Cuando leo la Biblia

Miércoles 3 Abril

(Jesús dijo:) Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.

Mateo 11:25

Entonces (Jesús) les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras.

Lucas 24:45

Cuando leo la Biblia

Leyendo la Biblia puedo encontrar versículos difíciles de entender (2 Pedro 3:16). Esto no es sorprendente. No debo olvidar que la Biblia es la Palabra de Dios y que solo el Espíritu de Dios puede revelar a mi espíritu limitado la profundidad y el alcance de su mensaje. Sé que no comprendo uno u otro versículo, pero reconozco la sabiduría infinita de Dios. Sé que él me dice la verdad. Incluso después de mi muerte, reconoceré el valor de lo que la Palabra de Dios me haya enseñado en la tierra. «Cuando la Escritura habla, es Dios quien nos habla. No hay límites a la confianza y a la sumisión que debemos a las Escrituras. Así que cuando llegue el día de mi entrada en el mundo invisible, cuento con que las cosas serán como la Palabra de Dios me las ha presentado aquí».

A. Monod

Si el sentido y el alcance de ciertos textos bíblicos escapan a mi lógica, debo tener una actitud espiritual de escuchar y orar. Acordémonos del gozo de Jesús, quien alababa a su Padre porque había escondido sus pensamientos profundos “de los sabios y de los entendidos”, y los había revelado “a los niños”.Pidámosle humildemente a Dios que abra nuestra inteligencia para entender lo que él quiere decirnos en su divina Palabra (Lucas 24:45). Los pensamientos de Dios no son nuestros pensamientos, están muy por encima de los nuestros. Sin embargo, recordemos que la Palabra de Dios es la verdad (Juan 17:17). Leámosla sin desanimarnos.

Ezequiel 27 – Gálatas 4 – Salmo 38:15-22 – Proverbios 12:25-26

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Bajo su control

Martes 2 Abril

A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Romanos 8:28

Bajo su control

Para el cristiano todas las circunstancias de la vida, pequeñas o grandes, deberían ser la ocasión de sentir la mano sabia y llena de amor de su Padre celestial. Que me suceda una cosa feliz o triste, Dios quiere que la considere como un mensaje de su parte.

Antes de abrir mi correo, puedo preguntarme: «¿Qué quiere Dios enseñarme?». Me anuncian una visita: «¿Qué voy a recibir, o a dar, de parte de Dios?». Y si se trata de un acontecimiento importante, con mayor razón trataré de vivirlo con Dios. Debo someterme a una operación: él quiere enseñarme a confiar más en él. Si Dios me da un hijo: ¿estoy presto a criarlo para él? Un ser querido se va: Dios quiere compartir mi pena y hacerme experimentar la realidad de sus consolaciones.

En el fondo, todo lo que sucede en la tierra –cambios políticos, conmociones económicas, catástrofes naturales– está bajo su control; nada debe dejarme indiferente. Satanás intenta privar al creyente de tal convicción, persuadirlo de que las circunstancias de la vida son debidas a la fatalidad; pero nada me sucede sin la voluntad soberana de mi Dios.

Comencemos cada uno de nuestros días con este pensamiento grabado en nuestro espíritu: Dios está presente en todo lo que me va a suceder. Pidamos al Señor: “Hazme oír por la mañana tu misericordia”. Luego, a lo largo del día: “Hazme saber el camino por donde ande” (Salmo 143:8).

“¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó?” (Lamentaciones 3:37).

Ezequiel 26 – Gálatas 3 – Salmo 38:9-14 – Proverbios 12:23-24

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Peligro en el mar

Lunes 1 Abril

(Dios dijo:) Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré… Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré.

Salmo 91:14-15

La oración eficaz del justo puede mucho.

Santiago 5:16

Peligro en el mar

Hudson Taylor, misionero inglés del siglo 19, dejó su país a la edad de 21 años para llevar el Evangelio a China. Este joven cristiano era consciente de que Jesús lo enviaba allá, y que debía contar con él para todo. Fue lo que hizo durante el largo y peligroso viaje de cinco meses y medio en barco a vela que lo llevó a China en el año 1854. Mientras el velero navegaba por la costa de una isla, el viento cesó y una fuerte corriente lo arrastró hacia los arrecifes. Todos los esfuerzos para apartar el barco del peligro fracasaron. El capitán declaró: «Hemos hecho todo lo que podíamos. Nuestro destino parece estar sellado». –«No, respondió Hudson, hay una cosa que no hemos hecho. Somos cuatro cristianos a bordo, pidamos al Señor que nos envíe viento». Después de un corto momento de oración, el joven volvió al puente y declaró que, después de su oración, el viento se iba a levantar y que era necesario desplegar las velas sin tardar. Despectivo, el oficial respondió que prefería sentir el viento a escuchar hablar de él. Pero muy pronto la punta de la gran vela se agitó, ¡sí, el viento se levantaba! Y después de una pesada maniobra el velero se alejó de los arrecifes.

Hudson Taylor diría más tarde: «Así Dios me animó, hasta nuestro desembarque en las riberas de China, a presentarle cada necesidad específica mediante la oración, y a contar con su ayuda cada vez que una situación urgente lo exigía».

Ezequiel 25 – Gálatas 2 – Salmo 38:1-8 – Proverbios 12:21-22

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El rostro de la alegría

Domingo 31 Marzo

La luz de los justos se alegrará.

Proverbios 13:9

En quien (Jesús) creyendo… os alegráis con gozo inefable y glorioso.

1 Pedro 1:8

El rostro de la alegría

Desde su nacimiento, el cristianismo es la proclamación del gozo. “Os doy nuevas de gran gozo… que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”, dijo el ángel a los pastores, anunciándoles el nacimiento de Cristo (Lucas 2:10-11).

A lo largo de los evangelios también se menciona el gozo: Zaqueo “descendió aprisa, y le recibió gozoso” (Lucas 19:6). Es el gozo de haber encontrado al Señor, de sentir el amor de Dios, ese amor que transforma la vida y trae la salvación.

La mañana de la resurrección, varias mujeres fueron a la tumba donde había sido puesto el cuerpo del Señor Jesús. Allí un ángel les hizo el sorprendente anuncio de la resurrección del Señor, y ellas, “con temor y gran gozo”, corrieron a dar la feliz noticia a los discípulos (Mateo 28:8).

Antes de su ascensión, Jesús prometió a sus discípulos su presencia espiritual con ellos: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). En adelante, por la fe conservarían el precioso recuerdo de la persona de Cristo resucitado, después de los terribles sufrimientos de la crucifixión. ¡Qué gozo! Gozo por la liberación, gozo por el amor que venció al mal, al pecado y a la muerte.

El evangelio de Lucas termina mencionando este gozo, después de la ascensión del Cristo resucitado: los discípulos “volvieron a Jerusalén con gran gozo; y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios” (Lucas 24:52-53).

Ezequiel 24 – Gálatas 1 – Salmo 37:35-40 – Proverbios 12:19-20

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Detenido de forma poderosa

Sábado 30 Marzo

¿No es mi palabra como fuego, dice el Señor, y como martillo que quebranta la piedra?

Jeremías 23:29

La palabra del Dios nuestro permanece para siempre.

Isaías 40:8

Detenido de forma poderosa

Cabizbajo y con paso lento, Michel se dirigió a la obra de construcción. Estaba profundamente triste. ¿Cómo había podido llegar a ese estado? ¿Por qué su vida le parecía un fracaso en todos los aspectos? Antes de salir de su apartamento, le comentó a su amiga que no esperaba nada de la existencia y que prefería morir. Al llegar a la obra, dijo a su jefe en son de broma: «¡Si ves a un hombre colgado del andamio, seré yo!». Entonces se dirigió a la escalera y subió. De repente el andamio se derrumbó.

Michel se despertó en el hospital, víctima de graves fracturas. En lo más profundo de su ser experimentaba una extraña sensación… Él no creía en Dios, sin embargo un pensamiento se imponía: alguien había comprendido su angustia y puso un freno a su vida. No con la muerte, sino a través de horas de angustia y meses de reflexión solo. ¿Solo? No del todo, porque ese Dios a quien no conocía le hablaría.

Su hermana le regaló una Biblia. Cierta noche decidió abrirla solo para ver, o más bien, para asegurarse, de que era un libro anticuado. Pero muy pronto comprendió que la Biblia, al contrario de lo que él pensaba, era un libro actual, que lo conocía a fondo y le mostraba todo su fracaso. Ese libro también le presentó la única solución a sus problemas: poner su confianza en un Dios que perdona. Michel se resistió a aceptar la invitación de Dios más de un año. Pero después, al creer en Jesucristo, quien murió por él en la cruz, se convirtió en un hijo de Dios.

Ezequiel 23:28-49 – Hechos 28:17-31 – Salmo 37:30-34 – Proverbios 12:17-18

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Promesas para quien teme a Dios

Viernes 29 Marzo

El principio de la sabiduría es el temor del Señor.

Proverbios 1:7

Bienaventurado el hombre que teme al Señor.

Salmo 112:1

Promesas para quien teme a Dios

Numerosas promesas de la Palabra de Dios están ligadas al temor del Señor, es decir, a la conciencia de su grandeza y su santidad, así como a la fe y a la confianza asociadas a él. He aquí algunas:

– Ser guiados: “¿Quién es el hombre que teme al Señor? Él le enseñará el camino que ha de escoger” (Salmo 25:12).

– Comprender lo que Dios nos quiere enseñar, en comunión con él: “La comunión íntima del Señor es con los que le temen” (Salmo 25:14).

– Experimentar la bondad del Señor: “Como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen” (Salmo 103:11).

– Ser protegidos: “El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen, y los defiende. Gustad, y ved que es bueno el Señor; dichoso el hombre que confía en él” (Salmo 34:7-8).

– La bendición de Dios en nuestras familias: “Bendecirá a los que temen al Señor, a pequeños y a grandes. Aumentará el Señor bendición sobre vosotros… y sobre vuestros hijos” (Salmo 115:13-14).

– Tenerlo todo, especialmente en el plano espiritual: “Nada falta a los que le temen” (Salmo 34:9).

– Experimentar las compasiones y la ternura del Señor: “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece el Señor de los que le temen” (Salmo 103:13).

– Ver la prosperidad y el crecimiento de la asamblea cristiana: “Las iglesias tenían paz… y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban” (Hechos 9:31).

Ezequiel 23:1-27 – Hechos 28:1-16 – Salmo 37:23-29 – Proverbios 12:15-16

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Dios pregunta

Jueves 28 Marzo

Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató. Y el Señor dijo a Caín:… ¿Qué has hecho?

Génesis 4:8-10

¡Lo que ha hecho Dios!

Números 23:23

(Dios) nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.

Colosenses 1:13

Dios pregunta

A veces nos creemos con derecho a hacer preguntas de reproche a Dios, como si discutiéramos con alguien de igual a igual. ¡Qué pretensión! Él es quien tiene derecho a pedirnos cuentas. A cada uno de nosotros Dios pregunta: “¿Qué has hecho?”.

¿Tengo buenas obras para ofrecer a Dios, o argumentos que hacer valer? ¿Qué valor puede tener esto delante de un Dios infinitamente grande y santo? Él nos da la respuesta: “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Todo lo que soy, todo lo que soy capaz de hacer, lo descubro en los que crucificaron a Jesucristo. En efecto, en la cruz el hombre mostró su maldad más profunda y cometió su más grande crimen. Rechazó a Jesucristo, quien solo había hecho el bien, dejó de lado al enviado de Dios. Rechazó a Dios.

Pero la cruz también es el resumen de lo que Dios hizo. Ella proclama que él dio a su Hijo unigénito en sacrificio por todos los que lo han rechazado, para perdonar a cada uno de los que creen en él. Dios justifica y manifiesta su amor al culpable que se arrepiente. Sí, ante la cruz podemos clamar con gratitud: ¡“Lo que ha hecho Dios”!

A veces vemos algunas cruces ubicadas al borde de las carreteras. La mayoría son antiguas, pero aun hoy hablan a cada uno de nosotros. ¿Aceptaré el veredicto de la cruz de Cristo y reconoceré que soy culpable? ¿Recibiré su mensaje de esperanza, el cual afirma que Dios desea perdonarme?

Ezequiel 22 – Hechos 27:13-44 – Salmo 37:16-22 – Proverbios 12:13-14

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¡Ansias de tener más!

Miércoles 27 Marzo

El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.

Eclesiastés 5:10

Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto.

Salmo 4:7

¡Ansias de tener más!

Así decía la portada de una publicación. Los redactores de esta revista dejada en mi buzón eligieron bien el título, pues conocen la insatisfacción crónica del ser humano. Ansias de tener más dinero para adquirir el último celular de moda, ansias de más poder para ser reconocido y tener una mejor posición social, ansias de tener más tiempo libre para disfrutar la vida… Pasamos el tiempo corriendo tras lo que nos falta. Nuestra sociedad de consumo, tan materialista, conoce muy bien esos deseos sin fin, e incluso los promueve. Pero asimismo aumenta el uso de antidepresivos. ¿Tendrá esto relación con el sentimiento de no poder hacer frente a tantas exigencias?

En el libro de Eclesiastés, la Biblia nos habla de este vacío que se siente tan a menudo. Su autor, un rey que poseía todo para ser feliz, analiza todos los centros de interés que se encuentran “debajo del sol”: trabajo, riquezas, estudios, diversiones, ocio; y concluye: “Todo ello es vanidad y aflicción de espíritu” (Eclesiastés 1:14).

¡Qué contraste con el apóstol Pablo, quien estaba prisionero, sin dinero y privado de todo, pero tenía el corazón lleno de Jesucristo! Con toda sinceridad pudo decir: “He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación… tengo abundancia” (Filipenses 4:11, 18).

Era feliz, a pesar de las circunstancias difíciles que atravesaba, porque vivía cerca de la fuente de la verdadera felicidad. Jesucristo era su vida, su modelo, su meta, su fuerza, su paz, su gozo, su esperanza.

Ezequiel 21 – Hechos 27:1-12 – Salmo 37:8-15 – Proverbios 12:11-12

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¿Está usted satisfecho?

Martes 26 Marzo

Entonces clamaron al Señor en su angustia, y los libró de sus aflicciones.

Salmo 107:6

Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

Juan 6:35

¿Está usted satisfecho?

Tal vez usted cree que no necesita nada. Tiene lo suficiente para comer y alguna reserva de alimentos, vestido, techo… por lo tanto es más rico que el 75 % de la población mundial. Pero su vida no se limita a estos aspectos materiales, porque usted es algo más que un simple consumidor. Usted tiene un corazón, sentimientos, un alma, valores y la capacidad de reflexionar sobre el sentido de la vida. ¿No anhela algo más que «consumir»?

Usted tiene necesidades básicas ligadas a su vida física, y también necesidades psicológicas: sentirse seguro, confiado, amado, aceptado, útil… Tiene necesidades morales, en particular la de sentirse libre respecto a su conciencia.

También tiene necesidades espirituales: comprender el mundo que nos rodea y, sobre todo, responder a los grandes interrogantes de su vida… ¡En realidad usted necesita conocer a su Creador!

Usted no está en esta tierra por casualidad. Así como el universo tampoco existe por azar. Dios, su Creador, quiere entablar una relación íntima con usted, llenar el vacío de su corazón y darle la verdadera vida, aun cuando usted no sea consciente de ello.

He aquí la noticia más grande: Dios, el Creador, lo busca, lo ama, aunque usted lo ignore y esto le parezca extraño. Lea la Biblia y descubra lo que Cristo afirma: él vino para permitirle tener una relación personal con Dios.

“He venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10).

Ezequiel 20:23-49 – Hechos 26:19-32 – Salmo 37:1-7 – Proverbios 12:9-10

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Bienaventurado el que piensa en el pobre (9)

Lunes 25 Marzo

Bienaventurado el que piensa en el pobre. El Señor oye a los menesterosos, y no menosprecia a sus prisioneros.

Salmo 41:1; 69:33

Jesucristo… por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.

2 Corintios 8:9

Las bienaventuranzas

Bienaventurado el que piensa en el pobre (9)

A menudo la Biblia nos habla de la pobreza. La menciona como una realidad que no debe dejarnos insensibles. Varias veces nos exhorta a ser generosos. Pero también nos muestra que ser pobres puede enseñarnos a conocer a Dios de una manera nueva. Tal fue la experiencia de Job, quien lo había perdido todo: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5).

En efecto, las riquezas materiales, pero también las culturales e incluso las espirituales pueden ocultarnos a Dios. Ocupan nuestra mente y nos tranquilizan, pero en el fondo nos alejan de Dios, pues nos privan de vivir por la fe. En ese sentido, ser pobres nos puede instruir mucho, especialmente en las experiencias hechas con Dios.

Bienaventurado el que piensa en el pobre. Si se hiciera un sondeo y se preguntara: «¿Qué lo hace feliz?», sin duda nadie contestaría: «Pensar en el pobre». Para conocer esta felicidad es preciso saberse pobre uno mismo, en el plano espiritual. Entonces no estaré tentado a tratar al pobre con soberbia, sino que estaré atento a su situación y me ubicaré frente a él con interés y solicitud. El pobre necesita ser respetado, escuchado, acompañado, y a menudo necesita esto tanto como la ayuda material.

Pensar en el pobre, o comprenderlo, es sobre todo conocer al Señor Jesús, entablar vínculos con él, quien “se hizo pobre” por nosotros. Gracias a él poseemos la única riqueza valedera, la de ser amados por Dios.

Ezequiel 20:1-22 – Hechos 26:1-18 – Salmo 36:7-12 – Proverbios 12:7-8

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