El aspecto positivo de la definiciĂłn de pecado en el catecismo se refiere a traspasar abiertamente los lĂmites de la ley de Dios. Es un pecado de comisiĂłn.
Tanto los pecados de omisiĂłn como los de comisiĂłn son pecados reales. Incurren en culpa real. Cuando hacemos lo que Dios prohĂbe, somos culpables del pecado de comisiĂłn. Cuando fallamos en hacer lo que Dios ordena, somos culpables del pecado de omisiĂłn. En ambos casos la ley de Dios es violada.
Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios Examina tu vida en oraciĂłn para identificar pecados de omisiĂłn o de comisiĂłn.
Para estudiar más a fondo Santiago 4:17 – Salmos 51:1-3
Serie: CĂłmo aprender las leyes de Dios Por R.C. Sproul Continuemos el experimento que iniciamos en la Ăşltima meditaciĂłn. Estudia los pasajes del apĂłstol Pablo que acompañan esta lectura. ÂżCrees que este hombre dirĂa que la ley de Dios no tiene lugar en la vida del cristiano? Lee los escritos de Pablo cuidadosamente y encontrarás a un hombre cuyo corazĂłn anhelaba la ley de Dios tanto como David.
La ley nos conduce al evangelio. El evangelio nos salva de la maldiciĂłn de la ley, pero al mismo tiempo nos dirige de vuelta a la ley para que escudriñemos su espĂritu. La ley de Dios sigue siendo una lámpara a nuestros pies. Sin ella nos tropezamos y andamos a tientas en la oscuridad.
Para el cristiano, el mayor beneficio de la ley de Dios es su carácter revelador. La ley nos revela al Dador de la ley. Nos enseña lo que es agradable en Su presencia. Necesitamos buscar la ley —suspirar por ella— y deleitarnos en ella. Cualquier otra cosa serĂa una ofensa contra el Padre, el Hijo y el EspĂritu Santo.
Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios Haz esta oración: «Gracias por tu ley, que es lámpara a mis pies. Dame un corazón que anhele tu ley y se deleite en ella».
Para estudiar más a fondo Romanos 7:8 – Romanos 7:12 – Romanos 7:22
ÂżSuena esto como un cristiano moderno? ÂżEscuchamos a las personas hablar acerca de su anhelo apasionado por la ley de Dios? ÂżEscuchamos a nuestros amigos expresar gozo y deleite en los mandamientos de Dios?
Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios ÂżAnhelas la ley de Dios con pasiĂłn? ÂżExpresas gozo y deleite en Sus mandamientos?
Para estudiar más a fondo Salmo 119:97
Salmo 119:11-12
Salmo 119:131
Publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries. CĂłmo aprender las leyes de Dios R.C. Sproul
Serie: CĂłmo aprender las leyes de Dios Por R.C. Sproul Cada domingo en la mañana observamos un fenĂłmeno extraño en nuestras ciudades, pueblos, y aldeas. Millones de personas salen de sus hogares, toman un descanso de sus trabajos y actividades recreativas y se reĂşnen en los edificios de las iglesias para los cultos de adoraciĂłn. La gente se sienta en silencio y escucha mientras una persona se para delante de ellos y da un discurso. Llamamos ese discurso un sermĂłn, una homilĂa o una meditaciĂłn.
El poder de la predicaciĂłn se encuentra en la obra del EspĂritu que trabaja con la Palabra de Dios y por medio de la Palabra de Dios. Dios promete que Su Palabra no regresará a Él vacĂa. El poder no se encuentra en la elocuencia ni la erudiciĂłn del predicador sino en el poder del EspĂritu. La predicaciĂłn es una herramienta en las manos del EspĂritu de Dios. El EspĂritu Santo es un Ser sobrenatural, la tercera persona de la Trinidad. Su presencia en la predicaciĂłn es lo que hace que sea un evento sobrenatural.
La salvación es un logro divino. Ningún hombre se puede salvar a sà mismo. Dios ordena de manera soberana no solo el fin (la salvación) sino los medios para el fin (la predicación). Concluimos entonces que lo que ocurre el domingo en la mañana cuando se predica verdaderamente la Palabra de Dios es un drama divino de redención.
Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios Da gracias a Dios por el poder sobrenatural de la predicaciĂłn que llevĂł a cabo el drama de redenciĂłn en tu vida.
Este episodio relativamente menor de mi vida es un lugar Ăştil para comenzar una discusiĂłn sobre el liderazgo, porque la bĂşsqueda de la sabidurĂa en cualquier esfuerzo humano requiere que reconozcamos nuestra finitud. El liderazgo no es un tĂtulo. Presidente o fontanero, constructor o ama de casa, el liderazgo es ineludible; la Ăşnica pregunta es si seremos fieles a nuestro llamado.
Hay mucho que extraer del estudio moderno del liderazgo. En el mundo editorial, es una de las categorĂas de no ficciĂłn más populares, impulsada en gran medida por la bĂşsqueda de la sociedad para lidiar con esta cuarta era importante de la actividad humana. Si las primeras tres economĂas humanas fueron la de cazadores-recolectores, la agrĂcola y la industrial, debemos pensar profundamente en este momento posindustrial en el que vivimos, esta «era de la informaciĂłn» con economĂas virtuales emergentes, de servicios y mĂłviles. El liderazgo es intrĂnsecamente arriesgado y es vital más reflexiĂłn, no menos.
Pero más allá del consejo histĂłrico, sociolĂłgico, biolĂłgico y metodolĂłgico que ofrecen los libros de hoy y los gurĂşs del liderazgo, a menudo hay una falta de perspectiva bĂblica sobre el liderazgo y el consejo frecuentemente se convierte en pragmatismo más que en principios. Empecemos desde el comienzo.
JesĂşs enseñó que Su Padre habĂa estado trabajando desde el principio (Jn 5:17), recordándonos que la Ăşnica obra duradera es la obra del Señor (15:5; 1 Co 3:12-13). AsĂ como Adán solo podĂa prosperar dependiendo del Señor, nuestras obras solo perdurarán si se hacen en dependencia del Señor. Si bien somos justificados al confiar en la obra de Jesucristo en nuestro favor, luego por gracia se nos permite entrar en la misiĂłn más grande de Dios en este mundo mediante la edificaciĂłn de Su Iglesia, la morada de Dios (Ef 2:20-22). Esto es cierto para todo cristiano, independientemente de nuestro llamado a servir a la iglesia, en nuestras familias o en otras iniciativas humanas para el bien comĂşn. Cada uno de nosotros debe responder al llamado excepcional que la providencia de Dios obrĂł en nuestras vidas. Al ir mucho más allá de los roles o dones particulares, debemos administrar nuestras propias vidas, no por nuestro bien, sino por el Señor y el bien de Su pueblo.
La fugacidad del hombre es la razĂłn por la que necesitamos una visiĂłn más amplia de un liderazgo que glorifique a Dios, para que los lĂderes no exageren su propia importancia. Los lĂderes que buscan glorificar a Dios en sus llamados se preparan para el dĂa en que otros tomen el relevo.
Una mentalidad enfocada en los demás anima al siervo lĂder. Nada vigoriza más a los lĂderes que ver a sus colegas desarrollar todo su potencial de manera personal, profesional y espiritual. Un hacha puede ser usada para clavar un clavo, pero solo será usada de manera eficiente y efectiva cuando se afile y se maneje adecuadamente para infligir golpes penetrantes y definidos en la madera.
Podemos hacer mucho más juntos que separados, cada uno contribuyendo a una ecuaciĂłn de productividad que sea 1+1=3 o más. Las organizaciones fructĂferas son más que la suma de sus partes. Los lĂderes buscan oportunidades para celebrar los dones Ăşnicos de cada miembro del equipo. Los lĂderes preparan a los que están a su alrededor para cuando ellos ya no lideren.
El liderazgo no es la meta. Lideramos mejor cuando Jesucristo nos guĂa. El Señor es el lĂder y debemos seguirlo mientras Él edifica Su Iglesia (Mt 16:18; Heb 2:9-10; 12:2). Confiar en el Señor nos aleja de confiar en nosotros mismos. Él crece, nosotros disminuimos. AsĂ será hasta el final de los tiempos mientras la Gran ComisiĂłn siga adelante, de generaciĂłn en generaciĂłn. Hasta ese momento, lideremos para la gloria de Dios.
Publicado originalmente en Tabletalk Magazine. Chris Larson Chris es el presidente y jefe ejecutivo de Ligonier. Dirige todas las iniciativas de alcance y operaciones ministeriales con el fin de difundir la histĂłrica fe cristiana a tantas personas como sea posible.
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La santidad es la caracterĂstica de la naturaleza de Dios que está en el corazĂłn mismo de Su ser.
Hace más de 30 años que el Dr. R.C. Sproul escribió su afamado libro “La Santidad de Dios”, el cual por la gracia de Dios ha sido de bendición y edificación a una multitud de personas alrededor del mundo. En esta serie de 6 estudios, R.C. Sproul explora bien de cerca el carácter de Dios, llevándonos a nuevas percepciones sobre el pecado, la justicia y la gracia. En este primer estudio veremos la importancia que Dios pone en Su santidad.
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