Mi encuentro con Dios

(Jesús dijo:) Al que a mí viene, no le echo fuera… Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Juan 6:37-40

Mi encuentro con Dios

Testimonio

«Nací en Anatolia (Turquía), cerca de las nevadas cumbres del monte Ararat. Mis padres eran muy pobres y soñaban con convertirme en un «hodja», es decir, alguien que enseña el islam. Fui, pues, a diferentes escuelas, y a los veinte años regresé a mi pueblo convertido en un hodja. Pero tenía dudas, y para no ser hipócrita, preferí abandonar mi función y huir a la ciudad. De allí emigré a Alemania, donde pude ganarme la vida y ayudar a mis padres.

Al cabo de ocho años encontré a un cristiano que me dio un Nuevo Testamento. Al leerlo comprendí lo que Dios esperaba de mí: que me volviese a él y dejase mi vida de pecado. Pero en mí había una voz que me decía: ¡No necesitas convertirte, no eres un pecador! Sin embargo mi inquietud iba haciéndose cada vez mayor. ¿Qué sucedería si ese mismo día tuviese que comparecer ante Dios?

Durante seis meses di vueltas y vueltas en mi cabeza a este asunto. Una noche el silencio reinaba a mi alrededor, pero dentro de mí había una batalla. Desesperado, y con ideas suicidas, me dije: ¡Es ahora o nunca! Abrí el Nuevo Testamento y leí estas palabras de Jesús: “Nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). En mi angustia clamé en voz alta: Jesús, deseo ir a ti; tú viniste a esta tierra a morir también por mí. ¡Por favor, perdona mis pecados!

Cuando me levanté era un hombre nuevo. Un profundo gozo reemplazó mi desesperación».

Daniel 8 – 3 Juan – Salmo 79:1-7 – Proverbios 18:22

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Mirad, pues, cómo oís.

miércoles 5 julio

Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos.

Salmo 32:8

Mirad, pues, cómo oís.

Lucas 8:18

Paneles indicadores

Si el cristiano sabe que el Señor Jesús le preparó un lugar en el cielo, y que nadie se lo puede quitar, durante su travesía por esta tierra no se queda sentado como si fuera en un tren directo. Más bien está al volante de un automóvil que va por una carretera llena de peligros: obstáculos, niebla, baches, hielo… Por eso debe estar atento para evitar accidentes y no retrasarse inútilmente.

La Biblia coloca en el camino del creyente paneles de señalización para informarlo. También encontramos:

–Itinerarios aconsejados: Jesús nos dice: “Sígueme tú” (Juan 21:22).

–Exhortaciones muy serias como: “Huid de la fornicación” (1 Corintios 6:18). “Huye también de las pasiones juveniles” (2 Timoteo 2:22).

–Advertencias que señalan un peligro: “Raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Timoteo 6:10). “Hijitos, guardaos de los ídolos” (1 Juan 5:21).

–Áreas de descanso: “Venid vosotros aparte… y descansad un poco” (Marcos 6:31).

La lectura de la Biblia nos enseña, pues, a conocer los peligros que nos acechan. El Espíritu Santo atrae nuestra atención hacia ellos, y es tanto más necesario porque la niebla de nuestros propios pensamientos fácilmente puede nublarnos la vista. El deseo de agradar a Dios nos conduce a evitar y a rechazar la tentación de detenernos en un lugar peligroso… ¡o demasiado cómodo! La oración y la confianza en la gracia poderosa de Dios nos conducirán a nuestro destino de manera segura.

Daniel 7 – 2 Juan – Salmo 78:65-72 – Proverbios 18:20-21

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¿Qué podemos llevar al cielo?

martes 4 julio

Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo.

1 Pedro 1:18-19

¿Qué podemos llevar al cielo?

Se dice que el dinero gobierna el mundo. Pero su valor se limita a la corta duración de la vida terrenal; e incluso en la tierra no puede hacerlo todo ni darlo todo. El dinero y el oro no tienen valor en el más allá.

Cuando viajamos al extranjero, al pasar la frontera podemos cambiar nuestro dinero por la moneda local. Pero cuando usted pase la frontera del tiempo para entrar en la eternidad, no podrá llevar nada consigo: ni sus bienes materiales, ni su reputación, ni sus títulos, ni sus méritos. “Nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar”, afirma la Biblia, la Palabra de Dios (1 Timoteo 6:7). El patriarca Job dijo: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá” (Job 1:21).

Esto significa que el hombre pasa a la eternidad con las manos vacías. O más bien, lo único que puede llevar al más allá, si no buscó y halló el perdón de Dios, son sus pecados. Tal como es debe comparecer ante Dios, quien es el “Juez de todos” (Hebreos 12:23). Jesús hizo esta pregunta: “¿Qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mateo 16:26). Mucha gente ha vendido su alma por dinero, pero, inversamente, para rescatar un alma del poder de Satanás y del pecado, el oro y el dinero no tienen valor alguno.

La Biblia nos enseña que el único rescate que Dios acepta es la preciosa sangre de Cristo, derramada para salvar a los que creen en él.

“Cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios…” (Apocalipsis 5:9).

Daniel 6 – 1 Juan 5 – Salmo 78:56-65 – Proverbios 18:18-19

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Buen viaje (2)

(Jesús dijo:) Yo soy el camino, y la verdad, y la vida.

Juan 14:6

Buscad al Señor, y vivid.

Amós 5:6

Buen viaje (2)

El tiempo de viaje también nos permite conocer a otras personas e intercambiar experiencias. Sin embargo, debo reflexionar personalmente sobre el sentido de mi vida actual, sobre el más allá. Necesito encontrar respuestas a tantas preguntas ocultas, pero siempre presentes, que resurgen y se van acumulando. ¿Qué debo hacer para saldar ese pasado que me acosa, para ser liberado de las mentiras, de las infidelidades y de las impurezas que cargan mi conciencia? ¿Cómo terminar con mi rebeldía contra Dios?

¿Debo reflexionar solo? ¡No, alguien quiere acompañarme! Jesús dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Responda a su llamado mediante una oración sincera. Al empezar el viaje con él dígale todo lo que hiere el corazón y carga la conciencia. Escuche su enseñanza y créala. Jesús es “el camino, y la verdad, y la vida”. Por medio de él podemos ir a Dios y hallar el perdón y la paz desde ahora. Una luz totalmente nueva viene así a dar un sentido al viaje de la vida, con la perspectiva de una eternidad feliz junto a Jesús, quien borra la condenación que yo merecía. Junto a él, a pesar de los callejones sin salida de la vida, el viaje se hará en paz. “La paz os dejo, mi paz os doy”, dijo el Señor (Juan 14:27). Esta promesa se convierte en una realidad presente para todos los que le reciben en su vida.

¡No viaje solo, Jesús quiere acompañarle desde hoy!

“Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (Salmo 16:11).

Daniel 5 – 1 Juan 4 – Salmo 78:40-55 – Proverbios 18:16-17

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¡Buen viaje!

¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad… cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.

Santiago 4:13-14

¡Buen viaje! (1)

¡Deseo inútil, dirá usted! Viajar es olvidar, descubrir, vivir un tiempo excepcional. ¡Es pura felicidad…! A menos que se trate de una cita de negocios demasiado difícil. Sin embargo, todo viaje tiene su lado de imprevistos, y también de peligros.

Tomemos el versículo de hoy como un llamado a la reflexión interior, más fácil de realizar fuera del estrés diario. Nuestra vida, ¿no es también un viaje? Es cierto, no elegimos nacer, y tampoco elegiremos el día en que debamos dejar este mundo: esto está en las manos de Dios.

Ese último día, cuando mi espíritu vuelva a Dios y mi cuerpo al polvo, ¿estará relacionado con lo que estoy viviendo hoy y de lo cual soy responsable?

Preparo cuidadosamente mis viajes; entonces, ¿no es fundamental saber en qué condiciones voy a llegar al último día, que podría ser mañana?

“Prepárate para venir al encuentro de tu Dios” (Amós 4:12), nos dice la Biblia. Al final de su vida, nadie podrá escapar a este encuentro; pero Dios nos ama y quiere tener un encuentro con nosotros desde ahora. Desea establecer con cada uno una relación viva, no solo para vivir con nosotros ese viaje de la vida presente, sino también para que estemos con él por la eternidad. Para darnos la vida eterna, Dios amó de tal manera “al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

(mañana continuará)

Daniel 4:19-37 – 1 Juan 3 – Salmo 78:32-40 – Proverbios 18:14-15

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El Dios vivo

sábado 1 julio

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?

Salmo 42:2

Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti.

Salmo 63:1

El Dios vivo

Tener “sed de Dios”. ¡Qué intensa necesidad; qué sorprendente expresión! Es la necesidad que hay en lo más profundo del corazón de cada uno de nosotros. Pero, ¿de qué Dios tenemos sed? ¡Del Dios vivo! Este no es solo un Dios que existe, sino el Dios que da la vida, que habla y escucha; es el Dios que actúa en la historia de los hombres y en nuestra propia historia. No es un Dios lejano que no se interesa en los hombres, sino un Dios muy cercano que se revela a la fe.

Orar a Dios como al Dios viviente es reconocer que tiene el poder de liberarnos del miedo y del mal. También es tomar conciencia de que él conoce todo lo que hacemos e incluso lo que pensamos. ¡No podemos esconderle nada!

Pensar en el Dios vivo puede atemorizar al que no está en regla con él, e incluso aterrorizarlo. ¡Pero qué fuente de paz y de confianza para el que va a Dios por medio de la fe! Dios se revela de una manera tan real, tan profunda, que la expresión “Dios viviente” viene a los labios del creyente cuando expresa su ardiente deseo de comunión con su Dios (Salmos 42 y 84).

Cuando por la fe experimentamos la presencia de Dios, nos inclinamos con respeto y amor, cautivados por su grandeza.

“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía” (Salmo 42:1).

“Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios del Señor; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo” (Salmo 84:2).

Daniel 4:1-18 – 1 Juan 2:18-29 – Salmo 78:21-31 – Proverbios 18:13

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El desierto florecerá

viernes 30 junio

El Señor… consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto del Señor. Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa.

Isaías 51:3; 35:1

El desierto florecerá

Los que conocen los desiertos saben de qué manera prodigiosa un desierto puede cambiar de aspecto después de una lluvia. A primera vista no hay nada que pueda crecer en el suelo árido y ardiente, pero en algunos días la vegetación surge, luego las flores se abren y la vida animal reaparece. Pero rápidamente el desierto vuelve a su estado inicial.

Hay muchas personas que sienten que su corazón y su vida están tan secos como un desierto. Después de las noches frías llegan los días ardientes y nada parece poder interrumpir ese ciclo de esperanzas frustradas y sufrimientos escondidos. ¡Sin embargo todavía hay esperanza! Hace varios milenios el profeta Isaías dijo que Dios podía hacer florecer el desierto de forma permanente. Su declaración es una promesa maravillosa para todos, en todo lugar y en todo tiempo. Los corazones vacíos, esos desiertos en los que Dios está ausente, pueden convertirse en tierras fértiles. Desea derramar lluvias de bendición en los terrenos más secos y cambiar la existencia más árida en una abundancia de colores y aromas. ¡Donde todo parecía muerto, donde faltaba el agua, la vida abundante puede reinar!

Si usted tiene el corazón vacío, si vive sin Dios, si no ha permitido que Jesús reine en su corazón, su vida es un desierto. Pero si se acerca a Aquel que le ama, si acepta el sacrificio de Jesús en su favor, si abre su corazón a su presencia, su desierto florecerá. ¡Estará saciado, no solo por un momento, sino durante toda su vida y por toda la eternidad!

Daniel 3 – 1 Juan 2:1-17 – Salmo 78:9-20 – Proverbios 18:11-12

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Los milagros de la fe

jueves 29 junio

Para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios.

Lucas 5:24-25

Los milagros de la fe

En nuestra mente, la vida de Jesús está asociada a los numerosos milagros que hizo, aunque solo una parte se relata en los evangelios. Su dimensión sobrenatural dejó una fuerte impresión en los que los vieron; algunas personas incluso iban a Jesús esperando ver tales prodigios (Mateo 12:38). Pero Jesús nunca fue engañado por los motivos reales que había en el corazón de los que iban a él: sabía que si bien los milagros sorprendían, solo eran un medio entre otros para llevar a los incrédulos a la fe y persuadirlos de ir a Dios. En varias ocasiones constató que esos prodigios solo habían despertado una fe superficial y sin fundamento (Juan 2:23-25).

¿Para qué servían esos milagros? Eran “señales”, es decir, pruebas del poder y del amor divino que estaban en Jesús. Así acompañaban y acreditaban el anuncio del Evangelio, dándole un brillo especial. El pasaje de Lucas 5 es una ilustración de ello: el milagro que devolvió al hombre paralítico el uso de sus piernas daba testimonio del poder que perdonaba los pecados de este hombre y del amor que se ocupaba de él en su miseria.

Dios siempre está dispuesto a dejar actuar su poder. ¿No es un milagro que un hombre perdido sea salvo y pase de la muerte a la vida, que una vida que está bajo la dependencia del mal pueda al fin ser libre?

Daniel 2:24-49 – 1 Juan 1 – Salmo 78:1-8 – Proverbios 18:9-10

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Lo que la Biblia es

La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu… y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Hebreos 4:12

Todo o nada

Lo que la Biblia es

Para los cristianos, la Biblia, la Palabra de Dios, es el libro de referencia. Formada por 66 libros, fue escrita por unos cuarenta autores: la primera parte, llamada Antiguo Testamento, entre el año 1900 y 400 antes de Cristo. La segunda parte, llamada Nuevo Testamento, fue escrita a lo largo del primer siglo de la era cristiana. Inspirados por el Espíritu Santo, hombres de orígenes muy diversos hablaron de parte de Dios (2 Pedro 1:21).

Los escritos anteriores al nacimiento de Jesucristo forman el Antiguo Testamento. Centrados en el pueblo de Israel, trazan la historia de la humanidad desde su origen bajo un aspecto histórico, poético o profético. Muchas profecías ya se cumplieron y otras aún no.

Los cinco primeros libros del Nuevo Testamento cuentan la venida de Jesús, el Hijo de Dios, al mundo, su vida, su muerte y su resurrección, y luego los comienzos de la Iglesia. Los siguientes exponen la doctrina cristiana, y el último abre una ventana sobre el futuro.

Cada página es inspirada por Dios, quien nos da una enseñanza moral y nos interpela. No podemos estar abiertos a ciertos textos y rechazar otros. Por ejemplo, no podemos disociar el amor insondable de Dios y su absoluta santidad. No podemos reivindicar su gracia y al mismo tiempo negar la culpabilidad del hombre. Tenemos que recibir la Biblia en su conjunto, incluidas las páginas que nos molestan. Es la única actitud sensata de una criatura que descubre lo que su Creador quiere decirle. ¡Dios ha hablado, y debemos creerle!

Daniel 2:1-23 – 2 Timoteo 4 – Salmo 77:10-20 – Proverbios 18:8

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¡Escuchemos las informaciones!

martes 27 junio

El Dios de dioses, el Señor, ha hablado, y convocado la tierra, desde el nacimiento del sol hasta donde se pone.

Salmo 50:1

Acercaos, naciones, juntaos para oír; y vosotros, pueblos, escuchad. Oiga la tierra y cuanto hay en ella, el mundo y todo lo que produce.

Isaías 34:1

¡Escuchemos las informaciones!

El hombre de hoy es un hombre informado. Cada día el periódico le ofrece todos los detalles sobre lo que sucede en el mundo. Durante todo el año, la radio, la televisión e Internet rivalizan para que siga en tiempo real lo que ocurre en el planeta.

¿Sacamos lecciones de estas informaciones, sea colectivamente o cada uno en particular? Por ejemplo, ¿estamos dispuestos a poner en tela de juicio nuestra forma de vida personal?

Hay otra fuente de información menos escuchada, y sin embargo no debería dejar indiferente a nadie, pues puede transformar nuestro comportamiento. La tenemos mucho menos en cuenta que todo lo que conocemos cada día a través de los medios de comunicación. Ciertamente, es un libro muy antiguo, pero más actual que nunca. Nos informa sobre nuestro pasado así como sobre nuestro futuro. No solo nos expone los hechos, sino también sus causas y consecuencias. Establece las bases morales de las relaciones del hombre con su Creador y con sus semejantes.

Este libro es la Biblia, única fuente de información, perfectamente segura y a la vez perfectamente útil. Es la Palabra del Dios que nos creó, por lo tanto es primordial leerla y tener en cuenta lo que nos dice, siguiendo sus enseñanzas. Por medio de ella podemos encontrar el verdadero sentido a nuestra vida, fundarla y construirla sobre una base sólida, edificar nuestra casa sobre la roca, como dice el evangelio empleando esta imagen (Mateo 7:24-27).

Daniel 1 – 2 Timoteo 3 – Salmo 77:1-9 – Proverbios 18:6-7

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