PRUEBAS BIENAVENTURADAS

PRUEBAS BIENAVENTURADAS

10/8/2017

Tenemos por bienaventurados a los que sufren.

Santiago 5:11

Santiago terminó su disertación acerca de las pruebas diciendo: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación [las pruebas]” (1:12). Las personas que soportan con éxito las pruebas y vencen la tentación son realmente felices. Santiago no dice que la felicidad es la libertad de las pruebas, sino la victoria sobre ellas. Hay una gran diferencia. No es el gozo superficial del espectador que nunca estuvo en el conflicto; es la alegría del participante que luchó y ganó. ¿Es su experiencia como la del primero o la del
segundo?

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Nuestro bien es el deleite de Dios

OCTUBRE, 08

Nuestro bien es el deleite de Dios

Devocional por John Piper

Haré con ellos un pacto eterno, por el que no me apartaré de ellos, para hacerles bien, e infundiré mi temor en sus corazones para que no se aparten de mí. Me regocijaré en ellos haciéndoles bien, y ciertamente los plantaré en esta tierra, con todo mi corazón y con toda mi alma. (Jeremías 32:40-41)

Dios en búsqueda de nuestra alabanza y nosotros en búsqueda de deleitarnos en él son una misma búsqueda. El propósito de Dios de ser glorificado y nuestro propósito de ser satisfechos alcanzan su meta en esta única experiencia: nuestro deleite en Dios, que se desborda en forma de alabanza.

Para Dios, la alabanza es el dulce eco de su propia excelencia en el corazón de sus hijos.

Para nosotros, la alabanza es la cumbre de nuestra satisfacción, que surge de vivir en comunión con Dios.

La deslumbrante implicación de este descubrimiento es que toda la energía omnipotente que mueve el corazón de Dios a buscar su propia gloria también lo impulsa a satisfacer los corazones de aquellos que buscan gozarse en él.

Las buenas nuevas de la Biblia consisten en que Dios no se muestra para nada renuente a satisfacer los corazones de aquellos que esperan en él. Ocurre exactamente lo opuesto: aquello que puede hacernos más felices que ninguna otra cosa es también en lo que Dios se deleita con todo su corazón y con toda su alma.

Con todo su corazón y con toda su alma, Dios se une a nosotros en la búsqueda de nuestro gozo eterno, porque la consumación de ese gozo en él redunda en la gloria de su propia valía infinita.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 53-54

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«Orando en el Espíritu Santo»

8 de octubre

«Orando en el Espíritu Santo».

Judas 20

Observa la notable característica de la verdadera oración: «En el Espíritu Santo». La semilla de la devoción aceptable debe proceder de los graneros del Cielo. Solo la oración que viene de Dios puede volver a Dios. Las flechas que nos lanza el Señor tenemos que disparárselas de nuevo a él. El deseo que Dios ha estampado en nuestros corazones le conmoverá y nos traerá la bendición; pero aquellos deseos que son de la carne no tienen poder alguno delante de él.

Orar en el Espíritu Santo es orar con fervor. Las oraciones frías parecen pedirle al Señor que no las oiga. Aquellos que no ruegan con fervor no ruegan en absoluto. Hablar de oraciones frías es como hablar de un fuego frío. Es indispensable que la oración sea ardiente. Orar en el Espíritu es orar con perseverancia: el que ora con sinceridad va adquiriendo poder a medida que avanza en la oración y, cuando Dios tarda en responderle, ora con más fervor. Cuanto más tiempo la puerta permanece cerrada, tanto más fuerte es el aldabonazo de la oración; y cuanto más se demora el ángel en contestar, tanto más resuelta está ella a no dejarlo ir sin que la bendiga. Hermosa es a lo ojos de Dios la importunidad que llora, lucha y prevalece. Orar en el Espíritu es orar con humildad, pues el Espíritu Santo nunca nos hinchará de orgullo. Su misión es convencer de pecado y así humillarnos en contrición y quebrantamiento de espíritu. Nunca cantaremos Gloria in excelsis hasta que oremos a Dios De profundis. Debemos clamar de lo profundo, de otro modo jamás contemplaremos la gloria en toda su magnitud. Orar en el Espíritu es orar con amor. La oración debe estar perfumada con amor, saturada de amor: amor a nuestros hermanos y a Cristo. Además, la oración ha de estar llena de fe. El hombre solo prevalece cuando cree. El Espíritu Santo es el autor de la fe y quien alienta esta última para que oremos creyendo en las promesas de Dios. ¡Ojalá esta feliz combinación de virtudes excelentes, inapreciables y aromáticas como las especias de los mercaderes, sea fragante en nosotros por el Espíritu Santo que está en nuestros corazones! ¡Oh muy bendito Consolador, ejerce tu irresistible poder sobre nosotros ayudándonos con nuestras flaquezas en la oración!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 292). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

“La obediencia es hacer, más que decir”

“La obediencia es hacer, más que decir”

Marcos Peña

Jeremías 42-43

 

Marcos Peña Llamado a salvación en algún momento de su adolescencia pues su madre lo expuso desde pequeño a la Palabra de Dios. Siendo un adolescente le predicó el evangelio a otros jóvenes que posteriormente fundaron Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en 1978. Desde los inicios de nuestra Iglesia fue uno de sus jóvenes líderes, pasando algunos años de estudios teológicos formales entre el 1979 y 1980 en el Instituto Bíblico Quisqueyano. Fue elegido como diácono en febrero de 1987 y en abril del 2001 comenzó a formar parte del cuerpo de pastores de IBSJ. Ha dado clases del Antiguo Testamento en el Instituto Bíblico Logos. Actualmente es responsable del grupo de jóvenes, imparte clases de Escuela Dominical y predica. El pastor Marcos Peña está casado con Carmen Julia Linares y es padre de tres hijas: Ika Marcel, Jennifer y Susan.

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¡Cuánto necesitamos a un Salvador, un rey celestial!

8 OCTUBRE

1 Reyes 11 | Filipenses 2 | Ezequiel 41 | Salmos 92–93

En pocas ocasiones encontramos la potencia que tiene la palabra pero en 1 Reyes 11:1: “Pero el Rey Salomón amó… a muchas mujeres extranjeras”. En aquellos días, el tamaño del harén del rey se consideraba un reflejo de su riqueza y poder. Salomón se casó con princesas de todas partes y, en particular, el escritor nos explica con dolor que “procedían de naciones de las cuales el Señor había dicho a los israelitas: «No os unáis a ellas, ni ellas a vosotros, porque de seguro que os desviarán el corazón para que sigáis a otros dioses»” (11:2).

Esto es justamente lo que sucedió, sobre todo cuando Salomón envejeció (11:3–4). No se opuso a la adoración de dioses ajenos. Para complacer a sus esposas, erigió lugares altos, altares y templos para sus deidades. Sin duda, muchos israelitas comenzaron a participar de esta adoración pagana. Como mínimo, a muchos se les debió adormecer su sentido de indignación, ya que Salomón tenía fama de ser un rey sabio, emprendedor y victorioso. Su idolatría pagana se extendió a los dioses detestables a quienes se les ofrecía niños como sacrificio. “Así que Salomón hizo lo que ofende al Señor y no permaneció fiel a él como su padre David” (11:6). Por supuesto que David también falló en ocasiones. No obstante, cuando sufría un desliz en su vida de principios dedicada a Dios, se arrepentía y regresaba al Señor; no vivió en una corriente de descuido religioso progresivo como su hijo y heredero al trono.

Se emitió la sentencia (11:9–13): después de su muerte, el reino de Salomón se dividirá y diez de las tribus se retirarán, dejando sólo dos para la dinastía davídica, y aun este mísero remanente se concede sólo por amor a David. Si Salomón hubiera sido otra clase de hombre, se hubiera arrepentido, buscado el favor del Señor, destruido todos los lugares altos y promovido la fidelidad al pacto. Pero la triste realidad es que Salomón prefirió a sus mujeres y las opiniones de estas antes que al Señor del pacto y la opinión de este. Durante los últimos años de su reino, Salomón recibió bastantes señales de que el favor protector de Dios se estaba retirando (11:14–40). No hay nada más triste que el esfuerzo inútil de Salomón por matar a Jeroboam, evento que nos recuerda el intento de Saúl de matar a David. Pero no vemos movimiento ni arrepentimiento, no hay hambre de Dios.

Aquí tenemos muchas lecciones. Ten cuidado con lo que amas y a quiénes amas. Los buenos comienzos no garantizan finales felices. Atiende a las advertencias de Dios mientras todavía hay tiempo; si no, te endurecerás tanto que ni las más serias amenazas te moverán. La dinastía más bendecida, protegida y dotada, elegida de entre el pueblo escogido de Dios, anuncia su fin: quedará deshecha. ¡Cuánto necesitamos a un Salvador, un rey celestial!

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 281). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El espíritu crítico

Recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.

Hechos 17:11

Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.

2 Corintios 10:5

El espíritu crítico

En las instituciones de enseñanza profesional se busca desarrollar cada vez más el espíritu crítico de los estudiantes. Comprendemos el interés de esta práctica, dada la multiplicidad de canales de información, más o menos fiables. Es preciso ejercitarse para tener un juicio personal y poner orden en todo lo que oímos, lo que vemos o lo que leemos.

Pero los cristianos deben ser conscientes de los límites del campo de aplicación de este espíritu crítico. La inteligencia nos permite discernir algo del poder de Dios en la creación en la que vivimos (Romanos 1:20). Pero solo mediante el Espíritu de Dios podemos acceder a Su naturaleza, a Su santidad, a su amor, e incluso a lo que él hace por nosotros. El apóstol Pablo lo resume diciendo: “¿Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Corintios 2:11). Y también nos dice: “Ya que… el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes” (1 Corintios 1:21).

En el ámbito espiritual, la mejor manera de apreciar la rectitud de un pensamiento no consiste solo en aplicar nuestro espíritu crítico, sino sobre todo en someterlo a la luz de la Biblia, con la ayuda del Espíritu Santo.

¡Desconfiemos del hecho de usar solo la razón, pues muy a menudo Satanás la emplea para desviarnos!

Esdras 4 – Juan 3:1-21 – Salmo 113 – Proverbios 24:28-29

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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