UN AMIGO RECIBIDO CON AGRADO

UN AMIGO RECIBIDO CON AGRADO

10/12/2017

Ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Hebreos 12:11

El considerar una prueba como algo que causa gozo es algo que requiere disciplina, ya que el gozo no es la reacción humana natural ante las aflicciones. El cristiano tiene que hacer un compromiso consciente para afrontar cada prueba con una actitud gozosa. Pablo estaba preso en Roma cuando dijo a los filipenses: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!… he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación” (4:4, 11). Él había aprendido a estar contento y a regocijarse en medio de las pruebas. Eso no es algo que sucede por casualidad.

Cuando vea llegar una prueba, asuma una actitud de gozo que resulta de esperar lo que la obra perfeccionadora del Señor hará a través de la prueba. Debemos estar convencidos de que vamos a afrontar las pruebas con una actitud alegre. Es el gozo de quien considera un privilegio que se pruebe su fe porque sabe que la prueba lo acercará más al Salvador. Entonces una prueba será un amigo recibido con agrado.

DERECHOS DE AUTOR © 2017 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros.

Cuidado con el servicio a Dios

OCTUBRE, 12

Cuidado con el servicio a Dios

Devocional por John Piper

El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él hay, puesto que es el Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos por manos de hombres, ni es servido por manos humanas, como si necesitara de algo, puesto que Él da a todos vida y aliento y todas las cosas. (Hechos 17:24-25)

No glorificamos a Dios proveyendo para sus necesidades, sino orando para que él provea para las nuestras, y confiando en que él responderá.

Este es el centro de las buenas nuevas del hedonismo cristiano. La insistencia de Dios en que le pidamos ayuda para que él reciba gloria (Salmo 50:15) nos obliga al sorprendente hecho de tener cuidado de servir a Dios y especialmente dejando que él nos sirva, no sea que le estemos robando la gloria.

Esto suena muy extraño. Muchos de nosotros pensamos que servir a Dios es algo totalmente positivo, y no hemos considerado que nuestro servicio a Dios pueda ser un insulto hacia él. Sin embargo, al meditar en el significado de la oración, debemos tener esto en cuenta. Hechos 17:24-25 lo deja en claro.

Es el mismo razonamiento acerca de la oración del texto de Robinson Crusoe: «Si yo tuviera hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y todo lo que en él hay… invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás» (Salmo 50:1215).

Evidentemente, hay una forma de servir a Dios que lo disminuye, como si estuviera necesitado de nuestro servicio. «El Hijo del Hombre no vino para ser servido», dice Marcos 10:45. Él desea ser el siervo. Él busca recibir la gloria por ser el Dador.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 168

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«El Consolador, el Espíritu Santo»

12 de octubre

«El Consolador, el Espíritu Santo»

Juan 14:26

La era actual es, de un modo especial, la dispensación del Espíritu Santo, en la cual Jesús nos alienta, no con su presencia (como lo hará en breve), sino con la morada y la constante permanencia en nosotros del Espíritu Santo, que es, en todas las épocas, el Consolador de la Iglesia. La misión del Espíritu Santo consiste en consolar los corazones de quienes forman parte del pueblo de Dios. Él convence de pecado, ilumina e instruye; sin embargo, el aspecto principal de su obra es alegrar los corazones de los regenerados, confirmar a los débiles y levantar a todos los que andan humillados. Esto lo cumple revelándoles a estos a Jesús. El Espíritu Santo consuela, pero Cristo es el consuelo. Si se nos permite utilizar esta figura: el Espíritu Santo es el Médico, pero Jesús es la medicina. El Espíritu sana la herida, pero lo hace aplicando el santo ungüento del nombre y de la gracia de Cristo. No toma de lo suyo, sino de lo que es de Cristo. Así, pues, si damos al Espíritu Santo el nombre griego de parakletos —como lo hacemos a veces, nuestro corazón aplica a nuestro bendito Señor Jesús el título de paraklesis. Si uno es el Consolador, el otro es el Consuelo. Ahora bien, teniendo el cristiano tan rica provisión para sus necesidades, ¿por qué ha de estar triste y desalentado? El Espíritu Santo, movido por su bondad, se ha comprometido a ser tu Consolador. ¿Crees, oh débil y tembloroso creyente, que el Espíritu no responderá a la confianza que has depositado en él? ¿Puedes suponer que haya intentado una cosa que no puede o no quiere cumplir? Si su obra peculiar es fortalecerte y consolarte, ¿piensas que habrá olvidado su cometido o que fracasará en la amorosa tarea que lleva a cabo en beneficio tuyo? No, no tengas tan mal concepto del tierno y bendito Espíritu, cuyo nombre es «el Consolador». Él se complace en proporcionar óleo de gozo al que llora y manto de alegría al espíritu angustiado. Confía en él; y él, sin duda, te consolará hasta que se cierre para siempre la casa del llanto y dé comienzo la fiesta de boda.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 296). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

La perspectiva de la verdad

12 Octubre 2017

La perspectiva de la verdad
por Charles R. Swindoll

Salmos 119

Al concluir nuestro breve análisis del Salmo 119, pongamos a prueba la sabiduría, la visión y la comprensión con el siguiente ejemplo.

Imaginémonos que usted recientemente obtuvo un trabajo que no era lo que usted esperaba. Usted le había pedido a Dios un empleo y en poco tiempo usted logró conseguir trabajo. Usted estaba agradecido. Después de unas semanas, sin embargo usted se dio cuenta que las condiciones de trabajo daban mucho que desear. Además, todos sus compañeros de empleo no son cristianos. Su reacción natural sería la decepción y quizá hasta la desilusión. Esto, por ende, causaría  una irritación diaria y posibles discusiones con otras personas. Su vida pronto podría llenarse de ataques pesimistas y negativos hacia otros y quizás hasta Dios. La motivación se va y el poco entusiasmo comienza a residir en su vida.

Ha llegado el momento de aplicar algunos principios bíblicos fundamentales. Digamos que usted está compenetrado con la Palabra de Dios; que cada día usted está absorbiendo sabiduría, cultivando la visión y obteniendo conocimiento. Usted descubre gracias a Romanos 8:28 que Dios utiliza todas las cosas para bien, aun aquellas experiencias que no son placenteras. También descubre en Romanos 5:3-5 que Dios utiliza los momentos difíciles para que nosotros maduremos en nuestra fe.

Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce perseverancia, y la perseverancia produce carácter probado, y el carácter probado produce esperanza. Y la esperanza no acarrea vergüenza porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado.

Esta verdad le da una perspectiva diferente. Usted es el “proyecto personal” del Señor. Su plan es que usted crezca en madurez y sea una persona estable. Él está buscando su bien. No hay coincidencias en la vida cristiana; todas las cosas (hasta su empleo miserable) son herramientas en las manos de Dios y él está moldeando su carácter. Usted aprende a aceptar que su empleo, con todas sus limitaciones e irritaciones, es el lugar perfecto para que Dios le desarrolle y le haga más cómo su hijo. En vez de resistir o buscar la primera ruta de escape, usted toma la determinación de enfrentar cada día como otra oportunidad para madurar en gracia con los demás y someterse a Él. La sabiduría la ayuda a ver su situación desde la perspectiva de Dios.

Después de un tiempo, los que trabajan con usted ya no le molestan tanto porque la Palabra de Dios le ha enseñado cómo ver a través de los problemas superficiales. Usted entonces se da cuenta que los asaltos verbales le indican que existe un problema más profundo internamente en ellos. También descubre que usted no necesita ver el abuso de manera personal, porque en realidad no es a usted, personalmente, a quien atacan. En poco tiempo, su visión le ha hecho que no caiga en una actitud vengativa, fría e irritable. En lugar de discutir con ellos, usted encuentra maneras de ayudar a sus compañeros de trabajo.

Usted ha comenzado a reaccionar ante esa ocupación que antes era molesta con una actitud positiva. El tiempo que usted ocupó leyendo la carta de Santiago, por ejemplo, le ha enseñado a ser cuidadoso acerca de lo que usted dice y cómo usted se comporta ante aquellos que no conocen a Cristo de manera personal. Además, al hacer su trabajo de manera diligente sin importar las circunstancias, le ha servido para tener comprensión. Y para su propia sorpresa, usted ha comenzado a disfrutar y a aceptar el desafío de su situación porque sabe que es exactamente donde el Señor lo quiere. Es un lugar ideal para representar a Cristo.

No me malentienda. No le puedo garantizar que por medio de su interacción diaria con la Escritura usted puede transformar su ambiente. Algunas circunstancias no tienen solución. Créame, como pastor, nunca desecho la posibilidad de una intervención divina milagrosa, pero he llegado a ser lo suficientemente sabio para reconocer mis propias limitaciones.

Así que no quiero crearle la impresión de que se puede cambiar el mundo con solo obtener comprensión espiritual. Le garantizo, sin embargo, que usted será transformado. Y a través de su madurez espiritual, el Señor mejorará mucho su ambiente. De todas maneras, usted será transformado. Su actitud cambiará. El entusiasmo llenará el vacío creado por la desesperanza y la impotencia.

La Palabra de Dios es para usted, no solo para los teólogos o para el pastor; ¡es para usted! No hay ninguna situación que usted no puede enfrentar si realmente toma en serio leer diariamente el Libro de libros. Un gran lugar para comenzar es el Salmo 119, especialmente si el afán del poco entusiasmo ha empezado a causar estragos en su vida.

Afirmando la palabra
En base a su propia experiencia, aplique el concepto de la sabiduría, la visión y la comprensión a una situación personal. Describa, por escrito, una circunstancia, que usted considera, se ha convertido en su mayor desafío espiritual, emocional y mental. Lea los siguientes pasajes que hablan sobre las pruebas: Juan 14:26-27; Juan 17:13-21; Romanos 8:18-25, 28-39; 2 Corintios 1:3-5; Filipenses 4:12-13; Santiago 1:2-6. 1 Pedro 1: 6-9; 4:12-16,19. Luego escriba una descripción de cómo usted cree que cada pasaje podría aplicarse a su situación específica.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Vida en Cristo

12 OCTUBRE

1 Reyes 15 | Colosenses 2 | Ezequiel 45 | Salmos 99–101

La siguiente situación ocurrió en el contexto de un estudio bíblico que dirigía una mujer de la iglesia que yo pastoreaba. Una persona de una secta conocida se había infiltrado en este grupo y la mujer de nuestra iglesia pronto se encontró en aguas demasiado profundas. Me invitaron y acabé participando en una confrontación pública con el “pastor” (aunque él no se llamaba a sí mismo así) de la secta del intruso. Una de las cosas que él quería negar enfáticamente era la deidad de Jesucristo. Al observar juntos las referencias bíblicas que dicen algo sobre la deidad de Cristo, nos encontramos con Colosenses 2:9. Él quería interpretar el pasaje de manera muy libre, algo como: “en Cristo, todos los atributos de la Deidad habitan en forma corporal”.

Le pregunté qué atributos de Dios no se encontraban en Jesús. Inmediatamente, se dio cuenta del problema. Si decía “ser eterno” (cosa que él creía), se vería atrapado, porque estaría en contradicción con su propia traducción. Pero si respondía “ninguna” (negando sus propias creencias), entonces ¿cómo se podría distinguir a Jesús de Dios tan claramente como él proponía?

De cualquier forma, Colosenses 2:9 es aún más fuerte de lo que su traducción le permitía: “en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”. Observemos:

(1) En este contexto, a los colosenses se les exhorta a continuar la vida en Cristo, “de la manera que recibisteis a Cristo Jesús como Señor” (2:6). Estas palabras nos sugieren, como es usual, la identidad divina de Jesús, porque la palabra Señor era la manera más común de dirigirse a Dios en las versiones griegas del Antiguo Testamento.

(2) Tanto en esa época como en la nuestra, hay personas que tratan de engañar a la gente mediante “vana y engañosa filosofía que sigue tradiciones humanas” (2:8). Prácticamente, en todos los casos, la meta de dichas filosofías engañosas era disminuir o relativizar a Cristo, para desviar la atención y la lealtad del pueblo hacia otras cosas. No sólo estos versículos, sino gran parte de la carta a los colosenses demuestra que, quienquiera que sean estos herejes, su ataque es contra Cristo. Pablo no cede: “Toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo” y en él estás completo, en él puedes disfrutar de toda la plenitud que jamás podrás experimentar (2:9). Volverse a otras añadiduras en vez de a él es desastroso, pues sólo él “es la cabeza de todo poder y autoridad” (2:10).

(3) Por lo visto, al menos una de las ramas de herejía en Colosas intentaba lograr que los creyentes le añadieran a Cristo una gama de rituales judíos. Pablo, sin embargo, permanece firme: él entiende que los rituales ordenados por el Antiguo Testamento eran “una sombra de las cosas que van a venir; la realidad se halla en Cristo” (2:17).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 285). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Las soluciones de la fe

Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer. Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer. Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces. Él les dijo: Traédmelos acá.

Mateo 14:15-18

Las soluciones de la fe

Jesús llevó a sus discípulos a un lugar aparte para que descansasen (Mateo 14:13-21), pero la gente los siguió. Cuando Jesús vio a la multitud desamparada, como ovejas que no tienen pastor, les enseñó pacientemente. Los discípulos, cansados de la jornada y viendo que el lugar estaba desierto, sacaron una conclusión muy razonable para ellos: “Despide a la multitud, para que… compren de comer”. ¡Lógica aparentemente irrefutable! Sin embargo la respuesta de Jesús los turbó: “No tienen necesidad de irse”. Él sabía de antemano cómo iba a colmar las necesidades de todos.

A menudo somos como los discípulos. Cuando tenemos que tomar una decisión, lo hacemos en función de lo que nos parece más lógico, lo más razonable. Angustiados por la precariedad de nuestros recursos, hacemos planes olvidándonos quizá de contar con la ayuda y la sabiduría de nuestro Dios. Pero aquí Jesús nos recuerda que las cosas no tienen por qué suceder como lo imaginamos, y que él tiene las llaves que la sabiduría humana no posee.

Las soluciones que nos propone siempre comprometen nuestra fe: “Dadles vosotros de comer”. Las dudas aparecen y nos encontramos con obstáculos insuperables. “No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces”. Jesús simplemente nos pide llevarle nuestra modesta contribución (“Traédmelos acá”), para así multiplicarla y asombrarnos por su intervención.

Esdras 8 – Juan 5:1-23 – Salmo 116:1-11 – Proverbios 25:6-7

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch