El Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados

10 de agosto

«El Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados».

Mateo 9:6

He aquí una de las más extraordinarias habilidades del gran Médico: ¡tiene poder para perdonar pecados! Mientras vivió aquí —aun antes de que pagase el rescate, antes de que se rociara la sangre sobre el propiciatorio—, Jesús tenía poder para perdo nar. ¿Acaso no lo tendrá ahora, después de haber muerto por el pe cador? ¡Qué poder debe residir en Aquel que pagó puntualmente todas las deudas de su pueblo hasta el último céntimo! Ahora, que ha terminado con la transgresión y vencido el pecado, Jesús tiene un poder ilimitado. Si lo dudas, ¡míralo mientras resucita de entre los muertos; contémplalo en su creciente esplendor, ya exaltado a la diestra de Dios! ¡Óyelo cuando intercede delante del eterno Padre, mostrando sus heridas, presentando los mé ritos de su sagrada Pasión! ¡Qué poder para perdonar hay en él! «Subiendo a lo alto […] dio dones a los hombres» (Ef. 4:8). «A éste Dios ha exaltado con su diestra […] parar dar a Israel arre pentimiento y perdón de pecados» (Hch. 5:31). El rojo carmesí de su sangre borra los pecados más escarlatas que haya. Querido lector, cualquiera que sea en estos momentos tu maldad, Cristo tiene poder para perdonar: para perdonarte a ti y a millares de otros como tú. Con una sola palabra lo hará. Él no necesita hacer nada más para obtener tu perdón; pues toda la obra de expiación ha quedado concluida. Él puede, en respuesta a tus lágrimas, perdonar hoy tus pecados y hacértelo saber: es capaz de infundir en tu alma, en este mismo momento, una paz con Dios que sobrepase to do entendimiento, la cual brotará de la perfecta remisión de tus múltiples iniquidades. ¿Crees esto? Yo confío en que lo crees. ¡Puedes experimentar ahora mismo el poder de Jesús para perdonar pecados! No tardes en acudir al Médico de las almas, sino ve pronto a él y dile palabras como estas:

Lávame, por piedad; por amor, límpiame

con tu sangre, Cordero de Dios;

y mi lengua agradecida cantará

alabanza, bendición y amor.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 232). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Booz se casó con Rut

10 AGOSTO

Rut 3–4 | Hechos 28 | Jeremías 38 | Salmos 11–12

Los académicos no se ponen de acuerdo sobre la importancia social de cada acción que se toma en Rut 3–4, pero la línea general es bastante clara. Es casi seguro que no se seguían muy consistentemente las leyes del levirato, las cuales permitían u ordenaban a los hombres casarse con sus cuñadas viudas bajo algunas circunstancias para mantener el nombre familiar. Siguiendo las instrucciones de Noemí, Rut tomó un poco de iniciativa: se acostó a los pies de Booz en un área donde sólo dormían los hombres. Cuando él se despertó, ella de dijo: “Extiende sobre mí el borde de tu manto, ya que tú eres un pariente que me puede redimir” (3:9). Esto fue una invitación, pero no barata. Le indicó a él su disposición de ser su esposa, si Booz ejecutaba su deber como pariente-redentor. Booz lo recibió como un halago: aparentemente, había suficiente diferencia de edad entre ellos (3:10, sumado a su costumbre de referirse a Rut como “hija mía”) de modo que le conmueve la disposición de ella para casarse con él en vez de buscar a los jóvenes.

La historia continúa con integridad romántica. A Hollywood no le gustaría en absoluto: no hay nada de sexo apasionado, y menos prematrimonial. Pero el relato tiene un encanto seductor, junto con un respeto íntegro a la tradición y al procedimiento, así como un claro conocimiento de la naturaleza humana. Finalmente, Noemí predice con seguridad que Booz “no va a descansar hasta dejar resuelto este asunto hoy mismo” (3:18).

Tenía razón, desde luego. La puerta de la ciudad era el lugar para los acuerdos públicos y allí Booz tomó a diez ancianos como testigos y con delicadeza exigió que el hombre que era el pariente más cercano de Noemí (y que por tanto tenía derecho a rehusar primero) cumpliera sus obligaciones como pariente-redentor o abandonara legalmente esa posibilidad (4:1–4). Aparentemente, en aquella época los derechos matrimoniales estaban vinculados a la posesión de la tierra del marido difunto. A este pariente-redentor le hubiera encantado obtener la tierra, pero no quiso casarse con Rut. Su hijo primogénito en ese tipo de unión recibiría la propiedad y herencia familiar del marido difunto; los próximos hijos heredarían del padre natural. Pero la situación era complicada. ¿Y qué si Rut sólo engendraba un hijo?

Así que Booz se casó con Rut y ella dio a luz un hijo, a quien llamaron Obed. A Noemí no sólo le regalan un nieto, sino una familia entera dispuesta y capaz de cuidar de ella.

En cierto sentido, esta es una historia sencilla de la fidelidad de Dios en las cosas pequeñas de la vida, en una época de malestar social, declive religioso, confusión política y anarquía frecuente. Dios aún tiene a su pueblo: trabajando arduamente, actuando con honor, casándose, engendrando hijos, cuidando de los mayores. No tenían idea de que el linaje de Obed engendraría al rey David y, según la carne, al Rey Jesús.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 222). Barcelona: Publicaciones Andamio.

En busca de la ayuda de Dios

10 Agosto 2017

En busca de la ayuda de Dios
por Charles R. Swindoll

Salmos 27

Aunque la primera reacción de David hacia el temor no era un ruego de auxilio lleno de pánico, eso no significaba que él vivía en negación. Más bien, significaba que él celebraba el poder de Dios y recordaba los triunfos pasados. David utilizaba ese momento para pedirle a Dios lo que necesitaba. Sin el pánico atacándolo, David expresaba sus deseos con una emoción intensa.

Peticiones

Escucha, oh Señor,
mi voz con que clamo a ti.
Ten misericordia de mí y respóndeme.
Mi corazón ha dicho:
“Busquen su rostro”.
¡Tu rostro buscaré, oh Señor!
No escondas de mí tu rostro;
no apartes con ira a tu siervo.
Tú has sido mi ayuda;
no me dejes ni me desampares,
oh Dios de mi salvación.
Aunque mi padre y mi madre me dejen,
con todo, el Señor me recogerá.
Enséñame, oh Señor, tu camino;
guíame por sendas de rectitud
a causa de los que me son contrarios.
No me entregues a la voluntad de mis adversarios,
porque contra mí se han levantado
testigos falsos que respiran violencia. ( vv. 7-12)

Más que analizar estos versículos de manera individual, analicémoslos como un conjunto. Observe los imperativos que aparecen en estos versículos.

Versículo 7: » Escucha… ten misericordia de mí… respóndeme».
Versículo 9: » No escondas… no apartes… no me dejes ni me desampares».
Versículo 11: «Enséñame…guíame».

Versículo 12: «No me entregues a… mis adversarios».
A mí me parece que David no está haciendo una oración monótona como si fuera un rezo mecánico. Yo creo que David está abriéndose ante Dios, una oración llena de determinación. De manera respetuosa y con efervescencia ilimitada, el compositor menciona sus peticiones sabiendo que son parte de la voluntad de Dios. En otras palabras, David no le estaba pidiendo a Dios nada que él no le hubiese prometido ya. En la actualidad, sería bueno que imitásemos al salmista con esa clase de oraciones. Después de todo, el Señor quiere concedernos esas peticiones. Los siguientes son tres versículos que hablan del mismo tema:

Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia para que alcancemos misericordia y hallemos gracia para el oportuno socorro (Hebreos 4:16).
La ferviente oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho (Santiago 5:16).

Por nada estén afanosos; más bien, presenten sus peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias (Filipenses 4:6).

Cuando leo estos versículos, me doy cuenta que muchas veces nos hace falta ser más fervientes con nuestras oraciones. Nos falta ser más abiertos. Debemos pedirle a Dios de corazón. Nuestro Dios se complace cuando le pedimos honestamente y sin dudar.

Antes de pasar a la última estrofa de la canción de David, note lo que dice el versículo 10: «Aunque mi padre y mi madre me dejen, con todo, el Señor me recogerá». En medio de esa lista de peticiones, encontramos una admisión breve de David. Sus padres, por alguna razón que no conocemos, le habían «abandonado». El término original hebreo  significa abandono o deserción. A mí me intriga que los propios padres de David lo habían abandonado aun cuando él era un hombre justo. Pero también me emociona ver la seguridad de David al decir: «el Señor me recogerá».

¿Recuerda usted las conmovedoras palabras de Isaías 49:15 -16? ¡Qué gran esperanza nos ofrecen!

¿Acaso se olvidará la mujer de su bebé, y dejará de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque ellas se olviden, yo no me olvidaré de ti. 16 He aquí que en las palmas de mis manos te tengo grabada; tus murallas están siempre delante de mí.

El profeta, hablando de parte de Dios, dice que las madres tal vez pueden olvidarse de sus recién nacidos, pero el Señor nunca olvida a los suyos. Y eso le incluye a usted.

¿Le han abandonado? ¿Sus padres se han vuelto contra usted? Aun cuando usted ha intentado mantener una relación saludable con ellos, ¿ellos no le comprenden? ¿No están de acuerdo con usted? Rehúse caer en la amargura. Acepte la seguridad que el Señor quiere darle. Usted no tiene nada que temer porque usted tiene en su corazón al que ha vencido el temor. Su cuidado es más constante que el de sus padres.

Afirmando el alma
¿Pasa usted mucho tiempo bajo presión? (A propósito, la presión es otra forma de temor). Durante esta semana, planee al menos un par de veces, alejarse de sus actividades normales y dedique ese tiempo a cantarle alabanzas a Dios y a presentar sus peticiones. Mírelo como una inversión en su productividad espiritual.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

¿Y mañana?

Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas… Teme al Señor, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos.

Proverbios 3:5-8

¿Y mañana?

Muchas personas, ante la avalancha de consejos y advertencias para proteger el planeta o cuidar nuestra salud, reaccionan y se someten a una higiene de vida muy estricta. Pero, ¿basta esto para darnos la seguridad sobre el futuro? ¿Qué sucederá mañana?

Nuestro mañana será diferente si recibimos las palabras de Dios. Pero, ¿le damos crédito a Dios, o preferimos fiarnos de nuestra propia sabiduría?

Obviamente, creer lo que Dios dice es ver muy lejos, más lejos que el futuro inmediato, es la seguridad de una eternidad junto a Dios, completamente feliz. Pero quizás, y con razón, el día de hoy le preocupe y le impida ver más lejos. ¡A lo mejor usted no puede comprender qué beneficio le aportará el hecho de creer en Dios desde hoy!

Dios quiere darse a conocer a cada uno de nosotros como Aquel cuyo amor sobrepasa toda esperanza. Nos asegura aquello que nadie puede darnos: un futuro sin sombras en su presencia, y desde ahora la paz interior y el gozo, incluso en la adversidad. ¡Sí, aquello que los hombres buscan desesperadamente sin Dios, solo se encuentra en él!

Pero, dirá usted: si Dios existe, ¿cómo podría acercarse a él alguien como yo? Ciertamente esto no es posible… sin pasar por Jesucristo. Él se acercó a nosotros para atraernos a él. Nos pide que oremos con fe, que creamos que él hizo todo para llevarnos a Dios. ¡Lea el Evangelio, créalo, y así podrá mirar el futuro con confianza!

1 Crónicas 23 – Lucas 19:1-27 – Salmo 92:5-9 – Proverbios 21:5-6

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La vida penitente

La vida penitente

8/9/2017

Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. (Santiago 2:17)

Si usted se ha apartado de sus pecados y ha tomado el camino de justicia de Dios, llevará una vida transformada. El tema de Primera Juan es que la persona verdaderamente redimida mostrará una vida verdaderamente transformada.

“El que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Jn. 2:5-6).

Quienes enseñan que el arrepentimiento y la vida penitente no son parte necesaria del evangelio no están presentando el evangelio que predicó Jesús. Tal evangelio de presunción y de justicia propia es del mundo, no de Dios.

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org
DERECHOS DE AUTOR © 2017 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros.

La finalidad del Evangelio

AGOSTO, 09

La finalidad del Evangelio

Devocional por John Piper

Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de Él. Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación. (Romanos 5:9-11)

¿De qué necesitamos ser salvos? El versículo 9 lo expone claramente: de la ira de Dios. Pero ¿es ese el mejor de los premios del evangelio? ¿el más alto, el que nos brinda mayor plenitud y el que más nos satisface?

No lo es. El versículo 10 dice: «mucho más… seremos salvos por su vida». Luego el versículo 11 nos conduce a la finalidad del ser salvos, al afirmar: «Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios».

Esa es la mejor parte, y la primordial, de las buenas nuevas. No hay ningún otro «y no solo esto» después, solo la aclaración de Pablo acerca de cómo lo alcanzamos: «por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación».

El fin del evangelio es «nos gloriamos en Dios». El bien más alto, más profundo y más dulce del evangelio, el que nos brinda la mayor plenitud, es Dios mismo —en quien se regocija su pueblo redimido—.

Dios en Cristo se convirtió en el precio (Romanos 5:6-8), y Dios en Cristo se convirtió también en el premio (Romanos 5:11).

El evangelio consiste en las buenas nuevas de que Dios pagó por nuestro deleite eterno en Dios.

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios

9 de agosto

«Apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios».

Marcos 16:9

María Magdalena era víctima de un espantoso mal: estaba poseída, no por uno, sino por siete demonios. Esos temibles huéspedes causaban mucha pena y corrupción en el cuerpo donde habían encontrado alojamiento. El caso de esta mujer era desesperante y horrible: no podía curarse a sí misma, y ningún socorro humano le hubiera resultado útil. No obstante, Jesús pasó por aquel camino y, sin que la pobre endemoniada lo buscara o, probablemente, siquiera lo resistiese, pronunció la palabra de autoridad, y María Magdalena se convirtió en un trofeo del poder sanador de Jesús. Los siete demonios la dejaron: la dejaron para nunca más volver, expulsados enérgicamente por el Señor de todo. ¡Qué bendita liberación! ¡Qué cambio tan dichoso! ¡Del delirio al placer, de la desesperación a la paz, del Infierno al Cielo! Inmediatamente se hizo una seguidora constante de Jesús: reteniendo sus palabras, siguiendo sus pisadas y compartiendo su fatigosa vida. Además, llegó a ser su generosa ayudante, especialmente entre aquel grupo de mujeres curadas y agradecidas que le servían de sus bienes. Y cuando levantaron a Jesús en la cruz, María permaneció a su lado participando de su ignominia. Primero la hallamos mirando desde lejos y, después, acercándose hasta el pie de la cruz. No podía morir en la cruz con Jesús, pero se mantuvo tan cerca de la misma como le fue posible. Y cuando se bajó de la misma el bendito cuerpo del Señor, María estaba observando para ver dónde y cómo lo ponían. María era una creyente fiel y vigilante, la última en retirarse del sepulcro donde Jesús dormía, y la primera en presentarse cuando este hubo resucitado. Su santa fidelidad le valió el ser una espectadora favorecida por su amado Raboni, quien se dignó llamarla por su propio nombre y constituirla su mensajera de buenas noticias para sus temblorosos discípulos y para Pedro. Así, la gracia la encontró siendo ella una maníaca y la transformó en una servidora; le quitó los demonios y permitió que viera ángeles; la libró de Satanás y la unió para siempre con el Señor Jesús. ¡Pueda ser yo también un milagro semejante de la gracia!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 231). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Enfrentando el temor con una canción de fe

9 Agosto 2017

Enfrentando el temor con una canción de fe
por Charles R. Swindoll

Salmos 27

Cuando el temor nos ha tomado cautivos, nuestra actitud se torna en una actitud de auto preservación. Hacemos lo posible para evitar la pérdida, huir del dolor o evitar la muerte. Ese no era el caso con David. Esta canción que fue preservada para nosotros como el Salmo 27, prioriza los asuntos eternos. Los versículos 4 al 6 giran alrededor del concepto que David tiene de mantenerse en una comunión íntima y constante con su Dios.

Una cosa he pedido al Señor; esta buscaré:
que more yo en la casa del Señor
todos los días de mi vida,
para contemplar la hermosura del Señor
y para inquirir en su templo.
Porque en su enramada me esconderá en el día del mal;
me ocultará en lo reservado de su tabernáculo;
me pondrá en alto sobre una roca.
Ahora levantará mi cabeza
sobre mis enemigos que me rodean,
y en su tabernáculo ofreceré sacrificios de júbilo.
Cantaré y entonaré salmos al Señor.

¿Se dio cuenta que casi toda la conjugación de los verbos se utilizaron en la primera persona singular? David está dando aquí su testimonio. Él está escribiendo acerca de su vida privada, sus luchas personales con los afanes de la vida. Aquí no se trata de la figura pública de David, se trata de David ante su Dios.

Otro aspecto notable es que David dice: «Cantaré y entonaré salmos al Señor». Esto sólo puede darse cuando uno mantiene una relación íntima con el Señor. Efesios 5:18 nos manda a ser «llenos del Espíritu Santo», de tal forma que el Espíritu de Dios controle nuestros pensamientos, motivos, actitudes y acciones. Aquí se demuestra una comunión vertical. Cuando le cedemos todo el control al Espíritu Santo, él promete darnos:

Un corazón melodioso que canta  (Efesios 5: 19).
Una actitud agradecida (Efesios 5: 20).
Una actitud mutua y sumisa (Efesios 5: 21).

¿Cuando fue la última vez que usted le cantó a Dios una canción de confianza (a solas)? Es triste que las canciones cristianas no se oigan casi nunca fuera del templo. Vivir en comunión con Dios debiera hacer que nuestros corazones brotaran con melodías espontáneas todos los días. Cantar acerca de nuestra fe es algo muy estimulante.

Afirmando el alma
Cuando siente el temor cerca, ¿de qué forma la música podría ser parte de su reacción? David escribió una canción; quizás usted sepa cantar o tocar un instrumento. Escuchar música que honra y alaba a Dios puede ser un instrumento efectivo para convertir el temor en alabanza.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

El Señor no es deudor de nadie

9 AGOSTO

Rut 2 | Hechos 27 | Jeremías 37 | Salmo 10

El narrador ya nos ha contado que, cuando Noemí y Rut regresaron a Belén, era el tiempo de la siega de la cebada (Rut 1:22). Ahora en (Rut 2) se nos revela la importancia de ese detalle.

Había una tradición antigua, nacida de la ley mosaica, según la cual los terratenientes no debían ser demasiado escrupulosos al recoger el producto de su tierra. De esta manera, se dejaba algo para que los pobres pudieran rebuscar (cf. Deuteronomio 24:19–22; ver meditación del 19 de junio). Así, Rut salió a trabajar detrás de los segadores en un campo no muy lejos de Jerusalén. No tenía forma de saber que este campo pertenecía a un terrateniente adinerado llamado Booz—un pariente lejano de Noemí y el futuro esposo de Rut.

La historia es conmovedora, con muchas personas decentes actuando con amabilidad en todas partes. Por un lado, Rut demostró ser trabajadora, pues apenas se detenía para descansar (2:7). Era terriblemente consciente de su estado como extranjera (2:10), pero trataba a la gente del lugar con respeto y cortesía. Al traerle a Noemí lo que había recogido, le contó todo lo que había sucedido y un comentario del autor nos recuerda que durante esta época de la historia de Israel, el mero hecho de que una mujer soltera hiciera este tipo de trabajo era casi una invitación al abuso (2:22). Esto nos reafirma la valentía y resistencia de Rut.

Noemí vio la mano de Dios. Desde la perspectiva meramente pragmática de conseguir suficiente alimento, está agradecida. Pero al escuchar el nombre del dueño de la finca, no sólo reconoce la seguridad que esto le dará a Rut, sino que se da cuenta de que Booz es uno de sus “parientes-redentores” (2:20). Es decir, era uno de los que podía casarse con Rut, por la llamada ley del levirato, con el resultado de que su primer hijo cargaría los derechos legítimos y propietarios de su marido original.

Ahora bien, posiblemente es Booz quien queda mejor parado en este relato. Sin señales de romance en esta etapa, él se mostró preocupado por los pobres y conmovido por las calamidades de los demás. Es alguien que quiere ayudar sin hacer mucho alarde de ello. Conocía el regreso de Noemí y la fidelidad persistente de esta joven moabita. Dio instrucciones a sus obreros para que proveyeran para sus necesidades, afianzaran su seguridad e incluso dejaran un poco más de grano para que la labor de Rut fuera bien recompensada. Sobre todo, era un hombre de fe, así como de integridad, lo cual podemos percibir en su primera conversación con la mujer que luego sería su esposa: “Que el Señor te recompense por lo que has hecho! Que el Señor, Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte, te lo pague con creces.” (2:12). Bien dicho, porque el Señor no es deudor de nadie.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 221). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Qué felicidad!

(Dios dijo:) Bienaventurado el hombre que me escucha.

Proverbios 8:34

Mis siervos cantarán por júbilo del corazón.

Isaías 65:14

¡Qué felicidad!

Esta era la expresión favorita y a menudo repetida por los presentadores de un programa que atraía a millones de telespectadores. ¡Pero la realidad era totalmente diferente! Interrogadas al final de la serie de programas, las personas que habían sido invitadas a participar hacían un balance triste y amargo. Una de ellas dijo que lo único que habían hecho era explotar su ingenuidad, otras declararon que todo era hipocresía. ¡Qué lejos estaban de la felicidad!

Debemos reconocer que este mundo solo nos propone una felicidad artificial, virtual y mentirosa; los momentos de alegría pasajera que nos ofrece solo son artificios y engaños.

Desde que el pecado entró en el mundo (Romanos 5:12), el hombre que vive sin Dios está privado de la verdadera felicidad. Cuando cree haberla encontrado, solo se trata de una impresión fugaz, pasajera, y nunca duradera. La Biblia precisa: “Si aquel viviere mil años dos veces, sin gustar del bien, ¿no van todos al mismo lugar?” (Eclesiastés 6:6).

La verdadera felicidad solo puede venir de un acercamiento a Dios. Jesucristo el Salvador dio su vida perfecta y justa por amor a nosotros, para salvarnos de la muerte eterna y para que estemos en paz con Dios. Un amor así va más allá de la razón, pero confiere al corazón paz y gozo (Gálatas 5:22). La Biblia nos invita a ir a Dios para conocer su paz y la verdadera felicidad, eterna, obtenida por el amor de Jesús.

“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días” (Salmo 23:6).

1 Crónicas 22 – Lucas 18:18-43 – Salmo 92:1-4 – Proverbios 21:3-4

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch