Dios hace bien todas las cosas

viernes 24 noviembre

En gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar.

Marcos 7:37

Dios hace bien todas las cosas

Al este del lago de Genesaret, en la región de Decápolis, el Señor Jesús había sanado a varias personas, entre ellas a un sordomudo. Era el tema de conversación de los habitantes de aquella región. Es interesante constatar que no mencionaron únicamente la curación de los sordos, de los mudos y de otros enfermos (Mateo 15:31), sino que recapitularon el conjunto y dijeron: “bien lo ha hecho todo”.

¡Todo! De forma más general, hoy podemos aplicar este testimonio a la salvación ofrecida a todos, resultado de la obra de Cristo en la cruz. Nosotros también podemos decir: “Bien lo ha hecho todo”.

Que cada uno examine su caso personal: éramos pecadores, estábamos “sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12), pero Cristo se ocupó de nosotros. Hizo lo que nosotros éramos incapaces de hacer: a nosotros que éramos esclavos, culpables, él nos redimió por su sangre y nos condujo a Dios. Pronto nos llevará a la casa del Padre. ¡Sí, “bien lo ha hecho todo”!

Israel rechazó a su Mesías cuando vino a la tierra. No obstante llegará un día cuando Dios dirá de su pueblo: “Todos ellos serán justos… obra de mis manos, para glorificarme” (Isaías 60:21). Cristo, su Mesías, también puso el fundamento de esto en la cruz: “Bien lo ha hecho todo”.

“Gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia” (Romanos 6:17-18).

Job 30 – Hebreos 12:1-11 – Salmo 132:8-12 – Proverbios 28:13-14

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¿De dónde viene nuestro valor?

No temas… yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú… a mis ojos fuiste de gran estima… y yo te amé.

Isaías 43:1, 4

¿De dónde viene nuestro valor?

El director de una clínica psiquiátrica, en Alemania, denuncia unas treinta ideas falsas que creemos ser ciertas y que, en cierta medida, condicionan nuestras decisiones. Una de ellas concierne a nuestra capacidad y al éxito. «Mucha gente, escribe, cree que su valor depende de sus capacidades en uno u otro ámbito. Cuando tienen que enfrentarse al fracaso, pueden llegar hasta el suicidio».

Desde el punto de vista económico, decir que el valor de una persona depende únicamente de sus capacidades en el trabajo puede parecer pertinente. Pero es dejar de lado otras cualidades como la sinceridad, el dominio propio, la honestidad, la humildad, etc. ¡Todos estos aspectos también participan en el éxito tanto individual como colectivo!

Sea como fuere, el mensaje de la Biblia es completamente diferente. Nos dice que nuestro valor no proviene de lo que hacemos, sino que nos es dado por Dios. Somos valiosos ante sus ojos porque él nos ama. Nos ama tanto que dio a su Hijo unigénito para salvarnos. Y si aceptamos ese don de Dios, si creemos en el Señor Jesús, somos adoptados por Dios. Nuestro valor no viene de nuestras capacidades, de nuestras cualidades naturales, sino del hecho de ser hijos e hijas del Dios de amor. Nuestra dignidad no está basada en la mirada del prójimo, sino en el hecho misterioso y extraordinario de haber sido amados, creados y redimidos por Dios.

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo… en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo” (Efesios 1:3, 5).

Job 29 – Hebreos 11:23-40 – Salmo 132:1-7 – Proverbios 28:11-12

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La madera de cedro

El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano.

Salmo 92:12

El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los que esperan al Señor tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

Isaías 40:29, 31

La madera de cedro

¡Allí estaba la pirámide más antigua del mundo! Se decía que tenía más de 4.000 años. Nuestro grupo escuchaba atentamente al egiptólogo darnos todos los detalles históricos concernientes a ese gigantesco edificio. Luego señaló un punto particular, y todas las miradas se dirigieron hacia algo color marrón que no era de piedra. Nuestro guía nos explicó: «Son vigas de madera de cedro del Líbano; fueron transportadas hasta aquí en barco, y se han conservado durante 4.000 años sin pudrirse».

El cedro es un árbol de crecimiento lento, cuya madera resiste especialmente a la podredumbre y a las agresiones de los insectos.

Amigos cristianos, a veces nos parece que nuestro crecimiento y desarrollo espirituales llevan mucho tiempo. ¡Pero nuestra formación dura toda nuestra vida! No somos nosotros los que debemos observar y evaluar nuestro desarrollo espiritual. Dejemos esto al Señor y tratemos de agradarle cada día. Estamos en la escuela de un Dios paciente y sabio. Ahí, ante nuestras responsabilidades diarias, en el trabajo, en la familia, somos formados por él para tener más comunión, más dependencia y confianza solo en él.

“El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”, escribió el apóstol Pablo (Filipenses 1:6). Oremos al Señor Jesús, leamos su Palabra, reunámonos con otros cristianos, y “no nos cansemos, pues, de hacer bien” (Gálatas 6:9).

Job 28 – Hebreos 11:1-22 – Salmo 131 – Proverbios 28:9-10

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Engaño para el ojo

Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran.

Marcos 7:6-7

El que camina en integridad anda confiado.

Proverbios 10:9

Engaño para el ojo

El enchapado, en ebanistería, consiste en recubrir mediante encolado una madera ordinaria o un aglomerado con una fina plancha de madera de una especie más noble: nogal, palisandro, caoba… Los muebles fabricados a partir de planchas recubiertas de esta forma dan la impresión de estar totalmente hechos de una madera fina. ¡Pero no trate de limarlos o cepillarlos, pues rápidamente aparecerá la madera ordinaria!

Nuestro cristianismo, ¿es un «enchapado de piedad»? Exteriormente nuestra conducta es honorable, frecuentamos los servicios religiosos, contribuimos con las obras caritativas… Pero todo esto puede ser superficial.

A veces las pruebas de la vida cumplen la función de la lima o del cepillo. Si aparece una dificultad en la que la fe, el amor, la piedad, la paciencia deberían mostrarse, y nuestro cristianismo no es real, ¡la fina capa religiosa desaparece! Las bases de la vida divin

a, las relaciones conscientes con Dios mediante el Espíritu Santo, fuente de esta vida, ya no están o perdieron una parte de su realidad por un tiempo, y aparece el fondo natural.

La religión forma parte de la vida social: para muchos constituye una capa de honorabilidad. Pero, ¿qué piensa Dios de ese barniz de piedad? ¿Puede conformarse con él? ¡De ninguna manera! Él quiere “la verdad en lo íntimo” (Salmo 51:6). ¡Así es cómo experimentamos la serenidad y la confianza en Dios!

Job 25-27 – Hebreos 10:19-39 – Salmo 130 – Proverbios 28:7-8

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Su presencia admirablemente fiel

lunes 20 noviembre

Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo.

Salmo 23:4

Su presencia admirablemente fiel

«Desde que tengo memoria de ello, creo en Aquel cuya presencia es admirablemente fiel. Esta presencia que me acompaña a pesar de mis preguntas, mis dudas, mi ingratitud, es la del Dios creador y redentor, del Resucitado vencedor de la muerte.

Lo que la ciencia nos aporta sobre el universo, sobre nuestros cromosomas, no pone en duda mi fe en Jesucristo. Cuanto más leo, cuanto más escucho a aquellos que me ayudan a comprender el mundo, más claro me parece el hecho de que la fe, que comparto con millones de hombres y mujeres de ayer y de hoy, es un regalo de Dios. Creo en Dios porque viví y vivo del gozo que va unido al agradecimiento por sus dones. Ese gozo no pone trabas a la conciencia de mi debilidad. Mi confianza reside en la compasión y en la fidelidad del Redentor. Sin embargo, cuanto más creo en la fidelidad divina, menos digna me creo de ella. Mi fe a menudo es tan pequeña… Tengo la impresión de dar a Dios tan solo un consentimiento en migajas…

Creo que he podido confiar totalmente en Dios solo en medio del sufrimiento. Sufrimiento agudo ante el dolor de aquellos a quienes amamos, sin poder ayudarles. Entonces, toda sabiduría humana es irrisoria. En esos momentos solo podemos hallar la paz en el amor de Cristo, al aceptar seguirlo allí donde nos precede.

¡Señor, abre mi corazón al verdadero amor, y hágase según tu voluntad!».

Michèle M.

“El Señor es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré” (Salmo 28:7).

Job 24 – Hebreos 10:1-18 – Salmo 129 – Proverbios 28:5-6

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Aquel que ve en el corazón

domingo 19 noviembre

Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?

Juan 4:28-29

Aquel que ve en el corazón

Cerca de un pozo, una mujer acababa de encontrarse con Jesús. Él se le reveló como aquel que conoce los secretos de los corazones y da el agua de la vida. Ahora ella estaba convencida de que él era el Cristo. Pero, ¿cómo comunicar esta buena noticia a su entorno? Podría tratar de describirlo, o hablar de lo que le había enseñado. Sin embargo fue más simple, más directa, más convincente. Dio como único argumento: “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho”. Consideró que un hombre que conocía los secretos profundos de su vida era mucho más que un hombre: solo podía ser el Mesías, como él le había dicho. ¡La mujer tenía razón!

Nadie puede leer el corazón, excepto Dios. Él tiene un pleno conocimiento de lo que es el corazón humano, y lo comparte con nosotros. La Biblia es su mensaje escrito para cada uno de nosotros. Leída atentamente pone al descubierto nuestros pensamientos, sentimientos, deseos, afectos, nuestros sueños y las partes más secretas de nuestro ser moral. Al leerla nos encontramos en la presencia de Dios y experimentamos su poder. Una sola frase puede bastar. Un versículo, una sencilla expresión, como una potente linterna, iluminarán nuestro ser interior. ¡No nos desviemos! ¡Si bien la Palabra de Dios descubre el mal, también nos da el remedio de Dios!

“La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos… Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:12, 16).

Job 22-23 – Hebreos 9:15-28 – Salmo 128 – Proverbios 28:3-4

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Un vacío en el corazón

(Jesús dijo:) La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Juan 14:27

Un vacío en el corazón

Una revista que promueve las prácticas de relajación muestra a una persona sentada, con las piernas cruzadas, las manos abiertas sobre sus rodillas y los ojos cerrados. Inmóvil, esta persona hace el «vacío», tratando de olvidar así todo lo que la angustia o la carga en su vida.

Viendo esta foto me doy cuenta del privilegio inestimable del cristiano. ¡Qué inmensa gracia conocer al verdadero Dios por Jesucristo, poder comunicarse con él como lo hace un hijo con su Padre! En lugar de buscar ese pretendido vacío, en una forma de recogimiento centrado sobre uno mismo, puedo orar a mi Salvador, quien me ama y me escucha. Tengo la libertad de contarle mis preocupaciones, aquello que me oprime y me inquieta. Tengo el gozo de darle las gracias. Solo él puede llenar mi corazón y darme una paz interior real, que nada ni nadie me pueden quitar.

El que conoce al verdadero Dios y su amor mediante Jesucristo el Salvador, no necesita practicar métodos que pueden esconder un real peligro. Insidiosamente estas prácticas podrían hacernos abandonar el control de nuestras facultades mentales para dejarlo a merced de poderes ocultos. La tranquilidad y la serenidad inducidas por esas técnicas de relajación, que actúan en los pensamientos del hombre y en su comportamiento, no tienen nada que ver con la paz que da el Espíritu de Dios: “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz…” (Gálatas 5:22). Solo Cristo puede liberar de sus angustias a un corazón, para llenarlo de su amor.

“Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor” (Juan 15:9).

Job 21 – Hebreos 9:1-14 – Salmo 127 – Proverbios 28:1-2

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¿Quiénes son los verdaderos adoradores?

viernes 17 noviembre

La hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.

Juan 4:23

¿Quiénes son los verdaderos adoradores?

El principio mismo de la mayoría de las religiones consiste en realizar obras y ritos, los cuales hay que cumplir obligatoriamente para apaciguar al Ser supremo y satisfacer su justicia. Incluso los paganos llevan ofrendas a sus ídolos para que les sean favorables.

Pero no es por esas razones interesadas que nosotros, los cristianos, rendimos culto a Dios el Padre y a su Hijo Jesucristo. No lo alabamos para ser salvos, protegidos o liberados, sino porque lo somos. Por nosotros mismos no podemos hacer nada para obtener nuestra salvación: ni amar a Dios, ni agradarle, ni obedecerle. Fue Dios quien hizo todo al darnos un Salvador.

El culto que rendimos a Dios es simplemente la expresión de nuestro agradecimiento, la ocasión de celebrar su grandeza. Insistamos sobre esta diferencia fundamental entre el verdadero culto y lo que entendemos generalmente por la práctica de una religión. En tal práctica, el hombre quiere llevar algo a Dios y piensa que Dios lo tendrá en cuenta perdonándolo y ocupándose de él.

Pero comprendamos que fue Dios quien empezó obrando en gracia para con nosotros, y que debemos creer y darle las gracias por lo que Él es y lo que hizo. Nuestro amor, que se expresa en alabanza, es solo la justa respuesta al suyo. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Eso tendría que expresarse también de forma natural en nuestra manera de vivir y actuar. ¡Que cada uno de nuestros actos honre a nuestro Dios salvador!

Job 20 – Hebreos 8 – Salmo 126 – Proverbios 27:23-27

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Creo, Señor; y le adoró

Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego?

Juan 9:1-2

(El ciego curado exclamó:) Creo, Señor; y le adoró.

Juan 9.38

Creo, Señor; y le adoró

Lectura propuesta: Juan 9

El sufrimiento sigue siendo un enigma para muchos de nosotros y no deja de suscitar numerosas preguntas. ¿Cuál fue la respuesta de Jesús? Es preciso subrayar que los discípulos (y su pregunta revela una actitud comúnmente extendida) no preguntaron por qué el hombre era ciego, sino quién había pecado, como si la condición de ese hombre estuviese ligada al pecado de alguien. Luego Jesús devolvió la vista al ciego, y esto suscitó otras preguntas. Los vecinos se sorprendieron, los jefes religiosos no podían aceptar la idea de una intervención divina. Pero entre negarse a creer y la evidencia de la sanidad, la confusión se instaló y los hombres fueron incapaces de explicar aquel acontecimiento.

¡Qué contraste con la mirada que Jesús dirigió a ese hombre! Desde el principio de la escena, anunciando el milagro había dicho: “Para que las obras de Dios se manifiesten en él” (Juan 9:3), haciendo hincapié sobre los efectos o consecuencias que Dios quería producir. Si bien las causas eran difíciles de captar, si el origen de la ceguera no estaba al alcance de la inteligencia humana, cada persona, sin embargo, podía ser un testigo de la sanidad y de la intervención divina, de la gracia que operó por medio de Jesús.

Los ojos del ciego se abrieron ante esta dulce evidencia. El hombre Jesús, que apareció una segunda vez ante él, en su camino, fue saludado como el Señor. La luz que surgió del milagro reveló la verdadera identidad del Hijo de Dios.

Job 18-19 – Hebreos 7:18-28 – Salmo 125 – Proverbios 27:21-22

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Así asombrará él a muchas naciones.

miércoles 15 noviembre

Así asombrará él a muchas naciones.

Isaías 52:15

Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina.

Mateo 7:28

Sorprendidos por Dios

A los niños les encantan las sorpresas, los adultos las aprecian menos, pues les gustaría que todo llegase como fue previsto, deseado. Efectivamente, a veces hay malas sorpresas: la noticia de un accidente, de una enfermedad… pero también hay buenas sorpresas.

«Dios siempre es imprevisible, sorprendente», escribió André Frossard, escritor francés. Ante esta sorpresa, este asombro ante la acción divina, algunos se alejan y otros, por el contrario, se abren a la fe y adoran.

John Newton es el compositor del célebre cántico: «Amazing grace»: «¡Maravillosa gracia!», compuesto para el día de Año Nuevo de 1773. Él mismo pudo decir: «¡Era perdido y fui hallado! ¡Fui ciego y ahora veo!». Su conversión fue un cambio total. Como marinero, participaba en el mercado de esclavos. Durante una fuerte tempestad, aterrorizado, imploró la ayuda de Dios. Este hecho lo llevó a convertirse. Luego abandonó la marina para servir al Señor.

Sorpresa en la conversión, cuando vamos a Dios. A menudo las lágrimas corren por nuestras mejillas ante lo que durante tanto tiempo permaneció oculto.

Tenemos sorpresas a lo largo de nuestra vida: a veces al descubrir un versículo de la Biblia en el que nunca nos habíamos fijado o cuando somos testigos de las respuestas de Dios, que nos sobrepasan y nos llevan a adorar.

La vida cristiana no transcurre sin imprevistos ni novedades. Es un camino en el que aprendemos de mil maneras a conocer el amor de Dios, es “como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto” (Proverbios 4:18).

Job 16-17 – Hebreos 7:1-17 – Salmo 124 – Proverbios 27:19-20

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