Menú 8. ¿Para qué tienes el móvil?

Menú 8. ¿Para qué tienes el móvil?

a1Ahora bien, tu relación no puede limitarse solo a un tiempo apartado con Él. Sí, esa puede ser una buena base, pero recuerda que no puedes salir de su presencia como cuando sales de un restaurante y hasta que te da hambre no vuelves a entrar.

“Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos”. Hechos 17:28

Mucha gente vive en su intimidad con Dios, pero tienen solo un Dios privado dejándolo de lado en la esfera pública.

Dios está contigo cuando caminas por tu ciudad, cuando estás con tus amigos, con tu familia, tu novia o novio, tu trabajo, tu instituto o universidad. No sólo está contigo, también quiere formar parte de esas circunstancias, quiere hablar contigo en medio de todo eso.

Hay un versículo que me desconcierta un poco, porque a simple vista parece imposible de cumplir:

“Orad sin cesar”. 1 Tesalonicenses 5:17.

Pero cuando entiendo que mi relación con Dios es algo dinámico que no puedo encasillar, y que Dios anhela hablarme en todas partes, entiendo a que se refiere. Nunca te desconectes de Dios, es algo que debemos hacer intencionadamente. Como tu teléfono móvil, mantén tu línea para Dios siempre abierta, no te lo dejes en casa, envíale mensajes, revisa de vez en cuando si te dice algo, pregúntale, adórale, pregúntale por “whatsapp” estés donde estés.

Los que buscan a Dios lo buscan en todas las circunstancias.

“Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda”. 1 Timoteo 2:8

Ahora insisto, el teléfono móvil hay que ponerlo a cargar, conectado físicamente a una fuente de alimentación. Tener a Dios en todas partes es genial, y habla de una relación real, pero no descuides tu tiempo apartado con Él, tu recarga de baterías que te ayudará a caminar siempre en sintonía con Su Espíritu, sean cuales sean las circunstancias.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 47–48). Álex Sampedro.

Primeros relatos: el testimonio fidedigno de la historia

Autor: LEE STROBEL

Primeros relatos: el testimonio fidedigno de la historia

a1Los documentos más tempranos de la resurrección de Jesús se remontan al acontecimiento mismo y no pueden desestimarse como falseados por el desarrollo legendano. En 1 Corintios 15:3-8, Pablo registra un credo de importancia crucial que recitaban los primeros cristianos. Confirma:

«Que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras, y que se apareció a Cefas, y luego a los doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía, aunque algunos han muerto. Luego se apareció a Jacabo, más tarde a todos los apóstoles, y por último, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí»

Los estudiosos de un amplio espectro teológico han fechado este credo a dos u ocho años después de la resurrección de Jesús, cuando Pablo lo recibió, en Damasco o en Jerusalén. Gary Habermas, experto en temas relacionados con la resurrección, ha dicho: «Estaría de acuerdo con los estudiosos que creen que Pablo recibió este material tres años después de su conversión, cuando realizó un viaje a Jerusalén y … que lo recibió directamente de los testigos oculares, Pedro y Jacobo»

Una serie de episodios en Hechos 1-5,10,13, también incluyen algunos credos que son los primeros documentos de la muerte y resurrección de Jesús. «La evidencia más temprana que tenemos acerca de la resurrección, casi seguro, se remonta al tiempo inmediatamente posterior al momento en que se dice que ocurrió la resurrección -señala el erudito John Drane-. Esta es la evidencia que aparece en los primeros sermones de losHechos de los Apóstoles … no puede haber lugar a dudas de que en los primeros capítulos de Hechos, su autor preservó material de fuentes muy tempranas».

Además, hay evidencia de que Marcos obtuvo la narración de la Pasión de una fuente más antigua, escrita antes del año 37 d.C., apenas cuatro años después de la resurrección de Jesús. Estos documentos de la primera línea de la historia, junto con la credibilidad de los relatos que figuran en los otros Evangelios, derriban la idea de que la resurrección de Jesús fue resultado de leyendas posteriores, de interpolaciones realizadas décadas después de la vida de Jesús.

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

Amar a otros… con sinceridad

Octubre 28

Amar a otros… con sinceridad

Lectura bíblica: Efesios 4:14–16

Siguiendo la verdad con amor, crezcamos en todo hacia aquel que es la cabeza: Cristo. Efesios 4:15

Tema para comentar: Imagínate que ves a un amigo dormido en medio de la calle y viene un auto. ¿Qué harías?

a1Sin duda irías corriendo al medio de la calle y sacudirías a tu amigo para que se despertara, aun si tienes que darle un sopapo o tirarle agua fría en la cara. Le harías ver el auto que se acerca. Lo tomarías de la mano para sacarlo del peligro.

Esa respuesta fue fácil. Pero a veces vemos a nuestros amigos tomando malas decisiones, decisiones que a la larga pueden ser tan destructivas como despertarse en el medio de la calle para encontrarse con un auto que lo arrolla. Quizá tengas amigos que tienen la costumbre de mentir, robar o desobedecer a sus padres. O quizá conozcas a alguien que quiere fumar o aún drogarse. Sabes lo que debes decir y lo que quieres decir. Pero es un poco más difícil realmente decirlo, ¿no es cierto?
Una vez más, dado que Jesús fue el ejemplo perfecto de amor, observemos cómo amó a las personas que se encontraban en situaciones delicadas.

La Biblia cuenta de una vez cuando los líderes religiosos arrastraron a una mujer a quien habían descubierto pecando. Jesús no condenó a la mujer por su pecado, pero tampoco lo ignoró. Le dijo bondadosamente: “Vete y desde ahora no peques más” (Juan 8:11).

En otra ocasión Jesús se encontró con una mujer samaritana, una extranjera a quien la mayoría de los judíos ni le hubieran dirigido la palabra. Él sabía que estaba viviendo un vida pecaminosa. En este caso también, Jesús no la rebajó, pero tampoco dejó pasar su pecado. Con cariño le ayudó a ver que él era el único que realmente podía satisfacer sus necesidades (ver Juan 4:4–26).

Jesús aun confrontó a Pedro, uno de sus mejores amigos en el mundo, cuando éste se interpuso en el camino de los propósitos de Dios (ver Mateo 16:21–23). Aquí tampoco atacó Jesús a Pedro, pero no pasó por alto su error.

Jesús les dijo la verdad a estas personas porque las amaba. Él sabía que no estaban viviendo de una manera que agrada a Dios, y quería que pudieran tener lo mejor en la vida. Les mostró cómo la verdad y el amor van tomados de la mano.

El amor auténtico es honesto porque Dios quiere lo mejor para la vida de los que amamos. Es difícil ver a nuestros amigos tomando malas decisiones, decisiones que los privan de lo mejor que Dios tiene reservado para ellos y que tarde o temprano los perjudicará muchísimo. Pero Jesús nos ha dado el ejemplo perfecto de cómo ayudarles.

Sigue su ejemplo. Sé honesto con tus amigos. Es lo más cariñoso que puedes hacer.

PARA DIALOGAR
¿Por qué resulta difícil a veces decirle a tus amigos la verdad cuando están tomando decisiones perjudiciales?

PARA ORAR
Señor, danos fuerza y sabiduría para decir la verdad con amor.

PARA HACER
¿Tienes algún amigo que está cayendo en una conducta perjudicial? Habla con un cristiano maduro acerca de las mejores maneras de decirle a tu amigo la verdad con amor.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Desafíos recientes

Desafíos recientes

Autor: Carl F. H. Henry

a1En debates recientes, la autoridad de las Escrituras ha sido comprometida por algunos eruditos que, queriendo reconciliar diferencias, han estado dispuestos a aceptar la infiltración de enseñanzas que dependen de la cultura. Algunas de las enseñanzas del apóstol Pablo sobre las mujeres, o sus puntos de vista acerca de una reunión de Israel en Palestina, son descartados como reflexiones de la enseñanza rabínica de aquel tiempo y, por lo tanto, como evidencia de la limitada perspectiva cultural de Pablo. Obviamente, la enseñanza bíblica coincide con la tradición judía en algunos puntos. Pero cuando la tradición hebrea era elevada al estado de norma considerada superior o que modificaba y contradecía las Escrituras, Jesús siempre criticaba esa tradición. Que el apóstol Pablo en alguna instancia haya enseñado lo que también era enseñado por tradición histórica arraigada en el Antiguo Testamento no prueba nada; en otras ocasiones él era altamente crítico de las tradiciones rabínicas.

El punto de vista evangélico siempre ha sido que lo que enseñan los escritores bíblicos inspirados, lo enseñan no como derivado de la simple tradición sino como inspirado por Dios; en su proclamación tenían la mente del Espíritu para distinguir lo que era divinamente aprobado o desaprobado en la tradición corriente. Es una perspectiva más correcta, por lo tanto, hablar de elementos en los cuales la tradición judía reflejaba revelaciones proféticas y hablar de elementos en los cuales se apartaba de ella. Una vez que el principio de la «dependencia cultural» se introduce en el contenido de la enseñanza bíblica, es difícil establecer criterios objetivos para distinguir entre lo que es supuestamente autoritativo y no autoritativo en la doctrina apostólica. Entonces, el punto de vista de Pablo sobre la homosexualidad podría ser considerado como culturalmente prejuiciado, al igual que su punto de vista sobre la autoridad jerárquica, o también el asunto de la autoridad de las Escrituras.

En un desarrollo posterior, algunos eruditos recientes han buscado atribuirles a las Escrituras sólo una autoridad «funcional», como un estimulante de transformación de la vida interior, dejando de lado su autoridad conceptual-proposicional. Algunos teólogos neo-protestantes actuales—por ejemplo, Karl Barth, Rudolf Bultmann, Paul Tillich y Fritz Buri—identifican el supuesto aspecto autoritativo de las Escrituras en elementos radicalmente divergentes, y hasta contradictorios. Todos ellos se apartan del punto de vista evangélico histórico (sostenido, por ejemplo, por B. B. Warfield en The Inspiration and Authority of the Bible [La inspiración y la autoridad de la Biblia], 1948), que la autoridad de las Escrituras se concentra en su exposición de verdades divinas reveladas, que constituyen la regla de fe y principios morales. El punto de vista «funcional» que refleja David H. Kelsey en The Uses of Scripture in Recent Theology [Los usos de la escritura en la teología reciente] (1975) rechaza la finalidad de cualquiera de los puntos de vista divergentes y los acepta igualmente (sin importar lo conflictivos o contradictorios que puedan ser). Las afirmaciones de la autoridad externa están subordinadas a una supuesta autoridad interna que altera dinámicamente la vida de la comunidad de fe. A pesar de profesar su no discriminación de puntos de vista divergentes, tal teoría debe, por supuesto, excluir explícitamente el énfasis tradicional evangélico sobre la verdad objetiva de la Biblia. Pero una vez que la validez de la enseñanza bíblica en su totalidad o en parte es dejada de lado, no queda ninguna razón persuasiva de por qué la vida de una persona deba ser transformada. La vida de alguien puede ser transformada en patrones alternativos y aun expresamente opuestos, o ajustada algunas veces de una forma y otras veces de otra, o transformada en correlación con ideas derivadas de fuentes no cristianas y anticristianas, como también lo puede ser en correlación con ideas derivadas de la Biblia.

El asunto de la autoridad bíblica difícilmente puede ser separado del interés en la validez racional y objetividad histórica de las Escrituras. Pero los evangélicos sostienen que la autoridad de la Biblia es una autoridad divina; y no todas las verdades o declaraciones históricamente correctas caen en esa categoría. La Escritura es autoritativa porque es la Palabra de Dios. Los profetas y apóstoles elegidos, algunos de ellos llamados por Dios a pesar de su propia indiferencia o aun hostilidad—por ejemplo, el profeta Jeremías y el apóstol Pablo—, testificaron que recibieron la verdad de Dios por inspiración divina. La religión judeo-cristiana se basa en la revelación histórica y en la redención; en lugar de indiferencia hacia los asuntos de la historia, la Biblia mantiene un punto de vista distintivo de historia linear ajeno al de las religiones y filosofías antiguas.

Algunas de las consecuencias del rechazo

Las suposiciones básicas del secularismo moderno mitigan de antemano la fuerza personal de muchas afirmaciones históricas cristianas. Como resultado, los jóvenes son tentados, especialmente en una época moralmente permisiva, a rechazar como supersticiones las afirmaciones especiales de las Escrituras. A veces, aun los cristianos adultos muestran cierta clase de incomodidad en cuanto a la Biblia: tal vez se sometan a sus profundos juicios éticos, pero culturalmente están condicionados a enfrentar algunas de sus afirmaciones autoritativas con grandes reservas. Tal vez el lenguaje bíblico les suene extraño y la noción de escritos revelados sobrenaturalmente o inspirados les puede parecer un eco del pasado históricamente condicionado. Debido a que viven casi dos mil años después de la época de Jesús de Nazaret, algunos pensadores contemporáneos tienden a rechazar como previas a la crítica, que no se pueden criticar o arcaicas las confiadas afirmaciones de la autoridad de la Biblia que se encuentran en las confesiones históricas cristianas. A ellos tal vez les parezca contrario a la tendencia moderna, o aun repulsivo, reconocer a las Escrituras como la regla divina de fe y conducta. Ningún principio de las tradiciones religiosas heredadas sufre más agravio que el que afirma la autoridad total de la Biblia. ¿Es tan increíble que una obra literaria traducida al inglés usando alrededor de 770.000 palabras, impresa en unas 1.000 pequeñas páginas, y que se puede reducir fotográficamente a un pequeño negativo pueda ser aceptada por los cristianos como la Palabra de Dios?

Sin embargo, mirando la historia de la teología y la filosofía, queda claro que siempre fallan los esfuerzos por preservar la realidad del Dios Creador-Redentor vivo aparte de la autoridad de la palabra bíblica. Aun la teología neo-ortodoxa de «encuentro divino», que enfatiza como lo hizo la autorevelación distintiva y personal de Dios, muy pronto se volvió a alternativas existencialistas y finalmente a la especulación de la muerte de Dios. El Dios trino es sin duda la «premisa ontológica» sobre la cual se funda la fe cristiana histórica, pero el caso para el teísmo bíblico parece requerir su revelación definitiva en la inspirada Palabra de la Escritura.

La autoridad bíblica ha sido oscurecida innecesariamente colocando en la Biblia toda clase de autoridades secundarias y terciarias—libros apócrifos, tradición eclesiástica e interpretación cúltica. En siglos pasados, algunos eruditos mediadores revisaron a veces ciertas doctrinas bíblicas, y otros críticos más radicales rechazaron completamente los artículos de fe que chocaban con la tendencia de su época. En nuestro propio siglo, tales alteraciones acumulativas, aunadas al punto de vista naturalista de la realidad, han llegado a su punto culminante. El énfasis cristiano histórico sobre la autoridad bíblica ha sido totalmente repudiado en algunos lugares. Los regímenes declarados oficialmente ateos en países comunistas, por ejemplo, pueden usar todos los recursos políticos y académicos para menoscabar el punto de vista teísta. Aun después de firmar la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, pueden reprimir el testimonio cristiano y el evangelismo, y castigar a los que no apoyan el absolutismo estatal sin críticas, y en el mejor de los casos, permiten una distribución muy restringida de la Biblia. En otras partes del mundo, los agravios a la autoridad bíblica de parte de eruditos críticos han precipitado dudas en muchas comunidades académicas influyentes.

El poder de la Palabra de Dios

Sin embargo, la Biblia permanece como el libro que más se imprime, más se traduce y es leído con más frecuencia en el mundo. Sus palabras han sido guardadas en el corazón de multitudes como ningún otro libro. Todos los que han recibido sus dones de sabiduría y promesas de nueva vida y poder al principio eran hostiles a la naturaleza de su mensaje redentor, y muchos eran enemigos de sus enseñanzas y demandas espirituales. En todas las generaciones ha sido demostrado su poder de desafiar a gente de toda raza y nación. Los que aman este libro porque provee esperanza futura, trae significado y poder al presente y correlaciona un pasado pecaminoso con la gracia perdonadora de Dios no experimentarían tal recompensa interior si no hubieran conocido la verdad revelada autoritativa y divinamente. Para el cristiano evangélico, las Escrituras son la Palabra de Dios dada en la forma objetiva de verdades proposicionales por medio de los profetas y apóstoles divinamente inspirados, y el Espíritu Santo es el dador de fe a través de esa Palabra.

Bibliografía

Bruce, F. F. The New Testament Documents: Are They Reliable? 1960. Publicado en español como ¿Son fidedignos los documentos del Nuevo Testamento? en 1972.

Childs, Brevard. Introduction to the Old Testament as Scripture [Introducción al Antiguo Testamento como escritura], 1979.

Henry, Carl F. H. God, Revelation, and Authority [Dios, revelación y autoridad], 1979.

Machen, J. Gresham. Christianity and Liberalism [Cristianismo y liberalismo], 1923.

Robinson, John A. T. Redating the New Testament [Fechando de nuevo el Nuevo Testamento], 1976.

Warfield, B. B. The Inspiration and Authority of the Bible [La inspiración y la autoridad de la Biblia], 1948.

Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (p. 17). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.

Menú 7. ¿Cada cuánto voy a Dios?

Menú 7. ¿Cada cuánto voy a Dios?

a1Antes de hablar de nuestro compromiso con la iglesia te quiero preguntar cómo está nuestro compromiso con Dios. Mucha gente ve la iglesia como un lugar activista donde puede conocer gente, ser un buen cristiano y desarrollarse como tal. Eso es cierto en parte, pero la realidad es que todo lo que hacemos debería partir de nuestra genuina relación con Dios en intimidad, no en una serie de actividades en un calendario. Mucha gente dice que está bien con Dios pero nunca está con Él a solas.

Mi vecino del quinto piso y yo tenemos muy buena relación. No tengo ningún problema con él, nunca se ha molestado conmigo ni yo con él, nos tratamos con respeto y nunca he hecho nada que le molestara. Qué relación tan impresionante ¿no? Pues no. La verdad es que estoy bien con el vecino del quinto porque tal relación no existe. Solo lo veo de vez en cuando, yo no lo molesto, ni él tampoco a mí.

Así es muy fácil decir que estoy bien con él. Y creo que a muchos cristianos nos pasa lo mismo. Nos decimos unos a otros que estamos bien con Dios, y quizás es debido a falta de relación con Dios y no porque invirtamos mucho tiempo en conocerlo. De hecho, cuando uno pasa tiempo a solas con Dios, de verdad, se da cuenta de que las cosas no están tan bien como creíamos y nace en nosotros un deseo de cambiar para mejorar nuestra relación con Jesús.

Entonces al liderazgo de la iglesia se les ocurre una gran idea para decirles a los jóvenes cómo deben tener una comunión con el Señor, y los invitan a empezar ¡una relación con Dios de 5 minutos! Pero creo que esto es fruto de una mentalidad igleburger. ¿Cómo es posible comenzar una relación de verdad dedicando 5 minutos al día para empezar? ¿Te imaginas que en un gimnasio te dijeran: “Dedícale 5 minutos al día para empezar”? ¿O con tu novia: “Hablemos de momento solo 5 minutos al día”? Es ridículo. Chicos, jamás le digáis eso a vuestra novia si no queréis probar la ira en forma de mano femenina, pero firme, que se acerca irremediablemente a vuestro rostro.

Hablemos en serio, hemos querido embotellar a Dios, venderlo como un producto de telemarketing prometiendo cambios inmediatos con el mínimo esfuerzo, con el mínimo tiempo posible de inversión. Con 5 minutos.

Y la verdad es que lo más importante en nuestra vida debería ser el tiempo que invertimos con Dios, a solas.

“Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos”. Salmos 84:10.

¿Podemos decir lo que dijo este compositor y sentir que es cierto en nuestra vida?

Seamos consecuentes con lo que creemos y tomemos como prioridad apartar un tiempo diario con Dios en oración y escuchándolo a través de la palabra; tómatelo con naturalidad, y no mires el reloj, Dios es más grande que todo eso.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 40–41). Álex Sampedro.

¿RESUCITÓ JESÚS DE ENTRE LOS MUERTOS?

Autor: LEE STROBEL

¿RESUCITÓ JESÚS DE ENTRE LOS MUERTOS?

a1Cuando se les pide a los cristianos que presenten evidencia de que sus creencias están basadas en la verdad y no en leyendas o ilusiones, invariablemente mencionan la resurección de Jesús. Las razones, según J.L. Packer, profesor emérito de Regent College, son numerosas y de importancia crítica:

«La resurrección, eso dicen, es la demostración de la deidad de Jesús, dio validez a sus enseñanzas, culminó su obra de expiación por el pecado, confirmó su dominio cósmico presente y su próxima reaparición como Juez, nos asegura que su perdón, presencia y poder personal en la vida de las personas de hoy es un hecho, y garantiza a todos los creyentes su propia repersonificación por la resurrección en el mundo venidero».

Cuando se depende tanto de la realidad de la resurrección de Jesús es alentador saber que este hecho sobrenatural está extensamente documentado en los registros históricos. Incluso, el poco convencido, Sir Lionel Luckhoo, identificado en el Libro Guinness de los Récords Mundiales como el abogado mas exitoso del mundo, se vio obligado a concluir después de un anális exhaustivo de la evidencia: «Digo inequívocamente que la evidencia a favor de la resurrección de Jesucristo es tan abrumadora que obliga a aceptar los hechos por las pruebas aportadas y no deja absolutamente lugar a duda».

La evidencia comienza con la muerte de Jesús por medio de una flagelación y crucifixión brutales. Los hechos demuestran la falsedad de las teorías según las cuales simplemente se desmayó sobre la cruz, para luego recuperar la conciencia con el aire fresco del sepulcro. «El peso de la evidencia historica y médica indica fielmente que Jesús estaba muerto antes de que se le infligiera la herida en el costado derecho», según un artículo en la prestigiosa revista de medicina Journal of the American Medical Association. «Por consiguiente, las interpretaciones basadas en la premisa de que Jesús no murió en la cruz parecerían estar en contraposición con la evidencia médica moderna».

Y a pesar de la sugerencia de John Dominic Crossan, en el documental de Jennings, (cf. pág 124) de que el cuerpo de Jesús posiblemente quedó sobre la cruz como «carroña para los cuervos y perros vagabundos», el erudito liberal fallecido, John A.T. Robinson, de la Universidad de Cambridge, afirmó que la sepultura de Jesús «es uno de los hechos más antiguos y mejor testimoniados que tenemos acerca de Jesús».

El caso afirmativo de su resurrección ha sido descrito, de manera extensa, en numerosos libros y revistas académicas. Los siguientes cuatro puntos, sin embargo, nos dan una idea de por qué, como dijo William Lane Craig, con un giro retórico característico: «el tipo de escepticismo expresado por los integrantes del Seminario de Jesús … no solo no es capaz de representar el consenso de la academia sino que está bastante injustificado».

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

¿Dónde está el chiste?

Octubre 27

¿Dónde está el chiste?

Lectura bíblica: Efesios 5:3, 4

No se nombren más entre vosotros… la conducta indecente, ni tonterías ni bromas groseras, cosas que no son apropiadas; sino más bien, acciones de gracias. Efesios 5:3, 4

a1¿Has escuchado un buen chiste en el grupo de chicos? ¿Tienes uno que te gustaría contar ahora, durante el devocional familiar? Quizá no.

Sabes por experiencia con qué facilidad las conversaciones entre muchachos o entre chicas y aun entre chicos y chicas pueden pasar a la categoría de groserías. Quizá hayas escuchado algunos chistes comiquísimos, pero que te quemaban los oídos.

Tema para comentar: ¿Te parece bien que la misma boca que dice “Amo a Jesús” diga también “¿Oíste el chiste del….?”. ¿Por qué sí o por qué no?

Quizá te preguntes por qué tanto alboroto por esto. En ese caso, contesta esto: Si los chistes verdes no tienen nada de malos, ¿por qué no corres a tu casa para contárselos a tu mamá? Si no le cuentas la mayor parte de las cosas cómicas a tu mamá, te conviene ir pensando por qué. El hecho es que las groserías nos hacen pensar que nuestro cuerpo es sucio… que está bien burlarse del sexo opuesto… y que nuestro cuerpo que se va desarrollando a un ritmo diferente y tomando formas diferentes es de alguna manera defectuoso.

El apóstol Pablo identificó tres clases de cosas que conviene evitar:
La conducta indecente. Es indecente cuando decimos malas palabras, hacer del pecado un chiste es como revolcarnos en el barro.

Tonterías. Los chistes verdes por lo general son de temas que ni tienes idea qué quieren decir; con frecuencia quieres dar la impresión de que sí sabes. Pablo los llamó literalmente “las palabras de retardados”.

Bromas groseras. Estas son acerca de los fabulosos miembros de tu cuerpo —o tus funciones corporales— o los miembros del cuerpo o funciones corporales de algún otro.
Como creyentes en un Dios puro y santo, son “cosas que no son apropiadas”. Dicho de otra manera, no son cosas para nosotros, están fuera de lugar y no cumplen los requisitos de Dios.

Entonces, ¿hay algo mejor? ¡Las acciones de gracias!

¿Qué tiene que ver eso con este tema? No significa que metas en tus conversaciones un “¡Alabado sea Jesús!” en el lugar donde antes hubieras dicho un chiste grosero. Significa que tienes cosas mejores de las cuales hablar.

Y eso es porque tienes dentro de ti cosas mejores. Jesús dijo que “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34).

¿Son la “conducta indecente, [las] …tonterías y [las] …bromas groseras” lo único que tienes adentro? ¡Por supuesto que no! Dios te está transformado desde adentro para afuera. Por eso, ¡deja que tu hablar demuestre lo que está haciendo en ti!

PARA DIALOGAR
¿De qué manera puedes darle un giro de 180 grados a una conversación grosera? ¿Cuáles son algunas cosas mejores de las que hablar?

PARA ORAR
Señor, tú nos has dado un corazón limpio. Ayúdanos a tener una boca limpia.

PARA HACER
Si tienes malas costumbres en tu modo de hablar, pídele a un amigo creyente que te ayude a vigilar tu boca y limpiarla.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Alta Crítica

Alta Crítica

Autor: Carl F. H. Henry

a1En el siglo XX, la discusión sobre la autoridad bíblica fue ensombrecida tanto por las afirmaciones generalizadas de la alta crítica, de parte de críticos no evangélicos, como por aseveraciones extravagantes de lo que requiere e implica la autoridad de las escrituras, de parte de polémicos evangélicos.

En muchos círculos académicos parece sobrevivir el escepticismo hacia la confiabilidad de las Escrituras, a pesar del colapso de las teorías críticas. Todavía se encuentra una disposición para confiar en escritores seculares cuyas credenciales para proveer testimonio histórico son menos adecuadas que las de los escritores bíblicos. No hace mucho tiempo muchos eruditos rechazaron la historicidad de los relatos patriarcales, negaron que en los tiempos de Moisés existiera la escritura y le atribuyeron los Evangelios y las Epístolas a escritores del siglo II. Pero la alta crítica ha sufrido algunos contratiempos espectaculares y sorprendentes, principalmente debido a hallazgos arqueológicos. Ya no se afirma que las glorias de la época del rey Salomón son una fabricación literaria; que «Yahweh», el Dios redentor de los hebreos, fuera desconocido antes de los profetas del siglo VIII a.C.; o que las representaciones de Esdras en cuanto a la cautividad babilónica son ficción. Los arqueólogos han localizado las minas de cobre de la época de Salomón que durante mucho tiempo estuvieron perdidas. Se han descubierto tablas en Ebla, cerca de Aleppo, que prueban que nombres similares a los de los patriarcas eran comunes entre la gente que vivía en Ebla poco antes de que tuvieran lugar los acontecimientos registrados en los últimos capítulos del Génesis.

John T. Robinson, un crítico del Nuevo Testamento, concedió en Redating the New Testament [Fechando de nuevo el Nuevo Testamento] (1906) que las fechas tardías que se le han atribuido al Nuevo Testamento son totalmente imposibles de aceptar. Robinson argumentó que el hecho de que los Evangelios y las Epístolas no mencionaran la destrucción del Templo en 70 d.C. es evidencia de que los escritos se completaron antes, porque de otra manera ese acontecimiento hubiera sido mencionado apologéticamente por los autores. Sin embargo, sería mejor llegar a las fechas de la composición por lo que enseñan los escritores y por quiénes son ellos antes que por lo que no contienen los escritos; tampoco es prudente dejarse guiar principalmente por una supuesta motivación apologética subyacente en su composición.

El punto de vista «documentario» de las Escrituras ha sido considerado por los no evangélicos, por mucho tiempo, como el logro establecido más firmemente de la crítica literaria e histórica. La teoría (de que las narraciones del Antiguo Testamento son un producto de la «redacción» de editores que combinaron registros separados en una sola narración) ha tenido—hasta hace poco—el apoyo de casi todos los eruditos prestigiosos del Antiguo Testamento fuera de los círculos evangélicos. Pero la teoría, también conocida como la «hipótesis J-E-P-D» (las letras en alemán representan los supuestamente documentos separados), ha estado bajo un ataque cada vez mayor. Umberto Cassuto (1883–1951), quien ocupaba el cargo de profesor de la Biblia en la Universidad Hebrea de Jerusalén, repudiaba la noción crítica prevaleciente de que los relatos bíblicos obtuvieron su unidad por medio de redacción literaria (edición), pero retuvo fechas relativamente tardías para la terminación del Pentateuco y del libro de Isaías (Biblical and Oriental Studies [Estudios bíblicos y orientales], publicado póstumamente, 1973). En una entrevista de la revista Christianity Today en 1959, Cyrus H. Gordon, un distinguido erudito judío, rechazó la noción de que el uso de «Elohim» y «Yahweh» como nombres divergentes de Dios implica fuentes literarias diferentes («Higher Critics and Forbidden Fruit [Los críticos altos y el fruto prohibido]»).

Investigaciones lingüísticas recientes apoyan el argumento de que las variaciones de estilo reflejan el ritmo y el tono de las narrativas; es menos probable que identifiquen a los supuestos redactores. Robert Longacre ha sostenido que «la suposición de fuentes documentarias divergentes» en la historia del Diluvio, por ejemplo, es innecesaria y «oscurece mucho de la estructura verdaderamente elegante de la historia». Entonces, los puntos de vista más antiguos que atribuyen la enseñanza de las Escrituras no a los originalmente nombrados recipientes de la revelación divina, sino a redactores editoriales posteriores, están cayendo bajo nuevo criticismo. Es más, Bernard Childs ha argumentado con persuasión contra el punto de vista de que existen, detrás de las escrituras canónicas, escritos anteriores y fuentes más confiables que los escritores hebreos mitificaron a favor del culto hebreo.

Cómo se ve la Biblia a sí misma

La naturaleza inteligible de la revelación divina—la presunción de que se puede conocer la voluntad de Dios por medio de verdades válidas—es la presunción central de la autoridad de la Biblia. Una teología neo-protestante mucho más reciente catalogó de doctrinario y estático el énfasis tradicional evangélico. Insistió, en cambio, que la autoridad de las Escrituras debe ser experimentada internamente como un testimonio de la gracia divina que engendra fe y obediencia, renunciando así a su carácter objetivo de verdad universal válida. De cierta forma inconsecuente, casi todos los teólogos neo-protestantes se han valido del registro para apoyar racionalmente aquellos fragmentos del total que parecen coincidir con sus puntos de vista divergentes, aun cuando desaprueban la Biblia como un todo de revelación especial de enseñanza divina autorizada. Para los evangélicos ortodoxos, si la información en forma de revelación que Dios les dio a los profetas y apóstoles elegidos debe ser considerada significativa y verdadera, debe ser dada no sólo en conceptos aislados que pueden tener significados diversos, sino en frases o proposiciones. Una proposición—es decir, un sujeto, predicado y verbo que los conecta (o «cópula»)—constituye la unidad lógica mínima de comunicación inteligible. La fórmula de los profetas del Antiguo Testamento «Así ha dicho el Señor» presentaba en forma característica una verdad revelada en forma de proposición. Jesucristo empleó la formula distintiva «Pero yo os digo» para introducir frases lógicamente formadas que presentaba como la verdadera palabra o doctrina de Dios.

La Biblia es autoritativa porque está autorizada divinamente; en sus propios términos, «Toda la Escritura es inspirada por Dios» (2 Timoteo 3:16). De acuerdo a este pasaje, todo el Antiguo Testamento (o cualquier elemento de él) es inspirado divinamente. La extensión de la misma afirmación para el Nuevo Testamento no se declara expresamente, pero no es sólo dada a entender. El Nuevo Testamento contiene indicaciones de que su contenido debía ser visto, y en realidad lo era, como de igual autoridad que el Antiguo Testamento. Los escritos del apóstol Pablo son catalogados con «las demás Escrituras» (2 Pedro 3:15–16, NVI). Bajo el encabezamiento de «Escritura», 1 Timoteo 5:18 cita Lucas 10:7 junto a Deuteronomio 25:4 (compare 1 Corintios 9:9). El libro del Apocalipsis, además, reclama origen divino (1:1–3) y emplea el término «profecía» en el sentido del Antiguo Testamento (22:9–10, 18). Los apóstoles no distinguieron su enseñanza hablada y escrita, pero declararon expresamente que su proclamación inspirada era la Palabra de Dios (1 Corintios 4:1; 2 Corintios 5:20; 1 Tesalonicenses 2:13). (Vea el capítulo «La inspiración de la Biblia».)

El asunto de la inerrancia

La doctrina de la autoridad bíblica ha sido sometida a ataques sobre su confiabilidad histórica y científica, y por haberle seguido supuestamente las huellas a sus enseñanzas hasta llegar a fuentes humanas falibles. Además, la doctrina ha sido innecesariamente oscurecida algunas veces por apologistas extremadamente conservadores que han exagerado lo que presupone e implica la autoridad bíblica. Algunos eruditos conservadores han repudiado toda la crítica histórica como enemiga de la autoridad bíblica y han distinguido a los «verdaderos» cristianos de los falsos sobre la base de su suscripción a la «inerrancia bíblica». Si uno acepta la inspiración divina «plenaria» de la Escritura—es decir, la superintendencia de Dios sobre el todo—, la doctrina de la autoridad bíblica sin duda implica «inerrancia» del contenido. Pero la fe cristiana no puede esperar avanzar sus afirmaciones por medio del repudiar a la crítica histórica. Si lo hiciera, implicaría que para apoyar su posición debe recurrir a ver la historia sin crítica. Para la «alta crítica», que muy a menudo se basó en presunciones arbitrarias que promueven conclusiones injustificables, el evangélico debe responder con una crítica fidedigna que procede de suposiciones legítimas y provee veredictos defendibles.

El cristianismo evangélico debe defender la inerrancia de las Escrituras con un compromiso teológico sano, un compromiso que sea consecuente con lo que la Biblia dice sobre sí misma. Pero no es necesario que repudie la integridad cristiana de todos los que no comparten ese compromiso y que los considere apóstatas sin esperanza. J. Gresham Machen, brillante apologista evangélico de las décadas de 1920 y 1930, y defensor acérrimo de la inerrancia bíblica, escribió que la doctrina de inspiración plenaria «es negada, no sólo por los oponentes liberales del cristianismo, sino también por muchos hombres verdaderamente cristianos … muchos hombres de la iglesia moderna … que aceptan el mensaje central de la Biblia y sin embargo creen que el mensaje nos ha llegado simplemente por la autoridad de testigos confiables que realizaron su obra literaria sin ayuda, por la guía sobrenatural del Espíritu de Dios. Hay muchos que creen que la Biblia es correcta en su punto central, en su relato de la obra redentora de Cristo y, sin embargo, creen que contiene muchos errores. Esos hombres no son realmente liberales sino cristianos, porque han aceptado como verdadero el mensaje sobre el cual depende el cristianismo» (Christianity and Liberalism [Cristianismo y liberalismo], 75).

Sin embargo, Machen mismo nunca vaciló en su convicción de que toda la Biblia se debe considerar «el centro de autoridad». Él estaba convencido de que la doctrina de la inerrancia evita la inestabilidad al exponer la doctrina y la moralidad autoritativa. Insistía que un punto de vista «intermedio» de la Biblia no es sostenible. «Los modernistas», quienes afirman honrar la autoridad de Jesucristo más que la autoridad de las Escrituras, contradicen las enseñanzas de Jesús, puesto que él tenía un concepto muy alto de las Escrituras. Es más, la explicación completa de la vida y obra de Jesús dependía de su crucifixión, resurrección y ministerio celestial, y provino de la inspiración del Espíritu Santo a los apóstoles. Es ilógico seleccionar de las enseñanzas de Jesús durante su ministerio terrenal sólo aquellos elementos que sirven a las suposiciones de uno mismo. El rechazo de la total confiabilidad de las Escrituras puede finalmente guiar a alguien a asignarle a Jesús una vida y propósito diferentes de la idea bíblica de que Jesús murió y resucitó corporalmente para ser la fuente de perdón divino para los pecadores.

La posición evangélica histórica se resume en las palabras de Frank E. Gaebelein, editor general de The Expositors’ Bible Commentary [Comentario bíblico del expositor]. En el prefacio de este comentario, él habló de un «movimiento evangélico erudito [que estaba] dedicado a la inspiración divina, completa confiabilidad y autoridad total de la Biblia». Las Escrituras son autoritativas y totalmente confiables porque son inspiradas divinamente. El teólogo luterano Francis Pieper relacionó directamente la autoridad de la Biblia a su inspiración: «La autoridad divina de las Escrituras descansa solamente en su naturaleza, en su theopneusty»—es decir, su carácter de ser «inspirada por Dios». J. I. Packer comentó que todo compromiso con la veracidad de la Biblia debe ser considerado al mismo tiempo como un compromiso con su autoridad: «Mantener la inerrancia e infalibilidad de la Biblia es simplemente confesar fe en (i) el origen divino de la Biblia, y (ii) la veracidad y confiabilidad de Dios. El valor de estos términos es que conservan los principios de autoridad bíblica; porque las declaraciones que no son absolutamente verdaderas y confiables no podrían ser absolutamente autoritativas». Packer reforzó el argumento demostrando que Cristo, los apóstoles y la iglesia primitiva, todos estuvieron de acuerdo que el Antiguo Testamento era absolutamente confiable y verdadero. Siendo el cumplimiento del Antiguo, el Nuevo Testamento no tenía menos autoridad. Cristo les impartió su misma autoridad a sus discípulos en sus enseñanzas, así que la iglesia primitiva las aceptó. Las Escrituras, como revelación de Dios, están más allá de las limitaciones de la afirmación humana. (Vea el capítulo «La inerrancia e infalibilidad de la Biblia».)

Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (p. 17). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.

Menú 6. Mi relación con Dios: Dios no trabaja en un restaurante de comida rápida

Menú 6. Mi relación con Dios: Dios no trabaja en un restaurante de comida rápida

a1

“Vosotros, pues, oraréis así:

Padre nuestro que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre.

Venga tu reino.

Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy

Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén”.

Mateo 6:9–13.

Ponme esto, con un poco de aquello y con esto, y doble de bendición por favor, y ¡ya! En el nombre de Jesús, Amén.

Este es un ejemplo de la típica oración que en la igleburger nos enseñan.

No debemos tratar a Dios como un trabajador de restaurante de “Fast food”. Ayudados por literatura “cristiana” que enseña a pedir y pedir a Dios, nos imaginamos a Jesús en una barra diciéndonos: “¿qué va a ser?… Enseguida, señor.”

Tomamos oraciones modelo sacadas de una lista de un libro del Antiguo Testamento basando nuestra vida espiritual exclusivamente en nuestras necesidades y no nos fijamos en las profundidades del Padre Nuestro. ¿Para qué tener relación con el Dios de los cielos? Para que solucione nuestros problemas, pensamos algunos.

Es verdad, necesitamos a Dios y mucho, pero no es el único propósito de la oración. Hablar con Dios sería muy aburrido si se limitara a pedir y rogar. No creo que Jesús me salvara para tener ese tipo de relación conmigo. Él mismo nos enseñó cómo estar con el Padre, de qué cosas le gusta que hablemos, cuáles son sus temas preferidos y cómo hacer real en esta tierra las conversaciones que tengamos con Él.

Los discípulos querían aprender mucho de Jesús pero no le dijeron nunca: Señor, enséñanos a predicar, enséñanos a ser relevantes en la sociedad, enséñanos a ser una iglesia atractiva, enséñanos a ser misioneros, enséñanos a tener buenas relaciones. No, ellos le dijeron:

“Enséñanos a orar”. Lucas 11:1.

¡Enséñanos a hablar con Dios! Que petición más genuina y cuán necesaria para el día de hoy. Enséñanos a saber relacionarnos con el Creador, por favor. Y Jesús les respondió:

“Padre Nuestro que estás en los cielos”.

Él es alguien muy cercano, un Padre. Jesús lo llamaba cariñosamente Abba, papá, algo que los judíos no pudieron soportar, por eso lo mataron.

“Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no solo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios”. Juan 5:18.

Pero también es un Dios trascendente, fuera de nuestro alcance y comprensión, Él está en los cielos, más allá de todo, nosotros estamos en la tierra, y le debemos un respeto como Creador, Señor y también Salvador y Redentor. A veces tenemos conceptos erróneos de quien es Dios y eso también nos hace tener ideas equivocadas de lo que somos nosotros y de lo que es la Iglesia. Creo que este punto es central.

Del verdadero conocimiento de Dios emana todo lo demás en nuestra vida cristiana. Nuestra base es lo que sabemos y entendemos de quien es Dios. Hoy ya no se dedica tanta literatura a explicar quién es Él. Es un tema que ha pasado a un segundo plano dejando paso a otras cosas “más prácticas”. Es un terrible error. Que los cimientos de un edificio no se vean no significa que no sean prácticos y que sin ellos lo demás caería por su propio peso.

Dios desea ser conocido como realmente Él es. El nombre técnico de esto es “Teología propia”, lo que sabemos de Dios, lo que dice Dios de sí mismo.

Si nuestro crecimiento espiritual depende de nuestra relación con Dios, esta depende en gran medida de si conocemos o no conocemos realmente a ese Padre Nuestro que está en los cielos. Por eso Jesús empezó así, porque es ahí donde todo empieza, en Él. ¡Gracias Dios por dejarte conocer! Más adelante le dedicó un capítulo a lo que Dios no es, imágenes falsas que hemos creado del Dios verdadero y que nos alejan de la verdadera intimidad con Jesús.

“Santificado sea tu nombre”

El conocimiento teórico no es suficiente. Cuando uno va conociendo a Dios se da cuenta de lo maravilloso que es, de lo sorprendente de su persona, su carácter, su grandeza. Y algo debe cambiar en nosotros. Quedarnos maravillados ante Él nos guía a adorarlo, a alabarlo, a ponerlo aparte de todo, tenerlo como nuestro más especial tesoro, respetar su Señorío. Nos guía a santificar su Nombre. Ponerlo por encima de todo como se merece. Y eso trae crecimiento en nuestras vidas, porque en la medida que reconocemos su lugar en nosotros también vamos descubriendo nuestro lugar en el mundo.

“Venga tu reino, hágase tu voluntad como en el cielo así también en la tierra.”

Muchas personas tienen la experiencia de que al orar parece que sus oraciones caen en saco roto. Se quejan delante de Dios, diciéndole que no responde.

“Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”. Santiago 4:3.

La oración egoísta no contestada se convierte en un motivo para no creer en Él.

La verdad es que la oración fue diseñada, en primer lugar, para traer el reino de Dios a la tierra, no tanto para poner mis peticiones delante de Dios sino para que a través de ella Dios pueda actuar y traer su reino.

La oración es para aquellos que están involucrados en las cosas de Dios, no en las suyas. El reino de Dios que Jesús vino a traer se extiende a través de sus hijos y nuestra tarea es que su reino de justicia, paz y gozo se asiente en nuestras vidas y en la de los que nos rodean. No existe oración que no tenga que ver con el reino de Dios en la tierra.

Imagino la oración como las comunicaciones en un ejército. Es como pedir refuerzos desde el campo de batalla a la base central, o como recibir órdenes de los altos mandos para actuar coordinadamente con el resto. Sin esa comunicación estamos perdidos. No imagino a un soldado en mitad de una pelea pidiendo una hamburguesa doble con queso a su general.

Tristemente es lo que muchos hacemos. Qué absurda petición. Necesitamos decirle a Dios que venga su reino, que estamos en su bando, que sea su voluntad en nuestro lugar de batalla.

Si eres cristiano y no estás en la batalla de traer el reino de Dios a tu vida, es difícil tener una vida de oración viva.

Últimamente veo que la gente al orar cree que debe ordenarle a Dios cosas. Incluso he escuchado que si decimos “que se haga tu voluntad” es falta de fe.

“Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Lucas 22:41, 42.

Jesús oró así en Getsemaní y no creo que podamos acusar a nuestro Señor de falta de fe. Se trataba de una total rendición a los planes de Dios a cualquier precio. No veo esa enseñanza en ninguna parte de la Biblia y me suena más a un acto de orgullo y vanidad y una “espiritupidez” de parte de gente que cree que Dios trabaja en una hamburguesería.

“Danos hoy el pan nuestro de cada día”

Ahora sí. ¡Claro!, hay necesidades diarias que debemos pedir. Algo de pan en la mesa cada día, para mantenernos fuertes para seguir en la pelea. En la historia le han dado muchos significados a ese pan. Algunos dicen que es la palabra de Dios, otros dicen que es el mismo Jesús, otros que se refiere a necesidades materiales. Creo que en verdad es todo eso y más, pero siempre en relación al “Hágase tu voluntad”. Dios es un buen padre y cuida de sus hijos, Él quiere escuchar nuestras peticiones, por supuesto. No estoy en contra de que le digamos a Dios lo que nos pasa y lo que creemos que necesitamos. Sólo considero que en nuestra sociedad se ha hecho demasiado énfasis en esto, descuidando el principio de la oración.

Dios está interesado en nuestras cosas y cuidará siempre de sus hijos, es una de nuestras esperanzas y sé que a Él le gusta que seamos sinceros también en nuestras necesidades, recordando siempre que lo que más necesitamos no es lo que Él nos pueda dar sino Él mismo en nosotros.

“Perdona nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”

El reconocer que le debemos algo a Dios no está de moda. Pero es la verdad.

“Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne”. Romanos 8:12.

“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo”. 1 Corintios 15:10.

Soy lo que soy por la gracia de Dios. Nuestra vida debería ser un constante agradecimiento a Dios por lo que Él ha hecho por nosotros y, aunque nunca le podremos devolver el favor, deberíamos darle todo nuestro servicio por amor. Y también tratar a los demás con la misericordia con la que hemos sido tratados. La oración así se enfoca en lo que hacemos con los demás, sobretodo en perdonar, quizás el acto emocional e intelectual más difícil de hacer para muchos. El reino de Dios es libertad y sin el perdón nada de lo que ocurre en el reino de Dios puede ocurrir.

¿O cómo crees que empezó tu relación con Dios? A través de su perdón. Por eso a Dios le gusta que cuando hablemos con Él resolvamos nuestros conflictos con otros y seamos más como Jesús, y así como recibimos su perdón como un regalo, regalemos perdón a otros.

“De gracia recibisteis, dad de gracia”. Mateo 10:8.

“No nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal”

Reconocer nuestra condición de pecadores que necesitamos su misericordia y su amor para no caer en la tentación es lo más sabio que podemos decirle. Pedirle ayuda sincera para no tropezar. Suplicar a Dios, incluso antes de que la tentación aparezca, es la manera más sana de mantenernos íntegros delante de Él, y demuestra nuestro interés sincero en agradarlo. Porque al final, solo Jesús puede librarnos del mal, del nuestro y del otro.

De esto es de lo que le gusta hablar a Dios con nosotros. De nuestra realidad, de la suya, de planes, de quiénes somos, de qué queremos hacer junto a Él, de qué quiere hacer Él con nosotros, de nuestras inquietudes, de su reino, de sus hijos, de su mundo. Atrévete a tratar a Dios como lo que Él es y acércate como tú eres. Al final esa relación con Dios te llevará a decir:

“Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por siempre. Amén”.

Deja que tu relación con Dios fluya de estos principios y vive de acuerdo a ellos.

 

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 40–41). Álex Sampedro.

 

Jesús cumplió las profecías por casualidad.

Autor: LEE STROBEL

Jesús cumplió las profecías por casualidad.

a1Las probabilidades de que Jesús cumpliera las profecías por casualidad serían increíblemente ínfimas. En realidad, el profesor Peter Stoner, que fue presidente de la División de Ciencias de Westmont College, a mediados de los cincuenta, trabajó con seiscientos estudiantes para determinar cuál sería la mejor estimación de probabilidades matemáticas de que solo ocho profecías del Nuevo Testamento se cumplieran en una sola persona hasta la fecha. Tomándolas en conjunto, Stoner luego calculó que la probabilidad era una en cien millones de 3 billones. El equivalente de esto sería la cantidad de cuadrados de tres centímetros de lado que se necesitaría para cubrir toda la superficie seca del planeta. La gente puede discrepar con las estimaciones a las que llegaron estos estudiantes con los cálculos de Stoner. Al fin de cuentas, es difícil cuantificar las profecías, y los criterios de evaluación pueden variar. Stoner retó a los escépticos a producir sus propias estimaciones y hacer ellos los cálculos. Pero cuando examiné las profecías, tuve que concordar con la conclusión suya: la probabilidad de que alguien cumpliera por mera coincidencia estas antiguas predicciones era absolutamente mínima. «Solamente las probabilidades indican que sería imposible que alguien cumpliera las profecías del Antiguo Testamento. Sin embargo, Jesús y solo él en toda la historia, logró hacerlo», dice Louis Lapides, que se crió en un hogar conservador
judío pero que luego se convirtió en cristiano y más adelante en pastor, después de estudiar las profecías.

Jesús cumplió de manera intencionada las profecías.

Aunque Jesús podría haber maniobrado su vida para cumplir ciertas profecías, muchas de éstas hubieran estado completamente fuera de su control, como su lugar de nacimiento, sus antepasados, el haber sido traicionado por treinta piezas de plata, la manera en que lo mataron, el que no le hubiesen quebrado las piernas en la cruz o que los soldados apostaran para quedarse con sus prendas.

Los escritores de los Evangelios inventaron los detalles.

Algunos críticos sostienen que los Evangelios, simplemente, cambiaron los detalles de su vida para hacer que Jesús cumpliera con las profecías. Louis Lapides ofrece esta defensa: «Cuando los Evangelios comenzaron a circular, había gente que había vivido en el tiempo en que sucedieron estas cosas. Alguien le hubiera dicho a Mateo: «Oye, no sucedió así. Estamos tratando de comunicar una vida de rectitud y verdad, por lo tanto no la manches con una mentira». Y agregó que, por otro lado:’¿por qué razón Mateo inventaría profecías cumplidas y luego permitiría que lo mataran por seguir a alguien que bien sabía que no era el Mesías? Péro todavía más, aunque el Talmud judío hace referencia a Jesús en términos derogatorios, nunca alega que el cumplimiento de las profecías fuera falso.

Los Evangelios malinterpretaron las profecías.

Según Mateo, los padres de Jesús lo llevaron a Egipto y luego regresaron a Nazaret, después de la muerte de Herodes; «De este modo se cumplió lo que el Señor había dicho por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo»» (Mateo 2:15). Los críticos, sin embargo, señalan que esta referencia del Antiguo Testamento se refería a los hijos de Israel que habían salido de Egipto con el éxodo. Para ellos es un ejemplo de cómo se interpretan fuera de contexto las profecías, para alegar falsamente que Jesús cumplió lo que los profetas dijeron.

«Es cierto que el Nuevo Testamento aplicó ciertos pasajes del Antiguo Testamento a Jesús que no profetizaban directamente de él -explica Norman Geisler-. Muchos eruditos ven estas referencias cumplidas en Cristo según la «tipología» … En otras palabras, alguna verdad en el pasaje se puede aplicar a Cristo en forma apropiada, a pesar de que no se profetizó específicamente de él. Otros eruditos dicen que hay un cierto significado genérico en ciertos pasajes del Antiguo Testamento que se ajustan a Israel y Cristo, a los cuales se les llama «hijos» de Dios. A esto, a veces, se le llama «punto de vista de referencia doble» de la profecía».

Muchos psíquicos han adivinado el futuro.

Un estudio cuidadoso del historial de los psíquicos, desde Nostradamus a Jeane Dixon, muestra que, a diferencia de las profecías bíblicas, sus predicciones son extremadamente vagas, en ocasiones contradictorias, y muy a menudo resultan falsas. Dixon es recordada por haber predicho la elección de John Kennedy en 1960, pero la gente se olvida que luego predijo ¡que ganaría Richard Nixon! Un análisis de las profecías de veinticinco psíquicos demostró que en el noventa y dos por ciento de los casos estaban totalmente equivocadas, a diferencia de las profecías bíblicas que invariablemente se cumplían.

El cumplimiento milagroso de Jesús de las profecías de la antigüedad es todavía uno de los argumentos más sólidos para confirmar su identidad. Quienes escudriñan cuidadosamente estos antecedentes, encontrarán que no es fácil descartar estas predicciones. Uno de mis ejemplos favoritos lo suministra el Dr. Peter Greenspan, un obstetra y ginecólogo judío que también es profesor en una facultad de medicina, que dice que cuantos más libros leía escritos por críticos que intentaban atacar las profecías, más reconocía las fallas de sus argumentaciones. Irónicamente, concluyó Greenspan, «Creo que llegué a tener fe en Y’shua (Jesús) al leer lo que sus detractores escribieron».

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler