UN BUEN SOLDADO

UN BUEN SOLDADO

la-verdad-para-hoy

11/5/2016

Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. (2 Timoteo 2:3)

alimentemos_el_almaValor, convicción e integridad son virtudes respetables desde un punto de vista secular, pero es necesario que se manifiesten en la vida de todos los cristianos. Es que el nombre “cristiano” nos identifica con Cristo, que nunca transigió ni se apartó de la verdad. Él es el ejemplo perfecto de integridad valerosa.

Es lógico entonces que se nos llame a ser estables y estar firmes como Cristo y no dudar (Stg. 1:6). Exhortaciones a estar firmes (Ef. 6:11, 13-14) y ser fuertes (1 Co. 16:13; 2 Ti. 2:1) confirman que hemos de ser valerosos al vivir para Jesucristo.

Casi todos deseamos verdaderamente estar firmes y no tropezar en nuestro andar con Cristo. Ninguno de nosotros quiere ser aplastado bajo el peso de las pruebas de la vida ni ser derrotado por el ataque furioso del mundo, de la carne y de Satanás. Pero debemos comprender que permanecer firmes y ser fuertes no es fácil porque libramos una lucha espiritual (2 Ti. 2:3-4). Tenemos que estar preparados para sufrir penalidades a lo largo del camino como buenos soldados de la fe.

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Definiendo La Libertad

Definiendo La Libertad

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Charles R. Swindoll

alimentemos_el_almaSin llegar a convertirme innecesariamente en un académico,  quiero definir una expresión que he utilizado con frecuencia. ¿Qué quiero decir cuando declaro que el creyente tiene libertad? Esencialmente, la libertad nos deja libre de algo y libre para hacer algo.

La libertad es ser libre de la esclavitud y de la servidumbre. Es inicialmente libertad del poder y de la culpa del pecado. Es libertad de la ira de Dios. Es libertad de la autoridad satánica y demoniaca. E igualmente importante, es libertad de la vergüenza que tan fácilmente pudiera atarme, así como también libertad de la tiranía de las opiniones, obligaciones y expectativas de otros.

Hubo un tiempo en mi vida sin Cristo cuando no tenía libertad de los deseos e impulsos internos. Estaba a merced de mi amo Satanás y el pecado era mi estilo de vida. Cuando los impulsos surgían por dentro, no tenía nada que me contuviera, nada que me restringiera. Era una esclavitud horrible.

Por ejemplo, en mi vida personal los celos me controlaron por muchos años haciéndome completamente infeliz. Consumían mi vida. Servía de la misma manera como un esclavo sirve a su dueño. Entonces llegó el día cuando fui despertado espiritualmente a la encantadora gracia de Dios y le permití que asumiera todo el control, y casi antes de que me diera cuenta los celos murieron. Sentí por primera vez, tal vez en toda mi vida, el verdadero amor; el gozo, el romance, la espontaneidad, la creatividad libre producida por la gracia de una esposa fiel, que me amaba pasara lo que pasara, que estaba comprometida a mí en fidelidad por toda su vida. Ese amor y ese compromiso me motivaron a amar a mi vez más libremente que nunca. Ya no amaba debido al temor de perderla, sino que amaba debido al gozo y la bendición conectados con ser amado incondicionalmente y sin restricciones.

Ahora que Cristo ha venido a mi vida, y he sido despertado a Su gracia, Él ha provisto libertad de ese tipo de esclavitud al pecado. Y junto con eso viene una libertad que trae una intrepidez, casi un sentido de invencibilidad en presencia de la adversidad. Este poder, tenga presente, se debe a Cristo, que vive en mí.

Además, también ha traído una libertad gloriosa de la maldición de la ley. Con esto quiero decir libertad de la constancia de sus exigencias a desempeñarse para agradar a Dios o a otros. Es libertad del temor de la condenación ante Dios así como también de una conciencia acusadora. Libertad de las demandas de otros, y de todas las obligaciones y exigencias del público en general.

Tal libertad es motivada por el amor incondicional. Cuando la gracia de Cristo se despierta por completo en la vida de uno, uno ya no se halla haciendo algo por el temor, o a la vergüenza, o la culpa, sino haciéndolo por amor. La horrenda tiranía de actuar con fin de agradar a alguien se acabó . . . para siempre.

La gracia también trae libertad para algo más: libertad para disfrutar de los derechos y privilegios de estar fuera de la esclavitud y de conceder a otros tal libertad. Es libertad para disfrutar y experimentar una nueva clase de poder que sólo Cristo puede dar. Es libertad para llegar a ser todo lo que Él propuso que yo sea, independientemente de cómo Él dirija a otros. Puedo ser yo, plena y libremente. Es libertad para conocer a Dios de una manera independiente y personal. Y esa libertad entonces es dada a otros a fin de que ellos puedan ser todo lo que se supone que deben ser; ¡diferentes de mí!

Como ve, Dios no está produciendo creyentes con un molde de galletas por todo el mundo a fin de que todos pensemos igual, y nos veamos igual, y sonemos igual y actuemos igual. El cuerpo tiene variedad. Nunca fue el propósito que todos tengamos el mismo temperamento, y usemos el mismo vocabulario, y esbocemos la misma sonrisa melosa, y nos vistamos con el mismo vestido y desempeñemos el mismo ministerio. Repito: a Dios le agrada la variedad. Esta libertad para ser lo que somos no es nada menos que magnifica. Es libertad para tomar decisiones, libertad para conocer la voluntad de Dios, libertad para andar en ella, libertad para que yo obedezca Su dirección en mi vida y usted las suyas. Una vez que uno ha probado esa libertad, ninguna otra cosa satisface.

Tal vez debería volver a recalcar que es una libertad por la que usted tendrá que luchar. ¿Por qué? Porque las filas del cristianismo están llenas de aquellos que comparan, y a quienes les encanta controlarlo y manipularlo para que usted sea igual de infeliz como ellos. Después de todo, si ellos están determinados a ser “rígidos, sombríos, aburridos e inquietos,” entonces esperan que usted sea igual. “A la miseria le encanta la compañía” es el lema tácito de los legalistas, aunque jamás lo admitirían.

Adaptado de The Grace Awakening Devotional, Charles R. Swindoll, © 2003, Thomas Nelson, Inc., Nashville, Tennessee. Reservados todos los derechos.

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¿MANOS LLENAS O VACÍAS?

¿MANOS LLENAS O VACÍAS?

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Pablo Martini
Programa No. 2016-11-05

alimentemos_el_almaLa protagonista del libro de Ruth, en la Biblia, se llamaba Noemí. Esta mujer disfrutaba de una hermosa familia formada por su esposo y dos hijos varones. Llegó la crisis económica y tuvieron que emigrar a tierras lejanas, al extranjero. Allí, su estabilidad económica mejoró pero males peores le esperaban. Primero su esposo, luego uno de sus hijos, y por último el otro; los tres hombres de la casa murieron. Devastada, pobre y viuda, regresa a su tierra natal con la tristeza dibujada en el rostro. Escuchemos lo que dice mientras transita las calles de su aldea  ante la mirada impertérrita de las vecinas: “Habiendo entrado en Belén, toda la ciudad se conmovió por causa de ella, y decían: ¿No es ésta Noemí?  Y ella les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso. Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías.” Ruth 1:19-21. Pero ¿cómo es eso Noemí que te fuiste con las manos llenas? ¿Si dice el relato que tus finanzas estaban en cero?…Creo que si Noemí viviese nos respondería algo así: “Sí, mi capital económico estaba en cero, pero mi capital de vida, que era mi familia, mi esposo y mis hijos estaba intacto y creciendo. Pero no supe verlo. Sólo miré la cuenta en el banco y me fui. Me fui lejos, pero me arrepiento. Cuando me fui estaba llena, satisfecha con mi familia. ¿Por qué me fui? La verdadera riqueza la tuve cuando tenía a mi esposo y a mis hijos con migo y no teníamos dinero. Ahora Dios me ha traído de vuelta con las manos vacías. Quizás con un poco más de dinero, pero sin familia”. Lamentablemente nos damos cuenta del valor que tienen las cosas cuando las perdemos. Dios mira a la familia como un bien mayor. La pregunta que nos debemos hacer es si nosotros vemos a nuestra familia como un bien o como una carga. Piensa ¿venderías a tu esposa por un trabajo?… ¿Venderías a tus hijos por un partido de vóley?… Estoy seguro que no. Pero si invertimos horas mirando T.V., o divirtiéndonos con los amigos estamos cambiando el tesoro de la familia por espejitos de cotillón.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Las cosas de más valor no son cosas. (Heber A. Gallitto)

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El Verbo se hace carne

Juan 1-3

9781586403546

alimentemos_el_alma1 En el principio existía[a] el Verbo[b], y el Verbo estaba[c] con Dios, y el Verbo era Dios. El[d] estaba[e] en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de El, y sin El nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En El estaba[f] la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron[g].

Vino al mundo un[h] hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan. Este vino como testigo, para testificar de la luz, a fin de que todos creyeran por medio de él.No era él[i] la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz.

Existía[j] la luz verdadera que, al venir al mundo, alumbra a todo hombre[k]. 10 En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de El, y el mundo no le conoció. 11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho[l] de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre, 13 que no nacieron[m] de sangre[n], ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.

El Verbo se hace carne

14 Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito[o] del Padre, lleno de gracia y de verdad. 15 Juan dio* testimonio de Ely clamó, diciendo: Este era del que yo decía: “El que viene después de mí, es antes de mí[p], porque era primero que yo.” 16 Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia. 17 Porque la ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad fueron hechas realidad por medio de Jesucristo. 18 Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios[q], que está en el seno del Padre, El le ha dado a conocer.

Testimonio de Juan el Bautista

19 Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas de Jerusalén a preguntarle: ¿Quién eres tú? 20 Y él confesó y no negó; confesó: Yo no soy el Cristo[r]. 21 Y le preguntaron: ¿Entonces, qué? ¿Eres Elías? Y él dijo*: No soy. ¿Eres el profeta? Y respondió: No. 22 Entonces le dijeron: ¿Quién eres?, para que podamos dar respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? 23 El dijo: Yo soy la voz del que clama en el desierto: “Enderezad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías. 24 Los que habían sido enviados eran de los fariseos. 25 Y le preguntaron, y le dijeron: Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Cristo[s], ni Elías, ni el profeta? 26 Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo en[t] agua, peroentre vosotros está Uno a quien no conocéis. 27 El es el que viene después de mí, a quien yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia. 28 Estas cosas sucedieron en Betania[u], al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

El Cordero de Dios

29 Al día siguiente vio* a Jesús que venía hacia él, y dijo*: He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. 30 Este es aquel de quien yo dije: “Después de mí viene un hombre que es antes de mí[v] porque era primero que yo.” 31 Y yo no le conocía[w], pero para que El fuera manifestado a Israel, por esto yo vine bautizando en[x] agua. 32 Juan dio también testimonio, diciendo: He visto al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y se posó sobre El. 33 Y yo no le conocía[y], pero el que me envió a bautizar en[z] agua me dijo: “Aquel sobre quien veas al Espíritu descender y posarse sobre El, éste es el que bautiza en[aa] el Espíritu Santo.” 34 Y yo le he visto y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.

Los primeros discípulos

35 Al día siguiente Juan estaba otra vez allí con[ab] dos de sus discípulos, 36 y vio a Jesús que pasaba, y dijo*: He ahí el Cordero de Dios. 37 Y los dos discípulos le oyeron hablar, y siguieron a Jesús. 38 Jesús se volvió, y viendo que le seguían, les dijo*: ¿Qué buscáis? Y ellos le dijeron: Rabí (que traducido quiere decir, Maestro), ¿dónde te hospedas? 39 El les dijo*: Venid y veréis. Entonces fueron y vieron dónde se hospedaba; y se quedaron con El aquel día, porque era como la hora décima[ac]. 40 Uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús era Andrés, hermano de Simón Pedro. 41 El encontró* primero a su hermano Simón, y le dijo*: Hemos hallado al Mesías (que traducido quiere decir, Cristo[ad]). 42 Entonces lo trajo a Jesús. Jesús mirándolo, dijo: Tú eres Simón, hijo de Juan[ae]; tú serás llamado Cefas (que quiere decir: Pedro[af]).

Felipe y Natanael

43 Al día siguiente Jesús se propuso salir para Galilea, y encontró* a Felipe, y le dijo*: Sígueme. 44 Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y de Pedro.45 Felipe encontró* a Natanael y le dijo*: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, y también los profetas, a Jesús de Nazaret, el hijo de José. 46 Y Natanael le dijo: ¿Puede algo bueno salir de Nazaret? Felipe le dijo*: Ven, y ve.47 Jesús vio venir a Natanael y dijo* de él: He aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño. 48 Natanael le dijo*: ¿Cómo es que me conoces? Jesús le respondió y le dijo: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. 49 Natanael le respondió: Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. 50 Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije que te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que éstas verás. 51 Y le dijo*: En verdad, en verdad os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre.

La boda de Caná

Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús; y también Jesús fue invitado, con[ag] sus discípulos, a la boda. Cuando se acabó el vino, la madre de Jesús le dijo*: No tienen vino. Y Jesús le dijo*: Mujer, ¿qué nos va a ti y a mí en esto? Todavía no ha llegado mi hora. Su madredijo* a los que servían: Haced todo lo que El os diga. Y había allí seis tinajas de piedra, puestas para ser usadas en el rito de la purificación de los judíos; en cada una cabían dos o tres cántaros[ah]. Jesús les dijo*: Llenad de agua las tinajas. Y las llenaron hasta el borde. Entonces les dijo*: Sacad ahora un poco y llevadlo al maestresala[ai]. Y se lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, y como no sabía de dónde era (pero los que servían, que habían sacado el agua, lo sabían), el maestresala llamó* al novio, 10 y le dijo*: Todo hombre sirve primero el vino bueno, y cuando ya han tomado bastante, entonces el inferior; pero tú has guardado hasta ahora el vino bueno. 11 Este principio de sus señales[aj]hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en El.

12 Después de esto bajó a Capernaúm, El, con su madre, sus hermanos y sus discípulos; pero allí no se quedaron muchos días.

Jesús echa a los mercaderes del templo

13 La Pascua de los judíos estaba cerca, y Jesús subió a Jerusalén, 14 y encontró en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los que cambiaban dinero allí sentados. 15 Y haciendo un azote de cuerdas, echó a todos fuera del templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó las monedas de los cambistas y volcó las mesas; 16 y dijo a los que vendían palomas: Quitad esto de aquí; no hagáis de la casa de mi Padre una casa de comercio. 17 Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu casa me consumira. 18 Entonces los judíos respondieron y le dijeron: Ya que haces estas cosas, ¿qué señal nos muestras? 19 Jesús respondió y les dijo: Destruid este templo[ak], y en tres días lo levantaré. 20 Entonces los judíos dijeron: En cuarenta y seis años fue edificado este templo[al], ¿y tú lo levantarás en tres días? 21 Pero El hablaba del templo[am] de su cuerpo. 22 Por eso, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron de que había dicho esto; y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jesús había hablado.

Los primeros creyentes en Jerusalén

23 Cuando estaba en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver las señales que hacía. 24 Pero Jesús, por su parte, no se confiaba a ellos, porque conocía a todos, 25 y[an] no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre, pues El sabía lo que había en el hombre.

El nuevo nacimiento

3 Había un hombre de los fariseos, llamado Nicodemo, prominente[ao] entre los judíos. Este vino a Jesús[ap] de noche y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer las señales[aq] que tú haces si Dios no está con él. Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo[ar] no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo*: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer? Jesús respondió: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te asombres de que te haya dicho: “Os es necesario nacer de nuevo[as].” El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede ser esto? 10 Jesús respondió y le dijo: Tú eres maestro de Israel, ¿y no entiendes estas cosas? 11 En verdad, en verdad te digo que hablamos lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no recibís nuestro testimonio. 12 Si os he hablado de las cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las celestiales?13 Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombreque está en el cielo[at]. 14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que sea levantado el Hijo del Hombre, 15 para que todo aquel que cree, tenga en El[au] vida eterna.

El amor de Dios

16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito[av], para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El. 18 El que cree en El no es condenado[aw]; pero el que no cree, ya ha sido condenado[ax], porque no ha creído en el nombre del unigénito[ay] Hijo de Dios. 19 Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas. 20 Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas.21 Pero el que practica la verdad viene a la luz, para que sus acciones sean manifestadas que han sido hechas en Dios.

Testimonio final de Juan el Bautista

22 Después de esto vino Jesús con sus discípulos a la tierra de Judea, y estaba allí con ellos, y bautizaba. 23 Juan también bautizaba en Enón, cerca de Salim, porque allí había mucha agua[az]; y muchos venían y eran bautizados. 24 Porque Juan todavía no había sido metido en la cárcel. 25 Surgió entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío acerca de la purificación. 26 Y vinieron a Juan y le dijeron: Rabí, mira, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien diste testimonio, está bautizando y todos van a El. 27 Respondió Juan y dijo: Un hombre no puede recibir nada si no le es dado del cielo. 28 Vosotros mismos me sois testigos de que dije: “Yo no soy el Cristo[ba], sino que he sido enviado delante de El.” 29 El que tiene la novia es el novio, pero el amigo del novio, que está allí y le oye, se alegra en gran manera con la voz del novio. Y por eso, este gozo mío se ha completado. 30 Es necesario que El crezca, y que yo disminuya.

31 El que procede de arriba está por encima de todos; el que es de la tierra, procede[bb] de la tierra y habla de la tierra. El que procede del cielo está sobre todos. 32 Lo que El ha visto y oído, de eso da testimonio; y nadie recibe su testimonio. 33 El que ha recibido su testimonio ha certificado esto: que Dios es veraz. 34 Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, pues El da el Espíritu sin medida[bc]. 35 El Padre ama al Hijo y ha entregado todas las cosas en su mano. 36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece[bd]al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.

Notas al pie:

  1. Juan 1:1 O, era
  2. Juan 1:1 O, la Palabra, y así en el resto del cap.
  3. Juan 1:1 O, existía
  4. Juan 1:2 Lit., Este
  5. Juan 1:2 O, existía
  6. Juan 1:4 O, existía
  7. Juan 1:5 O, dominaron
  8. Juan 1:6 O, Hubo un
  9. Juan 1:8 Lit., aquél
  10. Juan 1:9 O, Había, o, Era
  11. Juan 1:9 O, que alumbra a todo hombre que viene al mundo
  12. Juan 1:12 O, poder
  13. Juan 1:13 O, no fueron engendrados
  14. Juan 1:13 Lit., de sangres
  15. Juan 1:14 O, único
  16. Juan 1:15 O, tiene un rango más elevado que yo
  17. Juan 1:18 Algunos mss. dicen: Hijo
  18. Juan 1:20 I.e., el Mesías
  19. Juan 1:25 I.e., el Mesías
  20. Juan 1:26 Aquí el gr. puede traducirse: por, en, o, con
  21. Juan 1:28 Algunos mss. posteriores dicen: Betábara
  22. Juan 1:30 O, tiene un rango más elevado que yo
  23. Juan 1:31 I.e., como el Mesías
  24. Juan 1:31 Aquí el gr. puede traducirse: por, en, o, con
  25. Juan 1:33 I.e., como el Mesías
  26. Juan 1:33 Aquí el gr. puede traducirse: por, en, o, con
  27. Juan 1:33 Aquí el gr. puede traducirse: por, en, o, con
  28. Juan 1:35 Lit., y
  29. Juan 1:39 I.e., las cuatro de la tarde
  30. Juan 1:41 Gr., el Ungido
  31. Juan 1:42 Gr., Joannes, llamado Jonás en Mat. 16:17
  32. Juan 1:42 I.e., piedra, o, roca
  33. Juan 2:2 Lit., y
  34. Juan 2:6 Un cántaro equivale a unos 40 litros
  35. Juan 2:8 O, mayordomo
  36. Juan 2:11 O, milagros
  37. Juan 2:19 O, santuario
  38. Juan 2:20 O, santuario
  39. Juan 2:21 O, santuario
  40. Juan 2:25 Lit., y que
  41. Juan 3:1 O, principal
  42. Juan 3:2 Lit., El
  43. Juan 3:2 O, los milagros
  44. Juan 3:3 O, de arriba
  45. Juan 3:7 O, de arriba
  46. Juan 3:13 Muchos mss. antiguos no incluyen: que está en el cielo
  47. Juan 3:15 Algunos mss. dicen: que cree en El, tenga
  48. Juan 3:16 O, único; i.e., único de su género
  49. Juan 3:18 O, juzgado
  50. Juan 3:18 O, juzgado
  51. Juan 3:18 O, único; i.e., único de su género
  52. Juan 3:23 Lit., muchas aguas
  53. Juan 3:28 I.e., el Mesías
  54. Juan 3:31 Lit., es
  55. Juan 3:34 Lit., El no da el Espíritu por medida
  56. Juan 3:36 O, cree
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