EXALTACIÓN DE LOS POBRES

EXALTACIÓN DE LOS POBRES

10/21/2017

El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación.

Santiago 1:9

El versículo de hoy es una orden de que el cristiano pobre se regocije. Un cristiano que es económicamente pobre tal vez no tenga nada en el mundo material de qué regocijarse, pero puede regocijarse en el conocimiento de que Dios lo está exaltando espiritualmente en su posición delante de Dios. Pudiera tener hambre, pero tiene el pan de vida. Pudiera tener sed, pero tiene el agua de vida. Pudiera ser pobre, pero tiene riquezas eternas. Pudiera no tener un hogar satisfactorio aquí, pero tiene un glorioso hogar en la vida venidera. En esta vida pudiera tener pruebas, pero Dios las está usando para perfeccionarlo y exaltarlo espiritualmente.

El cristiano desposeído puede aceptar sus pruebas gracias a la esperanza de recibir una herencia incorruptible e incontaminada que nunca se desvanecerá (1 P. 1:4). Las verdaderas riquezas nos pertenecen, de modo que la pobreza es una prueba de corta duración que puede resistirse cuando miramos hacia delante a un tiempo glorioso de exaltación.

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El misterio del matrimonio

OCTUBRE, 21

El misterio del matrimonio

Devocional por John Piper

Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. (Génesis 2:24)

Cuando Dios determinó crear al hombre y a la mujer y ordenar la unión del matrimonio, no libró al azar la decisión de cómo habrían de relacionarse entre ellos. No tiró los dados, ni eligió cara o cruz de una moneda. Dios diseñó el matrimonio a propósito siguiendo el modelo de la relación entre el Hijo y la iglesia, una unión que ya había planeado desde la eternidad.

Por lo tanto, el matrimonio es un misterio: contiene y esconde un significado mucho más grandioso de lo que vemos por fuera. Dios creó al ser humano masculino y femenino, y les dio el mandamiento del matrimonio, para que la relación de pacto eterno entre Cristo y su iglesia quedara representada en la unión marital.

La inferencia que Pablo sustrae de este misterio es que los roles del marido y de la esposa en el matrimonio no son asignados arbitrariamente, sino que tienen su origen en los roles distintivos de Cristo y la iglesia.

Aquellos de nosotros que estamos casados necesitamos reflexionar una y otra vez sobre cuán misterioso y maravilloso es que Dios nos dé el privilegio de representar realidades divinas extraordinarias, infinitamente más grandes y majestuosas que nosotros mismos.

Ese es el fundamento del modelo del amor que Pablo describe para el matrimonio. No es suficiente decir que cada uno de los esposos debe buscar su propio gozo en el otro. También es importante decir que los esposos y esposas deben imitar conscientemente la relación que Dios planeó para Cristo y la iglesia.

Espero que podamos tomar este asunto con seriedad, sin importar si somos casados o solteros, jóvenes o ancianos. La revelación del pacto inquebrantable entre Cristo y la iglesia depende de ello.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 213

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¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos?

21 de octubre

«¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos?».

Lucas 24:38

«¿Por qué dices, Jacob, y afirmas, Israel: Escondido está mi camino del Señor, y mi derecho pasa inadvertido a mi Dios?» (Is. 40:27, LBLA). El Señor tiene cuidado de todas las cosas, tanto que aun la criatura más insignificante participa de su providencia universal; pero su cuidado particular está sobre sus santos. «El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen» (Sal. 34:7, LBLA). «La sangre de ellos será preciosa ante sus ojos» (Sal. 72:14). «Estimada a los ojos del Señor es la muerte de sus santos» (Sal. 116:15, LBLA). «Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados» (Ro. 8:28). Que el hecho de que, si bien él es el Salvador de todos los hombres, lo es especialmente de aquellos que creen, te aliente y te conforte. Tú eres objeto de su cuidado particular; eres su tesoro real, que él cuida como las niñas de sus ojos; eres su viña, que el guarda de día y de noche: «Aun vuestros cabellos están todos contados» (Mt. 10:30). Que el pensamiento de su amor especial por ti sea un calmante espiritual que ponga dulcemente fin a tu dolor. «No te desampararé ni te dejaré» (He. 13:5). Dios dice esto tanto respecto de ti como de los santos de la antigüedad. «No temas […] yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande» (Gn. 15:1). Nosotros perdemos mucho consuelo porque, al leer las promesas de Dios, las relacionamos con la Iglesia como un todo, en lugar de vincularlas con nosotros en particular. Creyente, aprópiate de la divina Palabra con una fe personal. Piensa que estás oyendo decir a Jesús: «Yo he rogado por ti, que tu fe no falte». Imagínatelo caminando sobre las aguas de tu aflicción, porque él está allí, y te dice: «Confía, yo soy; no temas». ¡Oh cuán dulces son estas palabras de Cristo! Que el Espíritu Santo haga que las sientas como dirigidas a ti. Olvida por un momento cualquier otra palabra. Acepta aquella que Cristo te dirige y expresa: «Jesús me infunde consuelo; no puedo rehusarlo. Me sentaré a su sombra con mucho placer».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 305). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Una disposición para aprender

21 Octubre 2017

Una disposición para aprender
por Charles R. Swindoll

Salmos 131

La canción de David preservada para nosotros como el Salmo 131, continúa diciendo que él no ha andado en “pos de grandezas ni de cosas demasiado sublimes para mí”. Lo que él quiere decir es que no andaba buscando lugares de prominencia ni grandeza. Reconoce sus propias limitaciones ya que ha hecho una evaluación honesta de su conocimiento y sus aptitudes y por ello sabe que no tiene que aparentar. Sencillamente no tiene nada que probarle a nadie. David no solamente está dispuesto a hacerlo sino que le complace la idea de no tener que estar en una plataforma pública buscando el aplauso inconstante de la gente.

Esto me recuerda otro gran hombre de Dios, Moisés. Según Hechos 7:22, Moisés fue educado en las escuelas más importantes de Egipto. Fue dotado con una personalidad poderosa. Era un hombre impresionante. Moisés era un guerrero valiente brillante y si se puede decir hasta heroico. Para muchos era claro que él estaba destinado a ser el faraón de la tierra. A los cuarenta años, sin embargo, mató a un egipcio e intentó liberar a su pueblo (los judíos) por sus propios medios. Éxodo 2:11-15 nos cuenta toda la historia. Debido a ello, él tuvo que huir de Egipto hasta el desierto de Madian, un lugar seco, candente y olvidado. Allí vivió junto a otros pastores por otros cuarenta años, sin ningún reconocimiento y sin ningún aplauso. Piénselo. Moisés, un miembro prominente de la familia real, se pasó cuarenta años sin dirigir a nadie más que a un rebaño de ovejas, totalmente separado de la gente. F. B. Meyers escribe lo siguiente acerca de esta experiencia:

Moisés estaba desconectado de Dios (en Egipto). Así que él huyó y cruzó el desierto que se encontraba entre él y la frontera oriental; recorrió las montañas de la península del Sinaí, y terminó cansado sentándose al lado de un pozo en la tierra de Madian. Allí comenzó una vida silenciosa como pastor en esa tierra maravillosa que en más de una ocasión le sirvió como una escuela divina.

Experiencias así no les suceden a todos. Nos apuramos pensando que todo marcha bien; tomamos ciertas decisiones que son en vano; nos enfrentamos con la decepción y empezamos a temer las muestras de desaprobación humana; huimos de los lugares que nos exponen y nos escondemos en las cuevas del olvido. Allí nos encontramos con la presencia de Dios y lejos del orgullo del hombre. Allí es donde nuestra visión se aclara, donde el cieno se despega de la corriente de nuestra vida tal como el ródano mientras pasa por las aguas profundas del lago de Ginebra; nuestro ego muere; nuestro ser toma del río de Dios el cual está lleno de agua; nuestra fe comienza a asirse de su brazo y a ser el canal donde se manifiesta su poder y de allí nos convertimos en su mano para dirigir un éxodo.

Moisés no eligió dejar su vida próspera y cambiarla por la de un pastor desconocido; su propia ambición lo llevó a la humillación. Afortunadamente, el Señor utilizó esa experiencia para ayudarle al futuro líder para que obtuviera humildad. Hay una gran diferencia entre ser humillado y volverse humilde. Dios utilizó el fracaso de Moisés para moldear a uno de los líderes más grandes que el mundo haya conocido.

A diferencia de Moisés, David tomó la decisión consciente de no involucrarse en asuntos de grandeza o de clamor público. Al menos por un tiempo, él quería tener una vida de soledad y meditación.

Afirmando el alma
Nuestro mejor momento para aprender es cuando somos humildes. De hecho, la disposición para aprender es una cualidad vital en una persona humilde. ¿Recuerda alguna experiencia que le ha vuelto humilde? ¿Algo bueno resultó de este periodo de humildad? En vez de esperar que una circunstancia nos humille, ¿por qué no pedirle a Dios que nos dé una actitud de humildad? ¿Le pone esto nervioso? Si es así, ¿por qué?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

El regreso de Jesús

21 OCTUBRE

2 Reyes 2 | 2 Tesalonicenses 2 | Daniel 6 | Salmos 112–113

Siempre ha sido fácil equivocarse sobre el regreso de Jesús. A veces esto sucede por ignorancia y a veces por un énfasis distorsionado. A juzgar por 2 Tesalonicenses 2:1–12, estos peligros han existido desde la iglesia primitiva.

Todavía hoy mantenemos bastantes interpretaciones erradas sobre estos asuntos. Por ejemplo, en 1 Tesalonicenses 4:17, Pablo escribe: “Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre”. Por esto, muchos académicos contemporáneos afirman que Pablo pensaba que el regreso del Señor sucedería mientras él aún estaba vivo y, desde luego, estaba equivocado. En realidad, 1 Tesalonicenses 4:17 no demuestra que Pablo creía que Cristo regresaría durante su vida, de la misma forma que 1 Corintios 6:14 tampoco demuestra que él creyera que Cristo no regresaría durante su vida. Ahí, Pablo escribe: “Con su poder Dios resucitó al Señor, y nos resucitará también a nosotros”. Aunque habla en primera persona en ambas ocasiones, Pablo sencillamente se está identificando con los cristianos que vivirán estas experiencias, ya sea que se encuentren con el Señor, escapando así de la muerte, o muriendo y al final resucitando de entre los muertos. No obstante, esta idea errónea hoy día se ha propagado mucho.

El error que se halla detrás de 2 Tesalonicenses 2:1–12 no está demasiado claro, pero aparentemente los tesalonicenses habían recibido una carta falsa que alegaba ser de Pablo pero que no estaba escrita con su letra bien conocida ni con su firma al final. (Por esto Pablo resalta a sus lectores esos elementos en 3:17.) Esa carta engañosa convenció de alguna manera a algunos tesalonicenses de que “el día del Señor” ya había llegado (2:1–2); o bien habían sido abandonados en cierta forma, o bien se les estaba enseñando algún tipo de escatología “sobrerrealizada” que trata de reservar todas las bendiciones de la salvación para el presente. La carta daba a entender que tal vez haya inmortalidad más allá de la muerte, pero la implicación de ello, es que no hay necesidad de un retorno personal de Jesucristo, ni de una crisis de juicio y reinado triunfante.

De manera que Pablo proporciona algunas razones para afirmar que el día del Señor no ha llegado. Aquí sigue el ejemplo del Señor Jesús, quien también dio instrucciones acerca de aquellos que identificarían falsamente a alguien como el Cristo (Mateo 24:23–27). Ciertas cosas tienen que acontecer antes de que el Señor Jesús regrese y entonces él destruirá decisivamente y sin ambigüedad a la oposición, “con el soplo de su boca” y “con el resplandor de su venida” (2:8). Las mentiras incluso pueden venir rodeadas y apoyadas por “toda clase de milagros, señales y prodigios falsos” (2:9); no obstante, en el fondo, la gente perece porque rehúsa amar la verdad (2:10). Tarde o temprano, Dios emite el juicio enviando el engaño por el que ellos han optado.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 294). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Señor, enséñanos a orar!

Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado.

Juan 11:41-42

Uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar.

Lucas 11:1

Jesús, el Hijo de Dios, fue un hombre de oración

A menudo los evangelios nos muestran a Jesús orando: solo o con sus discípulos, en un lugar desierto o en una montaña, a menudo durante la noche, en la cruz…

A la edad de doce años, Jesús “se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él” (Lucas 2:40). Cuando María y José lo encontraron en el templo, él les dijo: “¿No sabíais que en los negocios de mi Padre (Dios) me es necesario estar?” (Lucas 2:49). Más tarde dijo: “Yo sabía que siempre me oyes”. Así fue su vida de comunión y de oración con Dios, su Padre, desde su infancia.

Sus oraciones expresan una perfecta confianza en su Padre, una total sumisión a su voluntad (Lucas 22:42). También son expresiones de agradecimiento, incluso antes de ser respondidas, pues Jesús siempre hizo la voluntad de su Padre. Por último, son una expresión conmovedora de su comunión con su Padre, con respecto a sus discípulos y a todos los creyentes (Juan 17).

Jesús nos invita a dirigirnos a Dios como a un Padre: “Cuando oréis, decid: Padre…” (Lucas 11:2), con una total confianza: “Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá” (Marcos 11:24). Es un Padre fiel que nos ama y nos escucha, y sus respuestas siempre tendrán como objetivo nuestro bien.

Todavía hoy Jesús resucitado, en el cielo, ora por todos aquellos que depositan su confianza en él (Hebreos 7:25). ¡Ora por usted y por mí!

Nehemías 7 – Juan 9 – Salmo 119:9-16 – Proverbios 25:25-26

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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