios 4:9 dice que antes de que Jesús ascendió al cielo, «también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra.» Algunos cristianos toman «las partes más bajas de la tierra» como una referencia al infierno, donde dicen que Jesús pasó el tiempo entre Su muerte y resurrección. Sin embargo, la Nueva Versión Internacional da una mejor traducción: «también descendió a las partes bajas, o sea, a la tierra». Simplemente este versículo dice que Jesús vino a la tierra. Es una referencia a Su encarnación, no a Su ubicación después de la muerte.

La noción de que el infierno está en algún lugar en el espacio exterior, posiblemente en un agujero negro, se basa en el conocimiento de que los agujeros negros son lugares de gran calor y presión de los cuales nada, ni siquiera la luz, puede escapar. Otra especulación es que la tierra será el «lago de fuego», mencionado en Apocalipsis 20:10-15. Cuando la tierra es destruida por fuego (2 Pedro 3:10Apocalipsis 21:1), según esta teoría, Dios usará esa esfera ardiente como el lugar de tormento eterno para los impíos. Nuevamente, esto es mera especulación.

Para resumir, las Escrituras no nos dicen la localización geológica (o cosmológica) del infierno. El infierno es un lugar literal de verdadero tormento, pero no sabemos dónde está ubicado. El infierno puede tener una localización física en este universo, o puede estar en una «dimensión» totalmente diferente. En cualquier caso, la ubicación del infierno es mucho menos importante que la necesidad de evitar ir allí.

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¿Es Jesús Dios? ¿Alguna vez Jesús afirmó ser Dios?

¿Es Jesús Dios? ¿Alguna vez Jesús afirmó ser Dios?

En la Biblia, no hay un registro de Jesús diciendo las palabras precisas, «Yo soy Dios». Sin embargo, eso no significa que Él no proclamó ser Dios. Tome, por ejemplo las palabras de Jesús en Juan 10:30, «Yo y el Padre uno somos». A simple vista, esto no parecería ser una afirmación de ser Dios. Sin embargo, escuche la reacción de los judíos a Su declaración, «Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios» (Juan 10:33). Los judíos entendieron la declaración de Jesús al afirmar ser Dios. En los versículos siguientes, Jesús nunca los corrige diciéndoles, «Yo no afirmé ser Dios». Eso indica que Jesús realmente estaba diciendo que era Dios al declarar, «Yo y el Padre uno somos» (Juan 10:30). Juan 8:58 es otro ejemplo. Jesús les dijo «De cierto, de cierto os digo: antes que Abraham fuese, yo soy». La respuesta de los judíos que escucharon esta declaración fue tomar piedras para matarlo por blasfemia, así como la ley de Moisés les ordenaba hacerlo (Levítico 24:15).

Juan 1:1 dice que «El Verbo era Dios». Juan 1:14 dice que «Aquel Verbo fue hecho carne». Esto indica claramente que Jesús es Dios en la carne. Hechos 20:28 nos dice, «… para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre». ¿Quién compró la iglesia con Su propia sangre? Jesucristo. Hechos 20:28 declara que Dios compró Su iglesia con Su propia sangre. ¡Por tanto, Jesús es Dios!

Con respecto a Jesús, Tomás el discípulo declaró, «Señor mío, y Dios mío» (Juan 20:28). Jesús no lo corrigió. Tito 2:13 nos anima a esperar la venida de nuestro Dios y Salvador – Jesucristo (vea también 2ª Pedro 1:1). En Hebreos 1:8, el Padre declara de Jesús, «Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino». El Padre se refiere a Jesús como «Oh Dios» indicando que Jesús es verdaderamente Dios.

En Apocalipsis, un ángel ordenó al apóstol Juan adorar solamente a Dios (Apocalipsis 19:10). En algunas ocasiones en la escritura, Jesús recibe adoración (Mateo 2:11; 14:33; 28:9,17; Lucas 24:52; Juan 9:38). El nunca reprendió a la gente por adorarle. Si Jesús no fuera Dios, Él le hubiera dicho a la gente que no le adoraran, justamente como lo hizo el ángel en Apocalipsis. Hay muchos otros versículos y pasajes de la escritura que argumentan en favor de la deidad de Jesús.

La razón más importante para decir que Jesús tiene que ser Dios, es que si Él no es Dios, Su muerte no habría sido suficiente para pagar el castigo por los pecados de todo el mundo (1ª Juan 2:2). Un ser creado, que Jesús sería si no fuera Dios, no podría pagar la pena infinita requerida por el pecado contra un Dios infinito. Solamente Dios pudo pagar tal penalidad infinita. Solamente Dios pudo tomar los pecados del mundo (2ª Corintios 5:21), morir, y resucitar — probando Su victoria sobre el pecado y la muerte.

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¿Qué es un pagano? ¿Qué es el paganismo?

¿Qué es un pagano? ¿Qué es el paganismo?

Desde un punto de vista cristiano, los paganos se caracterizan como aquellos que están atrapados en cualquier ceremonia religiosa, acto o práctica que no es netamente cristiana. En consecuencia, los judíos y los musulmanes también usan el término paganos para describir a aquellos que están fuera de su religión. Otros definen el término paganismo a cualquier religión fuera del budismo, hinduismo, judaísmo y cristianismo; mientras que algunos afirman que un pagano es alguien que no tiene ninguna religión.

El paganismo puede hacer referencia al politeísmo o la adoración de más de un dios, como en la antigua Roma. Un pagano también se considera a alguien que, en su mayor parte no tiene ninguna religión y disfruta de placeres mundanos y posesiones materiales; alguien que disfruta de los placeres sensuales; un hedonista o un individuo auto indulgente. Otro término más moderno es el neo-paganismo, que se refiere a algunas de las formas contemporáneas del paganismo como Wicca, Druidry y Gwyddon.

Estas modernas prácticas «paganas» son realmente similares a las de sus antiguos homólogos, en el sentido de que dependen en gran medida de hedonismo, es decir, la gratificación sensual, la auto-indulgencia y la búsqueda de la felicidad y placer, hasta la exclusión de cualquier otra cosa. En tiempos antiguos, las ceremonias sexuales fueron una parte importante de las religiones paganas. El antiguo testamento hace referencia a estas religiones perversas en tales pasajes como Deuteronomio 23:17, Amós 2:7-8, e Isaías 57:7-8.

Aunque son numerosos y variados en sus prácticas y creencias, los paganos tienen algunas creencias similares. Por ejemplo:

• El mundo físico es un buen lugar, uno en el que cualquiera puede disfrutar.
• Cada persona es considerada parte de esta madre tierra.
• La divinidad se manifiesta en cada faceta del mundo.
• Cada ser, el hombre y los animales, son derivados de lo divino. Como tal, todos son dioses y diosas.
• La mayoría de las religiones paganas no tienen gurús o mesías.
• La doctrina es reemplazada por la propia responsabilidad de la persona.
• Los ciclos lunares y solares son significativos en el culto pagano.

Cualquier forma de paganismo es falsa doctrina. Pablo trató esta perversión de la verdad en su carta a los creyentes en Roma (Romanos 1:22-27). La gente que Pablo describió era mundana y materialista, que adoraban a las criaturas antes que al Creador. Adoraban los árboles, los animales y rocas, llegando incluso a abusar de sus cuerpos en prácticas sexuales pervertidas para deleitarse en sus pasiones. Pablo pasa luego a decirnos por qué lo hicieron y el resultado final:

«Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen» (Romanos 1:28).

A pesar de suposiciones comunes, la mayoría de los adoradores paganos afirman no creer en Satanás. Sin embargo, no hay duda de que Satanás es su principal fuente de influencia y control. Aunque ellos lo niegan, lo deifican en sus prácticas mundanas y sensuales. Pablo nos dice claramente cómo obra Satanás en las vidas de las personas sin Dios, a través de su poder, señales, engaños y mentiras:

«inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia» (2 Tesalonicenses 2:9-12).

Satanás está vivito y coleando; además está poderosamente evidenciado en estas prácticas paganas. Esto no sólo era evidente en la época de la iglesia del primer siglo, sino también hoy en el mundo postmoderno. Para los fieles creyentes que conocen al Señor, la adoración pagana es lo que parece ser el poder y el engaño del príncipe de este mundo, Satanás (1 Juan 5:19), que «como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar» (1 Pedro 5:8). Como tal, se debe evitar el paganismo.

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¿Por qué los cristianos se oponen al matrimonio igualitario?

¿Por qué los cristianos se oponen al matrimonio igualitario?

“El matrimonio igualitario” es una frase típica que se ha lanzado en el debate de los matrimonios entre gais y entre personas del mismo sexo en algunos países. El término «matrimonio igualitario» es un intento de replantear la conversación y atribuir un cierto nivel de irracionalidad a aquellos que se oponen al matrimonio entre personas del mismo sexo. Oponerse al reconocimiento de las uniones homosexuales como matrimonios es una cosa. Pero es mucho más difícil oponerse a la «igualdad» de los derechos en el matrimonio. Sin embargo, asignar una nueva etiqueta para la causa no cambia los temas centrales en el debate. Si el «matrimonio igualitario» significa «matrimonio homosexual», los cristianos se deben oponer.

¿Por qué los cristianos se oponen al matrimonio igualitario? La pregunta misma es engañosa. No todos los cristianos se oponen al matrimonio igualitario, al matrimonio homosexual, o lo que sea que le llamen. Muchos cristianos apoyan las uniones gais siendo legalmente reconocidas como matrimonios. Generalmente los cristianos sostienen que la moralidad sexual no debe ser legislada y que, en una sociedad libre, la gente debería casarse con quien quiera. Bíblicamente hablando, esto es un grave error.

La biblia es muy clara en cuanto a que la homosexualidad es un pecado antinatural (Levítico 18:22Romanos 1:26-271 Corintios 6:9). La biblia presenta el matrimonio como la invención de Dios, y Dios lo ha definido como un pacto entre un hombre y una mujer para toda la vida (Génesis 2:241 Corintios 7:2-16Efesios 5:23-33). Bíblicamente hablando, una unión homosexual no es un matrimonio. No importa si el gobierno promulga una nueva definición del matrimonio. No importa si la sociedad está mayoritariamente a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo. Una unión homosexual siempre ha sido y siempre será, una perversión de la creación de Dios.

En las sociedades modernas que son cada vez más seculares y nada cristianas, el debate del matrimonio igualitario eventualmente va a ser ganado por el movimiento de los derechos de los homosexuales. Excepto por un arrepentimiento nacional y un avivamiento de la fe cristiana, las uniones homosexuales van a ser reconocidas oficialmente matrimonios válidos, con todos los derechos y privilegios correspondientes. Pero, independientemente de lo que la sociedad haga, no podrá cambiar el hecho de que los seguidores de Cristo se alinearán y someterán a su palabra. Y la palabra de Dios declara categóricamente que el matrimonio es entre un hombre y una mujer. Como cristianos, debemos aceptar el hecho de que vivimos en naciones impías y seculares, pero tenemos en gran estima la inmutable palabra de Dios por encima de las costumbres cambiantes de la sociedad»… antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso…» (Romanos 3:4).

Los cristianos no necesitan pelear contra las parejas homosexuales debido a que se les concede uniones civiles y los beneficios gubernamentales que tales uniones adquieren. En la biblia no se abordan temas tales como reducción de impuestos, derechos de herencia, derechos de visitas en hospitales, etc. Pero cuando se trata de la definición del matrimonio, los cristianos deben mantenerse firmes. Dios creó el matrimonio. Ningún ser humano tiene el derecho o la autoridad para redefinirlo. No importa lo que los gobiernos y las sociedades aprueben, las uniones homosexuales nunca podrán tener verdaderamente la igualdad con los matrimonios heterosexuales.

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¿Dios se equivoca?

¿Dios se equivoca?

Dios no comete errores. Su perfección y grandeza no permite errores: «Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; Y su grandeza es inescrutable” (Salmo 145:3). En el idioma original, la palabra traducida «inescrutable» incorpora la idea de «no es posible de averiguar o enumerar». En otras palabras, la grandeza de Dios es infinita. Esta declaración no puede referirse a una persona falible, porque incluso con un solo error, su grandeza sería cuantificable y finita.

La capacidad de Dios para hacer todas las cosas y comprender todos los asuntos, no le da opción para cometer errores: «Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; Y su entendimiento es infinito» (Salmo 147:5). Nuevamente, la Escritura muestra que Dios es infalible. Un conocimiento limitado conduce a errores, pero Dios tiene un conocimiento ilimitado y por tal razón no comete errores.

Dios no ha cometido ningún error en la creación del mundo. La sabiduría infinita, el poder infinito y la bondad infinita de Dios fueron la combinación correcta para producir un mundo perfecto. Al final de los seis días de la creación, Dios evaluó todo lo que Él había hecho, y dijo «es bueno en gran manera» (Génesis 1:31). No hubo excepción, cualificación o desilusión. Sólo la declaración «bueno en gran manera».

“Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” (Números 23:19). A diferencia del hombre, Dios no comete errores y no tiene ideas de último momento que lo lleven a cambiar de parecer. Dios no hace decretos que después deba anular porque no consideró todas las consecuencias o porque no tenía el poder para cumplir. Además, Dios no es como el hombre cuyo pecado requiere un juicio. «Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en Él» (1 Juan 1:5b). «Justo es Jehová en todos sus caminos, Y misericordioso en todas sus obras» (Salmo 145:17).

Algunos afirman que la Escritura muestra a Dios teniendo dudas acerca de su creación: «Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho» (Génesis 6:5-7).

Es bueno entender la palabra arrepentimiento en este pasaje. Cuando se usa en referencia a Dios, el arrepentimiento incluye el pensamiento de dolor compasivo y una medida para aplicar. Dios no estaba mostrando debilidad, admitiendo un error o lamentando una equivocación. Más bien, Él estaba expresando su necesidad de tomar medidas concretas y drásticas para contrarrestar la maldad de la humanidad: » todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal» (Génesis 6:5). El hecho de que Dios no consideró su creación un error, queda demostrado con la existencia continua del mundo. Aún estamos aquí, aunque somos pecadores. Alabado sea el Señor por su gracia: «mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia» (Romanos 5:20b), y «Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová» (Génesis 6:8).

Dios nunca ha cometido un error. Él ha tenido un propósito en todo, y los resultados no son una sorpresa para Él, porque declara el fin desde el principio: «Yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero» (Isaías 46:9-10).

Alguien puede pensar que Dios ha cometido un error en su vida personal. Ciertas experiencias y condiciones fuera de nuestro control, hacen que nos preguntemos si Dios quizá haya calculado mal. Sin embargo, «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados» (Romanos 8:28). Esto requiere de fe para aceptarlo, pero «porque por fe andamos, no por vista» (2 Corintios 5:7). En todo debemos entender que las cosas de esta vida no son indispensables y se están gastando para nuestra recompensa eterna según la sabiduría de Aquel «que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría» (Judas 1:24). Podemos alegrarnos de que Dios Nuestro Señor no comete errores en nuestras vidas, sino que tiene un propósito bueno y amoroso por todo lo que permite.

No hay culpa en nuestro Dios, ni errores que Él haya cometido, ni falla alguna en su Hijo. Jesús no cometió pecado en pensamiento, palabra o hecho (Hebreos 4:15). Satanás estaba desesperado por revelar incluso una falta en Jesús, pero el diablo fracasó completamente en sus intentos (Mateo 4:1-11). Jesús sigue siendo el Cordero sin mancha y sin defecto (1 Pedro 1:19). Al final de la vida de Jesús, su juez terrenal, Poncio Pilato, declaró: «Ningún delito hallo en este hombre» (Lucas 23:4).

Vivimos con nuestros errores, grandes y pequeños, insignificantes y desastrosos, y nos acostumbramos a cometerlos. Pero servimos a un Dios infalible y libre de errores, cuya grandeza no puede ser comprendida. «Has aumentado, oh Jehová Dios mío, tus maravillas; Y tus pensamientos para con nosotros, No es posible contarlos ante ti. Si yo anunciare y hablare de ellos, No pueden ser enumerados» (Salmo 40:5). Es bueno saber que Dios está en control y que Aquel que no se equivoca, puede compensar nuestros errores.

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¿Cuál es el peligro o la consecuencia del pecado sin confesar?

¿Cuál es el peligro o la consecuencia del pecado sin confesar?

1 Juan 1:9 dice, «Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad». Este versículo está escrito para los cristianos y depende de la palabra si. Dios ofrece perdón absoluto para cada pecado que sus hijos cometen, siempre y cuando se lo confesemos. La palabra confesar implica estar de acuerdo con Dios sobre lo mal de nuestro pecado. El arrepentimiento o el apartarnos de él, es parte de esa confesión. Para aquellos que no han sido perdonados por la sangre de Jesús, todo pecado es pecado no confesado y no ha sido perdonado. El castigo eterno está esperando a aquellos que se niegan a arrepentirse de su pecado y a aceptar el sacrificio de Jesús (2 Tesalonicenses 1:8-9; Juan 3:15-18). Pero ¿qué pasa con un cristiano con un pecado que no ha sido confesado?

De acuerdo a las escrituras, todos nuestros pecados se fueron cancelados cuando aceptamos el sacrificio de Jesús a favor nuestro. 2 Corintios 5:21 dice, Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios». Cuando hacemos ese intercambio divino en la cruz, Dios escoge vernos como justos. No es nuestra justicia sino la justicia de Cristo que Dios ve (Tito 3:5). Él intercambia las cuentas con nosotros: cambia nuestro récord manchado por su récord perfecto. Desde ese momento, tenemos la plena aprobación y aceptación de Dios.

Pero ¿qué sucede cuando pecamos después de haber recibido ese récord perfecto? Imagínese de pie junto a una ventana del sur en un frío día de invierno. El aire es helado, pero el sol brilla a través de la ventana. Usted se empieza a calentar y disfruta de su resplandor. Luego, cierra la cortina. Al instante, el calor se detiene. ¿Es porque el sol ha dejado de brillar? No, es porque algo se ha interpuesto entre usted y el sol. En el momento en que abra la cortina, el sol puede calentarlo de nuevo. Pero todo depende de usted. La barrera está en el interior de la casa, y no afuera.

El pecado sin confesar funciona como la cortina. Dios se deleita en sus hijos (Salmo 37:23; Romanos 8:38-39). Él desea bendecirnos, tener comunión con nosotros, y derramar su bondad sobre nosotros (Salmo 84:11; 115:13; 1 Samuel 2:30). Él quiere que nosotros disfrutemos de la calidez de su sonrisa. Pero cuando elegimos pecar, levantamos una barrera entre nosotros y nuestro padre santo. Cerramos la cortina de comunión con él y empezamos a sentir el frío de la soledad espiritual. Muchas veces, airadamente acusamos a Dios de abandonarnos, cuando la realidad es que nosotros lo hemos dejado. Cuando obstinadamente nos negamos a arrepentirnos, vamos a ser disciplinados por nuestro padre amoroso (Hebreos 12:7-11). La disciplina del señor puede ser grave, llegando incluso a la muerte cuando un corazón se ha endurecido hasta el punto de no regresar (1 Corintios 11:30; 1 Juan 5:16). Dios anhela restaurar nuestra comunión, incluso más que nosotros (Isaías 65:2; 66:13; Mateo 23:37; Joel 2:12-13). Él nos busca, nos disciplina, y nos ama aún en nuestro pecado (Romanos 5:8). Pero él deja intacto nuestro libre albedrío. Debemos abrir la cortina por medio de la confesión y el arrepentimiento.

Si como hijos de Dios optamos por permanecer en nuestro pecado, entonces elegimos las consecuencias que van con esa elección. Todo resultará en una relación rota y en falta de crecimiento. Sin embargo, aquellos que persisten en el pecado, necesitan reexaminar su verdadera relación con Dios (2 Corintios 13:5). La escritura es clara en cuanto a que aquellos que conocen a Dios no siguen un estilo de vida sin arrepentirse del pecado (1 Juan 2:3-6; 3:7-10). El deseo de santidad es un distintivo de quienes conocen a Dios. Conocer a Dios es amarlo (Mateo 22:37-38). Amarle es desear complacerle (Juan 14:15). El pecado sin confesar se interpone en el camino de complacerle, por lo tanto, un verdadero hijo de Dios quiere confesarlo, cambiarlo, y restaurar la comunión con Dios.

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¿Cuáles son las Cuatro Leyes Espirituales?

¿Cuáles son las Cuatro Leyes Espirituales?

Las Cuatro Leyes Espirituales son una manera de compartir las buenas nuevas de salvación disponible por la fe en Jesucristo. Es una manera simple de organizar la información importante en el Evangelio en cuatro puntos.

La primera de las Cuatro Leyes Espirituales es “Dios le ama y tiene un plan maravilloso para su vida”. Juan 3:16 nos dice, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 10:10 nos da la razón por la que vino Jesús. “He venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. ¿Qué nos impide experimentar el amor de Dios? ¿Qué nos impide tener una vida abundante?

La segunda de las Cuatro Leyes Espirituales es, “La humanidad está contaminada por el pecado, y por tanto está separada de Dios. Como resultado, no podemos conocer el maravilloso plan de Dios para nuestras vidas”. Romanos 3:23 afirma esta información, “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Romanos 6:23 nos da las consecuencias del pecado, “Porque la paga del pecado es muerte”. Dios nos creó para que tuviésemos compañerismo con Él. Sin embargo, la humanidad trajo el pecado al mundo, y por tanto, está separada de Dios. Hemos arruinado la relación que Dios quería que tuviéramos con El. ¿Cuál es la solución?

La tercera de las Cuatro Leyes Espirituales es, “Jesucristo es la única provisión de Dios para nuestro pecado. A través de Jesucristo, podemos tener nuestros pecados perdonados y restaurar una verdadera relación con Dios”. Romanos 5:8 nos dice, “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. 1ª Corintios 15:3-4 nos informa lo que necesitamos saber y creer para ser salvos, “…que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras, y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras…” En Juan 14:6, Jesús mismo declara que Él es el único camino a la salvación, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. ¿Cómo puedo recibir este maravilloso don de la salvación?

La cuarta de las Cuatro Leyes Espirituales es, “Debemos poner nuestra fe en Jesucristo como Salvador, a fin de recibir el don de la salvación y conocer el maravilloso plan de Dios para nuestras vidas”. Juan 1:12 describe esto para nosotros, “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Hechos 16:31 lo dice muy claro, “¡Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo!” Podemos ser salvos solamente por gracia, solamente a través de la fe, y solamente en Jesucristo (Efesios 2:8-9).

Si usted quiere confiar en Jesús como su Salvador, dígale a Dios las siguientes palabras. ¡Decir estas palabras no le va a salvar, pero sí, el confiar en Cristo! Esta oración es simplemente una manera de expresar a Dios su fe en Él, y agradecerle por proveerle su salvación. Usted puede repetir esta oración ahora – “Dios, sé que he pecado contra ti y merezco castigo. Pero Jesucristo tomó el castigo que yo merecía, y a través de la fe en Él yo puedo ser perdonado. Me aparto de mi pecado y pongo mi confianza en Ti para la salvación. ¡Gracias por Tu maravillosa gracia y perdón – el don de la vida eterna! En el nombre de Jesús, ¡Amén!”

¿Ha hecho usted una decisión por Cristo, por lo que ha leído aquí? Si es así, por favor oprima la tecla “¡He aceptado a Cristo hoy!”

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¿Qué es el arrepentimiento y es éste necesario para la salvación?

¿Qué es el arrepentimiento y es éste necesario para la salvación?

Muchos entienden el término “arrepentimiento” como “volverse del pecado”. Esta no es la definición bíblica del arrepentimiento. En la Biblia, la palabra “arrepentirse” significa “cambiar tu mente.” La Biblia también nos dice que el verdadero arrepentimiento tendrá como resultado un cambio de conducta (Lucas 3:8-14Hechos 3:19). Hechos 26:20 declara, “sino que anuncié……, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.” La total definición bíblica del arrepentimiento, es cambiar de mentalidad, mismo que resulta en un cambio de acciones y actitudes.

¿Cuál es entonces la conexión entre el arrepentimiento y la salvación? El Libro de Los Hechos parece enfocarse especialmente en el arrepentimiento con respecto a la salvación. (Hechos 2:383:1911:1817:3020:2126:20). El arrepentimiento, relacionado con la salvación, es cambiar tu parecer respecto a Jesucristo. En el sermón de Pedro en el día de Pentecostés (Hechos capítulo 2), él concluye con un llamado a la gente a arrepentirse (Hechos 2:38). ¿Arrepentirse de qué? Pedro está llamando a la gente que rechazaba a Jesús (Hechos 2:36), para que cambiaran su idea acerca de Él, que reconocieran que Él es verdaderamente “Señor y Cristo” (Hechos 2:36). Pedro está exhortando a la gente a cambiar su mentalidad del rechazo a Cristo como el Mesías, a la fe en Él como Mesías y Salvador.

El arrepentimiento y la fe pueden ser entendidos como “dos lados de la misma moneda.” Es imposible poner tu fe en Jesucristo como el Salvador, sin primeramente cambiar tu mentalidad acerca de quién es Él, y lo que Él ha hecho. Ya sea el arrepentirse de un rechazo obstinado, o arrepentirse de ignorancia y desinterés – es un cambio de mentalidad. El arrepentimiento bíblico, en relación con la salvación, es cambiar tu mentalidad del rechazo a Cristo a la fe en Cristo.

Es crucialmente importante que entendamos que el arrepentimiento no es una obra que hagamos para ganar la salvación. Nadie puede arrepentirse y venir a Dios, a menos que Dios atraiga a esa persona hacia Él (Juan 6:44). Hechos 5:31 y 11:17 indican que el arrepentimiento es algo que da Dios – sólo es posible por Su gracia. Nadie puede arrepentirse a menos que Dios le conceda el arrepentimiento. Toda la salvación, incluyendo el arrepentimiento y la fe, es el resultado de Dios acercándonos, abriendo nuestros ojos, y cambiando nuestros corazones. La paciencia de Dios nos conduce al arrepentimiento (2 Pedro 3:9), como lo hace Su bondad (Romanos 2:4).

Mientras que el arrepentimiento no es una obra que gana la salvación, el arrepentimiento para salvación da como resultado las obras. Es imposible verdadera y totalmente cambiar tu mentalidad sin que esto cause un cambio en tus actos. En la Biblia, el arrepentimiento resulta en un cambio de conducta. Esto es por lo que Juan el Bautista exhortaba a la gente con estas palabras, “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento.” (Mateo 3:8). Una persona que verdaderamente se ha arrepentido de rechazar a Cristo y a la fe en Cristo, lo hará evidente por un cambio en su vida (2 Corintios 5:17Gálatas 5:19-23Santiago 2:14-26). El arrepentimiento, propiamente definido, es necesario para la salvación. El arrepentimiento bíblico es cambiar tu parecer acerca de Jesucristo y volverte a Dios en fe para salvación (Hechos 3:19). Volverse del pecado no es la definición del arrepentimiento, pero es uno de los resultados de la fe genuina basada en el arrepentimiento respecto al Señor Jesucristo.

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