LA CONFESIÓN DE JOB

LA CONFESIÓN DE JOB

10/1/2017

Yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía.

Job 42:3

En los momentos difíciles de nuestra vida, Dios puede parecer esquivo o desinteresado en nuestra difícil situación. Se debe a que nuestras emociones humanas pueden dañar la confianza en la verdad de Dios, y podemos llegar a creer que no hay ningún resultado deseable para nuestra situación actual.

Sin embargo, Job nos muestra que con resistencia y paciencia podemos aprender cualquier lección que Dios quiere que aprendamos. Fue esa misma confianza la que hizo que glorificara a Dios al terminar su tiempo de sufrimiento: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:5-6).

Como resultado de la paciencia y la confianza constantes durante su larga prueba, Job alcanzó un nuevo conocimiento de su Dios soberano y una mayor seguridad de las alegrías de ser tratado como uno de sus hijos.

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El Objeto que todo lo satisface

OCTUBRE, 01

El Objeto que todo lo satisface

Devocional por John Piper

Pon tu delicia en el Señor, y Él te dará las peticiones de tu corazón (Salmos 37:4)

La búsqueda del deleite no es siquiera una opción, sino un mandamiento (en los Salmos): «Pon tu delicia en el Señor, y Él te dará las peticiones de tu corazón » (Salmos 37:4).

Los salmistas iban en pos de ello: «Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente» (Salmos 42:1-2); «Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua» (Salmos 63:1).

El motivo de la sed encuentra la contrapartida que lo satisfaga cuando el salmista afirma que los hombres «se sacian de la abundancia de tu casa, y les das a beber del río de tus delicias» (Salmos 36:8).

He descubierto que la bondad de Dios, el fundamento mismo de la adoración, no es algo a lo que uno le presenta sus respetos en una reverencia desinteresada. No, es algo en lo que nos regocijamos: «Probad y ved que el Señor es bueno» (Salmos 34:8).

«¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!, más que la miel a mi boca» (Salmos 119:103).

Como dijo C. S. Lewis, Dios en los Salmos es «el Objeto que todo lo satisface». Su pueblo lo adora sin reparo alguno por el «supremo gozo» que halla en él (Salmos 43:4). Él es la fuente del deleite completo e inagotable: «En tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre» (Salmos 16:11).


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 23-27

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«Gracia y Gloria da el SEÑOR»

1 de octubre

«Gracia y gloria da el SEÑOR».

Salmo 84:11 (LBLA)

El Señor es generoso por naturaleza: se complace en dar. Sus dones son indeciblemente preciosos y él los otorga tan liberalmente como la luz del sol. Él da gracia a sus elegidos porque le place; a sus redimidos, a causa del pacto; a los llamados, por las promesas; a los creyentes, porque la buscan; y a los pecadores, porque la necesitan. Él la concede abundante, oportuna, constante, pronta y soberanamente, encareciendo el valor de la dádiva con la forma de darla. Dios da gracia a los suyos generosamente y en todas las formas: confortándolos, preservándolos, santificándolos, dirigiéndolos, instruyéndolos y asistiéndolos sin cesar. Esto lo hará siempre, ocurra lo que ocurra. Si se presenta la enfermedad, el Señor dará gracia; si nos sobreviene la pobreza, gracia nos será concedida; si llega la muerte, la gracia encenderá la vela en la hora más oscura. Lector, cuán precioso es gozar de esta inmarcesible promesa —»Gracia […] dará el Señor»— a medida que van pasando los años y las hojas de los árboles empiezan a caer de nuevo.

La pequeña conjunción «y» es en este versículo un remache de diamante, que une el presente con el futuro. La gracia y la gloria siempre van juntas. Dios las ha unido en matrimonio, y ninguna se puede divorciar de la otra. El Señor nunca negará la gloria a aquella alma a la que se ha concedido generosamente vivir en la gracia. En realidad, la gloria no es otra cosa que la gracia vestida de fiesta, la gracia en plena floración, la gracia semejante a los frutos de otoño, maduros y perfectos. Ninguno puede decir cuándo estará en la gloria: quizá antes de que termine este mes de octubre veamos la Santa Ciudad. No obstante, sea ahora o sea más tarde, la verdad es que pronto seremos glorificados. El Señor, sin duda, dará a sus escogidos gloria: gloria celestial, gloria eterna, la gloria de Jesús. ¡Oh, qué sorprendente promesa de un Dios fiel!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 285). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

La autoridad de la Palabra

Ministerios Integridad & Sabiduría

La autoridad de la Palabra

Miguel Núñez

Debido a la cercanía de la Conferencia Por Su Causa, De Las Tinieblas a la Luz, a celebrarse a finales del presente mes de septiembre, el Pastor Miguel Núñez ha interrumpido esta semana y la próxima su serie Hasta Los Confines de la Tierra que lleva sobre el libro de Los Hechos. Este paréntesis se debe a que a final de octubre la iglesia celebra los 500 años de La Reforma iniciada por Martin Lutero el 31 de octubre de 1517, y por ello hoy trae el mensaje titulado: La Autoridad de la Palabra, basado en el libro del profeta Isaías, capítulo 55, versículo 11. Isaías es reconocido como el profeta evangelista dadas sus numerosas profecías acerca de la venida, el carácter, el ministerio y la predicación, los sufrimientos y la muerte del Mesías, y la extensión de su reino. Con el tema de la liberación del cautiverio en Babilonia, el profeta apunta a una liberación mucho mayor que sería efectuada por el Mesías. El versículo base del mensaje dice textualmente lo siguiente: “Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mi vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié”. Este versículo nos muestra que el poder de Su Palabra en las esferas de la providencia y la gracia es tan cierto como en la de la naturaleza. La verdad sagrada produce un cambio espiritual en la mente del hombre que ni la lluvia ni la nieve pueden producir en la tierra. Su Palabra no retornará al Señor sin producir efectos importantes en cada uno de nosotros. Se anuncia la abundancia de parte de Dios, la incesante siembra de Su Palabra, su fecundidad imparable. Este verso infunde una indestructible confianza en el poder de la Palabra de Dios. La predicación de la Palabra es lo único que puede cambiar el deterioro de la sociedad. Debido a que estamos en medio de una crisis de falta de autoridad, es válido el mensaje de hoy que nos muestra la autoridad de la Palabra. La Palabra de Dios guarda la máxima autoridad, por encima de la propia iglesia. Dada la coincidencia histórica de la celebración de La Reforma, este mensaje sobre la autoridad de la palabra de Dios está anclado en este evento liderado por Martín Lutero hace cinco siglos, quien estableció que la autoridad de la Palabra está por encima de cualquier otra autoridad, ya sean eclesiásticas o seculares. Lutero defendió este concepto con mucha valentía, hasta con su propia vida, lo que queda demostrado en una oración que hizo antes de una audiencia imperial donde les pedían su retractación. Lutero estaba completamente convencido de la autoridad de la palabra de Dios y del poder de Dios a través de Su Palabra. La autoridad de la Palabra está claramente establecida en la Biblia, tal como lo muestra el pasaje de 2ª de Timoteo 3:16. La Palabra es la comunicación de Dios para con nosotros, es inspirada por Él. Cuando la Biblia habla, Dios habla y nosotros callamos, porque Él es el creador y nosotros creaturas. Él es la máxima autoridad. Su Palabra muestra Su propósito, Su voluntad, Su poder y autoridad. No vuelve a Él vacía porque trabaja en cada uno de nosotros y cumple su cometido, cumple el propósito de Dios, y provoca que el que la escucha produzca frutos de acuerdo a lo establecido en la Palabra. La Palabra de Dios tiene contenido, sentido y propósito, por eso cuando la creación la naturaleza lo respetó. Cuando Él habló se formó el mar, el cielo y la tierra. En las Escrituras tenemos tres temas importantes que le dieron autoridad a Jesús, los cuales son: 1.- La santidad de su vida. Fue lo primero que le dio autoridad con la palabra expresada. 2.- El dominio de las escrituras cuando El enseñó. La precisión del manejo de las escrituras le dio autoridad. 3.- Jesús solo habló lo que Dios le autorizo a decir. El pueblo reconocía su autoridad y sabiduría, a pesar de que no había asistido a ninguna escuela, pero Cristo les contestaba que su sabiduría venía sólo de lo que el Padre le había revelado, no era de él, sino del Padre. La Palabra de Dios es poder y autoridad al momento de lidiar con las fuerzas del enemigo, y en todo tiempo y momento. Expulsa demonios, y confronta y reprende nuestra alma.

 

El Dr. Miguel Núñez sirve como Pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional en Santo Domingo y es el presidente y fundador del Ministerio Integridad & Sabiduría, que tiene como visión impactar la generación de hoy con la revelación de Dios en el mundo hispano-parlante. Tiene una maestría en teología del Southern Baptist School for Theological Studies y un doctorado en ministerio del Southern Baptist Theological Seminary. El pastor Núñez,forma parte del cuerpo docente del Instituto Bíblico de Integridad & Sabiduría y de la facultad docente del Southern Baptist Theological Seminary. Además es autor de varios libros y contribuidor en varias otras obras.

 

 

Portada

¿Por qué Salomón, se casó con tantas mujeres?

1 OCTUBRE

1 Reyes 3 | Efesios 1 | Ezequiel 34 | Salmos 83–84

Algunos cristianos se preguntan por qué Salomón, si era tan sabio, se casó con tantas mujeres, acabó su reinado bastante mal y no fue leal a Dios.

La respuesta en parte tiene que ver con la diferencia entre lo que para nosotros significa sabiduría y las varias definiciones bíblicas de la misma palabra. Lo que entendemos, suele ser algo bastante genérico como “saber vivir bien y tomar decisiones sabias”. Pero, aunque la sabiduría en la Biblia puede aludir a algo amplio—como, por ejemplo saber vivir en el temor de Dios—muy a menudo se refiere a una destreza particular. Podría ser la habilidad para vivir en un mundo peligroso (Proverbios 30:24) o alguna capacidad técnica (Éxodo 28:3). Pero una de las aptitudes a las que se puede referir la sabiduría es la administración, en especial la administración de la justicia. Y de manera concluyente, eso es lo que Salomón pide en 1 Reyes 3.

Cuando responde a la generosa oferta de Dios de darle lo que pidiera, Salomón reconoce que es un mero niño y que no sabe cómo llevar a cabo sus tareas (3:7). Lo que quiere, entonces, es un corazón que discierna cómo gobernar bien al pueblo, en particular distinguir entre el bien y el mal (3:9). Dios felicita a Salomón por no pedir algo para sí mismo, ni siquiera algo vengativo (la muerte de sus enemigos, por ejemplo), sino “por discernimiento en la administración de la justicia” (3:11). Dios promete darle a Salomón exactamente lo que pidió, junto con riquezas y honor (3:12–13). El relato de las dos prostitutas que reclamaban el mismo bebé vivo y negaban que el muerto fuera suyo, y la resolución de Salomón de su caso (3:16–27), demuestran que Dios contestó la petición del rey. La nación entera percibe que Salomón tiene “sabiduría de Dios para administrar la justicia” (3:28). Ciertamente, a la mayoría de las naciones occidentales hoy día les vendría bien tener gente con dones parecidos.

Si bien Dios aplaude su decisión, esto no implica que tener esta sabiduría es todo lo que necesita Salomón para caminar siendo fiel al pacto. De hecho, aparte de la sabiduría, riqueza y honor que le concederá, Dios le dice que “Si andas por mis sendas y obedeces mis decretos y mandamientos, como lo hizo tu padre David, te daré una larga vida” (3:14). Pero cuando huele amenaza: para asegurar su frontera del sur, Salomón se casó con una princesa egipcia (3:1). Además, dado que los “lugares altos” eran populares, no los abolió, sino que participó de la adoración en ellos (3:2–4).

Dios a veces otorga dones maravillosos de sabiduría— destrezas técnicas, sociales, administrativas y judiciales, pero, a menos que también recibamos de él un corazón dispuesto a amarle verdaderamente y a obedecerle por completo, nuestro camino podría acabar de manera desastrosa.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 274). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Perdonado porque Dios es justo

Habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.

Hebreos 1:3

(Jesús) Herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Isaías 53:5

Perdonado porque Dios es justo

¿Por qué Dios perdona a los creyentes? Alguien responderá: porque nos ama y tiene compasión de nosotros. Es cierto, pero hay otra razón fundamental: Dios nos perdona porque es justo.

Quizás usted piense que Dios debería condenarlo, debido a Su santidad, pero que lo perdona porque se compadece de usted. Sin embargo, esto no es lo que la Biblia dice. De hecho, Dios nos perdona porque es Dios. No “volveré para destruir… porque Dios soy, y no hombre” (Oseas 11:9). En Dios la justicia y el amor nunca se oponen.

Para que Dios pudiera perdonar con justicia, Cristo mismo hizo “la purificación de nuestros pecados”. Para que Dios pudiera recibirnos, e incluso adoptarnos como sus hijos, para poder bendecirnos, primero debía ocuparse de nuestros pecados.

Nadie podía hacer nada para purificar sus propias faltas, pues el mal cometido, que es irreparable, constituye una ofensa a Dios. La purificación de nuestros pecados debía ser, pues, una obra divina. Esta obra fue hecha una vez por todas, cuando Jesús llevó en la cruz el castigo debido al pecado, el castigo por cada uno de nuestros pecados. Victorioso, Jesús resucitó y ahora está sentado a la diestra de Dios, su obra fue terminada en la cruz. El perdón de Dios puede ser proclamado y recibido por la fe. Por lo tanto puedo pedir su perdón y recibir el don de su gracia perfecta.

Habacuc 3 – Tito 2 – Salmo 109:1-5 – Proverbios 24:13-14

 Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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