¡Sí, es grave!

Lunes 6 Mayo

Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.

Romanos 3:23

La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.

1 Juan 1:7

¡Sí, es grave!

«El dulce pecado» es el lema de una pastelería ubicada en una esquina. Esta invita al transeúnte a satisfacer su gula calificada como «dulce pecado».

Reflexionando en la asociación de estas dos palabras, pienso en lo que el pecado le costó a mi Salvador: terribles sufrimientos en la cruz, la ira y el abandono de Dios. El clamor desgarrador de Jesús crucificado proclama enérgicamente la terrible gravedad del pecado a los ojos del Dios santo. No, Dios no trata el pecado con ligereza ni indulgencia. Él mide toda su gravedad, no según nuestros criterios, sino según su absoluta santidad. Si él hubiera podido cerrar sus ojos sin condenar el pecado, Jesús jamás hubiera sido crucificado. Dios nunca dice, como nosotros: «No es tan grave». ¡Sí, es grave! Es tan grave que Dios tuvo que sacrificar a su amado Hijo para resolver este terrible asunto.

En los evangelios Jesús revela el amor de Dios hacia el hombre pecador. Sin embargo, en ningún caso deja suponer que se pueda ser tolerante con el pecado. Cuando le llevaron una mujer sorprendida en adulterio, no la condenó, pero le dijo: “Vete, y no peques más” (Juan 8:11). A lo largo de su vida, Jesús supo lo que le costaría la presencia del pecado en el mundo. Vino para revelar el inmenso amor de Dios y, a la vez, su perfecta santidad ofreciéndose a sí mismo en sacrificio. Y Dios castigó a su Hijo, sin ahorrarle sufrimientos, para perdonar al pecador que se arrepiente.

Dios no puede soportar el pecado. Pero lo borra al precio de la sangre de su propio Hijo.

1 Reyes 5 – Marcos 8:1-21 – Salmo 53 – Proverbios 14:35

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El domingo: día de adoración (4)

Domingo 5 Mayo

El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan…

Hechos 20:7

La hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.

Juan 4:23

El domingo: día de adoración (4)

Durante sus viajes, a veces el apóstol Pablo pasaba siete días con los cristianos de una ciudad. Probablemente lo hacía para celebrar la Cena con ellos. Aprovechaba los días de reposo para anunciar a Cristo en las sinagogas, y el resto de los días predicaba en las plazas públicas o en las familias. Pero en el capítulo 20 de los Hechos (v. 7) lo vemos reunido con los hermanos y hermanas, el domingo, para recordar al Señor. El objetivo de la reunión era “partir el pan”, como lo habían hecho los discípulos cuando Jesús instituyó la Cena, justo antes de su crucifixión. Allí Jesús “tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera… tomó la copa” (leer Lucas 22:19-20).

“Partir el pan” es recordar a Cristo, quien se hizo hombre: “Esto es mi cuerpo”. “Esta es mi sangre”. Es hacer memoria de sus sufrimientos, de su sacrificio, de su vida entregada, de su muerte, de la eficacia de su sangre que nos purifica de todo pecado y nos justifica para estar en paz en su presencia.

Jesús no está más aquí como en el tiempo de los evangelios. Pero dejó esta promesa: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). Es allí donde debemos encontrarnos el domingo para recordar al Señor y anunciar su muerte hasta que él vuelva, para adorar al Padre.

(continuará el próximo domingo)

1 Reyes 4 – Marcos 7:24-37 – Salmo 52 – Proverbios 14:33-34

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Fuiste fortaleza al pobre… refugio contra el turbión.

Sábado 4 Mayo

Fuiste fortaleza al pobre… refugio contra el turbión.

Isaías 25:4

Será aquel varón (Jesucristo) como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión.

Isaías 32:2

Él solamente es mi roca y mi salvación; es mi refugio, no resbalaré mucho.

Salmo 62:2

Un refugio en la hendidura de la roca

Viajando por el campo en las cercanías de Burrington, el poeta y pastor inglés Augustus Toplady (1740-1778) fue sorprendido por una violenta tempestad. Truenos, relámpagos y trombas de agua bajaban por los acantilados haciendo el lugar particularmente inhóspito. ¿Dónde encontrar un refugio? Fue entonces cuando descubrió, en el despeñadero circundante, una gran hendidura en la roca. Sin dudar se refugió en la cueva providencial (donde actualmente se encuentra una placa conmemorativa). Sintiendo de una manera particularmente intensa el valor de ese refugio, pensó en el abrigo que todo cristiano encuentra en la obra de Jesucristo. Esta liberación inspiró las palabras del cántico “Rock of Ages” (Roca de la eternidad), cuyas palabras traducimos aquí:

Roca de la eternidad, fuiste abierta para mí;
Sé mi escondedero fiel; solo encuentro paz en Ti:
Eres puro manantial en el cual lavado fui.
Aunque yo aparezca fiel, y aunque llore sin cesar,
Del pecado no podré justificación lograr;
Solo en Ti, teniendo fe, puedo mi perdón hallar.
Mientras deba aquí vivir, mi postrer suspiro al dar,
Cuando vaya a responder a tu augusto tribunal:
Sé mi escondedero fiel, Roca de la eternidad.

 

1 Reyes 3 – Marcos 7:1-23 – Salmo 51:13-19 – Proverbios 14:31-32

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¿Qué esperanza hay para nuestro mundo?

Viernes 3 Mayo

Temblará la tierra como un ebrio, y será removida como una choza; y se agravará sobre ella su pecado, y caerá, y nunca más se levantará.

Isaías 24:20

¿Qué esperanza hay para nuestro mundo?

El escritor inglés Charles Dickens, al hablar de la Revolución francesa, dijo: «Fue la mejor de las épocas, y al mismo tiempo la peor». Esta frase podría aplicarse igualmente al principio del siglo 21. La esperanza de vida nunca fue tan larga, ni en algunos lugares el bienestar material tan grande, ni los medios de información o de movilidad tan potentes y numerosos.

Sin embargo, nuestra época también está marcada por múltiples crisis económicas, políticas y sociales, que pueden llenarnos de inquietud. La constatación hecha por el profeta Isaías hace más de 27 siglos, citada en el versículo de hoy, es totalmente actual.

Entonces nos hacemos la pregunta: ¿Hay esperanza para el mundo actual? Dios nos responde claramente por medio de la Biblia: el mundo que crucificó a su Hijo Jesús, y que continúa rechazando la autoridad del Creador, corre hacia su perdición. Los problemas seguirán empeorando hasta el momento en que la paciencia de Dios llegue a su fin; entonces él juzgará a la tierra habitada (Hechos 17:31).

Ahora bien, Dios ama a cada individuo y le ofrece la posibilidad de escapar del juicio. Él dice a cada uno personalmente: “Os he puesto delante la vida y la muerte… escoge, pues, la vida” (Deuteronomio 30:19). Escoger la vida es, por un lado, aceptar el veredicto que Dios tiene sobre nosotros y, por el otro, aceptar la salvación por la fe en Jesucristo. “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). ¡Haga la elección de su vida!

1 Reyes 2:26-46 – Marcos 6:30-56 – Salmo 51:6-12 – Proverbios 14:29-30

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Jesucristo anunciado por el profeta Isaías

Jueves 2 Mayo

Reposará sobre él el Espíritu del Señor; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor.

Isaías 11:2

Jesucristo anunciado por el profeta Isaías

Leamos el Antiguo Testamento

En la Biblia, varios siglos antes del nacimiento de Jesucristo, el profeta Isaías anunció quién sería el Cristo.

– Su nacimiento: “la virgen concebirá, y dará a luz un hijo”. Su nombre será “Emanuel”, es decir, “Dios con nosotros” (Isaías 7:14).

– Su apariencia: “como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura” (Isaías 53:2).

– Su ministerio: “los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos” (Isaías 9:2). “Enviado… a vendar a los quebrantados de corazón” (Isaías 61:1). “El Señor se complació por amor de su justicia” (Isaías 42:21).

– Sus sufrimientos y su muerte: “Llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores… como cordero fue llevado al matadero… el Señor cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:4-7).

– Su resurrección y los resultados de su obra: “Verá linaje, vivirá por largos días… Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho” (Isaías 53:10-11).

Conducido por el Espíritu de Dios, Isaías despliega ante nosotros toda la vida de Jesucristo. Después de su resurrección, Jesús recordó a sus discípulos todo lo que había sido escrito de él “en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”, y concluyó: “Fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones” (Lucas 24:44-47).

1 Reyes 2:1-25 – Marcos 6:1-29 – Salmo 51:1-5 – Proverbios 14:27-28

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¿Quién es el mayor?

Miércoles 1 Mayo

¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?… Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos.

Mateo 18:1-4

¿Quién es el mayor?

Junto a Jesús, los discípulos deberían haber aprendido que en el reino de los cielos los valores son totalmente diferentes a los de este mundo. Sin embargo, hicieron esta pregunta: “¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?”.

Jesús no les reprochó por hacer esta pregunta, sino que les dio una respuesta sorprendente. Les puso como ejemplo un niño. En esa época los niños casi no tenían derechos, ni en el mundo romano ni en la cultura judía. Estas palabras de Jesús transformaron la manera de pensar de los discípulos, y quizá también la nuestra. ¿Cómo puede un niño ser el mayor?

En el texto bíblico de hoy, Jesús pone dos veces a los niños como ejemplo: cuando se trata de entrar en el reino de los cielos, y cuando es cuestión de nuestro lugar en ese reino.

Antes de ser grande allí, es necesario entrar. Para ello Jesús enseña que cada uno debe tener una vida nueva. Y para obtener esa vida nueva es preciso reconocer a Jesús como el Hijo de Dios y recibir su mensaje con sencillez, como un niño. Entonces no contaremos más con nuestras capacidades para vivir como Jesús, sino que confiaremos verdaderamente en él. Una característica de esta conversión es la aptitud de recibir y vivir lo que la Palabra de Dios nos enseña.

Jesús también pone a los niños como ejemplo de humildad. No se trata de fingir, sino de considerarse pequeño a sus propios ojos, porque se ha comprendido que la verdadera grandeza es la del amor que sirve humilde y pacientemente a Dios y, en consecuencia, al prójimo.

1 Reyes 1:28-53 – Marcos 5:21-43 – Salmo 50:16-23 – Proverbios 14:25-26

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Liberado cada día

Martes 30 Abril

Ayúdame, Señor Dios mío; sálvame conforme a tu misericordia.

Salmo 109:26

Guarda mi alma, y líbrame; no sea yo avergonzado, porque en ti confié.

Salmo 25:20

Liberado cada día

–Tengo tantos problemas, ¿cómo salir de ellos?

Dios no nos prometió eliminar nuestros problemas, pero él es el “Dios de paz” y el “Padre de misericordias”. Esos no son solo títulos, sino caracteres reales del que cada día trae la paz a sus hijos. Jesús dio un hermoso ejemplo de esa paz y misericordia cuando calmó la tempestad que tenía aterrorizados a sus discípulos en la barca. Y enseguida les preguntó: “¿Dónde está vuestra fe?” (Lucas 8:25). Es por la fe que obtenemos la paz de cada día.

–Sé que hay muchas cosas malas en mi vida, ¿cómo renunciar a ellas?

La Palabra de Dios nos hace tomar conciencia del mal que hacemos, y estamos confusos. El Señor Jesús “murió por nuestros pecados”, y lo necesitamos a él para dejar de hacer el mal. La misma Biblia nos enseña que “nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él… a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:6). Leámosla y escuchémosla pacientemente.

–Hay tantas tentaciones, ¿cómo no ceder ante ellas?

No tenemos fuerza para resistir, pero no estamos solos: el Señor vela sobre los suyos. La obediencia a la Palabra es una guía segura, y el Espíritu que permanece en nosotros es el poder que libera. No pongamos trabas a su acción. Orando al Señor y pidiendo su socorro seremos librados del mal.

“Casa de Aarón, confiad en el Señor; él es vuestra ayuda y vuestro escudo” (Salmo 115:10). “Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás” (Salmo 50:15).

1 Reyes 1:1-27 – Marcos 5:1-20 – Salmo 50:7-15 – Proverbios 14:23-24

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¿A dónde miramos?

Lunes 29 Abril

Había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios.

Lucas 13:11-13

¿A dónde miramos?

La mujer encorvada mencionada en el texto de hoy tenía el rostro desesperadamente fijo hacia abajo. Estaba así desde hacía dieciocho años, solo veía la tierra y sus pies. ¡Era imposible levantar los ojos para mirar hacia el cielo!

Así sucede con muchas personas en este mundo. Las preocupaciones, los fracasos y las decepciones de la vida los han encorvado. Solo ven la tierra alrededor de sus pies, las cosas terrenales inmediatas y su propia persona. Les es imposible levantar los ojos hacia otro horizonte, y menos todavía hacia el cielo, hacia Dios. No perciben que hay otro mundo aparte del que pisan sus pies, un mundo espiritual.

Esta mujer hubiera terminado su vida en la miseria moral, dependiente de su discapacidad, si Jesús, viéndola, no la hubiera llamado. Él tomó la iniciativa, porque ella era incapaz de levantar la cabeza para ver al Señor Jesús, Dios “manifestado en carne”. Le dijo: “Eres libre (literalmente: desatada, desligada) de tu enfermedad”. Entonces Jesús se acercó y puso las manos sobre ella. Al instante ella se enderezó. Liberada de su atadura, tenía otro horizonte de vida, glorificó a Dios, proclamó su amor y su grandeza.

Jesús pasa cerca de cada uno de nosotros. No nos promete eliminar todas nuestras preocupaciones, pero nos pide escuchar su llamado, creer su Palabra y levantar la cabeza para verlo. Él quiere escucharnos, ayudarnos, salvarnos. Él es nuestro Dios Salvador.

Jonás 3-4 – Marcos 4:21-41 – Salmo 50:1-6 – Proverbios 14:21-22

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El domingo: día del Señor (3)

Domingo 28 Abril

Resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena.

Marcos 16:9

La noche de aquel mismo día, el primero de la semana… vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.

Juan 20:19

El domingo: día del Señor (3)

En la Biblia vemos un encuentro de creyentes muy conmovedor el domingo de la resurrección de Jesús. Los discípulos estaban atemorizados, su Maestro había sido arrestado, condenado a muerte, crucificado y luego sepultado en una tumba bien vigilada. Sin embargo María Magdalena vino a decirles que había visto al Señor vivo. Además tenía para ellos un mensaje de su parte: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Juan 20:17). Aunque temerosos y turbados, estaban reunidos, con las puertas cerradas. De repente el Señor se presentó en medio de ellos, les mostró sus manos y su costado traspasado, y les dijo: “Paz a vosotros”, y les habló.

El domingo siguiente, el Señor se presentó nuevamente en medio de ellos y se dirigió especialmente a Tomas quien, después de haber visto las heridas de Cristo, exclamó: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28).

Así Jesús mostró que el domingo era su “día”, el día en que los creyentes se reúnen para encontrarse con él. Hasta ese momento el primer día de la semana no tenía nada especial, excepto que era el primer día, en contraste con los otros seis. Pero el día en que el Señor salió de la tumba fue distinguido, consagrado en su calidad de “primero” de la semana. Desde ese primer domingo, el “día del Señor” conserva para el cristiano ese carácter de día consagrado por su resurrección. Desde entonces, los cristianos se reúnen el domingo para honrar a su Señor.

(continuará el próximo domingo)

Jonás 1-2 – Marcos 4:1-20 – Salmo 49:16-20 – Proverbios 14:19-20

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¡Sí, es una buena noticia!

Sábado 27 Abril

No nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que… vivamos juntamente con él.

1 Tesalonicenses 5:9-10

¡Sí, es una buena noticia!

La Biblia nos habla de Dios, el Creador, un Dios justo, santo, lleno de amor, que nos ve, nos entiende, e incluso lee nuestros pensamientos.

En la Biblia Dios nos dice con tristeza que todos los hombres lo han dejado de lado, se han entregado a sus inclinaciones naturales y a sus propios pensamientos sin tratar de saber lo que Dios piensa. ¡Terrible constatación! Trágica consecuencia, porque después de la muerte tendremos que presentarnos ante el gran Juez, cuya justicia es absoluta. La ira de Dios sobre los que se hayan negado a creer en él será total y definitiva.

Considerando lo que dice la Biblia, ¿cuál será nuestra actitud? ¿Arriesgarnos a no creer lo que ella dice y, al final de nuestra vida, encontrar a Dios como justo Juez? ¿O creer lo que ella dice y tratar de comprender un poco más? El mensaje de Dios no se limita a anunciar el juicio, sino que revela una buena noticia. Dios nunca rechaza al que va a él con un arrepentimiento sincero. Cuando alguien se presenta ante Dios lamentando haber ignorado o menospreciado a su Creador, Dios le muestra a Jesucristo, quien fue crucificado y expió todos los pecados de los que se arrepienten y creen.

Amigo lector, esta es una buena noticia: Jesucristo tomó su lugar y soportó la ira de Dios para que usted sea liberado entera y definitivamente. No sea indiferente, no rechace el perdón que Dios le ofrece. Es necesario ir a él hoy, porque el mañana no nos pertenece. Hoy todavía Dios ofrece su gracia.

Abdías – Marcos 3 – Salmo 49:10-15 – Proverbios 14:17-18

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