Esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado.

TENGAMOS ESPERANZA

10/10/2017

Esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado.

1 Pedro 1:13

Usted ha oído muchos sermones y ha visto muchos libros acerca del amor y de la fe, pero ¿ha oído alguna vez un mensaje o ha leído un libro acerca de la esperanza? Por alguna razón, a veces pasamos por alto la esperanza. La esperanza es algo que falta en la experiencia cristiana de nuestra cultura. No vivimos con esperanza sobre todo porque nos concentramos demasiado en nuestras circunstancias actuales.

¿Qué es la esperanza? Es la actitud del cristiano en cuanto al futuro. La esperanza en su naturaleza intrínseca es como la fe. Ambas tienen la confianza, o una creencia en Dios, como su punto central, pero hay una diferencia entre ellas. Fe es creer en Dios en el presente, y esperanza es creer en Dios para el futuro. La fe cree en Dios por lo que ha hecho, y la esperanza cree en Dios por lo que hará.

Ponga su esperanza en Él y viva esperando el glorioso cumplimiento de su promesa futura.

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El mejor de todos los pasajes

OCTUBRE, 10

El mejor de todos los pasajes

Devocional por John Piper

Dios exhibió públicamente [a Jesús] como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús. (Romanos 3:25-26)

Romanos 3:25-26 quizás sea el pasaje más importante de la Biblia.

¡Dios es completamente justo, y además justifica a los impíos!

No es una cosa o la otra. ¡Las dos son ciertas! Él absuelve a los culpables, pero eso no lo hace culpable. ¡Esa es la mejor de las noticias del mundo!

  • «Al que no conoció pecado [Jesús], [Dios] le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él» (2 Corintios 5:21).
  • «Enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne» (Romanos 8:3).
  • «Él mismo [Cristo] llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz» (1 Pedro 2:24).
  • «Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios» (1 Pedro 3:18).
  • «Porque si hemos sido unidos a Él en la semejanza de su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de su resurrección» (Romanos 6:5).

Si las noticias más aterradoras del mundo son que hemos caído bajo la condenación de nuestro Creador, y que su propio carácter justo lo obliga a preservar el valor de su gloria derramando ira eterna sobre nuestro pecado…

…Entonces la mejor noticia de todo el mundo (¡el evangelio!) es que Dios decretó un camino para la salvación que también enaltece el valor de su gloria, el honor de su Hijo y la salvación eterna de sus escogidos. Dios entregó a su Hijo para que muriera por los pecadores y conquistara la muerte de ellos por medio de su propia resurrección.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 62-63

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«Y te libraré de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los fuertes»

10 de octubre

«Y te libraré de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los fuertes».

Jeremías 15:21

Observa que la gloriosa personalidad que hace la promesa es Dios mismo. El propio Señor se interpone para librar y redimir a su pueblo. Él personalmente se compromete a librarlos: su propio brazo lo hará para que él reciba la gloria. Aquí no se dice ni una palabra de que sea necesario un esfuerzo de nuestra parte para ayudar al Señor. Ni nuestras fuerzas ni nuestras debilidades se toman en cuenta; sino solo a Dios, quien, como el sol en el cielo, resplandece con toda suficiencia. ¿Por qué, pues, calculamos nosotros nuestras fuerzas y consultamos con carne y sangre para nuestro mal? El Señor tiene suficiente poder y no necesita recurrir a nuestro débil brazo. ¡Silencio, incrédulo pensamiento, estate quieto y conoce que el Señor reina! Ninguna alusión hay en este versículo a los medios o las causas secundarias. El Señor no dice nada de amigos y ayudadores: él emprende la obra solo y no siente necesidad de que lo ayuden brazos humanos. Vano es que esperemos en los compañeros y los parientes, pues si nos apoyamos en ellos serán como cañas cascadas. Si pueden ayudarnos, por lo regular, no querrán hacerlo; y si quieren, no podrán. Ya que la promesa viene de Dios, sería conveniente que esperásemos solo en él: cuando así lo hacemos, nuestra esperanza nunca se ve defraudada. ¿Quiénes son los malvados para que los temamos? El Señor los consumirá enteramente. A los tales hay que compadecerlos más bien que temerlos. En cuanto a los fuertes, ellos solo espantan a quienes no tienen un Dios al que recurrir; pues si el Señor está de nuestro lado, ¿a quién podemos temer? Si nos exponemos a pecar con el fin de agradar al malvado, entonces sí tenemos motivo para alarmarnos; pero si nos aferramos a nuestra integridad, el furor de los tiranos se verá dominado para nuestro bien. Cuando el pez tragó a Jonás, halló en él un bocado que no fue capaz de digerir; y cuando el mundo devora a la Iglesia, sentimos un gran gozo al ver a esta librarse nuevamente de él. En todo período de prueba dura, con nuestra paciencia ganaremos nuestras almas (cf. Lc. 24:19).

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 294). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Un problema espiritual

10 Octubre 2017

Un problema espiritual
por Charles R. Swindoll

Salmos 119

Este largo poema del salmista acerca de la Palabra de Dios tiene la clave que nos puede ayudar a recuperar el entusiasmo nuevamente. El Salmo 119 nos ayuda a identificar cosas que nos arrastran y de esta forma, podemos tratar con ellas con la sabiduría que viene de lo alto. Después de todo, la falta de entusiasmo no es un problema emocional; es un problema espiritual que no se puede corregir con un simple discurso inspirador o una experiencia agradable.

Muchas personas bien intencionadas buscan lo que yo llamo una “adrenalina espiritual”, que en realidad no es más que una distracción emocional del dolor que sufren sus vidas monótonas. Como resultado, usted puede ver personas que manejan grandes distancias para asistir a reuniones y experimentar alguna clase de deleite que los regrese a su hogar en la cima del éxtasis. No obstante, inevitablemente esto los lleva después a abismos emocionales aún más profundos.

Si nos referimos al ser espiritual en términos de alimentación, el problema es que con frecuencia no nos estamos nutriendo correctamente. La Palabra de Dios, su verdad escrita, le da al cristiano todos los nutrientes y por ende un verdadero entusiasmo que el creyente puede absorber. La Palabra de Dios, junto con el poder motivador del Espíritu Santo que vive en nosotros puede transformar literalmente una vida. Pero los efectos no son instantáneos. Nadie puede revertir los efectos de una mala nutrición física con sólo una comida.

Los creyentes necesitamos regresar a los fundamentos. Si hay algo que el Salmo 119 expresa es que debemos estar dispuestos a consumir una dieta constante de la verdad de la Biblia y digerir sus principios. Estudie la Palabra de Dios cuidadosamente. Ore acerca de ella. Léala. Escudríñela. Memorice versículos. Medite en ella. Permita que ella sature su pensamiento. Utilícela cuando llegan los problemas. Filtre sus decisiones por medio de ella. No permita que pasen días sin pasar tiempo a solas con Dios, escuchando la voz silenciosa de su Palabra elocuente.

Todos los demás intentos para crecer espiritualmente solo le llevarían a la frustración. Lo sé porque los he probado. Cuando sigo los métodos humanos mi entusiasmo decae pero cuando me concentro en la Palabra de Dios mi entusiasmo aumenta. No hay nada mejor que nos permita vivir por encima del afán del poco entusiasmo que aplicar diariamente la Palabra de Dios a nuestras situaciones. Se lo aseguro. Nada más.

Observe un ejemplo. Vaya al Salmo 119:97-100. Quiero reforzar lo que acabo de mencionar considerando las palabras del compositor acerca de los beneficios de obtener sabiduría por medio de la Escritura.

¡Cuánto amo tu ley!
Todo el día ella es mi meditación.
Por tus mandamientos me has hecho más sabio que mis enemigos,
porque para siempre son míos.
He comprendido más que todos mis instructores
porque tus testimonios son mi meditación.
He entendido más que los ancianos
porque he guardado tus ordenanzas.

Hace un tiempo encontré algo que escribió Daniel Webster y que ilustra lo que el compositor está diciendo en el versículo 97. En presencia del profesor Sanborn de la Universidad Dartmouth, Webster tomó en su mano una Biblia y dijo: “Este es el libro. He leído la Biblia muchas veces. Tengo por práctica leerla completa una vez al año. Es un libro que todas las personas deben leer; y me da lástima aquel hombre que no encuentra en ella un rico suplemento de pensamiento y de reglas de conducta. Al ser humano le sirve durante toda su vida y le prepara para la muerte”.

Afirmando el alma
Utilice una concordancia o un índice temático de la Biblia para buscar pasajes de la Escritura que se relacionan con los asuntos que usted mencionó anteriormente. Si usted conoce un pastor o alguien familiarizado con la Biblia, pídale que le ayude a encontrar respuestas a esas cargas espirituales que le están arrastrando. Descubra los principios eternos enseñados en la Escritura y póngalos en práctica.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Un poco de consejo práctico para los cristianos

10 OCTUBRE

1 Reyes 13 | Filipenses 4 | Ezequiel 43 | Salmos 95–96

Un poco de consejo práctico para los cristianos (Filipenses 4:4–9):

(1) “Regocijaos en el Señor siempre” (4:4). Este mandamiento es tan importante que Pablo lo repite. Nuestra responsabilidad de obedecerlo es independiente de las circunstancias, pues no importa cuán miserable sea nuestra situación, el cristiano siempre tiene las razones más profundas para regocijarse en Cristo Jesús: el perdón de pecados y la esperanza de una vida de resurrección en el nuevo cielo y la nueva tierra, por no hablar de la consolación del Espíritu en el presente y mucho más. Hablando en términos prácticos, Pablo sabe bien que el creyente que verdaderamente se regocija en el Señor no puede ser un traidor, ni tramposo, ni quejoso, ni ladrón, ni perezoso, ni amargado ni lleno de odio.

(2) “Vuestra amabilidad sea conocida” (4:5). Es casi una paradoja deliciosa. Nuestra cultura quiere que seamos conocidos por la agresividad o por cierta superioridad o fuerza intrínseca. La persona amable no suele pensar en ser conocida. Pero Pablo quiere que nos esforcemos de tal manera por la amabilidad, que se nos conozca por nuestra gentileza. El fundamento que ofrece Pablo es que “el Señor está cerca”. En este contexto, probablemente no se refiere a la cercanía de la venida del Señor, sino a que el Señor mismo nunca está lejos de su pueblo: está cerca y vela por nosotros, como lo hace todo el tiempo. Esto se convierte en nuestra motivación para actuar como él quisiera que actuáramos.

(3) “No estéis afanosos” (4:6–7). Pablo no es partidario de un escapismo irresponsable, y menos todavía de un optimismo iluso. Más aún, en términos estrictos, no nos está pidiendo sencillamente que dejemos de preocuparnos y ya está; más bien, nos dice cómo dejar de preocuparnos. Debemos reemplazar esta ansiedad constante por otra cosa: “más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presentad vuestras peticiones a Dios y dadle gracias [vuelve el tema de la alabanza]” (4:6). Pablo no niega la agonía y el dolor de muchas de las experiencias humanas. ¿Cómo iba a hacer tal cosa? Sus cartas demuestran que sufrió lo peor. No obstante, conoce la solución. O la preocupación espanta a la oración, o la oración espanta a la preocupación. Más aún, afirma Pablo, esta oración disciplinada, agradecida e intercesora, trae consigo “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (4:7).

(4) Tened pensamientos santos (4:8–9). Lo que entra es lo mismo que sale. Somos renovados mediante la transformación de nuestra mente (Romanos 12:1–2). Así que vigila lo que le das a tu mente como alimento; cuida lo que piensas; decídete a dirigir tus pensamientos por canales buenos y saludables, no aquellos caracterizados por la amargura, el resentimiento, la lujuria, el odio o la envidia. Medita sobre todas las cosas que Pablo incluye en su variada lista del versículo 8. Más aún, aquí también Pablo mismo nos sirve de gran ejemplo (4:9: no nos pide que hagamos algo que él mismo no practica).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 283). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El culpable es nuestro corazón

martes 10 octubre

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.

Ezequiel 36:26

Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.

1 Juan 4:7

El culpable es nuestro corazón

Un periodista describía un asesinato horrible y concluyó así su artículo: «¿Hasta dónde tendrá que llegar la decadencia en lo inhumano para que al fin tomemos conciencia que es tiempo de ser lúcido sobre la realidad de nuestra sociedad, sobre la realidad de nuestra ceguera?».

Y si reconocemos esta decadencia, ¿cuál es su origen y en qué nos concierne? Nuestro corazón es el culpable; Jesucristo dice: “Del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mateo 15:19). Es cierto que hay mucha buena voluntad y esfuerzos dignos de alabanza para tratar de frenar el desarrollo del mal y sus consecuencias. Nos alegra ver que estas actitudes existen, pero no pensemos que hay posibilidad alguna para mejorar el estado natural del corazón humano. La Palabra de Dios declara: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso” (Jeremías 17:9). No es agradable oír esta constatación, pero cada uno de nosotros debe admitirla para su propio corazón.

¿Entonces no hay solución? ¡Sí! Dios, el Dios de amor, no deja a los hombres sin remedio. No nos propone esperar una mejoría de la humanidad en general, pero ofrece a cada uno un corazón nuevo. En su Palabra nos muestra que él hizo lo necesario para ello, al enviar a su Hijo Jesucristo para liberarnos. Al que cree en él como su Salvador, le ofrece una nueva vida y lo hace capaz de amar. ¡Pero es necesario aceptar su oferta con un corazón sincero!

Esdras 6 – Juan 4:1-30 – Salmo 115:1-8 – Proverbios 25:1-3

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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