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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

El Señor no es deudor de nadie

9 AGOSTO

Rut 2 | Hechos 27 | Jeremías 37 | Salmo 10

El narrador ya nos ha contado que, cuando Noemí y Rut regresaron a Belén, era el tiempo de la siega de la cebada (Rut 1:22). Ahora en (Rut 2) se nos revela la importancia de ese detalle.

Había una tradición antigua, nacida de la ley mosaica, según la cual los terratenientes no debían ser demasiado escrupulosos al recoger el producto de su tierra. De esta manera, se dejaba algo para que los pobres pudieran rebuscar (cf. Deuteronomio 24:19–22; ver meditación del 19 de junio). Así, Rut salió a trabajar detrás de los segadores en un campo no muy lejos de Jerusalén. No tenía forma de saber que este campo pertenecía a un terrateniente adinerado llamado Booz—un pariente lejano de Noemí y el futuro esposo de Rut.

La historia es conmovedora, con muchas personas decentes actuando con amabilidad en todas partes. Por un lado, Rut demostró ser trabajadora, pues apenas se detenía para descansar (2:7). Era terriblemente consciente de su estado como extranjera (2:10), pero trataba a la gente del lugar con respeto y cortesía. Al traerle a Noemí lo que había recogido, le contó todo lo que había sucedido y un comentario del autor nos recuerda que durante esta época de la historia de Israel, el mero hecho de que una mujer soltera hiciera este tipo de trabajo era casi una invitación al abuso (2:22). Esto nos reafirma la valentía y resistencia de Rut.

Noemí vio la mano de Dios. Desde la perspectiva meramente pragmática de conseguir suficiente alimento, está agradecida. Pero al escuchar el nombre del dueño de la finca, no sólo reconoce la seguridad que esto le dará a Rut, sino que se da cuenta de que Booz es uno de sus “parientes-redentores” (2:20). Es decir, era uno de los que podía casarse con Rut, por la llamada ley del levirato, con el resultado de que su primer hijo cargaría los derechos legítimos y propietarios de su marido original.

Ahora bien, posiblemente es Booz quien queda mejor parado en este relato. Sin señales de romance en esta etapa, él se mostró preocupado por los pobres y conmovido por las calamidades de los demás. Es alguien que quiere ayudar sin hacer mucho alarde de ello. Conocía el regreso de Noemí y la fidelidad persistente de esta joven moabita. Dio instrucciones a sus obreros para que proveyeran para sus necesidades, afianzaran su seguridad e incluso dejaran un poco más de grano para que la labor de Rut fuera bien recompensada. Sobre todo, era un hombre de fe, así como de integridad, lo cual podemos percibir en su primera conversación con la mujer que luego sería su esposa: “Que el Señor te recompense por lo que has hecho! Que el Señor, Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte, te lo pague con creces.” (2:12). Bien dicho, porque el Señor no es deudor de nadie.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 221). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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