Alimentemos El Alma

El Misticismo
Martyn Lloyd-Jones
āY nuestra comunión verdadera es con el Padre, y con su Hijo Jesucristoā 1 Juan 1: 3
Hemos visto juntos que este es en realidad el gran ofrecimiento del Evangelio de Nuestro SeƱor Jesucristo. Es lo mĆ”s importante que nos ofrece, lo que nos permitirĆ” vivir en un mundo que, como hemos visto repetidamente en las Escrituras, se opone fundamentalmente a Dios y, por tanto, a todo lo que le pertenece. āSi el mundo es aborrece, sabed que a mĆ me ha aborrecido antes que a vosotrosā, dice Nuestro SeƱor en Juan 15:18, y como cristianos nunca deberĆamos perder esto de vista:Ā El mundo en su perspectiva y mentalidad se opone a Dios, y mientras no se convierta, mientras no reciba una nueva vida, asĆ seguirĆ” siendo.
El problema, pues, al que nos enfrentamos es:Ā Āæcómo debemos vivir esa vida cristiana y divina en un mundo que demuestra semejante oposición en todos sentidos?Ā Y la respuesta de esta epĆstola, y la de todo el Nuevo Testamento, es que solo hay un modo de hacerlo, y es tener esa comunión con Dios; y eso, segĆŗn Juan, es la cosa mĆ”s asombrosa que Nuestro SeƱor vino a hacer; y no solo nos la reveló, sino que la posibilitó para nosotros. Este es el gran distintivo. No se trata solamente de una enseƱanza, es mĆ”s que una enseƱanza: es lo que Ćl hace por nosotros.
Ahora bien, hemos estado examinando esta gran afirmación desde ciertos Ôngulos; hemos considerado ciertos requisitos previos para que fuera posible la obra de Cristo y posteriormente hemos intentado considerarla directamente para recordase qué significa exactamente. Pero durante todo este tiempo no he dejado de hacer advertencias. No hay ninguna cuestión, y creo que todos estaremos de acuerdo, que haya sido fuente de tantos malentendidos como precisamente esta. Toda esta idea es tan elevada y maravillosa que, tan pronto comprendemos que es factible siquiera, debe interesarnos de inmediato tenerla y experimentarla; y en cierto sentido, la historia de la Iglesia puede describirse como la historia de los diferentes caminos por los que los hombres y las mujeres han intentado llegar a esta comunión con Dios. Algunas de las mÔs grandes adoraciones de la experiencia cristiana han sido el resultado de este particular interés y empeño, de manera que es una cuestión que debe abordarse con cuidado. AdemÔs de haber cambios verdaderos para buscar esa comunión con Dios, también existen caminos falsos.
Ahora bien, es imposible tratar los todos, asĆ que considero que lo mĆ”s conveniente es mostrar las dos principales formas en que los hombres han buscado la comunión con Dios: la forma evangĆ©lica y la forma mĆstica. Ćsa es una clasificación muy general. Hay muchos ejemplos en las biografĆas de los hombres y de las mujeres cristianos que parece combinar las dos formas, y que se solapan mutuamente. Hay muchas subdivisiones en la forma mĆstica, y evidentemente no es razonable esperar tratarla todas en un solo sermón; harĆa falta todo una serie de sermones. Existe un gran nĆŗmero de volĆŗmenes escrito sobre ellas; bien podrĆamos decir que hay bibliotecas enteras acerca de toda la cuestión del misticismo. Es un asunto de lo mĆ”s fascinante y absorbente y, sin duda, apasionante. Evidentemente, pues, sólo puedo tratar lo que describirĆa como la esencia de la posición evangĆ©lica y la esencia de la tesis mĆstica. (Si se me permite de paso, recomendarĆ© un libro que, a mi entender, es uno de los mĆ”s valiosos e instructivos al respecto, se trata de una serie de conferencias impartidas en mi 1928 y publicado el pago el tĆtulo de The Vision of God, [La Visión de Dios], por Kenneth E. Kirk)
AquĆ tenemos, pues, una cuestión que debe llamarnos la atención, pues lo mĆstico y luego lo evangĆ©lico son en ciertos aspectos muy similares, y quizĆ” sea de ahĆ de donde surge el peligro. El mĆstico y el evangĆ©lico estĆ”n de acuerdo en que Dios trata directamente con nuestros espĆritus y nos proporciona un conocimiento de sĆ mismo. Ambos coinciden en que la comunión no es algo formal y que la verdadera posición cristiana no es meramente externa y mecĆ”nica. El mĆstico y el evangĆ©lico estĆ”n de acuerdo en que nuestro objetivo y empeƱo deberĆa ser la comunión con Dios; ninguno de los dos se da por satisfecho meramente con desempeƱar ciertas funciones, o adecuarse a ciertas normas morales. No se trata de eso, dice; el mundo lo puede hacer, y tambiĆ©n otras religiones. No ādicenā, lo especial de la religión cristiana es que ofrece comunión al hombre, una intimidad, un conocimiento de Dios, y a ambos les interesa obtenerla.
Pero, tal como intento demostrar, divergen en la forma en que buscan alcanzarla. Vuelvo a recordarte que hubo ciertos casos en que uno debe reconocer que la persona implicada era evangĆ©lica y mĆstica al mismo tiempo. Hay casos en los que las personas eran suficientemente evangĆ©licas para darse cuenta de los peligros de su propio misticismo, y eso lo hace bastante difĆcil desde el punto de vista de la clasificación. PermĆtaseme dar un ejemplo. Consideremos aĀ Bernardo de Claraval:Ā claramente era mĆstico, pero hemos de reconocer que era evangĆ©lico, y hay otros ejemplos.Ā Charles WesleyĀ tenĆa una importante dimensión mĆstica, aunque era fundamentalmente evangĆ©lico, y lo mismo podemos decir de su hermanoĀ John. Existen casos que parecen difĆciles de clasificar; vayamos, por tanto, a los grandes principios.
ĀæEn quĆ© consiste esa idea de la bĆŗsqueda de la comunión con Dios por el llamado camino mĆstico? Como hemos dicho, el misticismo tiene muchas subdivisiones. Puede ser no cristiano por entero; muchos de los filósofos paganos griegos eran mĆsticos en el pleno sentido de la palabra; Hay mĆsticos paganos, como tambiĆ©n religiosos, asĆ como, en un sentido, mĆsticos cristianos. Hay cosas comunes a todos ellos; creen por regla general que un hombre puede tener un tipo de intuición inmediata del infinito y de lo eterno. Una definición del tĆ©rmino es: āEl misticismo es la creencia de que Dios puede ser conocido cara a cara sin intermediario; la conciencia y el conocimiento directos de Dios ā. O, quizĆ”, mejor aĆŗn: āEl misticismo es la teorĆa que dice que la pureza y la bendición derivadas de la comunión con Dios no se obtienen de la Escrituras ni del empleo de los medios de gracia normales, sino por medio de una influencia sobrenatural e inmediata, y para obtenerla el alma no tiene mĆ”s que plegarse a ella sin pensamiento o esfuerzo ā.
Por regla general, podemos decir que el misticismo hace del sentimiento la fuente del conocimiento de Dios, en detrimento del intelecto, la razón y el entendimiento.
Ćste es verdaderamente el hecho diferencial del misticismo. El mĆstico es una persona que dice que ese conocimiento de Dios no se obtiene como resultado de la comprensión o de cualquier conocimiento externo objetivo; es inmediato, una lĆnea directa entre el corazón y el EspĆritu de Dios mismo, Y ocurre principalmente en la esfera de los sentimientos. Dios da conocer la Verdad al mĆstico bajo algĆŗn modelo o forma.
Y esto supone una gran dificultad para el enfoque evangƩlico.
El EvangĆ©lico siempre afirma la primacĆa de la palabra de Dios, la revelación objetiva; el mĆstico tiende a despreciarla y dice: āNo, lo que he de hacer de algĆŗn modo es someterme, y en este estado pasivo, Dios harĆ” alguna cosa en mi espĆritu mediante los sentimientos y las sensibilidades, y llegarĆ© a conocer a Diosā.
La supremacĆa y el Ć©nfasis estĆ”n en laĀ sensibilidad y no en la comprensión.
Ahora bien no todos los mĆsticos estĆ”n interesados en lo mismo. No quiero entrometerme con tĆ©rminos tĆ©cnicos, pero hay tres tipos principales. Existe lo que podrĆamos denominar elĀ teopĆ”tico*, el
mĆstico que le interesa el sentimiento y la sensación puros. Luego estĆ”n losĀ teosóficos, las personas que hoy dĆa se llaman asĆ mismasĀ āteósofasā,Ā y a quienes interesa un conocimiento de Dios que procede de la experiencia y quieren someter a examen su conocimiento. Y, por Ćŗltimo, elĀ teĆŗrgico,Ā interesado en los fenómenos; deseos de tener visiones y experimentar fenómenos extraƱos;Ā el tipo de misticismo que se deleita ver esferas de luz o iluminaciones, y a quien le gusta hablar de trances y āsentirā el poder de Dios.
Es interesante echar un vistazo a la historia del misticismo. Casi de forma invariable surge como protesta contra algĆŗn tipo de formalismo y entumecimiento de la iglesia. Ocurre sobre todo en la Iglesia Católica Romana y en menor grado en protestantismo. Lo considero muy significativo de por sĆ; los católicos romanos siempre han producido mĆ”s mĆstico que los protestantes. El mĆsticos que los protestantes. El misticismo es tambiĆ©n una protesta contra el racionalismo y una tendencia a intelectualizar en exceso la fe cristiana. Veremos, pues, que por regla general el misticismo tiende a aparecer en ciertos perĆodos de la historia de la Iglesia. En los primeros siglos de la Iglesia, cuando hubo un gran debate acerca de la doctrina cristiana, y cuando los doctores de la Iglesia dedicaban su tiempo a elaborar argumentos contra la filosofĆa griega a fin de salvaguardar la fe cristiana, el peligro radicaba en que todo el Evangelio podĆa acabar convertido en un sistema intelectual. Y fue en este punto cuando los primeros mĆsticos cristianos hicieron su aparición. āHemos de ser cuidadosos -decĆan con todas estas definiciones, corremos el peligro de perder la vitalidadā. En un sentido, pues, el misticismo comenzó en los primeros siglos en Egipto, como protesta contra el enfoque puramente intelectual de la fe cristiana.
MĆ”s adelante tuvo lugar el gran estallido del misticismo en la Edad Media con Bernardo y otros parecidos, y de nuevo es claro que surgió por la misma causa. Existia el peligro de que la Iglesia católica romana del tiempo estuviera intentando crear una escuela filosófica oficial. Se habĆa vuelto materialista y estaba muerta e inerte, y ciertos hombres, aun en la Iglesia católica romana en aquello oscuros aƱos medievales, empezaron a decirse unos a otros: āEstamos perdiendo la vida; el propósito de la fe cristiana es llevar a los hombres al conocimiento de Dios; aquĆ los eruditos filósofos debaten acerca de la naturaleza exacta delos Ć”ngeles y de cuantos Ć”ngeles pueden sostenerse a la vez en la punta de un alfiler y de todas esas maravillosas abstracciones filosóficas. Esto es, ādecĆanā una negación intrĆnseca de la fe cristianaā. En la Edad Media se produjo, pues, un estallido mĆstico tal como habĆa ocurrido en el siglo I.
TambiĆ©n tenemos pruebas de esto en el protestantismo. Es obvio que con la Reforma ocurrida en el siglo XVI se produjo una gran comprensión de cierto tipo de poder espiritual. Pero como ocurre casi invariablemente despuĆ©s de un avivamiento, fue seguido por un periodo de adormecimiento. Mas tarde se inicia la era de los teólogos, y de nuevo vemos que algunas personas empezaron a sentir que se habĆa perdido la vitalidad; que esa excelente teologĆa, de un modo u otro, se habĆa vuelto mecĆ”nica, y se produjo una reacción hacia el misticismo. Los puritanos empezaron a poner un nuevo acento en el EspĆritu Santo, y una de las manifestaciones fue lo que se ha dado en llamar cuaquerismo.
AquĆ de nuevo encontramos a los mĆsticos, la suya era una protesta contra el intelectualismo de la fe cristiana o contra una declaración meramente mecĆ”nica de cierta enseƱanza. A finales del siglo XVII y a principios del siglo XVIII tenemos, pues, las principales manifestaciones del misticismo dentro del protestantismo entre los cuĆ”queros y otros. Una de las personas mĆ”s destacadas en Gran BretaƱa fue William Law con su libro The Serious Call (El llamamiento Importante). Tuvo una gran influencia en los hermanos Wesley, y fue el hombre que Dios utilizó para llevarlos a la luz y a la verdad.
El misticismo desea, pues, hacer su hincapiĆ© en la realidad del conocimiento de Dios y de la comunión con Ćl. ĀæCómo lo hace? Ya he bosquejado su mĆ©todo general, pero a su vez existen dos principales escuelas mĆsticas entre los mĆsticos. La primera escuela cree en el quietismo, pura pasividad. Dicen que no hay que hacer nada sino estar tranquilo y relajado; esta enseƱanza sigue gozando de popularidad en algunos lugares.Ā āNo debes intentar pensar ādicenā, no debes intentar hacer ningĆŗn esfuerzo; lo que hay que hacer es abandonarse a Dios, y Dios te hablarĆ”, y te harĆ” cosas, y alcanzarĆ”s ese conocimiento de Ćlā:Ā pasividad y quietismo. El gran exponente de este aspecto en particular fue la famosa francesa,Ā Madame Guyon.
Esta es una forma, pero existe otro tipo de mĆstico que es mĆ”s activo. Es muy injusto y muy falso concebir el mĆstico que como una persona vaga y nebulosa. Alguien dijo una vez que si queremos ser justos con el misticismo, no debemos confundirlo con la mĆstica. Hay un tipo de misticismo que es muy activo, y que dice que esa esplĆ©ndida visión y ese conocimiento de Dios sólo se tiene mediante una disciplina muy rĆgida. Debes abandonarte a la introspección, debes examinarte a ti mismo; luego debes proseguir con la meditación, debes pensar en esas cosas y mĆ”s tarde pasar a la fase en que, tras meditar y examinarte a ti mismo, tienes una especie de intuición de Dios. Es lo que se llama āel camino mĆsticoā, que te llama a purgarte a ti mismo del pecado, y luego quizĆ” debas pasar por un perĆodo conocido como āla oscura noche del almaā, en el que tendrĆ”s la sensación de que no conoces a Dios. Pero simplemente mantienes la quietud, prosigues con la introspección, la meditación y tus prĆ”cticas ascĆ©ticas y, si lo haces, alcanzarĆ”s un estado de iluminación, empezarĆ”s a ver la Verdad. EmpezarĆ”s a alcanzar un estado de comprensión, y entonces simplemente contemplarĆ”s, y por fin llegarĆ”s a un estado de unión con Dios cuando, en cierto modo, te habrĆ”s perdido a ti mismo.
Veremos que estos mĆsticos han sido muy activos; su Ćŗnico empeƱo ha sido llegar a conocer a Dios. La mayorĆa de los hombres que abandonaron la vida del mundo y se hicieron monjes y anacoretas y entraron en los monasterios, se dedicaron precisamente a esto. Se vestĆan con camisas de pelo de camello, se mutilaban, por asĆ decirlo, con la creencia de que este era el camino que los llevarĆa finalmente al estado de unión con Dios; y, como resultado de todo ello,Ā afirmaban tener diversas experiencias. OĆmos hablar de Ć©xtasis y visiones gozosas.
ĀæY cuĆ”l es la critica evangĆ©lica a todo esto? PermĆtaseme definirla de este modo. La principal critica del evangĆ©lico puede expresarse de esta forma: afirma ser una prolongación de la inspiración. En un sentido,
el mĆstico afirma que Dios tiene un trato tan directo con Ć©l como con los profetas del Antiguo Testamento; afirma que Dios le trata como trato a los Apóstoles.
Ahora bien, como evangĆ©licos creemos que Dios dio un mensaje a los Profetas y a los Apóstoles; pero decimos que puesto que Dios ya lo ha hecho, no hay necesidad de que lo haga directamente con nosotros. Yo no afirmo que lo que estoy diciendo me haya sido dado por inspiración directa de Dios: estoy aquĆ para exponer las Escrituras. Yo afirmo que el EspĆritu Santo me capacita para ello, pero no afirmo que he recibido un mensaje directo de Dios. No, este es el mensaje, el mensaje que fue dado a Juan y a los demĆ”s Apóstoles; yo he pasado a formar parte de la comunión con los Apóstoles y repito su mensaje.Ā Pero el mĆstico dice que ha recibido un mensaje novedoso y que se encuentra en un estado de inspiración directa.
Mi segunda crĆtica serĆa que el misticismo forzosamente deja de lado a las Escrituras y las hace casi innecesarias. Siempre veremos que las personas con una tendencia mĆstica no hablan mucho de la Biblia. No la leen mucho; ciertamente creo que esto es aplicable a la mayorĆa de las personas mĆsticas.Ā Dicen: āNo, yo no sigo un plan de lectura de la Biblia; por regla general me basta con un versĆculo. Leo un versĆculo y me pongo a meditarā. Eso es tĆpico del mĆstico. No necesita esa revelación objetiva; quiere algo con lo que empezar su meditación y luego la recibirĆ” como venida directamente de Dios; devalua las Escrituras. Ciertamente, no dudo en ir mĆ”s lejos aĆŗn y decir que el misticismo, en conjunto, llega a hacer innecesario a Nuestro SeƱor mismo. Esta es una afirmación muy seria, pero puedo justificarla. Hay personas mĆsticas que afirman que sus almas tienen acceso directo a Dios.Ā Dicen que, tal como son, solo tienen que relajarse, dejarse llevar y permitir que Dios les hable y Ćl lo harĆ”; no mencionan al SeƱor Jesucristo Y no solo eso, creo que se puede expresar en estos tĆ©rminos: el peligro del misticismo es concentrarse tanto en la obra del SeƱorĀ enĀ nosotros que se olvida de la obra del SeƱorĀ porĀ nosotros. En otras palabras, se preocupa tanto por la obra inmediata en el alma que olvida por completo la obra preliminar que tuvo que llevarse a cabo para que se pudiera obrar en el alma. Tiende a olvidar la Cruz y la necesidad absoluta de la muerte expiatoria de Cristo antes de que la comunión con Dios sea posible.
O, ciertamente, podemos ir mĆ”s lejos aĆŗn y decirlo de otro modo.Ā El misticismo nunca es demasiado severo con respecto a la doctrina del pecado. El mĆstico tiende a decir: āMira, no hay nada de que preocuparse. Si quieres conocer a Dios tal como eres, hay que empezar teniendo comunión con Ćl, que te hablarĆ” y te darĆ” todas las bendicionesā. Nunca mencionan la doctrina del pecado, en el sentido de que la culpa del pecado es una cosa tan terrible que nada salvo la venida del Hijo de Dios al mundo y el hecho de que acarreara nuestros pecados en su propio cuerpo en la Cruz, habrĆa permitido jamĆ”s que Dios hablase al alma.
Otra seria crĆtica al misticismo es que nos deja siempre sin un patrón por el que regirnos. Imaginemos que es el camino mĆstico.Ā Empiezo a tener experiencias; pienso que Dios me estĆ” hablando; Āæcómo sĆ© que es Dios el que me habla? ĀæCómo puedo saber que no estoy hablando al hombre; cómo puedo estar seguro de no ser una vĆctima de alucinaciones, tal como le ha ha sucedido a muchos mĆsticos?Ā Si creo en el misticismo como tal, sin la Biblia, Āæcómo puedo comprobar mis experiencias? ĀæCómo pruebo las Escrituras? ĀæCómo descartar la posibilidad de estar siendo engaƱado por SatanĆ”s en forma de Ć”ngel de luz para apartarme del Dios vivo y verdadero? Carezco de un patrón.
En otras palabras, mi Ćŗltima crĆtica es queĀ el misticismo siempre tiende al fanatismo y al exceso. Si anteponemos los sentimientos al entendimiento, acabaremos asĆ irremisiblemente, dado que no tenemos nada con quĆ© comprobar nuestras experiencias, y no tendremos ninguna razón para controlar nuestras sensaciones y nuestras propensiones.
āMuy bien ādice que alguienā si esta es su crĆtica al misticismo, ĀæcuĆ”l es el camino evangĆ©lico para llegar a ese conocimiento y comunión con Dios?ā. Es bastante simple y es este: siempre empieza por las Escrituras; las Escrituras son la Ćŗnica autoridad y criterio definitivo en lo concerniente a estos asuntos, con respecto al conocimiento de Dios. La doctrina evangĆ©lica dice que no mire dentro de mĆ, sino que mire a la Palabra de Dios; que no me examine a mĆ mismo, sino que examine la Revelación que me ha sido dada. Me dice que Dios sólo puede ser conocido a su propia manera, la manera revelada en las Escrituras mismas.
He de empezar por la obra que Cristo hizo por mĆ. No hay un verdadero conocimiento de Dios sin Cristo. āNadie viene al Padre, sino por mĆā, dice Nuestro SeƱor (Juan 14: 6). He de ir a travĆ©s de Cristo, y de ir por medio de la Cruz. La enseƱanza de Cristo no puede llevarme a Dios porque existe la culpa de mi pecado.Ā Es la obra de Cristo por mĆ antes de la obra de Cristo en mĆ; aquello que objetivamente ha hecho en esa transacción, es anterior a su obra en mi alma.
Empiezo, pues por eso, y luego tras afrontar la culpa de mi pecado, creo que Ćl me da vida. Es un don de Dios; no puedo decir que soy capaz de alcanzarlo siguiendo el camino mĆstico; la vida eterna es un don de Dios, y es de comprender que sólo viene a mĆ a condición de haber visto mi pecado y creer en el SeƱor Jesucristo y que por tanto debo confiar en Ćl para la reconciliación. Y dado que la vida eterna es un don de Dios, no he de buscarla directamente; vendrĆ” como resultado de seguir a Dios. Nuestro SeƱor lo expresó claramente de una vez por todas en el Sermón del Monte. No dijo: āBienaventurados los hambrientos y sedientos de experiencias espirituales, bienaventurados los hambrientos y sedientos de gozo y felicidad ā, Ā”de ningĆŗn modo! Los bienaventurados, aquellos que experimentan una bendición ātienen hambre y sed de justicia: Porque ellos serĆ”n saciadosā (Mateo 5:6).
No hemos de buscar directamente esta cosa tan grandiosa; tu y yo hemos de buscar la justicia, y si lo hacemos, Dios nos darĆ” la bendición. Esta maravillosa experiencia de comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo es lo que da a todos los que verdaderamente le buscan de la forma que El nos ha enseƱado. Es el tema principal de esta primera EpĆstola de Juan; el modo de obtener esta comunión, esta maravillosa experiencia, es leer su Palabra, no tomar un versĆculo y luego introducirlo en nuestra meditación mĆstica.Ā No, es la revelación objetiva, los hechos de la Encarnación, la vida, los milagros, la muerte, la Resurrección, los hechos de la salvación. āEstas cosas ādice Juanā que hemos visto y testificado; estas pruebas que hemos tocado y sentido y palpadoā.
La forma evangĆ©lica de comunión con Dios es, pues, acudir directamente a la Palabra, conocer su verdad, creerla y aceptarla: orar sobre esta base y esforzarse por entero en un intento y empeƱo por vivirla y practicarla. āBienaventurados los que tienen hambre y sed deĀ justicia: porque ellos serĆ”n saciadosā; saciados de la plenitud de Dios, con el conocimiento de Dios y bendiciones que sólo Dios puede dar.
El misticismo es un intento de llegar por un atajo a esas grandes experiencias; el camino de las Escrituras es el otro camino: sencillo, indirecto pero seguro, y libre de todos los efectos del fanatismo y de los excesos, y que lleva a una vida cristiana equilibrada, fiel a Dios y a su Palabra, en lĆnea con los Apóstoles y en lĆnea con la poderosa tradición evangĆ©lica de siglos.
Que el SeƱor abra nuestros ojos a los peligros de esos desvĆos y a todos los excesos y al fanatismo que en Ćŗltima instancia desvirtĆŗan al SeƱor y su gran salvación, y que nos mantenga siempre en esa sincera fidelidad a Jesucristo.

MARTYN LLOYD JONES
Dr. David Martyn Lloyd-Jones nació el 20 December 1899 en Gales y fue ministro en Westminster Chapel de Londres. TambiĆ©n fue un reconocido doctor en medicina que llegó a trabajar en la familia real de inglaterra. Ćl tuvo una tremenda influencia en el ala reformada de la iglesia evangĆ©lica del siglo 20 con un gran Ć©nfasis en el evangelio. Lloyd-Jones describió el don de predicar como Ā«lógica ardiente.Ā» Su entrenamiento en medicina preparó o le dió un corte lógico a sus sermones. Toda su lógica estaba basada en su formacón como mĆ©dico, por esta razón encontraba tremendamente atrantivo el evangelio y las escrituras. DespuĆ©s de una vida llena de trabajo, murió tranquilamente mientras dormĆa en Ealing Londres el 1 Marzo de 1981.
Este articulo fue tomado de: http://www.lumbrera.me/2017/09/26/el-misticismo-martynlloyd-jones/