María de Betania

Domingo 24 Marzo

Estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él.

Mateo 26:6-7

María de Betania

Cada vez que leemos el relato de la cena que el Salvador compartió en Betania, en casa de Simón el leproso, poco antes de Su muerte, nos parece muy interesante (Juan 12:1-8; Mateo 26:6-13; Marcos 14:3-9). Sucedió pocos días antes de la crucifixión. Varias personas estaban reunidas para compartir esa cena: Jesús con sus discípulos, Simón, a quien seguramente Jesús había sanado de la lepra, Lázaro y sus dos hermanas, Marta y María. Para la mayoría de los presentes, Lázaro quizás era el centro de atención, pues había muerto, lo habían sepultado, y ahora estaba ahí vivo, frente a todos.

No obstante María dirigió su mirada hacia otra persona. Tal vez solo ella discernió la grandeza de su Señor y percibió que aquel que había resucitado a su hermano pronto moriría. Se acercó a él con un vaso de alabastro lleno de un perfume de gran precio. Rompió el vaso y derramó el perfume sobre la cabeza y los pies de Jesús. Le dio lo más precioso que tenía: el perfume y el vaso, que no debía tener otro uso. “La casa se llenó del olor del perfume” (Juan 12:3), ¡y la misma María estaba impregnada de él!

Cuando nos reunimos alrededor del Señor Jesucristo el primer día de la semana, ¿es solo para asistir a un servicio religioso? Ese lugar, ¿está lleno del olor del perfume, es decir, de la adoración que sube de nuestros corazones cuando contemplamos las perfecciones de Jesús, el Hijo de Dios? ¿Arde en nuestro corazón el deseo de ver a Jesús, como ardía el de Simón, sanado de su lepra, o el de Lázaro, el resucitado, y el de María?

Ezequiel 19 – Hechos 25 – Salmo 36:1-6 – Proverbios 12:5-6

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Él nos comprende

Sábado 23 Marzo

Así dice el Señor:… Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros.

Isaías 66:12-13

En toda angustia de ellos él (el Señor) fue angustiado.

Isaías 63:9

Él nos comprende

Era primavera. El tiempo estaba despejado y con una temperatura agradable: parecía el ambiente ideal para tomar la moto y salir. Pero en una curva, un auto que venía en sentido contrario patinó y perdió el control. La colisión fue inevitable. Esa salida tan esperada durante el invierno terminó en tragedia.

Es el «destino», se dice, como le ocurre a tantas personas. Un día todo va bien; la vida nos sonríe, las circunstancias son favorables, pero al día siguiente, todo se derrumba. Y no necesariamente debido a un accidente, a una enfermedad o a una catástrofe natural. Divorcio, desempleo, crisis económica, pueden cambiar nuestras vidas en un instante y dejarnos abatidos y desanimados. ¿A quién podemos acudir en medio de nuestra zozobra? ¿Quién puede comprendernos?

Hay alguien que nos comprende mejor que nuestro amigo más cercano: es Jesucristo, el Hijo de Dios. Después de haber vivido una vida perfecta como hombre en la tierra, donde siempre fue sensible a todas las penurias que atraviesan los seres humanos, afrontó por nosotros la tragedia más grande: la muerte. Él puede ayudarnos en cada circunstancia difícil. ¡Qué dicha saber que Jesús está a nuestro lado, que desea darnos fuerza y ánimo!

¿Te hallas débil y oprimido

De cuidados y temor?

A Jesús, refugio eterno,

Dile todo en oración.

Ezequiel 18 – Hechos 24 – Salmo 35:22-28 – Proverbios 12:3-4

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Nacido de nuevo

Viernes 22 Marzo

(Jesús dijo:) Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.

Juan 3:6-7

Si alguno está en Cristo, nueva criatura es.

2 Corintios 5:17

Nacido de nuevo

¿Y si no fuéramos fruto de la casualidad, sino criaturas de un Dios que quiso que existiéramos? ¿Y si después de morir tuviéramos que darle cuenta de nuestra vida? ¿Y si él fuera un Dios santo, que no soporta el mal… un Dios perfectamente justo que no acepta al culpable que vive «como si no pasara nada»?

En la Biblia leemos que Dios siempre tuvo proyectos de paz y felicidad para los hombres, pero que su rebeldía contra él los ha privado de este privilegio. Delante de Dios, tanto los que dicen ser «personas de bien» como los que viven en la inmoralidad, los religiosos como los impíos, los honestos como los ladrones, los jóvenes como los ancianos, los sabios como los ignorantes, los ricos como los pobres, los grandes de este mundo como el ciudadano común, todos son pecadores, por lo tanto condenados. Cada uno debe “nacer de nuevo”, es decir, recibir una nueva vida. ¿Cómo es posible esto?

La Biblia también nos lo explica: para salvar al hombre perdido, Jesucristo el Hijo de Dios vino a la tierra como hombre a revelar el amor de Dios y a morir en lugar de todos aquellos que creen en él. En lo sucesivo, todos los que se arrepienten, creen en él y aceptan el valor de su sacrificio para ser perdonados, son nacidos “de nuevo” y poseen la nueva vida prometida por Dios. Dios nos ofrece el medio de reconciliación con él. ¡No lo rechace! Tome hoy su mano extendida y reciba la salvación gratuita que él le ofrece.

Ezequiel 17 – Hechos 23:12-35 – Salmo 35:15-21 – Proverbios 12:1-2

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Oídme… el Señor estará con vosotros, si vosotros estuviereis con Él; y si le buscareis, será hallado de vosotros.

Jueves 21 Marzo

 

Oídme… el Señor estará con vosotros, si vosotros estuviereis con Él; y si le buscareis, será hallado de vosotros.

2 Crónicas 15:2

(Jesús dijo:) Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis.

Lucas 11:9

Yo estoy buscando

Una conversación en un campus universitario:

–¿Eres cristiano? Es que yo estoy buscando…

–Bueno, si buscas con sinceridad, ¡hallarás!

–Sí, claro, pero no he dicho que tengo ganas de hallar algo…

Este intercambio de palabras tiene el mérito de ser franco y directo. Y pone en evidencia un asunto capital: ¿tiene usted el sincero deseo de encontrar a Dios?

Efectivamente, uno puede estar buscando sin querer hallar, porque hacerlo sería comprometerse seriamente.

Si usted se reconoce en esta actitud, sepa que Dios también lo está buscando, pero él lo hace con seriedad, para su bien. De hecho, es muy posible que usted sea consciente de ello, y que, en esa aparente «búsqueda», en realidad, esté tratando de huir de Dios. Usted bien puede ganar este singular partido de «escondite», pero en la entrada a la eternidad habrá ganado la perdición eterna.

¡Perdido! Todavía no, porque hoy Dios le está buscando, le da una oportunidad. La prueba es que usted está leyendo o escuchando la lectura esta hoja. Como le gusta buscar, tome una Biblia y encuentre los versículos que dicen:

“Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones”.

“¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?”.

“El Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios”.

Ezequiel 16:35-63 – Hechos 22:22-23:11 – Salmo 35:9-14 – Proverbios 11:31

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Justos y pecadores

Miércoles 20 Marzo

(Jesús dijo:) Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

Lucas 5:31-32

Arrepentíos, y creed en el evangelio.

Marcos 1:15

Justos y pecadores

Con respecto a los hombres, la Biblia dice claramente que “todos pecaron” (Romanos 3:23). La consecuencia inmediata es que “la muerte pasó a todos los hombres” (Romanos 5:12). ¿Quién puede poner en duda estos hechos? ¿Quién puede decir honestamente delante del Dios santo: «Yo no he pecado»?

Esta constatación no debe hacernos caer en la desesperación ni ser una excusa para vivir desordenadamente. Dios quiere y puede perdonar al culpable y hacerlo justo. ¿Es posible esto? “¿Cómo se justificará el hombre con Dios?” (Job 9:2). Dios da la respuesta: por medio de Jesucristo “se os anuncia perdón de pecados,… en él es justificado todo aquel que cree” (Hechos 13:38-39).

Dios es paciente y todavía llama a todos los hombres a recibir gratuitamente esta justicia, indispensable para comparecer ante su presencia y formar parte de su familia. Cada uno es llamado a reflexionar sobre su situación. ¿Ha aceptado usted esta justicia? ¿Es un hijo de Dios? Si la respuesta es afirmativa, va de viaje a su hogar al cielo, con todos los que han sido revestidos de esta justicia. En cuanto a los demás –porque solo hay dos categorías–, el evangelio nos dice que permanecerán “en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 22:13).

“Los justos se alegrarán… delante de Dios” (Salmo 68:3). Ellos “resplandecerán como el sol en el reino de su Padre” (Mateo 13:43).

“Me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios en verdad y en justicia” (Zacarías 8:8).

Ezequiel 16:1-34 – Hechos 21:37-22:21 – Salmo 35:1-8 – Proverbios 11:29-30

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Él pagó por usted

Martes 19 Marzo

Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

Romanos 5:6

Siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Romanos 5:8

Él pagó por usted

Un cristiano predicaba las buenas nuevas de Jesucristo en una ciudad de Canadá. Bajo los efectos del alcohol, un hombre entró en la sala y empezó a increpar a los asistentes. Trataron de sacarlo, pero se puso violento e injurió al predicador. La policía tuvo que intervenir, y un mes más tarde el hombre compareció ante la justicia. Como no tenía dinero para pagar la multa prevista por la ley, fue condenado a pasar algún tiempo en prisión.

El predicador asistió a la audiencia, y al finalizar, discretamente pidió permiso al juez para pagar la multa. Perplejo, el juez aceptó el ofrecimiento y dijo al acusado:

–Usted está libre. Alguien pagó por usted.

–¿Alguien pagó por mí? ¿Quién querría pagar por mí?

–El hombre a quien usted insultó, contestó el juez.

Profundamente conmovido, con lágrimas en los ojos, el hombre tendió la mano al predicador y le agradeció efusivamente.

Esta historia es una lección para nosotros. El cristiano no detuvo el curso normal de la justicia. Debía haber una sentencia sobre el culpable. Pero por amor cristiano, pagó la multa en su lugar.

Débil ilustración de la manera en que la justicia y el amor de Dios se desplegaron hacia nosotros. La justicia exige el castigo del pecador, y Dios no puede renunciar a su justicia. Pero por amor a nosotros, él envió a su Hijo al mundo. En la cruz Jesús sufrió el castigo en lugar de los pecadores, es decir, en lugar de todos aquellos que se vuelven a Dios y aceptan su perdón por la fe.

Ezequiel 14-15 – Hechos 21:17-36 – Salmo 34:15-22 – Proverbios 11:27-28

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Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia (8)

Lunes 18 Marzo

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Mateo 5:10

El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán.

Juan 15:20

Las bienaventuranzas

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia (8)

Estas palabras del Señor Jesús describen una situación que el creyente no elige pero a la que puede verse enfrentado: la persecución. Los que siguen al Señor no tienen los mismos objetivos que quienes viven para sí mismos. Sus valores, sus actitudes, sus hechos los distinguen de la corriente mayoritaria del mundo. Obediencia a la Palabra de Dios, humildad, justicia, simpatía por los intereses del prójimo, a menudo suscitan desprecio y animosidad.

¡No es suficiente sentirse incomprendido para afirmar que uno es perseguido por la justicia! Ser perseguido “por causa de la justicia” es sufrir por seguir a Cristo, porque uno toma Su “yugo” sobre sí, porque intenta amar con justicia y verdad como él lo hizo. Al mismo tiempo, es dejar de lado los intereses personales, tomar “su cruz” (Mateo 16:24). Es dar prioridad a los intereses de Dios antes que a mi vida.

Seguir a Jesús implica aceptar esta persecución y saber perdonar, incluso a nuestros detractores, como el Señor lo hizo. El discípulo de Jesús es invitado a regocijarse en todas las circunstancias, a ser feliz siguiendo y sirviendo a su Salvador, sin dejar que el resentimiento lo invada.

En algunos países la persecución es abierta y violenta. En otros es más sutil: puede haber burlas, desprecio, o ser puesto de lado. Pero cada uno es llamado a testificar del amor y la justicia de Dios de una u otra manera.

(continuará el próximo lunes)

Ezequiel 13 – Hechos 21:1-16 – Salmo 34:7-14 – Proverbios 11:25-26

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Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.

Domingo 17 Marzo

Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo.

Juan 21:15

Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.

1 Juan 4:19

Amarte, Jesús

Amarte, Jesús, conocerte,
Reposar sobre tu corazón;
Tenerte por Amigo, por Maestro,
Por Modelo y por Señor.
¡Sabemos que tu muerte borra
Nuestros pecados, poderoso Salvador!
Saboreamos en paz tu gracia,
¡Qué reposo, qué dulzor!
¡Oh, dicha indecible
De tenerte como Pastor!
Siempre tierno y seguro,
Nunca cambia tu corazón.
Tú que eres el Amor supremo
Descendiste hasta aquí.
Tú mismo buscas tus ovejas
En tus fuertes brazos las tomas.
Nos colmas de tus gracias
Nos conoces por nombre,
Nos conduces en tus huellas
Hacia la celestial mansión.
Cada día, con ternura,
Nos llenas de bendición.
¡Qué amor! Sin cesar deseas
Perdonarnos y guiarnos, Señor.

(Traducción literal del francés)

Ezequiel 12 – Hechos 20:17-38 – Salmo 34:1-6 – Proverbios 11:23-24

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Problemas de pareja

Sábado 16 Marzo

Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas (vuestras esposas) sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.

1 Pedro 3:7

Problemas de pareja

La Biblia describe varias situaciones de parejas que nos pueden hacer reflexionar.

El esposo de Ana notó la tristeza de su esposa, quien estaba afligida porque no podía tener hijos. ¿Qué le preguntó para consolarla?: “¿Por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?” (1 Samuel 1:8). Su torpe respuesta muestra que conocía muy poco a su esposa y no comprendía sus sufrimientos. Felizmente ella supo dirigirse al Señor en oración y hallar paz.

Cuando el rey David bailó y cantó delante de todos, debido al gozo que sentía durante una ceremonia religiosa, ¿cómo lo recibió su esposa? Le reprochó su actitud con ironía (2 Samuel 6:20). Demasiado preocupada por su status social y por «el qué dirán», se irritó a causa del entusiasmo de su esposo. No compartió en absoluto el gran gozo de David y se avergonzó por su comportamiento. David le respondió de forma hiriente, con palabras ásperas, y así se inició una disputa.

No dejemos que el orgullo y el egoísmo se introduzcan en nuestro matrimonio. Aprendamos a escuchar y a comprender. Practiquemos el perdón y la ternura. Así podremos experimentar las preciosas bendiciones que fluirán de ello. Una pareja en la que reina la armonía y el amor es algo bello a los ojos de Dios: es la imagen de la relación de Cristo con su Iglesia.

“La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios 15:1).

Ezequiel 11 – Hechos 20:1-16 – Salmo 33:16-22 – Proverbios 11:21-22

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Rutina diaria

Viernes 15 Marzo

Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento.

Eclesiastés 12:1

Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti.

Salmo 63:1

Rutina diaria

Al amanecer la gente se despierta y comienza el ajetreo. Cada uno se levanta y sigue su rutina: toma el desayuno aprisa mientras oye las noticias… Si se vive en la ciudad, hay que tomar el bus, el tren, llegar a tiempo a una cita importante, pero están los semáforos, los atascos. Es necesario, pues, salir con tiempo. Así es cada mañana… Sin mencionar los imprevistos, los problemas de salud. La vida transcurre a un ritmo acelerado. Los años pasan y pronto llegamos a la vejez… si es que llegamos.

– ¿Qué hay de su relación con Dios?

– ¡Oh, hasta ahora no he pensado en ello!, dirá usted tal vez.

Pues bien, nunca lo olvide: nuestra alma, que nos pone en relación con Dios, es nuestro bien más preciado, ya que es inmortal. Por el momento, quizá, todo va bien. El problema es que nuestra vida activa, tal vez muy exitosa en la tierra, no nos hará entrar a la presencia de Dios. Como pecadores que somos, no podremos ir allí a menos que seamos perdonados por Jesucristo. Entonces, clame al Señor Jesucristo y será salvo. Él recibió en su lugar el juicio que usted merecía (Romanos 10:13).

Los que somos creyentes, reservemos momentos del día para estar en la presencia del Señor, para orar, leer y meditar su Palabra. Tengamos con él una relación permanente de confianza. Así nuestro temperamento será más sereno y nuestro testimonio más convincente.

“La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7).

Ezequiel 10 – Hechos 19:23-41 – Salmo 33:10-15 – Proverbios 11:19-20

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