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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

El norte y el sur

13 OCTUBRE

1 Reyes 16 | Colosenses 3 | Ezequiel 46 | Salmo 102

Primero y Segundo de Reyes narran la decadencia de la suerte en ambos reinos: el norte y el sur. De vez en cuando, surge un rey reformador en uno u otro gobierno. Pero en su mayoría, la historia va en declive. Un poco de orientación (1 Reyes 16):

(1) Si bien 1 y 2 de Reyes hablan de ambos reinos, el énfasis está sobre el norte. Por otro lado, 1 y 2 de Crónicas, que cubren más o menos el mismo material, se inclinan fuertemente hacia el reino de Judá.

(2) En el sur, la dinastía davídica continúa. Durante su historia, peligró bastante, humanamente hablando. Sin embargo, Dios preservó el linaje; su propósito de redención está ligado a la continuidad de esa descendencia de David. La postura general se expresa bien en 1 Reyes 15:4. Abiam, rey de Judá, reinó sólo tres años y sin duda era un rey malvado. “No obstante, por consideración a David, el Señor su Dios mantuvo la lámpara de David encendida en Jerusalén, y le dio un hijo que le sucediera, para fortalecer así a Jerusalén”. No obstante, en el norte ninguna dinastía se mantuvo mucho tiempo. La dinastía de Jeroboam duró dos generaciones y luego fue masacrada (15:25–30), pasando a ser reemplazada por Baasa (15:33–34). Su dinastía también produjo dos reyes, y luego los varones de su familia fueron eliminados por Zimri, cuya dinastía duró nada más y nada menos que siete días (16:15–19). Y así continuó. Si el linaje davídico persistió en el sur, fue sólo por gracia.

(3) Estas sucesiones en el norte son brutales y sangrientas. Por ejemplo, después de Zimri los ciudadanos de Israel se enfrentaron a una pequeña guerra civil, pues estaban divididos entre Omri y Tibni. Los seguidores de Omri ganaron y en el texto se hace un comentario irónico: “y Tibni murió, y Omri fue rey” (16:22). En fin, hay un hambre perenne de poder, pocos sistemas que ayudaran a una transición ordenada de gobierno y ninguna sumisión profunda al Dios vivo.

(4) No obstante, desde la perspectiva de Dios, la severidad del pecado se mide, primeramente y sobre todo, no en términos de la violencia sangrienta, sino de idolatría (por ejemplo, 16:30–33). Omri fue un gobernante enérgico que fortaleció enormemente a la nación, pero de eso se escribió muy poco. Desde el punto de vista divino, él “hizo lo que ofende al Señor y pecó más que todos los reyes que le precedieron” (16:25). Los programas de construcción y el aumento del Producto Interior Bruto (PIB) no compensan por la idolatría.

(5) Los detalles en estos relatos suelen enlazar la narrativa con eventos muy anteriores y futuros. Por ejemplo, la reconstrucción de Jericó (16:34) nos recuerda la maldición sobre la ciudad cuando fue destruida siglos atrás (Josué 6:26). La fundación de la ciudad de Samaria (16:24) anticipa innumerables relatos sobre hechos que ocurrieron en esa ciudad, incluyendo el de Jesús y la mujer en el pozo (Juan 4; ver meditación del 14 de marzo).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 286). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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