Yo tengo a Cristo

Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Juan 6:68-69

Yo tengo a Cristo

Hace algunos años una joven cristiana iba en barco de Bristol, en Inglaterra, a Cardiff, en el país de Gales. Como de costumbre, distribuía algunos tratados bíblicos a los pasajeros. Uno de ellos, un hombre religioso, rechazó el tratado con las siguientes palabras: –Gracias, pero yo tengo mi religión. La joven le respondió amablemente: –Yo tengo a Cristo.

Dos años después, la joven hizo el mismo recorrido y volvió a encontrar al mismo hombre, quien la reconoció inmediatamente y le dijo: –¿Recuerda que me ofreció un tratado hace algún tiempo, y la breve conversación que tuvimos?

–Sí, dijo ella, lo recuerdo.

–Pues bien, respondió él, su respuesta no me dio descanso alguno hasta que, por la gracia de Dios, pude decir sinceramente: Yo también tengo a Cristo en mi vida. Y ahora me alegra poder contárselo.

Este hombre había reconocido en la persona de Jesús al Salvador y Maestro, a quien necesitaba personalmente. Había hallado una maravillosa paz, mientras que la estricta observancia de su religión no había logrado satisfacer las necesidades de su corazón. La redención y la paz con Dios son dones de gracia que solo pueden ser obtenidos mediante la fe en Jesucristo, quien murió por los pecadores y resucitó.

¿Ya dio usted personalmente este paso?

“Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:30-31).

2 Reyes 25 – 2 Timoteo 2 – Salmo 76 – Proverbios 18:4-5

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El huerto de los Olivos

Saliendo (Jesús), se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron. Cuando llegó a aquel lugar… puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

Lucas 22:39-42

El huerto de los Olivos

Jesús instituyó la Cena estando en Jerusalén. Después de su ascensión al cielo, ese pan y esa copa deben perpetuar entre los suyos reunidos para rendirle el culto de adoración, el recuerdo de su persona y de su muerte.

Después de esa cena Jesús, acompañado por los doce discípulos, tomó el camino que lo llevaba al huerto de los Olivos. Sabiendo que iba a morir en la cruz, Jesús se postró en tierra… Su alma estaba “muy triste, hasta la muerte” (Marcos 14:34). Suplicó a su Padre que si era posible pasase de él esa prueba. El Santo, el Justo, tenía ante sí todo el horror del pecado del mundo. Sabía que Dios tenía que abandonarlo cuando llevase sobre sí mismo el pecado para expiarlo. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado” (2 Corintios 5:21).

Su lucha fue tan terrible que suplicó “con gran clamor y lágrimas” al que lo podía librar de la muerte (Hebreos 5:7). Su sufrimiento era tal que su sudor era como grandes gotas de sangre, y un ángel vino para fortalecerlo. ¡La victoria fue completa! Jesús se entregó a sí mismo para hacer la voluntad de su Padre, costase lo que costase.

Con una sumisión y una obediencia perfectas, cuando la tropa de soldados llegó para arrestarlo, Jesús declaró: “La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” (Juan 18:11). Fue a la cruz por obediencia y allí respondió, en nuestro lugar, a las exigencias de la santidad de Dios. En él tenemos ahora el perfecto Salvador. ¡Depositemos en él toda nuestra confianza!

2 Reyes 24 – 2 Timoteo 1 – Salmo 75 – Proverbios 18:2-3

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El código de circulación

sábado 24 junio

Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.

Romanos 3:23

Cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.

Santiago 2:10

Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros.

Efesios 5:2

El código de circulación

Cuando un automovilista sobrepasa el límite de velocidad autorizado, infringe el código de circulación. Quizá solo haya cometido una sola falta; no obstante, infringió el código de circulación. ¡No imaginaríamos a un automovilista, detenido debido a un exceso de velocidad, justificarse diciendo que nunca se ha pasado un semáforo en rojo! ¿Qué conductor podría pretender no haber transgredido nunca el código de circulación?

En la Biblia, la ley de Dios dada a Moisés era perfecta, y los israelitas tenían que respetarla punto por punto. La experiencia mostró que ese pueblo no obedeció esa ley. ¡Nadie hubiese podido hacerlo! Por supuesto, la gran mayoría de nosotros no ha transgredido el mandamiento que dice: “No matarás”. Pero, ¿quién no ha desobedecido el que dice: “No codiciarás”? (Éxodo 20:13, 17).

Todos hemos desobedecido a Dios. Todos, menos uno, Aquel que vino al mundo hace 2.000 años, Jesucristo, el hombre perfecto, quien cumplió toda la ley de Dios (Mateo 5:17). Pero hizo mucho más que cumplir la ley: aceptó morir crucificado, por amor a nosotros, para que Dios perdonase todos nuestros pecados.

No es, pues, tratando de obedecer una ley cómo seremos hechos justos ante Dios, porque siempre fallaremos en un punto u otro. Pero el Evangelio nos trae una buena noticia: Dios nos declara justos si creemos en el sacrificio de Jesucristo, quien se entregó a sí mismo por nosotros.

2 Reyes 23:21-37 – 1 Timoteo 6 – Salmo 74:12-23 – Proverbios 18:1

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Bondad no significa debilidad

¡Señor! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado.

Éxodo 34:6-7

Bondad no significa debilidad

A veces oímos decir: «Dios es tan bueno que acabará salvando a todos».

–Pero bondad no significa debilidad. Creemos en el Dios del que nos habla la Biblia, es decir, un Dios justo, santo, que también es amor; y no en el «buen Dios», como escuchamos en el lenguaje cotidiano. El Dios de la Biblia es fiel, tanto en sus promesas de juicio, de castigo, como en sus promesas de gracia y de perdón.

–Bondad no significa olvido. Por lejanas y antiguas que sean nuestras faltas, mientras no las confesemos a Dios, él no las olvida. Pero, si lo hacemos, Dios perdona, y olvida; no es por debilidad, indulgencia o amabilidad, sino porque aceptamos que su Hijo Jesucristo expió nuestros pecados. Jesús recibió en nuestro lugar el castigo que merecíamos. Así es como Dios puede perdonarnos… y aún más, justificarnos, es decir, hacernos justos sobre una base totalmente segura.

–Bondad tampoco significa compromiso. No pensemos que Dios es complaciente, que tiene en cuenta nuestras buenas intenciones, que pasa por alto nuestras pequeñas mentiras para castigar solo las faltas más graves.

Dios es justo, es amor, y no es ni indulgente ni débil. Hoy salva a todos los que se arrepienten y responden a su propuesta de perdón y reconciliación.

¿Y los demás…? ¿Cómo podrían escapar al juicio de Dios, pues, precisamente, Dios es justo?

2 Reyes 23:1-20 – 1 Timoteo 5 – Salmo 74:1-11 – Proverbios 17:27-28

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Jesús reemplazó mi ídolo

jueves 22 junio

 

Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.

Isaías 45:22

Os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero.

1 Tesalonicenses 1:9

Jesús reemplazó mi ídolo

«Ese futbolista internacional era mi ídolo. ¡El día que lo vi por primera vez fue como si hubiesen puesto oro ante mí!

Poco después alguien me pidió que leyese en la Biblia el texto de Juan 3 versículos 1 a 17. Entonces descubrí el plan de salvación de Dios. Hasta ese momento no me había imaginado que yo era pecador, esclavo de mis pasiones, cautivo por mi ídolo. Ignoraba lo que era el arrepentimiento y la posibilidad de tener una relación personal con Dios. Esa noche volví a leer el capítulo 3 de Juan y continué hasta el capítulo 7. Desde aquella noche del 24 de octubre de 2008 tuve la seguridad de que Jesús, mediante su cruz, me había liberado, me había salvado. Y mi único deseo es vivir para Dios. Ya no tengo miedo del mañana y sé que si muero iré junto al Señor.

A usted que está leyendo esta hoja, le aconsejo buscar el verdadero arrepentimiento y experimentar lo que es el nuevo nacimiento… Busque esta relación personal con Dios. Ella permite hacer libremente su voluntad. Dios le ama tal como es. Lo que él detesta es nuestro pecado, todos esos actos, pensamientos o palabras que no lo glorifican.
Doy gracias a Dios por lo que hace en mi vida. Le agradezco por haber enviado a su Hijo unigénito al mundo para salvarnos. Le pido que libere de los ídolos a aquellos que todavía están presos por ellos».

Jean-Michel

El anciano apóstol Juan escribió: “Hijitos, guardaos de los ídolos” (1 Juan 5:21).

2 Reyes 22 – 1 Timoteo 4 – Salmo 73:21-28 – Proverbios 17:25-26

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La ecología

miércoles 21 junio

La creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad… Sabemos que toda la creación gime a una.

Romanos 8:20, 22

La ecología

Esta palabra, empleada la primera vez por Ernst Haeckel en 1866, designa una ciencia que estudia las relaciones entre los seres vivos y su entorno. Cada vez la ecología fue cobrando más importancia debido a los conflictos entre los intereses económicos, por una parte, y la protección de la naturaleza, por la otra.

El desarrollo de las sociedades modernas y de sus industrias no tiene muy en cuenta los equilibrios naturales del planeta. Actualmente muchas personas son conscientes de su responsabilidad en el desarrollo de la contaminación. Reconciliarse con la naturaleza, respetar el planeta, vivir de forma más natural, son ahora las preocupaciones corrientes.

Pero la constatación del conflicto entre el hombre y su entorno nos hace pensar en un problema fundamental, cuyas consecuencias son mucho más graves: la ruptura de la relación del hombre y su Creador. ¡Es tiempo de reconciliarse con Dios! Si bien él es el Creador, también es el Dios que desea tener una relación con cada ser humano en un contexto nuevo: ¡el de una nueva creación!

Jesús, el Hijo de Dios, vino a la tierra en semejanza de hombre para mostrar a su criatura el camino de acceso al nuevo nacimiento: “Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:7). Se trata de una transformación incomprensible para la mente humana, ocurre en el momento en que la persona cree en Jesús como su Salvador personal. “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es (otros traducen: nueva creación); las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). En este contexto nuevo, el creyente y Dios, su Creador, pueden vivir en perfecta armonía.

2 Reyes 21 – 1 Timoteo 3 – Salmo 73:10-20 – Proverbios 17:23-24

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Un refugio seguro

El Señor es tu guardador.

Salmo 121:5

No… se dormirá el que te guarda.

Salmo 121:3

Un refugio seguro

Se cuenta que las golondrinas habían construido un nido en la tienda del emperador Carlomagno (742-814 d. C.) durante una campaña militar. En el momento de levantar el campamento, el emperador ordenó que no moviesen la tienda hasta que los pajarillos pudiesen volar. Nadie debía tocarlos, ni siquiera asustarlos. Nos sorprende el cuidado que un jefe de guerra, que gobernó gran parte de Europa Occidental y Central, prodigó a esos pájaros que se habían refugiado en su tienda.

Quizás olvidamos que Dios, mucho más poderoso que un emperador, cuida de todas sus criaturas, incluso de las más vulnerables e insignificantes a los ojos de los hombres: “Aun el gorrión halla casa, y la golondrina nido para sí, donde ponga sus polluelos” (Salmo 84:3). “Ni uno de ellos está olvidado delante de Dios”, dijo Jesús, antes de añadir: “No temáis, pues” (Lucas 12:6-7).

Él proveyó todo lo necesario para el hombre antes de colocarlo en la tierra; Él lo formó con sus manos y conoce sus debilidades, descendió a la tierra para tener un encuentro con él. Nos amó, fue despreciado y sufrió hasta dar su vida por nosotros. ¿Cómo no cuidará de aquellos que confían en él?

El rey David, una figura de Jesucristo, dijo a Abiatar, quien había ido a refugiarse junto a él: “Quédate conmigo, no temas… pues conmigo estarás a salvo” (1 Samuel 22:23).

¡Qué paz, que tranquilidad para aquel que depositó su confianza en Dios y se abandona a sus tiernos cuidados!

“No hay santo como el Señor; porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el Dios nuestro” (1 Samuel 2:2).

2 Reyes 20 – 1 Timoteo 2 – Salmo 73:1-9 – Proverbios 17:21-22

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Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

(Jesús dijo a la mujer cananea:) No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.

Mateo 15:26-27

Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Romanos 10:13

Jesús habla a las mujeres (8) – “Grande es tu fe”

Mateo 15:21-28

“Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. Pero Jesús no le respondió palabra” (Mateo 15:21-23).

El silencio de Jesús no se debía a una falta de compasión, pues su actuación al final así lo prueba. Él quería hacer brillar la fe de esta mujer y mostrar a sus discípulos que su amor iba más allá de los límites de Israel.

Luego, Jesús empezó a hablar con esta extranjera que lo reconocía como Señor. Fijémonos en la humildad e inteligencia de esta madre. No se desanimó por un rechazo que parecía despectivo. Su fe sobrepasó este obstáculo e inspiró sus respuestas. Jesús no le reprochó nada y no juzgó su actitud ni impertinente ni demasiado audaz. Al contrario: apreció la valentía de su fe y le dijo: “Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora” (v. 28).

Incluso antes de comprobarlo, ella supo que su hija había sido sanada. “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

Recordemos su ejemplo. Un aparente silencio puede ser la preparación de una respuesta divina inesperada.

El Señor responde a nuestros más grandes anhelos, ¡pero a su tiempo!

2 Reyes 19 – 1 Timoteo 1 – Salmo 72:12-20 – Proverbios 17:19-20

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Solo Dios es digno de ser adorado

domingo 18 junio

Juan… mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.

Juan 1:35-36

A todo lo creado… oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

Apocalipsis 5:13

Solo Dios es digno de ser adorado

Antes de empezar su ministerio, Jesús fue tentado por Satanás. Este lo incitó a que le rindiese homenaje, pero la respuesta del Señor fue categórica: “Escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Mateo 4:10).

Cuando el apóstol Juan quiso, en dos ocasiones, postrarse ante el ángel que le hablaba, este se lo impidió: “Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo… Adora a Dios” (Apoc. 19:10).

Cuando Pablo y Bernabé sanaron a un hombre enfermo de nacimiento, y la gente quiso honrarlos como si fuesen dioses, ellos se lo prohibieron rotundamente.

Debemos adorar solo a Dios. Aceptar o buscar el homenaje que solo se debe a Dios es puro orgullo, es la “condenación del diablo” (1 Timoteo 3:6).

Cuando Jesús vivió en la tierra, por ser el Hijo de Dios, en varias ocasiones los hombres le rindieron homenaje:

–Un leproso sanado se postró ante él (Lucas 17:16).

–Los discípulos le rindieron homenaje cuando calmó la tempestad (Mateo 14:33).

–Un hombre ciego de nacimiento y sanado por Jesús discernió en él al Hijo de Dios y lo adoró (Juan 9:38).

–Cuando Jesús resucitó y mostró sus heridas a Tomás, este exclamó: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28).

Jesús, hombre “humilde de corazón” (Mateo 11:29), al mismo tiempo es Dios, el único digno de recibir el honor y la adoración.

2 Reyes 18 – Efesios 6 – Salmo 72:1-11 – Proverbios 17:17-18

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Lo que nos frena

sábado 17 junio

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.

Gálatas 5:1

Sois estrechos en vuestro propio corazón… ensanchaos también vosotros.

2 Corintios 6:12-13

Lo que nos frena

Un mensaje para los jóvenes cristianos

Quizá tenga la impresión de que lo que le frena en su vida cristiana son las condiciones de vida, las obligaciones sociales y profesionales, o incluso sus limitaciones físicas, su salud, sus capacidades. Esto puede ser cierto en algunos puntos, y si puede remediarlo, al menos en parte, vale la pena hacerlo. El apóstol Pablo escribió a los cristianos esclavos de Corinto: “Si puedes hacerte libre, procúralo más” (1?Corintios 7:21).

Pero en cuanto a esto, también hay una gran parte de ilusión, de la cual debemos ser conscientes, de otra manera nunca disfrutaremos de una verdadera libertad. ¿Qué piensa de ello? Si toda obligación exterior desapareciera, ¿sería suficiente para que usted encontrase la plena libertad a la que aspira?

En este ámbito, como en muchos otros, nuestras dificultades tienen su origen no fuera de nosotros, sino en nosotros. El problema está en nuestro propio corazón; ahí está el origen de nuestra falta de libertad. Nuestro corazón es prisionero de su egoísmo, de sus miedos y pasiones. Es él el que debe cambiar, dejándose educar por Jesucristo. Pidámosle a Dios, quien ha hecho de nosotros sus hijos, que abra nuestros corazones para que tomen consciencia de su amor y de su gracia. Entonces nuestra mente será liberada de todo lo que nos carga y nos frena. Tendremos una visión más abierta, más justa y más benevolente de los demás, y quizá también más justa de nosotros mismos.

2 Reyes 17:24-41 – Efesios 5 – Salmo 71:19-24 – Proverbios 17:15-16

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