LA SABIDURIA DE DIOS

LA SABIDURIA DE DIOS

10/17/2017

Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios.

Santiago 1:5

Cuando se le esté probando, debe reconocer que necesita fortaleza, y tiene que buscar un mayor recurso para resistir en medio de la prueba: Dios mismo. La búsqueda de la sabiduría es la búsqueda suprema del hombre. A quienes conocen y aman al Señor, Él provee de esa sabiduría.

Esa sabiduría no es especulación filosófica, sino los absolutos de la voluntad de Dios; la sabiduría divina que es pura y pacífica (Santiago 3:17). La sabiduría divina da por resultado la debida conducta en todos los asuntos de la vida. Cuando algunos cristianos tienen problemas, su primera reacción es acudir de inmediato a algún otro recurso humano. Aunque Dios puede obrar por medio de otros creyentes, su reacción inicial ante las pruebas debe ser pedirle a Dios directamente la sabiduría que le permitirá a usted sentir gozo y ser obediente en la búsqueda y el cumplimiento de la voluntad de Dios.

El versículo de hoy es una orden de orar. Es tan obligatoria como la orden de Pablo de “orad sin cesar” (1 Tesa. 5:17). Las pruebas tienen el propósito de que seamos más dependientes de Dios al hacernos comprender que no tenemos suficientes recursos humanos.

DERECHOS DE AUTOR © 2017 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros.

El propósito de la prosperidad

OCTUBRE, 17

El propósito de la prosperidad

Devocional por John Piper

El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad. (Efesios 4:28)

Existen tres niveles de cómo convivir con los bienes: (1) robar para obtenerlos; (2) trabajar para obtenerlos; o (3) trabajar para obtenerlos en orden de dar.

Son demasiadas las personas que profesan ser cristianos que viven en el nivel dos. Casi todas las fuerzas de la cultura que los rodea los instan a vivir en el nivel dos. Sin embargo, la Biblia nos empuja incesantemente hacia el nivel tres. «Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda buena obra» (2 Corintios 9:8).

¿Por qué Dios nos bendice con abundancia? Para que tengamos lo suficiente para vivir, y luego para usar el resto en todo tipo de buenas obras para aliviar la miseria espiritual y física. Lo suficiente para nosotros; abundancia para los demás.

La cuestión no es cuánto gana una persona. Las grandes industrias y los salarios abultados son una realidad de nuestros tiempos, y no necesariamente son malos. Lo malo es dejarnos engañar y pensar que un salario de seis cifras debería estar acompañado de un estilo de vida de seis cifras.

Dios nos creó para que fuéramos conductos de su gracia. El peligro está en pensar que el conducto debería estar bañado en oro, que es algo que no debería suceder. Con el cobre es suficiente: es un metal que tiene la capacidad de transferir increíbles riquezas a los demás.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 202-203

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

La Predicación Expositiva Sección 

9Marks Español

La Predicación Expositiva Sección 

Miguel Nuñez

 

 

 

El Dr. Miguel Núñez sirve como Pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional en Santo Domingo y es el presidente y fundador del Ministerio Integridad & Sabiduría, que tiene como visión impactar la generación de hoy con la revelación de Dios en el mundo hispano-parlante. Tiene una maestría en teología del Southern Baptist School for Theological Studies y un doctorado en ministerio del Southern Baptist Theological Seminary. El pastor Núñez,forma parte del cuerpo docente del Instituto Bíblico de Integridad & Sabiduría y de la facultad docente del Southern Baptist Theological Seminary. Además es autor de varios libros y contribuidor en varias otras obras.

 

«En su brazo llevará los corderos»

17 de octubre

«En su brazo llevará los corderos».

Isaías 40:11

El rebaño de nuestro Buen Pastor cuenta con una variedad de experiencias. Algunos creyentes son fuertes en el Señor y otros débiles en la fe, pero él se muestra imparcial en su cuidado para con todas sus ovejas, y el cordero más débil le resulta tan querido como el más fuerte. Los corderos tienen tendencia a quedarse atrás, son propensos a extraviarse y a debilitarse; pero el Pastor, con sus poderosos brazos, los protege de todos los peligros a que los exponen tales debilidades. El Pastor busca almas recién nacidas que, como corderos, están a punto de perecer y las alimenta hasta que se hacen vigorosas; busca mentes débiles, propensas a desmayar y a morir, y las consuela y renueva sus fuerzas, y junta a todos los pequeños, porque no es la voluntad de nuestro Padre celestial que se pierda ni uno de ellos. ¡Qué vista tan penetrante debe de tener para ver a cada uno! ¡Qué brazo tan largo y poderoso para recogerlos a todos! Durante su vida terrenal solía reunir a muchos débiles, y ahora que está en el Cielo, su amante corazón suspira por los mansos y los contritos, por los tímidos y los débiles, por los temerosos y los abatidos que viven en este mundo. ¡Cuán afectuosamente me atrajo a sí mismo, a su verdad, a su sangre, a su amor y a su Iglesia! ¡Con qué gracia tan eficaz me compelió a ir a él! ¡Cuántas veces, desde mi conversión, me restauró de mis extravíos y me estrechó de nuevo en sus eternos brazos! Lo mejor de todo es que él hace esto personalmente, no delegando en ninguno esa obra de amor, sino dignándose él mismo a librar y preservar a su siervo más indigno. ¿Cómo podré amarlo suficientemente o servirle dignamente? Me sentiría dichoso si pudiese engrandecer su nombre hasta los confines de la tierra, ¿pero qué puede hacer por él mi debilidad? Gran Pastor, añade a tus misericordias esta otra: dame un corazón que te ame más sinceramente, como es mi deber el hacerlo.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 301). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

La importancia del liderazgo

17 Octubre 2017

La importancia del liderazgo
por Charles R. Swindoll

Salmos 127 y 128

Las canciones de Salomón sobre un hogar sólido, los salmos 127 y 128, ahora se enfocan en el liderazgo. Después de considerar el valor de los hijos, Salomón examina la función del liderazgo en el hogar.

La dirección del hogar

Bienaventurado todo aquel que teme al Señor
y anda en sus caminos:
Cuando comas del trabajo de tus manos
serás feliz y te irá bien.
Tu mujer será como una vid
que lleva fruto a los lados de tu casa;
tus hijos serán como brotes de olivo
alrededor de tu mesa 
(Salmo 128:1-3).

En el Salmo 127, las flechas se encuentra en nuestras manos y necesitan dirección. El compositor continúa sus pensamientos con respecto a la familia en el Salmo 128 y dice que “todo aquel que teme al Señor” será bendecido o feliz. Aquí el contexto es la familia y específicamente los hijos que Dios da. Los versículos 1 y 2 del Salmo 128 muestra la progresión cuando vemos cómo es que se debe dirigir cuidadosamente cada flecha: 1) en el temor al Señor y 2) andando en sus caminos. Una vez más vemos que la felicidad continua sigue siendo la atmósfera que rodea el lugar (“bienaventurado”).

Los padres que eduquen a sus hijos según los principios bíblicos tienen la esperanza de ser bienaventurados. De hecho, el versículo 2 dice que esa inversión le permitirá “comer del trabajo de sus manos” y “le irá bien”. Otra vez la ilustración presenta unas manos (al igual que en el Salmo 127:4). Las manos de los padres disfrutan el producto de su trabajo al “comer” del jardín que han cultivado. Cuando los hijos comprenden la importancia de la sumisión, de la obediencia y la comprensión, los dividendos empiezan a recibirse.

El versículo 3 presenta una imagen grata. El padre ve la mesa. Ve a su esposa (“una vid que lleva fruto”) y ve a sus hijos (“brotes de olivo”). Note que a los hijos no se les llama “ramas” sino más bien plantas. Esto parece enfatizar la idea de que cada descendiente es un individuo independiente, singular y que en años futuros reproducirá su propia simiente. Otra diferencia es que la madre está representada como una vid, mientras que los hijos están representados como plantas de olivo. Es una distinción interesante y buena.

Nosotros, como padres, cometeríamos un error al creer que nuestros hijos son como son. El padre atlético, por ejemplo, tiene la tendencia de desear que esa misma cualidad surja en su hijo, al grado de obligarlo. Lo mismo puede pasarle a una madre artista. Ella insiste persistentemente que su hija tenga ese mismo talento aun cuando frecuentemente ese no es el interés de la hija. ¿Por qué? Le respondo utilizando los símbolos del compositor. Somos viñas, pero nuestros hijos son plantas de olivo. Sin embargo, a pesar del talento o la falta del talento de un hijo, la capacitación que le damos debe ser una instrucción espiritual (el temor al Señor). Cada hijo debe ser dirigido a la fe en el Señor Jesucristo y dedicarle una gran cantidad de tiempo a instruirlo en los principios de la Escritura.

Afirmando el alma
¿Qué está haciendo usted para proveer la capacitación y la guía espiritual de sus hijos? La capacitación comienza con el liderazgo; ¿sus hijos saben que usted estudia las Escrituras? ¿Cómo puede usted establecer y mantener una cultura centrada en la Biblia en su hogar sin que eso se vuelva algo trillado o superficial?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Pablo ora constantemente

17 OCTUBRE

1 Reyes 20 | 1 Tesalonicenses 3 | Daniel 2 | Salmo 106

La intensidad de la relación entre Pablo y sus convertidos surge una y otra vez. Nunca vemos indicio alguno de que a Pablo le moviera un mero profesionalismo. Si bien, en ocasiones, está dispuesto a afirmarse en su autoridad apostólica, su postura hacia las iglesias que fundó nunca es una de superioridad distante. Cuando Pablo se vio imposibilitado de visitar a los creyentes tesalonicenses para saber cómo les iba—y en este caso estaba particularmente preocupado porque su ministerio en Tesalónica duró tan sólo un mes, así que estos creyentes no estaban tan cimentados como la mayoría de los convertidos—, decidió enviar a Timoteo para que este viera cómo estaban

(1 Tesalonicenses 3:1–2). Ahora que Timoteo ha regresado a Atenas, donde está Pablo, con sus maravillosas noticias sobre la fe y el amor de los tesalonicenses (3:6, dos elementos de la tríada paulina; ver meditación del 11 de octubre), y no digamos ya su lealtad a Pablo y al evangelio apostólico, el gozo de Pablo no tiene límites: “Por eso, hermanos, en medio de todas nuestras angustias y sufrimientos vosotros nos habéis dado ánimo por vuestra fe. ¡Ahora sí que vivimos al saber que estáis firmes en el Señor!” (3:7–8). Como si eso no fuera suficiente, Pablo exclama: “¿Cómo podemos agradecer lo suficiente a nuestro Dios por vosotros y por toda la alegría que nos habéis proporcionado delante de él?” (3:9).

Esto, a su vez, provoca que Pablo revele su forma de orar por los tesalonicenses.

(1) Pablo ora constantemente (dice que de noche y de día), “con gran insistencia” por poder, de alguna manera, regresar a Tesalónica y “suplir lo que le falta a su fe” (3:10–11). Esta iglesia joven no ha tenido mucha base. Pablo siente el enorme peso y la responsabilidad de suplirla, de explicarles todo el consejo de Dios, articular el evangelio de manera completa, enseñarles a estos hermanos cómo se organiza la Biblia y suministrarles una visión clara del objeto correcto de su fe para que su fe (subjetiva) esté bien fundamentada.

(2) Mientras tanto, pide que crezca y abunde el amor de los tesalonicenses unos por los otros (3:12). Pablo entiende que una comunidad cristiana que sabe amar bien no sólo va a reflejar el evangelio en su vida, sino que proveerá el marco que cultive la enseñanza bíblica. Una comunidad llena de riñas aleja a las personas. Más aún, en esta cultura muchas relaciones se formaban sobre la base de la obligación. Un “benefactor” suplía algo y el receptor le debía cierta deferencia o servicio. Por el contrario, Pablo quiere que los cristianos trasciendan esas limitaciones culturales y vivan de manera que todo creyente cumpla constantemente con la “obligación” de amar a los demás, sobrepasando con mucho la mera reciprocidad mezquina.

(3) Pablo ora para que Dios mismo fortalezca a los creyentes en Tesalónica para que estos puedan vivir preparados para el regreso de Jesús (3:13).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 290). Barcelona: Publicaciones Andamio.

José y sus hermanos

martes 17 octubre

Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien.

Génesis 50:20

Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.

Romanos 8:28

José y sus hermanos

La Biblia cuenta la vida de José, un joven que vivió 1.700 años antes de Jesucristo. Sus hermanos lo odiaban y eran duros con él. Un día su padre lo envió a ver cómo estaban sus hermanos, los cuales cuidaban su rebaño lejos de allí. Cuando ellos lo vieron llegar, quisieron matarlo. Al final lo vendieron como esclavo a unos mercaderes que se dirigían a Egipto.

Los años pasaron, José se ganó la confianza del Faraón y llegó a ser «primer ministro». Fue entonces cuando sus hermanos se encontraron ante él: llegaron a comprar alimentos, porque el hambre azotaba su país. Pese a su conducta en el pasado, José no había dejado de amarlos. Primero los puso a prueba para que tomasen conciencia de sus faltas pasadas y de su maldad, luego cuidó de ellos haciendo que viviesen en la mejor parte del país. El primer versículo citado es la conclusión de toda esta historia.

Este pasaje ilustra la vida de Jesucristo, quien descendió del cielo para venir hasta nosotros. ¡Él también fue odiado! Durante su vida, la gente quiso hacerle daño, y al final fue crucificado entre dos malhechores. Pero todo el odio que recibió no cambió en nada su amor por el hombre. El mal que el hombre le hizo, Dios lo cambió en bien para nosotros. Al dar su vida, Jesús llevó sobre sí mismo el juicio que nosotros merecíamos debido a nuestros pecados. Su muerte se convirtió en el medio para salvarnos eternamente. Pero es necesario que cada uno reconozca sus pecados y los confiese a Dios. Su amor está esperando esto para darnos la vida eterna y un lugar junto a él en el paraíso.

Nehemías 3 – Juan 7:1-31 – Salmo 118:10-14 – Proverbios 25:16-17

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch