¿Son de verdad los sanadores de fe? ¿ Los sanadores de fe sanan con el mismo poder que Jesús?

¿Son de verdad los sanadores de fe? ¿ Los sanadores de fe sanan con el mismo poder que Jesús?

No hay duda de que Dios tiene el poder de sanar a alguien en cualquier momento. La pregunta es si Él decide hacerlo a través de los llamados «sanadores de fe.» Estos individuos suelen convencer a su público que Dios quiere que sean sanos y que a través de su fe — y generalmente una ofrenda financiera — Dios recompensará su fe por sanarlos a través del poder de Jesús.

Comparando el ministerio de sanidad del Señor Jesús al de los sanadores de fe modernos, podemos determinar si sus afirmaciones tienen algún fundamento en las Escrituras. Si, como ellos dicen, sanan a través de la misma potencia y de la misma manera que sanó Jesús, deberíamos poder ver marcadas semejanzas entre ellos. Sin embargo, lo contrario es cierto. Marcos 1:29-34 nos da una descripción de un día del ministerio sanador de Jesús. Su poder para sanar – y hacer toda clase de milagros — era evidencia que Él tenía poder sobre los efectos físicos y espirituales de la maldición del pecado. Él sanó a los afectados por aflicciones físicas, enfermedades y lesiones, incluso resucitando a los muertos, y Él expulsó demonios de aquellos que estaban poseídos por ellos. Sólo Dios puede rescatarnos de los resultados de la caída del hombre en pecado – la enfermedad y la muerte – y por sus milagros, Jesús demostró Su deidad.

Hay varios distintivos de la manera que Jesús sanaba que no son característicos de los sanadores de fe modernos. En primer lugar, Jesús sanó al instante. La suegra de Pedro (Marcos 1:31), el hijo del centurión (Mateo 8:13), la hija de Jairo (Marcos 5:41-42) y el paralítico (Lucas 5:24-25) fueron todos sanados inmediatamente. No tenían que ir a casa y empezar a mejorar, como es el consejo de muchos sanadores de fe. En segundo lugar, Jesús sanó totalmente. La suegra de Pedro estaba completamente funcional después de ser curada de una enfermedad tan grave que estaba postrada en cama, pero cuando Jesús le sanó, se levantó inmediatamente y preparó una comida para todos los que estaban en la casa. Los mendigos ciegos en Mateo 20:34 recibieron la vista instantánea. En tercer lugar, Jesús sanó a todos (Mateo 4:24; Lucas 4:40). Los enfermos no estaban obligados a ser pre-seleccionados por los discípulos antes de venir a Jesús para ser sanados, como es el procedimiento estándar con los sanadores de fe de hoy. No había ninguna línea curativa para la cual se tuvieron que calificar. Jesús sanó todo el tiempo en muchos lugares, no en un estudio con circunstancias cuidadosamente controladas.

En cuarto lugar, Jesús sanaba enfermedades orgánicas reales, no los síntomas como hacen los sanadores de fe. Jesús nunca curó a alguien de un dolor de cabeza o espalda. Él sanó la lepra, la ceguera y el parálisis — milagros que fueron verdaderamente verificables. Finalmente, Jesús curó la enfermedad última — la muerte. Sacó a Lázaro después de cuatro días en la tumba. No hay sanador de fe que pueda duplicar esto. Además, Sus sanaciones no requirieron fe como una condición previa. De hecho, la mayoría de los que Él sanó eran incrédulos.

Siempre ha habido falsos sanadores de fe que, para ganar dinero, se aprovechan de los que sufren y de los desesperados. Semejante comportamiento es la peor clase de blasfemia porque muchos cuyo dinero se malgasta en falsas promesas rechazan a Cristo abiertamente porque Él no cumplió lo que prometió el sanador. Si los sanadores de fe tienen el poder de sanar, ¿Por qué no caminan los pasillos de los hospitales sanando y liberando a todos? ¿Por qué no ir a la África a curar todos los casos de la SIDA? No lo hacen porque no lo pueden hacer. No tienen el poder de curación que Jesús poseía.

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¿Cómo recibo el perdón de Dios?

¿Cómo recibo el perdón de Dios?

Hechos 13:38 declara, “Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados.”

¿Qué es el perdón y por qué lo necesitamos?
La palabra “perdonar” significa hacer borrón y cuenta nueva, perdonar, cancelar una deuda. Cuando somos injustos con alguien, buscamos su perdón a fin de restituir la relación. El perdón no es otorgado debido a que la persona merezca ser perdonada. Nadie merece ser perdonado. El perdón es un acto de amor, misericordia y gracia. El perdón es una decisión de no guardar rencor a otra persona, pese a lo que le haya hecho.

La Biblia nos dice que todos necesitamos el perdón de Dios. Todos hemos cometido pecado. Eclesiastés 7:20 declara, “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque.” 1 Juan 1:8 dice, “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.” Todo pecado es a la larga un acto de rebelión en contra de Dios (Salmos 51:4). Como resultado, necesitamos desesperadamente el perdón de Dios. Si nuestros pecados no son perdonados, pasaremos la eternidad sufriendo las consecuencias de nuestros pecados (Mateo 25:46; Juan 3:36).

Perdón – ¿Cómo lo obtengo?
Afortunadamente, Dios es tierno y compasivo. ¡Está ansioso de perdonar nuestros pecados! 2 Pedro 3:9 nos dice que Dios es, “…paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” Dios desea perdonarnos, de manera que ha hecho provisión para nuestro perdón.

El único castigo justo por nuestros pecados es la muerte. La primera parte de Romanos 6:23 declara, “Porque la paga del pecado es muerte…” La muerte eterna es lo que hemos ganado por nuestros pecados. Dios, en Su plan perfecto, se hizo hombre, en la persona de Jesucristo (Juan 1:1, 14). Jesús murió en la cruz, llevando la penalidad que merecíamos – la muerte. 2 Corintios 5:21 nos enseña, “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” ¡Jesús murió en la cruz, llevando el castigo que merecíamos! Siendo Dios, la muerte de Jesús proveyó el perdón por los pecados del mundo entero. 1 Juan 2:2 proclama, “El es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” Jesús resucitó, proclamando Su victoria sobre el pecado y la muerte (1 Corintios 15:1-28). Gloria a Dios, que a través de la muerte y resurrección de Jesucristo, la segunda parte de Romanos 6:23 es verdad, “…mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

¿Quiere usted tener sus pecados perdonados? ¿Tiene un persistente sentido de culpa que no parece desaparecer? El perdón de sus pecados está disponible si usted pone su fe en Jesucristo como su Salvador. Efesios 1:7 dice, “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.” Jesús pagó la deuda por nosotros para que pudiéramos ser perdonados. Todo lo que usted tiene que hacer es pedirle a Dios que le perdone a través de Jesús. Si usted cree que Jesús murió para pagar por su perdón entonces ¡El lo perdonará! Juan 3:16-17 contienen este maravilloso mensaje, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.”

Perdón – ¿Es en realidad así de fácil?
¡Sí, es así de fácil! Usted no puede ganar el perdón de Dios. No puede pagar a Dios por su perdón. Usted sólo puede recibirlo por la fe, por medio de la gracia y misericordia de Dios. Si usted desea aceptar a Jesucristo como su Salvador y recibir el perdón de Dios, aquí está una oración que usted puede hacer. Hacer esta oración o cualquier otra, no va a salvarlo. Es solamente el confiar en Jesucristo lo que le puede librar del pecado. Esta oración es simplemente una manera de expresar a Dios su fe en Él, y agradecerle por proveerle su perdón. “Dios, sé que he pecado contra ti y merezco castigo. Pero Jesucristo tomó el castigo que yo merecía, de manera que a través de la fe en Él yo pueda ser perdonado. Me aparto de mi pecado y pongo mi confianza en Ti para la salvación. ¡Gracias por Tu maravillosa gracia y perdón! En nombre de Jesús, ¡Amén!”

¿Ha hecho usted una decisión por Cristo, por lo que ha leído aquí?

Si es así, por favor dele clip:  https://www.gotquestions.org/Espanol/y-ahora-que.html

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¿Qué es el Cristianismo Posmoderno?

¿Qué es el Cristianismo Posmoderno?

El Cristianismo Posmoderno es igualmente difícil de definir concisamente como es el posmodernismo mismo. Lo que comenzó en la década de 1950 en la arquitectura como una reacción al estilo y pensamiento modernista pronto fue adoptado por el mundo literario y del arte en las décadas de 1970 y 1980. La iglesia no sentía realmente este efecto hasta la década de 1990. Esta reacción fue una disolución del ‘hecho frío y duro’ a favor de la ‘subjetividad calurosa y vaga’. Piensa en algo considerado postmoderno, luego pon el cristianismo en ese contexto, y tienes un atisbo de lo que es el cristianismo posmoderno.

El Cristianismo Posmoderno cae en línea con el pensamiento postmodernista básico. Es acerca de la experiencia sobre la razón, la subjetividad sobre la objetividad, la espiritualidad sobre la religión, las imágenes sobre las palabras, lo externo sobre lo interno. ¿Qué es bueno? ¿Qué es malo? Todo depende de qué tan lejos de la verdad bíblica cada reacción contra la modernidad lleva la fe de uno. Esto, por supuesto, depende de cada creyente. Sin embargo, cuando los grupos se forman bajo esa forma de pensar, la teología y la doctrina tienden a inclinarse más hacia el liberalismo.

Por ejemplo, porque la experiencia es valorada más altamente que la razón, la verdad llega a ser relativa. Esto conduce a todo tipo de problemas, como esto disminuye la norma que la Biblia es la verdad absoluta y aun descalifica la verdad bíblica como absoluta en muchos casos. Si la Biblia no es nuestra fuente de verdad absoluta, y se permite la experiencia personal definir e interpretar qué en realidad es verdad, una fe salvadora en Cristo Jesús resulta sin sentido.

Siempre habrá ‘cambios de paradigma’ en el pensamiento mientras la humanidad habita esta tierra presente, porque la humanidad constantemente busca mejorarse en conocimiento y estatura. Desafíos a nuestra forma de pensar son buenos, porque nos hacen crecer, aprender y comprender. Este es el principio de Romanos 12:2 en función, de nuestras mentes siendo transformadas. Sin embargo, tenemos que estar siempre conscientes de Hechos 17:11 y ser como los de Berea, evaluando cada enseñanza nueva, cada pensamiento nuevo, a la luz de las Escrituras. No permitimos que nuestras experiencias interpretan las Escrituras para nosotros, pero al cambiar y conformarnos a Cristo, interpretamos nuestras experiencias según las Escrituras. Desafortunadamente, esto no es lo que está pasando en círculos que abrazan el Cristianismo Posmoderno.

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¿Quiénes son los elegidos de Dios?

¿Quiénes son los elegidos de Dios?

Respuesta: Poniéndolo de una manera sencilla, los elegidos de Dios son aquellos que Dios predestinó para salvación. Ellos son llamados los “elegidos” porque esa palabra denota el concepto de elección. Cada cuatro años en Estados Unidos, se “elige” un Presidente – p.ej., elegimos a quien servirá en esa oficina. Lo mismo sucede con Dios y aquellos que serán salvos; Dios elige a aquellos que serán salvos. Estos son los elegidos de Dios.

Como tal, el concepto de que Dios elija a aquellos que se salvarán no es controversial. Lo que es controversial es cómo y de qué manera Dios elige a aquellos que serán salvos. A través de la historia de la iglesia, ha habido dos corrientes principales de la doctrina de la elección (o predestinación). Una de ellas, a la que llamaremos la creencia sobre la presciencia o conocimiento previo, enseña que Dios, a través de Su omnisciencia, conoce a aquellos que decidirán con el tiempo, por su propia voluntad, poner su fe y confianza en Jesucristo para su salvación. Sobre la base de este divino conocimiento previo, Dios elige a estos individuos “antes de la fundación del mundo” (Efesios 1:4). Esta creencia es adoptada por la mayoría de los evangélicos americanos.

La segunda mayor opinión es la creencia Agustiniana, la cual esencialmente enseña que Dios no solo elige divinamente a aquellos que tendrán fe en Jesucristo, sino también elige divinamente otorgar a estos individuos la fe para que crean en Cristo. En otras palabras, la elección de Dios para la salvación no está basada en el previo conocimiento de una fe individual, sino en la libre y soberana gracia de Dios Todopoderoso. Dios elige a gente para salvación, y con el tiempo esta gente vendrá a la fe en Cristo porque Dios los ha elegido.

La diferencia se reduce a esto: ¿quién tiene la opción última en la salvación – Dios o el hombre? En la primera perspectiva (la opinión de la presciencia), el hombre tiene el control; su libre albedrío es soberano y se vuelve el factor determinante en la elección de Dios. Dios puede proveer el camino para la salvación a través de Jesucristo, pero el hombre debe elegir a Cristo por él mismo, a fin de hacer efectiva la salvación. A última instancia, esta perspectiva hace a Dios impotente y le roba Su soberanía. Esta creencia pone al Creador a merced de la criatura; si Dios quiere que la gente vaya al cielo, Él tiene que esperar que el hombre elija libremente Su camino de salvación. En realidad, la creencia de la presciencia de elección no es una apreciación de la elección en absoluto, porque Dios realmente no está eligiendo – Él solo están confirmando. A última instancia, es el hombre quien lo determina.

En la creencia Agustiniana, Dios tiene el control; Él es quien, de Su propia voluntad soberana, elige libremente a aquellos que salvará. Él no solo elige a aquellos que Él salvará, sino que de hecho, lleva a cabo su salvación. En vez de simplemente hacer posible la salvación, Dios elige a aquellos que Él salvará y luego los salva. Esta creencia le otorga a Dios Su propio lugar como Creador y Soberano.

La visión Agustiniana no carece de problemas en sí misma. Los críticos han clamado que esta visión le roba al hombre su libre albedrío. Si Dios elige a aquellos que serán salvos, entonces ¿qué diferencia tiene el que el hombre crea? ¿Para qué predicar el Evangelio? Lo que es más, si Dios elige de acuerdo a Su soberana voluntad, ¿cómo podemos se responsables por nuestras acciones? Éstas son todas buenas y justas preguntas que necesitan se respondidas. Un buen pasaje para responder estas preguntas es Romanos 9, el pasaje que trata más profundamente con la soberanía de Dios en la elección.

El contexto del pasaje proviene de Romanos 8, el cual termina con un gran clímax de alabanza: “Por lo cual estoy seguro de que …. [nada] ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 8:38-39). Esto lleva a Pablo a considerar cómo podría responder un judío a esta declaración. Mientras que Jesús vino a los hijos perdidos de Israel, y la iglesia primitiva era en gran parte judía en su conformación, el Evangelio fue esparcido entre los gentiles mucho más rápidamente que entre los judíos. De hecho, la mayoría de los judíos vieron el Evangelio como una piedra de tropiezo (1 Corintios 1:23) y rechazaron a Jesús. Esto llevaría al judío promedio a preguntarse si el plan de Dios de la elección había fallado, puesto que la mayoría de los judíos rechazaron el mensaje del Evangelio.

A través de Romanos 9, Pablo sistemáticamente muestra que la soberanía de la elección de Dios ha estado activa desde el principio mismo. Él comienza con esta declaración crucial: “No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas.” (Romanos 9:6). Esto significa que no toda la gente del Israel étnico (esto es, aquellos que descienden de Abraham, Isaac y Jacob) pertenecen al verdadero Israel (el elegido de Dios). Repasando la historia de Israel, Pablo muestra que Dios eligió a Isaac sobre Ismael, y a Jacob sobre Esaú. Solo en caso de que alguien pensara que Dios había elegido a estos individuos basados en la fe o buenas obras que ellos harían en el futuro, añade, “pues no habían aún nacido [Jacob y Esaú] ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama.” (Romanos 9:11).

En este punto, uno puede estar tentado a acusar a Dios de actuar injustamente. Pablo anticipa esta acusación en el v. 14, indicando claramente que Dios no es injusto en absoluto. “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.” (Romanos 9:15). Dios es soberano sobre Su creación. Él es libre de elegir a aquellos a quienes el elegirá, y es libre de pasar por alto a aquellos que pasará por alto. La criatura no tiene derecho de acusar al Creador de ser injusto. El solo pensamiento de que la criatura quiera erigirse juez del Creador resulta absurdo para Pablo, y también así debe ser para cada cristiano. El equilibrio de Romanos 9 corrobora este punto.

Como ya se mencionó, hay otros pasajes que hablan en menor grado sobre el tema de la elección de Dios (Juan 6:37-45 y Efesios 1:3-14, por nombrar dos de ellos). El punto es que Dios ha ordenado redimir a un remanente de la humanidad para salvación. Estos individuos fueron elegidas antes de la creación del mundo, y su salvación está completa en Cristo. Como Pablo dice, “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.” (Romanos 8:29-30).

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¿Debería un cristiano participar en la acupuntura o acupresión?

¿Debería un cristiano participar en la acupuntura o acupresión?

Respuesta: El origen de la acupuntura es el Taoísmo Chino. El Taoísmo es el sistema filosófico desarrollado por Lao-tzu y Chuang-tzu que aboga por una vida de completa sencillez, naturalidad y no interferencia con el curso de acontecimientos naturales con el fin de alcanzar una existencia en armonía con el tao, o la fuerza vital. Se relaciona de cerca con el Hsuan Chaio, que es una religión popular China que pretende basarse en las doctrinas de Lao-tzu, pero que en realidad es muy ecléctica en su naturaleza y se caracteriza por un panteón de muchos dioses, las supersticiones y la práctica de la alquimia, la adivinación y la magia.

En esta religión y filosofía China existen dos principios. El primero es el “yin”, que es negativo, oscuro y femenino, y el segundo es el «yang», que es positivo, brillante y masculino. Se cree que la interacción de estas dos fuerzas es la influencia que guía los destinos de todas las criaturas y las cosas. El destino de uno está bajo el poder del equilibrio o desequilibrio de estas dos fuerzas. La acupuntura es un mecanismo practicado por los seguidores del taoísmo que se utiliza para traer el “yin y yang” del cuerpo en armonía con el tao o la fuerza vital.

Mientras que la filosofía subyacente y la cosmovisión detrás de la acupuntura son decididamente anti-bíblicas, eso no significa necesariamente que la práctica de la acupuntura va en contra de las enseñanzas de la Biblia. Muchas personas han encontrado que la acupuntura proporciona alivio del dolor y otros malestares cuando todos los otros tratamientos han fracasado. La comunidad médica reconoce cada vez más que, en algunos casos, existen beneficios médicos verificables de la acupuntura. Así que, si se puede separar la práctica de la acupuntura de la filosofía o cosmovisión detrás de la acupuntura, tal vez la acupuntura es algo que un cristiano puede considerar. Otra vez, sin embargo, se debe tener el máximo cuidado de evitar los aspectos espirituales detrás de la acupuntura. La mayoría de los practicantes de la acupuntura realmente creen en la filosofía tao o yin-yang sobre la cual se basa la acupuntura.

La diferencia entre la acupuntura y la acupresión es que la acupresión aplica presión a los centros nerviosos, en lugar de agujas. Por ejemplo, hay puntos de presión en la planta del pie y la palma de la mano que corresponden a otras áreas del cuerpo. La acupresión parece ser similar a la terapia de masaje de tejido profundo, donde los músculos del cuerpo están expuestos a presión para aumentar el flujo sanguíneo. Sin embargo, si se practica la acupresión para llevar el cuerpo a la armonía del yin y el yang, entonces el mismo problema se presenta como con la acupuntura. ¿Puede implementarse la práctica sin la filosofía?

Lo importante aquí es la separación para el creyente renacido de cualquier y todas las prácticas que les traería el peligro de la esclavitud a religiones falsas. La ignorancia del mal es un peligro y cuanto más nos informamos sobre el verdadero origen de las prácticas y filosofías orientales, más vemos que están arraigadas en superstición, ocultismo y religiones falsas que están en oposición directa a la palabra de Dios. ¿Puede un procedimiento médico valioso ser inventado por un no cristiano? ¡Claro! Gran parte de la medicina occidental tiene su origen en prácticas e individuos no cristianos tanto como los desarrolladores de la acupuntura. La cuestión no es si el origen es o no es explícitamente cristiano. Los procedimientos a los cuales nos sujetamos en busca de la sanación o el alivio del dolor es cuestión de perspectiva, discernimiento y convicción, no dogmatismo.

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«¿Cómo no me voy al infierno?»

«¿Cómo no me voy al infierno?»

Respuesta: No ir al infierno es más fácil que tú piensas. Algunas personas creen que tienen que obedecer los Diez Mandamientos durante toda su vida para no ir al infierno. Algunas personas creen que deben observar ciertos ritos y rituales para no ir al infierno. Algunas personas creen que no hay manera de que podamos saber con seguridad si o no vamos a ir al infierno. Ninguno de estos puntos de vista es correcto. La Biblia es muy clara sobre cómo una persona puede evitar ir al infierno después de la muerte.

La Biblia describe el infierno como un lugar aterrador y horrible. El infierno se describe como «fuego eterno» (Mateo 25:41), «fuego que nunca se apagará» (Mateo 3:12), «vergüenza y confusión perpetua» (Daniel 12:2), un lugar donde «el fuego nunca se apaga» (Marcos 9:44-49), y «eterna perdición» (2 Tesalonicenses 1:9). Apocalipsis 20:10 describe el infierno como un «lago de fuego y azufre», donde los malos son «atormentados día y noche por los siglos de los siglos» (Apocalipsis 20:10). Obviamente, el infierno es un lugar que debemos evitar.

¿Por qué siquiera existe el infierno y por qué Dios envía gente allí? La Biblia nos dice que Dios «preparó» el infierno para el diablo y los ángeles caídos después de su rebelión contra Él (Mateo 25:41). Los que rechazan la oferta de perdón de Dios sufrirán el mismo destino eterno del diablo y los ángeles caídos. ¿Por qué es necesario el infierno? Todo pecado es en última instancia, en contra de Dios (Salmo 51:4), y puesto que Dios es un ser infinito y eterno, sólo un castigo infinito y eterno es suficiente. El infierno es el lugar donde las exigencias de la justicia santa y justa de Dios se llevan a cabo. El infierno es donde Dios condena el pecado y todos aquellos que lo rechazan a Él. La Biblia deja en claro que todos hemos pecado (Eclesiastés 7:20, Romanos 3:10-23), así que, como consecuencia, todos merecemos ir al infierno.

Entonces, ¿cómo no vamos a ir al infierno? Dado que sólo un castigo infinito y eterno es suficiente, un precio infinito y eterno debe ser pagado. Dios llegó a ser un ser humano en la persona de Jesucristo. En Jesucristo, Dios vivió entre nosotros, nos enseñó, y nos sanó, pero estas cosas no eran Su misión final. Dios se hizo hombre (Juan 1:1,14) para que pudiera morir por nosotros. Jesús, Dios en forma humana, murió en la cruz. Como Dios, Su muerte fue infinito y eterno en valor, pagando el precio completo por el pecado (1 Juan 2:2). Dios nos invita a recibir a Jesucristo como Salvador, aceptando su muerte como el pago completo y justo por nuestros pecados. Dios promete que todo el que cree en Jesús (Juan 3:16), confiando en Él solamente como el Salvador (Juan 14:6), será salvo, es decir, no ir al infierno.

Dios no quiere que nadie vaya al infierno (2 Pedro 3:9). Por eso Dios hizo el sacrificio supremo, perfecto, y suficiente en nuestro lugar. Si no quieres ir al infierno, recibe a Jesús como tu Salvador. Es tan simple como eso. Dile a Dios que reconoces que eres pecador y que mereces ir al infierno. Declara a Dios que estás confiando en Jesucristo como tu Salvador. Agradece a Dios por proveer para tu salvación y la liberación del infierno. ¡La simple fe, confiando en Jesucristo como el Salvador, es cómo se puede evitar ir al infierno!

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¿Quién fue el verdadero Jesús histórico?»

¿Quién fue el verdadero Jesús histórico?»


Sin lugar a duda, una de las preguntas más frecuentes es, “¿Quién fue Jesús?” No hay duda de que Jesús tiene, por mucho, el nombre más reconocido a través del mundo. En total, una tercera parte de la población mundial – cerca de 2,500 millones de personas – dicen ser cristianos. –el Islam, que abarca alrededor de 1,500 millones de gente, realmente reconoce a Jesús como el segundo profeta más grande, después de Mahoma. De los restantes 3,200 millones (aproximadamente la mitad de la población mundial), la mayoría o ha escuchado el nombre de Jesús, o sabe acerca de Él.

Si uno tuviera que hacer un resumen de la vida de Jesús desde su nacimiento hasta su muerte, sería algo breve. Él nació de padres judíos en Belén, un pequeño pueblo al sur de Jerusalén, mientras el territorio estaba bajo la ocupación romana. Sus padres se mudaron al norte a Nazaret, donde Él creció; por lo que comúnmente se le conoce como “Jesús de Nazaret.” Su padre era carpintero, así que es probable que Jesús aprendiera el oficio en Sus primeros años. Alrededor de los treinta años, comenzó Su ministerio público. Él eligió a una docena de hombres de dudosa reputación como Sus discípulos y trabajó en las afueras de Capernaum, un pueblo grande de pescadores, y centro de comercio en la costa del Mar de Galilea. De ahí Él viajaba y predicaba por toda la región de Galilea, haciendo frecuentes incursiones entre los vecinos gentiles y samaritanos, con intermitentes viajes a Jerusalén.

Las inusuales enseñanzas y su metodología sorprendió y molestó a muchos. Su mensaje revolucionario, aunado a milagros y curaciones milagrosas, le generó gran número de seguidores. Su popularidad entre el populacho creció rápidamente, dando como resultado, la aprehensión de los bien arraigados líderes de la fe judía. Pronto, estos líderes se llenaron de celos, resintiendo grandemente Su éxito. Muchos de esos líderes encontraban ofensivas Sus enseñanzas, y sintieron que sus establecidas religiones y ceremonias tradicionales estaban siendo amenazadas. Pronto tramaron junto con los gobernadores romanos, cómo matarlo. Fue durante este tiempo que uno de los discípulos de Jesús lo traicionó con los líderes judíos por una miserable suma de dinero. Poco después de eso, mandaron arrestarlo, y armaron apresuradamente una serie de simulacros de juicio, decidiendo sumariamente ejecutarlo por crucifixión.

Pero, a diferencia de cualquier otro en la historia, la muerte de Jesús no fue el final de Su historia; fue, de hecho, el principio. El Cristianismo existe solo por lo sucedido después que Jesús murió. Tres días después de Su muerte, Sus discípulos y muchos otros comenzaron a declarar que Él había regresado a la vida de entre los muertos. Su tumba fue encontrada vacía, el cuerpo había desaparecido, y numerosas apariciones fueron pregonadas por testigos oculares de varios diferentes grupos de gente, de diferentes lugares, y en diferentes circunstancias.

Como resultado de todo esto, la gente comenzó a proclamar convencida que Jesús era el Cristo, o el Mesías. Ellos declaraban que Su resurrección validaba el mensaje del perdón de los pecados a través de Su sacrificio. Al principio, ellos predicaban estas buenas nuevas, conocidas como el Evangelio solo en Jerusalén, la misma ciudad donde fue ejecutado. Pero pronto esta nueva corriente conocida inicialmente como el Camino (ver Hechos 9:2, 19:9, 23; 24:22) y se extendió rápidamente. En un corto período de tiempo, este mensaje del Evangelio de la fe se esparció más allá de la región, llegando lugares tan lejanos como Roma; así como hasta lo más apartado de su vasto imperio.

Indudablemente Jesús tuvo un tremendo impacto en la historia mundial. La pregunta sobre “el verdadero Jesús histórico” puede ser mejor respondida estudiando el impacto de Jesús en la historia. La sola explicación para el incomparable impacto que tuvo Jesús, va mucho más allá de ser solo un hombre. Jesús era, y es, precisamente lo que la Biblia dice que Él es – Dios hecho hombre. Solo el Dios que creó el mundo y controla el curso de la historia pudo impactar al mundo de manera tan drástica.

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¿Por qué es importante asistir a la iglesia?»

¿Por qué es importante asistir a la iglesia?»


La Biblia nos dice que necesitamos asistir a la iglesia para que podamos alabar a Dios con otros creyentes y ser instruidos en Su Palabra para nuestro crecimiento espiritual (Hechos 2:42: Hebreos 10:25). La iglesia es el lugar donde los creyentes pueden amarse unos a otros (1 Juan 4:12), exhortarse unos a otros (Hebreos 3:13), servirse unos a otros (Gálatas 5:13), instruirse unos a otros (Romanos 15:14), honrarse unos a otros (Romanos 12:10), ser bondadosos y misericordiosos unos con otros (Efesios 4:32).

Cuando una persona confía en Jesucristo para salvación, es hecha un miembro del Cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:27). Para que el cuerpo de la iglesia funcione apropiadamente, todas las “partes del cuerpo” necesitan estar presentes (1 Corintios 12:14-20). Igualmente ningún creyente alcanzará jamás la plena madurez espiritual sin asistir a la iglesia y ser animado y exhortado por otros creyentes (1 Corintios 12:21-26). Por estas razones, la asistencia a la iglesia, la participación y el compañerismo deben ser actividades regulares en la vida de todo creyente. No es obligatoria la asistencia semanal de los creyentes a la iglesia, pero alguien que ha confiado en Cristo debería tener el deseo de adorar a Dios, ser instruido en Su Palabra, y tener compañerismo con otros creyentes.

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¿Tiene Ud. Vida Eterna?

¿Tiene Ud. Vida Eterna?»

 

La Biblia presenta un sendero claro hacia la vida eterna. Primero, debemos reconocer que hemos pecado contra Dios. En las Sagradas Escrituras leemos en Romanos capítulo 3 y el versículo 23: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” Todos hemos hecho cosas que desagradan a Dios, las cuales nos hacen merecedores de castigo. Debido a que a la larga todos nuestros pecados van en contra de un Dios eterno, únicamente bastaría un castigo eterno. Pero, en Romanos capítulo 6 y el versículo 23 leemos, “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor Nuestro.”

En 1 de Pedro capítulo 2 y el versículo 22, leemos que Jesucristo es el santo Hijo de Dios, sin pecado. En Juan capítulo 1, los versículos 1 y 14, leemos que el eterno Hijo de Dios, se hizo hombre y murió para pagar nuestro castigo. En Romanos 5:8 leemos: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Jesucristo murió en la cruz (Juan 19:31-42). Él llevó la culpa que merecíamos nosotros (2 Corintios 5:21). Tres días más tarde El se levantó de la tumba, demostrando Su victoria sobre el pecado y la muerte. (1 de Corintios 15:1-4) Y en 1 de Pedro capítulo 1 versículo 3, leemos: “Que según su gran misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos.”

En Hechos 3 el versículo 19, leemos que por fe, debemos arrepentirnos y apartarnos de nuestro pecado y volvernos a Cristo para la salvación. Si ponemos nuestra fe en El, confiando en que Su muerte en la cruz fue el pago por nuestros pecados, seremos perdonados y recibiremos la promesa de la vida eterna en el cielo. En Juan 3:16 leemos: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.” En Romanos 10:9 leemos: “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” ¡Solamente la fe en la obra completa de Cristo en la cruz es el único camino verdadero hacia la vida eterna! En Efesios 2:8-9 leemos: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”

Si desea aceptar a Jesucristo como su Salvador, usted puede repetir la siguiente oración: “Dios, sé que he pecado contra ti y merezco castigo. Pero Jesucristo tomó el castigo que yo merecía, de manera que, a través de la fe en El, yo pueda ser perdonado. Me arrepiento y me aparto de mi pecado y pongo mi confianza en Ti para mí salvación. ¡Gracias por Tu maravillosa gracia y por Tu perdón – el don de la vida eterna! En nombre de Jesús, ¡Amén!” Recuerde que al hacer esta oración o cualquier otra, no es suficiente para salvarle. Solamente el confiar y tener fe en Cristo puede librarle del pecado y regalarle una vida eterna en el cielo. Esta oración es simplemente una manera de expresarle a Dios su fe en El y agradecerle por proveerle la salvación.

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