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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

Booz se casó con Rut

10 AGOSTO

Rut 3–4 | Hechos 28 | Jeremías 38 | Salmos 11–12

Los académicos no se ponen de acuerdo sobre la importancia social de cada acción que se toma en Rut 3–4, pero la línea general es bastante clara. Es casi seguro que no se seguían muy consistentemente las leyes del levirato, las cuales permitían u ordenaban a los hombres casarse con sus cuñadas viudas bajo algunas circunstancias para mantener el nombre familiar. Siguiendo las instrucciones de Noemí, Rut tomó un poco de iniciativa: se acostó a los pies de Booz en un área donde sólo dormían los hombres. Cuando él se despertó, ella de dijo: “Extiende sobre mí el borde de tu manto, ya que tú eres un pariente que me puede redimir” (3:9). Esto fue una invitación, pero no barata. Le indicó a él su disposición de ser su esposa, si Booz ejecutaba su deber como pariente-redentor. Booz lo recibió como un halago: aparentemente, había suficiente diferencia de edad entre ellos (3:10, sumado a su costumbre de referirse a Rut como “hija mía”) de modo que le conmueve la disposición de ella para casarse con él en vez de buscar a los jóvenes.

La historia continúa con integridad romántica. A Hollywood no le gustaría en absoluto: no hay nada de sexo apasionado, y menos prematrimonial. Pero el relato tiene un encanto seductor, junto con un respeto íntegro a la tradición y al procedimiento, así como un claro conocimiento de la naturaleza humana. Finalmente, Noemí predice con seguridad que Booz “no va a descansar hasta dejar resuelto este asunto hoy mismo” (3:18).

Tenía razón, desde luego. La puerta de la ciudad era el lugar para los acuerdos públicos y allí Booz tomó a diez ancianos como testigos y con delicadeza exigió que el hombre que era el pariente más cercano de Noemí (y que por tanto tenía derecho a rehusar primero) cumpliera sus obligaciones como pariente-redentor o abandonara legalmente esa posibilidad (4:1–4). Aparentemente, en aquella época los derechos matrimoniales estaban vinculados a la posesión de la tierra del marido difunto. A este pariente-redentor le hubiera encantado obtener la tierra, pero no quiso casarse con Rut. Su hijo primogénito en ese tipo de unión recibiría la propiedad y herencia familiar del marido difunto; los próximos hijos heredarían del padre natural. Pero la situación era complicada. ¿Y qué si Rut sólo engendraba un hijo?

Así que Booz se casó con Rut y ella dio a luz un hijo, a quien llamaron Obed. A Noemí no sólo le regalan un nieto, sino una familia entera dispuesta y capaz de cuidar de ella.

En cierto sentido, esta es una historia sencilla de la fidelidad de Dios en las cosas pequeñas de la vida, en una época de malestar social, declive religioso, confusión política y anarquía frecuente. Dios aún tiene a su pueblo: trabajando arduamente, actuando con honor, casándose, engendrando hijos, cuidando de los mayores. No tenían idea de que el linaje de Obed engendraría al rey David y, según la carne, al Rey Jesús.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 222). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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