Esclavo del alcohol

Esclavo del alcohol

Los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte, y rompió sus prisiones. – Salmo 107:14

Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. – Efesios 4:32

¡Cuántas personas son esclavas de la bebida, como por ejemplo Andrés, un hombre de edad madura que cayó en el alcoholismo! Su mujer y sus hijos lo dejaron porque no soportaban vivir más con él. Perdió su trabajo, sus amigos y conocidos también lo abandonaron. Lo único que le quedaba era la botella, a la cual se aferraba, y un colchón en una habitación vacía…

¿Había esperanza para Andrés? Era un desdichado; sin embargo, no lograba liberarse de esas ataduras destructoras. Su fuerza de voluntad vacilaba cuando sentía su necesidad de alcohol; el engranaje parecía inexorable. A menudo tenía ideas oscuras y algunas veces trató de acabar con su vida. ¿Quién podría liberarlo?

En esa situación Dios intervino, ese Dios que saca al hombre “de las tinieblas y de la sombra de muerte”, y que puede romper las cadenas más sólidas. Condujo las circunstancias para que fuera a un centro de desintoxicación dirigido por creyentes. Allí Andrés tomó consciencia de que había caído muy bajo y de los sufrimientos que había causado a los demás. Reconoció que el alcoholismo forma parte de la lista de males provenientes del pecado, debido al cual Satanás mantiene esclavizado al hombre. Pero también descubrió que Dios es más fuerte que Satanás y que podía liberarlo. Le confesó todos sus descarríos y reconoció que era un pecador. Aceptó con gozo la buena noticia de que Jesucristo quería salvarlo, perdonar sus pecados y liberarlo del alcohol.

A partir de entonces pudo empezar una nueva vida con paz y gozo en el corazón.

Ezequiel 13 – Hechos 21:1-16 – Salmo 34:7-14 – Proverbios 11:25-26

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Jesús, el Verbo eterno

Jesús, el Verbo eterno

Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso. – Apocalipsis 1:8

Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. – Juan 6:67-69

Texto del evangelio según Juan

“En el principio era el Verbo (o la Palabra), y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba (el Verbo o la Palabra), y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:1-14).

Ezequiel 12 – Hechos 20:17-38 – Salmo 34:1-6 – Proverbios 11:23-24

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La adoración

La adoración

Hijitos, guardaos de los ídolos. 1 Juan 5:21

Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Juan 4:23-24

¡Adoro! ¡Cuántas veces escuchamos esta expresión para dar a entender que me gusta una melodía, una comida bien preparada, un libro…!

En la Biblia, “adorar” tiene un sentido muy diferente. Es la actitud del creyente cuando toma conciencia de la grandeza de Dios, de la inmensidad de su amor y de su gracia para el hombre, criatura débil que cayó en el mal. Adorar, en el sentido bíblico, significa “postrarse”, y esto solo lo hacemos ante Dios. “Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Mateo 4:10). Cambiar el sentido de la palabra “adorar” significa la pérdida de conciencia respecto a la presencia de Dios.

Sin embargo, a la inversa, incluso si ignoramos el primer sentido del verbo adorar, ¿acaso no nos postramos ante muchas cosas de este mundo? Quizá no lo hagamos ante ídolos de madera o mármol, pero ¿no estamos fascinados por la tecnología, por ejemplo, al pensar que resolverá nuestros problemas? Lo que ella nos ofrece invade nuestra existencia: bienestar, distracciones… ¡Cuántas horas pasamos ante una pantalla para divertirnos! Somos idólatras cuando no podemos vivir sin esos múltiples «dioses», o cuando no podemos apartar nuestros pensamientos de tal o cual personaje extraordinario.

Los amigos de Daniel, arriesgando su vida, rehusaron adorar una estatua (Daniel 3). Ellos adoraban a Dios. ¡Que su ejemplo nos anime a dar a Dios el primer lugar en nuestra vida!

Ezequiel 11 – Hechos 20:1-16 – Salmo 33:16-22 – Proverbios 11:21-22

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Romanos 8

Romanos 8

Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. – Romanos 8:28

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? – Romanos 8:32

Un joven cristiano estaba cantando y tocando la guitarra en la calle. De repente cayó un chaparrón. El joven encontró refugio en la entrada de un edificio. Otro joven, llamémosle Javier, también llegó a aquel lugar para resguardarse de la lluvia. En una breve conversación, nuestro amigo cristiano, para invitar a Javier a leer la Biblia, le dijo: «En la Biblia me gusta mucho leer Romanos 8». La lluvia cesó y los dos jóvenes se separaron, dejando ahí la conversación. Más tarde Javier fue encarcelado.

En su celda a menudo pensó en estas palabras: ¡Romanos 8! Sin mucha dificultad consiguió una Biblia y buscó el libro de Romanos. Pronto llegó al capítulo 8, y poco a poco se sumió en ese texto totalmente nuevo para él. Las primeras palabras parecían estar escritas justo para él, que estaba condenado por los hombres: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús…”. Prosiguió su lectura, aceptó a Dios en su vida y pasó a ser cristiano. Más tarde encontró al joven que tocaba la guitarra. Fue así como conocimos su historia.

No es necesario estar en la cárcel para descubrir las riquezas de este capítulo. Todos necesitamos el perdón, la libertad y la ayuda de Dios:

“La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (v. 2). “El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad” (v. 26). “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (v. 31).

Ezequiel 10 – Hechos 19:23-41 – Salmo 33:10-15 – Proverbios 11:19-20

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¿Dónde está vuestra fe?

¿Dónde está vuestra fe?

Despertando él (Jesús), reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza. Y les dijo (a los discípulos): ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es este, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen? – Lucas 8:24-25

Algunas preguntas de la Biblia

A menudo Jesús estaba muy ocupado. A veces, incluso su familia no podía acercarse a él debido a la multitud que lo rodeaba para escucharlo. Un día, después de haber enseñado, se durmió en una barca mientras cruzaba el lago de Genesaret. De repente se levantó un fuerte viento, y los discípulos lo despertaron: “¡Maestro, Maestro, que perecemos!”. Jesús se levantó, se dirigió al viento y a las olas con autoridad, y se hizo gran bonanza. Luego dijo a sus discípulos: “¿Dónde está vuestra fe?”.

¿Ya me he hecho esta pregunta alguna vez? Cuando todo parece ir mal, cuando llega el fracaso o la enfermedad, ¿dónde está mi fe? Estoy desanimado, dudo, tengo remordimientos, pero hasta hacía poco tenía paz…

Fijémonos en el orden de las cosas. Solo después de haber apaciguado las olas, Jesús preguntó: “¿Dónde está vuestra fe?”. Sin tardar socorrió a sus discípulos, y luego los hizo reflexionar. ¿Pensaban que su Maestro era indiferente, o que no podía ayudarlos? Mientras estuviese con ellos en la barca, no corrían ningún peligro, ¡incluso si tardaba en responder!

Así es como el Señor actúa con nosotros. Primero responde a la oración, incluso si esta es imprecisa y casi fuera de lugar. Él responde, y solo después pregunta: “¿Dónde está vuestra fe?”. Cuando ya estoy tranquilo, puedo reflexionar sobre lo que sucedió y aprender una lección de ello. Sí, estuve preocupado ¡pero el Señor fue fiel!

Ezequiel 9 – Hechos 19:1-22 – Salmo 33:1-9 – Proverbios 11:17-18

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El valor de un gorrión

El valor de un gorrión

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan… y vuestro Padre celestial las alimenta. – Mateo 6:26

¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos. – Mateo 10:29, 31

Lidia, mi hija de cinco años, vino corriendo muy emocionada a mostrarme un gorrión que traía en sus manos; el pajarito se había caído del nido y su corazón latía fuertemente. –¡Mira, papá, qué lindo es! Vamos a darle de comer. Pero antes de que el día terminara, la niña lloró desconsolada porque el pajarito había muerto.

El tesoro que esta pequeña criatura frágil y dependiente fue para mi hija durante algunas horas me hace pensar en las palabras del Señor Jesús recordadas en el versículo de hoy.

Sí, Señor, tú declaras cuál es nuestro valor a tus ojos y a los ojos de tu Padre, pues quieres que estemos seguros de tu fidelidad, tu constante ayuda y tu infinita bondad. Ese pequeño gorrión es obra de tus manos, creación maravillosa sin duda. Tiene un instinto admirable, pero cuando cae… ¡todo se acaba!

A nosotros, los seres humanos, nos diste una inteligencia y, sobre todo, la facultad de conocerte. En nuestras almas está impreso el recuerdo inmortal de aquel que nos creó y que se nos revela. ¡Fuimos creados a tu imagen, oh Dios… pero no podemos estar en tu presencia debido a nuestro pecado! Somos esclavos de Satanás, ¿quién nos librará?

Tú nos compraste al precio de la sangre de tu propio Hijo, derramada en la cruz. Nos diste la vida eterna a los que hemos aceptado a Jesucristo. ¡Este es el valor que tenemos a tus ojos, valor mucho mayor que el de muchos gorriones! Entonces, ¿qué podemos temer?

Ezequiel 8 – Hechos 18 – Salmo 32:8-11 – Proverbios 11:15-16

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¿Hay un vacío en su vida?

¿Hay un vacío en su vida?

El Señor será refugio… para el tiempo de angustia. En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Señor, no desamparaste a los que te buscaron. – Salmo 9:9-10

Dios es el que me ciñe de fuerza. – 2 Samuel 22:33

«Tenga como prioridad buscar a Dios. Deje que Su Espíritu penetre en su ser. Lo necesita para enfrentarse a las dificultades y pruebas de la vida. Antes de que la barca de su vida llegue a su último puerto, se encontrará con tempestades largas e inciertas, vientos rugientes e impetuosos, mares agitados que paralizan el corazón. Si usted no tiene una fe profunda y paciente en Dios, no tendrá fuerzas para afrontar las decepciones y contrariedades, que son inevitables. Sin Dios todos nuestros esfuerzos se reducen a ceniza, y nuestras auroras a profundas noches. Pero con él podemos dejar los valles agitados para alcanzar las cumbres de la paz interior y descubrir las estrellas radiantes de la esperanza en las profundidades de las noches más deprimentes de la vida. San Agustín tenía razón cuando dijo: «Tú nos hiciste para ti, y nuestro corazón no tendrá descanso hasta que repose en ti». ¿En dónde encontramos a ese Dios? ¿En dónde, sino en Jesucristo? Es un acto de fe en él lo que nos conducirá a un verdadero conocimiento de Dios».

Martin Luther King, pastor afroamericano, premio Nobel de la paz, asesinado en 1968

A lo largo de todos los tiempos, muchos creyentes aprendieron que Dios les bastaba en los momentos más sombríos de su vida. Al igual que personajes bíblicos como Job, David o el apóstol Pablo, experimentaron que nada podía separarlos del amor del Dios en quien habían depositado su confianza (Romanos 8:38-39).

Ezequiel 7 – Hechos 17:16-34 – Salmo 32:5-7 – Proverbios 11:13-14

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El tsunami

El tsunami

Porque habló, e hizo levantar un viento tempestuoso, que encrespa sus ondas. Suben a los cielos, descienden a los abismos; sus almas se derriten con el mal… y toda su ciencia es inútil. – Salmo 107:25-27

Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. – Isaías 45:22

Sin duda los habitantes de Taro pensaban que estaban bien protegidos de las tempestades del océano Pacífico. Un gigantesco dique de más de diez metros de altura había sido construido sobre el litoral para proteger a ese pequeño pueblo de pescadores al noroeste de Japón. El tsunami del 11 de marzo de 2011 les probó trágicamente lo contrario. Una vez más el hombre tuvo que aprender que todas sus precauciones son rápidamente reducidas a la nada.

Dios habla a los hombres de diferentes maneras. ¡Cuántas veces hemos experimentado su protección! En esos momentos nos ha recordado el poder de su bondad por nosotros.

A veces su voz es más fuerte. Los terremotos y los tsunamis sorprenden a todo el mundo y demuestran la pequeñez del hombre ante el poder de la naturaleza. Dios, maestro del universo, manda venir la tempestad y la detiene con el constante objetivo de interpelarnos: “¿Quién encerró los vientos en sus puños? ¿Quién ató las aguas en un paño? ¿Quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?” (Proverbios 30:4). Sí, Dios vino bajo la forma de un hombre, Jesucristo, su Hijo. Más que palabras, su vida en la tierra y su muerte en la cruz dan testimonio de su infinito amor.

¿Le hemos prestado atención? Velemos para no rechazar a aquel que nos habla así desde el cielo (Hebreos 12:25). Lo hace todavía hoy, en particular mediante su Palabra, la Biblia.

Ezequiel 6 – Hechos 17:1-15 – Salmo 32:1-4 – Proverbios 11:11-12

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Aliado inesperado

9 Marzo 2017

Aliado inesperado
por Charles R. Swindoll

Hechos 5:33-38

El comentarista William Barclay llama a Gamaliel un “aliado inesperado”. En medio de los ánimos caldeados y de la irracionalidad, este sabio y veterano maestro se puso de pie tranquilamente y advirtió: “Tengan cuidado con esto. No se apresuren a condenar”. Les dijo: “Apartaos de estos hombres y dejadles ir. Porque si este consejo o esta obra es de los hombres, será destruida. Pero si es de Dios, no podréis destruirles. ¡No sea que os encontréis luchando contra Dios!” (Hechos 5:38, 39).

El joven fariseo no podía creer lo que había oído. “El deber de este hombre era ser un vocero del judaísmo. Me enseñó mucho de lo que sé del judaísmo y de la ley. Me adiestró para hacer precisamente lo que estoy haciendo. ¡Maestro Gamaliel, usted se volvió loco”.

Pablo, por supuesto, no tenía manera de saber que sería esta clase de tranquilo razonamiento lo que le mantendría cuerdo cuando tuviera después que llevar la antorcha de Cristo. Se recordaría a sí mismo que quienes luchaban contra él estaban en realidad luchando contra Dios. Pero en ese momento, él no sabía nada de eso. Estaba hecho una furia, una furia asesina. No podía creer que el sanedrín siguiera ese tranquilo consejo y pensara en aflojar la mano con esos infieles. Pero eso fue exactamente lo que hicieron.

Si me permite usted un momento de digresión aquí, pienso que Pedro siguió vivo entonces y en los años siguientes, gracias a la sabia intervención de Gamaliel. Creo que este “aliado inesperado” le salvó la vida. Saulo y el resto de los otros habrían lapidado a todo el gruño de creyentes; pero Dios intervino misericordiosamente por medio de Gamaliel. Utilizó a un sabio profesor para preservar las vidas de quienes después tendrían un rol estratégico en la formación de su Iglesia. Recuerde esto cuando sienta que sus circunstancias se han vuelto irremediables. No importa lo que usted enfrente, Dios sigue teniendo el control, obrando de manera silenciosa y soberana de acuerdo con su plan perfecto. Él tiene sus Gamalieles esperando entre bastidores. En el momento preciso, cuando sus palabras tendrán el mayor impacto, estos saldrán de las sombras al escenario para pronunciar sus palabras salvadoras.

No importa lo que usted enfrente, Dios sigue teniendo el control.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Cristo es la Palabra eterna

Cristo es la Palabra eterna

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios… Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Juan 1:1-4

Evangelio según Juan

Cada uno de los evangelios empieza de una manera distinta. Mateo expone la genealogía de Jesús, Lucas empieza con su concepción, su nacimiento y su infancia. Marcos presenta primero el servicio de Juan el Bautista. Juan se remonta al origen de todo. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Este Verbo (o la Palabra), persona divina y eterna, fue el autor de la creación de todo el universo, y nunca abandonó el mundo que creó.

Un día “el Verbo”, perfecta expresión de Dios el Padre, fue hecho carne “y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). No fue una simple visita, sino una verdadera encarnación. El Verbo se convirtió en un ser humano en la persona de Jesús de Nazaret. El Creador se hizo semejante a sus criaturas. Aquel que es eterno entró en el tiempo. El Todopoderoso conoció el dolor, los golpes, las heridas. El Santo fue expuesto a la tentación. Finalmente, “el Príncipe de la vida” aceptó morir crucificado.

Juan subraya la gloria del Hijo de Dios. La primera parte de su evangelio (cap. 1 a 12) relata siete milagros. Desde el capítulo 13 el Señor se dirige exclusivamente a sus discípulos. Les revela que Él es el único camino para ir al Padre; es la verdad y la vida. En esa segunda parte expone otras manifestaciones del amor de Jesús. Por ejemplo, leemos cómo Jesús se arrodilló para lavar los pies de sus discípulos (cap. 13:1-20). Más tarde, en la cruz, donde Jesús dio su vida, vemos la manifestación suprema de su amor.

Ezequiel 5 – Hechos 16:11-40 – Salmo 31:21-24 – Proverbios 11:9-10

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