¿Cómo vivir?

18 OCTUBRE

1 Reyes 21 | 1 Tesalonicenses 4 | Daniel 3 | Salmo 107

En 1 Tesalonicenses 4, Pablo nuevamente da instrucciones explícitas a sus conversos sobre cómo vivir (ver meditación del 4 de octubre). Aunque el tiempo que estuvo con los tesalonicenses fue breve, Pablo puede recordar esas pocas semanas y comentar: “Por lo demás, hermanos, os pedimos encarecidamente en el nombre del Señor Jesús que sigáis progresando en el modo de vivir que agrada a Dios, tal como lo aprendisteis de nosotros. De hecho, ya lo estáis practicando” (4:1). Lo que sigue en este capítulo son cuatro áreas de este tipo de instrucción (y aún más en el próximo capítulo, pero no las discutiremos aquí). Los tres primeros párrafos sobre “cómo vivir” están adornados de motivaciones y terminología teológicas; el cuarto es principalmente teológico en su argumento pero la razón para escribir es completamente práctica.

(1) Pablo afirma que la voluntad de Dios para los tesalonicenses es que sean santificados (4:3). Si bien, para Pablo, la santificación suele ser posicional o por definición (por ejemplo, piensa en el hecho de que los creyentes han sido santificados en Cristo en el momento de su conversión; en otras palabras, separados para Dios y su obra; ver meditación del 27 de agosto), aquí se refiere a las implicaciones de la conversión en cuanto a la manera de vivir de los creyentes. En particular, le preocupa el ámbito sexual. El texto griego del versículo 4 podría significar que “aprenda a controlar su propio cuerpo” (en términos sexuales), o que “aprenda a vivir con su propia esposa” (en armonía sexual honrosa, no en explotación o manipulación sexual) o incluso que “aprenda a conseguir una esposa” (de manera honrosa, no mediante una relación basada únicamente en la lujuria). El hecho de que “Dios no nos llamó a la impureza sino a la santidad” (4:7) tiene una consecuencia inmediata sobre nuestra conducta sexual.

(2) El amor en la comunidad cristiana es señal de que la iglesia ha “aprendido de Dios”. Si bien es excelente la reputación de los tesalonicenses en este sentido, aun así Pablo les anima a crecer y mejorar (4:9–10).

(3) La ambición cristiana debe ir dirigida a una fidelidad tranquila, sin entrometerse en lo ajeno, y a trabajar arduamente para no ser una carga para los demás. A juzgar por la frecuencia con la que Pablo vuelve a esta idea, uno sospecha que la iglesia de Tesalónica estaba llena de vagos (5:14; 2 Tesalonicenses 3:11–13).

(4) El último párrafo (4:13–18) trata sobre “los que duermen” y el contexto nos muestra que se refiere a los cristianos que han muerto. ¿Qué les ocurre? Aparentemente, Pablo no pudo dedicarle mucho tiempo a estos asuntos cuando estuvo entre ellos. Y como no quiere que sean ignorantes (4:13), les relata lo que sucede. El punto importante a observar es que esta doctrina se desarrolla para mitigar el dolor que experimentan los creyentes al perder seres queridos: nos entristecemos, pero no “como esos otros que no tienen esperanza” (4:13). Las instrucciones sobre cómo vivir se extienden incluso a cómo guardar luto.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 291). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Pablo ora constantemente

17 OCTUBRE

1 Reyes 20 | 1 Tesalonicenses 3 | Daniel 2 | Salmo 106

La intensidad de la relación entre Pablo y sus convertidos surge una y otra vez. Nunca vemos indicio alguno de que a Pablo le moviera un mero profesionalismo. Si bien, en ocasiones, está dispuesto a afirmarse en su autoridad apostólica, su postura hacia las iglesias que fundó nunca es una de superioridad distante. Cuando Pablo se vio imposibilitado de visitar a los creyentes tesalonicenses para saber cómo les iba—y en este caso estaba particularmente preocupado porque su ministerio en Tesalónica duró tan sólo un mes, así que estos creyentes no estaban tan cimentados como la mayoría de los convertidos—, decidió enviar a Timoteo para que este viera cómo estaban

(1 Tesalonicenses 3:1–2). Ahora que Timoteo ha regresado a Atenas, donde está Pablo, con sus maravillosas noticias sobre la fe y el amor de los tesalonicenses (3:6, dos elementos de la tríada paulina; ver meditación del 11 de octubre), y no digamos ya su lealtad a Pablo y al evangelio apostólico, el gozo de Pablo no tiene límites: “Por eso, hermanos, en medio de todas nuestras angustias y sufrimientos vosotros nos habéis dado ánimo por vuestra fe. ¡Ahora sí que vivimos al saber que estáis firmes en el Señor!” (3:7–8). Como si eso no fuera suficiente, Pablo exclama: “¿Cómo podemos agradecer lo suficiente a nuestro Dios por vosotros y por toda la alegría que nos habéis proporcionado delante de él?” (3:9).

Esto, a su vez, provoca que Pablo revele su forma de orar por los tesalonicenses.

(1) Pablo ora constantemente (dice que de noche y de día), “con gran insistencia” por poder, de alguna manera, regresar a Tesalónica y “suplir lo que le falta a su fe” (3:10–11). Esta iglesia joven no ha tenido mucha base. Pablo siente el enorme peso y la responsabilidad de suplirla, de explicarles todo el consejo de Dios, articular el evangelio de manera completa, enseñarles a estos hermanos cómo se organiza la Biblia y suministrarles una visión clara del objeto correcto de su fe para que su fe (subjetiva) esté bien fundamentada.

(2) Mientras tanto, pide que crezca y abunde el amor de los tesalonicenses unos por los otros (3:12). Pablo entiende que una comunidad cristiana que sabe amar bien no sólo va a reflejar el evangelio en su vida, sino que proveerá el marco que cultive la enseñanza bíblica. Una comunidad llena de riñas aleja a las personas. Más aún, en esta cultura muchas relaciones se formaban sobre la base de la obligación. Un “benefactor” suplía algo y el receptor le debía cierta deferencia o servicio. Por el contrario, Pablo quiere que los cristianos trasciendan esas limitaciones culturales y vivan de manera que todo creyente cumpla constantemente con la “obligación” de amar a los demás, sobrepasando con mucho la mera reciprocidad mezquina.

(3) Pablo ora para que Dios mismo fortalezca a los creyentes en Tesalónica para que estos puedan vivir preparados para el regreso de Jesús (3:13).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 290). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Rey Acab

16 OCTUBRE

1 Reyes 19 | 1 Tesalonicenses 2 | Daniel 1 | Salmo 105

Seguro que Elías esperaba que, tras la confrontación triunfante del Monte Carmelo, Israel volvería al Dios vivo (1 Reyes 19). Como él había ejecutado a los profetas falsos, la reina Jezabel sería eliminada a petición popular de una población indignada y decidida a ser fiel y leal al pacto. Tal vez, el mismo rey Acab se arrepentiría y se uniría.

Sin embargo, no sucedió así. El rey Acab informó a Jezabel sobre todo lo que había sucedido y ella amenaza de muerte a Elías (19:2). El pueblo brilla por su ausencia. El texto nos dice que “Elías se asustó y huyó para ponerse a salvo” (19:3). De hecho, una versión textual (que bien podría ser la original) dice: “Elías vio y huyó por su vida”; es decir, que ahora se dio cuenta de las dimensiones de todo el problema y huyó. Descendió hasta Beerseba, en la frontera sur del reino de Judá, dejó allí a su criado y siguió su camino. Luego, llegó al Monte Horeb, el lugar donde se dio la Ley. Estaba tan profundamente deprimido que quiso morir (19:4). Peor aún, sucumbió a la autocompasión: todos los demás han rechazado a Dios, todos los israelitas han quebrantado el pacto, han matado a todos los profetas salvo a Elías. “Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!” (19:10).

Uno puede comprender la desesperación de Elías. En parte, se fundamenta en unas expectativas que no se han cumplido. Pensó que todo lo ocurrido provocaría una renovación masiva. Ahora no sólo se siente aislado, sino traicionado. Y sin embargo:

(1) Sus datos estaban equivocados. Él sabía que al menos cien de los profetas del Señor todavía vivían, aunque estuvieran escondidos (18:13).

(2) El estado en el que se encontraba no le hacía apto para juzgar los corazones de todos los israelitas. Es posible que algunos fueran fieles a Yahvé, pero estaban aterrorizados de Jezabel y por eso permanecían callados. Al fin y al cabo, ¿no es eso lo que él mismo estaba haciendo?

(3) Dios asegura a Elías que ha “reservado” para sí siete mil personas que nunca se han arrodillado ante Baal ni lo han besado (19:18). Aquí, vemos el comienzo de un tema principal en la Biblia: la doctrina del remanente. Puede que la comunidad del pacto en general haya apostatado, pero el Dios Todopoderoso sigue “reservando” para sí un remanente fiel. Este, a su debido tiempo, se convirtió en el núcleo de la iglesia naciente del Nuevo Testamento.

(4) A veces, Dios obra y habla de manera sutil y no en confrontaciones masivas (19:11–13).

(5) Tarde o temprano, incluso los líderes más fuertes (de hecho, especialmente los líderes fuertes) necesitan un ayudante y aprendiz más joven que camine a su lado, lleve parte de la carga y, posteriormente, continúe la tarea (19:19–21).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 289). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La tríada paulina

15 OCTUBRE

1 Reyes 18 | 1 Tesalonicenses 1 | Ezequiel 48 | Salmo 104

Estoy tentado a comentar un poco más la tríada paulina que aparece en 1 Tesalonicenses 1:3 (ver meditación del 11 de octubre), pero la confrontación en el Monte Carmelo (1 Reyes 18) me reclama.

Lo más chocante de esta confrontación es que era necesaria. Se trata del pueblo de Dios, el del pacto. No es que Dios nunca se les hubiera revelado. La mente colectiva de las diez tribus del reino del norte prácticamente ha abandonado su legado. Cuando Elías desafía al pueblo con las palabras: “Hasta cuándo vais a seguir indecisos? Si el Dios verdadero es el Señor, debéis seguirlo; pero si es Baal, seguidle a él” (18:21), el pueblo no dice nada.

No obstante, antes de que nos embarquemos en un discurso de juicio y superioridad, debemos reflexionar sobre cuán frecuentemente la iglesia se ha descarrilado. El Gran Despertar fue un movimiento poderoso del Espíritu de Dios y, sin embargo, un siglo más tarde, muchas de las iglesias que se habían llenado de nuevos conversos, teología sólida y vida piadosa habían degenerado hasta llegar al unitarismo. ¿Quién iba a decir que la tierra que nos regaló a Lutero y la Reforma nos daría también a Hitler y el Holocausto? ¿Por qué el evangelicalismo del siglo XX que se propagó enormemente entre, digamos, 1930 y 1960, produjo tanta variedad de personas autodenominadas como evangélicos que ningún líder eclesial del período anterior hubiera reconocido como tal? La triste realidad es que la memoria humana es corta, selectiva y ventajista. Más aún, cada nueva generación comienza desde un punto de partida distinto. Como todos sus miembros necesitan convertirse, la iglesia siempre se halla a una o dos generaciones de la posibilidad de extinguirse. Si olvidamos este sencillo hecho, podemos fácilmente dormirnos en los laureles cuando estamos cómodos y, de alguna manera, perder de vista nuestra misión y ciertamente también a nuestro Hacedor y Redentor.

La preparación en el Monte Carmelo fue espectacular: un profeta contra 850, Yahvé contra Baal, a quien se le conocía como el dios del fuego. Es como si Elías hubiera organizado la competencia en la cancha de Baal. Sus palabras burlonas encienden a los falsos profetas y estos se vuelcan en una orgía de autoflagelación (18:28). Por instrucción de Dios (18:36), Elías disminuye las probabilidades al empapar el sacrificio que está preparando. Luego, por la noche, su propia y breve oración trae fuego fulminante del cielo y el pueblo clama: “¡El Señor es Dios, el Dios verdadero!” (18:39). Y como respuesta a la intercesión de Elías, regresa la lluvia a la tierra reseca.

En la profundidad del corazón de muchos cristianos, algo grita: “¡Hazlo otra vez!” No es que busquemos exactamente lo mismo, sino una clara confrontación que provoque la confesión masiva y decidida del Dios verdadero.

¿Pero todo esto, cambió a Israel? ¿Por qué o por qué no?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 288). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Carta de Pablo

14 OCTUBRE

1 Reyes 17 | Colosenses 4 | Ezequiel 47 | Salmo 103

En varios momentos del Nuevo Testamento, se nos presentan breves semblanzas de grupos de personas cristianas. Romanos 16 nos ofrece uno de estos retratos, y Colosenses 4:7–18 nos presenta otro. Los hombres y las mujeres que se mencionan brevemente vivieron vidas complejas y entrelazadas, de las cuales no sabemos casi nada. Pero son nuestros hermanos y hermanas en Cristo: se enfrentaron a la tentación, superaron desafíos, ejecutaron tareas muy diferentes y llevaron a cabo su papel en diversos estratos de la sociedad. La mirada breve que se nos ofrece aquí alimenta nuestra imaginación; nuestra curiosidad más plena será satisfecha sólo en el cielo.

Algunos comentarios nos pueden ofrecer pistas sobre lo que se puede aprender de la información que suministra la carta de Pablo.

(1) Pablo mantenía un grupo de personas trabajando con él. Una de sus funciones era viajar entre los lugares donde estaba Pablo y las iglesias de las cuales él se sentía responsable. Si combinamos las cartas de Pablo con el libro de los Hechos, es posible trazar algunas de las rutas constantes de viaje. Aquí, Pablo envía a Tíquico a los colosenses con un propósito explícitamente pastoral (4:7–8).

(2) El “Marcos” del que se habla en el 4:10, con toda seguridad era Juan Marcos, el autor del segundo Evangelio. Aquí se le identifica como pariente de Bernabé. Esto podría explicar parcialmente la disputa entre Bernabé y Pablo en cuanto a si se le debería dar a Marcos una segunda oportunidad después de que este abandonara la primera expedición misionera (Hechos 13:5, 13; 15:37–40). Ciertamente, ya al final del ministerio de Pablo, Marcos había sido restaurado ante los ojos del apóstol (2 Timoteo 4:11).

(3) Los colaboradores de Pablo solían incluir judíos y gentiles (4:11). No hace falta mucha imaginación para reconocer los retos y tensiones que nacían de este arreglo, así como las bendiciones y riquezas.

(4) Epafras surge como un modelo formidable. Siempre está “luchando en oración” por los creyentes colosenses. Lo que pide, sobre todo lo demás, es que ellos, “plenamente convencidos, os mantengáis firmes, cumpliendo en todo la voluntad de Dios.” (4:12). ¡Cuánta necesidad hay hoy día en la iglesia de Cristo de guerreros de oración con un énfasis como este!

(5) El “Lucas” que se menciona en el 4:14 seguramente era el autor del tercer Evangelio y del libro de los Hechos, y era gentil (puesto que aparece en la sección de los gentiles dentro de esta lista, 4:11ss). Esto le convierte en el único escritor gentil de un documento del Nuevo Testamento. A Demas se le menciona en la misma frase, pero probablemente este es el mismo que al final abandona la misión y el evangelio (2 Timoteo 4:10). Los buenos comienzos no garantizan buenos finales.

(6) Las iglesias del primer siglo no tenían edificios propios. Los creyentes se reunían regularmente en los hogares de los miembros más adinerados. Ninfas, de Laodicea, era una de las mujeres ricas de una ciudad próspera, y la iglesia se congregaba en su casa (4:15).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 287). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El norte y el sur

13 OCTUBRE

1 Reyes 16 | Colosenses 3 | Ezequiel 46 | Salmo 102

Primero y Segundo de Reyes narran la decadencia de la suerte en ambos reinos: el norte y el sur. De vez en cuando, surge un rey reformador en uno u otro gobierno. Pero en su mayoría, la historia va en declive. Un poco de orientación (1 Reyes 16):

(1) Si bien 1 y 2 de Reyes hablan de ambos reinos, el énfasis está sobre el norte. Por otro lado, 1 y 2 de Crónicas, que cubren más o menos el mismo material, se inclinan fuertemente hacia el reino de Judá.

(2) En el sur, la dinastía davídica continúa. Durante su historia, peligró bastante, humanamente hablando. Sin embargo, Dios preservó el linaje; su propósito de redención está ligado a la continuidad de esa descendencia de David. La postura general se expresa bien en 1 Reyes 15:4. Abiam, rey de Judá, reinó sólo tres años y sin duda era un rey malvado. “No obstante, por consideración a David, el Señor su Dios mantuvo la lámpara de David encendida en Jerusalén, y le dio un hijo que le sucediera, para fortalecer así a Jerusalén”. No obstante, en el norte ninguna dinastía se mantuvo mucho tiempo. La dinastía de Jeroboam duró dos generaciones y luego fue masacrada (15:25–30), pasando a ser reemplazada por Baasa (15:33–34). Su dinastía también produjo dos reyes, y luego los varones de su familia fueron eliminados por Zimri, cuya dinastía duró nada más y nada menos que siete días (16:15–19). Y así continuó. Si el linaje davídico persistió en el sur, fue sólo por gracia.

(3) Estas sucesiones en el norte son brutales y sangrientas. Por ejemplo, después de Zimri los ciudadanos de Israel se enfrentaron a una pequeña guerra civil, pues estaban divididos entre Omri y Tibni. Los seguidores de Omri ganaron y en el texto se hace un comentario irónico: “y Tibni murió, y Omri fue rey” (16:22). En fin, hay un hambre perenne de poder, pocos sistemas que ayudaran a una transición ordenada de gobierno y ninguna sumisión profunda al Dios vivo.

(4) No obstante, desde la perspectiva de Dios, la severidad del pecado se mide, primeramente y sobre todo, no en términos de la violencia sangrienta, sino de idolatría (por ejemplo, 16:30–33). Omri fue un gobernante enérgico que fortaleció enormemente a la nación, pero de eso se escribió muy poco. Desde el punto de vista divino, él “hizo lo que ofende al Señor y pecó más que todos los reyes que le precedieron” (16:25). Los programas de construcción y el aumento del Producto Interior Bruto (PIB) no compensan por la idolatría.

(5) Los detalles en estos relatos suelen enlazar la narrativa con eventos muy anteriores y futuros. Por ejemplo, la reconstrucción de Jericó (16:34) nos recuerda la maldición sobre la ciudad cuando fue destruida siglos atrás (Josué 6:26). La fundación de la ciudad de Samaria (16:24) anticipa innumerables relatos sobre hechos que ocurrieron en esa ciudad, incluyendo el de Jesús y la mujer en el pozo (Juan 4; ver meditación del 14 de marzo).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 286). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Vida en Cristo

12 OCTUBRE

1 Reyes 15 | Colosenses 2 | Ezequiel 45 | Salmos 99–101

La siguiente situación ocurrió en el contexto de un estudio bíblico que dirigía una mujer de la iglesia que yo pastoreaba. Una persona de una secta conocida se había infiltrado en este grupo y la mujer de nuestra iglesia pronto se encontró en aguas demasiado profundas. Me invitaron y acabé participando en una confrontación pública con el “pastor” (aunque él no se llamaba a sí mismo así) de la secta del intruso. Una de las cosas que él quería negar enfáticamente era la deidad de Jesucristo. Al observar juntos las referencias bíblicas que dicen algo sobre la deidad de Cristo, nos encontramos con Colosenses 2:9. Él quería interpretar el pasaje de manera muy libre, algo como: “en Cristo, todos los atributos de la Deidad habitan en forma corporal”.

Le pregunté qué atributos de Dios no se encontraban en Jesús. Inmediatamente, se dio cuenta del problema. Si decía “ser eterno” (cosa que él creía), se vería atrapado, porque estaría en contradicción con su propia traducción. Pero si respondía “ninguna” (negando sus propias creencias), entonces ¿cómo se podría distinguir a Jesús de Dios tan claramente como él proponía?

De cualquier forma, Colosenses 2:9 es aún más fuerte de lo que su traducción le permitía: “en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”. Observemos:

(1) En este contexto, a los colosenses se les exhorta a continuar la vida en Cristo, “de la manera que recibisteis a Cristo Jesús como Señor” (2:6). Estas palabras nos sugieren, como es usual, la identidad divina de Jesús, porque la palabra Señor era la manera más común de dirigirse a Dios en las versiones griegas del Antiguo Testamento.

(2) Tanto en esa época como en la nuestra, hay personas que tratan de engañar a la gente mediante “vana y engañosa filosofía que sigue tradiciones humanas” (2:8). Prácticamente, en todos los casos, la meta de dichas filosofías engañosas era disminuir o relativizar a Cristo, para desviar la atención y la lealtad del pueblo hacia otras cosas. No sólo estos versículos, sino gran parte de la carta a los colosenses demuestra que, quienquiera que sean estos herejes, su ataque es contra Cristo. Pablo no cede: “Toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo” y en él estás completo, en él puedes disfrutar de toda la plenitud que jamás podrás experimentar (2:9). Volverse a otras añadiduras en vez de a él es desastroso, pues sólo él “es la cabeza de todo poder y autoridad” (2:10).

(3) Por lo visto, al menos una de las ramas de herejía en Colosas intentaba lograr que los creyentes le añadieran a Cristo una gama de rituales judíos. Pablo, sin embargo, permanece firme: él entiende que los rituales ordenados por el Antiguo Testamento eran “una sombra de las cosas que van a venir; la realidad se halla en Cristo” (2:17).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 285). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El conjunto de la fe

11 OCTUBRE

1 Reyes 14 | Colosenses 1 | Ezequiel 44 | Salmos 97–98

El conjunto de la fe, la esperanza y el amor a veces se conoce como la tríada paulina. Aparecen en las cartas de Pablo en varias combinaciones. En ocasiones, se mencionan sólo dos de las tres; en otros casos, todas.

Quizás el mejor conocido de los versículos que contienen la tríada paulina es 1 Corintios 13:13: “Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor”. Aquí no se expresa ninguna relación entre las tres. Pablo nos dice que permanecerán estas tres virtudes—la fe, la esperanza y el amor. A esta última la denomina “el camino más excelente” (12:31b; ver la meditación del 8 de septiembre), y no como un “don”. Creo que, al decir que “permanecen”, se refiere a que todas se mantendrán en la eternidad y, por ello, debemos fomentarlas y procurarlas ahora. Pero la mayor de estas tres virtudes, afirma Pablo, es el amor. No nos dice por qué. Si nos basamos en el resto del Nuevo Testamento, podríamos asegurar razonablemente que la razón por la cual el amor es el mayor es porque es un atributo de Dios. Dios no ejercita la fe; no “espera” en el sentido de mirar hacia delante al cumplimiento de algo que otros ejecutarán. Pero sí ama: de hecho, 1 Juan 4:8 afirma que Dios es amor; ningún texto dice que él es la fe o la esperanza. El mayor de estos es el amor.

Aquí, en Colosenses 1:3–6, sin embargo, la relación entre los tres elementos de la tríada paulina es diferente. Pablo dice que le da gracias a Dios cuando ora por los colosenses “pues hemos recibido noticias de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis por todos los santos a causa de la esperanza reservada para vosotros en el cielo. De esta esperanza ya habéis sabido por la palabra de verdad, que es el evangelio que ha llegado hasta vosotros. Este evangelio está dando fruto y creciendo en todo el mundo, como también ha sucedido entre vosotros desde el día en que supisteis de la gracia de Dios y la comprendisteis plenamente” (1:4–6). Esta traducción capta muy bien el sentido. A ver:

(1) Pablo no fundó la iglesia colosense, pero al oír acerca de estos creyentes, ora por ellos constantemente, con acción de gracias.

(2) Lo que Pablo escuchó de los creyentes colosenses es de su fe y amor, ambos demostrables. Si tienes fe en Jesús y amas a los santos, ninguna de estas virtudes se puede esconder. Eran tan evidentes entre los colosenses, que las noticias sobre su fe y amor llegaron a los oídos de Pablo. ¿Cuán lejos llegan hoy las noticias sobre la fe y el amor de nuestras iglesias?

(3) Pablo dice que esta fe y este amor son “a causa de la esperanza” que está reservada para ellos (1:5). Vivir con la eternidad en mente revitaliza la fe y hace brotar el amor.

(4) Esta esperanza, que ha sido la base de su fe y amor, a su vez se ha fundamentado sobre el evangelio, la palabra de verdad que les fue predicada (1:5–6).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 284). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Un poco de consejo práctico para los cristianos

10 OCTUBRE

1 Reyes 13 | Filipenses 4 | Ezequiel 43 | Salmos 95–96

Un poco de consejo práctico para los cristianos (Filipenses 4:4–9):

(1) “Regocijaos en el Señor siempre” (4:4). Este mandamiento es tan importante que Pablo lo repite. Nuestra responsabilidad de obedecerlo es independiente de las circunstancias, pues no importa cuán miserable sea nuestra situación, el cristiano siempre tiene las razones más profundas para regocijarse en Cristo Jesús: el perdón de pecados y la esperanza de una vida de resurrección en el nuevo cielo y la nueva tierra, por no hablar de la consolación del Espíritu en el presente y mucho más. Hablando en términos prácticos, Pablo sabe bien que el creyente que verdaderamente se regocija en el Señor no puede ser un traidor, ni tramposo, ni quejoso, ni ladrón, ni perezoso, ni amargado ni lleno de odio.

(2) “Vuestra amabilidad sea conocida” (4:5). Es casi una paradoja deliciosa. Nuestra cultura quiere que seamos conocidos por la agresividad o por cierta superioridad o fuerza intrínseca. La persona amable no suele pensar en ser conocida. Pero Pablo quiere que nos esforcemos de tal manera por la amabilidad, que se nos conozca por nuestra gentileza. El fundamento que ofrece Pablo es que “el Señor está cerca”. En este contexto, probablemente no se refiere a la cercanía de la venida del Señor, sino a que el Señor mismo nunca está lejos de su pueblo: está cerca y vela por nosotros, como lo hace todo el tiempo. Esto se convierte en nuestra motivación para actuar como él quisiera que actuáramos.

(3) “No estéis afanosos” (4:6–7). Pablo no es partidario de un escapismo irresponsable, y menos todavía de un optimismo iluso. Más aún, en términos estrictos, no nos está pidiendo sencillamente que dejemos de preocuparnos y ya está; más bien, nos dice cómo dejar de preocuparnos. Debemos reemplazar esta ansiedad constante por otra cosa: “más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presentad vuestras peticiones a Dios y dadle gracias [vuelve el tema de la alabanza]” (4:6). Pablo no niega la agonía y el dolor de muchas de las experiencias humanas. ¿Cómo iba a hacer tal cosa? Sus cartas demuestran que sufrió lo peor. No obstante, conoce la solución. O la preocupación espanta a la oración, o la oración espanta a la preocupación. Más aún, afirma Pablo, esta oración disciplinada, agradecida e intercesora, trae consigo “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (4:7).

(4) Tened pensamientos santos (4:8–9). Lo que entra es lo mismo que sale. Somos renovados mediante la transformación de nuestra mente (Romanos 12:1–2). Así que vigila lo que le das a tu mente como alimento; cuida lo que piensas; decídete a dirigir tus pensamientos por canales buenos y saludables, no aquellos caracterizados por la amargura, el resentimiento, la lujuria, el odio o la envidia. Medita sobre todas las cosas que Pablo incluye en su variada lista del versículo 8. Más aún, aquí también Pablo mismo nos sirve de gran ejemplo (4:9: no nos pide que hagamos algo que él mismo no practica).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 283). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La división del reino

9 OCTUBRE

1 Reyes 12 | Filipenses 3 | Ezequiel 42 | Salmo 94

La división del reino en dos partes dispares—el reino de Israel con sus diez tribus al norte y el reino de Judá con dos tribus al sur (1 Reyes 12)—nos presenta una dinámica asombrosa entre la soberanía de Dios y la responsabilidad humana.

Dios ya había anunciado, a través del profeta Ahías, que Jeroboam le arrancaría al sucesor de Salomón las diez tribus del norte (11:26–40). A Jeroboam se le dijo de manera explícita que, si permanecía fiel al Señor, este establecería para él una dinastía. No obstante, una vez Jeroboam asegura las tribus del norte, lo primero que hace es construir becerros de oro en Betel y en Dan, y consagrar sacerdotes no levíticos porque no quiere que su pueblo viaje hasta el templo en Jerusalén (12:25–33). ¿Acaso no se da cuenta de que si Dios tiene el poder para darle las diez tribus y la preocupación de advertirle sobre la infidelidad, ciertamente también lo tiene para preservar la integridad del reino del norte aunque el pueblo suba a Jerusalén para las fiestas principales? No obstante, Jeroboam ejecuta sus juicios políticos, rehúsa obedecer a Dios y se muestra desagradecido ante lo que se le ha concedido. Su único legado duradero es que, en todo el resto del Antiguo Testamento, se le nombra como “Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel” (2 Reyes 14:24, por ejemplo).

Más inexplicable aún es Roboam, el hijo de Salomón. Puede que Salomón haya sido un diestro administrador de la justicia, pero, al final de su vida, sus proyectos enormemente costosos estaban desgastando a su pueblo. Sus representantes le garantizan a Roboam que le serán fieles únicamente si les alivia un poco la carga. Los ancianos le aseguran a Roboam que su petición es razonable: debe tomar la actitud de siervo ante este pueblo y servirle, pues así descubrirá que ellos le servirán para siempre (12:7). Con una enorme insensibilidad y crasa estupidez, Roboam escucha el consejo de “jóvenes” ensimismados que no tenían la menor noción sobre la gente en general y sobre esta nación en particular (12:8), de manera que Roboam responde con dureza, no sólo rechazando la petición del pueblo, sino prometiendo más exigencias y mayor brutalidad. Y, de repente, la rebelión ha comenzado.

Aun así, el escritor comenta: “De modo que el rey no le hizo caso al pueblo. Las cosas tomaron este rumbo por voluntad del Señor, para que se cumpliera lo que ya él le había dicho a Jeroboam hijo de Nabat por medio de Ahías el silonita” (12:15). La soberanía de Dios (ver, por ejemplo, la meditación del 3 de junio) no excusa ni mitiga la insensatez de Roboam ni la rebelión de Jeroboam; su estupidez y pecado no significa que Dios haya perdido el control. Estos misterios de la providencia hacen difícil “leer” la historia; también se vuelven un enorme consuelo y nos permiten descansar en Romanos 8:28.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 282). Barcelona: Publicaciones Andamio.