¿Morir bien o vivir mucho tiempo?

Martes 16 Abril

Partir y estar con Cristo… es muchísimo mejor.

Filipenses 1:23

¿Cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?

1 Pedro 4:17

¿Morir bien o vivir mucho tiempo?

Se dice que Luis XI (1423-1483) era un rey bribón y cruel. Al final de su vida se volvió cada vez más ansioso y trató de buscar medios seguros para alejar la muerte: cuarenta centinelas vigilaban su castillo de Plessis-les-Tours, porque temía, no sin razón, ser víctima de alguna venganza. Además, para prevenir cualquier enfermedad fatal, se rodeó de un gran número de médicos. Por último, trajo de Italia a Francisco de Paula, un ermitaño franciscano de quien se decía que podía prolongar la vida. El rey le prometió una fuerte suma de dinero si lo conservaba con buena salud y le aseguraba muchos días. Pero este hombre, quien era sabio, le explicó que solo Dios tenía el poder de prolongar la existencia y que era mucho más importante morir bien que vivir muchos años.

Queremos retener ese consejo, temiendo que muchas personas, parecidas al rey Luis XI, anhelan más vivir mucho tiempo que terminar bien su vida terrenal.

¿Qué significa, pues, «morir bien»? ¿Acaso significa terminar sus días en su casa, y no en un hospital? ¿Partir mientras duerme, sin sufrir, rodeado de sus seres queridos?… ¡Nada de esto! Se trata de morir en paz con Dios, de ir hacia él sin temor, no porque uno sea mejor que los demás, sino porque ha creído en Jesús, el único Salvador.

Jesús dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25-26).

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3).

Ezequiel 39 – 1 Pedro 2:1-10 – Salmo 44:17-26 – Proverbios 13:20-21

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Calle del tiempo perdido

Lunes 15 Abril

Le he dado tiempo para que se arrepienta.

Apocalipsis 2:21

Es el tiempo de buscar al Señor.

Oseas 10:12

Calle del tiempo perdido

¡Qué nombre extraño para esta calle de un pequeño pueblo de Francia! Me hace pensar en el dicho popular: «El tiempo perdido no se recupera jamás». Sin embargo, a menudo malgasto mi tiempo, el tiempo precioso que Dios me concede, un tiempo para todo (Eclesiastés 3:1-8).

Malgastar su tiempo o, al contrario, administrarlo bien, he aquí el meollo del asunto. Tengo la responsabilidad de utilizar mi tiempo de manera útil. Pero, a los ojos de Dios ¿qué es útil? Moisés sentía la necesidad de pedir esta sabiduría: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 90:12).

Frente a Moisés, el Faraón “endureció su corazón”, se empecinó en retener al pueblo hebreo, esclavo en Egipto, a pesar de todas las advertencias de Dios (Éxodo 7-11). Arruinó su país, porque se opuso a Dios. Siglos más tarde otro Faraón, Necao, siguió el mismo camino, y Dios dijo de él: el “Faraón rey de Egipto es destruido; dejó pasar el tiempo señalado” (Jeremías 46:17).

¿Cómo voy, pues, a utilizar la porción de horas y días que Dios me ha confiado? Verdaderamente necesito sabiduría para administrar bien mi tiempo, “porque los días son malos” (Efesios 5:16). “Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos” (Salmo 31:14-15), el tiempo de mi trabajo como mis horas libres.

Mi deber es poner a disposición de mi Salvador cada uno de mis días. Los momentos de oración, como los de mi vida profesional, familiar, etc., serán para él. Ninguno será tiempo perdido.

Ezequiel 38 – 1 Pedro 1:13-25 – Salmo 44:9-16 – Proverbios 13:18-19

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Domingo: día de la resurrección (1)


Domingo 14

El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro… Y hallaron removida la piedra del sepulcro… no hallaron el cuerpo del Señor Jesús… ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado.

Lucas 24:1-3, 5-6

Domingo: día de la resurrección (1)

¿Por qué no trivializar el domingo? ¿No es un día de descanso como cualquier otro? Intereses comerciales y una descristianización que promete libertad se unen hoy con este objetivo. Pero, ¿qué es el domingo?

Jesús fue crucificado y sepultado un viernes, su sepulcro fue sellado y vigilado por guardias. El día siguiente era sábado, y al amanecer del domingo, la tumba estaba vacía, la piedra que cerraba la entrada había sido removida… ¡El Señor Jesús había resucitado! Día nuevo, refulgente para la fe de los creyentes. Desde entonces el domingo está asociado a la resurrección de Jesucristo.

Sin razón, muchos creyentes consideran el domingo como si fuera el sábado, “día de reposo” establecido por Dios hasta la venida de Cristo a la tierra. Aplican al domingo (primer día de la semana para los cristianos) los textos de la Biblia que se refieren al sábado; así tratan de vivir el domingo como los israelitas vivían el séptimo día de la semana, llamado «sabbat» por los judíos y traducido “día de reposo”, por ejemplo en Éxodo 16:23. Pero esto no es lo que la Biblia enseña.

Otros cristianos han comprendido, a través de la Biblia, que el domingo no es un día impuesto como lo era el “día de reposo”. Pero pueden caer en el otro extremo de considerar el domingo como cualquier otro día de la semana, lo que tampoco es correcto. El domingo es el “día del Señor” (Apocalipsis 1:10). Es el día de la resurrección de Jesús.

(continuará el próximo domingo)

Ezequiel 37 – 1 Pedro 1:1-12 – Salmo 44:1-8 – Proverbios 13:16-17

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¿Por qué orar? (2)

Miércoles 10 Abril

Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, (Jesús) salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.

Marcos 1:35

Él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.

Lucas 6:12

¿Por qué orar? (2)

Al orar seguimos el ejemplo de Jesucristo, de sus apóstoles y de sus siervos.

El Señor Jesús era verdaderamente el Hombre de oración. Sus primeras y sus últimas palabras en la cruz fueron dirigidas a su Padre. Oró toda una noche antes de elegir a sus discípulos. Más tarde, en respuesta a su oración, el Padre envió al Espíritu Santo. Oraba antes de comer, oraba ante el sufrimiento de los hombres… Oraba especialmente por los demás, y ahora vive e intercede por los que buscan a Dios (Hebreos 7:25).

El apóstol Pablo también era un hombre de oración, y lo fue durante su ministerio público como en prisión. Él y uno de sus compañeros, después de haber sido azotados y encarcelados en Filipos, “orando… cantaban himnos a Dios” (Hechos 16:25). Preso en Roma, Pablo oraba por las iglesias de creyentes. También les pedía orar por él y combatir con él mediante la oración (Romanos 15:30; 1 Tesalonicenses 5:25).

Todos los que han sido celosos y útiles en la Iglesia en el transcurso de los siglos, han sido hombres de oración. Por medio de la oración la Palabra de Dios se extendió a través del mundo. Una reina escocesa del siglo 16, María Estuardo, decía temer más a las oraciones del predicador John Knox que a todo un ejército. Trátese de evangelistas por medio de los cuales un gran número de personas ha llegado al Señor, o de predicadores que han enseñado la Palabra de Dios para la vida cristiana, todos han comprendido la importancia de la oración. ¡Sigamos su ejemplo!

(mañana continuará)

Ezequiel 33:21-34:10 – 1 Tesalonicenses 5 – Salmo 41:7-13 – Proverbios 13:9-10

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¿Por qué orar? (1)

Martes 9 Abril

Les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar.

Lucas 18:1

Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

Mateo 6:8

Orad sin cesar.

1 Tesalonicenses 5:17

¿Por qué orar? (1)

Dios sabe de qué cosas tenemos necesidad. Así que podríamos preguntarnos de qué sirve orar.

Primero, recordemos que la oración no se limita a hacer peticiones: hay oraciones para agradecer, para alabar, para expresar ante Dios nuestras penas… También hay oraciones en las cuales simplemente le expresamos nuestros pensamientos.

Pero, ¿por qué presentar nuestras peticiones a Dios? Porque es el medio que él nos ha dado para recibir de él. A Dios le agrada comunicarse, le gusta dar. Él no es como los dioses paganos que “tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven; orejas tienen, mas no oyen; tienen narices…” (Salmo 115:5-6). Tan pronto creó al hombre, Dios habló con él. Cuando Adán y Eva pecaron, él les habló y escuchó sus respuestas. Él quiere que sus hijos le hablen. Esto es orar. Varios versículos nos animan a hacerlo:

– “Pedid, y se os dará… Porque todo aquel que pide, recibe” (Mateo 7:7-8).

– “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Filipenses 4:6).

– “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia” (Efesios 6:18).

– “Velad y orad, para que no entréis en tentación” (Mateo 26:41).

– “No tenéis lo que deseáis, porque no pedís” (Santiago 4:2).

(mañana continuará)

Ezequiel 33:1-20 – 1 Tesalonicenses 4 – Salmo 41:1-6 – Proverbios 13:7-8

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La cruz sigue en pie

Lunes 8 Abril

Acuérdate de Jesucristo… resucitado de los muertos.

2 Timoteo 2:8

Sobre esta roca edificaré mi iglesia.

Mateo 16:18

La cruz sigue en pie

En la costa china, en la cumbre de una colina que domina la región de Macao, antiguamente los portugueses construyeron una gigantesca catedral. Hoy solo queda una fachada dominada por una cruz gigante. El mar, que a menudo está encrespado en ese lugar, ha provocado numerosos naufragios, pero esta cruz, todavía de pie y fácil de localizar, ha guiado y salvado a muchos marineros, dirigiéndolos hacia el refugio.

¡Qué imagen conmovedora del estado actual del mundo cristiano es esta catedral en ruinas! Ella simboliza todo el sistema organizado, jerarquizado, que los hombres han construido. Este parece poderoso e inmenso; sin embargo, entre los que se llaman cristianos, ¿quiénes tienen la verdadera fe? Lo que ha arruinado este edificio no son tanto los ataques exteriores, sino la relajación moral, los elementos políticos y humanos que han suplantado la autoridad de la Palabra del Señor. No obstante queda este testimonio de un hecho único en la historia de la humanidad: una cruz en la cual murió el Salvador del mundo. Una cruz que sigue siendo visible a todos esos náufragos de la vida; ella siempre puede conducirlos a tierra firme, la roca segura que es Cristo, el Hijo de Dios.

Es necesario mirar con fe hacia Aquel que, en la cruz, cargó y expió los pecados de todos los que creen en él. Sufriendo el castigo que nosotros merecíamos, Jesucristo nos dio una salvación eterna. Y a los que ha salvado, Jesús los agrega a su Iglesia, la cual construye sobre la roca.

Ezequiel 32 – 1 Tesalonicenses 3 – Salmo 40:13-17 – Proverbios 13:5-6

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Vencedor de la muerte

Domingo 7 Abril

Ha resucitado el Señor verdaderamente.

Lucas 24:34

Nuestro Salvador Jesucristo… quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad.

2 Timoteo 1:10

Vencedor de la muerte

Jesús ha resucitado, –¡A él sea la gloria!
A los suyos él se presentó,
– A los suyos tardos para creer.
Viendo sus manos, su costado,
– Conmovedoras heridas,
Ellos entonces escucharon
– La voz que tranquiliza.
Jesús les dijo: ¡“Paz a vosotros”!
– Y, por su presencia,
Los llenó, en su emoción,
– De un gozo inmenso.
En medio de dos o tres,
– Que lo aman, lo adoran,
Él está presente, como en otros tiempos,
– Para los que lo honran.
De la tumba Cristo es vencedor:
– ¡Poder infinito!
Exaltamos, oh Señor,
– Tu obra consumada.
Tu ofrenda ha satisfecho – Al Dios de luz;
En tu triunfo aparece – La gloria del Padre.
La trompeta sonará – Con motivo de tu venida
Y la iglesia responderá – A tu voz conocida.
Revestidos de un cuerpo nuevo,
– A ti hechos semejantes,
Nosotros te veremos, santo cordero,
– Salvador adorable.
Jesús, nuestro Redentor, – Príncipe de la vida,
De la muerte, de sus terrores,
– Eres tú quien desatas.
Muerte, ¿dónde está tu aguijón?
– ¿Dónde está tu victoria?
De un solo corazón te alabamos,
– Oh Señor de gloria.

Ezequiel 31 – 1 Tesalonicenses 2 – Salmo 40:6-12 – Proverbios 13:4

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Las lecciones del grano de trigo

Sábado 6 Abril

El que fue sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la palabra (de Dios), y da fruto.

Mateo 13:23

Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.

Juan 12:24

Las lecciones del grano de trigo

Por medio de la imagen de un simple grano de trigo, la Biblia nos enseña varias cosas:

– En la parábola del sembrador (Mateo 13) Jesús compara la Palabra de Dios a un grano que se siembra, como el trigo. Sembrada en el corazón de los hombres, ella encuentra variedad de “terrenos”: un camino, pedregales, espinos, buena tierra. Los que no le prestan atención o la rechazan, no llevan fruto. Pero los que la escuchan son como la “buena tierra”, donde la Palabra sembrada lleva un fruto abundante, visible en su vida.

– El grano de trigo también nos habla del que se entrega con el fin de dar vida a otros. Debe ser enterrado y morir para producir fruto. Jesús mismo se compara con el grano de trigo, que debe morir para no quedarse solo (Juan 12:24). Al final de su vida perfecta, él hubiera podido subir al cielo sin pasar por la muerte. Pero se hubiera quedado solo… Jesús escogió morir voluntariamente para comunicar su vida –la vida eterna– a todos los que creen en él. Él los rescató, ellos son el precioso fruto de su muerte en la cruz, sus muy amados.

– Por último, el grano de trigo nos habla de la resurrección de los creyentes: un grano de tamaño insignificante, sembrado en la tierra, se convierte en una hermosa espiga. Así, el cuerpo del creyente, sepultado en la tierra, será resucitado y transformado en un cuerpo glorioso, semejante al de Jesús. “Se siembra en deshonra, resucitará en gloria” (1 Corintios 15:43).

Ezequiel 30 – 1 Tesalonicenses 1 – Salmo 40:1-5 – Proverbios 13:2-3

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Jesús, gran vencedor de la muerte (2)

Viernes 5 Abril

(Jesús libra) a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.

Hebreos 2:15

¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?… Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

1 Corintios 15:55-57

Jesús, gran vencedor de la muerte (2)

Ese viernes, día de la Pascua, antes de las seis de la tarde, dos hombres pusieron un cuerpo en un sepulcro nuevo. El muerto era Jesús, el Hijo de Dios, el que resucitaba a los muertos. ¿Era posible?

Sí, Jesús fue crucificado. Pero aunque los hombres son responsables de su muerte, en realidad él entregó su vida voluntariamente: “Yo pongo mi vida… Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo” (Juan 10:17-18). Después de haber resucitado a otros, ¡el Hijo de Dios también entró en el dominio de la muerte!

Pero si entregó su vida, tenía el “poder para volverla a tomar” (Juan 10:18). En efecto, el domingo en la mañana la tumba estaba vacía. Jesús resucitó, venció a la muerte y así quitó al diablo su terrible poder (Hebreos 2:14-15). Es una victoria sin precedentes, un triunfo definitivo.

Un día, al oír la potente voz del Hijo de Dios, a su voz de mando, los cuerpos de los creyentes, convertidos en polvo, resucitarán (1 Tesalonicenses 4:17). ¡La muerte no podrá retenerlos!

Para beneficiarse de esta victoria del Hijo de Dios sobre la muerte, es necesario escuchar su voz. Los que se hayan negado a escucharlo durante su vida, tendrán que enfrentarse entonces a una cosa terrible: “la muerte segunda” o el “lago de fuego” (Apocalipsis 20:14). En ese lugar la voz del Hijo de Dios no resonará más…

“Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida” (1 Juan 5:11-12).

Ezequiel 29 – Gálatas 6 – Salmo 39:7-13 – Proverbios 13:1

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Jesús, gran vencedor de la muerte (1)

Jueves 4 Abril

Como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.

Juan 5:21

Jesús, gran vencedor de la muerte (1)

Los evangelios nos muestran a Jesús, el “Autor de la vida”, frente a la muerte:

– Un niño estaba a punto de morir, su padre suplicó a Jesús que fuera a verlo antes de que muriera. Jesús le respondió con estas palabras: “Ve, tu hijo vive”. El padre creyó la palabra de Jesús, volvió a su casa y halló al niño sano (Juan 4:46-53).

– Jesús iba a casa de un principal de la sinagoga que tenía una hija de doce años gravemente enferma, pero en el camino el padre recibió este terrible mensaje: “Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro?”. Jesús tranquilizó al padre y continuó su camino. Al llegar halló a la niña muerta en la cama y, tomándola por la mano, le dijo: “Niña, a ti te digo, levántate”, y ella se levantó (Marcos 5:35, 41).

– Llegando Jesús a una ciudad, se encontró con un cortejo fúnebre: el muerto era el hijo único de una viuda. Jesús se acercó y dijo a la madre: “No llores”. Luego tocó el féretro, y con autoridad dijo: “Joven, a ti te digo, levántate”, y resucitó al muerto (Lucas 7:12-15).

– Uno de los amigos de Jesús estaba enfermo y murió. Cuando Jesús llegó, el muerto estaba en la tumba desde hacía cuatro días. Jesús ordenó quitar la piedra que cerraba el sepulcro, y exclamó: “¡Lázaro, ven fuera!”. El que había estado muerto salió, con los pies y las manos atadas, y el rostro envuelto en un sudario. “Desatadle, y dejadle ir”, ordenó Jesús (Juan 11:39-44).

“De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán” (Juan 5:25).

(mañana continuará)

Ezequiel 28 – Gálatas 5 – Salmo 39:1-6 – Proverbios 12:27-28

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