NO DUDEMOS

NO DUDEMOS

10/20/2017

El que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.

Santiago 1:6-7

La persona que duda y que no cree que Dios puede dar sabiduría es como el mar ondulante e intranquilo, que se mueve de un lado a otro con sus interminables olas, que nunca puede calmarse. No tiene sentido alguno que tal persona suponga que recibirá algo del Señor.

Cuando se enfrenta a una prueba, un incrédulo que dice conocer a Cristo dudará de Dios y se enojará con Él y finalmente se apartará de la iglesia. Un cristiano verdadero que es espiritualmente inmaduro pudiera reaccionar de igual manera porque reacciona emocionalmente ante sus circunstancias difíciles y no entiende plenamente a Dios. En medio de una prueba, no tendrá una actitud gozosa, una mente comprensiva, una voluntad dócil ni un corazón creyente. Parecerá incapaz de buscar la sabiduría de Dios y no estará dispuesto a aprovecharse de los recursos que Él ha provisto, sin conocer la solución de que puede disponer mediante la fiel y constante oración al Señor.

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La primera prioridad en la oración

OCTUBRE, 20

La primera prioridad en la oración

Devocional por John Piper

Vosotros, pues, orad de esta manera: «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre…». (Mateo 6:9)

En el Padre Nuestro, Jesús enseña que la primera de las prioridades al orar es pedir que el nombre de nuestro Padre celestial sea santificado.

Notemos que este es un pedido, no una declaración (algo que pensé por años). Es una petición a Dios de que se asegure de que su propio nombre sea santificado.

Se parece a otro pasaje, Mateo 9:38, en donde Jesús nos dice que roguemos al Señor de la mies que envíe obreros a su propia mies. Nunca deja de sorprenderme que nosotros, los obreros, debamos recibir instrucciones de acercarnos al propietario de la hacienda, quien conoce la mies mejor que nosotros, para pedirle que agregue mano de obra a su hacienda.

Pero ¿acaso no es lo mismo que encontramos en el Padre Nuestro, Jesús diciéndonos que pidamos a Dios, quien tiene un infinito celo por la honra de su propio nombre, que se asegure de que su nombre sea santificado?

Esto puede sorprendernos, pero es lo que el texto dice, y nos enseña dos cosas:

  1. La oración no mueve a Dios a hacer nada que él no se sienta inclinado a hacer. Él tiene toda la intención de hacer que su nombre sea santificado. No hay nada más alto en la lista de prioridades de Dios.
  2. La oración es la manera en que Dios ordena nuestras prioridades para alinearlas con las suyas. Dios quiere que nuestras oraciones tengan como consecuencia grandes respuestas, cuando nuestras oraciones son consecuencia de sus grandes propósitos.

Ponga su corazón en línea con el celo de Dios para que su nombre sea santificado, y entonces sus oraciones producirán grandes efectos. Que su primer motivo de oración, y el que determina todos los demás motivos, sea que el nombre de Dios sea santificado, y entonces sus oraciones estarán conectadas al poder del celo de Dios.


Devocional tomado del sermón “Santificado Sea Tu Nombre: En Toda La Tierra” 

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«No los retengas»

20 de octubre

Lecturas Vespertinas

«No los retengas».

Isaías 43:6 (LBLA)

Aunque este es un mensaje que se envía al Sur y hace referencia a la simiente de Israel, puede, con todo, ser una advertencia provechosa para nosotros. Por naturaleza, somos negligentes para todas las cosas buenas; por eso, el aprender a progresar en los caminos del Señor, es, en verdad, una beneficiosa lección. Lector, ¿eres inconverso? ¿No deseas confiar en el Señor Jesús? Entonces, no te retengas: el amor te invita; las promesas aseguran tu éxito; la preciosa sangre te prepara el camino. No dejes que ni los pecados ni los temores te retengan. Ven a Jesús tal cual estás. ¿Ansías orar? ¿Quieres derramar tu corazón delante del Señor? No te retengas. El propiciatorio está preparado para aquellos que necesitan perdón. El clamor de un pecador prevalecerá delante de Dios. Se te invita a orar; más aún, se te ordena que lo hagas. Acércate, pues, confiadamente al trono de la gracia.

Querido amigo, ¿eres salvo ya? Entonces, no te retengas de la comunión con el pueblo de Dios. No dejes de bautizarte y de participar de la Cena del Señor. Quizá seas de temperamento tímido; debes luchar contra ello, no sea que la timidez te lleve a la desobediencia. Hay una promesa para quienes confiesan a Cristo, no la malogres bajo ningún concepto, no sea que caigas en la condenación de aquellos que niegan a Jesús. Si tienes talentos, no te retengas de usarlos. No amontones tus riquezas; no desperdicies tu tiempo. Que tus talentos no se enmohezcan ni dejes de ejercer tu influjo. Jesús no se retuvo: imítalo siendo el primero en la negación y el sacrificio de ti mismo. No te retengas de tener íntima comunión con Dios, de apropiarte con confianza las bendiciones del pacto, de progresar en la vida divina y de compenetrarte con los preciosos misterios del amor de Cristo. Querido amigo, no seas culpable de retener a otros, ni por tu frialdad, ni por tu dureza o desconfianza. Avanza tú, por amor de Jesús, y alienta a otros a hacer lo mismo. El Infierno y las bandas confederadas de la superstición y la infidelidad se aprestan para combatir. ¡Oh soldados de la cruz, no os retengáis!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 304). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Enfocandose en sí mismo

20 Octubre 2017

Enfocandose en sí mismo
por Charles R. Swindoll

Salmos 131

En un estilo muy claro, David le habla al Señor en el Salmo 131. A través de la canción, él mantiene una conversación con Dios. Aunque la humildad es el tema del Salmo, el enfoque se encuentra en él. Ocho veces durante los primeros dos versículos, él utiliza la conjugación de los verbos y los pronombres en primera persona. El poema es un vistazo breve del diario personal de David.

Versículo 1

Oh Señor, no se ha envanecido mi corazón
ni mis ojos se han enaltecido
ni he andado en pos de grandezas
ni de cosas demasiado sublimes para mí.

Tal vez recuerde que en la Biblia hebrea lo que aparece primero en la oración con frecuencia se coloca allí con el propósito de darle énfasis. Esto se nota claramente cuando la frase está colocada y escrita en una manera un tanto extraña. Esto es precisamente lo que encontramos en el versículo 1. Existen tres frases negativas y cada una inicia el renglón: “no se ha envanecido”, “no se han enaltecido”, “no he andado”. David está comunicando la profundidad de sus sentimientos. La estructura de sus palabras revela una gran pasión. Lo mismo sucede con esos términos.

El término, “envanecido”, viene del verbo “gabah”, que significa exaltarse o ponerse en alto. David menciona primero su corazón, la principal raíz interna de la arrogancia. Él dice que Dios puede escudriñar su corazón y no encontrará rastros de una actitud arrogante en él. David dice que Dios puede “escudriñar” y “conocer el corazón” (Salmo 139:23).

El siguiente término, “enaltecido” proviene de otra palabra que tiene un significado similar y significa ser elevado. La idea aquí es que una persona que es arrogante lo demuestra con sus ojos, “ojos altaneros”. Eso es exactamente lo que Proverbios 30:11-13 dice:

Hay generación que maldice a su padre
y no bendice a su madre.
Hay generación limpia en su propia opinión.
a pesar de que no ha sido lavada de su inmundicia.
Hay generación cuyos ojos son altivos
y cuya vista es altanera.

La “mirada enaltecida” tiene que ver con aquellos ojos “altaneros”. Podemos notar esto en las máscaras de muchos actores de Hollywood y personalidades de la televisión. David declara que su corazón y sus ojos pueden pasar la prueba del escrutinio de Dios.

Existen dos maneras sencillas que revelan la verdadera condición del corazón ante Dios. (Muchos de nosotros pensamos que podemos ocultarlo, pero no es así). La primera es por medio de los ojos (tal como lo hemos visto aquí) y la segunda, por medio de la boca (como lo dice Jesús en Lucas 6:45). Claro está que la vida de una persona también es la prueba de la condición de su corazón, pero se necesita más tiempo para poder analizarla. Las personas sabias tanto como los consejeros expertos le ponen mucha atención a las palabras (lo que se dice y lo que no) y a los ojos de las personas. El corazón es como un pozo y los ojos y la lengua son como cubetas que extraen el agua del mismo pozo. Si no hay una verdadera humildad en el corazón, los ojos lo demuestran.

Afirmando el alma
Dedique un tiempo a analizarse usted mismo. ¿Usted necesita ser el centro de atención para poder sentirse realizado? ¿Piensan los demás que usted es una persona que tiene confianza en sí misma o le describirían como una persona arrogante? Si usted desea una perspectiva completa sobre usted mismo, pídales a las personas más cercanas a usted que le den su opinión más sincera.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

“La vida no es justa. No esperes que lo sea”

20 OCTUBRE

 Carson, D. A.

Por amor a Dios 

2 Reyes 1 | 2 Tesalonicenses 1 | Daniel 5 | Salmos 110–111

Una vez escuché a un pastor predicar sobre 2 Tesalonicenses 1 con el siguiente bosquejo:

1. Una buena iglesia que pasa por un momento difícil (1:3–4).

2. Un buen Dios que espera el momento correcto (1:5–10).

3. Un buen hombre que ora mientras tanto (1:11–12).

Hoy quisiera reflexionar sobre el segundo punto.

(1) Pablo puede decir que los tesalonicenses son “dignos” del reino de Dios que vendrá en todo su poder completo cuando Jesús regrese (1:5, 11). El contexto muestra que Pablo no está suponiendo que, de alguna manera, lograrán ser dignos para que, de entrada, Dios los acepte. Más bien, la idea es que, habiéndose convertido en cristianos, están manifestando la fe y el amor cristianos (1:3–4) y perseverando en el camino cristiano a pesar del sufrimiento y de las pruebas (1:4–5). Esta demostración continua de gracia bajo presión, esta perseverancia, es evidencia de lo que está sucediendo en sus vidas y “por consiguiente seréis tenidos por dignos del reino”. En otras palabras, los cristianos genuinos, por la gracia de Dios, perseveran en el evangelio y esto revela que son aptos para la consumación. En este sentido prueban ser “dignos”.

(2) “Dios es justo” (1:6). Por lo tanto, habrá un momento de retribución para aquellos que han llevado a cabo una cruel oposición a su pueblo (1:7) e ignorado su Palabra (1:8). Cuando regrese Cristo, va a “castigar a los que no conocen a Dios ni obedecen el evangelio de nuestro Señor Jesús” (1:8). Lo que se presupone aquí es que las perfecciones de la justicia de Dios no se manifestarán hasta que Jesús regrese. Algunos aspectos de su justicia se revelan en este mundo quebrantado, pero seamos francos: mucha gente malvada parece salirse con la suya y mucha gente de bondad extraordinaria sufre muchísimo. Los padres sabios suelen decir a sus hijos: “La vida no es justa. No esperes que lo sea”. Sin embargo, a la vez, Dios es perfectamente “justo”. Pero no debemos esperar que su justicia se manifieste en recompensas y retribuciones instantáneas. Su calendario no es el nuestro. La vida no es justa dentro de este. Ahora bien, cuando Jesús regrese, no sólo se hará justicia, sino que esta será visible.

(3) En ese momento, Cristo mismo (y no ninguno de nosotros individualmente) es el centro de todo. Por la centralidad de Cristo, el castigo casi se define en términos de ser “lejos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” por lo cual “sufrirán el castigo de la destrucción eterna” (1:9). Por otro lado, entre sus santos, su “pueblo santo”, ese mismo Señor Jesús será “glorificado” y “admirado por todos los que hayan creído” (1:10). Si Cristo no estuviera allí, el cielo sería el infierno.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 293). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Lo que Jesús nos ofrece

viernes 20 octubre

No envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

Juan 3:17

(Jesús) llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero.

1 Pedro 2:24

Lo que Jesús nos ofrece

El nombre de Jesús significa Dios “Salvador”. Todos los hombres, sin excepción, necesitan ser salvos porque se han opuesto, aunque solo haya sido una vez en la vida, a la voluntad de Dios. Pero en realidad se oponen mucho más a menudo, y no preocuparse por Su existencia ya es desobedecerle.

Entonces Dios envió al mundo un Salvador. Por medio de él cada uno puede ser perdonado, recibir una vida nueva y ser feliz desde ahora y por la eternidad.

Fundadores de diversas religiones predicaron el bien y formularon palabras sabias, pero no pudieron aliviar a los hombres del peso de sus faltas, ni liberarlos del poder del pecado. Esto no lo puede hacer ningún moralista, filósofo o místico.

Jesús no vino para fundar una religión. No enseña a los hombres cómo pueden salvarse por sí mismos. Él es quien libera del pecado, del juicio y de la condenación a todos los que se arrepienten y creen en él. “Todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hechos 10:43).

Jesús, quien vino por amor para socorrer a los hombres que sufrían bajo las consecuencias del pecado, “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38). Pero su simpatía no podía mejorar nuestra naturaleza pecaminosa, ni hacer desaparecer ninguno de nuestros pecados. En la cruz dio su vida santa por nosotros los culpables. Nos amó y cargó con nuestros pecados como si fueran suyos. Por eso ahora nos ofrece una liberación total. ¡La consiguió al precio de su sacrificio en la cruz!

Nehemías 6 – Juan 8:31-59 – Salmo 119:1-8 – Proverbios 25:23-24

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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