Nos llegará nuestro turno

sábado 4 noviembre

No hay hombre que tenga… potestad sobre el día de la muerte.

Eclesiastés 8:8

Nuestro Salvador Jesucristo… quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio.

2 Timoteo 1:10

Nos llegará nuestro turno

Marcos, inclinado hacia la tumba donde el ataúd de su padre acababa de ser puesto, permaneció silencioso. Luego se dirigió a mí y me dijo: «Nos llegará nuestro turno». Mi amigo había perdido a su mujer hacía algunos meses, y ese nuevo duelo confirmaba la solemne declaración de la Escritura: “No hay hombre que tenga… potestad sobre el día de la muerte”.

¿Cómo esperamos nosotros ese final de nuestra existencia terrenal? ¿Buscamos alejar de nuestros pensamientos la llegada de la muerte, tratando de distraernos y disfrutando de la vida? Cada uno de nosotros debe preguntarse: ¿Estoy listo para encontrar a Dios? ¿Recibí la vida que viene de Dios, la que Jesús comunica? Debido a nuestros pecados merecemos su juicio, pues “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). Pero Jesús nos dice: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).

¿Ha reconocido su estado de culpabilidad ante Dios y ha aceptado el valor del sacrificio de Jesús en la cruz? ¡Hay que darse prisa; para cada uno de nosotros ya empezó la cuenta regresiva! ¡Sí, nuestro turno llegará!

Sin embargo, para los creyentes, la vida en la tierra puede terminar sin que llegue la muerte, pues esperamos el regreso del Señor Jesús, quien “transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya” (Filipenses 3:21).

Ester 9-10 – Juan 18:19-40 – Salmo 119:121-128 – Proverbios 26:25-26

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El hombre que salió de la tumba

viernes 3 noviembre

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Juan 11:25-26

El hombre que salió de la tumba

Juan 11:1-44

Lázaro, de Betania, había muerto después de una corta enfermedad. Sus dos hermanas, Marta y María, esperaron en vano la venida de Jesús, a quien habían reconocido como Mesías y le habían enviado un mensaje. Pero Jesús llegó demasiado tarde para curarlo. Lázaro estaba en el sepulcro desde hacía cuatro días.

Cuando llegó a la tumba donde habían depositado el cuerpo, Jesús lloró. Oyó los comentarios de los que lo rodeaban: “¿No podía este, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?”. Sin duda el Señor hubiese podido curar la enfermedad, como lo había hecho tantas veces, pero iba a hacer mucho más.

“Quitad la piedra”, ordenó. Marta le respondió, pensando que era demasiado tarde, que la situación era irreversible. Entonces Jesús alzó los ojos al cielo y dijo: “Padre, gracias te doy por haberme oído”. Podemos adivinar la sorpresa de los asistentes. ¿Qué significaba esta oración? ¿Había habido un cambio? El cadáver seguía ahí… ¡No había ninguna señal de vida! El Señor expresó su comunión con su Padre y su perfecta dependencia de él para que sirviese de testimonio a la gente. Luego habló con autoridad: “¡Lázaro, ven fuera!”. ¡Y el muerto salió de la tumba!

Pasaje impresionante que ilustra la realidad de la resurrección y anticipa la del Señor y la nuestra. Esta historia también muestra la perfecta simpatía de Jesús por sus amigos sumidos en el duelo, su total confianza en su Padre y el poder de su palabra.

Ester 8 – Juan 18:1-18 – Salmo 119:113-120 – Proverbios 26:23-24

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Yo soy la resurrección y la vida

jueves 2 noviembre

Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron (es decir: que han muerto) es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos.

1 Corintios 15:20-21

Yo soy la resurrección y la vida

¡Estas palabras de Jesús cambiaron todo! Los creyentes que vivieron antes de la era cristiana tenían una idea muy imprecisa con respecto al destino de su cuerpo. Pero cuando Jesús apareció, el misterio fue revelado: el cuerpo mortal del creyente, aunque esté descompuesto y se haya convertido en polvo, será transformado y hecho semejante al “cuerpo de la gloria” del Señor Jesús (Filipenses 3:21), cuerpo espiritual, incorruptible e inmortal (1?Corintios 15:53). Mediante su propia resurrección, Jesús nos da la seguridad de que nosotros también resucitaremos.

Para el que cree en el Señor Jesús, la muerte no tiene ese “aguijón” (1 Corintios 15:55), es decir, ya no tenemos que tener miedo de ella. El creyente fue comprado, cuerpo, alma y espíritu. Cuando llegue el momento de la resurrección de vida, será transformado a la semejanza del cuerpo glorificado del Señor. Jesús mismo vendrá, no revestido de humillación y sufrimiento, como en su primera venida, sino que vendrá en gloria para llevar consigo al cielo a quienes rescató.

Amigo cristiano afligido por el duelo, quizás esté sumido en la amargura. ¡Pero si el ser querido por el que llora era un creyente, puede cobrar ánimo! La Palabra de Dios dice: Nuestro Salvador “quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad” (2 Timoteo 1:10). Mientras está en el velorio, o al lado de la tumba, ¡recuerde que de ese mismo polvo, un cuerpo revivirá eternamente para alabar a su Dios redentor!

Ester 7 – Juan 17 – Salmo 119:105-112 – Proverbios 26:21-22

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

 

Los consuelos del Señor

miércoles 1 noviembre

(Jesús dijo:) Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador… No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.

Juan 14:16, 18

Los consuelos del Señor

A veces el cristiano se siente incomprendido y sin apoyo para resistir a las presiones de la vida. Su corazón, que antes estaba alegre, de repente se ve oscurecido por un dolor que ni siquiera podría compartir con un hermano en la fe. Pero el Señor sigue fiel; sigue siendo el amigo que “en todo tiempo ama”, y que “es como un hermano en tiempo de angustia” (Proverbios 17:17). Muchos amigos pueden olvidarse de nosotros, o desaparecer, pero el Señor siempre estará con nosotros. Cuida de manera especial a los suyos que son huérfanos o que pasan por el duelo. Manifiesta la más tierna simpatía “al afligido que no tuviere quien le socorra” (Salmo 72:12).

A menudo, cuando nos vemos privados de lo que más amamos, hallamos en Jesús una felicidad de una frescura inimaginable. Sus palabras, al igual que toda la Biblia, se vuelven más valiosas para nosotros, y comprendemos mejor los pensamientos de Dios y su voluntad para nuestra vida. El Señor nos da esta promesa: “Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y… tomaréis consuelo” (Isaías 66:13). ¡Qué hermosa imagen de la fuerza y de la ternura de los consuelos del Señor!

¡Muchos creyentes no quisieran que sus circunstancias de vida difíciles cambiasen, si esto tuviese como consecuencia privarlos de los testimonios de amor y de simpatía del Consolador!

Un cristiano escribió: «Usted sabe desde hace mucho tiempo que es amado, pero la hora de la aflicción le hará descubrir la profundidad del amor del Señor Jesús».

Ester 5-6 – Juan 16 – Salmo 119:97-104 – Proverbios 26:19-20

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Vencer a la muerte

martes 31 octubre

 

… para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.

Hebreos 2:14-15

Sorbida es la muerte en victoria.

1 Corintios 15:54

Vencer a la muerte

El objetivo de las investigaciones médicas es sanar enfermedades o atenuar sus consecuencias. Se crean muchos tratamientos para curar o aliviar ciertas enfermedades que en otra época eran incurables. Muchas personas tienen el privilegio de beneficiarse de los progresos de la medicina y pueden dar gracias a Dios por la inteligencia que dio al hombre en ese ámbito.

Pero debemos reconocer que el hecho de curar solo aplaza un final inevitable: la muerte. Cuando pensamos en nuestra última hora, nos hacemos esta pregunta: ¿Qué hay más allá de la muerte?

–Los que no hayan creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios tendrán que sufrir el juicio divino, porque durante su vida rechazaron el perdón ofrecido por Dios (lea Juan 3:18).

–Para los demás, Jesús dijo: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24). El creyente puede decir: Jesús entró en la muerte después de haber sufrido en mi lugar el juicio de Dios, a fin de poder liberarme de ese juicio para siempre. ¡Venció a la muerte, y esta victoria fue confirmada por su resurrección!

¡Qué maravillosa seguridad tenemos! Jesús se la dio también al ladrón que estaba crucificado a su lado y que se arrepintió: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

Querido lector, ¿tiene usted esta esperanza?

Ester 4 – Juan 15 – Salmo 119:89-96 – Proverbios 26:17-18

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Qué ídolos hay hoy?

lunes 30 octubre

(Dios el Padre) nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.

Colosenses 1:12-13

Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna. Hijitos, guardaos de los ídolos.

1 Juan 5:20-21

¿Qué ídolos hay hoy?

Un ídolo es todavía, en nuestros días y en numerosos lugares, una estatua o un objeto asimilado a una divinidad que el hombre teme. Un ídolo desvía al hombre de Dios y lo vuelve hacia los falsos dioses, a veces incluso hacia los poderes ocultos. Pero de forma más general, podemos llamar ídolo a todo aquello que se interpone entre el hombre y Dios.

Los ídolos modernos quizá no sean de madera, de plata o de piedra, pero son igual de reales. Pensemos en el lugar que ocupa el dinero, el poder o el placer en nuestras sociedades. Pensemos también en las personas a las que mucha gente llama ídolos: deportistas, cantantes, actores, que sirven de referencia y de modelo a muchas personas.

Dios quiere liberarnos de todo lo que nos hace esclavos de la opinión de la mayoría, de su manera de vivir, de su comportamiento frente a todos los aspectos de la vida. Si vamos a Jesús, él nos liberará. “Si vosotros permaneciereis en mi palabra”, dice Jesús, “seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32).

¿Cómo comprender esta última exhortación del apóstol a los creyentes: “Hijitos, guardaos de los ídolos”? Un cristiano la explicaba así: «Hijos míos, guárdense de todo aquello que puede tomar el lugar de Dios en sus corazones». Incluso un ser amado puede volverse un ídolo y alejarnos de Dios.

Servir a un ídolo es estar en un mundo ilusorio, pero servir a Dios significa estar en la realidad y la verdad.

Ester 3 – Juan 14 – Salmo 119:81-88 – Proverbios 26:15-16

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Pasando por el duelo

domingo 29 octubre

He visto sus caminos; pero le sanaré, y le pastorearé, y le daré consuelo a él y a sus enlutados.

Isaías 57:18

Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo.

Isaías 66:13

Pasando por el duelo

En la Biblia Dios da numerosas palabras de consuelo al creyente que ha perdido un ser querido. Es como si nos dijese: pienso en ti; fijé la duración de tu prueba; sé que estás muy triste a raíz de esta muerte inesperada. Quiero que tu fe cuente conmigo en las horas sombrías; acepta que no puedes comprender los misterios de mi voluntad.

El versículo de hoy nos dice que Dios ve, sana, conduce (pastorea) y consuela.

–Dios ve. Conoce todos los detalles de nuestra vida, y solo él puede juzgar la necesidad de la prueba. Conoce y seca las lágrimas de los creyentes que pasan por el duelo (Salmo 56:8).

–Dios sana. Da el consuelo y permite que la prueba vaya hasta cierto punto, pero no más allá. Da la paz después de tantas preguntas. Renueva nuestra confianza.

–Dios conduce. Incluso si todo parece sombrío, muestra la dirección y cubre las necesidades de los suyos que están afligidos (Isaías 58:11).

–Dios consuela. Actúa como una madre que muestra su amor a su hijo cuando está enfermo o herido, y lo cuida con paciencia, amor y celo. ¡El consuelo que Dios nos promete es precisamente así! (Isaías 66:13).

Que aquel que llora, incluso en medio de la soledad y la inquietud, diga con certeza: “El Señor pensará en mí”, él es “mi ayuda y mi libertador” (Salmo 40:17).

Ester 2 – Juan 13:21-38 – Salmo 119:73-80 – Proverbios 26:13-14

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¡No fui yo!

Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor; y tú perdonaste la maldad de mi pecado.

Salmo 32:5

El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.

Proverbios 28:13

No fui yo

Esta mañana Marta tomó sin mi permiso un hermoso bolígrafo que estaba en mi escritorio. Lo dejó caer y se rompió. Mientras comíamos interrogué a mis hijos uno por uno…

–¿Y tú, Marta?

–No fui yo, respondió ella, como los demás.

Pero su inquietud era evidente. Yo estaba triste, le pedí que se acercara a mí, pero ella se silenció. Los días pasaron y Marta persistió en su silencio. ¡Normalmente ella era muy cariñosa, pero ahora me evitaba! El tiempo me parecía interminable; solo quería perdonarla, ¡y lo único que ella tenía que hacer era reconocer sus hechos en vez de mentir!

Por fin, al cabo de una larga semana, escuché que alguien llamaba tímidamente a mi puerta. Marta entró en la habitación, empezó a llorar, se echó en mis brazos y reconoció su falta. ¡Por fin! ¡Qué felicidad sentí de poder reanudar una buena relación con mi pequeña!

Hijos de Dios, nuestro Padre celestial también espera que le confesemos nuestras faltas. Mientras guardemos en nuestra conciencia un pecado no confesado, nuestra relación con él está interrumpida. Seguimos siendo sus amados hijos, pero la comunión con él fue interrumpida por nuestra falta. Lo único que Dios desea es perdonarnos, pero quiere que esto se haga en la verdad, en la luz. Vayamos, pues, a él, y veremos que su amor no ha cambiado.

“Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones” (Salmo 51:2-3).

Ester 1 – Juan 13:1-20 – Salmo 119:65-72 – Proverbios 26:11-12Nehemías 11 – Juan 11:38-57 – Salmo 119:41-48 – Proverbios 26:5-6

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

 

¿Reforma social o arrepentimiento?

¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?

Mateo 16:26

¿Reforma social o arrepentimiento?

Si los problemas sociales nos conmueven, hay uno de orden moral al cual sería bueno estar atentos. Dimos la espalda a nuestro Creador, y esto atrajo la maldición sobre la tierra, los sufrimientos e injusticias que hallamos en ella, y finalmente la muerte, a la que nadie escapa.

Pero ¡aún hay más! Leamos atentamente el versículo del encabezamiento, las mismas palabras de Jesús, y dejémonos interpelar por él. ¿Cómo podemos ser sensibles a los peligros de la vida presente y permanecer indiferentes a los que amenazan nuestro porvenir eterno? ¿Cómo no preocuparnos por saber lo que ocurrirá cuando tengamos que rendir cuenta de nuestra vida? ¡Es urgente arreglar este asunto mediante una elección personal! No escuchar las advertencias de Dios también es hacer una elección, ¡pero mala! Y Dios no se contenta con advertirnos. Nos ofrece el único medio de salvación. No se trata de una reforma social decisiva. ¡No! Dios nos pide que nos arrepintamos, que reconozcamos sinceramente que no somos dignos de él, y que confiemos en él para que nos llene de la vida misma de Cristo.

Sí, el verdadero problema es de orden moral y no social. Concierne a nuestra relación con Dios, de la cual depende toda nuestra vida. ¿Por qué no preocuparnos por ello ahora? Al sacrificar a su Hijo, Dios nos tendió la mano. ¿Permaneceremos insensibles?

“Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:30-31).

Nehemías 13 – Juan 12:27-50 – Salmo 119:57-64 – Proverbios 26:9-10

Nehemías 11 – Juan 11:38-57 – Salmo 119:41-48 – Proverbios 26:5-6Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

En todas las Escrituras

Comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, (Jesús) les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.

Lucas 24:27

En todas las Escrituras

Los cuatro evangelios, bajo cuatro aspectos diferentes, narran la vida de Jesús en la tierra. Pero toda la Biblia habla de él; desde las primeras páginas del Antiguo Testamento, Cristo es presentado bajo la forma de imágenes proféticas. El texto de la Biblia fue comparado a un cuadro compuesto por múltiples toques asociados los unos a los otros en sus diferentes dimensiones y colores. ¡Todos son útiles para representar el dibujo final! Cada versículo es como un toque dado al dibujo divino.

Pero, ¿qué representa este cuadro? La respuesta es simple: la persona de Jesucristo. En efecto, Jesús es el centro, el punto de convergencia de todas las Escrituras. Numerosas imágenes (personas, objetos o animales) hacen referencia a él y muestran el lugar central que él ocupa en toda la Palabra de Dios.

Algunos ejemplos: José vendido por sus hermanos, y Abel asesinado por su hermano Caín, anuncian el rechazo y la entrega a muerte de Jesús por su pueblo. El arca de Noé que salva de las aguas del diluvio es una imagen de Jesucristo, quien salva a los hombres del juicio. Los numerosos sacrificios del Antiguo Testamento ilustran diversos aspectos de su sacrificio en la cruz. Podríamos seguir dando ejemplos, los cuales nos incitan a buscar a Cristo en cada página de la Biblia.

“Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados” (Lucas 24:45-47).

Nehemías 12 – Juan 12:1-26 – Salmo 119:49-56 – Proverbios 26:7-8

Nehemías 11 – Juan 11:38-57 – Salmo 119:41-48 – Proverbios 26:5-6Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch