506 aƱos despuĆ©s: Una reflexión sobre Lutero y la Reforma | Pepe Mendoza

506 años después: Una reflexión sobre Lutero y la Reforma

Pepe Mendoza

El tiempo pasa volando. Algunos no lo ven pasar tan rÔpido y solo dicen que pasa «sin prisa, pero sin pausas». Lo cierto es que el tiempo no se detiene y en nuestra sociedad contemporÔnea pareciera que todo tiene fecha de caducidad casi inmediata. La tecnología, por ejemplo, nos lleva a descartar un avance tras otro a una velocidad increíble. En el plano de las ideas ocurre lo mismo. Hace poco me sorprendí a mí mismo descartando algunos libros porque me parecían anticuados y solo tenían mÔs de una década de publicados.

Sin embargo, en medio de estos cambios cada vez mÔs acelerados y de estas declaraciones de obsolescencia cada vez mÔs inmediatas, también es cierto que hay algunos ejemplos y sucesos de la historia humana que son inconmovibles porque son fundamentales y representan las bases imperturbables de nuestro entendimiento de la realidad humana. Podremos estar de acuerdo o en desacuerdo con ellos, pero no podremos obviarlos ni pasarlos por alto. Uno de ellos ocurrió el 31 de octubre de 1517.

Martín Lutero, un joven monje agustino alemÔn, decidió hacer pública su oposición a la prÔctica de venta de indulgencias papales, las cuales ofrecían salvación espiritual a cambio de dinero entregado a la iglesia. El monje no dudó en clavar el documento con sus noventa y cinco tesis o argumentos en contra de tal prÔctica en la puerta de la iglesia en Wittenberg en esa fecha memorable. Ese documento corrió como reguero de pólvora en la sociedad de la época y pronto fue publicado, difundido y discutido en toda Alemania y luego por toda Europa.

Lutero fue un hombre que amó y estudió profundamente las Escrituras. Ɖl no se caracterizó por ser un lector pasivo o superficial de la Biblia

Lutero no tuvo la intención de rebelarse contra la iglesia, sino buscar el diÔlogo y un posible cambio necesario en las estructuras y prÔcticas de la iglesia que consideraba contrarias a las Escrituras. Sin embargo, sin desearlo, se vio inmerso en una profunda oposición y persecución oficial inesperada que terminó con el cisma de la iglesia y la creación de la Iglesia protestante.

No quisiera entrar en los detalles particulares de las discrepancias doctrinales y teológicas que son conocidas y de las que se han escrito innumerables obras. Solo quisiera resaltar algunos aspectos del carÔcter de Martín Lutero que es importante recordar y emular en nuestros días.

Amor por la Palabra
En primer lugar, Lutero fue un hombre que amó y estudió profundamente las Escrituras. Ɖl no se caracterizó por ser un lector pasivo o superficial de la Biblia. Por el contrario, a travĆ©s de su biografĆ­a descubrimos que Lutero buscó con pasión comprender el mensaje de Dios. MĆ”s importante aĆŗn, MartĆ­n buscó ser impactado por esa verdad al contemplar cómo Dios percibe y considera Su creación y a la humanidad. El reconocimiento de la autoridad suprema de la Escritura es notable en su vida y a lo largo de todas sus enseƱanzas.

El 18 de abril de 1521, ya algunos aƱos despuĆ©s de su famosa publicación de las tesis, Lutero estaba frente al mismĆ­simo emperador Carlos V, quien lo habĆ­a convocado para responder los cargos que se habĆ­an levantado contra Ć©l debido a la profusa difusión de sus enseƱanzas. Se pusieron en una mesa sus libros y panfletos y se le preguntó si eran suyos. Luego de afirmar su autorĆ­a, el fiscal Eck lo conminó a retractarse de sus enseƱanzas. Su respuesta es una de las frases mĆ”s profundas jamĆ”s dichas sobre el sometimiento a la autoridad de las Escrituras en la vida de un hombre. Ɖl dijo:

A menos que se me convenza por el testimonio de las Escrituras o por una razón clara, pues no confío ni en el papa ni en los concilios por sí solos, ya que es bien sabido que a menudo han errado y se han contradicho, estoy obligado por las Escrituras que he citado, y mi conciencia es cautiva de la palabra de Dios. No puedo y no me retractaré de nada, ya que no es seguro ni correcto ir en contra de la conciencia. No puedo hacer otra cosa. Aquí estoy, que Dios me ayude.

La supremacĆ­a de las Escrituras y su sujeción a la verdad inalterable de Dios se demuestran en cada una de sus palabras. Ɖl sabĆ­a que su vida estaba en juego e imagino que no fueron fĆ”ciles de pronunciar. Era como si estuviera declarando su propia declaración de muerte en ese mismo momento.

Sin embargo, él sabía que estaba hablando de un Libro único porque estaba convencido de que se trataba de la Palabra de Dios, viva, eficaz y revelada de forma inspirada e inerrante a la humanidad. Tal era su pasión y dedicación por conocer y difundir las Escrituras, que tradujo el Nuevo Testamento del griego al alemÔn en solo once semanas. No se trataba de un plazo de entrega editorial, sino de la necesidad urgente de que sus contemporÔneos pudieran también decir con el salmista: «”CuÔnto amo Tu ley! / Todo el día es ella mi meditación» (Sal 119:97).

No debemos olvidar que nuestra espiritualidad es auditiva: crecemos espiritualmente oyendo la Palabra de Dios

Se le atribuyen a Lutero las siguientes palabras: «La Biblia estÔ viva; me habla. Tiene pies; corre detrÔs de mí. Tiene manos; se apodera de mí». Ese amor por la Palabra y esa sujeción a ella no son características particulares y especiales del reformador, sino que deben caracterizar naturalmente a los cristianos de todos los tiempos. Son de esos aspectos de la vida cristiana que el tiempo, la tecnología o la cultura no pueden cambiar porque son fundamentales para ser simplemente cristianos.

Si perdemos esa pasión por profundizar en nuestro conocimiento de las Escrituras y vivirlo en nuestro tiempo, simplemente tendremos una etiqueta vacía que no tendrÔ la mÔs mínima repercusión en nuestras vidas. No debemos olvidar que nuestra espiritualidad es auditiva: crecemos espiritualmente oyendo, maduramos como cristianos al prestar atención a todo el consejo de Dios revelado en Su Palabra.

La sinceridad del reformador
En segundo lugar, Lutero fue un hombre sincero. QuizÔs esta característica te tome por sorpresa, pero es una gran virtud muy necesaria, aunque bastante olvidada en nuestro tiempo. Mucho se ha hablado de la personalidad abierta, transparente y hasta extrovertida de Lutero. Aunque era un académico y un gran pensador, él no se dedicó a solo teorizar alrededor de la teología y la doctrina, simplemente buscando diferencias, aciertos o estableciendo nuevas teorías eclesiÔsticas.

Por lo que sabemos de su vida, es evidente que su preocupación principal era encontrar respuestas para la salud de su propia alma. Es cierto que sus pensamientos movilizaron un cambio mayúsculo en el mundo entero, pero me parece que el cambio mayúsculo que él realmente anhelaba y se esforzaba por alcanzar era en fortalecer su relación personal con Dios. No es algo inusual porque se trata de la misma actitud que encontramos en el apóstol Pablo:

Porque nuestra satisfacción es esta: el testimonio de nuestra conciencia que en la santidad y en la sinceridad que viene de Dios, no en sabiduría carnal sino en la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo y especialmente hacia ustedes (2 Co 1:12).

Encontrar satisfacción en la sinceridad no es fÔcil porque requiere de la determinación anímica que nos permitirÔ reconocernos vulnerables, meros humanos y, como dice Pablo, inmensamente necesitados de la gracia de Dios. AdemÔs, no se trata de una sinceridad humana que puede ser engañosa, sino de una que «viene de Dios».

Lutero vivió en carne propia la realidad del evangelio y se gozó en la obra de Jesucristo a su favor

Lutero sufrió al tratar de observar una religión que no le proveía esperanza y menos sanidad a la realidad de un alma muerta en sus delitos y pecados. Los rituales, las confesiones y hasta la vida monacal no le dieron paz a su alma afligida. QuizÔs esa sinceridad es lo que hizo que le afectara tanto la venta de indulgencias. Tal vez se hacía estas preguntas: «¿Ganar el cielo por dinero?», «¿Cómo el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Padre de Jesucristo podría avalar una prÔctica tan despreciable?».

Lutero era sincero delante de Dios y no dudó en evidenciar la realidad de su vida sin Dios y la necesidad abrumadora de la salvación que solo se encuentra en Jesucristo. Alguna vez escribió una oración con las siguientes palabras:

Señor Jesús,
Eres mi justicia, yo soy tu pecado.
Tomaste sobre ti lo que era mĆ­o;
Pero pusiste en mĆ­ lo que era tuyo.
Te convertiste en lo que no eras,
Para que yo pudiera convertirme en lo que no era.

Martín Lutero no quiso demostrarle a nadie que era mejor que los demÔs. Tampoco que estaba mÔs cerca de Dios que la gran mayoría o que era mÔs piadoso que el común de los mortales. No, Lutero vivió en carne propia la realidad del evangelio y se gozó en la obra de Jesucristo a su favor. Simplemente creyó lo que Dios revela del ser humano en las Escrituras y aceptó la única solución que Dios plantea en la Escritura para pasar de muerte a vida: la cruz de Jesucristo.

506 aƱos despuƩs
Como dijimos al inicio de esta reflexión, hay ciertos aspectos dentro de la realidad humana que son fundamentales e inconmovibles. 506 aƱos despuĆ©s de que MartĆ­n Lutero clavara las noventa y cinco tesis en la iglesia de Wittenberg, todavĆ­a resuena la claridad meridiana con que Lutero redescubre en las Escrituras la intensidad del evangelio: Ā«Porque no me avergüenzo del evangelio, pues el poder de Dios para la salvación de todo el que cree… Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como estĆ” escrito: Mas el justo por la fe vivirÔ» (Ro 1:16-17).

Lutero simplemente creyó lo que Dios revela del ser humano en las Escrituras y aceptó la única solución que Dios plantea en la Escritura

Sin embargo, también resuena y nos llama a mantener inmodificable entre los protestantes contemporÔneos la pasión de Lutero por conocer y sujetarse a las Escrituras, y la sinceridad vulnerable con la que demostró que no quería simplemente convertirse en una autoridad en la nueva iglesia, sino realmente en un redimido salvado por gracia con la sangre de Jesucristo.

Es muy probable que los cristianos del 31 de octubre de 2023 no clavaremos ninguna tesis nueva en la puerta de alguna red social, pero sĆ­ podremos reflexionar en estas palabras de Lutero. Como dije al inicio, ellas no necesitan cambiarse, sino preservarse para mantener genuina la fe en una iglesia saludable y proclamadora de la verdad del evangelio, que se nutre por la Palabra de Dios:

”Que el Dios misericordioso me preserve de una Iglesia cristiana en la que todos sean santos! Quiero ser y permanecer en la iglesia y el pequeño rebaño de los débiles, los frÔgiles y los enfermos, que sienten y reconocen la miseria de sus pecados, que suspiran y claman a Dios sin cesar pidiendo consuelo y ayuda, aquellos que creen en el perdón de pecados.

Una versión de este escrito apareció primero en Desarrollo Cristiano.

José «Pepe» Mendoza sirve como Asesor Editorial en Coalición por el Evangelio. Sirvió como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú. Es profesor en el Instituto Integridad & Sabiduría, colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary, y también trabaja como editor de libros y recursos cristianos. EstÔ casado con Erika y tienen una hija, Adriana. Puedes seguirlo en Twitter.

ĀæQuĆ© es la Reforma Protestante?

MINISTERIOS LIGONIER
R.C.SPROUL

Hace mÔs de 500 años, un monje alemÔn llamado Martín Lutero dio inicio a una protesta que se extendió hasta convertirse en un movimiento mundial. ¿Qué fue en realidad este movimiento de la Reforma protestante? Descubre la respuesta en este corto video narrado por el Dr. R.C. Sproul. CompÔrtelo con tus amigos y familiares.

La necesidad de la Reforma

Nota del editor:Ā Este es el segundo capĆ­tulo en la serie especial de artĆ­culos deĀ Tabletalk Magazine:Ā La historia de la Iglesia |Ā Siglo XVI

La necesidad de la Reforma
Por W. Robert Godfrey

La iglesia siempre necesita reforma. Incluso en el Nuevo Testamento, vemos a Jesús reprendiendo a Pedro, y a Pablo corrigiendo a los corintios. Como los cristianos siempre somos pecadores, la iglesia siempre necesitarÔ la reforma. Sin embargo, la pregunta que debemos hacernos es cuÔndo esa necesidad se vuelve totalmente imperiosa.

Los grandes reformadores del siglo XVI concluyeron que la reforma era urgente y necesaria en sus dƭas. Mientras buscaban reformar la iglesia, rechazaron dos extremos. Por un lado, rechazaron a los que insistƭan en que la iglesia estaba bƔsicamente sana y no necesitaba cambios fundamentales. Por otro lado, tambiƩn rechazaron a los que creƭan que podƭan crear una iglesia perfecta en cada detalle. La iglesia necesitaba una reforma fundamental, pero tambiƩn iba a necesitar seguir reformƔndose siempre. Los reformadores llegaron a estas conclusiones gracias a su estudio de la Biblia.

En 1543, el reformador de Estrasburgo, Martín Bucero, le pidió a Juan Calvino que escribiera una defensa de la Reforma para presentarla ante el emperador Carlos V en la dieta imperial que se reuniría en Espira el año 1544. Bucero sabía que el emperador, que era católico romano, estaba rodeado por consejeros que difamaban los esfuerzos por reformar la iglesia, y creía que Calvino era el ministro mÔs capaz para defender la causa protestante.

Calvino aceptó el desafío y escribió una de sus mejores obras, La necesidad de reformar la iglesia. Aquel tratado sustancial no convenció al emperador, pero ha llegado a ser considerado por muchos como la mejor presentación de la causa reformada que se ha escrito.

Calvino parte observando que todos concordaban en que la iglesia tenía «enfermedades numerosas y severas». También afirma que los problemas eran tan serios que los cristianos no podían permitirse «mayores demoras» para la reforma ni tampoco esperar por «remedios lentos». Rechaza la acusación de que los reformadores eran culpables de «innovación precipitada e impía». MÔs bien, recalca que «Dios levantó a Lutero y a otros» para preservar «la verdad de nuestra religión». Calvino veía que los fundamentos del cristianismo estaban bajo amenaza y que solo la verdad bíblica renovaría a la iglesia.

Calvino observa cuatro grandes Ôreas de la vida de la iglesia que necesitaban una reforma. Estas Ôreas forman lo que él llama el alma y el cuerpo de la iglesia. El alma de la iglesia estÔ compuesta por la «adoración pura y legítima de Dios» y por «la salvación de los hombres». El cuerpo de la iglesia estÔ compuesto por el «uso de los sacramentos» y «el gobierno de la iglesia». Para Calvino, estos asuntos estaban en el núcleo de los debates de la Reforma. Son esenciales para la vida de la iglesia y solo podemos entenderlos correctamente a la luz de la enseñanza de las Escrituras.

Tal vez nos sorprenda que Calvino haya catalogado la adoración de Dios como uno de los asuntos mÔs importantes de la Reforma, pero este era un tema consistente en él. Antes, le había escrito al cardenal Sadoleto: «No hay nada mÔs peligroso para nuestra salvación que una adoración absurda y perversa de Dios». La adoración es el lugar donde nos encontramos con Dios y ese encuentro debe realizarse según los estÔndares de Dios. Nuestra adoración muestra si de verdad aceptamos la Palabra de Dios como nuestra autoridad y nos sometemos a ella. La adoración creada por nosotros mismos es una forma de justicia por las obras y una expresión de idolatría.

Luego, Calvino se refirió a lo que solemos ver como el tema mÔs grandioso de la Reforma, es decir, la doctrina de la justificación:

Sostenemos que, mÔs allÔ de cómo sean las obras de un hombre, él es considerado justo delante de Dios sobre la sola base de la misericordia gratuita, pues Dios, sin ninguna consideración por las obras, lo adopta gratuitamente en Cristo, imputÔndole la justicia de Cristo como si fuera suya. Esto lo conocemos como la justicia de la fe, es decir, cuando un hombre, desnudo y vacío de toda confianza en las obras, se siente convencido de que la única base de su aceptación ante Dios es una justicia que él no tiene en sí mismo, pero le es prestada por Cristo. El punto en que el mundo siempre se desvía (pues este error ha prevalecido casi en todas las épocas) es el de imaginar que el hombre, por muy parcialmente deficiente que sea, sigue mereciendo, hasta un cierto punto, el favor de Dios por las obras.

Estas cuestiones fundamentales que conforman el alma de la iglesia son respaldadas por el cuerpo de la iglesia: sus sacramentos y gobierno. Debemos devolverles a los sacramentos el sentido y uso puro y simple que reciben en la Biblia. El gobierno de la iglesia debe rechazar toda tiranĆ­a que ate la conciencia de los cristianos de manera contraria a la Palabra de Dios.

Cuando observamos la iglesia de nuestros dĆ­as, bien podemos concluir que la reforma es necesaria —de hecho, es imprescindible— en muchas de las Ć”reas por las que Calvino tanto se preocupó. A fin de cuentas, solo la Palabra y el EspĆ­ritu de Dios reformarĆ”n la iglesia. Sin embargo, debemos orar y trabajar fielmente para que esa reforma llegue en nuestros dĆ­as.

Publicado originalmente en: Tabletalk Magazine
W. Robert Godfrey
El Dr. W. Robert Godfrey es presidente de la junta directiva de Ligonier Ministries, maestro de la Confraternidad de EnseƱanza de Ligonier Ministries, y presidente emƩrito y profesor emƩrito de historia de la iglesia en el Westminster Seminary California. Es el maestro destacado de la serie de seis partes de Ligonier: A Survey of Church History y autor de varios libros, entre ellos An Unexpected Journey y Learning to Love the Psalms.

El Llamado de Cristo a Reformar la Iglesia

porĀ John MacArthurĀ 

El SeƱor Jesucristo escribió, en el libro de Apocalipsis, siete cartas a ciudades en Asia Menor. No las escribió al ayuntamiento sino a la iglesia. 

Piense en eso por un momento. En los capĆ­tulos finales de las Escrituras, el SeƱor no llama a su iglesia para una misión de Ā«redimir la culturaā€. No aconsejó a su pueblo que aprovechara el poder polĆ­tico para instituir moralidad, o para protestar contra el gobierno de individuos inmorales. Es mĆ”s, Ɖl no lanzó una revolución social ni ideó una estrategia polĆ­tica de ninguna clase. 

La iglesia de nuestro tiempo –y en particular la iglesia en los Estados Unidos- debe entender que Dios no ha llamado a su pueblo a salir del mundo simplemente para librar una guerra cultural con el mundo. No estamos destinados a ganar terreno temporal como alguna fuerza invasora que lucha superficialmente para ā€œhacer que este paĆ­s regrese a Diosā€. Debemos liberarnos de la ilusión de que la moralidad de nuestros antepasados convirtió una vez a los Estados Unidos en una ā€œnación cristianaā€. Nunca ha habido naciones cristianas, solo ha habido cristianos. 

Los creyentes debemos entender que lo que ocurra polĆ­tica y socialmente en los Estados Unidos no tiene nada que ver con el avance o el poder del reino de Dios. El cambio cultural no acelera el crecimiento del reino, ni puede obstaculizarlo (Mt. 16:18). El reino de Cristo ā€œno es de este mundoā€ (Jn. 18:36). 

Eso no quiere decir que yo desprecie nuestro proceso democrĆ”tico o que sea desagradecido por tener una voz en Ć©l. Es una gran bendición tener voto y poder apoyar las normas bĆ­blicas de la moral. Muchos cristianos a lo largo de la historia de la iglesia han vivido circunstancias mucho peores que las nuestras, sin medios legales para hacer algo al respecto. 

Pero la presunción de que un movimiento social o una influencia polĆ­tica podrĆ­an llevar a cabo un gran cambio espiritual en el mundo es evidencia de una grave falta de comprensión del pecado. Los creyentes debemos concentrar nuestras energĆ­as en el ministerio que puede transformar vidas, no en leyes. La obra del reino no tiene que ver con reformar gobiernos, reescribir regulaciones, o reconstruir la sociedad en alguna versión de una utopĆ­a cristiana. En el mejor de los casos, los esfuerzos de justicia polĆ­tica y social son soluciones externas de corto plazo para los males morales de la sociedad, y no hacen nada por abordar la problemĆ”tica personal, interna y dominante de los corazones pecadores que odian a Dios (Ro. 8:7), los cuales solo pueden ser rescatados de la muerte eterna por fe en el SeƱor Jesucristo.  

(Adaptado de El Llamado de Cristo a Reformar la Iglesia)

La Reforma Protestante

La Reforma Protestante

 

La Reforma ProtestanteĀ 

Resumen, causas y consecuencias.

La Reforma Protestante fue un movimiento religioso que propuso una serie de objeciones a la Iglesia Católica, y que llevó a una división de la cristiandad en el siglo XVI.

Antecedentes

Europa había entrado de lleno en el Renacimiento. Muchos cambios se estaban dando en materia cultural, científica y económica. La burguesía nacida del comercio en el seno del Santo Imperio Romano GermÔnico se había hecho de mucho poder e influencia, tanto, que se permitía competir con la autoridad imperial.

Protagonistas

MartĆ­n Lutero y Juan Calvino, llamados ā€œreformadoresā€, son, sin lugar a dudas, los principales protagonistas de este movimiento. El emperador Carlos V, que simultĆ”neamente ejercĆ­a como Rey Carlos I de EspaƱa, fue uno de los principales objetores de las propuestas reformistas.

Causas de La Reforma Protestante

A principios del siglo XVI, en la Alemania renacentista se produjeron señalamientos de corrupción contra la Iglesia Católica: se les acusaba de vender indulgencias; esto significa que, a cambio de sumas de dinero, se libraba a los creyentes de la obligación de cumplir penitencias por causa de sus pecados. Las indulgencias ya existían desde antes, las críticas se dirigían al hecho de venderlas, sobre todo porque el dinero se estaba usando para llevar adelante la construcción de la Basílica de San Pedro. El sacerdote alemÔn Martín Lutero, decidió entonces presentar un documento llamado Las 95 Tesis, clavÔndolo en la puerta de la Iglesia de Wittenberg.

Por otra parte, Roma percibió que la burguesía y la nobleza habían acumulado suficiente poder para desafiar su autoridad, de modo que el emperador Carlos V convocó a una asamblea, que se llamó Dieta de Worms. Se le solicitó a Lutero que explicara su posición, pero no pudo convencer al emperador. Pero las tesis de Lutero se habían estado difundiendo y ganando en simpatías.

Desarrollo de los acontecimientos

Lo que sobrevino a continuación fue una diversa serie de cambios en la prÔctica religiosa para diferentes países, a pesar de la oposición del emperador. Uno de los recursos que funcionó a favor de los reformistas fue el uso de la imprenta. Las objeciones a Roma encontraron tierra fértil en países como Suiza e Inglaterra. Uno de los principales difusores de la Reforma en Suiza fue Juan Calvino, que promovía principios religiosos mÔs rígidos, que incluían la eliminación del sacerdocio, sustituyendo a los curas por pastores elegidos dentro de cada comunidad.

El enfrentamiento principal era entre Carlos V y el luteranismo, y se desarrolló a base de asambleas para tratar de unificar la fe a base de discusiones doctrinales. Sin embargo, el luteranismo tuvo un ala radical que se separó de la corriente principal: proponían confiscar todas las propiedades de la Iglesia Católica. De hecho proponían igualar bienes y propiedades de una manera que recuerda a ciertas corrientes políticas modernas, como el comunismo. Sin embargo, debido a que estas ideas no se correspondían con los principios burgueses ni los del catolicismo, fueron combatidos por igual por luteranos y católicos.

la reforma protestanteCarlos V convoca a una Dieta en la ciudad de Spira, a la que los nobles acuden bajo protesta. Fue a partir de allí que se le denominó Protestantismo a la corriente religiosa surgida de las Tesis de Lutero. Una dieta posterior en la ciudad de Augsburgo fue igual de infructuosa.

A partir de allí se pasó a las armas. Luego de someter a los nobles protestantes en Mühlberg, estos simulan aliarse con Carlos V, para posteriormente rebelarse y obligarlo a firmar un tratado de paz en 1555. El emperador se vio forzado a aceptar y a reconocer que habría regiones que practicarían el cristianismo sin plegarse a la autoridad de Roma.

Acontecimientos posteriores

El protestantismo se manifestarĆ­a de diferentes formas en diferentes partes de Europa. Esto dio lugar a una enorme cantidad de ramificaciones del catolicismo original, tales como pentecostales, adventistas, bautistas, anglicanos, etc.

También ha dado lugar, mÔs hacia el siglo XX, a la formación de congregaciones religiosas que se declaran como cristianas, pero han sido duramente criticadas por seguir una línea claramente comercial.

La Reforma Protestante