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«Gracia y Gloria da el SEÑOR»

1 de octubre

«Gracia y gloria da el SEÑOR».

Salmo 84:11 (LBLA)

El Señor es generoso por naturaleza: se complace en dar. Sus dones son indeciblemente preciosos y él los otorga tan liberalmente como la luz del sol. Él da gracia a sus elegidos porque le place; a sus redimidos, a causa del pacto; a los llamados, por las promesas; a los creyentes, porque la buscan; y a los pecadores, porque la necesitan. Él la concede abundante, oportuna, constante, pronta y soberanamente, encareciendo el valor de la dádiva con la forma de darla. Dios da gracia a los suyos generosamente y en todas las formas: confortándolos, preservándolos, santificándolos, dirigiéndolos, instruyéndolos y asistiéndolos sin cesar. Esto lo hará siempre, ocurra lo que ocurra. Si se presenta la enfermedad, el Señor dará gracia; si nos sobreviene la pobreza, gracia nos será concedida; si llega la muerte, la gracia encenderá la vela en la hora más oscura. Lector, cuán precioso es gozar de esta inmarcesible promesa —»Gracia […] dará el Señor»— a medida que van pasando los años y las hojas de los árboles empiezan a caer de nuevo.

La pequeña conjunción «y» es en este versículo un remache de diamante, que une el presente con el futuro. La gracia y la gloria siempre van juntas. Dios las ha unido en matrimonio, y ninguna se puede divorciar de la otra. El Señor nunca negará la gloria a aquella alma a la que se ha concedido generosamente vivir en la gracia. En realidad, la gloria no es otra cosa que la gracia vestida de fiesta, la gracia en plena floración, la gracia semejante a los frutos de otoño, maduros y perfectos. Ninguno puede decir cuándo estará en la gloria: quizá antes de que termine este mes de octubre veamos la Santa Ciudad. No obstante, sea ahora o sea más tarde, la verdad es que pronto seremos glorificados. El Señor, sin duda, dará a sus escogidos gloria: gloria celestial, gloria eterna, la gloria de Jesús. ¡Oh, qué sorprendente promesa de un Dios fiel!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 285). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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