Un público obligado a escuchar

Un público obligado a escuchar

10/13/2017

Todos los santos os saludan, y especialmente los de la casa de César.

Filipenses 4:22

No todo sufrimiento es físico. A veces pasamos por sufrimientos emocionales y mentales. Pablo estaba preso en Roma cuando escribió a los filipenses. Se había reducido mucho su ministerio; no obstante, les dijo a los filipenses que su encarcelamiento en realidad había contribuido al adelanto del evangelio. Estando encadenado a soldados romanos, tuvo la oportunidad de ganarlos para el Señor (v. 13).

Estaba ocurriendo una especie de avivamiento en el palacio del César, que evidentemente llevó a la salvación de algunos, como lo indica el versículo de hoy. Los soldados no sabían a quién tenían en sus manos: creían que tenían un preso, pero en realidad tenían a un evangelista para quienes ellos eran un público que no tenía más remedio que escuchar! ¡Qué ejemplo de regocijo en medio de una situación frustrante y desalentadora!

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El Señor y Siervo

OCTUBRE, 13

El Señor y Siervo

Devocional por John Piper

A fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. (Efesios 2:7)

Para mí, la imagen más impactante de toda la Biblia acerca de la segunda venida de Cristo es la de Lucas 12:35?37, donde se describe el regreso de un amo del banquete de bodas:

«Estad siempre preparados y mantened las lámparas encendidas, y sed semejantes a hombres que esperan a su señor que regresa de las bodas, para abrirle tan pronto como llegue y llame. Dichosos aquellos siervos a quienes el señor, al venir, halle velando; en verdad os digo que se ceñirá para servir, y los sentará a la mesa, y acercándose, les servirá».

Es cierto que a nosotros se nos llama siervos, y no hay duda de que quiere decir exactamente lo que ese término significa. Sin embargo, lo maravilloso de esta imagen es que el amo se empeña en servir aún en la era que viene, cuando aparecerá en toda su gloria «con sus poderosos ángeles en llama de fuego» (2 Tesalonicenses 1:7-8). ¿Por qué?

Porque en el mismo centro de su gloria se halla la plenitud de la gracia, que se desborda en forma de bondad hacia las personas necesitadas. Su objetivo es «mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús» (Efesios 2:7).

¿En qué consiste la grandeza de nuestro Dios? ¿Qué lo hace único en el mundo? La respuesta se encuentra en Isaías: «Desde la antigüedad no habían escuchado ni dado oídos, ni el ojo había visto a un Dios fuera de ti que obrara a favor del que esperaba en Él» (Isaías 64:4).


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 169

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«Fuerte es como la muerte el amor»

13 de octubre

«Fuerte es como la muerte el amor».

Cantares 8:6

Este amor, tan poderoso como un vencedor de reyes y como la muerte —destructora de la raza humana—, ¿de quién puede ser? ¿No sería ridículo si dijera que se refiere a mi pobre, débil y apenas latente amor por Jesús mi Señor? Yo amo a Jesús y, por su gracia, quizá hasta podría morir por él; pero en cuanto a mi amor en sí, difícilmente sería capaz de soportar una burla y, mucho menos, una muerte cruel. Sin duda, aquí se hace referencia al amor de mi Amado: el amor de Jesús, el incomparable amante de las almas. En realidad, su amor fue más fuerte que la muerte más espantosa, pues soportó triunfante la prueba de la cruz. Su muerte constituyó una muerte lenta, pero el amor sobrevivió al tormento; fue una muerte vergonzosa, pero el amor despreció la vergüenza; fue una muerte penal, pero el amor llevó nuestras iniquidades. Fue la muerte de un solitario y olvidado, de quien el Padre eterno ocultó su rostro; pero el amor soportó la maldición y se glorió sobre todos. Nunca hubo tal amor ni tal muerte: fue un duelo terrible; pero el amor se llevó la palma. ¿Qué dices a esto, corazón mío? Creyente, ¿no sientes que se emociona tu corazón al contemplar un afecto tan celestial? Sí, mi Señor, yo anhelo, ansío, sentir dentro de mí tu ardiente amor. Ven tú mismo y alienta el ardor de mi espíritu.

¡Redentor! ¡Redentor!

Tierno, dulce nombre.

¡Oh, cuán grande el amor

de Jesús Dios-hombre!

Con un amor tan fuerte como la muerte, ¿por qué tengo yo que desesperar del amoroso Jesús? Él merece ese amor y yo lo deseo. Los mártires, aunque solo eran carne y sangre, sintieron dicho amor. Entonces, ¿por qué no lo he de sentir yo? Ellos lamentaron sus debilidades; pero, sin embargo, sacaron fuerzas de debilidad. La gracia les dio firme constancia; y esa misma gracia se me concede a mí. Jesús, amado de mi alma, derrama ese amor —tu amor— en mi corazón en esta noche.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 297). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Canciones de fortaleza familiar

13 Octubre 2017

Canciones de fortaleza familiar
por Charles R. Swindoll

Salmos 127 y 128

Tal vez no suene muy espiritual, pero algunos aspectos de la vida familiar pueden ser todo un afán. Mantener un hogar lleno de niños, tener una buena comunicación, ceder a nuestros intereses con respecto a los demás todos los días bajo el mismo techo, tener una actitud positiva e inspiradora, tratar con voluntades firmes y encargarse de algunos de los desafíos domésticos es literalmente un trabajo de tiempo completo.

Me quito el sombrero ante todos aquellos que hacen su mejor esfuerzo. Y debo agregar, claro está, que todo ese esfuerzo vale la pena. Padres, algún día, sus hijos “se levantarán y les bendecirán”.  Pero no crea que va a ser muy pronto; yo dije, algún día. Por esa razón, me complace saber que las canciones antiguas del himnario eterno de Dios tienen palabras de ánimo para las familias.

De manera periódica, nos encontramos con salmos que calzan muy bien juntos, formando una unidad o una progresión de pensamiento. Esto sucede con los salmos 22, 23 y 24. También con los salmos 90 y 91 así como los salmos 111 y 112. Es como si uno de los salmos presenta el problema y el otro lo resuelve. Precisamente, esto es lo que encontramos en las dos canciones que examinaremos en este capítulo: Salmos 127 y 128. Ambos tienen que ver con la vida en el hogar. Se puede decir que son salmos domésticos. ¿Que cómo lo sé? Observe el versículo 1 del Salmo 127. Los primeros renglones se refieren a la edificación de la casa. Luego, los versículos 3 al 5 mencionan a los hijos. El tercer versículo del Salmo 128 habla de la esposa, el hogar y los hijos nuevamente. Y el versículo 6 del Salmo 128 menciona el paso del tiempo hasta los nietos. Además de este tema, el salmista también habla de la fortaleza a nivel nacional que se vincula a la fortaleza de la unidad familiar en el versículo 5 del Salmo 128. Una nación será tan fuerte como lo son sus familias. El desmoronamiento de la vida familiar es una de las señales de una cultura en decadencia.

El evangelista Billy Graham en su libro World Aflame, [Mundo en llamas] escribe palabras de discernimiento y al mismo tiempo palabras serias con respecto a los Estados Unidos de America:

La ley inmutable de la siembra y la cosecha se mantiene. Ahora somos los poseedores desventurados de la depravación moral y buscamos en vano una cura para ella. La cizaña de la indulgencia ha crecido más que el trigo de los límites morales. Nuestros hogares están sufriendo. El divorcio ha aumentado en proporciones epidémicas. Cuando la moral de una sociedad está en caos, la familia es la primera que sufre. El hogar es la unidad básica de nuestra sociedad y una nación es sólida solo si las familias que la conforman son sólidas. La descomposición de un hogar generalmente no sale en primera plana, pero destruye como las termitas la estructura de una nación.

Tal como lo mencioné antes, estos dos salmos forman una progresión. Se asemejan a un mural histórico que se coloca alrededor de un cuarto para mostrar una historia progresiva. Ese ascenso nos lleva desde el inicio de un hogar hasta las bendiciones de los años futuros. Permítame sugerirle un bosquejo sencillo:

I.  Comienzo del hogar (127:1-2)
II. Hijos nacidos dentro del hogar (127:3-5)
III. La guía del hogar (128:1-3)
IV. Las bendiciones de los años futuros más allá del hogar (128:4-6)

Afirmando el alma
Piense en su niñez. Quizás no fue una experiencia positiva; no obstante, piense en una época cuando usted sentía que (a) había seguridad, (b) escuchaba palabras de estímulo, (c) había lecciones valiosas que aprender y (d) la familia se unía en tiempo de crisis. ¿De qué manera puede usted volver a crear estas experiencias positivas en su familia ahora? Sea específico.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

El norte y el sur

13 OCTUBRE

1 Reyes 16 | Colosenses 3 | Ezequiel 46 | Salmo 102

Primero y Segundo de Reyes narran la decadencia de la suerte en ambos reinos: el norte y el sur. De vez en cuando, surge un rey reformador en uno u otro gobierno. Pero en su mayoría, la historia va en declive. Un poco de orientación (1 Reyes 16):

(1) Si bien 1 y 2 de Reyes hablan de ambos reinos, el énfasis está sobre el norte. Por otro lado, 1 y 2 de Crónicas, que cubren más o menos el mismo material, se inclinan fuertemente hacia el reino de Judá.

(2) En el sur, la dinastía davídica continúa. Durante su historia, peligró bastante, humanamente hablando. Sin embargo, Dios preservó el linaje; su propósito de redención está ligado a la continuidad de esa descendencia de David. La postura general se expresa bien en 1 Reyes 15:4. Abiam, rey de Judá, reinó sólo tres años y sin duda era un rey malvado. “No obstante, por consideración a David, el Señor su Dios mantuvo la lámpara de David encendida en Jerusalén, y le dio un hijo que le sucediera, para fortalecer así a Jerusalén”. No obstante, en el norte ninguna dinastía se mantuvo mucho tiempo. La dinastía de Jeroboam duró dos generaciones y luego fue masacrada (15:25–30), pasando a ser reemplazada por Baasa (15:33–34). Su dinastía también produjo dos reyes, y luego los varones de su familia fueron eliminados por Zimri, cuya dinastía duró nada más y nada menos que siete días (16:15–19). Y así continuó. Si el linaje davídico persistió en el sur, fue sólo por gracia.

(3) Estas sucesiones en el norte son brutales y sangrientas. Por ejemplo, después de Zimri los ciudadanos de Israel se enfrentaron a una pequeña guerra civil, pues estaban divididos entre Omri y Tibni. Los seguidores de Omri ganaron y en el texto se hace un comentario irónico: “y Tibni murió, y Omri fue rey” (16:22). En fin, hay un hambre perenne de poder, pocos sistemas que ayudaran a una transición ordenada de gobierno y ninguna sumisión profunda al Dios vivo.

(4) No obstante, desde la perspectiva de Dios, la severidad del pecado se mide, primeramente y sobre todo, no en términos de la violencia sangrienta, sino de idolatría (por ejemplo, 16:30–33). Omri fue un gobernante enérgico que fortaleció enormemente a la nación, pero de eso se escribió muy poco. Desde el punto de vista divino, él “hizo lo que ofende al Señor y pecó más que todos los reyes que le precedieron” (16:25). Los programas de construcción y el aumento del Producto Interior Bruto (PIB) no compensan por la idolatría.

(5) Los detalles en estos relatos suelen enlazar la narrativa con eventos muy anteriores y futuros. Por ejemplo, la reconstrucción de Jericó (16:34) nos recuerda la maldición sobre la ciudad cuando fue destruida siglos atrás (Josué 6:26). La fundación de la ciudad de Samaria (16:24) anticipa innumerables relatos sobre hechos que ocurrieron en esa ciudad, incluyendo el de Jesús y la mujer en el pozo (Juan 4; ver meditación del 14 de marzo).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 286). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Tres testimonios que concuerdan

Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo.

Mateo 27:19

Este (Jesús) ningún mal hizo.

Lucas 23:41

Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.

Lucas 23:47

Tres testimonios que concuerdan

En el momento de la muerte del Señor Jesús, tres personas de entornos muy diferentes afirmaron que Jesús era justo.

–La mujer de Pilato pidió a su marido que no tuviese nada que ver con “ese justo”. ¿Por qué Pilato no quiso escuchar? Él no había hallado ningún crimen en Jesús, pero ante la insistencia de los jefes religiosos, cedió y entregó a Jesús para ser crucificado.

–Había dos malhechores crucificados con Jesús. Al principio los dos se burlaban de él, luego uno de ellos cambió de actitud después de haber oído a Jesús decir: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Su conciencia se despertó y él creyó que Jesús era el Mesías. Entonces declaró que Jesús no había hecho nada malo.

–El centurión (capitán) romano había sido testigo de otras crucifixiones, pero nunca había asistido a una muerte como la de Jesús, quien entregó conscientemente su espíritu a Dios. Entonces este oficial declaró lo que otros también sabían que era cierto: “Verdaderamente este hombre era justo”.

Jesús, el justo, fue condenado por los tribunales de los hombres. Pero “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18). Permaneció en la cruz por amor, y allí sufrió como injusto, porque cargó con nuestros pecados. Murió por nosotros, para que nosotros fuésemos perfectamente justos mediante la fe en él.

Esdras 9 – Juan 5:24-47 – Salmo 116:12-19 – Proverbios 25:8-10

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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