1 Reyes 14 | Colosenses 1 | Ezequiel 44 | Salmos 97–98

11 OCTUBRE

1 Reyes 14 | Colosenses 1 | Ezequiel 44 | Salmos 97–98

En el Libro de Oración Común de la iglesia anglicana, el Salmo 98 se conoce como el Cantate Domino (“Cantad al Señor”) y está ubicado entre la lectura nocturna del Antiguo Testamento y su equivalente del Nuevo, desbordante de adoración y gozo vivificantes.

El Salmo 98 tiene tres estrofas. La primera (98:1–3) celebra la “salvación” de Dios (que vemos en cada versículo). La palabra tiene quizás un uso más amplio que el que le damos actualmente. Incluye la victoria sobre los enemigos: la “diestra” y el “santo brazo” del Señor (98:1) llevarán a cabo esta “salvación” o victoria. Sin embargo, también incluye nuestro significado del término: Dios reconcilia al pueblo con él y lo transforma por su gracia. Mientras él “se ha acordado de su amor y de su fidelidad por el pueblo de Israel” (98:3), la gloriosa verdad es que “el Señor ha hecho gala de su triunfo; ha mostrado su justicia a las naciones” (98:2); “¡Todos los confines de la tierra son testigos de la salvación de nuestro Dios!” (98:3). No es de extrañar, pues, que debamos cantar “un cántico nuevo” al Señor (98:1). Esta expresión no se refiere tanto a una composición nueva, escrita quizás para la ocasión, como a una reacción fresca ante las nuevas misericordias derramadas sobre nosotros.

La segunda estrofa (98:4–6) responde con una adoración emocionada a cada acto de Dios en la primera, que celebra su venida en poder y salvación. De hecho, todos nuestros actos de adoración constituyen un adelanto del fin, pues la salvación total descrita brevemente espera la consumación. Aclamamos “alegres al Señor, el Rey” (98:6) como preludio del anuncio de la culminación de su reino. Los instrumentos enumerados aquí se utilizaban regularmente como parte de la adoración en el templo (cf. 1 Crónicas 16:5–6) o en ocasiones alegres como la coronación de un nuevo rey (p. ej., 1 Reyes 1:39).

Si la alabanza de la segunda estrofa se estructura en un cántico orquestado, la de la tercera (98:7–9) es inarticulada. Sin embargo, no es menos poderosa por ser tosca. Incluso ahora, todo el universo declara la gloria de Dios. No obstante, si diversos pasajes del Antiguo Testamento anuncian una enorme renovación del orden creado (Salmo 96:11–13; Isaías 2; 11; 55:11–12), Pablo no sólo también lo hace sino que reconoce que el cumplimiento depende de la transformación de los seres humanos al final: “La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para alcanzar así la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Romanos 8:19–21).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 284). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Reyes 13 | Filipenses 4 | Ezequiel 43 | Salmos 95–96

10 OCTUBRE

1 Reyes 13 | Filipenses 4 | Ezequiel 43 | Salmos 95–96

Han transcurrido casi veinte años desde la experiencia visionaria en la que Ezequiel contempló la gloria de Dios abandonando el templo (Ezequiel 10:18–22; 11:22–24). Aquí, en Ezequiel 43:1–12, es testigo del regreso del Señor.

Numerosas expresiones y frases nos recuerdan que la gloria que el profeta percibe ahora debe identificarse con la visión del trono móvil de los capítulos 1–3, y con la que abandonó el templo y la ciudad en 8–11. Ezequiel lo deja muy claro: “Esta visión era semejante a la que tuve cuando el Señor vino a destruir la ciudad de Jerusalén, y a la que tuve junto al río Quebar” (43:3).

Dentro de la estructura simbólica de la visión, esto significa que Dios se está manifestando en medio de su pueblo una vez más. Este debe responder avergonzándose de sus pecados (43:10–11) y adecuándose perfectamente a todo lo que él prescriba (43:11).

La culminación de esta visión dentro del libro de Ezequiel se encuentra en el último versículo del mismo: “Desde aquel día el nombre de la ciudad será: EL SEÑOR ESTÁ AQUÍ” (48:35). Eso es maravilloso. Cualquier lugar donde el Señor esté es santo. “Por eso, disponeos para actuar con inteligencia; tened dominio propio; poned vuestra esperanza completamente en la gracia que se os dará cuando se revele Jesucristo. Como hijos obedientes, no os amoldéis a los malos deseos que teníais antes, cuando vivíais en la ignorancia. Más bien, sed santos en todo lo que hagáis, como también es santo quien os llamó; pues está escrito: ‘Sed santos, porque yo soy santo’ ” (1 Pedro 1:13–16). Juan tuvo una visión de “la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios” (Apocalipsis 21:2). La voz gritó: “¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios” (Apocalipsis 21:3).

Siempre debemos recordar lo siguiente: el Evangelio no es admirado en las Escrituras principalmente por la transformación social que lleva a cabo, sino porque reconcilia a hombres y mujeres con un Dios santo. Su propósito no es que podamos sentirnos satisfechos, sino que podamos reconciliarnos con el Dios viviente y santo. La consumación es deliciosa para el pueblo transformado de Dios. No lo es simplemente porque el entorno del nuevo cielo y la nueva tierra sea agradable, sino porque vivimos, trabajamos y adoramos para siempre en el resplandor incontenible de la presencia de nuestro santo Hacedor y Redentor. Esta perspectiva debe dar forma al estilo de vida y servicio de la iglesia, y determinar el pulso de su ministerio. La única alternativa es una idolatría altisonante y egoísta.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 283). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Reyes 12 | Filipenses 3 | Ezequiel 42 | Salmo 94

9 OCTUBRE

1 Reyes 12 | Filipenses 3 | Ezequiel 42 | Salmo 94

La descripción del templo (Ezequiel 41) precede a la de las estancias reservadas para los sacerdotes (Ezequiel 42). No obstante, insistiré en el tema de ayer un poco más y expondré otras dos interpretaciones de estos capítulos.

(3) Muchos comentaristas antiguos han argumentado que los capítulos 40–48 son símbolos claros de lo que se cumple en la iglesia cristiana. Hay algo de cierto en este punto de vista. Cobra fuerza cuando observamos, por ejemplo, que la visión de Juan de la ciudad santa en Apocalipsis comparte sustancialmente el lenguaje de Ezequiel. Sin embargo, los mismos pasajes de Apocalipsis explican la debilidad de esta interpretación. Cuando Juan emplea el lenguaje de Ezequiel (o de Daniel u otro escritor del Antiguo Testamento), habitualmente lo transmuta, o utiliza sus palabras y frases sin darles exactamente el mismo sentido. Aunque la descripción de Juan de la ciudad santa se apoya mucho en Ezequiel, la suya no tiene templo, porque Dios y el Cordero lo son (Apocalipsis 21:1–22:5). En ese sentido, Apocalipsis no constituye un cumplimiento directo e inmediato de una serie de símbolos.

(4) Es mejor, pero más embrollado, considerar estos capítulos como pertenecientes a los límites de la literatura y tipología apocalípticas. El simbolismo incluye características numéricas; su orientación hacia el futuro no brota de una mera predicción verbal o de un simbolismo simplista, sino de estructuras de modelos y acontecimientos que apuntan a lo venidero. Ya hemos vislumbrado este tipo de cosas en los capítulos 38–39, en la descripción de la batalla final, cuando Dios actúa soberanamente para destruir a todos sus enemigos. Interpretados de esta forma, los capítulos 40–48 prevén el futuro mesiánico, pero en las categorías simbólicas del presente de Ezequiel. El templo es una especie de representación o encarnación de la presencia y la bendición de Dios en la era que los israelitas piadosos anhelaban. Esta opinión incluye algunos temas teológicos y consuelos pastorales: (a) la presencia de Dios permanece constantemente como fuente de toda bendición. (b) El Señor restaura perfectamente a su pueblo. La perfección de su plan y de la experiencia de ellos tiene relación con la de la simetría de la edificación. (c) Debido a que Dios está totalmente presente, la plenitud de vida y el fruto fluyen de la presencia de Dios hacia todos los lugares yermos de la tierra. El universo se transforma. (d) La adoración a Dios es lo principal y se lleva a cabo exactamente como Dios exige. (e) El juicio y la justicia están al orden del día y se ven en la perfecta asignación de tierra y de responsabilidades.

De ser correcto este punto de vista, la esperanza definitiva se encuentra en el final de la historia, pero este ya la ha invadido en estos últimos días. La consumación no ha llegado aún, pero el reino ha comenzado.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 282). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Reyes 11 | Filipenses 2 | Ezequiel 41 | Salmos 92–93

8 OCTUBRE

Donald Carson

1 Reyes 11 | Filipenses 2 | Ezequiel 41 | Salmos 92–93

Aunque Ezequiel 41 (o, mejor dicho, 40:48–41:26) está dedicado a la descripción del templo dentro de la gran visión de los capítulos 40–48, hoy centraremos la atención en cómo debería interpretarse el mismo, de hecho los nueve al completo. Examinaremos dos de las opciones más importantes aquí y otras dos mañana.

(1) Algunos sostienen que se trata de la visión de Ezequiel de lo que debería edificarse una vez finalizase el exilio y el pueblo volviese a su tierra. En tal caso, el capítulo 41 suministra instrucciones para dicha construcción. El punto fuerte de esta opinión es que sigue a los muchos pasajes del libro que dicen que el exilio acabará. Sin embargo, debemos indicar que el capítulo se queda corto a la hora de especificar cómo debía ser la obra (es mucho menos detallado, por ejemplo, que los pasajes relativos a la construcción del tabernáculo o del templo salomónico). Además, Ezequiel 41 debe leerse en el marco de los capítulos 40–48 y, como veremos, existen numerosos rasgos que no deben entenderse de forma literal. Ciertamente, no existen evidencias de que los edificadores del segundo templo creyesen estar obligados a seguir las pautas de Ezequiel.

(2) Una forma de dispensacionalismo de mediados del siglo XX defendía un literalismo parecido, pero sostenía que la construcción del templo, la vuelta de los sacrificios de sangre y del sacerdocio levítico y sadoquita tendrán lugar en el milenio. Los sacrificios se fijarían en el de Cristo del mismo modo que los del Antiguo Testamento apuntaban al mismo. No obstante, es muy difícil encajar este punto de vista con le teología de Hebreos. Además, algunas pistas nos indican que estos capítulos no deben interpretarse literalmente. Cualquier persona que ha visto el terreno sería consciente de que la división de la tierra es inviable (caps. 47–48). La fuente y el curso del rio imposibles (47:1–12) debilitan la credibilidad y, en cualquier caso, tanto el templo como el río de la vida se interpretan de formas muy diferentes en Apocalipsis, el último libro de la Biblia. Incluso con la mejor voluntad del mundo, es difícil ver cómo podría ser restaurada la pureza tribal de las líneas levítica y sadoquita. Se han perdido muchos archivos y documentos, por lo que nadie podría demostrar su descendencia de Aarón. Presumiblemente, un dispensacionalista argumentaría que Dios podría revelar la información necesaria. Sin embargo, las tribus se han mezclado tanto a lo largo de los siglos que no pueden diferenciarse. El problema no es la información, sino la mezcla de los linajes. Así pues, esta interpretación es incluso menos creíble que la anterior, precisamente porque habla de algo que ocurrirá en el fin de los tiempos, cuando las líneas tribales no podrán diferenciarse.

¿Cómo, pues, interpretaremos estos capítulos?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 281). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Reyes 10 | Filipenses 1 | Ezequiel 40 | Salmo 91

7 OCTUBRE

1 Reyes 10 | Filipenses 1 | Ezequiel 40 | Salmo 91

Aparte de Ezequiel 29:17–21, los nueve capítulos que tenemos ante nosotros, Ezequiel 40–48, tienen lugar después de las demás visiones y oráculos que constituyen el libro, que comienza y termina con una de aquellas. Aunque esta que nos ocupa se diferencia bastante del resto del libro hasta el punto que muchos la han catalogado como un apéndice, existen algunas conexiones llamativas. En la visión de 8:1–11:25, Ezequiel contempló la gloria de Dios abandonando el templo; ahora, es testigo de su vuelta al nuevo y de cómo lo llena (43:5). En los años que siguieron al catastrófico saqueo de Jerusalén, Ezequiel ha estado consolando al pueblo con la promesa del regreso a su tierra y a Dios; en cierto modo, la visión del templo debió de alimentar la esperanza y la valentía.

Sin embargo, este hecho no supone que esta visión sea fácil de comprender. Hoy, expondré de forma bastante superficial la línea de pensamiento no sólo de Ezequiel 40, sino de esos nueve capítulos. Mañana nos detendremos en cuatro posibles interpretaciones e indicaré cuál de ellas creo más cercana a lo que dice la Escritura.

En el vigesimoquinto año de su exilio (a la edad aproximada de cincuenta años), Dios lleva a Ezequiel a “un monte muy alto” (40:2), cerca de lo que parecía ser la ciudad santa. Probablemente, representa al monte Sion. Un personaje angélico le muestra el área del templo, midiéndolo todo a su paso. Comienza con un estudio detallado desde la puerta oriental que da al atrio exterior (40:6–16). Después, sigue rápidamente el propio atrio exterior, otras dos puertas al mismo (norte y sur) y después las que dan al atrio interior (40:17–37). No existen puertas al oeste, porque el templo se encuentra allí. Tras un breve paseo revisando el instrumental de los sacrificios y las estancias reservadas para los sacerdotes que los oficiaban (40:38–47), se da al profeta una descripción bastante detallada del templo (40:48–41:26), seguida por una inspección del área del templo, prestando especial atención a las habitaciones de los sacerdotes (42:1–20). La gloria de Dios entra en el santuario y se dice a Ezequiel lo que debe hacer con esa información (43:1–12). El resto del capítulo 43 se ocupa del altar del sacrificio y de cómo debe utilizarse (43:13–27). Los capítulos 44 y 45 dan una serie de normas para la ordenación del templo (en particular, relativas a los levitas y los sadoquitas) y para la distribución de la tierra alrededor del mismo. Después, más leyes rituales (45:18–46:24). Ezequiel 47:1–12 describe una corriente de agua procedente del santuario, que da vida al yermo valle del Mar Muerto. El resto de la visión divide la tierra entre las doce tribus y especifica las puertas de la ciudad.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 280). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Reyes 9 | Efesios 6 | Ezequiel 39 | Salmo 90

6 OCTUBRE

Donald Carson

1 Reyes 9 | Efesios 6 | Ezequiel 39 | Salmo 90

Ezequiel 38 comienza el oráculo contra Gog; Ezequiel 39 lo continúa. Aquí, se narra de nuevo su derrota, pero en términos diferentes, algo típico en la semipoesía hebrea. No estamos tratando con un relato diferente de la misma cosa, que se ha enganchado de alguna forma al primero. A la retórica hebrea le gusta dar vueltas alrededor de afirmaciones previas y extenderse en ellas, incluso si eso entra en conflicto con nuestro sentido occidental del orden. Dos observaciones:

(1) Existen muchos indicios de que estos dos capítulos han pasado de ser una descripción literal o muy prosaica de la batalla, a constituir una exposición apocalíptica de la batalla definitiva. No significa que esta no sea real, sino que su forma y sus detalles no pueden verse superficialmente en el texto. Las armas de guerra son las de la época de Ezequiel (“escudos y broqueles, arcos y flechas, mazas y lanzas”, 39:9), pero esta batalla ciertamente no tuvo lugar de forma literal en absoluto en ese momento y, si se produjese en el fin de la historia, esas no serían las armas utilizadas. En un rasgo típico de la literatura apocalíptica, nos encontramos con períodos de tiempo convenientemente estilizados: siete años (39:9), siete meses (39:12, 14). Los triunfantes israelitas acaban comiendo la carne y bebiendo la sangre de los hombres poderosos y príncipes de la tierra, que son sacrificados como carneros y corderos, chivos y becerros (39:17–19). Decir que solo se trata de una forma gráfica de afirmar que todos los enemigos serán derrotados es aceptar mi reflexión: el lenguaje es visceral y cargado de simbolismo, y debemos proceder con cuidado.

(2) El propio Dios trae soberanamente a Gog y su poder desde el “lejano norte” (39:2) para llevarlos a la destrucción, lo cual es parecido y a la vez diferente de un importante tema que ya hemos destacado en los profetas mayores. Estos siguen diciendo que las grandes potencias (Asiria, Babilonia) que castigan a Israel y Judá lo hacen debido a la influencia de Dios, incluso cuando se les exigirán responsabilidades por su crueldad (p. ej., Isaías 10:5ss.). La imagen reafirma aquí la soberanía de Dios sobre esas naciones paganas, pero ahora no las está utilizando para castigar a la comunidad del pacto, sino para llevarlas a su propia destrucción. El libro bíblico que mejor desarrolla este tema es Apocalipsis. Los creyentes deben ser valientes por el hecho de que, incluso en este mundo de terrible crueldad e injusticia, Dios juzgará finalmente a los perversos. No se hará justicia únicamente, sino que también se verá cómo se hace. Por tanto, no nos desanimemos. Amamos y promovemos la visión apocalíptica, no solo por ser la hoja de ruta de la historia inminente, sino porque indica el triunfo definitivo de Dios.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 279). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Reyes 8 | Efesios 5 | Ezequiel 38 | Salmo 89

5 OCTUBRE

Donald Carson

1 Reyes 8 | Efesios 5 | Ezequiel 38 | Salmo 89

Los capítulos 38 y 39 de Ezequiel se encuentran entre los más difíciles del libro. En muchos aspectos, destacan entre lo que tienen delante y detrás. La explicación más simple es quizás la siguiente: los capítulos 40–48 son mucho más tardíos que la mayor parte del libro (el vigesimoquinto año del exilio, 40:1), hasta el punto de que son casi un apéndice del resto de visiones y oráculos. De ser así, los capítulos 38 y 39 deben verse como una conclusión de los treinta y siete precedentes, pero no necesariamente como un puente a 40–48. Precisamente, el modo en que esta profecía contra Gog sirve de conclusión a todo lo que la precede en Ezequiel depende mucho de cómo se interpreten estos dos capítulos. Incluso catalogar las posibilidades convertiría estas breves meditaciones en un comentario, por lo que debo limitarme a algunas reflexiones conjeturales.

Seguramente, habrán notado que en varios capítulos anteriores decidí no comentar ciertas secciones. En parte, no ha sido más que una selección basada en el poco espacio disponible, pero también es cierto que esos pasajes pertenecen todos al mismo género y pueden analizarse provechosamente en conjunto. Por ejemplo, 37:25–28 anuncia el tiempo en que Israel, bajo el siervo de Dios David, vivirá en la tierra “para siempre”, y “mi siervo David será su príncipe eterno”. El santuario de Dios estará siempre “en medio de ellos”. Este lenguaje puede entenderse literalmente (un templo en Jerusalén, con un rey davídico, un trono y un santuario eternos) o apuntar a un acontecimiento más lejano. Por razones que quedarán más claras, me inclino a pensar que estas profecías y otras similares esperan el glorioso futuro mesiánico, pero se expresan en términos de las categorías más familiares del antiguo pacto. Estas mismas categorías, afirman los escritores del Nuevo Testamento, desempeñan una función predictiva cumplida en Jesús el hijo de David y todo lo que él conlleva.

En una línea parecida, Ezequiel 38 comienza denunciando a “Gog, príncipe supremo de Mesec y Tubal” (38:3). La sugerencia de que esos nombres se refieren a Moscú y a Tobolsk no tiene el menor mérito lingüístico. Estos dos nombres aparecen en otros pasajes (Génesis 10:2; 1 Crónicas 1:5; Ezequiel 27:13; 32:26) y se refieren a las conocidas tribus de los Moschoi y los Tibarenoi. Gog es quizás Giges de Lidia (llamado Gûgu en algunos archivos antiguos). Más importante aun es que esta horda anunciada de enemigos del pueblo de Dios viene “desde el lejano norte” (38:6), el punto cardinal desde el que siempre llegaban los peores enemigos de Israel. El capítulo acaba con imágenes apocalípticas (38:18–23), que comienzan a hacer que la escena se sienta como un estallido final e idealizado contra el pueblo de Dios, en el que el Señor vindica su nombre y su causa. Así pues, todos los ataques anteriores anuncian esta lucha apocalíptica final, que a su vez acaba con ellos.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 278). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Reyes 7 | Efesios 4 | Ezequiel 37 | Salmos 87–88

4 OCTUBRE

Donald Carson

1 Reyes 7 | Efesios 4 | Ezequiel 37 | Salmos 87–88

Desde el anuncio de la caída de Jerusalén, Ezequiel ha estado prometiendo un nuevo liderazgo, una restauración de la tierra, una transformación moral y espiritual. Sin embargo, ocurrió lo mismo con esta promesa de bendiciones que con su advertencia anterior sobre la caída de Jerusalén. El pueblo se mostraba escéptico. Su nación está hecha añicos, sus ciudades destruidas y muchos de los suyos dispersados en el extranjero, exiliados en tierras extrañas. Es difícil detectar un solo rayo de esperanza y gritan: “Nuestros huesos se han secado. Ya no tenemos esperanza. ¡Estamos perdidos!” (37:11). En Ezequiel 37, Dios provee una visión y una lección práctica que engendrarán y alimentarán el optimismo.

La primera es la visión del valle de los huesos secos (37:1–14). El Señor los muestra al profeta y le pregunta: “Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos?” (37:3). Representan a los israelitas en el exilio. Las tribus del norte llevan exiliadas un siglo y medio. La comunidad que se encontraba en Babilonia con Ezequiel, una década. Los huesos están “completamente secos”. Primero, Dios dice a Ezequiel que les profetice. Milagrosamente, se unen y recubren de carne y piel, pero solo hemos pasado de esqueletos a cadáveres. Después, debe profetizar al “aliento” (rûah, que significa igualmente “Espíritu” y “viento”). Ahora los cuerpos cobran vida y se ponen de pie, es un “ejército numeroso” (37:10). En otras palabras, aunque la predicación en sí misma produce algunos cambios, se necesita la influencia del Espíritu de Dios. Metafóricamente hablando, no es sino la resurrección de los muertos (37:12). El significado de la visión, no obstante, es que Dios derramará su Espíritu y el exilio llegará a su fin (37:14).

La segunda parte del capítulo se dedica a la lección práctica de las dos varas (37:15–28). La primera representa a Judá; la segunda, a las tribus norteñas de Israel. Ezequiel, a Dios. Juntando a las dos y sujetándolas como si fuesen una, el Señor declara que ya no habrá más dos reinos, sino uno. “Nunca más serán dos naciones ni estarán divididos en dos reinos” (37:22. Una vez más, aparece la promesa de la transformación interior: “Ya no se contaminarán más con sus ídolos, ni con sus iniquidades ni actos abominables. Yo los libraré y los purificaré de todas sus infidelidades. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios” (37:23). Y lo más importante de todo, el Mesías prometido los guiará: “Mi siervo David será su rey, y todos tendrán un solo pastor” (37:24).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 277). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Reyes 6 | Efesios 3 | Ezequiel 36 | Salmo 86

3 OCTUBRE

Donald Carson

1 Reyes 6 | Efesios 3 | Ezequiel 36 | Salmo 86

Del mismo modo que en el capítulo 35 Dios se dirige por medio de Ezequiel a la montaña de Seír (la región de los edomitas), en Ezequiel 36 lo hace a los montes de Israel (36:1–15). Este recurso retórico vincula ambos capítulos, en particular desde que se ha distinguido a Edom de nuevo, esta vez de forma específica (36:5; véase la meditación de ayer). La primera parte del mensaje a las montañas de Israel condena a los enemigos que los han asolado y saqueado, especialmente a Edom (36:1–7); la segunda mitad (36:8–15) predice una época en que ellas serán prósperas de nuevo. La promesa de que las montañas serán de nuevo fértiles y densamente pobladas es exactamente lo contrario de la maldición pronunciada contra Edom (35:3, 7, 15).

Como estas palabras para las montañas de Israel traen consigo el peligro de que los israelitas se consideren simples víctimas, y no pecadores responsables de su propia destrucción, Dios presenta un pequeño repaso histórico (36:16–21). Su propósito es reiterar que él derramó su ira sobre la tierra porque el pueblo del pacto era demasiado malvado. “Ellos mismos la contaminaron con su conducta y sus acciones” (36:17).

Sin embargo, para el mundo pagano que observaba, era como si el Dios de Israel no fuese capaz de proteger a su propio pueblo. Por tanto, el Todopoderoso entrará en acción, porque está comprometido con mostrar su santidad entre las naciones del mundo, delante de las cuales el pueblo del pacto la ha profanado. No lo hará a causa de la casa de Israel (36:22), es decir, porque esta lo mereciese, sino debido a de su propio nombre (36:22–23). ¿Qué hará él para vindicar su gloria? Primero, devolverá físicamente a los exiliados a su tierra (36:24). Segundo, tras ello introducirá grandes cambios morales y espirituales. El acto de rociar con agua pura (36:25) significa algo más que el perdón de pecados. El lenguaje deriva de los lavamientos rituales (Éxodo 30:17–21; Levítico 14:52; Números 19:17–19), pero aquí está relacionado con purificar a las personas de las inmundicias de la idolatría. El regalo de un “nuevo corazón” y de un “espíritu nuevo” no indica simples aspectos de la personalidad del ser humano, sino la transformación de todo su carácter, el equivalente de la promesa de Jeremías de un nuevo pacto (Jeremías 31:31ss.); el Señor Jesús emplea su lenguaje en su descripción del nuevo nacimiento (Juan. 3); Pablo describe la transformación (p. ej., Romanos 8). Esto es lo que produce el auténtico arrepentimiento (Ezequiel 36:31–32).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 276). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Reyes 4–5 | Efesios 2 | Ezequiel 35 | Salmo 85

2 OCTUBRE

Donald Carson

1 Reyes 4–5 | Efesios 2 | Ezequiel 35 | Salmo 85

Podríamos preguntarnos por qué se denuncia especialmente a Edom en Ezequiel 35. ¿No pertenece este material a los capítulos 25–32? ¿No debería encontrarse junto a la breve acusación contra esa misma nación en 25:12–14? La solución más fácil es suponer que este pasaje se insertase en el texto más adelante (algunos críticos así lo afirman). Sin embargo, eso pondría en duda la capacidad de quien lo hiciese. Además, si podemos hallar razones de por qué la ubicación de este capítulo resulta lógica, también se entenderá que se encuentre aquí en el texto original.

En cuanto a su forma, Ezequiel 35 mantiene algo de la estructura de las denuncias del capítulo 34: “porque… por tanto” (p. ej., 35:5–6, 10–11). Más importante aún es que Edom era un caso especial entre todas las naciones vecinas. Los edomitas eran descendientes de Esaú y la vieja rivalidad entre este y Jacob siguió existiendo entre Israel y Edom, dos naciones de familiares divididos por una antipatía común. No se menciona a Edom por su nombre en este capítulo; se hace referencia en su lugar a la montaña de Seír (35:2), es decir, el monte situado al este del Arabá, el valle que se extiende hacia el sur desde el Mar Muerto. Allí se inició su “enemistad perpetua” (35:5). Sin embargo, las referencias a la sangre y la muerte en este capítulo (en hebreo, dam) pueden constituir un juego de palabras intencionado con la no mencionada Edom, como una forma de señalar que su despreciable traición era mucho más repugnante por el grado de parentesco que mantenía con Israel. Cuando Jerusalén estaba al borde del colapso, Edom esperaba poder aprovecharse de la destrucción de “las dos naciones” (35:10, Israel y Judá) para ampliar su territorio. Probablemente, ofrecieron apoyo a Nabucodonosor a cambio de tierra. Sobre todo, su regodeo sobre los rivales caídos (35:12–15) es, bajo la perspectiva de Dios, un desafío contra él: “A pesar de que el Señor viva allí, las dos naciones y los dos territorios serán míos” (35:10); Dios advierte: “Me has desafiado con arrogancia e insolencia, y te he escuchado” (35:13). De hecho, parte de la restauración de los exiliados israelitas a su tierra implicará hacerla más segura para ellos: debe librarse de “las bestias feroces” (34:25) que la han asolado. Si se está haciendo una alusión sutil a las tribus de los alrededores que intentaban establecerse allí, esta profecía sobre la destrucción de Edom está convenientemente colocada aquí (véase también la meditación de mañana).

Así pues, además de las advertencias implícitas contra el rencor enconado y las venganzas familiares, este capítulo también garantiza al pueblo del pacto el compromiso continuo de Dios con el bienestar de ellos, incluyendo la destrucción de sus enemigos. ¿Qué pasajes del Nuevo Testamento se mantienen en esta misma sintonía, extrapolados en clave del nuevo pacto?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 275). Barcelona: Publicaciones Andamio.