«En su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará»

14 de mayo

«En su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará»

Isaías 40:11

¿Quién es este de quien se dicen estas hermosas palabras? Es el Buen Pastor. ¿Por qué lleva los corderos en su seno? Porque tiene un corazón tierno y mi flaqueza enseguida lo enternece. Los lamentos, la ignorancia y la debilidad de los pequeños de su rebaño estimulan su compasión. Su función como Sumo Sacerdote es considerar al débil. Además, él los ha comprado con sangre; son de su propiedad. Él debe cuidar de aquellos que tanto le costaron, y los cuidará. También es responsable de cada cordero, y está obligado, por compromisos del pacto, a no perder ninguno. Por otro lado, todos ellos forman parte de su gloria y recompensa.

No obstante, ¿cómo podemos entender la expresión «los llevará»? A veces los lleva no permitiéndoles soportar mucha prueba: la Providencia los trata con ternura. En muchas ocasiones, el ser «llevados» implica verse llenos de amor en un grado extraordinario para que cobren aliento y estén firmes. Aunque el conocimiento de ellos no sea muy profundo, se deleitan grandemente en lo que conocen. Con frecuencia, Jesús los «lleva», dándoles una fe muy sencilla, que recibe las promesas tales como son; y así, confiando, van directamente a Jesús con cada una de sus congojas. La sencillez de la fe les proporciona un nivel inusual de confianza que los eleva por encima del mundo.

Él lleva los corderos «en su seno». Esto nos habla de un afecto ilimitado: ¿acaso los pondría en su seno si no los amara mucho? Nos habla también de una tierna cercanía: tan cerca están de él que, posiblemente, no podrían estarlo más. Nos indica, asimismo, una familiaridad santificada: hay unos preciosos encuentros amorosos entre Cristo y sus débiles corderos. Hace referencia a una perfecta seguridad: estando en su seno, ¿quién podría dañarlos? Tendrían que dañar primero al Pastor. Y también nos habla de un reposo perfecto y de un dulce consuelo. ¡Sin duda, no somos lo suficientemente sensibles a la infinita ternura de Jesús!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 143). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

«El SEÑOR es mi porción»

13 de mayo

«El SEÑOR es mi porción»

Salmo 119:57 (LBLA)

Contempla tus posesiones, oh creyente, y compara tu porción con la suerte de tus semejantes. Algunos de ellos tienen su porción en el campo: son ricos y sus cosechas les producen un aumento de oro; ¿pero qué son esas cosechas comparadas con tu Dios, que es el Dios de las cosechas? ¿Qué son los graneros rotos comparados con él, que es el Labrador, que te alimenta con el pan del Cielo? Algunos tienen su porción en la ciudad: sus riquezas son abundantes y fluyen hacia sus cajas a raudales, hasta transformarse en un verdadero depósito de oro; ¿pero qué es el oro comparado con tu Dios? Tú no podrías nutrirte de él: tu vida espiritual no se podría sustentar con el mismo. Pon el oro sobre una conciencia turbada: ¿acaso podría quitar sus penas? Aplícalo a un corazón desalentado y mira si ese oro puede reprimir un solo gemido o dar un dolor de menos. Sin embargo, tú tienes a Dios y, en él, más de lo que el oro o las riquezas pudieran comprar. La porción de algunos consiste en aquello que la mayor parte de los hombres ambicionan más: a saber, el aplauso y la fama; pero pregúntate a ti mismo si no es tu Dios para ti más que todo esto. Si una miríada de clarines tocara fuerte en tu honor, ¿te prepararía eso para cruzar el Jordán o te alentaría ante la perspectiva del Juicio? No; hay dolores en la vida que las riquezas no pueden aliviar, y para la gran necesidad de la hora de la muerte ninguna fortuna puede hacer provisión. No obstante, si tienes a Dios como porción tuya, cuentas con más que todos los demás seres humanos juntos. En él se satisface toda necesidad: ya sea en la vida o en la muerte. Con Dios como tu herencia, eres realmente rico, porque él suplirá tu necesidad, confortará tu corazón, mitigará tu dolor, guiará tus pasos, estará contigo en el valle de sombra de muerte y, después, te llevará al hogar para gozar de él como porción tuya para siempre. «Suficiente tengo yo», dijo Esaú: esto es lo mejor que una persona mundana puede decir. Sin embargo, Jacob le replicó: «Todo lo que hay aquí es mío» (Gn. 33:9, 11); lo cual es una nota demasiado alta para las mentes carnales.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 142). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

«No temas»

12 de mayo

«No temas de descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran nación. Yo descenderé contigo a Egipto y yo también te haré volver».

Génesis 46:3, 4

Jacob debe de haberse estremecido ante el pensamiento de dejar la tierra de la peregrinación de su padre y habitar entre extranjeros paganos. Aquella era una nueva situación y probablemente resultaría problemática. ¿Quién se arriesgaría a estar entre los cortesanos de un monarca extranjero sin ansiedad? No obstante, Dios le había preparado obviamente el camino y, en consecuencia, decidió ir a Egipto. Esta es frecuentemente la posición de los creyentes en la actualidad: se les llama a enfrentarse a peligros y tentaciones sin haber sido probados. En casos como esos deben imitar el ejemplo de Jacob, ofreciendo sacrificios de oración a Dios y buscando su dirección; y no deberían dar un solo paso sin haber aguardado antes la bendición del Señor. Entonces tendrán como amigo y ayudador al compañero de Jacob. ¡Qué bendición es sentir la seguridad de que el Señor está con nosotros en todos nuestros caminos, y que condesciende a bajar con nosotros a nuestras humillaciones y destierros. Aun allende el océano, el amor del Padre fulgura como el sol en toda su fuerza. No podemos vacilar en ir adonde el Señor nos promete su presencia. Aun el valle de sombra de muerte brillará con el resplandor de esta seguridad. Marchando adelante con fe en su Dios, los creyentes tendrán la misma promesa que Jacob: ellos volverán otra vez, ya sea de los malestares de la vida o de las cámaras de la muerte. La simiente de Jacob salió de Egipto a su debido tiempo; de la misma manera todos los fieles pasarán por las tribulaciones de la vida y por los terrores de la muerte sanos y salvos. Ejercitemos la confianza de Jacob. «No temas» es la orden y el estímulo del Señor a quienes, obedientes a su exhortación, se están adentrando en nuevos mares. La presencia y la seguridad divinas nos impiden temer como lo haría un incrédulo. Sin Dios temeríamos movernos; pero cuando él nos ordena salir, resultaría peligroso el quedarnos. Avanza, lector, y no temas.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 141). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

«Solamente esfuérzate y sé muy valiente»

11 de mayo

«Solamente esfuérzate y sé muy valiente».

Josué 1:7

El tierno amor de Dios por sus siervos hace que él se interese por el estado de los sentimientos íntimos de ellos. Él desea que sean muy valientes. Algunos estiman como cosa de poca monta el que un creyente esté turbado con dudas y temores, pero Dios no piensa así. En este versículo se ve claramente que nuestro Señor no nos quiere enredados en temores, sino que vivamos sin cuidados, sin dudas, sin cobardía. Nuestro Señor no juzga nuestra incredulidad tan livianamente como lo hacemos nosotros. Cuando vivimos desalentados estamos sujetos a una enfermedad con la que no debemos jugar, sino que debemos llevarla a nuestro Médico amado. Nuestro Señor no quiere vernos con rostros tristes. Era ley del rey Asuero que ninguno podía entrar en su corte «vestido de cilicio». El Rey de reyes no tiene esta ley —pues nosotros podemos ir a él tan tristes como estemos—, no obstante, a él le agradaría que nos despojásemos del espíritu de tristeza y nos vistiéramos las vestiduras de la alabanza; pues hay muchos motivos para estar alegres. El cristiano debe tener un espíritu animoso con el fin de glorificar al Señor, soportando las pruebas de forma heroica. Si es medroso y pusilánime, deshonrará a su Dios. Además, ¡qué mal ejemplo da con ello! Esta enfermedad de la duda y del desaliento es una epidemia que pronto se propaga entre la grey del Señor. Un creyente abatido contagia de tristeza a veinte almas. Por otra parte, si tu valor no se mantiene firme, Satanás resultará demasiado fuerte para ti. Deja, pues, que tu espíritu se goce en Dios tu Salvador y, así, el gozo del Señor será tu fortaleza y ningún demonio del Infierno te arremeterá. Sin embargo, la cobardía derribará la bandera. Además, el trabajo resulta liviano para el hombre de espíritu alegre, y el éxito aguarda a un ánimo así. El hombre que trabaja, regocijándose en su Dios y creyendo de todo corazón, tiene el éxito garantizado. El que siembra con esperanza recogerá con gozo. Por tanto, querido lector, «esfuérzate y sé muy valiente».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 140). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

«El unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad»

10 de mayo

«El unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad»

Juan 1:14

Creyente, tú puedes testificar que Cristo es el unigénito del Padre, como también el primogénito de entre los muertos. Puedes decir: «Para mí, él es divino; aunque para todo el mundo sea humano. Él hizo por mí lo que solo Dios podía hacer. Él ha sometido mi terca voluntad, me ha ablandado el corazón de diamante, ha abierto las puertas de bronce y hecho pedazos los cerrojos de hierro. Él ha transformado mi llanto en risa y mi aflicción en gozo: llevó cautiva mi cautividad e hizo que mi corazón se regocijara con gozo inefable y glorioso. Que otros piensen de él lo que quieran; para mí, él tiene que ser el unigénito del Padre. ¡Bendito sea su nombre! Él está lleno de gracia. ¡Ah!, si él no lo estuviera, yo nunca me hubiera salvado. Él me atrajo cuando yo luchaba por huir de su gracia; y, cuando finalmente me acerqué a su propiciatorio, temblando como un reo condenado, me dijo: «Tus pecados —que son muchos— te son todos ellos perdonados. Ten ánimo». Él está también lleno de verdad: sus promesas han sido verdaderas; ninguna de ellas ha faltado. Testifico que jamás hubo un siervo que tuviera un Señor como el mío; ni un hermano que contara con un pariente como él; ni una esposa con un esposo como Cristo lo ha sido para mi alma; ni un pecador con un Salvador mejor que él; ni un hombre apesadumbrado con un consolador mejor que Cristo lo ha sido para mi espíritu. Fuera de él, no necesito a nadie. En la vida él es mi vida, y en la muerte será quien haga morir a la muerte. En la pobreza, Cristo es mi riqueza; en la enfermedad, él me hace la cama; en la oscuridad es mi estrella y en la claridad, mi sol. Él es el maná del campamento en el desierto, y será el nuevo grano de la multitud cuando esta entre en Canaán. Jesús es para mí todo gracia y ninguna ira; todo verdad y nada de falsedad. Y de verdad y de gracia él está lleno: infinitamente lleno. Alma mía, bendice al «Unigénito» en esta noche con todas tus fuerzas.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 139). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

«Ven, oh amado mío, salgamos al campo […] veamos si brotan las vides»

9 de mayo

«Ven, oh amado mío, salgamos al campo […] veamos si brotan las vides».

Cantares 7:11–12

La Iglesia estaba por empeñarse en una importante labor y deseaba que su Señor la acompañara. Ella no dijo: «Saldré…»; sino: «Salgamos…». Cuando Jesús está a nuestro lado, el trabajo supone una bendición. Es cometido del pueblo de Dios el podar sus vides. A semejanza de nuestros primeros padres, se nos pone en el huerto del Señor para ser útiles; salgamos, pues, al campo. Observa que cuando la Iglesia está bien dispuesta desea gozar en cada una de sus múltiples labores de la comunión con Cristo. Algunos piensan que no pueden servir a Cristo activamente y, sin embargo, afirman tener comunión con él. Los tales están errados. Sin duda, es muy fácil desperdiciar nuestra vida interior en ejercicios externos y llegar a lamentarnos como la esposa: «Me pusieron a guardar las viñas; y mi viña, que era mía, no guardé» (Cnt. 1:6). Sin embargo, no hay razón para que esto deba ser así, salvo nuestra insensatez y negligencia. Es cierto que un cristiano puede no hacer nada y, sin embargo, llegar a estar tan enteramente exánime en las cosas espirituales como quienes se hallan más ocupados. A María no se la alabó por sentarse tranquilamente, sino por sentarse a los pies de Jesús. Así, tampoco deben ser alabados los cristianos por descuidar sus deberes bajo la pretensión de tener íntima comunión con Jesús. No es el sentarse, sino el sentarse a los pies de Jesús, lo que es digno de encomio. No pienses que la actividad sea mala en sí misma; se trata, más bien, de una gran bendición y de un medio de gracia para nosotros. Para Pablo, el que se le permitiese predicar era una gracia que le había sido otorgada. Cualquier forma de servicio cristiano puede llegar a ser una bendición personal para quienes están ocupados en él. Los que tienen más comunión con Cristo no son los recluidos o los ermitaños, a quienes les sobra el tiempo, sino los incansables obreros que trabajan por Jesús y quienes, en sus fatigas, lo tienen a él a su lado; de suerte que son colaboradores de Dios. Recordemos, pues, en cualquier cosa que tengamos que hacer por Jesús, que podemos hacerla y debemos hacerla en estrecha comunión con él.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 138). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Vuelve ahora en amistad con él

8 de mayo

«Vuelve ahora en amistad con él».

Job 22:21

Si queremos gozar de amistad con Dios como se debe, y tener paz, hemos de conocerle como él mismo se ha revelado: no solo en la unidad de su esencia y subsistencia, sino también en la pluralidad de sus personas. Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen». Que ninguno quede satisfecho hasta que conozca algo de esas tres personas de quienes procede su ser. Esforcémonos por conocer al Padre: oculta tu cabeza en su seno, en profundo arrepentimiento, y confiesa que no eres digno de ser llamado hijo suyo; recibe el beso de su amor; que el anillo, el cual es prenda de su eterna fidelidad, esté en tu dedo. Siéntate a su mesa y deja que tu corazón se alegre en su gracia. Luego, avanza y procura conocer mucho al Hijo de Dios, que es el resplandor de la gloria de su Padre; pero quien, sin embargo, en indecible condescendencia de gracia, se hizo hombre por nuestra causa. Conócelo en la peculiar complejidad de su naturaleza: Dios eterno y, sin embargo, hombre, sufridor y finito. Síguelo mientras anda sobre las aguas con el paso seguro de la deidad, y mientras se sienta en el pozo con el cansancio de su humanidad. No te quedes satisfecho hasta que conozcas mucho a Jesucristo como tu Amigo, tu Hermano, tu Esposo, tu todo. Y no olvides al Espíritu Santo: esfuérzate por obtener una clara visión de su naturaleza y carácter, de sus atributos y sus obras. Contempla a aquel Espíritu del Señor que al principio se movía sobre el caos y produjo el orden, y que ahora visita el caos de tu alma y crea el orden de la santidad. Contémplalo como el Señor y Dador de la vida espiritual, el Instructor, el Consolador y el Santificador. Mira cómo, a semejanza de la santa unción, desciende sobre la cabeza de Jesús y luego reposa sobre ti, que eres como el borde de sus vestiduras. Esa inteligente, bíblica y experimental creencia en la Trinidad en Unidad es tuya, si verdaderamente conoces a Dios; y tal conocimiento produce una paz auténtica.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 137). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda

7 de mayo

«Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda»

Juan 5:8

Como muchos otros, aquel hombre impotente había esperado que se produjera un milagro y se obrara una señal. Estaba cansado de velar cerca del estanque sin que ningún ángel se presentara o, por lo menos, se presentara para sanarlo a él. Sin embargo, creyendo que esta era su única oportunidad, seguía esperando, no sabiendo que allí, cerca de él, estaba Uno cuya palabra podía curarlo enseguida. Muchos están en la misma condición: esperan alguna singular emoción, alguna impresión extraordinaria, alguna visión celestial… Aguardan en vano y velan por nada. Aun suponiendo que en algunos casos se vean señales extraordinarias, sin embargo, estas son inusuales y ningún hombre tiene derecho a esperarlas para su propio caso. Ningún hombre, especialmente el que siente su impotencia, se vale del movimiento del agua aunque este tenga lugar. Es triste pensar que decenas de miles están actualmente esperando el uso de medios, de ceremonias, de votos y de resoluciones; y así han esperado en vano, completamente en vano, por un tiempo indefinido. Entre tanto, esas pobres almas olvidan al Salvador, quien las invita a mirar a él para ser salvas. Él las podría sanar al instante, pero prefieren esperar a un ángel y un milagro. Confiar en Jesús es el camino seguro a toda bendición, y él es digno de toda confianza. No obstante, la incredulidad hace que la gente prefiera los fríos portales de Betesda al cálido seno de su amor. ¡Oh, que el Señor dirija su mirada sobre las multitudes que se encuentran en la misma situación en esta noche; que perdone el menosprecio con que consideran su divino poder y las llame con esa dulce voz que constriñe, para que se levanten del lecho de la desesperación y, con la energía de la fe, tomen su lecho y anden! ¡Oh Señor, oye nuestra oración por los tales en esta tranquila hora de la noche y, antes que el día amanezca, haz que miren y vivan.

Atento lector, ¿hay algo para ti en esta meditación?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 136). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

«Todos los días de mi edad esperaré».

6 de mayo

«Todos los días de mi edad esperaré»

Job 14:14

Una breve permanencia en la tierra hará del Cielo un lugar más celestial. Nada nos hace descansar tan dulcemente como el trabajo. Nada hace que la seguridad sea más agradable que el vernos expuestos a sobresaltos. Las copas terrenales de amarga casia darán al vino nuevo, que chispea en los tazones de oro de la gloria, un agradable sabor. Nuestra abollada armadura y nuestros rostros surcados de cicatrices harán célebres nuestras victorias en el Más Allá, cuando se nos dé la bienvenida en las mansiones de quienes han vencido al mundo. No tendríamos plena comunión con Cristo si no peregrináramos por algún tiempo aquí abajo, pues él fue bautizado entre los hombres con un bautismo de sufrimientos y nosotros tenemos que serlo con el mismo bautismo si queremos participar de su Reino. La comunión con Cristo es tan valiosa que la aflicción más dolorosa llega a ser un precio insignificante para adquirirla. Otra razón por que permanecemos aquí es por el bien de otros. No quisiéramos entrar en el Cielo hasta haber acabado nuestra obra; y pudiera ser que aún se nos estuviese ordenando llevar luz a las almas que se hallan en tinieblas en el desierto del pecado. Nuestra prolongada permanencia aquí es, sin duda, para la gloria de Dios. Un santo probado, al igual que un diamante bien cortado, brilla mucho en la corona del Rey. Lo que más honra a un obrero es que su obra soporte triunfante una prolongada y severa prueba sin ceder en nada. Nosotros somos hechuras de Dios en las cuales él se gloriará por medio de las aflicciones. Soportamos la prueba de nuestra fe con gozo sagrado para honrar a Jesús. Que cada uno consagre sus propios deseos a la gloria de Cristo y diga: «Si mi postración en el polvo puede elevar a mi Señor tan solo un centímetro, dejadme yacer aún entre los tiestos de la tierra. Si el vivir en la tierra para siempre hiciera más glorioso a mi Señor, mi Cielo sería el ser excluido del Cielo». Nuestro tiempo está fijado y establecido por decreto eterno: no estemos angustiados en cuanto al mismo, sino esperemos con paciencia hasta que las puertas de perla se abran.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 135). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

«El que pone atención a la palabra hallará el bien; y el que confía en el SEÑOR es bienaventurado»

5 de mayo

«El que pone atención a la palabra hallará el bien; y el que confía en el SEÑOR es bienaventurado»

Proverbios 16:20 (LBLA)

La sabiduría es la verdadera fuerza del hombre y, bajo su dirección, este cumple mejor los fines de su existencia. El dirigir sabiamente los asuntos de la vida le da al hombre el goce más exquisito y ofrece a sus facultades la ocupación más noble; por tanto, el hombre halla bien en el sentido más amplio. Sin la sabiduría, es como un pollino de asno montés, que corre de aquí para allá gastando unas fuerzas que podrían emplearse provechosamente. La sabiduría es la brújula por la cual el hombre debe guiarse a través del intransitable desierto de la vida; sin ella, es un barco abandonado, a merced de los vientos y de las olas. El hombre tiene que ser prudente en un mundo como este; de lo contrario, no hallará el bien, sino que será traspasado de innumerables males. El peregrino herirá lastimosamente sus pies entre las zarzas del bosque de la vida si no decide sus pasos con mucho cuidado. El que está en un desierto infestado de ladrones debe conducirse sabiamente si quiere viajar con seguridad. Si, adiestrados por el gran Maestro, seguimos por donde él nos guía, hallaremos el bien, aun en esta triste morada. Hay frutos celestiales que cosechar de este lado de los cenadores del Edén, y cantos del Paraíso que han de cantarse en medio de la arboleda de la tierra. Sin embargo, ¿dónde se hallará esta sabiduría? Muchos han soñado con ella, pero no la han poseído. ¿Dónde la aprenderemos? Atendamos a la voz del Señor, porque él ha declarado el secreto. Él nos ha revelado a los hijos de los hombres dónde se encuentra la verdadera sabiduría, y nosotros la descubrimos en este texto bíblico: «El que confía en el Señor…». El verdadero modo de tratar un asunto sabiamente es confiando en el Señor. Esta es la pista segura para salir del más intrincado laberinto de la vida; síguela y hallarás felicidad eterna. El que confía en el Señor posee un diploma en sabiduría que se le ha concedido por inspiración; es bienaventurado ahora, y más lo será en el Cielo. Señor, en este suave anochecer, pasea conmigo por el huerto y enséñame la sabiduría de la fe.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 134). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.