Ofrece la misma gracia que predicas

Alimentemos El Alma

Ofrece la misma gracia que predicas

Por Paul Tripp 

Traducción por María Gigliola Montealegre-Chaves

Lo he hecho por años. Era muy bueno haciéndolo, pero no lo sabía. Moldeó la forma en que predicaba y la forma en que me esforzaba en pastorear a las personas. Me habría sentido ofendido si hubieras cuestionado mi teología. Yo era un apasionado defensor de las “doctrinas de la gracia”. Las conocía muy bien y podía expresarlas con claridad, pero algo estaba ocurriendo en los cimientos. Enérgicamente devalué en los deberes, los procesos y las relaciones del Ministerio Pastoral la misma gracia que teológicamente defendí. Mi ministerio no se sustentaba en la gracia. Carecía de los frutos de la gracia: confianza y seguridad. Por lo tanto, intenté hacer en las personas lo que sólo Dios puede realizar y reiteradamente le solicité a la ley llevar a cabo aquello que sólo la divina gracia podía lograr.

¿Cómo sucede esto? El corazón de cada creyente, que sigue siendo librado del pecado, es arrastrado lejos del sustento del nowismo de la gracia hacia algún tipo de legalismo. Incluso después de ser salvados por la gracia, tendemos a pensar: “soy una persona virtuosa y no necesito del Salvador”. Pensando que somos nosotros los que guardamos la ley, la llevamos a los infractores con la esperanza de que vean su comportamiento errado y se esfuercen por mejorar.

Nadie predica más la ley que aquel que cree guardarla. Y nadie otorga la gracia con más ternura que aquel que sabe que la necesita con desesperación. La tentación de regresar al legalismo nos da la bienvenida a todos.

Los recursos que necesitamos

Existen dos lugares determinados en los que un pastor tiene la tentación de devaluar la gracia. Primero, existe la tentación de devaluar la gracia de la presencia del Espíritu Santo que mora en nosotros, nos ilumina, condena, guía y faculta. (Ver Romanos 8:1-11). Dios sabía que nuestra lucha contra el pecado era tan profunda que no bastaba con perdonarnos. No, sumado al perdón Él nos abrió y se metió dentro de nosotros por medio de su Espíritu. En su presencia tenemos los recursos que necesitamos para ser quienes deberíamos ser y hacer aquello para lo que fuimos llamados.

Cuando devalúas esta gracia, crees que tu trabajo como pastor es dirigir la vida de las personas. Simplemente te conviertes en alguien demasiado presente en sus vidas y muy dominante de sus pensamientos y decisiones. Tu ministerio inicia a migrar de uno que está centrado en decirle a la gente lo que Dios ha hecho por ellos, a uno que está dominado por decirle a las personas lo que tienen que hacer.

La madurez en el Cuerpo de Cristo nunca es fruto de este tipo de pastoreo No, el fruto es una uniformidad cultural y de comportamiento que se disfraza de madurez. Sólo cuando el pastor se sustenta en la gracia del Espíritu Santo que mora en nosotros, se libera de dirigir la vida de las personas y se vuelve más consciente de cuándo hablar y cuándo callar, cuándo tener una participación más activa y cuándo dejar de tenerla, y cuándo aconsejar y cuándo confiar en Dios para que sea Él quien guíe.

La meta no es tener una congregación que se ajuste uniformemente al estilo de vida del pastor, sino una que se amolde progresivamente a la imagen de Jesús. Es decir, una congregación que crezca en Cristo a pesar de que, desde abajo, sus miembros tomen diferentes decisiones.

Susténtate en la gracia

Existe una segunda gracia que los pastores están tentados a devaluar. Es la gracia del sacerdocio de todos los creyentes. Esta gracia no sólo le da la bienvenida a todos los creyentes al santuario de Dios a través de la sangre de Jesús, sino que también llama a cada creyente a ser un ministro de esa gracia en la vida de los demás. (Ver Colosenses 3:12-17). Cuando devalúas esta gracia, el ministerio se convierte en un lugar dominado y controlado por el personal asalariado, los ancianos y los diáconos. No predicas la verdad sobre la importancia del ministerio santificante del cuerpo de Cristo, no le das a la gente la visión del ministerio, no los llamas a adquirir un compromiso con el estilo de vida que le da forma al ministerio, y no los preparas para el servicio. Haces hincapié en un ministerio programático formal dejando de lado el llamado a formar un ministerio informal de miembro a miembro.

Su fruto es una congregación pasiva que cree que el ministerio nunca será oficial a menos que el pastor esté presente, que piensa en el ministerio como un programa semanal de reuniones dirigidas por el personal pastoral, y que se han convertido más en consumidores que en participantes. Las “articulaciones y los ligamentos” no cuentan con la confianza ni el reconocimiento para desempeñar su papel y como resultado el cuerpo se debilita.

Cuando un pastor adopta una teología de la gracia pero a nivel funcional devalúa la gracia de Dios en la vida del creyente, estará muy presente y dominante en el ministerio, y el fruto de este ministerio será la uniformidad y la pasividad en el Cuerpo de Cristo. Muy diferente a la verdadera madurez que produce un ministerio sustentado en la gracia de Dios.

Para un pastor, sustentarse en la gracia es una guerra. Una y otra vez nuestros farisaicos corazones migran hacia un ministerio de legalismo y control Es importante, y demuestra humildad, confesar que necesitamos desesperadamente de la gracia para ser capaces de sustentarnos en ella. ¿No crees que es reconfortante saber que se nos ha otorgado la gracia que necesitamos en el ministerio para que no devaluemos la gracia que predicamos?

Esta traducción ha sido publicada por Traducciones Evangelio, un ministerio que existe en internet para poner a disponibilidad de todas las naciones, sin costo alguno, libros y artículos centrados en el evangelio traducidos a diferentes idiomas.