La Verdad Acerca Del Pecador | Martyn Lloyd Jones

La Verdad Acerca Del Pecador
Por: Martyn Lloyd Jones

Escritura: Romanos 5:7-8

ā€œCiertamente, apenas morirĆ” alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aĆŗn pecadores Cristo murió por nosotros.Ā» – Romanos 5:7-8

Ā«AsĆ­ es como el Apóstol demuestra su caso. Ɖl apunta hacia arriba, primero que todo, desde el hombre justo hasta el bueno. Y entonces, cuando termina apunta hacia abajo. ĀæDónde estamos nosotros? Ciertamente no entre los ā€˜buenos’. ĀæY entre los justos? Ni siquiera entre los justos. Pues bien, ĀæquĆ© somos entonces? Ā”Pecadores! No hay, en lo absoluto, nada digno de ser amado en nosotros. Dios muestra Su amor y prueba Su amor para con nosotros en que Cristo murió por nosotros no porque fuĆ©semos dignos de ser amados, deseables y buenos. Entonces, no obstante no hayamos sido dignos de ser amados, y deseables, Āæhemos sido correctos bajo algĆŗn estĆ”ndar? Āæhemos permanecido en la ley? Ā”De ninguna manera! No hemos sido justos. La verdad acerca de nosotros es que Ć©ramos pecadores y un pecador es exactamente lo opuesto a un hombre bueno y justo. Un pecador es un transgresor. Un pecador es un hombre que ha perdido su calificación, que se ha quedado corto. No hay absolutamente nada de justicia en Ć©l. El mismo tĆ©rmino sugiere depravación moral, no excelencia moral sino fracaso moral. No solamente no hemos guardado la Ley, sino que somos culpables de transgredir la Ley, de quebrantarla. Eso es lo que un pecador realmente es. Estos son los tĆ©rminos usados en la Biblia para describirlo. En otras palabras, el pecador no es tan sólo un hombre culpable de depravación moral y transgresiones, de acciones erradas e iniquidades, y debido a esto, culpable a los ojos de Dios; el pecador es reprehensible delante de la Ley y es merecedor del desagrado divino y de la ira de Dios.

Ā«Esa es la verdad acerca del pecador. Es alguien que ha burlado deliberadamente la Ley de Dios, es alguien que no estĆ” interesado en Dios, que no le agrada Dios, es alguien que odia a Dios. Y debido a eso, dicho pecador opone su voluntad a la voluntad de Dios. Ɖl dice, ā€˜Āæcon que he aquĆ­ dijo Dios, no? Muy bien, pues yo harĆ© todo lo contrario. ĀæEste es un mandamiento? Pues yo lo quebrantarĆ©. Ɖl me dice que no desee algo, pero yo lo deseo y voy a obtenerlo.’ El pecador, por lo tanto, ha ofendido deliberadamente a Dios, se ha rebelado en contra de Ć©l, lo ha atacado, ha burlado Su Ley, ha desechado su voz, ha seguido su propio camino segĆŗn su propia voluntad, y se ha hecho culpable ante los ojos de Dios.

«Ése es el tipo de persona por la cual Cristo murió. ā€˜No a los justos- sino a pecadores vino JesĆŗs a llamar’. No a hombres buenos y dignos de ser amados, Ā”sino a los viles y aborrecibles!Ā»

«…Sólo cuando dimensionamos esto somos capaces de seguir el argumento del Apóstol. Y el argumento es este. Dios demuestra Su amor para con nosotros en que, mientras Ć©ramos asĆ­, cuando merecĆ­amos la ira de Dios en Su justicia, y merecĆ­amos su castigo y perdición y el destierro de Su mirada, Dios realmente envió a Su Hijo a morir por nosotros. Si eso no prueba el amor de Dios hacia nosotros, nada podrĆ” ni nada lo harĆ”. Las personas que mĆ”s han apreciado el amor Dios han sido las que mĆ”s se han dado cuenta de su propia pecaminosidad.Ā»

Martyn Lloyd Jones (Romanos, Cap.5, pƔg.121-123)

Traducido por JosƩ de La Fuente


MARTYN LLOYD JONES
Dr. David Martyn Lloyd-Jones nació el 20 December 1899 en Gales y fue ministro en Westminster Chapel de Londres. TambiĆ©n fue un reconocido doctor en medicina que llegó a trabajar en la familia real de inglaterra. Ɖl tuvo una tremenda influencia en el ala reformada de la iglesia evangĆ©lica del siglo 20 con un gran Ć©nfasis en el evangelio. Lloyd-Jones describió el don de predicar como Ā«lógica ardiente.Ā» Su entrenamiento en medicina preparó o le dió un corte lógico a sus sermones. Toda su lógica estaba basada en su formacón como mĆ©dico, por esta razón encontraba tremendamente atrantivo el evangelio y las escrituras. DespuĆ©s de una vida llena de trabajo, murió tranquilamente mientras dormĆ­a en Ealing Londres el 1 Marzo de 1981.

La gravedad del pecado | Martyn Lloyd Jones

Martyn Lloyd Jones (1899 – 1981). Nació el 20 de diciembre de 1899 en Cardiff (Gales, Reino Unido). La mayor parte de su vida la pasó en Inglaterra. En Londres estudió la carrera de medicina, consiguiendo un brillante doctorado (1921).

Jugó un papel importante en la creación de la Fraternidad Internacional de Estudiantes Evangélicos (IFES). Contribuyó también en la creación de la Biblioteca Evangélica de Londres, donde se reúne la mejor colección de literatura puritana del mundo; el Seminario Teológico de Londres, y el Estandarte de la Verdad, editorial dedicada por completo a rescatar la literatura puritana y reformada.

Aunque nunca tuvo una formación teológica de academia o seminario, ha sido uno de los grandes pensadores y teólogos del siglo XX. Fue un gran lector de literatura reformada, puritana y moderna, con especial interĆ©s por la historia y la biografĆ­a. Agudo y penetrante como un bisturĆ­ contribuyó al renacimiento del calvinismo evangĆ©lico en todo el mundo. ā€œNo sólo conocĆ­a a los puritanos mejor que nadie, asĆ­ como los clĆ”sicos del avivamiento del siglo XVIII, sino que ademĆ”s estaba muy documentado en la historia secular, la poesĆ­a, la polĆ­tica y la filosofĆ­aā€
(C. Catherwood).

Enseñó a los estudiantes cristianos a pensar y hacer uso riguroso de la mente. Les enseño a valorar y amar la doctrina, haciéndola materia poderosa y viva. Profundizó en las interioridades del alma como un maestro de la espiritualidad, su obra sobre la depresión espiritual ha pasado a la lista de los clÔsicos.

En 1968 dejó su ministerio de predicación, debido a una grave enfermedad. Desde entonces comenzó un ministerio literario consistente en la edición de sus sermones expositivos. Siempre buscó restaurar la verdadera naturaleza de la predicación cristiana, consistente en exposición de la Escritura, y dependiente de la iluminación del Espíritu. Defensor del calvinismo ortodoxo respecto a la salvación o doctrinas de la gracia, fue a la vez un gran evangelista y entusiasta de los avivamientos, que por todos los medios trató de esclarecer y promocionar.

AUDIO LIBRO REALIZADO POR LA EMISORA CRISTIANA RADIO LUZ A LAS NACIONES http://www.fmradioluz.com

Este librito contiene un capítulo de la obra El Sermón del Monte, del mismo autor. En él se toman en consideración las distintas ideas populares en cuanto al pecado y la moralidad al tiempo que se prueba de forma clara y directa cuÔl es el concepto bíblico de estas cuestiones.

Tomando como base de su estudio Mateo 5:27-30, el autor demuestra que el pecado no consiste meramente en una serie de actos externos ni tiene nada que ver con procesos evolutivos de la raza humana. Nos advierte del peligro de confundir los pecados con el pecado (los efectos con la causa) y nos hace ver que una mera moralidad externa no es la respuesta.

En definitiva, un mensaje vital para todo aquel que tome en serio su estado espiritual.

La Verdad Acerca Del Pecador

ā€œCiertamente, apenas morirĆ” alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aĆŗn pecadores Cristo murió por nosotros.Ā» – Romanos 5:7-8

Ā«AsĆ­ es como el Apóstol demuestra su caso. Ɖl apunta hacia arriba, primero que todo, desde el hombre justo hasta el bueno. Y entonces, cuando termina apunta hacia abajo. ĀæDónde estamos nosotros? Ciertamente no entre los ā€˜buenos’. ĀæY entre los justos? Ni siquiera entre los justos. Pues bien, ĀæquĆ© somos entonces? Ā”Pecadores! No hay, en lo absoluto, nada digno de ser amado en nosotros. Dios muestra Su amor y prueba Su amor para con nosotros en que Cristo murió por nosotros no porque fuĆ©semos dignos de ser amados, deseables y buenos. Entonces, no obstante no hayamos sido dignos de ser amados, y deseables, Āæhemos sido correctos bajo algĆŗn estĆ”ndar? Āæhemos permanecido en la ley? Ā”De ninguna manera! No hemos sido justos. La verdad acerca de nosotros es que Ć©ramos pecadores y un pecador es exactamente lo opuesto a un hombre bueno y justo. Un pecador es un transgresor. Un pecador es un hombre que ha perdido su calificación, que se ha quedado corto. No hay absolutamente nada de justicia en Ć©l. El mismo tĆ©rmino sugiere depravación moral, no excelencia moral sino fracaso moral. No solamente no hemos guardado la Ley, sino que somos culpables de transgredir la Ley, de quebrantarla. Eso es lo que un pecador realmente es. Estos son los tĆ©rminos usados en la Biblia para describirlo. En otras palabras, el pecador no es tan sólo un hombre culpable de depravación moral y transgresiones, de acciones erradas e iniquidades, y debido a esto, culpable a los ojos de Dios; el pecador es reprehensible delante de la Ley y es merecedor del desagrado divino y de la ira de Dios. 

Ā«Esa es la verdad acerca del pecador. Es alguien que ha burlado deliberadamente la Ley de Dios, es alguien que no estĆ” interesado en Dios, que no le agrada Dios, es alguien que odia a Dios. Y debido a eso, dicho pecador opone su voluntad a la voluntad de Dios. Ɖl dice, ā€˜Āæcon que he aquĆ­ dijo Dios, no? Muy bien, pues yo harĆ© todo lo contrario. ĀæEste es un mandamiento? Pues yo lo quebrantarĆ©. Ɖl me dice que no desee algo, pero yo lo deseo y voy a obtenerlo.’ El pecador, por lo tanto, ha ofendido deliberadamente a Dios, se ha rebelado en contra de Ć©l, lo ha atacado, ha burlado Su Ley, ha desechado su voz, ha seguido su propio camino segĆŗn su propia voluntad, y se ha hecho culpable ante los ojos de Dios.

«Ése es el tipo de persona por la cual Cristo murió. ā€˜No a los justos- sino a pecadores vino JesĆŗs a llamar’. No a hombres buenos y dignos de ser amados, Ā”sino a los viles y aborrecibles!Ā»

«…Sólo cuando dimensionamos esto somos capaces de seguir el argumento del Apóstol. Y el argumento es este. Dios demuestra Su amor para con nosotros en que, mientras Ć©ramos asĆ­, cuando merecĆ­amos la ira de Dios en Su justicia, y merecĆ­amos su castigo y perdición y el destierro de Su mirada, Dios realmente envió a Su Hijo a morir por nosotros. Si eso no prueba el amor de Dios hacia nosotros, nada podrĆ” ni nada lo harĆ”. Las personas que mĆ”s han apreciado el amor Dios han sido las que mĆ”s se han dado cuenta de su propia pecaminosidad.Ā»

Martyn Lloyd Jones (Romanos, Cap.5, pƔg.121-123)

Traducido por JosƩ de La Fuente

AUTOR DEL ARTƍCULO

MARTYN LLOYD JONES

Dr. David Martyn Lloyd-Jones nació el 20 December 1899 en Gales y fue ministro en Westminster Chapel de Londres. TambiĆ©n fue un reconocido doctor en medicina que llegó a trabajar en la familia real de inglaterra. Ɖl tuvo una tremenda influencia en el ala reformada de la iglesia evangĆ©lica del siglo 20 con un gran Ć©nfasis en el evangelio. Lloyd-Jones describió el don de predicar como Ā«lógica ardiente.Ā» Su entrenamiento en medicina preparó o le dió un corte lógico a sus sermones. Toda su lógica estaba basada en su formacón como mĆ©dico, por esta razón encontraba tremendamente atrantivo el evangelio y las escrituras. DespuĆ©s de una vida llena de trabajo, murió tranquilamente mientras dormĆ­a en Ealing Londres el 1 Marzo de 1981.

«¿Por quĆ© voy a inquietarme? ĀæPor quĆ© me voy a angustiar?Ā» (Sal. 42:5).

El Salmo 42 es un salmo de un hombre piadoso que estÔ atravesando pantanos y oscuridad. Y, aunque no encontramos la palabra depre- sión en la Escritura, podemos deducir fÔcilmente que el salmista estaba atravesando por ella.
Tal vez tĆŗ te identificas con este salmo. Crees en el SeƱor, sa- bes que Ɖl es suficiente para tu salvación, pero has pasado o estĆ”s pasando por un momento oscuro en tu vida. Tal vez sea por inse- guridad del futuro o tal vez sea por una crisis financiera. Una de las razones por las cuales este salmo es tan conocido, es porque el salmista es muy honesto en cuanto a su vulnerabilidad. Si le pre- guntas al salmista quĆ© le sucede, Ć©l te lo dirĆ” en este salmo. ĀæCuĆ”les son los sĆ­ntomas del salmista? SequĆ­a (vv. 1-2), falta de apetito (vv. 3), confusión (vv. 5, 6, 11), nostalgia (v. 4), abandono (vv. 3, 9, 10) y opresión (vv. 3, 9-10).
Al analizar lo que le sucede al salmista, es seguro deducir que lo que estĆ” experimentando es una fuerte y dura depresión espiri- tual—no come, estĆ” confundido, se siente abandonado, oprimido, nostĆ”lgico. En palabras propias del salmista, se siente como un ciervo que brama por agua en la sequĆ­a (v. 1).
Aquí vemos a un hombre piadoso cuyo estado de Ônimo es de- presivo, pero no lo vemos derrotado, sino luchando consigo mismo para poder apreciar la mano de Dios en su vida y para poder ver esperanza en medio de sus circunstancias. Si tú te encuentras en este día en una etapa oscura de la vida, estÔs en buena compañía, y el hecho de que estÔs leyendo este devocional me indica que estÔs luchando por ver esperanza en medio de tu oscuridad.
El Dr. Martyn Lloyd-Jones solía decir que la mayoría de nuestras depresiones son causadas debido a que pasamos mucho tiempo escuchÔndonos a nosotros mismos, en vez de hablarnos a noso- tros mismos. ¿Te habías puesto a pensar en eso? Escucharse a uno mismo es dejar pasivamente que nuestra mente vaya a la deriva y comience a caer cada vez mÔs profundo en el hoyo. Hablarse a uno mismo requiere diligencia activa; requiere hablarle a nuestra alma con las verdades que sabemos sobre Dios. En otras palabras, requiere predicarse a uno mismo. Eso es precisamente lo que el salmista hace en los versículos 5 y 11: «¿Por qué voy a inquietarme?

ĀæPor quĆ© me voy a angustiar?Ā». Ɖl se habla a sĆ­ mismo, se confronta y cuestiona. «¿Por quĆ© me voy a angustiar?Ā». Ā”Conoces a Dios! Ā”Es- pera en Ɖl! Ӄl es tu roca, Ɖl es tu salvación! ĀæPor quĆ© te angustias?
Así que, este salmo estÔ en la Biblia porque Dios lo diseñó así, y si escuchamos con cuidado y vemos cómo lucha este salmista, y si meditamos en esta instrucción día y noche, si meditamos en nuestras emociones por un lado y en lo que sabemos del otro, nuestro carÔcter serÔ mÔs piadoso, y seremos como un Ôrbol que da fruto y su hoja no cae cuando es abofeteado por los vientos del desÔnimo y la opresión.

Nada me faltarĆ”: 30 meditaciones sobre Salmos de esperanza

2020 por B&H EspaƱol

La blasfemia contra el EspĆ­ritu Santo

Palabra de Vida AlmerĆ­a

Martyn Lloyd-Jones: La blasfemia contra el EspĆ­ritu Santo

Will Graham

¿CuÔl es esta blasfemia o pecado contra el Espíritu Santo? Los cristianos suelen estar preocupados por esta cuestión y se sienten culpables por ello. La respuesta es esta: si esto nos preocupa, podemos estar completamente seguros de que no somos culpables de ello.

Podemos ver este pecado en Hebreos 6:4-6; 10:26 y en 1 Juan 5:16 donde el apóstol dice, «Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida».

Estos pasajes significan que un hombre (o una mujer) puede rechazar a Cristo y su gloria deliberadamente, quizÔ hasta atribuyendo al diablo los poderes de Cristo, tal cual como hicieron los fariseos cuando dijeron, «Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios» (Mateo 12:24).

Asƭ pues, las personas que son culpables de pecar contra el Espƭritu Santo no solo no creen en Cristo, no quieren creer en Ɖl, lo ridiculizan, se mofan de Ɖl, le dan la espalda y le desprecian.

Si nos preocupa haber pecado contra el Espíritu Santo y queremos estar reconciliados con Dios y con Cristo y sentimos que hemos pecado rompiendo así la relación, si gemimos por estar fuera de la relación en lugar de dentro de ella, entonces no solamente no somos culpables de haber pecado contra el Espíritu Santo, sino que estamos lo mÔs lejos de ello que una persona pueda estar.

Estas otras personas estƔn contentas, se regocijan en ello; se glorƭan en ello, estƔn orgullosas de sƭ mismas y de su rechazo.

Somos exactamente lo opuesto. Nos provoca angustia y nos preocupa y darĆ­amos cualquier cosa por conocerle y estar reconciliados con Ɖl.

No escuchemos la mentira del diablo que estĆ” intentando deprimirnos y robarnos nuestro gozo. PlantĆ©mosle cara y digamos: Mi mĆ”ximo deseo es conocerle, y estar reconciliado con Ɖl es la prueba de que no he cometido una blasfemia contra el EspĆ­ritu Santo.

Y si lo hacemos, puedo asegurar que encontraremos la liberación definitiva. Encontraremos la paz, y el gozo del Señor y de la salvación se nos restaurarÔ. Y luego nos podremos dirigir a Dios, dÔndole las gracias por la misericordiosa obra del Espíritu Santo

Pastor Will Graham

Casado con Ɓgota y padre de dos hijas, Will Graham (1985) sirve como pastor evangĆ©lico, profesor y blogger en la cuidad espaƱola de AlmerĆ­a (ubicada en el extremo sureste de la penĆ­nsula).

Escribe semanalmente en sus blogs en Protestante Digital y Evangelical Focus y colabora con Unión BĆ­blica, Coalición por el Evangelio y Pasión por el Evangelio.

”Bienvenidos a su pÔgina oficial!

https://pastorwillgraham.com/

Soli Deo gloria.

Nada Es Imposible Para Dios – 1/2

HeartCry Missionaty Society
1/2 – Nada Es Imposible Para Dios

Por: Martyn Lloyd Jones, Thomas Watson

Tópico: El Poder de Dios

Martyn Lloyd-Jones escribe, ā€œā€˜ĀæCómo serĆ” esto?’ pregunta MarĆ­a, cuando es informada de la promesa por el Ć”ngel. ā€˜La cosa es imposible,’ dice ella. Esta es la respuesta, ā€˜Con Dios nada es imposible;’ como si el Ć”ngel se volteara hacia ella y dijera, ā€˜Ā”Ah! MarĆ­a, todavĆ­a estĆ”s pensando en los tĆ©rminos antiguos y en la manera humana antigua. Lo que te estoy anunciando es muy diferente. Dios va a actuar ahora. Humanamente hablando tĆŗ estĆ”s en lo correcto, pero esto no va a ser humano, esto serĆ” divino. Dios va a interrumpir en el mundo. El EspĆ­ritu Santo vendrĆ” sobre ti y el poder del AltĆ­simo te cubrirĆ” con Su sombra.’ Ā”No, no! la historia de salvación no es la historia de Dios esperando que nosotros hagamos algo, esperando que nos arrepintamos y que volteemos hacia Ɖl y hagamos buenas obras; tampoco es solo la historia de Dios respondiendo a lo que hayamos hecho y premiĆ”ndonos al perdonarnos. Todo eso serĆ­a maravilloso, pero es como nada en comparación con la historia que la Biblia revela. Porque aquĆ­ encontramos no a un Dios pasivo sino a un Dios activo, no un Dios que estĆ” listo a simplemente recibirnos, sino un Dios que realmente sale y busca por nosotros; no un Dios que puede ser persuadido por nuestras vidas y acciones para perdonarnos, sino Ā”un Dios cuyo amor es tan grande que Ɖl no solamente perdona sino que tambiĆ©n nos persuade a ser perdonados; cuya misericordia es tan ilimitada que Ɖl no solo estĆ” listo para reconciliarse con nosotros, sino que en realidad Ɖl mismo trata con nosotros como para que nos reconciliemos con Ɖl! ā€˜Con Dios nada serĆ” imposible.’ Es Dios quien hace todas las cosas.ā€ (Sermones EvangelĆ­sticos, p.195-196).

Thomas Watson escribe,ā€Cristo nació de una virgen, una cosa no solo extraƱa en la naturaleza, sino imposible, aprende, que no hay imposibles para Dios. Dios puede hacer que pasen cosas que no producen en la esfera natural; como el hierro pueda nadar, que pueda brotar agua de la roca, y que el fuego pueda lamer el agua de las zanjas (I Reyes 18:38). Es natural que el agua apague el fuego, pero que el fuego consuma el agua es imposible en el curso de la naturaleza; pero Dios puede hacer todas estas cosas. ā€˜No hay nada difĆ­cil para Ɖl’ (JeremĆ­as 32:27). ā€˜Si esto es maravillo a tus ojos, ĀætambiĆ©n es maravilloso a mis ojos? dice el SeƱor’ (ZacarĆ­as 8:6). ĀæCómo Dios serĆ­a unido a nuestra carne? Esto es imposible para nosotros, pero no para Dios; Ɖl puede hacer lo que trasciende a la razón, y excede la fe. Ɖl no serĆ­a nuestro Dios si Ɖl no podrĆ­a hacer mĆ”s de lo que nosotros podemos pensar – Efesios 3:20ā€ (Un cuerpo de Divinidad, p. 198).

MARTYN LLOYD JONES

Dr. David Martyn Lloyd-Jones nació el 20 December 1899 en Gales y fue ministro en Westminster Chapel de Londres. TambiĆ©n fue un reconocido doctor en medicina que llegó a trabajar en la familia real de inglaterra. Ɖl tuvo una tremenda influencia en el ala reformada de la iglesia evangĆ©lica del siglo 20 con un gran Ć©nfasis en el evangelio. Lloyd-Jones describió el don de predicar como Ā«lógica ardiente.Ā» Su entrenamiento en medicina preparó o le dió un corte lógico a sus sermones. Toda su lógica estaba basada en su formacón como mĆ©dico, por esta razón encontraba tremendamente atrantivo el evangelio y las escrituras. DespuĆ©s de una vida llena de trabajo, murió tranquilamente mientras dormĆ­a en Ealing Londres el 1 Marzo de 1981.

El Misticismo

Alimentemos El Alma

El Misticismo

Martyn Lloyd-Jones

ā€œY nuestra comunión verdadera es con el Padre, y con su Hijo Jesucristoā€ 1 Juan 1: 3

Hemos visto juntos que este es en realidad el gran ofrecimiento del Evangelio de Nuestro SeƱor Jesucristo. Es lo mĆ”s importante que nos ofrece, lo que nos permitirĆ” vivir en un mundo que, como hemos visto repetidamente en las Escrituras, se opone fundamentalmente a Dios y, por tanto, a todo lo que le pertenece. ā€œSi el mundo es aborrece, sabed que a mĆ­ me ha aborrecido antes que a vosotrosā€, dice Nuestro SeƱor en Juan 15:18, y como cristianos nunca deberĆ­amos perder esto de vista:Ā El mundo en su perspectiva y mentalidad se opone a Dios, y mientras no se convierta, mientras no reciba una nueva vida, asĆ­ seguirĆ” siendo.

El problema, pues, al que nos enfrentamos es:Ā Āæcómo debemos vivir esa vida cristiana y divina en un mundo que demuestra semejante oposición en todos sentidos?Ā Y la respuesta de esta epĆ­stola, y la de todo el Nuevo Testamento, es que solo hay un modo de hacerlo, y es tener esa comunión con Dios; y eso, segĆŗn Juan, es la cosa mĆ”s asombrosa que Nuestro SeƱor vino a hacer; y no solo nos la reveló, sino que la posibilitó para nosotros. Este es el gran distintivo. No se trata solamente de una enseƱanza, es mĆ”s que una enseƱanza: es lo que Ɖl hace por nosotros.

Ahora bien, hemos estado examinando esta gran afirmación desde ciertos Ôngulos; hemos considerado ciertos requisitos previos para que fuera posible la obra de Cristo y posteriormente hemos intentado considerarla directamente para recordase qué significa exactamente. Pero durante todo este tiempo no he dejado de hacer advertencias. No hay ninguna cuestión, y creo que todos estaremos de acuerdo, que haya sido fuente de tantos malentendidos como precisamente esta. Toda esta idea es tan elevada y maravillosa que, tan pronto comprendemos que es factible siquiera, debe interesarnos de inmediato tenerla y experimentarla; y en cierto sentido, la historia de la Iglesia puede describirse como la historia de los diferentes caminos por los que los hombres y las mujeres han intentado llegar a esta comunión con Dios. Algunas de las mÔs grandes adoraciones de la experiencia cristiana han sido el resultado de este particular interés y empeño, de manera que es una cuestión que debe abordarse con cuidado. AdemÔs de haber cambios verdaderos para buscar esa comunión con Dios, también existen caminos falsos.

Ahora bien, es imposible tratar los todos, asĆ­ que considero que lo mĆ”s conveniente es mostrar las dos principales formas en que los hombres han buscado la comunión con Dios: la forma evangĆ©lica y la forma mĆ­stica. Ɖsa es una clasificación muy general. Hay muchos ejemplos en las biografĆ­as de los hombres y de las mujeres cristianos que parece combinar las dos formas, y que se solapan mutuamente. Hay muchas subdivisiones en la forma mĆ­stica, y evidentemente no es razonable esperar tratarla todas en un solo sermón; harĆ­a falta todo una serie de sermones. Existe un gran nĆŗmero de volĆŗmenes escrito sobre ellas; bien podrĆ­amos decir que hay bibliotecas enteras acerca de toda la cuestión del misticismo. Es un asunto de lo mĆ”s fascinante y absorbente y, sin duda, apasionante. Evidentemente, pues, sólo puedo tratar lo que describirĆ­a como la esencia de la posición evangĆ©lica y la esencia de la tesis mĆ­stica. (Si se me permite de paso, recomendarĆ© un libro que, a mi entender, es uno de los mĆ”s valiosos e instructivos al respecto, se trata de una serie de conferencias impartidas en mi 1928 y publicado el pago el tĆ­tulo de The Vision of God, [La Visión de Dios], por Kenneth E. Kirk)

AquĆ­ tenemos, pues, una cuestión que debe llamarnos la atención, pues lo mĆ­stico y luego lo evangĆ©lico son en ciertos aspectos muy similares, y quizĆ” sea de ahĆ­ de donde surge el peligro. El mĆ­stico y el evangĆ©lico estĆ”n de acuerdo en que Dios trata directamente con nuestros espĆ­ritus y nos proporciona un conocimiento de sĆ­ mismo. Ambos coinciden en que la comunión no es algo formal y que la verdadera posición cristiana no es meramente externa y mecĆ”nica. El mĆ­stico y el evangĆ©lico estĆ”n de acuerdo en que nuestro objetivo y empeƱo deberĆ­a ser la comunión con Dios; ninguno de los dos se da por satisfecho meramente con desempeƱar ciertas funciones, o adecuarse a ciertas normas morales. No se trata de eso, dice; el mundo lo puede hacer, y tambiĆ©n otras religiones. No —dicen—, lo especial de la religión cristiana es que ofrece comunión al hombre, una intimidad, un conocimiento de Dios, y a ambos les interesa obtenerla.

Pero, tal como intento demostrar, divergen en la forma en que buscan alcanzarla. Vuelvo a recordarte que hubo ciertos casos en que uno debe reconocer que la persona implicada era evangélica y mística al mismo tiempo. Hay casos en los que las personas eran suficientemente evangélicas para darse cuenta de los peligros de su propio misticismo, y eso lo hace bastante difícil desde el punto de vista de la clasificación. Permítaseme dar un ejemplo. Consideremos a Bernardo de Claraval: claramente era místico, pero hemos de reconocer que era evangélico, y hay otros ejemplos. Charles Wesley tenía una importante dimensión mística, aunque era fundamentalmente evangélico, y lo mismo podemos decir de su hermano John. Existen casos que parecen difíciles de clasificar; vayamos, por tanto, a los grandes principios.

ĀæEn quĆ© consiste esa idea de la bĆŗsqueda de la comunión con Dios por el llamado camino mĆ­stico? Como hemos dicho, el misticismo tiene muchas subdivisiones. Puede ser no cristiano por entero; muchos de los filósofos paganos griegos eran mĆ­sticos en el pleno sentido de la palabra; Hay mĆ­sticos paganos, como tambiĆ©n religiosos, asĆ­ como, en un sentido, mĆ­sticos cristianos. Hay cosas comunes a todos ellos; creen por regla general que un hombre puede tener un tipo de intuición inmediata del infinito y de lo eterno. Una definición del tĆ©rmino es: ā€œEl misticismo es la creencia de que Dios puede ser conocido cara a cara sin intermediario; la conciencia y el conocimiento directos de Dios ā€œ. O, quizĆ”, mejor aĆŗn: ā€œEl misticismo es la teorĆ­a que dice que la pureza y la bendición derivadas de la comunión con Dios no se obtienen de la Escrituras ni del empleo de los medios de gracia normales, sino por medio de una influencia sobrenatural e inmediata, y para obtenerla el alma no tiene mĆ”s que plegarse a ella sin pensamiento o esfuerzo ā€œ.

Por regla general, podemos decir que el misticismo hace del sentimiento la fuente del conocimiento de Dios, en detrimento del intelecto, la razón y el entendimiento.

Ɖste es verdaderamente el hecho diferencial del misticismo. El mĆ­stico es una persona que dice que ese conocimiento de Dios no se obtiene como resultado de la comprensión o de cualquier conocimiento externo objetivo; es inmediato, una lĆ­nea directa entre el corazón y el EspĆ­ritu de Dios mismo, Y ocurre principalmente en la esfera de los sentimientos. Dios da conocer la Verdad al mĆ­stico bajo algĆŗn modelo o forma.

Y esto supone una gran dificultad para el enfoque evangƩlico.

El EvangĆ©lico siempre afirma la primacĆ­a de la palabra de Dios, la revelación objetiva; el mĆ­stico tiende a despreciarla y dice: ā€œNo, lo que he de hacer de algĆŗn modo es someterme, y en este estado pasivo, Dios harĆ” alguna cosa en mi espĆ­ritu mediante los sentimientos y las sensibilidades, y llegarĆ© a conocer a Diosā€.

La supremacía y el énfasis estÔn en la sensibilidad y no en la comprensión.

Ahora bien no todos los místicos estÔn interesados en lo mismo. No quiero entrometerme con términos técnicos, pero hay tres tipos principales. Existe lo que podríamos denominar el teopÔtico*, el

mĆ­stico que le interesa el sentimiento y la sensación puros. Luego estĆ”n losĀ teosóficos, las personas que hoy dĆ­a se llaman asĆ­ mismasĀ ā€œteósofasā€,Ā y a quienes interesa un conocimiento de Dios que procede de la experiencia y quieren someter a examen su conocimiento. Y, por Ćŗltimo, elĀ teĆŗrgico,Ā interesado en los fenómenos; deseos de tener visiones y experimentar fenómenos extraƱos;Ā el tipo de misticismo que se deleita ver esferas de luz o iluminaciones, y a quien le gusta hablar de trances y ā€œsentirā€ el poder de Dios.

Es interesante echar un vistazo a la historia del misticismo. Casi de forma invariable surge como protesta contra algĆŗn tipo de formalismo y entumecimiento de la iglesia. Ocurre sobre todo en la Iglesia Católica Romana y en menor grado en protestantismo. Lo considero muy significativo de por sĆ­; los católicos romanos siempre han producido mĆ”s mĆ­stico que los protestantes. El mĆ­sticos que los protestantes. El misticismo es tambiĆ©n una protesta contra el racionalismo y una tendencia a intelectualizar en exceso la fe cristiana. Veremos, pues, que por regla general el misticismo tiende a aparecer en ciertos perĆ­odos de la historia de la Iglesia. En los primeros siglos de la Iglesia, cuando hubo un gran debate acerca de la doctrina cristiana, y cuando los doctores de la Iglesia dedicaban su tiempo a elaborar argumentos contra la filosofĆ­a griega a fin de salvaguardar la fe cristiana, el peligro radicaba en que todo el Evangelio podĆ­a acabar convertido en un sistema intelectual. Y fue en este punto cuando los primeros mĆ­sticos cristianos hicieron su aparición. ā€œHemos de ser cuidadosos -decĆ­an con todas estas definiciones, corremos el peligro de perder la vitalidadā€. En un sentido, pues, el misticismo comenzó en los primeros siglos en Egipto, como protesta contra el enfoque puramente intelectual de la fe cristiana.

MĆ”s adelante tuvo lugar el gran estallido del misticismo en la Edad Media con Bernardo y otros parecidos, y de nuevo es claro que surgió por la misma causa. Existia el peligro de que la Iglesia católica romana del tiempo estuviera intentando crear una escuela filosófica oficial. Se habĆ­a vuelto materialista y estaba muerta e inerte, y ciertos hombres, aun en la Iglesia católica romana en aquello oscuros aƱos medievales, empezaron a decirse unos a otros: ā€œEstamos perdiendo la vida; el propósito de la fe cristiana es llevar a los hombres al conocimiento de Dios; aquĆ­ los eruditos filósofos debaten acerca de la naturaleza exacta delos Ć”ngeles y de cuantos Ć”ngeles pueden sostenerse a la vez en la punta de un alfiler y de todas esas maravillosas abstracciones filosóficas. Esto es, —decĆ­an— una negación intrĆ­nseca de la fe cristianaā€. En la Edad Media se produjo, pues, un estallido mĆ­stico tal como habĆ­a ocurrido en el siglo I.

También tenemos pruebas de esto en el protestantismo. Es obvio que con la Reforma ocurrida en el siglo XVI se produjo una gran comprensión de cierto tipo de poder espiritual. Pero como ocurre casi invariablemente después de un avivamiento, fue seguido por un periodo de adormecimiento. Mas tarde se inicia la era de los teólogos, y de nuevo vemos que algunas personas empezaron a sentir que se había perdido la vitalidad; que esa excelente teología, de un modo u otro, se había vuelto mecÔnica, y se produjo una reacción hacia el misticismo. Los puritanos empezaron a poner un nuevo acento en el Espíritu Santo, y una de las manifestaciones fue lo que se ha dado en llamar cuaquerismo.

Aquí de nuevo encontramos a los místicos, la suya era una protesta contra el intelectualismo de la fe cristiana o contra una declaración meramente mecÔnica de cierta enseñanza. A finales del siglo XVII y a principios del siglo XVIII tenemos, pues, las principales manifestaciones del misticismo dentro del protestantismo entre los cuÔqueros y otros. Una de las personas mÔs destacadas en Gran Bretaña fue William Law con su libro The Serious Call (El llamamiento Importante). Tuvo una gran influencia en los hermanos Wesley, y fue el hombre que Dios utilizó para llevarlos a la luz y a la verdad.

El misticismo desea, pues, hacer su hincapiĆ© en la realidad del conocimiento de Dios y de la comunión con Ɖl. ĀæCómo lo hace? Ya he bosquejado su mĆ©todo general, pero a su vez existen dos principales escuelas mĆ­sticas entre los mĆ­sticos. La primera escuela cree en el quietismo, pura pasividad. Dicen que no hay que hacer nada sino estar tranquilo y relajado; esta enseƱanza sigue gozando de popularidad en algunos lugares.Ā ā€œNo debes intentar pensar —dicen—, no debes intentar hacer ningĆŗn esfuerzo; lo que hay que hacer es abandonarse a Dios, y Dios te hablarĆ”, y te harĆ” cosas, y alcanzarĆ”s ese conocimiento de ƈlā€:Ā pasividad y quietismo. El gran exponente de este aspecto en particular fue la famosa francesa,Ā Madame Guyon.

Esta es una forma, pero existe otro tipo de mĆ­stico que es mĆ”s activo. Es muy injusto y muy falso concebir el mĆ­stico que como una persona vaga y nebulosa. Alguien dijo una vez que si queremos ser justos con el misticismo, no debemos confundirlo con la mĆ­stica. Hay un tipo de misticismo que es muy activo, y que dice que esa esplĆ©ndida visión y ese conocimiento de Dios sólo se tiene mediante una disciplina muy rĆ­gida. Debes abandonarte a la introspección, debes examinarte a ti mismo; luego debes proseguir con la meditación, debes pensar en esas cosas y mĆ”s tarde pasar a la fase en que, tras meditar y examinarte a ti mismo, tienes una especie de intuición de Dios. Es lo que se llama ā€œel camino mĆ­sticoā€, que te llama a purgarte a ti mismo del pecado, y luego quizĆ” debas pasar por un perĆ­odo conocido como ā€œla oscura noche del almaā€, en el que tendrĆ”s la sensación de que no conoces a Dios. Pero simplemente mantienes la quietud, prosigues con la introspección, la meditación y tus prĆ”cticas ascĆ©ticas y, si lo haces, alcanzarĆ”s un estado de iluminación, empezarĆ”s a ver la Verdad. EmpezarĆ”s a alcanzar un estado de comprensión, y entonces simplemente contemplarĆ”s, y por fin llegarĆ”s a un estado de unión con Dios cuando, en cierto modo, te habrĆ”s perdido a ti mismo.

Veremos que estos místicos han sido muy activos; su único empeño ha sido llegar a conocer a Dios. La mayoría de los hombres que abandonaron la vida del mundo y se hicieron monjes y anacoretas y entraron en los monasterios, se dedicaron precisamente a esto. Se vestían con camisas de pelo de camello, se mutilaban, por así decirlo, con la creencia de que este era el camino que los llevaría finalmente al estado de unión con Dios; y, como resultado de todo ello, afirmaban tener diversas experiencias. Oímos hablar de éxtasis y visiones gozosas.

¿Y cuÔl es la critica evangélica a todo esto? Permítaseme definirla de este modo. La principal critica del evangélico puede expresarse de esta forma: afirma ser una prolongación de la inspiración. En un sentido,

el místico afirma que Dios tiene un trato tan directo con él como con los profetas del Antiguo Testamento; afirma que Dios le trata como trato a los Apóstoles.

Ahora bien, como evangélicos creemos que Dios dio un mensaje a los Profetas y a los Apóstoles; pero decimos que puesto que Dios ya lo ha hecho, no hay necesidad de que lo haga directamente con nosotros. Yo no afirmo que lo que estoy diciendo me haya sido dado por inspiración directa de Dios: estoy aquí para exponer las Escrituras. Yo afirmo que el Espíritu Santo me capacita para ello, pero no afirmo que he recibido un mensaje directo de Dios. No, este es el mensaje, el mensaje que fue dado a Juan y a los demÔs Apóstoles; yo he pasado a formar parte de la comunión con los Apóstoles y repito su mensaje. Pero el místico dice que ha recibido un mensaje novedoso y que se encuentra en un estado de inspiración directa.

Mi segunda crĆ­tica serĆ­a que el misticismo forzosamente deja de lado a las Escrituras y las hace casi innecesarias. Siempre veremos que las personas con una tendencia mĆ­stica no hablan mucho de la Biblia. No la leen mucho; ciertamente creo que esto es aplicable a la mayorĆ­a de las personas mĆ­sticas.Ā Dicen: ā€œNo, yo no sigo un plan de lectura de la Biblia; por regla general me basta con un versĆ­culo. Leo un versĆ­culo y me pongo a meditarā€. Eso es tĆ­pico del mĆ­stico. No necesita esa revelación objetiva; quiere algo con lo que empezar su meditación y luego la recibirĆ” como venida directamente de Dios; devalua las Escrituras. Ciertamente, no dudo en ir mĆ”s lejos aĆŗn y decir que el misticismo, en conjunto, llega a hacer innecesario a Nuestro SeƱor mismo. Esta es una afirmación muy seria, pero puedo justificarla. Hay personas mĆ­sticas que afirman que sus almas tienen acceso directo a Dios.Ā Dicen que, tal como son, solo tienen que relajarse, dejarse llevar y permitir que Dios les hable y ƈl lo harĆ”; no mencionan al SeƱor Jesucristo Y no solo eso, creo que se puede expresar en estos tĆ©rminos: el peligro del misticismo es concentrarse tanto en la obra del SeƱorĀ enĀ nosotros que se olvida de la obra del SeƱorĀ porĀ nosotros. En otras palabras, se preocupa tanto por la obra inmediata en el alma que olvida por completo la obra preliminar que tuvo que llevarse a cabo para que se pudiera obrar en el alma. Tiende a olvidar la Cruz y la necesidad absoluta de la muerte expiatoria de Cristo antes de que la comunión con Dios sea posible.

O, ciertamente, podemos ir mĆ”s lejos aĆŗn y decirlo de otro modo.Ā El misticismo nunca es demasiado severo con respecto a la doctrina del pecado. El mĆ­stico tiende a decir: ā€œMira, no hay nada de que preocuparse. Si quieres conocer a Dios tal como eres, hay que empezar teniendo comunión con Ɖl, que te hablarĆ” y te darĆ” todas las bendicionesā€. Nunca mencionan la doctrina del pecado, en el sentido de que la culpa del pecado es una cosa tan terrible que nada salvo la venida del Hijo de Dios al mundo y el hecho de que acarreara nuestros pecados en su propio cuerpo en la Cruz, habrĆ­a permitido jamĆ”s que Dios hablase al alma.

Otra seria crítica al misticismo es que nos deja siempre sin un patrón por el que regirnos. Imaginemos que es el camino místico. Empiezo a tener experiencias; pienso que Dios me estÔ hablando; ¿cómo sé que es Dios el que me habla? ¿Cómo puedo saber que no estoy hablando al hombre; cómo puedo estar seguro de no ser una víctima de alucinaciones, tal como le ha ha sucedido a muchos místicos? Si creo en el misticismo como tal, sin la Biblia, ¿cómo puedo comprobar mis experiencias? ¿Cómo pruebo las Escrituras? ¿Cómo descartar la posibilidad de estar siendo engañado por SatanÔs en forma de Ôngel de luz para apartarme del Dios vivo y verdadero? Carezco de un patrón.

En otras palabras, mi última crítica es que el misticismo siempre tiende al fanatismo y al exceso. Si anteponemos los sentimientos al entendimiento, acabaremos así irremisiblemente, dado que no tenemos nada con qué comprobar nuestras experiencias, y no tendremos ninguna razón para controlar nuestras sensaciones y nuestras propensiones.

ā€œMuy bien —dice que alguien— si esta es su crĆ­tica al misticismo, ĀæcuĆ”l es el camino evangĆ©lico para llegar a ese conocimiento y comunión con Dios?ā€. Es bastante simple y es este: siempre empieza por las Escrituras; las Escrituras son la Ćŗnica autoridad y criterio definitivo en lo concerniente a estos asuntos, con respecto al conocimiento de Dios. La doctrina evangĆ©lica dice que no mire dentro de mĆ­, sino que mire a la Palabra de Dios; que no me examine a mĆ­ mismo, sino que examine la Revelación que me ha sido dada. Me dice que Dios sólo puede ser conocido a su propia manera, la manera revelada en las Escrituras mismas.

He de empezar por la obra que Cristo hizo por mĆ­. No hay un verdadero conocimiento de Dios sin Cristo. ā€œNadie viene al Padre, sino por mĆ­ā€, dice Nuestro SeƱor (Juan 14: 6). He de ir a travĆ©s de Cristo, y de ir por medio de la Cruz. La enseƱanza de Cristo no puede llevarme a Dios porque existe la culpa de mi pecado.Ā Es la obra de Cristo por mĆ­ antes de la obra de Cristo en mĆ­; aquello que objetivamente ha hecho en esa transacción, es anterior a su obra en mi alma.

Empiezo, pues por eso, y luego tras afrontar la culpa de mi pecado, creo que Ɖl me da vida. Es un don de Dios; no puedo decir que soy capaz de alcanzarlo siguiendo el camino mĆ­stico; la vida eterna es un don de Dios, y es de comprender que sólo viene a mĆ­ a condición de haber visto mi pecado y creer en el SeƱor Jesucristo y que por tanto debo confiar en Ɖl para la reconciliación. Y dado que la vida eterna es un don de Dios, no he de buscarla directamente; vendrĆ” como resultado de seguir a Dios. Nuestro SeƱor lo expresó claramente de una vez por todas en el Sermón del Monte. No dijo: ā€œBienaventurados los hambrientos y sedientos de experiencias espirituales, bienaventurados los hambrientos y sedientos de gozo y felicidad ā€œ, Ā”de ningĆŗn modo! Los bienaventurados, aquellos que experimentan una bendición ā€œtienen hambre y sed de justicia: Porque ellos serĆ”n saciadosā€ (Mateo 5:6).

No hemos de buscar directamente esta cosa tan grandiosa; tu y yo hemos de buscar la justicia, y si lo hacemos, Dios nos darĆ” la bendición. Esta maravillosa experiencia de comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo es lo que da a todos los que verdaderamente le buscan de la forma que El nos ha enseƱado. Es el tema principal de esta primera EpĆ­stola de Juan; el modo de obtener esta comunión, esta maravillosa experiencia, es leer su Palabra, no tomar un versĆ­culo y luego introducirlo en nuestra meditación mĆ­stica.Ā No, es la revelación objetiva, los hechos de la Encarnación, la vida, los milagros, la muerte, la Resurrección, los hechos de la salvación. ā€œEstas cosas —dice Juan— que hemos visto y testificado; estas pruebas que hemos tocado y sentido y palpadoā€.

La forma evangĆ©lica de comunión con Dios es, pues, acudir directamente a la Palabra, conocer su verdad, creerla y aceptarla: orar sobre esta base y esforzarse por entero en un intento y empeƱo por vivirla y practicarla. ā€œBienaventurados los que tienen hambre y sed deĀ justicia: porque ellos serĆ”n saciadosā€; saciados de la plenitud de Dios, con el conocimiento de Dios y bendiciones que sólo Dios puede dar.

El misticismo es un intento de llegar por un atajo a esas grandes experiencias; el camino de las Escrituras es el otro camino: sencillo, indirecto pero seguro, y libre de todos los efectos del fanatismo y de los excesos, y que lleva a una vida cristiana equilibrada, fiel a Dios y a su Palabra, en línea con los Apóstoles y en línea con la poderosa tradición evangélica de siglos.

Que el Señor abra nuestros ojos a los peligros de esos desvíos y a todos los excesos y al fanatismo que en última instancia desvirtúan al Señor y su gran salvación, y que nos mantenga siempre en esa sincera fidelidad a Jesucristo.

MARTYN LLOYD JONES

Dr. David Martyn Lloyd-Jones nació el 20 December 1899 en Gales y fue ministro en Westminster Chapel de Londres. TambiĆ©n fue un reconocido doctor en medicina que llegó a trabajar en la familia real de inglaterra. Ɖl tuvo una tremenda influencia en el ala reformada de la iglesia evangĆ©lica del siglo 20 con un gran Ć©nfasis en el evangelio. Lloyd-Jones describió el don de predicar como Ā«lógica ardiente.Ā» Su entrenamiento en medicina preparó o le dió un corte lógico a sus sermones. Toda su lógica estaba basada en su formacón como mĆ©dico, por esta razón encontraba tremendamente atrantivo el evangelio y las escrituras. DespuĆ©s de una vida llena de trabajo, murió tranquilamente mientras dormĆ­a en Ealing Londres el 1 Marzo de 1981.

Este articulo fue tomado de: http://www.lumbrera.me/2017/09/26/el-misticismo-martynlloyd-jones/

ĀæEstamos bien enfocados?Ā 

ĀæEstamos bien enfocados?Ā 
por D. Martyn Lloyd-Jones
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Habacuc 1.12–17 (especialmente versos 12 y 13)
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Es importante que el cristiano no sólo lea los periódicos y entienda algo de lo que estÔ aconteciendo en el mundo, sino también que comprenda el significado de los eventos. Existen en nuestro tiempo graves peligros que amenazan a la Iglesia. Y, a no ser que tenga cuidado, corre el peligro, como Israel en el pasado, de entrar en alianzas políticas con el fin de impedir lo que Dios ha ordenado. Es esencial que la Iglesia no analice los problemas con un ojo político, sino que aprenda a interpretarlos espiritualmente, y entenderlos a la luz de las instrucciones que Dios le ha dado. Lo que al hombre natural le resulta aborrecible y aun desastroso, puede ser precisamente el medio que Dios estÔ utilizando para castigarnos y restaurarnos a una correcta relación con él. De modo que no debemos apresurarnos para arribar a conclusiones que no sean las precisas.
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La importancia de los mƩtodos de enfoque
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La mayorĆ­a de los problemas y perplejidades de la vida cristiana se originan por la falta de un adecuado mĆ©todo de enfoque. Es mucho mĆ”s importante conocer la forma de enfocar los problemas, que tener una respuesta inmediata para cada dificultad en particular. Los hombres habitualmente quieren una respuesta clara para cada asunto especĆ­fico, pero la Biblia no siempre nos da lo que queremos en este sentido. Sin embargo, nos enseƱa un mĆ©todo. Somos muy propensos a dejar cundir el pĆ”nico y a buscar conclusiones rĆ”pidas cuando ocurre lo inesperado y cuando Dios procede con nosotros de una manera inusual. En el Salmo 73 se nos seƱala el peligro de hablar inadvertidamente con nuestros labios. Al ver ciertos males el salmista exclamó: Ā«Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocenciaĀ» (Sal 73.13). ĀæHabĆ­a entonces algĆŗn beneficio en comportarse en forma piadosa? Repentinamente recapacitó y dijo: Ā«Si dijera yo: HablarĆ© como ellos…» asĆ­ reconoció que habĆ­a hablado desacertadamente con sus labios. HabĆ­a comenzado a hablar sin antes pensar.
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En esta situación debemos buscar la manera correcta de actuar. El problema puede presentarse en el Ôrea personal, o bien puede ser de alcance nacional, o también, como ciudadanos de este mundo, en la esfera mÔs amplia de los acontecimientos históricos. De manera que vamos a analizar cuidadosamente este perfecto ejemplo de método de enfoque que encontramos, entre tantos otros, en la Biblia.
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La descripción del método
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Tiempo para pensar
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La primera regla consiste en pensar en lugar de hablar. «Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse» (Stg 1.19). Nuestra dificultad estÔ en que somos prontos para hablar, prontos para airarnos y tardos para pensar. Sin embargo, según este profeta, lo primero que debemos hacer es examinar. Antes de expresar nuestras reacciones debemos disciplinarnos para pensar. QuizÔ es bastante aparente el énfasis que damos a esto, pero bien sabemos todos que es precisamente aquí donde nos descarrilamos.
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Establecer principios bƔsicos
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La regla siguiente es que cuando comenzamos a pensar, no debemos encarar el problema inmediato. Debemos volver hacia atrÔs y aplicar la estrategia del enfoque indirecto. Este es un principio muy conocido en la estrategia militar. En la Segunda Guerra Mundial el enemigo común era Alemania, pero los países aliados comenzaron a derrotar a Alemania en África del Norte. Utilizaron la estrategia de aproximación indirecta. Este método de acercamiento es de vital importancia en la vida espiritual, sobre todo cuando nos enfrentamos con un problema como el que tenemos delante nuestro. Necesitamos comenzar pensando mÔs atrÔs, y aproximarnos al problema en forma indirecta.
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Debemos traer a nuestra memoria aquello de lo que estamos absolutamente seguros, que estÔ fuera de toda duda o disputa. A veces ayuda si nos sentamos y escribimos para nuestro propio provecho algo semejante a lo siguiente: «En esta terrible y perpleja situación en la que ahora me encuentro, sé, que por lo menos en un aspecto, estoy pisando en tierra firme». Cuando trepamos montañas, a veces nos encontramos con piedras sueltas o tierra movediza y la única forma de seguir adelante es buscando un punto donde podamos afirmar nuestros pies con seguridad. La única forma de avanzar es buscando bases firmes donde apoyarnos. De igual manera, ante problemas espirituales, debemos retornar a los principios absolutos y eternos. La psicología de esto es evidente, pues tan pronto volvamos a principios bÔsicos, comenzaremos a perder el sentido de pÔnico y desesperación. Es grandioso poder reconfortar nuestras almas con aquellas verdades que estÔn fuera de toda disputa.
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Aplicar los principios al problema
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Después de haber hecho esto, podemos tomar el paso siguiente y colocar el problema particular dentro del contexto de aquellos firmes principios que nunca hemos puesto en duda. Es un hecho indiscutible que sólo se puede encontrar una solución a los problemas si se ubican dentro del contexto correcto. La manera de interpretar un pasaje difícil de las Escrituras, es considerarlo dentro de su contexto.
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Con frecuencia confundimos el significado de una frase porque la sacamos de su contexto, pero cuando la analizamos en forma correcta, generalmente descubrimos que el contexto interpreta al texto acertadamente. Lo mismo es aplicable al problema particular que puede estar causando ansiedad o preocupación.
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Si persisten las dudas, encomendar el problema a Dios con fe
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Esto nos conduce al último paso del método. Si todavía persistimos en la incertidumbre y no tenemos una respuesta clara, debemos llevarlo sencillamente a Dios en oración y dejarlo allí, con él. Esto es lo que el profeta hizo, según 1.13. En el verso 12 y la primera parte del 13, encontramos que el profeta continuaba en la perplejidad y en consecuencia llevó el problema a Dios, y allí lo dejó.
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Una vez que establecemos el método correcto, lo podemos aplicar a cualquier problema, ya sea a los tratos de Dios con una nación, a los problemas mundiales o a dificultades personales. Sea cual fuere el problema, debemos detenernos para pensar, establecer cuÔles son los principios bÔsicos, e introducir el problema dentro de ese contexto. Si todavía persiste la dificultad, llevarlo a Dios en oración y dejarlo allí.
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Tomado y adaptado del libro Del temor a la fe, D. Martyn Lloyd-Jones, Editorial DCI- Hebrón.