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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

“La vida no es justa. No esperes que lo sea”

20 OCTUBRE

 Carson, D. A.

Por amor a Dios 

2 Reyes 1 | 2 Tesalonicenses 1 | Daniel 5 | Salmos 110–111

Una vez escuché a un pastor predicar sobre 2 Tesalonicenses 1 con el siguiente bosquejo:

1. Una buena iglesia que pasa por un momento difícil (1:3–4).

2. Un buen Dios que espera el momento correcto (1:5–10).

3. Un buen hombre que ora mientras tanto (1:11–12).

Hoy quisiera reflexionar sobre el segundo punto.

(1) Pablo puede decir que los tesalonicenses son “dignos” del reino de Dios que vendrá en todo su poder completo cuando Jesús regrese (1:5, 11). El contexto muestra que Pablo no está suponiendo que, de alguna manera, lograrán ser dignos para que, de entrada, Dios los acepte. Más bien, la idea es que, habiéndose convertido en cristianos, están manifestando la fe y el amor cristianos (1:3–4) y perseverando en el camino cristiano a pesar del sufrimiento y de las pruebas (1:4–5). Esta demostración continua de gracia bajo presión, esta perseverancia, es evidencia de lo que está sucediendo en sus vidas y “por consiguiente seréis tenidos por dignos del reino”. En otras palabras, los cristianos genuinos, por la gracia de Dios, perseveran en el evangelio y esto revela que son aptos para la consumación. En este sentido prueban ser “dignos”.

(2) “Dios es justo” (1:6). Por lo tanto, habrá un momento de retribución para aquellos que han llevado a cabo una cruel oposición a su pueblo (1:7) e ignorado su Palabra (1:8). Cuando regrese Cristo, va a “castigar a los que no conocen a Dios ni obedecen el evangelio de nuestro Señor Jesús” (1:8). Lo que se presupone aquí es que las perfecciones de la justicia de Dios no se manifestarán hasta que Jesús regrese. Algunos aspectos de su justicia se revelan en este mundo quebrantado, pero seamos francos: mucha gente malvada parece salirse con la suya y mucha gente de bondad extraordinaria sufre muchísimo. Los padres sabios suelen decir a sus hijos: “La vida no es justa. No esperes que lo sea”. Sin embargo, a la vez, Dios es perfectamente “justo”. Pero no debemos esperar que su justicia se manifieste en recompensas y retribuciones instantáneas. Su calendario no es el nuestro. La vida no es justa dentro de este. Ahora bien, cuando Jesús regrese, no sólo se hará justicia, sino que esta será visible.

(3) En ese momento, Cristo mismo (y no ninguno de nosotros individualmente) es el centro de todo. Por la centralidad de Cristo, el castigo casi se define en términos de ser “lejos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” por lo cual “sufrirán el castigo de la destrucción eterna” (1:9). Por otro lado, entre sus santos, su “pueblo santo”, ese mismo Señor Jesús será “glorificado” y “admirado por todos los que hayan creído” (1:10). Si Cristo no estuviera allí, el cielo sería el infierno.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 293). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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