EJERCITEMOS LA FE

EJERCITEMOS LA FE

10/16/2017

Por fe andamos, no por vista.

2 Corintios 5:7

Thomas Manton dijo que, mientras todo está en calma y hay comodidad, vivimos por los sentidos y no por la fe. Pero nunca se conoce el valor de un soldado en tiempos de paz. Siempre es un reto mantenerse debidamente concentrado a través de una prueba difícil. Aun con la promesa de lecciones aprendidas y recompensas comprendidas, la certeza de esos beneficios puede parecer más teórica que real. Pero podemos tener una confianza mucho mayor en la realidad de todas esas cosas si sencillamente recordamos las palabras del versículo de hoy.

Uno de los propósitos de Dios en las pruebas es darnos mayor fortaleza. Cuando se pasa por una prueba, se ejercitan los músculos espirituales (la fe) y se fortalecen para la próxima prueba. Eso quiere decir que podemos enfrentarnos a peores enemigos y resistir mayores obstáculos, llegando a ser así más útiles al Señor. Y cuánto más útil usted sea, tanto más cumplirá su voluntad en el poder de su Espíritu para su gloria.

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Temor y esperanza en el celo de Dios

OCTUBRE, 16

Temor y esperanza en el celo de Dios

Devocional por John Piper

El Señor, cuyo nombre es Celoso, es Dios celoso. (Éxodo 34:14)

Dios es infinitamente celoso por el honor de su nombre, y responde con una ira terrible contra aquellos cuyos corazones deberían pertenecerle pero van en pos de otras cosas.

Por ejemplo, en Ezequiel 16:38-40, Dios le dice a una Israel infiel:

«Te juzgaré como son juzgadas las adúlteras y las que derraman sangre, y traeré sobre ti sangre de furor y de celos. También te entregaré en manos de tus amantes y ellos derribarán tus santuarios, destruirán tus lugares altos, te despojarán de tus vestidos, te quitarán tus bellas joyas y te dejarán desnuda y descubierta. Incitarán contra ti una multitud, y te apedrearán y te harán pedazos con sus espadas».

Le insto a que preste atención a esta advertencia. El celo de Dios por el amor absoluto y devoción de sus hijos siempre tendrá la última palabra. Cualquier cosa que desvíe sus afectos de Dios con un atractivo engañoso, se volverá en contra de usted para despojarlo de todo y despedazarlo.

Es algo horrendo usar la vida que Dios le dio para cometer adulterio contra el Todopoderoso.

Sin embargo, para aquellos de ustedes que en verdad han sido unidos a Cristo, que cumplen sus votos y renuncian a todo, quienes son fieles únicamente a él, y viven para honrarlo, el celo de Dios es un gran consuelo y una gran esperanza.

Ya que Dios tiene un celo infinito por honor a su nombre, cualquiera que amenace el bienestar de su fiel esposa se confrontará con su omnipotencia divina.

El celo de Dios es un gran peligro para los que asumen el rol de la ramera, venden su corazón al mundo y cometen adulterio contra Dios. Pero su celo es un gran consuelo para aquellos que mantienen los votos del pacto y se convierten en extranjeros y peregrinos sobre la tierra.


Devocional tomado del sermón “El Señor cuyo nombre es Celoso”

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«Contigo está el manantial de la vida»

16 de octubre

«Contigo está el manantial de la vida».

Salmo 36:9

Hay ocasiones en nuestra experiencia espiritual cuando el consejo, la simpatía o los actos religiosos no pueden confortarnos o ayudarnos. ¿Por qué permite esto nuestro bondadoso Dios? Quizá sea porque hemos estado viviendo mucho tiempo sin él; en vista de lo cual, Dios nos quita todo aquello en que hemos confiado con el fin de llevarnos a sí mismo. Es una bendición poder vivir junto a la fuente principal. Mientras nuestros odres están llenos no nos importa salir al desierto, como lo hicieron Agar e Ismael, pero cuando se encuentran vacíos, ninguna cosa nos servirá excepto decir: «Tú eres el Dios que me ve». Nosotros somos como el hijo pródigo: amamos los charcos de los cerdos y nos olvidamos de la casa de nuestro Padre. No olvides, querido amigo, que podemos transformar las ceremonias de la religión en charcos de lodo y en algarrobas para los cerdos. Esas ceremonias son santas, pero existe el peligro de que las pongamos en el lugar de Dios y, entonces, no tendrán valor alguno. Cualquier cosa se convierte en un ídolo cuando nos mantiene lejos de Dios. Hasta la serpiente de bronce ha de desecharse como «nehustán» si se la adora en lugar de Dios. El pródigo nunca estuvo más seguro que cuando volvió al seno de su padre porque no podía hallar sustento en ninguna otra parte. Nuestro Señor nos favorece con hambre en la tierra para que le busquemos a él con más inteligencia. La mejor posición de un cristiano se encuentra en vivir confiado entera y directamente en la gracia de Dios — »no teniendo nada, mas poseyéndolo todo»—, aunque permanezca en el mismo lugar donde se hallaba al principio. Nunca pensemos, ni por un momento, que nuestra posición se la debemos a nuestro grado de santificación, nuestra mortificación, nuestros dones o nuestros sentimientos. Recordemos, más bien, que somos salvos porque Cristo ofreció una expiación perfecta; pues nosotros estamos completos en él. Aunque no tenemos nada propio en lo que confiar, el descansar en los méritos de Jesús, su pasión y su vida santa nos proporciona la única base segura de confianza. Queridos amigos, cuando estemos sedientos, recurramos con avidez al manantial de la vida.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 300). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Los ladrillos y el mortero

16 Octubre 2017

Los ladrillos y el mortero
por Charles R. Swindoll

Salmos 127 y 128

Si una relación con Dios es el fundamento de un hogar, los hijos son los ladrillos y el mortero. El sabio rey Salomón continúa exaltando el hogar sólido y ahora se enfoca en el valor de los hijos.

Los hijos nacidos dentro del hogar

He aquí, heredad del Señor son los hijos;
recompensa es el fruto del vientre.
Como flechas en la mano del valiente,
así son los hijos que se tienen en la juventud.
Bienaventurado el hombre
que llena de ellos su aljaba.
No se avergonzarán aunque hablen con los enemigos en el tribunal.
 (Salmo 127:3-5)

El compositor capta nuestra atención cuando utiliza la frase, “he aquí”. Esos tres versículos hablan ahora de la actitud adecuada que los padres tienen que tener hacia sus hijos.

Observe los tres títulos que el compositor utiliza cuando se refiere a los hijos: (1) “heredad”, (2) “recompensa” y (3) “flechas”. Cada una de esas palabras requiere análisis.

El término, “heredad” viene de la palabra hebrea que significa posesión, propiedad o algo que se comparte o se asigna. Los hijos son la posesión del Señor. Los hijos le pertenecen a Él; Dios los comparte con los padres. Ahora bien, este tercer versículo no dice “algunos hijos o “la mayoría de los hijos” sino sencillamente “hijos” implicando con ello todos los hijos… ¡hasta los suyos! No hay tal cosa como un nacimiento accidental o un embarazo sorpresa desde el punto de vista de Dios. Y los padres son sabios cuando reconocen el hecho de que su hijo es un regalo personal de Dios. Si usted y yo creyésemos verdaderamente que Dios nos ha asignado cada hijo que tenemos, entonces le daríamos un significado completamente diferente a aquel hijo que no habíamos planeado tener.

La palabra, “recompensa” transmite la idea de placer, de algo que se da como una prueba tangible de apreciación. Los hijos nunca deben ser vistos como un castigo de Dios, ¡al contrario! El fruto del vientre es una muestra del amor de Dios. Ese hijo es una recompensa que Dios le ha dado.

La palabra “flechas” también tiene un significado importante. Usted puede observar que la ilustración tiene que ver con un guerrero que tiene flechas en su mano. Imagine la escena. Un guerrero en medio de una batalla no se detiene a fabricar sus flechas ni tampoco las ignora. Él las utiliza y las dirige hacia el blanco. Cada padre es responsable por la dirección de sus hijos. Un hijo, al igual que una flecha, es incapaz de dirigirse por sí mismo. Los padres tienen la responsabilidad fundamental de dirigir las vidas tempranas de sus hijos. Esto tiene mucho sentido cuando consideramos que un niño nace en un estado de depravación y pecado interno. Haga una pausa ahora y lea el Salmo 51:5 junto con el Salmo 58:3. Ambos versículos verifican que los hijos nacen en un estado de iniquidad. Salomón enfatiza este hecho en Proverbios 22:15: “La insensatez está ligada al corazón del joven, pero la vara de la disciplina la hará alejarse de él”. Los hijos necesitan autoridad paternal.

¿Qué es lo que sucede cuando un niño no recibe ninguna dirección? Proverbios 29:15 nos responde: “La vara y la corrección dan sabiduría, pero el muchacho dejado por su cuenta avergüenza a su madre”. Por otro lado, lea lo que dice Proverbios 22:6:

Instruye al niño en su camino; y aun cuando sea viejo no se apartará de él.

Dios nos da los hijos como una responsabilidad delegada para cuidar lo que Él atesora más en el universo: la gente. Cada hijo, por lo tanto, debe ser visto como un regalo, apreciado como una recompensa y dirigido con una flecha.

Afirmando el alma
Dios tiene un designio para cada vida que Él crea y que a propósito, es tan singular como la huella digital de un individuo. Si usted es un padre de familia, escriba el nombre de cada uno de sus hijos en diferentes hojas. En un párrafo, describa los talentos, las habilidades, los intereses y el temperamento de cada uno de sus hijos. Luego determine en que forma usted puede ayudarle a cada uno de sus hijos a que desarrolle sus propias virtudes. Esto puede convertirse en conversaciones bastante significativas.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Rey Acab

16 OCTUBRE

1 Reyes 19 | 1 Tesalonicenses 2 | Daniel 1 | Salmo 105

Seguro que Elías esperaba que, tras la confrontación triunfante del Monte Carmelo, Israel volvería al Dios vivo (1 Reyes 19). Como él había ejecutado a los profetas falsos, la reina Jezabel sería eliminada a petición popular de una población indignada y decidida a ser fiel y leal al pacto. Tal vez, el mismo rey Acab se arrepentiría y se uniría.

Sin embargo, no sucedió así. El rey Acab informó a Jezabel sobre todo lo que había sucedido y ella amenaza de muerte a Elías (19:2). El pueblo brilla por su ausencia. El texto nos dice que “Elías se asustó y huyó para ponerse a salvo” (19:3). De hecho, una versión textual (que bien podría ser la original) dice: “Elías vio y huyó por su vida”; es decir, que ahora se dio cuenta de las dimensiones de todo el problema y huyó. Descendió hasta Beerseba, en la frontera sur del reino de Judá, dejó allí a su criado y siguió su camino. Luego, llegó al Monte Horeb, el lugar donde se dio la Ley. Estaba tan profundamente deprimido que quiso morir (19:4). Peor aún, sucumbió a la autocompasión: todos los demás han rechazado a Dios, todos los israelitas han quebrantado el pacto, han matado a todos los profetas salvo a Elías. “Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!” (19:10).

Uno puede comprender la desesperación de Elías. En parte, se fundamenta en unas expectativas que no se han cumplido. Pensó que todo lo ocurrido provocaría una renovación masiva. Ahora no sólo se siente aislado, sino traicionado. Y sin embargo:

(1) Sus datos estaban equivocados. Él sabía que al menos cien de los profetas del Señor todavía vivían, aunque estuvieran escondidos (18:13).

(2) El estado en el que se encontraba no le hacía apto para juzgar los corazones de todos los israelitas. Es posible que algunos fueran fieles a Yahvé, pero estaban aterrorizados de Jezabel y por eso permanecían callados. Al fin y al cabo, ¿no es eso lo que él mismo estaba haciendo?

(3) Dios asegura a Elías que ha “reservado” para sí siete mil personas que nunca se han arrodillado ante Baal ni lo han besado (19:18). Aquí, vemos el comienzo de un tema principal en la Biblia: la doctrina del remanente. Puede que la comunidad del pacto en general haya apostatado, pero el Dios Todopoderoso sigue “reservando” para sí un remanente fiel. Este, a su debido tiempo, se convirtió en el núcleo de la iglesia naciente del Nuevo Testamento.

(4) A veces, Dios obra y habla de manera sutil y no en confrontaciones masivas (19:11–13).

(5) Tarde o temprano, incluso los líderes más fuertes (de hecho, especialmente los líderes fuertes) necesitan un ayudante y aprendiz más joven que camine a su lado, lleve parte de la carga y, posteriormente, continúe la tarea (19:19–21).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 289). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Si te portas bien…

No hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.

Romanos 3:22-24

Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.

Efesios 2:8

Si te portas bien…

Adriana visita a la familia de María todos los sábados. El otro día, al despedirse, prometió a la niña: «Te traeré un regalo el próximo sábado… ¡si te portas bien!». Como María quería recibir su regalo, rápidamente tomó buenas resoluciones.

Sin embargo, ese sábado María no fue a la puerta a recibir a Adriana, como solía hacerlo. A pesar de sus esfuerzos, había sido desobediente. Sabía que no merecía su regalo.

Aquel día, al despedirse, Adriana miró a la niña a los ojos y le prometió: «María, el sábado te traeré un regalo». La niña abrió sus ojos sorprendida. «¿Si te portas bien…?». No, esta vez Adriana le prometió un regalo sin condiciones. El sábado siguiente, feliz y confiada, María esperó a Adriana en la puerta. Esta no le preguntó nada y rápidamente le entregó el regalo que le había prometido.

Luego le explicó: «Ves, María, así es como Dios actúa con nosotros. En otro tiempo había que obedecer ciertas prescripciones para obtener la salvación, pero nadie pudo cumplirlas. ¡Es más fuerte que nosotros; desobedecemos a Dios y tenemos que renunciar a ganar la salvación mediante nuestros esfuerzos!

Ahora Dios dejó de lado para siempre el principio de «si te portas bien». Castigó a su Hijo Jesucristo por nuestros pecados, los cuales llevó sobre él. Hoy ofrece la salvación a todos los que creen en Jesús, y esto no depende de nuestra conducta».

Nehemías 2 – Juan 6:41-71 – Salmo 118:5-9 – Proverbios 25:14-15

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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