Dios es amor

He aquí, Dios es grande, y nosotros no le conocemos, ni se puede seguir la huella de sus años.

Job 36:26

Dios es amor.

1 Juan 4:8

Dios es grande

Las palabras no son suficientes para expresar la grandeza de Dios. En la Biblia, Job dice: Dios “hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas sin número” (Job 5:9). La mente humana solo puede comprender muy parcialmente lo que Dios hace. El universo donde vivimos demuestra la grandeza del Creador. Detrás de la belleza de la naturaleza se esconden una complejidad y una inteligencia maravillosas.

Si Dios es grande en lo que se refiere a su poder creador, ¡cuánto más con respecto a su amor! La Biblia habla del inmenso amor con el que nos amó “aun estando nosotros muertos en pecados” (Efesios 2:4-5). No había nada en nosotros que pudiese justificar, explicar o motivar el amor de Dios por nosotros. A sus ojos todos estábamos, por naturaleza, sucios por el pecado. ¡Era necesario que el amor de Dios fuese grande para enviar a su Hijo a la tierra, donde se dejó crucificar después de haber soportado el odio de los hombres a quienes venía a salvar!

Cristo fue clavado en la cruz para soportar en nuestro lugar el juicio del Dios santo contra el pecado. “Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Romanos 5:6).

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

“El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).

2 Crónicas 31 – 2 Corintios 4 – Salmo 105:37-45 – Proverbios 23:13-14

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Poner en práctica

jueves 14 septiembre

Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.

Santiago 1:22

Poner en práctica

«El examen práctico de la licencia para conducir tiene como finalidad verificar que la formación ha sido terminada, y que usted ha adquirido el mínimo de experiencia necesaria para conducir solo». Con estas palabras el instructor anunció a mi hijo lo que debería probar ante el supervisor dentro de algunos días.

En mi vida cristiana, desde hace años, he escuchado muchas enseñanzas de la Biblia. ¿Qué resultados prácticos tuvieron en mi vida? El versículo del encabezamiento me advierte sobre la mala costumbre de escuchar la Palabra de Dios y no ponerla en práctica. Me gusta escucharla, pero mi corazón y mi conciencia no son realmente alcanzados. Permanecer en este estado es ilusorio y peligroso. El Señor dijo a sus discípulos: “Cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina” (Mateo 7:26-27).

Obedezcamos lo que hemos oído. Primero, para responder a esta invitación: “Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:13). Luego, esforcémonos en “guardar” su Palabra para que ella tenga un impacto sobre nuestra vida. Nuestras palabras, nuestras costumbres y nuestra vida diaria, ¿muestran que amamos al Señor? Jesús dijo: “El que me ama, mi palabra guardará” (Juan 14:23). ¡Tratemos de agradarle!

“Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan” (Lucas 11:28).

2 Crónicas 30 – 2 Corintios 3 – Salmo 105:23-36 – Proverbios 23:12

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La grandeza moral

miércoles 13 septiembre

El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.

1 Juan 2:6

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

Juan 13:35

La grandeza moral

En una redacción, uno de nuestros hijos había citado esta frase pronunciada por Jesús: “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Lucas 6:31). El maestro pensó que era mejor corregir la frase poniéndola en sentido negativo: «No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti». La frase también está correcta así, dirá usted. Sin duda, pero no alcanza la dimensión de lo que Jesús dijo. Él enseñaba a sus discípulos no solo a no hacer mal a los demás, sino a hacerles bien. Este es un principio cada vez menos respetado en nuestras sociedades; estas preconizan más bien el espíritu de competencia, a menudo acompañado del desprecio a los débiles, los cuales son dejados de lado.

“Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo” (Lucas 6:38). ¡Esto también lo dijo Jesús! ¡Qué contraste con el espíritu egoísta y posesivo que encontramos tan a menudo! Los ricos se vuelven cada vez más ricos, y los pobres más pobres.

¿Podemos aplicar la enseñanza de Jesús hoy en día, en medio del individualismo creciente? No, si solo tenemos la naturaleza que recibimos al nacer. Sí, si por la fe hemos sido hechos participantes de la naturaleza divina. Jesucristo solo puede ser un modelo para nosotros si tenemos la misma vida que él. La recibimos creyendo en el nombre del Hijo de Dios. Cristianos, puesto que creemos en él, esforcémonos en reflejar los caracteres de Cristo.

2 Crónicas 29 – 2 Corintios 2 – Salmo 105:16-22 – Proverbios 23:9-11

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Os habéis hecho tardos para oír.

martes 12 septiembre

Os habéis hecho tardos para oír.

Hebreos 5:11

Hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.

2 Pedro 3:16

¿Difícil?

«Es demasiado difícil». A veces mis alumnos me reprochan por darles tareas «demasiado difíciles». Y a menudo, después de la corrección, deben reconocer que si hubiesen consagrado más tiempo a su trabajo y, sobre todo, si hubiesen aprendido las lecciones, sus resultados hubiesen podido ser mejores.

Hay textos de la Biblia que nos parecen difíciles. Pero, ¿nos hemos esforzado lo suficiente para comprenderlos? ¿O simplemente somos perezosos o distraídos? El estudio de la Palabra de Dios requiere atención y perseverancia. Cuanto más temprano empecemos, mejor será. Timoteo, el hijo espiritual del apóstol Pablo, había seguido la buena doctrina (1 Timoteo 4:6) porque había aprendido las Sagradas Escrituras desde su infancia (2 Timoteo 3:15). Como había recibido el don de enseñar a los demás, debía ocuparse en la lectura y permanecer en ella (1 Timoteo 4:13-15).

Como en todo aprendizaje, nuestra comprensión de la Biblia es gradual. Es normal que un creyente joven en la fe no tenga el mismo conocimiento que un maestro en la iglesia. Pero no escondamos nuestra pereza bajo falsos pretextos; ¡no digamos que es demasiado difícil! Jesús dijo a sus discípulos: “Escudriñad las Escrituras… ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).

El verbo escudriñar implica un examen profundo, y no una lectura superficial. El objetivo siempre es aprender algo de nuestro Señor.

2 Crónicas 28 – 2 Corintios 1 – Salmo 105:7-15 – Proverbios 23:6-8

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Mi conversión

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.

1 Timoteo 1:15

Mi conversión

Un evangelista cuenta así su propia conversión: «Tenía dieciséis años cuando un amigo me invitó a ir a escuchar a un predicador que había sido campeón deportivo. Este argumento hizo que me decidiese a ir, pero prudentemente me senté al fondo de la sala. Tenía curiosidad de oírlo, pues siempre había creído que la religión era para los débiles, los viejos y las jóvenes sentimentales, pero no para un campeón de béisbol.

Mientras predicaba tuve la sensación de que me señalaba con el dedo: Joven, usted es un pecador. Tratando de esconderme detrás de la ancha espalda del oyente que estaba sentado delante de mí, pensé: No soy peor que otros. Pero el predicador citó la Palabra de Dios: “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Cuando el evangelista invitó a pasar adelante a los que querían ir a Cristo, yo salí corriendo de la sala y regresé a casa.

Jamás olvidaré la lucha que sentí después. Al día siguiente volví a la reunión. Esta vez me senté adelante. El predicador se levantó y leyó: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Pensé: Soy un pecador, Dios me ama. Cuando el evangelista pidió, otra vez, a sus auditores pasar adelante, yo fui uno de los primeros en hacerlo. Allí entregué mi corazón a Jesús. El gozo, la paz y la seguridad de la salvación llenaron mi corazón y nunca me abandonaron».

“Habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” (Lucas 15:7).

2 Crónicas 27 – 1 Corintios 16 – Salmo 105:1-6 – Proverbios 23:4-5

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Leamos en el libro de Dios

domingo 10 septiembre

Y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día.

Lucas 24:46

Leamos en el libro de Dios

Entonces Pedro alzó la voz y les habló diciendo: “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a este, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró… porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia…

A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados…” (Hechos 2:22-38).

2 Crónicas 26 – 1 Corintios 15:29-58 – Salmo 104:27-35 – Proverbios 23:1-3

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Llegar tarde a clase

sábado 9 septiembre

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.

Filipenses 4:6

Sus discípulos… se asombraron en gran manera… Mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.

Mateo 19:25-26

Llegar tarde a clase

Visitando a una familia, una mañana un evangelista presenció este pequeño drama. Mientras Martín se preparaba para ir a la escuela, rasgó su pantalón. ¡Era el único pantalón presentable que tenía…! ¡No podía salir así! Mientras esperaba que su madre le arreglase el pantalón, Martín se atormentaba pensando que llegaría tarde a la escuela. Entonces se dirigió al evangelista y le rogó diciendo: –¿Podría orar para que no llegue tarde?

La clase empezaba a las ocho, ¡y ya casi eran las ocho! Orar en ese momento para no llegar tarde, ¿no era pedir lo imposible?

Sin embargo, el creyente sencillamente presentó a Dios la petición de Martín. Cuando al fin el niño estuvo listo, ya eran las ocho y cuarto, y llegar a la escuela todavía le tomaría algunos minutos…

Al mediodía Martín estaba radiante: Esa mañana la maestra había olvidado las llaves, así que la clase había empezado a las ocho y media.

¡Qué bella respuesta a esta simple oración, para un caso sin solución desde el punto de vista humano! ¿Nos hubiésemos atrevido a orar de forma tan sencilla?

Es claro que debemos orar con una conciencia libre y un corazón recto. Pero el Dios que en otro tiempo hizo retroceder la sombra diez grados como respuesta a la oración del rey Ezequías (2 Reyes 20:5-11), tiene todos los recursos en sus manos. ¡Y se complace respondiendo a la fe!

2 Crónicas 25 – 1 Corintios 15:1-28 – Salmo 104:19-26 – Proverbios 22:29

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Cinco piedras, cinco panes y cinco palabras

viernes 8 septiembre

David… escogió cinco piedras lisas del arroyo… y se fue hacia el filisteo.

1 Samuel 17:40

Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?

Juan 6:9

Prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida.

1 Corintios 14:19

Cinco piedras, cinco panes y cinco palabras

A menudo ponemos como pretexto nuestra falta de medios o de conocimiento para no cumplir un servicio para Dios. Tres ejemplos nos animan a no dar marcha atrás.

–David era un joven pastor; ¿qué podía hacer ante Goliat, quien se burlaba de Dios? No comparó su estatura con la del gigante, sino que era consciente de la grandeza de Dios y había experimentado su ayuda en otras ocasiones. Escogió, pues, cinco piedras en el torrente, pero una sola le bastó para matar con su honda al adversario: fue dirigida por la mano divina hacia el único defecto de la coraza.

–Miles de hombres y mujeres rodeaban a Jesús y a sus discípulos. Estos querían despedirlos, pues no había casi nada para comer. Pero no contaban con el poder de Jesús. Por mandato del Señor la multitud se sentó en la hierba, y asistieron al milagro de la multiplicación de los panes y de los peces que un muchacho había traído. ¡Todos quedaron saciados!

–Cinco palabras no es mucho para una predicación, sin embargo, si instruyen y animan, tendrán más impacto que un largo discurso.

Sentimos nuestra pequeñez ante las necesidades que vemos a nuestro alrededor, pero nuestro Dios lo sabe y nos dice, como dijo a Gedeón en otra época: “Ve con esta tu fuerza… ¿No te envío yo?” (Jueces 6:14), o como a Pablo: “Bástate mi gracia… mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).

2 Crónicas 24 – 1 Corintios 14:20-40 – Salmo 104:14-18 – Proverbios 22:28

No hay paz sin Dios

jueves 7 septiembre

 

En los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos… desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural… crueles, aborrecedores de lo bueno.

2 Timoteo 3:1-3

Mas ya habéis sido lavados… santificados… justificados en el nombre del Señor Jesús.

1 Corintios 6:11

No hay paz sin Dios

El siglo 18 fue llamado el «siglo de las luces». La revolución francesa es considerada como la culminación de esta época marcada por corrientes de pensamientos opuestos a la idea de un Dios vivo que interviene en la vida de los hombres. ¿Qué sucede ahora? Nuestra sociedad trata, hoy más que nunca, de borrar toda referencia al cristianismo. Rechaza a Dios pero conserva una total confianza en la razón humana para resolver los problemas.

Sin embargo, después de muchos decenios, el balance de este modo de pensamiento que pretendía traer la libertad es muy negativo: delincuencia, violencia, confusión aumentan constantemente. ¿Y qué decir de las guerras en este mundo? ¡La paz está muy lejos! Ahora bien, desde el primer siglo el apóstol Pablo anunció que las cosas “irán de mal en peor” (2 Timoteo 3:13).

Dios no propone mejorar la sociedad. Sin embargo no abandona al hombre, dejándolo sin guía. Conoce sus necesidades, sus sufrimientos y sus dudas. Dios ama a todos los hombres y desea que todos “sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). Se reveló por medio de Jesucristo, su Hijo, quien vino para acercarse al hombre a fin de liberarlo de las tinieblas morales y de la muerte. Jesús dio su vida por pecadores perdidos y alejados de él. Mediante su sacrificio, ofrece a todos los que creen en él un sentido a la vida presente y un futuro más allá de la muerte: la vida eterna.

2 Crónicas 23 – 1 Corintios 14:1-19 – Salmo 104:5-13 – Proverbios 22:26-27

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Servir al Dios vivo

miércoles 6 septiembre

 

Os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.

1 Tesalonicenses 1:9-10

Servir al Dios vivo

Los primeros cristianos de Tesalónica habían dejado a los ídolos “para servir al Dios vivo y verdadero”, porque habían creído en el Evangelio y lo habían recibido como mensaje de Dios. Este cambio radical tuvo un fuerte impacto en todos los que fueron testigos de ello.

Aunque vivimos en un mundo que evoluciona constantemente, la mayoría de nosotros duda en cambiar su forma de vida. Pero el poder de la Palabra de Dios puede operar ese cambio, como lo hizo en esos creyentes de la Iglesia primitiva. Dios hizo brillar Su luz en sus corazones (lea 2 Corintios 4:6), y todo cambió.

Al volverse a Dios, abandonaron a los ídolos. Liberados de la esclavitud del pecado y del poder del diablo, se convirtieron en siervos del Dios vivo y verdadero; su nuevo Maestro era Jesucristo. Su concepción de la vida fue transformada. Ya no esperaban una mejoría del mundo, pues sabían que la ira de Dios pronto caería sobre él. Tampoco esperaban la muerte, pues sus miradas se elevaban mucho más alto. Esperaban de los cielos al Señor Jesús que los llevaría junto a él (1 Tesalonicenses 4:13-18).

En el plano moral, el mundo va mal, y más aún, va de camino al juicio de Dios. Pero los creyentes saben que Jesús los liberó y quiere sacarlos de este mundo y llevarlos para siempre junto a él a la casa del Padre.

¿Está usted preparado? ¿Está esperando al Hijo del Dios del cielo, Aquel que “nos libra de la ira venidera”?

2 Crónicas 22 – 1 Corintios 13 – Salmo 104:1-4 – Proverbios 22:24-25

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