La verdadera pregunta

Jueves 14 Marzo

El Hijo del Hombre (Jesús) vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Lucas 19:10

Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó… por su misericordia.

Tito 3:4-5

La verdadera pregunta

¿Cuál es su religión? Pregunta trivial, a la que se suele responder sin mayor dificultad.

¿Es usted salvo? Esta pregunta es más inesperada y molesta, pero mucho más importante. Es el centro mismo del mensaje del Evangelio.

«Salvo, ¿de qué?», dirá usted. «No corro ningún peligro particular».

Quizá su vida transcurre de forma apacible, sin peligros ni amenazas aparentes. Pero el Evangelio afirma: “El que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36). Si usted es de los que no creen en el Hijo de Dios, corre un peligro real: “la ira de Dios”. Porque “¡horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Hebreos 10:31).

«Pero, ¿por qué está Dios airado conmigo?, se preguntará usted. Mi conducta es correcta, ¡no tengo nada que reprocharme!».

Seguramente usted es honesto. Sin embargo, es pecador, es decir, ha fallado respecto a la santidad de Dios: “Todos pecaron” (Romanos 3:23). Un solo pecado es suficiente para cerrarle el acceso al cielo por siempre. Toda una vida honesta no lo podría borrar. El pecado –aunque tan solo sea una mentira– es una afrenta a Dios, merece su ira…

El carcelero de la ciudad de Filipos (Grecia) preguntó: “¿Qué debo hacer para ser salvo?”. La respuesta fue simple y clara: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31). Para escapar a la ira divina, hoy tenemos el mismo recurso: creer en su Hijo Jesucristo.

Ezequiel 9 – Hechos 19:1-22 – Salmo 33:1-9 – Proverbios 11:17-18

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Salmo 119

Miércoles 13 Marzo

Bienaventurado el varón… que en la ley del Señor está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas.

Salmo 1:1-3

Salmo 119

Este es el más largo de todos los salmos; posee 176 versículos repartidos en 22 secciones. En el texto original hebreo, los 8 versículos de cada sección comienzan con la misma letra y cada sección sigue con otra letra, y esto en el orden alfabético. Un solo tema inspira todo el salmo: el elogio a la Palabra de Dios. He aquí algunos ejemplos, seguidos por las palabras que Jesús evocó en diferentes circunstancias, siendo él mismo la Palabra de Dios (Juan 1:14):

– “Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado” (v. 93). La Palabra de Dios da la vida y la estimula. Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6).

– “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca” (v. 103). Ella es nuestro alimento espiritual, está llena de dulzura. “Yo soy el pan de vida” (Juan 6:35).

– “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (v. 105). Ella es nuestra guía, nuestra luz. “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12).

– “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra” (v. 9). Ella nos purifica. “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17).

– “Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos” (v. 162). Ella es nuestro gozo. “Que mi gozo esté en vosotros” (Juan 15:11).

– “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación” (v. 97, 127). Ella nos atrae y nosotros la amamos. “El que me ama, mi palabra guardará” (Juan 14:23).

Ezequiel 8 – Hechos 18 – Salmo 32:8-11 – Proverbios 11:15-16

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Saber decir no

Martes 12 Marzo

Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas.

Proverbios 1:10

Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz.

2 Timoteo 2:22

Saber decir no

Es difícil decir no, y sobre todo hacerlo en voz alta, en contra de lo que dice la mayoría. Es difícil ser diferentes.

Sin embargo hay hombres que se animaron a decir no. Un no que cambió sus vidas y fijó su rumbo. Moisés tenía un porvenir trazado, era considerado como nieto del Faraón que reinaba en Egipto. Tenía el poder y las riquezas a disposición. Sin embargo, “rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado” (Hebreos 11:24-25).

Para usted también hay actividades en las cuales no puede participar, situaciones cuyos fines sabe que no son buenos. Diga no cuando quieran hacerlo pasar por alguien que usted no es en realidad. Diga no si quieren cambiar el sentido de las declaraciones divinas y sembrar dudas en su corazón respecto a la Palabra de Dios. Diga no si el diablo quiere arrastrarlo a pecar, o si quiere hacerle creer que puede hacerlo porque nadie se dará cuenta.

Diga no si algo es prohibido, por más inocente que parezca. Diga no si se burlan de sus reservas y lo tildan de ridículo. Diga no si quieren invitarlo a un lugar donde su Salvador no puede ir con usted. Diga no si hablan mal de otros delante de usted. Cierre sus oídos a las maledicencias y calumnias.

Pero nunca sea orgulloso o soberbio al decir no. Hágalo con sencillez pero claramente, con un corazón decidido.

Ezequiel 7 – Hechos 17:16-34 – Salmo 32:5-7 – Proverbios 11:13-14

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Bienaventurados los pacificadores (7)

Lunes 11 Marzo

(Jesús dijo:) Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Mateo 5:9

El fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.

Santiago 3:18

Las bienaventuranzas

Bienaventurados los pacificadores (7)

Cuando Jesús se presentó a sus discípulos el día de su resurrección, les dijo: “Paz a vosotros”. Era el saludo habitual en aquellos tiempos, pero en boca del Señor Jesús era más que un simple deseo. Era una realidad concreta porque él es el “Señor de paz” (2 Tesalonicenses 3:16). Hizo “la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20). Esta paz que el Señor Jesús hizo con Dios es la fuente de la paz interior prometida a los que creen en él. Dos aspectos la distinguen: la paz de la conciencia, es decir, la certidumbre de que Dios me ha perdonado, y la paz del corazón, ese sentimiento de confianza en Dios que conduce mi vida.

Cuando experimentamos esta paz personal, esto nos ayuda a superar los conflictos, y favorece la búsqueda de reconciliación y armonía.

“Bienaventurados los pacificadores…”. Esta felicidad abarca nuestras relaciones, en particular en la familia y en la vida social. Lo que permite que la paz permanezca entre los creyentes no es la ausencia de problemas, sino la capacidad para atravesarlos y resolverlos por la gracia del Señor.

Sin justicia no se puede encontrar una paz durable. “El fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Santiago 3:18). La justicia sin paz agobia… La paz sin justicia asfixia.

Amigos cristianos, solo tratando de vivir juntos esta paz y esta justicia seremos realmente hacedores de paz, a quienes Dios llama sus hijos, porque se asemejan a él.

(continuará el próximo lunes)

Ezequiel 6 – Hechos 17:1-15 – Salmo 32:1-4 – Proverbios 11:11-12

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Suprema humillación

Domingo 10 Marzo

(Jesucristo) se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres… se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo.

Filipenses 2:7-9

Suprema humillación

Jesucristo es el ejemplo perfecto de humildad. Su humillación, cada vez más profunda, nos es mostrada de modo muy sobrecogedor en ese texto de Filipenses 2:5-8:

– Siendo Dios “se despojó a sí mismo”, se hizo hombre. Era el Hijo unigénito junto al Padre, el Creador, y se hizo hombre entre los hombres para poder ser nuestro Salvador, sin dejar nunca de ser Dios.

– Como hombre “se humilló a sí mismo”, tomando el último lugar: se hizo siervo. Hubiese podido ser un rey colmado de honores y riquezas. Pero eligió la humildad y la pobreza.

– Jesús se hizo “obediente hasta la muerte”. Como siervo obedeció perfectamente, y esto hasta la muerte. Fue la voluntad de su Padre que diera su vida. La muerte de Jesús mostró su amor, y también su obediencia perfecta.

– Obedeció hasta la “muerte de cruz”. Esta era una muerte denigrante reservada solo para los malhechores. Traía la maldición sobre quien era sometido a este suplicio (Gálatas 3:13), el “tropiezo” (Gálatas 5:11). “Jesús… sufrió la cruz, menospreciando el oprobio” (Hebreos 12:2), aunque él era el “glorioso Señor” (Santiago 2:1).

La humillación total del Señor Jesús corresponde al lugar de honor supremo al cual Dios lo exaltó. Pronto, en el nombre del Señor Jesús, toda rodilla se doblará, y cada uno tendrá que reconocerlo como Señor (Filipenses 2:9-11). Desde ahora los creyentes reconocemos su gloria y le adoramos, conmovidos por su sumisión voluntaria y su inmenso amor.

Ezequiel 5 – Hechos 16:11-40 – Salmo 31:21-24 – Proverbios 11:9-10

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Nomofobia

Sábado 9 Marzo

Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado.

Salmo 37:25

En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación.

Salmo 62:1

Nomofobia

¿Es usted «nomófobo», es decir, padece esta adicción del siglo 21 que consiste en depender excesivamente del teléfono móvil? El miedo a estar solo en medio de un mundo indiferente, y a veces hostil, lleva a las personas a no poder separarse de su teléfono por temor a tener un ataque de ansiedad. A veces nos sentimos muy solos, incluso en medio de una multitud. La soledad es un drama para muchas personas que quisieran poder confiar en alguien.

En tiempos de Josué, Dios dijo a quienes confiaban en Él: “No te dejaré, ni te desampararé” (Josué 1:5); y cuando Jesús vino a la tierra, se acercó a las personas necesitadas y solas. En el momento de volver a su Padre, hizo una maravillosa promesa a sus discípulos: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). Desde hace aproximadamente dos mil años, una multitud de creyentes se beneficia de esta promesa. ¿Es usted uno de ellos? ¿Ha puesto su confianza en Jesucristo?

Él tuvo que estar solo, clavado en una cruz: Dios lo abandonó durante tres horas terribles en las cuales expió nuestros pecados. Y desde entonces, todo aquel que le confiesa sus pecados y cree que Jesús pagó el precio en su lugar, es hecho un hijo de Dios. Y Dios afirma que nada “nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:39).

¡Qué felicidad saber que Dios me escucha siempre, incluso cuando mi oración es solo un pedido de socorro! ¡Qué alegría saber que él responde!

Ezequiel 4 – Hechos 15:36-16:10 – Salmo 31:14-20 – Proverbios 11:7-8

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Dios resiste a los soberbios

Viernes 8 Marzo

Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones.

Eclesiastés 7:29

Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.

1 Pedro 5:5

Dios, el Dios infinito y absoluto, creó al hombre a su imagen y lo puso en el huerto del Edén. Le confió la administración de la tierra, pero con una prohibición: no debía comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Respetando esta prohibición, el hombre debía mostrar su confianza en el Creador. Ese Dios bueno y sabio sabía que si Adán llegaba a conocer el bien y el mal, el resultado sería su desgracia.

Al mismo tiempo, Dios hacía un examen de obediencia a Adán. Al ser fiel en lo poco, Adán hubiera mostrado que lo sería también en las grandes cosas. Y era algo muy grande administrar la tierra para Dios, su legítimo dueño. Pero, Adán y Eva fueron infieles, se dejaron seducir por el diablo, quien les dijo: “Seréis como Dios” (Génesis 3:5). Sensible a la propuesta de Satanás, el hombre cayó en la trampa del tentador: el orgullo.

Esta fibra de orgullo y vanidad vibra aún muchas veces en nosotros, empujándonos a querer prevalecer y a envanecernos. Esta pretensión interior es la causa de muchos de nuestros sufrimientos y conflictos. Más grave aún, es la causa de nuestro alejamiento de Dios. Este orgullo, tan profundamente arraigado y encubierto en nuestro corazón, nos hace hipócritas y constituye una verdadera afrenta al amor infinito de Dios.

Aún hoy Dios ofrece la salvación a todos los que reconocen la gravedad de su pecado. Esta es su oferta hecha hace mucho tiempo: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros” (Ezequiel 36:26). Él continúa extendiendo su mano hacia nosotros.

Ezequiel 3 – Hechos 15:1-35 – Salmo 31:9-13 – Proverbios 11:5-6

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Responsables de nuestra elección

Jueves 7 Marzo

Te encarezco… que prediques la palabra; que instes… porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina.

2 Timoteo 4:1-3

Responsables de nuestra elección

–Usted me cansa con su evangelio. No me hable más de eso.

–No le hablaré más de ello, solo tengo que decirle que no es mi evangelio, sino el “evangelio de Dios… acerca de su Hijo…” (Romanos 1:1-3). “Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos” (Hebreos 12:25).

–De todos modos, si Dios me manda al infierno, no estaré solo allí.

–No hable así. No es Dios quien lo envía a un lugar de tormentos. Al rechazar la salvación que él le ofrece gratuitamente, y para la cual fue necesario el sacrificio de su Hijo, es usted quien permanece en el camino que lleva a la perdición, acéptelo o no. Es cierto que allá no estará solo, pero ¿es ese su consuelo? En 1940 éramos un millón de prisioneros, pero eso no aliviaba mi situación. El enfermo que ingresa al hospital, ¿acaso siente alivio pensando que allí hay centenares de enfermos sufriendo?

Dios quiere salvar a todos los hombres, y Cristo murió por todos. Él manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan. Pero no obliga a nadie. Él pone delante de usted el camino de la vida y el de la muerte. Usted debe escoger.

“Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos… ¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron” (Hebreos 2:1-3).

Ezequiel 2 – Hechos 14 – Salmo 31:1-8 – Proverbios 11:3-4

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La vid verdadera

Miércoles 6 Marzo

(Jesús dijo:) Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto… Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

Juan 15:1-2, 5

La vid verdadera

Los que viven en las regiones vitícolas saben que la vid (la planta) vive durante años, pero los pámpanos (las ramas) deben ser podados en invierno y necesitan cuidados durante todo el año. Su poda permite obtener racimos de mejor calidad.

En la Biblia, la vid y los pámpanos son una imagen del Señor Jesús y de los cristianos. Jesús es la fuente de vida, y los creyentes deben permanecer unidos a él para llevar fruto. Dios, el Padre, es el labrador, quien se ocupa de los creyentes a fin de que lleven más fruto.

Todo creyente es objeto de ese trabajo de poda. Las pruebas de la vida son instrumentos que el Padre emplea para aumentar nuestra capacidad de llevar fruto para su gloria. El Señor anima a sus discípulos a permanecer cerca de él, orando y escuchando su Palabra, la Biblia. Es la única forma de ser productivos para Dios.

¿Por qué el Señor dice que él es la “vid verdadera”? En el Antiguo Testamento está escrito: “Hiciste venir una vid de Egipto” (Salmo 80:8). Esta vid era Israel, el pueblo que Dios sacó de la esclavitud y eligió para que produjera fruto. Ese pueblo no escuchó a Dios. No podía ser llamado “la vid verdadera”. Este título fue reservado solo para el Señor Jesús. Él declaró ser esa vid cuando estaba a punto de ofrecerse a sí mismo en la cruz. Iba a dar su vida para poder ser la fuente de “savia” de vida para todos los que creen en él.

Ezequiel 1 – Hechos 13:26-52 – Salmo 30:6-12 – Proverbios 11:1-2

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¿A quién quiere agradar?

Martes 5 Marzo

¿Busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.

Gálatas 1:10

¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?

Juan 5:44

¿A quién quiere agradar?

Un joven y talentoso músico, alumno de un renombrado violinista, se presentó en público por primera vez. Su brillante actuación desencadenó nutridos y merecidos aplausos. Sin embargo, el joven no parecía apreciarlos, ni siquiera notarlos, pues estaba demasiado ocupado observando la reacción de un anciano de cabellos blancos sentado en primera fila. Solo cuando este último se levantó para inclinar suavemente la cabeza hacia él, una enorme sonrisa iluminó el rostro del joven violinista. Su maestro acababa de darle su aprobación, y eso era lo único que contaba para él.

¿De quién esperamos la aprobación en nuestra vida? Cultivar nuestra imagen ante los demás hace que corramos el riesgo de descuidar la única calificación valedera: la de Dios. ¡Tendemos tanto a querer ser bien vistos y considerados por nuestro entorno! Damos demasiada importancia a la opinión de los demás. Si el mal que se dice de nosotros despierta nuestra susceptibilidad, y el bien, nuestro orgullo, ¿no es una prueba de que nos dejamos influenciar mucho por «el qué dirán»?

Cuando el Señor Jesús vivía en la tierra, no buscaba el reconocimiento. Al contrario de los que corren tras la popularidad, él decía la verdad antes que buscar complacer a su audiencia. Eso molestó de tal forma que motivó su crucifixión. Pero, ¡qué aprobación recibió de parte de su Padre! Dios lo resucitó y lo hizo sentar a la diestra de su propio trono.

2 Samuel 24 – Hechos 13:1-25 – Salmo 30:1-5 – Proverbios 10:31-32

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