La boda del hijo del rey

Sábado 7 Abril

Las bodas a la verdad están preparadas… Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis.

Mateo 22:8-9

No teniendo mi propia justicia… sino la que es por la fe de Cristo.

Filipenses 3:9

La boda del hijo del rey

Algunas parábolas (6): Mateo 22:1-14

Resumen: Un rey hizo una fiesta de bodas para su hijo. Envió a sus siervos a buscar a los invitados, pero estos no quisieron ir. Renovó la invitación, pero los convidados hallaron más excusas. Entonces el rey envió a buscar a todos los que quisiesen ir, “juntamente malos y buenos”. ¡Y la sala se llenó! El rey entró y vio a un hombre que no estaba vestido de boda: ¡y lo echó fuera!

Significado: La invitación a la boda es la proclamación del Evangelio. Los siervos son los que la anuncian. Los primeros invitados eran los judíos contemporáneos de Jesús, pero muchos rechazaron y persiguieron a los cristianos. Entonces los siervos fueron enviados por todo el mundo, y muchas personas aceptaron el Evangelio. Algunos fingieron creer, sin aceptar realmente la justicia gratuita que Dios ofrece, representada por el vestido de boda.

Aplicación: El Evangelio es para todos, para los que están perdidos en el mal como para los que parecen honorables. ¿Por qué? Porque para entrar, los méritos personales no cuentan: es necesario estar revestido de la justicia que la fe en Jesucristo da. Si alguien se une a los cristianos sin tener a Cristo como Salvador, ¡qué confusión le espera y qué triste final!

Usted tiene la invitación del rey en sus manos. Puede aceptarla o rechazarla… No basta con ser invitado; es necesario aceptar e ir de la manera que Dios desea: revestido de la justicia de Cristo mediante la fe en él.

(continuará el próximo sábado)

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

http://labuenasemilla.net/20180408

¡Le crucificaron!

Viernes 6 Abril

http://labuenasemilla.net/20180406

Le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.

Juan 19:18

La noche de aquel mismo día, el primero de la semana… vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.

Juan 20:19

Vi que en medio del trono… estaba en pie un Cordero como inmolado.

Apocalipsis 5:6

En el centro

La Biblia nos presenta varias ocasiones en las que Jesucristo está en el centro. Veamos tres de ellas.

–Fue crucificado entre dos malhechores, como si fuese el más culpable de los tres (Juan 19:18). Esta posición denigrante traduce el desprecio que los hombres tenían hacia la persona de Jesús, cuya vida había estado llena de bondad, abnegación y compasión ante las desgracias y la miseria que encontraba.

–Después de la resurrección del Señor, sus discípulos estaban reunidos. Algunos de ellos ya lo habían visto vivo. ¿Era cierto? “Vino Jesús, y puesto en medio” (cap. 20:19). Entonces les mostró sus manos y su costado herido, marcas de sus sufrimientos y pruebas de su amor. Él es digno de estar en el centro del interés y del amor de los suyos. Aún hoy, esta promesa de Jesús se cumple: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).

–El Apocalipsis (cap. 5:6) nos presenta al gran Vencedor de la muerte “en medio del trono”. Dios lo resucitó y le dio este lugar central. Aquel que fue tan despreciado, ahora es el centro de la gloria del cielo. Tiene el poder y pronto reinará.

Es importante que hoy sea el centro de la vida de cada uno. ¿Es nuestro Salvador personal? ¿Ocupa siempre el primer lugar en nuestra vida?

“Para que en todo (Jesús) tenga la preeminencia” (Colosenses 1:18).

Isaías 11-12 – 1 Tesalonicenses 1 – Salmo 40:1-5 – Proverbios 13:2-3

DERECHOS DE AUTOR © 2018 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

El fin del mundo

Jueves 5 Abril

http://labuenasemilla.net/20180405

El día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.

2 Pedro 3:10

El fin del mundo

En un diario de abril del año 2012 había un artículo titulado: «El fin del mundo convence a uno de cada siete humanos… Casi un 15% de los hombres piensa que va a vivir el fin del mundo».

¡Cuántas veces se ha anunciado este acontecimiento, fijando fechas que han resultado ser meras falacias!

Pero, ¿qué es el fin del mundo? En vez de guiarnos por nuestra imaginación, ¡veamos qué dice Dios, el Creador de nuestro planeta!

La Biblia afirma: “Los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos” (2 Pedro 3:7). Describe las diferentes etapas que precederán el fin del mundo, no solo los aspectos materiales, sino también el destino de todos los seres humanos. Primero habrá confusión y desastres enviados como juicio sobre el mal. Entonces debo pensar hoy en el fin de mi vida en la tierra, en la muerte, o en el día en que Jesucristo vendrá a buscar a todos los creyentes.

Si bien Dios tendrá que destruir el entorno donde vivimos, juzgando así la escena en la cual se cometieron tantas injusticias, también juzgará a los responsables. Pero antes de ser el Juez de toda la tierra, Jesucristo se presenta todavía hoy como el Salvador. No salvará la tierra, que está destinada a la destrucción, sino que librará a todos los que lo aceptan como su Salvador. Para estar seguro de que seré salvo de esa destrucción, debo creer ahora en Jesús. Los que lo siguen no sufrirán la misma suerte del mundo. Su lugar está preparado con él en el cielo.

Isaías 10 – Gálatas 6 – Salmo 39:7-13 – Proverbios 13:1

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

 

 

Consumado es

Viernes 30 Marzo

http://labuenasemilla.net/20180330

Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.

Lucas 23:46

Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.

Juan 19:30

Consumado es

La crucifixión era el suplicio más cruel. Después de horas de sufrimientos, la víctima moría por asfixia y agotamiento. Pero no fue así como Jesús murió. Él expiró después de haber clamado “a gran voz”. Ningún otro crucificado ha muerto ni morirá de esta manera. Solo Cristo tenía poder sobre su vida, por eso pudo decir: “Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre” (Juan 10:18).

Todos los que estaban allí pudieron escuchar esta frase pronunciada desde lo alto de la cruz: “Consumado es”. En el original griego esta expresión corresponde a una única palabra que se podía leer en antiguas facturas pagadas: «Tetelestaï». Esto significa que la inmensa deuda del pecado ha sido pagada. Al que la acepta para sí, Dios no le pedirá más la cuenta de sus pecados.

El oficial romano responsable de la ejecución de los condenados, sorprendido por una muerte así, exclamó: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Marcos 15:39).

Voz de amor y de clemencia en el Gólgota sonó;

Y al oírla, con violencia el Calvario retembló:

¡Consumado es, consumado es!

Fue la voz que el Cristo dio

Isaías 2 – Hechos 28:17-31 – Salmo 37:30-34 – Proverbios 12:17-18

El hombre feliz

Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado.

Salmo 32:1

Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.

Juan 20:29

El hombre feliz

«El dinero no da la felicidad». Este viejo refrán sigue siendo cierto en nuestro siglo XXI (21). Pero no nos dice dónde se halla la felicidad, cosa que cada uno de nosotros desea y trata de encontrar.

¿Cómo podemos definir la felicidad? Es un estado interior de plena satisfacción, un estado en el que estamos en paz con nosotros mismos y en el que el futuro nos parece abierto, lleno de esperanza. Es, pues, un estado en el que la conciencia está tranquila y nuestro ser confiado.

La Biblia nos dice que los primeros cristianos tenían esa felicidad: “estaban llenos de gozo” (Hechos 13:52). Y esa felicidad, aún hoy, ilumina a los que tienen a Jesucristo como centro de su vida porque lo aceptaron como su Salvador personal.

Después de haber enseñado a sus discípulos, Jesús les dijo: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Juan 15:11). La lectura de los evangelios nos pone en contacto directo con Aquel que vino a la tierra para liberarnos del pecado que nos impedía ser felices. Jesús también dijo: “Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan” (Lucas 11:28).

Lleno de esta promesa, el apóstol Juan escribió al final de su vida: “La hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna… Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido” (1 Juan 1:2, 4).

¡Esta felicidad también está a su alcance!

Isaías 1 – Hechos 28:1-16 – Salmo 37:23-29 – Proverbios 12:15-16

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

 

¿Es necesario hablar del sufrimiento? (2)

Respondió Job, y dijo: Muchas veces he oído cosas como estas; consoladores molestos sois todos vosotros.

Job 16:1-2

Respondió Job al Señor, y dijo… De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.

Job 42:1, 5

¿Es necesario hablar del sufrimiento? (2)

La historia de Job es sorprendente. Por una parte Job, un hombre colmado de las bendiciones de Dios, es proyectado súbitamente en el fondo de la desgracia. Se defiende diciendo que no es culpable ante un Dios que, en apariencia, permanece insensible a su dolor. Por otra parte, su mujer lo incita a maldecir a Dios, y sus tres amigos lo agobian con discursos de una «teología» impecable, tratando de explicarle que si está sufriendo, es porque ha ofendido a Dios.

Lo único que esos discursos hacen es acusar al pobre Job, en vez de consolarlo. Pero al final del libro Dios declara que solo Job habló correctamente, mientras sus amigos, supuestos abogados de la causa divina, son descalificados. Aquí hay una lección que debemos tener en cuenta: es preciso poner freno a las palabras que se dicen con ligereza y a todos esos discursos que no comprenden ni el camino ni el objetivo del sufrimiento.

Pero el libro de Job va mucho más allá de esta advertencia. También nos enseña que el atravesar la prueba puede ser útil para el creyente, que tiene un alcance mucho mayor que nuestros razonamientos. Mientras experimentamos dolorosamente lo insoportable, Dios nos eleva por encima de nuestros pensamientos. Permite a Job que lo vea, que lo comprenda. Entonces Job reconoce su pobreza espiritual, pero su corazón está lleno del amor divino, y a partir de ese momento puede orar por los que lo habían agobiado en medio de su tristeza. Al final del libro, Job exclama dirigiéndose a Dios: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven”.

Éxodo 40 – Hechos 27:13-44 – Salmo 37:16-22 – Proverbios 12:13-14

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Es necesario hablar del sufrimiento? (1)

Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?

Salmo 42:3

Tú… Señor mío, favoréceme por amor de tu nombre; líbrame, porque tu misericordia es buena. Porque yo estoy afligido y necesitado, y mi corazón está herido dentro de mí.

Salmo 109:21-22

¿Es necesario hablar del sufrimiento? (1)

¿Cómo hablar del sufrimiento, si no es dejándolo hablar por sí mismo? ¿Cómo expresarlo cuando es tan intenso que nos deja sin palabras? Algunos piensan que los cristianos son expertos en discursos sobre el sufrimiento, que muy a menudo tienen palabras preformuladas para explicarlo.

La Biblia no trata de definir el sufrimiento de forma abstracta, sino que habla de personas que sufren, y sobre todo de Cristo, quien llevó “nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores” (Isaías 53:4). Dios no disminuyó ningún sufrimiento a Su Hijo, al “varón de dolores”. Crucificado, Jesús oró por sus verdugos: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Pero en la Biblia Dios no duda en presentarnos al hombre en su lucha contra el sufrimiento, a través de la vida de todos, hombres, mujeres, jóvenes o viejos. También muestra lo que lo produce: violencia, traición, desprecio, odio, soledad, enfermedades, heridas morales cuando el alma vacila al borde del vacío.

Así, la Biblia evoca este dolor que llama, gime y pregunta: “¿Dónde está… Dios?”, y que trata de escuchar, perdidamente, una respuesta divina. Todo un libro de la Biblia nos presenta la prueba de Job. Del corazón de ese creyente surgió un grito de sufrimiento, sufrimiento que lo llevó al límite de la rebelión. Entonces Dios se reveló a Job como nunca antes había podido hacerlo.

(mañana continuará)

Éxodo 39 – Hechos 27:1-12 – Salmo 37:8-15 – Proverbios 12:11-12

El día que encontré un Nuevo Testamento

Lunes 26 Marzo

Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo.

2 Corintios 5:17-18

El día que encontré un Nuevo Testamento

«Nací en Matamoros (México) hace 42 años. Tuve una infancia llena de ternura y luego fui a la Universidad. Allí me involucré en diferentes actividades políticas. Tenía la ambición de ser juez o abogado. Mis crecientes éxitos profesionales me ofrecieron todo tipo de posibilidades y… pronto caí en el mundo criminal. Mi ascenso profesional se detuvo repentinamente. Para huir de la policía tuve que dejar el país, pero cuando regresé a México algunos años más tarde, me arrestaron.

Entonces pensé que mi vida se había acabado. Pero un día encontré un Nuevo Testamento en la basura de la cárcel. Empecé a leerlo y quedé muy sorprendido; descubrí como una luz que iluminaba mi vida. Esta luz me hacía tomar conciencia de mis errores, pero también me daba una esperanza. Un día me puse de rodillas y le pedí a Dios que me perdonara. Entonces la carga que me agobiaba dio lugar a una paz inesperada, una paz que nunca había experimentado.

Por medio de Jesucristo recibí una vida totalmente nueva. Poco tiempo después, cuando salí libre, busqué a mi familia. A pesar de todo el sufrimiento que les había causado, mis familiares no me rechazaron. Algunos meses más tarde toda mi familia creyó en el Señor Jesucristo. ¡Fue una nueva vida para todos! Y todo comenzó el día en que encontré un Nuevo Testamento en la cárcel».

Federico

Si todavía no posee el evangelio según Juan, escriba al editor y este le enviará uno gratuitamente.

Éxodo 38 – Hechos 26:19-32 – Salmo 37:1-7 – Proverbios 12:9-10

La Cena, memorial de la muerte del Señor

El Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.

1 Corintios 11:23-25

La Cena, memorial de la muerte del Señor

La celebración de la cena es el momento central del culto que rendimos a Dios. Los cristianos tomamos el pan y la copa como recuerdo de la muerte de nuestro Salvador. Participamos con emoción y respeto, como respuesta al deseo expresado por Jesús la noche antes de morir.

Es designada mediante diferentes palabras:

–La cena (1 Corintios 11:20): conmemora la última cena de Cristo con sus discípulos, “la noche que fue entregado”.

–Dar las gracias (1 Corintios 11:24; Mateo 26:27): subraya el aspecto de estar muy agradecidos al Señor por sus sufrimientos y su muerte.

–La comunión (1 Corintios 10:16): hace énfasis sobre la relación de intimidad entre el cristiano y su Señor, así como con todos los cristianos que forman su cuerpo, la Iglesia.

–La mesa del Señor (v. 21): como invitados por el Señor, los creyentes nos sometemos a su autoridad para tomar juntos la cena.

–La copa de bendición (v. 16): cuando dio a sus discípulos una copa, símbolo de su sangre derramada para nuestra bendición, Jesús iba a dar su vida. El creyente recuerda ante Dios el valor de esa sangre.

–El partimiento del pan (Hechos 2:42; 20:7): el pan entero nos recuerda la unidad de la Iglesia, cuerpo de Cristo, y el pan partido entre los creyentes recuerda que el Señor dio su cuerpo por ellos. Los amó hasta la muerte.

Éxodo 37 – Hechos 26:1-18 – Salmo 36:7-12 – Proverbios 12:7-8

Los obreros de la última hora

Sábado 24 Marzo

Quiero dar a este postrero, como a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?

Mateo 20:14-15

Los obreros de la última hora

Algunas parábolas (4): Mateo 20:1-16

Resumen: Un hombre estaba buscando obreros para trabajar en su viña. Desde la mañana había contratado a algunos y se habían puesto de acuerdo en cuanto al salario: un “denario” al día. Tres horas más tarde, y luego otras tres horas después, había contratado a otros y les había prometido que recibirían lo justo. Por último, una hora antes del final del trabajo, encontró a otros obreros y los contrató haciéndoles la misma promesa. Al final del día ¡todos recibieron un denario! Los primeros protestaron, pero el dueño de la viña les respondió que había respetado el salario convenido, además de haber sido bueno con los demás.

Significado: El hombre de la viña es el Señor. Los obreros son los creyentes que tienen el privilegio de servirle. Algunos lo conocieron y le sirvieron desde su infancia, y otros lo conocieron al final de su vida. Unos tuvieron un servicio público, otros parece como si hubiesen hecho poco para él…

Aplicación: Quizás aprobemos a los obreros descontentos. Sin embargo, los primeros se habían puesto de acuerdo con su patrón en ganar un denario por día, y recibieron el dinero que habían convenido. Los otros confiaron en aquel hombre y pudieron apreciar su bondad.

Cada siervo tiene que tratar con su Maestro. El Señor aprecia sobre todo la simple confianza en su justicia y en su amor. Continuemos sirviéndole por la fe, sin preocuparnos por la recompensa ni compararnos con los demás. La gracia de Dios se complace en recompensar a los que no son pretensiosos.

(continuará el próximo sábado)

Éxodo 36 – Hechos 25 – Salmo 36:1-6 – Proverbios 12:5-6