En Damasco

Jueves 5 Diciembre

A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo.

Efesios 3:8

Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.

Filipenses 1:21

En Damasco

http://labuenasemilla.net/20191205

Saulo de Tarso se acercaba a Damasco. Era un judío muy religioso y estimado por sus superiores. Ellos le habían dado autorizaciones para arrestar a los cristianos y llevarlos presos. Avanzaba con determinación junto a su escolta.

Pero cerca a Damasco fue detenido bruscamente y echado a tierra por una intervención divina, quedando momentáneamente ciego. Entró en la ciudad conducido de la mano como un niño.

Más tarde él mismo fue perseguido en Damasco y debió dejar la ciudad como un fugitivo. Algunos discípulos de Jesús le ayudaron a escapar durante la noche, descolgándole por el muro de la ciudad en una canasta (Hechos 9:25).

¿Qué le había sucedido a este hombre? Jesús, el Hijo de Dios, se le apareció en el camino a Damasco. En pleno mediodía, Saulo vio “una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol” (Hechos 26:13). ¡Entonces reconoció que persiguiendo a los cristianos, perseguía a Jesús mismo!

De perseguidor encarnizado, Saulo pasó a ser un cristiano, llamado Pablo. Luego Dios lo envió a anunciar el Evangelio y “las inescrutables riquezas de Cristo” a todos. ¿Perdió algo Pablo? ¿Echó de menos su reputación? Escuche lo que dice: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (Filipenses 3:7-8).

Eclesiastés 1:1-2:11 – Santiago 4 – Salmo 138:1-5 – Proverbios 29:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Colaboradores de Dios

Miércoles 4 Diciembre

(Jesús dijo:) Dad, y se os dará… con la misma medida con que medís, os volverán a medir.

Lucas 6:38

Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Mateo 25:21

Colaboradores de Dios

http://labuenasemilla.net/20191204

En los evangelios siempre vemos a Jesús dando generosamente. Cuando alimentó a cinco mil hombres, incluso sobró pan (Juan 6:1-15). Cuando los apóstoles volvieron de una noche de pesca sin haber conseguido nada, milagrosamente permitió que las redes se llenaran como nunca antes (cap. 21:1-14). En las bodas de Caná, cambió una gran cantidad de agua en vino, para el gozo de los invitados (cap. 2:1-11).

En estas tres situaciones, es sorprendente ver que el Señor pidió un compromiso personal antes de dar. Él quiere que participemos, y nos dice: “Dad, y se os dará”.

1. Cuando alimentó a la multitud, un muchacho aportó cinco panes y dos peces. Eso parecía irrisorio frente al número de bocas que había que alimentar. Sin embargo, el Señor se sirvió de la contribución de ese jovencito. Queridos niños que leen este mensaje, no olviden que incluso un vaso de agua dado en el nombre del Señor tendrá su recompensa (Mateo 10:42).

2. Jesús no necesitaba que sus discípulos volvieran a pescar para alimentarlos. Pero ellos le obedecieron simplemente echando la red “a la derecha de la barca” (Juan 21:6), y su fe fue recompensada.

3. Cuando Jesús pidió agua, antes de cambiarla en vino, hubiera podido hacerlo sin ella. No obstante, los que le ayudaron, en este caso como en los otros, tuvieron el gozo de ser “colaboradores de Dios” (1 Corintios 3:9).

Esta pequeña participación no tiene comparación con lo que Jesús da. Él quiere poner a prueba la fe y estimularla para luego darle su recompensa.

Job 42 – Santiago 3 – Salmo 137 – Proverbios 29:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Una predicación silenciosa

Martes 3 Diciembre

Tiempo de callar, y tiempo de hablar.

Eclesiastés 3:7

Vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta… el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible.

1 Pedro 3:1-4

Una predicación silenciosa

http://labuenasemilla.net/20191203

El cristiano no es llamado a hablar siempre de su fe; hay casos en los cuales es más oportuno callar. Sin embargo, en todo momento puede testificar de su Salvador por medio de su conducta. Esta silenciosa predicación está al alcance de todo cristiano. A veces es más poderosa que las palabras, y es el gran recurso en ocasiones en las cuales hablar resulta difícil o hasta imposible, en particular cuando el testimonio verbal ya ha sido rechazado.

El apóstol Pedro considera el caso de una esposa que se convierte a Cristo estando casada con un marido incrédulo. Exhorta a la esposa a estar sumisa a su marido, insistiendo en el hecho de que el cónyuge incrédulo puede ser ganado, sin palabras, por la conducta de su mujer. Dicha sumisión, en un espíritu apacible, es una predicación silenciosa pero elocuente para llevar a su cónyuge al Señor.

Dios espera que sus hijos reproduzcan en la vida cotidiana las perfecciones morales de Jesús: bondad, humildad, dulzura, paz, paciencia, abnegación… Los que no leen la Palabra de Dios se ven obligados, en cierta manera, a leerla mediante la conducta de los cristianos. El apóstol Pablo compara a los creyentes con una “carta” conocida y leída por todos los hombres (2 Corintios 3:2-3). Una carta se lee con los ojos. Testificar de Cristo es un honor y un privilegio, es una de las razones de ser del cristiano en la tierra. ¡Cristianos, prestemos atención a nuestra conducta!

Job 41 – Santiago 2 – Salmo 136:23-26 – Proverbios 29:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Una frase sin terminar

Lunes 2 Diciembre

(Jesús dijo:) Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

Mateo 7:7

Una frase sin terminar

http://labuenasemilla.net/20191202

En el puesto de un vendedor de libros observé intrigado a un hombre que estaba mirando los libros de segunda mano. Entonces me acerqué y le pregunté:

–¿No encuentra lo que busca?

–¡Efectivamente! Hace muchos años que estoy buscando un libro, sin lograrlo.

–¿Puedo ayudarle? ¿Cómo se llama el libro?

–¡Ese es precisamente el problema, no lo sé! E inmediatamente sacó de su bolsillo una hoja amarillenta y arrugada.

–Me gustaría encontrar el libro de donde proviene esta página, pues quisiera saber el final de esta frase.

La frase era la siguiente: “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo…”. Faltaba la continuación. Entonces le dije: –Es una página del Nuevo Testamento, tengo ese libro en mi casa, ¿quiere venir a consultarlo?

Abrí el Nuevo Testamento y comparamos el texto de la página arrugada con el texto bíblico de Romanos 5:6. –Mire, le dije, ¡es exactamente igual! Lea usted mismo la continuación.

El hombre susurró sorprendido: “murió por los impíos”.

Entonces le expliqué: –Así es, Jesús no murió por quienes se consideran justos e irreprochables ante Dios. Él murió por mí, por usted. Solo necesitamos ser un poco honestos y reconocer cuán a menudo desobedecemos voluntariamente a Dios con nuestros pensamientos y actos. Pero no se desaliente con esta constatación. Piense también en la primera expresión: “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles…”. Él murió por los que reconocen su culpabilidad.

Llévese este Nuevo Testamento y léalo tranquilamente. ¡Jesús lo ama!

Job 39-40 – Santiago 1 – Salmo 136:10-22 – Proverbios 29:1-2

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Obreros de la última hora

Domingo 1 Diciembre

(Jesús dijo:) Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros.

Mateo 20:16

Obreros de la última hora

Mateo 20:1-16

http://labuenasemilla.net/20191201

La pregunta sobre «quién sería el primero y el último en el reino de los cielos», tema que tanto preocupaba a los discípulos, está ilustrada por una nueva parábola: Un viticultor fue temprano a la ciudad a contratar obreros para su viña, y como salario acordaron un denario por día. Durante la jornada volvió varias veces a buscar nuevos obreros. A estos no les fijó su salario, pero les prometió pagarles lo justo, y ellos aceptaron sin discutir. Finalmente, a la undécima hora (al final de la tarde), vio en la plaza a unos hombres que aún estaban desocupados. “¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados?”. Su conmovedora respuesta habla a todos los que buscan un empleo: “Porque nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo”. Una hora después esos obreros recibieron su paga en primer lugar, cada uno un denario. Al ver esto, los que habían comenzado primero esperaban recibir más. Sin embargo, cada uno recibió un denario, como habían convenido. Entonces, llenos de celo, criticaron al señor de la viña, quien respondió a uno de ellos: “Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?”.

Los primeros obreros son los que quieren hacer cuentas con Dios pensando que él les debe algo por lo que han hecho. Los otros nos invitan a abandonar nuestras pretensiones y a confiar en la justicia y la bondad de Dios.

En el reino de los cielos, la recompensa nunca es un derecho. Todo depende de la gracia soberana de Dios.

Job 38 – Colosenses 4 – Salmo 136:1-9 – Proverbios 28:27-28

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Bueno o malo?

Sábado 30 Noviembre

No imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios.

3 Juan 11

Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

1 Corintios 15:57

¿Bueno o malo?

http://labuenasemilla.net/20191130

¿Puede un hombre decidir ser bueno o malo? Esta pregunta ha atravesado los siglos y no cesa de apasionar a sicólogos y siquiatras enfrentados al comportamiento de ciertos criminales. Pero ella nos alcanza a todos, porque el mal no se limita al crimen. Dios, quien sondea los corazones, declara: “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10).

La Biblia nos revela que la raíz del mal está en el hombre desde su nacimiento. Cuando el piadoso rey David, después de haber cometido adulterio y asesinato, tomó conciencia de su pecado, dijo: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Salmo 51:5).

¿Cómo dejar de lado ese principio malo que actúa en mí? ¿Cómo vivir y producir el bien? La Biblia responde a estas preguntas y muestra el triunfo final del bien sobre el mal. El pecado entró en el corazón del hombre en el huerto del Edén, cuando escuchó a Satanás en lugar de obedecer a Dios. Y el bien solo fue hallado en Jesucristo hombre, Dios hecho hombre. Él era santo, en él no había ningún rastro de mal. Por su sacrificio, su muerte y su resurrección, todos los poderes del mal fueron vencidos. Esta victoria también puede ser la nuestra si creemos en Jesús. Él nos da una nueva naturaleza que, incluso si aún conservamos la vieja, nos permite vivir haciendo el bien, y para agradar a Dios.

“Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:24-25).

Job 37 – Colosenses 3 – Salmo 135:15-21 – Proverbios 28:25-26
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Felicidad de ser perdonado

Viernes 29 Noviembre

Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño.

Salmo 32:1-2

Felicidad de ser perdonado

http://labuenasemilla.net/20191129

Si el Salmo 1 evoca la felicidad que el creyente encuentra en la Palabra de Dios, el Salmo 32 habla de otro gozo, el del perdón. Sin duda todos nosotros hemos experimentado, un día u otro, la tristeza y el peso debido a nuestras faltas. Tal fue la experiencia de David. Durante un tiempo cerró los ojos a su pecado, pero, reprendido por Natán, el profeta enviado por Dios, David confesó su pecado y dijo: “Pequé” (2 Samuel 12:13). Entonces Dios lo perdonó. Su liberación fue completa: supo que había sido perdonado. Su alivio se reflejó en una verdadera felicidad. “Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor; y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmo 32:5).

Mientras ocultamos nuestras faltas, impedimos a Dios cubrirlas con su perdón. Pero tan pronto las confesamos a Dios, él nos perdona. Un anciano dijo respecto a este tema: «La palabra no está aún en los labios, y ya la herida es sanada en el corazón».

A menudo es difícil, incluso imposible, reconocer nuestras faltas delante de Dios, si no confiamos en su bondad, en su misericordia. Dios ilumina nuestra vida, saca a la luz lo que tratamos de disimular y esconder a los demás. Pero la luz divina no es inquisición. Dios no arranca las confesiones. Su amor nos ilumina: Dios nos muestra que él está ahí, que conoce toda nuestra vida y que está presto a perdonarnos si reconocemos nuestras faltas.

Sí, feliz aquel a quien Dios perdona todas sus faltas: “Se envejecieron mis huesos” (v. 3), dice David en ese Salmo, y ahora constata que “le rodea la misericordia” (v. 10).

Job 35-36 – Colosenses 2 – Salmo 135:8-14 – Proverbios 28:23-24

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¡Todo va bien hasta ahora!

Jueves 28 Noviembre

Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.

Lucas 12:20-21

El Hijo de Dios… me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Gálatas 2:20

Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza.

Salmo 62:5

¡Todo va bien hasta ahora!

http://labuenasemilla.net/20191128

Esta fórmula se convirtió en la divisa de Steve, actor legendario y gran aventurero. Dios no tenía ningún lugar en su vida. A alguien que le preguntó si creía en Dios, Steve le respondió: «Yo creo en mí». A los 49 años de edad dijo a uno de sus amigos: «He escapado a la muerte tan a menudo que a veces me pregunto por qué estoy vivo todavía. Es como si alguien que me vigila hubiera cuidado de mí todas esas veces».

En aquella época, a menudo Steve tuvo la oportunidad de conversar con un cristiano sobre el tema de Dios y de la Biblia. Hasta ese momento él solo se interesaba en el dinero, en el éxito y en los placeres de la vida, pero ahora el recuerdo de sus pecados turbaba su conciencia. Como resultado de estos contactos, Steve halló el perdón y la paz por la fe en Jesucristo. Semanas más tarde descubrió que tenía un cáncer incurable. Su vida en la tierra pronto se acabaría, pero su alma estaba en paz. Steve sabía que tenía la vida eterna porque creía en el Hijo de Dios. Los últimos meses de su vida en esta tierra pudo apoyarse apaciblemente en su Salvador. Fue así como a los 50 años entró en la eternidad.

Jesús aún da esta paz interior a todos los que están cansados y cargados: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

“Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos” (Eclesiastés 12:1).

Job 34 – Colosenses 1:15-29 – Salmo 135:1-7 – Proverbios 28:21-22

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Envió su palabra, y los sanó.

Miércoles 27 Noviembre

Envió su palabra, y los sanó.

Salmo 107:20

Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al Señor, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.

Isaías 55:7

Heridas y culpabilidad

http://labuenasemilla.net/20191127

Las heridas de la vida son numerosas para muchos de nosotros. Profundas y penetrantes, como la muerte de un ser querido, el divorcio, la injusticia, el maltrato, la violencia, el desempleo… a menudo dejan huellas mal cicatrizadas. Las heridas, como la culpa, favorecen el sentimiento de rechazo, de abandono, y todo un cortejo de turbación: angustia, depresión… sin olvidar el sentimiento de soledad.

Así, ¿quién no necesita sanación y perdón? La Biblia declara que Dios sana a los de corazón quebrantado y venda sus heridas (Salmo 147:3). Dios es el único y verdadero refugio para los que sufren.

Su amor fue demostrado cuando Jesús vino a la tierra para llevar nuestros dolores (Isaías 53:4). Aún más, en la cruz tomó sobre sí mismo el castigo que merecían nuestros pecados. Solo Jesús es la fuente de la vida y de la paz; es el único que puede librar y consolar. Los sufrimientos de la vida deberían empujarnos a los brazos de Dios. Él puede cambiar un desierto en oasis (Salmo 107:35), una prisión en lugar de gozo.

Lo primero que necesitamos es el perdón de Dios. Jesús lo adquirió para nosotros en la cruz. No deje que el pasado lo detenga. Vaya al que puede colmar todas sus aspiraciones: perdón, verdad, purificación, consuelo… Dios tiene proyectos de paz para todos los que ponen su confianza en él.

Job 33 – Colosenses 1:1-14 – Salmo 134 – Proverbios 28:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Era tan grave?

Martes 26 Noviembre

Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

Romanos 5:12

¿Era tan grave?

http://labuenasemilla.net/20191126

Adán y Eva desobedecieron a Dios y comieron el fruto prohibido. Así el pecado entró en el mundo, y con el pecado, el sufrimiento y la muerte… «¿Todo esto por haber comido un fruto? ¿Era tan grave?», protestan algunos.

Realmente el alcance de este hecho era inmenso. En efecto, rodeando a Adán y Eva de las manifestaciones maravillosas de su bondad, Dios les había dado todas las razones para que confiaran en él. Y, prohibiéndoles comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, les había advertido claramente sobre las consecuencias de su desobediencia: “El día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:17).

Pero Satanás insinuó que Dios quería privar a Adán y Eva de una cosa deseable (Génesis 3:4-5). Y ellos le creyeron a Satanás, el “mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8:44). En lugar de confiar en Dios, dudaron de su bondad. Entonces le desobedecieron. ¡Terrible afrenta a su Creador!

¿Debemos sorprendernos por el desastre que resultó de ello? El hombre escogió deliberadamente a Satanás como amo, convertido en “el príncipe de este mundo” (Juan 14:30). Las desgracias de este mundo comprueban que Satanás es un amo cruel, que lejos de desear la felicidad del hombre, trata de arrastrarlo con él a la perdición. El hombre, ¿osaría acusar a Dios de su desgracia?

Pero, cosa maravillosa, Dios tuvo compasión de nosotros. Y Jesús vino “para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8). Lo derrotó precisamente a través de la muerte: destruyó “por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14).

Job 32 – Hebreos 13 – Salmo 133 – Proverbios 28:17-18

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch