La fe de los padres es un ejemplo (2)

martes 14 noviembre

Confiad en el Señor… Bendecirá a los que temen al Señor, a pequeños y a grandes.

Salmo 115:11, 13

La fe de los padres es un ejemplo (2)

Un tanto sorprendidos por lo que había sucedido, sentimos la necesidad de agradecer juntos al Señor por haber permitido aquel feliz encuentro.

Este hecho, ocurrido hace más de setenta años, todavía está presente en mi memoria. En numerosas ocasiones, en la vida de cada día, mis padres me mostraron la realidad de la fe y las respuestas que el Señor da. ¡Les estoy profundamente agradecido!

Es cierto que la fe de mis padres, por viva que haya sido, no me comunicó la vida; no hizo de mí un hijo de Dios. Tuve que reconocer ante Dios que era pecador e ir a Jesús, único camino que dio al hombre para acercarse a él, para ser salvo. Fue necesario que la gracia divina actuase en mí y hallase una respuesta en mi corazón.

La obra de Dios es indispensable, pero la responsabilidad de los padres es muy importante. Un cristiano es ante todo un testigo de Cristo y tiene la misión de darlo a conocer. Si Dios le confió hijos, ese es su primer campo de misión. ¿Cuál es el primer testimonio que Dios pide a los padres? El ejemplo: mostrar que tenemos un Maestro al que amamos, a quien obedecemos, a quien hablamos, el cual nos oye y nos responde… todo esto en estrecha relación con la Biblia, su Palabra, leída y explicada en familia.

Padres cristianos, si vivimos nuestra fe en familia, ella iluminará los motivos que nos guían para la educación de nuestros hijos, y les mostrará el camino en el cual Dios quiere bendecirlos.

De Abraham Dios dijo: “Yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino del Señor” (Génesis 18:19).

Job 15 – Hebreos 6 – Salmo 123 – Proverbios 27:17-18

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La fe de los padres es un ejemplo (1)

lunes 13 noviembre

Oh Señor, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro.

Génesis 24:12

La fe de los padres es un ejemplo (1)

En la primavera del año 1945, después de años de guerra, en Europa, poco a poco la vida volvió a la normalidad. Las condiciones materiales mejoraron mucho, pero el racionamiento seguía, y para la madre de familia que debía alimentar cada día siete bocas, la cosa no era fácil.

El coche de la familia, que se había estropeado mucho durante las hostilidades, podía circular nuevamente. ¡Para nosotros los niños, esa primera salida fue una fiesta! Tenía el objetivo preciso de buscar, en el campo, algunas patatas para completar la alimentación ordinaria. Desde nuestra más tierna infancia habíamos sido testigos de la fe de nuestros padres. Antes de salir, oramos juntos para pedir al Señor su ayuda y protección.

Después de algunos kilómetros de recorrido, al borde de la carretera, un automovilista trataba de remplazar una llanta pinchada.

–¡Papá, viste, ese hombre solo tiene un brazo!, exclamó mi hermano menor. Rápidamente dimos media vuelta y nos dirigimos al automóvil averiado. –¿Podemos ayudarle, señor?

–¡Por supuesto, muchas gracias! Y la llanta fue cambiada rápidamente.

No recuerdo la conversación que siguió, pero todavía veo a aquel hombre dar a mi padre una tarjeta en la que escribió unas palabras. Luego nos fuimos a la dirección indicada. Al llegar allá, las instrucciones anotadas en la tarjeta fueron ejecutadas rápidamente, y un gran saco de patatas fue colocado generosamente en nuestro maletero.

(mañana continuará)

Job 13-14 – Hebreos 5 – Salmo 122 – Proverbios 27:15-16

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Dios se da a conocer

domingo 12 noviembre

¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso?

Job 11:7

Yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. Yo, yo el Señor, y fuera de mí no hay quien salve.

Isaías 43:10-11

Dios se da a conocer

Pretender descubrir a Dios mediante su propia inteligencia, ¿no es hacerse igual a Dios, o incluso ponerse por encima de él para juzgar quién es? Sin embargo, muchas personas se niegan a reconocer que por encima de ellas hay un Dios al que no pueden representarse. ¡Es una actitud ilógica y pretenciosa! ¿Qué diríamos de alguien que, teniendo una balanza que solo permite pesar un kilo, afirma que no es posible que existan objetos que pesen una tonelada?

El hombre no puede descubrir a Dios a menos que Dios se le revele. Sin esto solo puede construir teorías que corresponden a su condición moral, a su disposición natural, a la época en la que vive o a las influencias a las que ha sido expuesto… Esto, obviamente, va a variar de un individuo a otro. Cada uno se crea un dios a su imagen, de ahí viene la extrema diversidad de religiones y culturas.

A través de la creación, Dios se da a conocer mediante su poder y su sabiduría infinitos. Fue él quien puso al hombre en el inmenso universo, y más particularmente en este marco maravilloso que constituye la naturaleza. Desde hace siglos, Dios se da a conocer mediante las revelaciones que hizo escribir y que componen la Biblia. Ella nos habla de un Dios que se interesa en nuestros actos, palabras y pensamientos, y que conoce nuestras aspiraciones más profundas. Él es demasiado grande para que podamos descubrirlo por nosotros mismos.

Se dio a conocer en Jesucristo, su Hijo, suprema revelación de Dios.

Job 12 – Hebreos 4 – Salmo 121 – Proverbios 27:13-14

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¿Dónde vive Dios?

Así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.

Isaías 57:15

¿Dónde vive Dios?

Nuestro Dios vive en dos moradas que forman un contraste absoluto: el cielo y el corazón del hombre, más exactamente el corazón del que está abatido y que siente el peso de sus pecados.

Si es difícil evaluar la distancia que nos separa de las estrellas, todavía es más difícil imaginar la distancia que separa a la criatura del Creador, al hombre pecador del Dios santo, con el que no está reconciliado. Sin embargo, Dios desea vivir con aquel que tiene un espíritu contrito y humillado. ¡Qué increíble e inimaginable humildad! ¡El Dios todopoderoso quiere vivir con la debilidad, el Dios infinito con su criatura, y la divinidad con el polvo!

“¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?”, decía el rey David (Salmo 8:4). Nosotros podemos, pues, decir: «Señor, forma mi corazón para que pueda vivir contigo; destruye en mí todo pensamiento de orgullo; hazme humilde. Recuérdame que dependo de tu bondad; ayúdame a comprender que mi vida, mi salud, mi fuerza y mi mente están en tu mano. Mi fuerza puede dejarme, mi inteligencia declinar y mi vida interrumpirse, pero estoy en tus brazos».

Cada instante necesitamos la gracia y el amor; estos nos liberan. Permanezcamos por la fe en la presencia de Aquel que se humilló hasta la cruz, y que ahora está en la gloria. ¡Es allí donde aprendemos la verdadera humildad!

Job 10-11 – Hebreos 3 – Salmo 120 – Proverbios 27:11-12

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Reunidos en el nombre del Señor Jesucristo

Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Mateo 18:20

Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana… vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.

Juan 20:19

Reunidos en el nombre del Señor Jesucristo

Un predicador y evangelista muy conocido en China insistía en la importancia para los creyentes de no quedarse solos, sino de reunirse en el nombre del Señor Jesús.

Esta enseñanza tuvo por resultado la formación de un gran número de «iglesias de casa», poco antes de la revolución comunista. Esas iglesias aún subsisten en la clandestinidad, y han permitido la continuidad del testimonio cristiano en China. Dios había preparado esa enseñanza apropiada para todos los tiempos y, en especial, con miras a los períodos de persecución.

A menudo la Biblia menciona iglesias que se reunían en las casas de los creyentes al principio del cristianismo. Luego, y esto a lo largo de la historia de la Iglesia, los cristianos aislados o perseguidos se reunieron frecuentemente en pequeños grupos en las casas para estudiar la Biblia, orar y alabar a Dios. Allí, mientras a su alrededor todo era oscuridad, experimentaron la dulzura de la presencia de su Señor.

No esperemos a ser perseguidos para tener esta experiencia; seamos diligentes para reunirnos con otros creyentes. Hagámoslo contando solo con el Señor y velando humildemente para vivir lo que la Palabra de Dios nos enseña con respecto a este tema. El Espíritu Santo nos hará experimentar una paz y una felicidad sin igual. Comprobaremos que Jesús cumple su promesa y está en la cita que dio a los suyos reunidos únicamente en su nombre.

Job 9 – Hebreos 2 – Salmo 119:169-176 – Proverbios 27:9-10

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¿Por qué Dios permanece silencioso?

jueves 9 noviembre

¿Por qué dices… de mi Dios pasó mi juicio? ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es el Señor, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.

Isaías 40:27-28

¿Por qué contiendes contra él? Porque él no da cuenta de ninguna de sus razones.

Job 33:13

¿Por qué Dios permanece silencioso?

A veces definimos el silencio como el hecho de no hablar, de no expresar nada. De ahí sale la amalgama demasiado rápida: silencio igual a ausencia; y muchos piensan: «Dios calla, por lo tanto no existe». Otros se hacen sinceramente la pregunta: «¿Por qué Dios permanece callado?».

Efectivamente, Dios no nos explica todo. Quizás usted haya subido a un avión, pero muy pocos de nosotros han tenido el permiso para entrar en la torre de control del aeropuerto, donde los controladores aéreos guían los movimientos de los aviones, los despegues y los aterrizajes. No podemos estar en el lugar donde se deciden esos desplazamientos, ni saber por qué, cuándo y cómo son dirigidos aquí o allí. Sabemos que es en esa torre, a la que no tenemos acceso, donde se decide todo. Solo los controladores conocen las razones de las idas y venidas de cada avión. En esa torre residen los porqués, las explicaciones a los movimientos de cada uno de los aviones.

Nosotros, los seres humanos, no estamos admitidos en la «torre de control» de Dios. No se nos comunican los porqués y para qué, las causas primeras de todo, las razones profundas de tal deceso, de tal accidente o de tal separación. No nos desanimemos ni nos culpabilicemos ante el silencio de Dios en la prueba. Él nos dice todo lo que es bueno que sepamos. ¡Podemos confiar en él totalmente, pues nos ama!

Job 7-8 – Hebreos 1 – Salmo 119:161-168 – Proverbios 27:7-8

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Quejas estériles u oraciones sinceras

miércoles 8 noviembre

 

Invoqué en mi angustia al Señor, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste. Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé del Señor, y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo.

Jonás 2:2, 7

Bueno es el Señor a los que en él esperan, al alma que le busca.

Lamentaciones 3:25

Quejas estériles u oraciones sinceras

Un libro de la Biblia fue titulado: “Lamentaciones de Jeremías”. Sin embargo estas lamentaciones no son lloriqueos. El profeta expresa, llorando, su tristeza, pero no para quejarse, sino para orar a Dios ante los sufrimientos reales y profundos de su pueblo.

¡A menudo nuestras quejas son completamente distintas! Nos quejamos un poco de todo, y sobre todo de los demás. Nos entristecemos y entristecemos a los que nos rodean.

En la Biblia, la lamentación no es una recriminación, sino una oración. Es la súplica de un creyente cuando pasa por grandes sufrimientos y pide la simpatía y la ayuda de Dios. Así oraron creyentes como Job, Ezequías, Jeremías, Jonás… Lloraron y dijeron a Dios aquello que no podían decir a ninguna otra persona. Sus “lamentaciones” no eran resignación ni una rendición, sino el lenguaje de su fe en una situación extrema que no comprendían.

Aprendamos a reemplazar nuestras quejas estériles por oraciones sinceras, incluso expresadas en “lamentaciones” y súplicas. En medio del sufrimiento, en vez de dar curso a la crítica o al resentimiento, dejémonos penetrar por la Palabra de Dios, viva y eficaz. Entonces “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7).

Job 6 – Juan 21 – Salmo 119:153-160 – Proverbios 27:5-6

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Una página de Orígenes

martes 7 noviembre

 

Los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!

Mateo 14:26-27

Una página de Orígenes

Lea Mateo 14:22-36

«Si un día somos sorprendidos por inevitables pruebas, recordemos esto: Jesús nos ordenó embarcarnos y quiere que le precedamos “a la otra ribera”. Es difícil, en efecto, para quien no soportó la prueba de las olas y del viento contrario, poder llegar a esa orilla.

Así, cuando nos veamos rodeados por múltiples y dolorosas dificultades, cansados de navegar en medio de ellas con la pobreza de nuestros medios, imaginamos que nuestra barca está en medio del mar, zarandeada por las olas que quieren hacernos naufragar “en cuanto a la fe” (1 Timoteo 1:19).

Cuando confrontados a estos sufrimientos hayamos combatido durante largas horas de la oscura noche que reina en los momentos de prueba, cuando hayamos luchado tratando de evitar el naufragio de la fe, estemos seguros de que hacia el final de la noche, cuando despunte el día (Romanos 13:12), el Hijo de Dios vendrá a nosotros, caminando sobre las aguas, para hacer que el mar se calme.

Cuando lo veamos aparecer, quizás tendremos miedo, hasta que comprendamos claramente que es el Salvador que está presente. El viento se calmará; y comprendiendo de qué peligros escapamos, adoraremos a Jesús diciendo: Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios».

Orígenes (Alejandría, 183-253)

El Señor “cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. Luego se alegran, porque se apaciguaron; y así los guía al puerto que deseaban” (Salmo 107:29-30).

Job 4-5 – Juan 20 – Salmo 119:145-152 – Proverbios 27:3-4

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¿Está usted preparado?

Prepárate para venir al encuentro de tu Dios.

Amós 4:12

Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Romanos 10:9

¿Está usted preparado?

Temprano en la mañana, Beatriz recibió una llamada telefónica anunciándole una terrible noticia. Uno de sus amigos, Manuel, un joven con quien había pasado la tarde del día anterior en compañía de otros jóvenes, murió en un accidente al regresar a su casa. Paralizada por la noticia, Beatriz recuerda a Manuel, ayer alegre y lleno de vida… ¡ahora muerto! «¡Es terrible!», murmuró. Conmocionada, pensó: «¿Y si yo hubiese estado con él en el automóvil?». De repente escuchó una voz proveniente del exterior y que la hizo sobresaltar: –Beatriz, ¿estás lista? Era la voz de su compañera de trabajo que, como cada mañana, venía a buscarla.

–¡No, todavía no estoy lista, espera un momento!, respondió.

«Beatriz, ¿estás lista?». Esta sencilla pregunta, hecha por su compañera cada mañana, tomó un sentido totalmente diferente en ese momento. Era como si otra persona le hablase, y de un tema muy diferente: el de su muerte. ¿Estaba preparada para morir, para ir a la presencia de Dios? Ante sus ojos pasaron sus pecados, su frivolidad, el vacío de su vida, la incertidumbre con respecto al más allá…

Ahora Beatriz puede responder a esta pregunta, pues depositó su confianza y su fe en Jesucristo. Con la seguridad de que Jesús salvó su alma al llevar sus pecados en la cruz, puede decir: ¡Sí, estoy lista!

“El reino de los cielos será semejante a diez vírgenes… vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta” (Mateo 25:1, 10).

Job 2-3 – Juan 19:31-42 – Salmo 119:137-144 – Proverbios 27:1-2

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¡Ni condenado, ni siquiera juzgado!

(Jesús dijo:) De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

Juan 5:24

¡Ni condenado, ni siquiera juzgado!

Juicio y condenación tienen un sentido diferente. El juicio precede una eventual condena. El juicio del que la Biblia nos habla es aquel en el cual cada ser humano comparecerá ante Dios como un acusado. La condenación es el veredicto del juicio, juicio definitivo, sin apelación posible, porque es Dios quien lo pronuncia.

El creyente, nacido de nuevo, comparecerá ante el tribunal de Cristo, pero no como acusado para ser juzgado. Al contrario, se presentará como una persona perdonada, y más aún, como un justo, porque sus pecados fueron perdonados. Toda su vida pasará ante sus ojos, bajo el enfoque de la santidad y de la gracia de Dios. “Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5:10).

El creyente nunca irá, pues, a juicio, sea debido a su mala naturaleza o a sus pecados. Pero, ¿quién hace tal declaración? ¡El Juez supremo! (Juan 5:22). Jesús dijo: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió (Dios), tiene vida eterna; y no vendrá a condenación” (Juan 5:24).

Como víctima expiatoria en la cruz, Jesús “llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo” (1 Pedro 2:24). Perdona sin enjuiciar a aquellos por quienes murió. “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1). Tenemos la seguridad de que no hay condenación, ni siquiera juicio, para nosotros los creyentes, ni ahora ni en el futuro.

Job 1 – Juan 19:1-30 – Salmo 119:129-136 – Proverbios 26:27-28

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