¿Cómo se formó la Biblia?

Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

2 Pedro 1:21

Toda la Escritura es inspirada por Dios.

2 Timoteo 3:16

¿Cómo se formó la Biblia?

Unos 45 autores contribuyeron a su redacción. Pertenecieron a todos los ámbitos socioculturales. Entre ellos encontramos a Moisés, hombre de gran erudición, formado en la misma escuela que un faraón; Josué, un jefe de guerra; David, rey de Israel; Daniel, ministro de varios gobiernos sucesivos; Nehemías, copero real; Amós, pastor; Pedro, pescador; Mateo, recaudador de impuestos; Lucas, médico; Pablo, erudito y fabricante de tiendas.

Los libros que constituyen las Santas Escrituras fueron redactados en circunstancias a veces extrañas: Moisés escribió en el desierto, Jeremías y Pablo en la cárcel, Lucas durante sus viajes, Juan durante su exilio. Estos autores experimentaron todos los estados del alma: alegría, amor, temor, inquietud, desamparo, duda.

En el transcurso de varios siglos los autores inspirados por Dios escribieron las diferentes partes de la Biblia. El Antiguo Testamento fue redactado en el idioma hebreo con algunas porciones en arameo, mientras que el Nuevo Testamento fue escrito en griego. Pese a ello, el conjunto presenta una unidad humanamente inexplicable. Sus diferentes autores abordaron cientos de temas sin contradecirse.

¿Cómo es posible que hombres provenientes de épocas y lugares tan variados hayan podido expresar ideas convergentes sobre tan gran número de temas? No es nada sorprendente. Cualesquiera que sean los instrumentos que haya empleado, Dios mismo los inspiró y se reveló a lo largo de las páginas de la Biblia. Para conocer a Dios, escuchémosle: leamos su Palabra.

2 Crónicas 21 – 1 Corintios 12 – Salmo 103:19-22 – Proverbios 22:22-23

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Más precioso que el oro

Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos.

Salmo 119:162

(Jesús dijo:) El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Mateo 24:35

Más precioso que el oro

Louise había vivido muy modestamente toda su vida en Lyon (Francia). Ya mayor y viuda, tuvo que mudarse a un miserable desván. Un día notó que en la pared había un lugar rectangular ligeramente abombado. ¿Se trataba de un escondite? Recordó que en otros tiempos mucha gente escondía sus ahorros de esa manera. La anciana dio unos golpecitos en la pared; esta parecía hueca. Quizás había un tesoro escondido… Intrigada, logró abrir el escondite. Para su mayor decepción, solo encontró un viejo libro lleno de polvo, en vez del dinero o el oro esperados. Iba a cerrar el escondite sin sentir el mínimo interés por aquel libro, cuando pensó que entre sus páginas quizás podrían haber guardado documentos de valor. Pero no encontró nada valioso. ¿Por qué habrían escondido este libro tan cuidadosamente? Su curiosidad se despertó. Empezó a leerlo… y continuó hasta bien entrada la noche.

Se trataba de una Biblia del tiempo de las persecuciones contra los hugonotes (creyentes perseguidos del siglo 16 al 18). Si bien Louise asistía a una iglesia, hasta ese momento desconocía las Santas Escrituras. Al día siguiente volvió a abrir el viejo libro, y pronto reconoció que había descubierto un tesoro. Poco a poco su vida fue transformada por la Palabra eterna. Louise estaba feliz y agradecida.

Muchos cristianos han sido y siguen siendo detenidos y encarcelados porque poseen la Biblia. ¿Cómo valoramos hoy este Libro?

“Los juicios del Señor son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal” (Salmo 19:9-10).

2 Crónicas 20 – 1 Corintios 11:23-34 – Salmo 103:13-18 – Proverbios 22:20-21

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Juntos en torno a Jesús

domingo 3 septiembre

¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!

Salmo 133:1

Yo me alegré con los que me decían: A la casa del Señor iremos.

Salmo 122:1

No dejando de congregarnos… sino exhortándonos.

Hebreos 10:25

Juntos en torno a Jesús

Un creyente estaba preocupado porque uno de sus hermanos había dejado de asistir a los cultos y demás reuniones. Creía que debía hablar con él, pero no sabía cómo hacerlo sin molestarlo. Al final se decidió y fue a visitarlo a su casa. Ambos se sentaron cerca de la chimenea en la que unos troncos acababan de consumirse. Permanecieron unos instantes sin decirse nada, luego el creyente se agachó y tomó una brasa roja con una pinza y la colocó fuera del hogar. El silencio continuó hasta que el visitante se agachó nuevamente, tomó el tizón apagado y volvió a ponerlo en la chimenea. Al cabo de algunos minutos, el tizón estaba rojo y ardiente.

Entonces el amigo rompió el silencio: «Querido hermano, comprendí qué quiere decirme; en efecto, mi amor y mi celo por mi Salvador se han enfriado durante todo este tiempo en que me quedé solo. Desde ahora volveré a las reuniones».

Esta anécdota es una lección para nosotros. Los cristianos no están hechos para vivir solos. La lectura en común de la Biblia es una fuente de enriquecimiento espiritual, la oración compartida hace más estrechos los vínculos de amor, el culto que rendimos juntos eleva nuestros corazones y nuestras almas por encima de las circunstancias de la vida, que a menudo nos endurecen. No olvidemos que Jesús se alegra al vernos reunidos en torno a él. ¡Este será nuestro lugar en el cielo!

2 Crónicas 19 – 1 Corintios 11:1-22 – Salmo 103:6-12 – Proverbios 22:17-19

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¡Silencio, Dios quiere hablarnos!

Yo (el Señor) la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón.

Oseas 2:14

Bueno es esperar en silencio la salvación (el socorro) del Señor.

Lamentaciones 3:26

Samuel dijo (al Señor): Habla, porque tu siervo oye.

1 Samuel 3:10

¡Silencio, Dios quiere hablarnos!

Hoy son numerosos los que no saben aislarse y detenerse para reflexionar. Algunos incluso sienten una verdadera angustia solo al pensar en estar solos. Y si no pueden aturdirse con los ruidos o las distracciones de todo tipo, alimentan ideas oscuras. La sociedad contemporánea está organizada de tal modo que se ha hecho casi imposible leer o reflexionar en los lugares públicos. Un periodista constató en un diario: «La música y el ruido nos acompañan en el camino, en el autobús, en el centro comercial, en el restaurante e incluso en el trabajo, en la playa… Giramos el botón de la radio para escuchar palabras sin hacer caso de su sentido, pues solo le pedimos que tranquilice nuestras conciencias. El ruido es un estupefaciente, y como todos los estupefacientes, un remedio para la angustia de estar solo».

Desgraciadamente, el cristiano no escapa a esta calamidad. Por ello es imperativo que reserve algunos momentos a solas con Dios. Así como el rocío no cae cuando sopla el viento, la Biblia no nos transmite el mensaje divino cuando nuestra mente está turbada por la contaminación sonora o moral. El creyente debe descubrir o redescubrir esos momentos favorables de intimidad con el Señor, para que él hable a su corazón.

¡Hagamos silencio, no solo a nuestro alrededor, sino en nosotros mismos, para poder escuchar la Palabra de Dios!

2 Crónicas 18 – 1 Corintios 10 – Salmo 103:1-5 – Proverbios 22:16

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¿Quién forma nuestra opinión?

No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne. El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos.

Eclesiastés 12:12-13

¿Quién forma nuestra opinión?

Hoy en la mañana entré en una librería muy grande. ¡Qué profusión de libros! Había miles sobre todos los temas: arte, literatura, filosofía, religión, historia, ciencias… ¡Había para todas las edades y gustos! ¡Cuántas horas fueron consagradas para escribirlos! Si las sumamos, posiblemente tendríamos varias decenas de siglos.

Cuánto tiempo y medios son empleados para instruirnos, informarnos y distraernos: periódicos, radio, televisión, internet… Sin embargo, ¿somos más felices o tenemos más paz? Es como si esta abundancia de informaciones que absorbemos cada día nos ocultase lo esencial. Además, lo queramos o no, todo esto influencia nuestra mente y corre el riesgo de disminuir nuestra compasión e insensibilizar nuestra conciencia…

Al margen de esta profusión de informaciones e imágenes accesibles gracias a tecnologías cada vez más nuevas, hay un Libro que nos transmite el mensaje de Dios. Sí, con amor, Dios nos habla todavía, en el siglo 21, a través de la Biblia, la viva y permanente Palabra de Dios. Tomémonos el tiempo de leerla atentamente. Unas cien horas bastarían para leerla toda. ¡Cuántas horas dedicamos a actividades fútiles! Y tristemente descuidamos reservar un tiempo para conocer el Libro de los libros.

“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Josué 1:8).

2 Crónicas 17 – 1 Corintios 9 – Salmo 102:23-28 – Proverbios 22:15

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El Señor entró en mi vida

Arrepentíos, y creed en el evangelio.

Marcos 1:15

Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al Señor, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.

Isaías 55:7

El Señor entró en mi vida

Cuando mi vecino regresó de vacaciones, me dijo con una sonrisa: «El Señor entró en mi vida». Y rápidamente lo noté, durante los días siguientes, parecía un hombre diferente. Su comportamiento, sus apreciaciones habían cambiado. Cada día oraba y leía la Biblia. Hablaba con gusto de su fe y era feliz reuniéndose con otros cristianos.

¿Cómo es posible un cambio así? El versículo del día nos da la respuesta. Es preciso dejar que Dios ilumine nuestro corazón mediante su Palabra, constatar que hemos pecado y que necesitamos su perdón: esto es el arrepentimiento. Debemos aceptar el perdón que Dios nos ofrece gratuitamente. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”, porque “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:9, 7). Entonces no habrá obstáculos, Jesús podrá entrar en nuestra vida y vivir en nosotros para siempre.

Jesús nos ama y desea acercarse a cada uno de nosotros, como lo hizo en Jericó: “Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso… Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:5-6, 9-10).

2 Crónicas 16 – 1 Corintios 8 – Salmo 102:16-22 – Proverbios 22:14

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¿Cuándo será el fin del mundo?

miércoles 30 agosto

Hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro… la luna se volvió toda como sangre; y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra… El cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar.

Apocalipsis 6:12-14

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva.

Apocalipsis 21:1

¿Cuándo será el fin del mundo?

Algunos filósofos, sociólogos y políticos creen que un día el hombre podrá instaurar la paz en la tierra… Se quiere ser optimista y creer en la capacidad del hombre para resolver los conflictos que reinan en el mundo…

La Biblia declara que sucederá todo lo contrario, que el mundo tendrá un fin. Si las profecías del Antiguo Testamento respecto a la venida de Jesús a esta tierra se cumplieron, lo que la Biblia dice con respecto al futuro también se cumplirá: el mundo actual irá de mal en peor. Todos los esfuerzos del hombre para evitar la catástrofe son vanos, porque no quiere saber nada de Dios y rehúsa admitir que sus pensamientos, rebeldes a la voluntad de Dios, son incorregibles. ¡La paciencia de Dios tendrá un fin y todo será destruido!

Pero las revelaciones de la Biblia no anuncian solo catástrofes, al contrario. Dios quiere que todos los hombres sean salvos. Desea que sean felices por la eternidad, por ello invita a cada uno a aceptar su amor incondicional. Lo demostró cuando envió a su Hijo a pagar el castigo que merecíamos por nuestros pecados. Si creo que este amor es para mí, también reconozco que hasta ahora he sido rebelde. Este arrepentimiento ante Dios me abre la puerta al reino de Dios, que nunca dejará de existir.

Dios no quiere que los hombres sean condenados, sino que tengan la vida eterna para introducirlos un día en su presencia. “Y él morará con ellos” (Apocalipsis 21:3).

2 Crónicas 15 – 1 Corintios 7:25-40 – Salmo 102:9-15 – Proverbios 22:12-13

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¿Mañana seremos todos inmortales?

martes 29 agosto

Cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.

1 Corintios 15:54

Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.

1 Corintios 15:22

¿Mañana seremos todos inmortales?

Al parecer un equipo de investigadores descubrió un método para rejuvenecer las células humanas. Entonces surge la pregunta: ¿Y si pudiésemos convertirnos en inmortales gracias a los progresos de la ciencia? La esperanza de vida va creciendo año tras año, de modo que el hombre siempre espera llegar a alcanzar la inmortalidad, olvidando lo que Dios dijo al primer hombre en el huerto de Edén: “…el día que de él comieres (el árbol de la ciencia del bien y del mal), ciertamente morirás” (Génesis 2:17). Adán y Eva desobedecieron, la sentencia se ejecutó y cada día podemos verificarla.

El hombre se convirtió en un ser mortal. Su cuerpo, sacado del polvo, vuelve al polvo cuando muere, pero su espíritu vuelve a Dios (Eclesiastés 12:7). Cuerpo y espíritu serán reunidos nuevamente el día de la resurrección final, y todos los hombres tendrán que encontrarse con Dios. Para los inconversos, Dios será el Juez a quien deban rendir cuentas. Mas los creyentes serán recibidos por un Padre conocido y amado. Todos los seres humanos, ya sea condenados lejos de Dios, o felices junto a él en el cielo, existirán eternamente. ¡Es una solemne realidad! Unos conocerán los tormentos eternos, los otros ya tienen la vida eterna.

Lo que hace que una persona pertenezca a una u otra de estas dos categorías, no es la calidad de su conducta, sino el hecho de haber creído o haber rechazado a Jesucristo durante su vida en la tierra.

2 Crónicas 14 – 1 Corintios 7:1-24 – Salmo 102:1-8 – Proverbios 22:10-11

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El arrebatamiento de los creyentes

Los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

1 Tesalonicenses 4:16-17

El arrebatamiento de los creyentes

Estamos esperando la venida del Señor Jesús para que nos lleve al cielo. Es, en efecto, la promesa que hizo a los que creen en él. Examinemos lo que nos dice la Palabra de Dios sobre el arrebatamiento.

–¿Cuándo tendrá lugar?

En la Biblia, Jesucristo no nos da ninguna fecha exacta, pero prometió: “Vengo en breve” (Apocalipsis 22:20).

–¿Quién irá al cielo?

Todos los que durante su vida reconocieron que necesitaban el perdón y depositaron su confianza en Dios. Todos los creyentes, desde Adán hasta que Jesucristo regrese.

–¿Qué sucederá cuando tenga lugar el arrebatamiento?

Todo sucederá en un instante, “en un abrir y cerrar de ojos” (1 Corintios 15:52). Los creyentes que hayan muerto resucitarán con un cuerpo nuevo. Luego los creyentes que estén vivos en ese momento serán transformados y también tendrán un cuerpo nuevo (1 Corintios 15:52). Todos juntos serán llevados al cielo, al encuentro del Señor, quien vino a buscarlos.

–¿A dónde irán los creyentes cuando sean arrebatados?

Junto a Jesucristo, al cielo, a la casa del Padre. Cuando estaba en la tierra, el Señor Jesús declaró: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay… Si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:2-3).

2 Crónicas 13 – 1 Corintios 6 – Salmo 101:5-8 – Proverbios 22:8-9

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¿Qué está esperando?

domingo 27 agosto

En una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende.

Job 33:14

Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.

Hebreos 4:7

¿Qué está esperando?

En 1910, una joven estaba cuidando un rebaño de vacas en la montaña. Sentada sobre una gran piedra y apoyada contra un árbol, contemplaba la belleza de la naturaleza. De repente sintió como una presencia a su lado. Se dio vuelta y no vio a nadie, pero escuchó una voz interior murmurarle: «¿Qué está esperando?». Desde hacía mucho tiempo esta joven sabía que necesitaba tener una verdadera relación con Dios, pero siempre posponía el momento de ir a él. Ese día respondió: «¡Voy tal como soy!». Entonces recibió la convicción del total perdón de sus pecados debido a lo que Jesucristo había hecho por ella.

Dios habla a los hombres con amor a través de circunstancias muy diversas. Quiere que todos confíen en su gracia, que se arrepientan y reciban la vida eterna aceptando a Jesús como su Salvador.

A los que quieren dejar para más tarde esta decisión de vivir con Cristo, les decimos: ¿Qué está esperando? Esta hoja que está leyendo es todavía un llamado de Dios para que vaya a él ahora mismo.

“He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

“Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación” (Salmo 25:5).

“¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?” (Hebreos 2:3).

2 Crónicas 12 – 1 Corintios 5 – Salmo 101:1-4 – Proverbios 22:7

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