¿Irán vuestros hermanos a la guerra, y vosotros os quedaréis aquí?

5 de agosto

«¿Irán vuestros hermanos a la guerra, y vosotros os quedaréis aquí?».

Números 32:6

Los parientes tienen sus obligaciones. Los rubenitas y los gaditas no se habrían mostrado muy fraternales si, después de reclamar para sí la tierra que ya había sido conquistada, hubiesen dejado a los demás luchar solos por sus posesiones. Nosotros hemos recibido mucho por medio de los esfuerzos y sufrimientos de los santos de la antigüedad, y si no retribuimos con algo por todo ello a la Iglesia de Cristo, dándole nuestras mejores energías, somos indignos de contarnos en sus filas. Otros están combatiendo valientemente los errores del mundo o sacando a aquellos que se pierden de entre las ruinas de la Caída; si nosotros nos cruzamos ociosamente de brazos, necesitaremos que se nos exhorte para que la maldición de Meroz no caiga sobre nosotros. El Señor de la viña dice así: «¿Por qué estáis aquí todo el día ociosos?». ¿Cuál es la excusa del haragán? El servir a Jesús personalmente se convierte tanto más en el deber de todos cuando algunos lo llevan a cabo alegre y ampliamente. Las fatigas de los consagrados misioneros y de los pastores fervientes nos avergonzarán si nos sentamos en la indolencia. El evitar las pruebas constituye la tentación de «los reposados en Sion» (Am. 6:1). De buena gana evitarían estos la cruz y, sin embargo, llevarían la corona. Para los tales es muy apropiada la pregunta que tenemos para meditar en esta noche: si lo más precioso se prueba con fuego, ¿hemos de eludir nosotros el crisol? Si el diamante debe sufrir la tortura de la rueda, ¿vamos nosotros a ser perfectos sin sufrimiento? ¿Quién ha ordenado al viento que deje de soplar porque nuestro barco se halla encima del abismo? ¿Por qué debemos nosotros ser tratados mejor que nuestro Señor? Si el primogénito experimentó la vara, ¿por qué no lo harán los hermanos menores? La elección de una almohada suave y una cama blanda para un soldado de la cruz supone una ostentación cobarde. Es mucho más sabio quien, habiéndose sometido a la voluntad de Dios, crece mediante la energía de la gracia para satisfacerse con ella y, así, aprende a recoger lirios al pie de la cruz o, como Sansón hiciera, a hallar miel en la boca del león.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 227). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Esperando con paciencia

5 Agosto 2017

Esperando con paciencia
por Charles R. Swindoll

Salmos 26

David concluye su canción acerca del afán del maltrato injusto pero antes decide comprometerse a tener paciencia.

6. Resolución: Pacientemente esperaré el alivio (vv. 9-12)

No recojas mi alma junto con los pecadores
ni mi vida con los hombres sanguinarios,
en cuyas manos hay infamia
y cuya mano derecha está llena de soborno.
Pero yo andaré en mi integridad;
redímeme y ten misericordia de mí.
Mis pies se han afirmado en suelo llano;
en las congregaciones te bendeciré, oh Señor.

Hay algo en la naturaleza humana que nos impulsa a tratar de resolver las cosas rápidamente. En esta sección de su canción, David no dice que eso es  lo que la gente a su alrededor hace. La mayoría decía que ellos no aguantarían tal cosa. Otros buscaban los malos deseos y las manos llenas de soborno. Pero David no iba a hacer eso. Él se separó de ellos diciendo: «Pero yo andaré». En hebreo, el pronombre es extremadamente enfático.

Él quería que se supiera que a diferencia de la mayoría, él no iba a caer en el pánico e involucrarse en esas ansiedades carnales y actividades de auto vindicación que solo producen úlceras. ¡De ninguna manera! ¿Qué es lo que dice entonces?

«Yo andaré en mi integridad» y le pide a Dios que le ayude.

Esas palabras muestran confianza y una gran calma.
En lo que respecta a mi situación actual: «… caminaré en integridad».
En lo que respecta a mi defensa: «… redímeme y ten misericordia de mí».
En lo que respecta a mis sentimientos internos: «…mis pies se han afirmado».

A eso le llamo yo estabilidad. A eso le llamo yo una paciencia admirable. Eso es seguridad. Allí no hay noches sin dormir, no hay dudas constantes, sólo la paciencia esperando.

El versículo utiliza el término, «redimir». Esta palabra viene del hebreo, «padah» que significa liberar o dar un rescate. Es un término de liberación. Da la idea de liberar a alguien de una tensión terrible o de la misma muerte. Y no pase por alto la frase intrigante en el versículo 12: «… mis pies se han afirmado en suelo llano». Esa frase, «en suelo llano» viene del término hebreo, «mishore», que proviene del verbo, «yashar» y significa liso o derecho. El primer término entonces habla de algo plano y representa la idea de un lugar alto, con una amplia visión en contraste a un lugar en una cueva profunda donde no se puede ver nada.

¿Entiende el concepto? David está complacido de esperar en el Señor y mantenerse objetivo. Cuando él espera en Dios para que lo libere, eso le permite mantener una perspectiva panorámica; él puedo ver el proceso completo desde la perspectiva de Dios, no desde su propia perspectiva humana limitada. En resumen, él puede mantenerse sabio.

Estoy seguro que puede anticipar la aplicación. Cuando esperamos pacientemente en la liberación de Dios, podemos mantenernos en calma, ser objetivos y sabios en medio del maltrato. Podemos contar que nuestro Dios nos liberará en el momento justo. Mientras tanto, la espera nos permite mantenernos en la perspectiva de Dios.

Repase nuevamente las seis resoluciones de David que le ayudarán a aguantar el maltrato:

1. Seré transparente ante el Señor.
2. Recordaré su amor y continuaré obedeciendo su Palabra.
3. Rehusare la tentación de vengarme.
4. Mantendré una actitud positiva.
5. Seré fiel en mi adoración pública.
6. Esperaré pacientemente el alivio.

Afirmando el alma
¿Está de acuerdo con cada una de las resoluciones o necesita aceptar una o dos de ellas? ¿Conoce usted a alguien en este momento que esté sufriendo el afán del maltrato? En caso que así sea, ¿por qué no escribirle una nota de ánimo? O tal vez algo mejor, vaya consuélele en persona.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

En la época en la que no había rey en Israel

5 AGOSTO

Jueces 19 | Hechos 23 | Jeremías 33 | Salmos 3–4

Una vez llegamos a Jueces 19, vemos que la ley de la jungla ha triunfado en la joven nación de Israel.

El levita que ya conocimos ha tomado ahora para sí una concubina. (Los levitas se supone que sólo se casaban con vírgenes; ver Levítico 21:7, 13–15.) Esta le fue infiel y lo abandonó para regresar a casa de su padre. El levita la quiso recuperar, así que viajó a Belén y la encontró. Dado que emprendieron su viaje de regreso por la tarde, no lograron completar la travesía en un día. Y como preferían no detenerse en uno de los pueblos cananeos, siguieron hasta Gabaa, un poblado de la tribu de Benjamín. Un residente local advirtió al levita y a su concubina de que no se debían quedar a dormir en la plaza, pues era muy peligroso, y los acogió en su casa.

Por la noche, una multitud de vándalos lujuriosos le pidieron al dueño de la casa que les sacara al levita para sodomizarlo. Esto es impresionante. En primer lugar, bajo los estándares sociales del antiguo Oriente Próximo, era inconcebible no mostrar hospitalidad—y ellos quieren violar en grupo a un visitante. A medida que continúa el relato, queda muy claro que violarían tanto a hombres como mujeres; en realidad no les importa.

Pero quizás el momento más horrible de la narración ocurre cuando el dueño de la casa, al recordar las reglas de hospitalidad y seguramente atemorizado también por su propia seguridad, les ofrece a su hija y a la concubina del levita. El relato es breve y escueto, pero no hace falta demasiada imaginación para visualizar el terror—dos mujeres cuyos hombres no las defienden sino que las abandonan y las traicionan, ofreciéndolas a una alborotada chusma de violadores para salvar sus propios pellejos. La multitud insistió en que eso no era suficiente, de manera que el levita agarra a su concubina y la saca a la puerta, sola. Así comenzó su última noche en la tierra, en una pequeña ciudad que pertenecía al pueblo de Dios.

Al amanecer, vemos al levita ordenarle a esta mujer que se levante porque es hora de partir, pero se da cuenta de que está muerta. Arrastra el cadáver y se lo lleva a su casa, donde lo divide en doce pedazos y envía una parte a cada tribu de Israel, como quien dice, en esencia: ¿Cuándo acabará la violencia? ¿En qué momento diremos basta y cambiaremos estas costumbres horribles?

En la época en la que no había rey en Israel” (19:1).

Pero, ¿qué decir de su propia complicidad y profunda cobardía? El absoluto horror de los pedazos desmembrados del cuerpo seguramente provocaría una reacción, pero durante esta época, no sería la respuesta justa de un pueblo bíblico, pensativo y controlado. Sólo alguien muy ingenuo podría pensar que esto no produciría el descenso a una vorágine de maldad y violencia.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 217). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Quién me ha tocado?

sábado 5 agosto

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos.

Mateo 7:21

Y estando fuera empecéis a llamar a la puerta… comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Pero os dirá:… apartaos de mí todos vosotros.

Lucas 13:25-27

¿Quién me ha tocado?

Jesús se dirigía a la casa de un jefe de la sinagoga cuya hija estaba enferma. Una gran multitud lo acompañaba. De repente Jesús se detuvo e hizo una inesperada pregunta: “¿Quién es el que me ha tocado?”. Los discípulos, traduciendo la sorpresa general, respondieron: “Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?” (Lucas 8:45).

Una mujer se acercó y le confesó que después de haber buscado en vano la sanación a través de los médicos, había tocado el borde de su manto. Inmediatamente había quedado curada de su enfermedad. Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz” (Lucas 8:48).

Hoy los cristianos pueden ser comparados a esas personas que se agolparon alrededor de Jesús. Y él hace esta pregunta a cada uno: “¿Quién es el que me ha tocado?”. ¿Quién de nosotros lo ha “tocado” realmente? Alcanzados por la terrible “enfermedad” del pecado, no podemos ser curados por ningún médico. Pero Jesús está ahí, a nuestro alcance. Él tiene el poder para curar nuestra alma, es decir, para perdonar nuestros pecados y darnos la vida eterna. Para ello es necesario «tocarlo», es decir, tener un contacto personal con él mediante la fe.

Si nos contentamos con formar parte de “la multitud”, pasamos al lado del único medio real para ser curados. Acerquémonos con confianza al Señor, y él nos dirá: “Tu fe te ha salvado; ve en paz”.

1 Crónicas 18 – Lucas 15 – Salmo 90:13-17 – Proverbios 20:25-26

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Y en ningún otro hay salvación. (Hechos 4:12)

El único evangelio

8/4/2017

Y en ningún otro hay salvación. (Hechos 4:12)

Si usted da testimonio a otros de que el evangelio de Jesucristo es el único evangelio, el único camino a Dios, no está proclamando su propio punto de vista de la religión correcta, sino la revelación de la verdad de Dios. Usted no predica el evangelio de Cristo sencillamente porque lo conoce, porque se ajusta a su personalidad o porque quiere ser intolerante y exclusivo. Usted presenta el evangelio de Cristo porque es el único camino provisto por Dios para que las personas encuentren la salvación del pecado y de la muerte eterna.

Usted predica el evangelio de Cristo como el único evangelio porque Él dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo” (Jn. 10:9). Usted da testimonio de ese evangelio porque está de acuerdo con el apóstol Pablo en que “hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Ti. 2:5).

De modo que está en buena compañía y tiene un fundamento sólido cuando da testimonio a quienes no conocen a Jesucristo del único camino de salvación dado por Dios.

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Tan seguros como que Dios es fiel

 

AGOSTO, 04

Tan seguros como que Dios es fiel

Devocional por John Piper

A los que predestinó, a esos también llamó; y a los que llamó, a esos también justificó; y a los que justificó, a esos también glorificó. (Romanos 8:30)

Ninguna persona se pierde entre la eternidad pasada de la predestinación de Dios y la eternidad futura de la glorificación de Dios.

Nadie que fuera predestinado a ser hijo de Dios dejará de ser llamado. Nadie que fuera llamado dejará de ser justificado. Y nadie que fuera justificado dejará de ser glorificado. Esa es la cadena inquebrantable de la fidelidad de Dios a su pacto.

Por eso, Pablo dice:

[Estoy] convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús (Filipenses 1:6).

El cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por medio de quien fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, Señor nuestro (1 Corintios 1:8?9).

Estas son las promesas de nuestro Dios, quien no puede mentir. Aquellos que son nacidos de nuevo están tan seguros como que Dios es fiel.

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Os herí con viento abrasador, con añublo y con granizo en toda obra de vuestras manos

4 de agosto

«Os herí con viento abrasador, con añublo y con granizo en toda obra de vuestras manos».

Hageo 2:17 (LBLA)

¡Cuán destructor es el granizo para las erguidas mieses, pues tira por tierra el precioso grano! ¡Qué agradecidos debemos estar cuando el trigo se libra de tan terrible ruina! Ofrezcamos al Señor acciones de gracia. Pero más terribles aún son esos misteriosos destructores: el tizón, la roya y el añublo que convierten las espigas en un montón de hollín o las pudren, o desecan el grano que las mismas contienen; y, todo esto, de una forma que está fuera del control humano, de modo que el agricultor se ve compelido a clamar: «Dedo de Dios es éste». Un sinfín de pequeños hongos causan el daño y, si no fuera por la bondad de Dios, el jinete montado sobre el caballo negro sembraría de hambre toda la tierra. La infinita misericordia divina cuida del alimento de los hombres; pero, en vista de los agentes activos que están prontos a destruir la cosecha, se nos ha enseñado muy sabiamente a orar: «El pan nuestro de cada día dánoslo hoy». Este azote lo hallamos en todas partes; tenemos, pues, una permanente necesidad de bendición. Cuando el tizón y el añublo vienen, son castigos del Cielo, y los hombres deberían prestar «atención al castigo, y a quien lo establece» (Miq. 6:9). En el terreno espiritual, el añublo no constituye un mal extraño: aparece cuando la obra es más prometedora. Esperamos muchas conversiones y he aquí que una apatía general, una creciente mundanidad o una perversa dureza de corazón se hacen presentes. Puede que no haya pecado manifiesto en aquellos por quienes estamos trabajando, pero sí una deficiencia de sinceridad y de decisión que defrauda nuestros deseos. Aprendemos de esto nuestra dependencia del Señor y la necesidad que tenemos de orar para que ningún añublo se presente en nuestra obra. El orgullo y la pereza espiritual pronto traerán sobre nosotros este espantoso mal, y solo el Señor de la mies es capaz de eliminarlo. El añublo puede atacar a nuestros corazones y marchitar nuestras oraciones y prácticas religiosas. Quiera el gran Labrador impedir tan seria calamidad. ¡Alumbra tú, bendito Sol de Justicia, y quita los añublos!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 226). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Manteniendo la fidelidad juntos

4 Agosto 2017

Manteniendo la fidelidad juntos
por Charles R. Swindoll

Salmos 26

La oración de David por protección mientras enfrentaba el maltrato no era simplemente un ruego para que Dios le ayudara; más bien la canción del rey incluía varios compromisos de su parte.

5. Resolución: Seré fiel en mi adoración pública (v. 8).

Oh Señor, he amado la habitación de tu casa,
el lugar de la morada de tu gloria.

Al leer este versículo, podemos ver porque David era conocido como «un hombre conforme al corazón de Dios». Aun cuando se encontraba bajo presión, sintiéndose más como un saco de boxeo en vez de un hijo de Dios, David se mantuvo en el lugar donde él podía sentir la gloria de Dios, el tabernáculo (v. 8). Haga una pausa y lea las tres afirmaciones que se mencionan en los  siguientes tres salmos antiguos: Salmo 27:4, Salmo  65:4 y Salmo  84:10. Para él, la adoración no era un hábito religioso, no era un ritual ni un proceso aburrido; para él era algo esencial, algo vital. Cuando él sufría el maltrato, miraba hacia arriba en adoración.

Desafortunadamente, vivimos en una época cuando el valor y la necesidad de la adoración pública han perdido su valor. Sé que hay iglesias que no dirigen al creyente al Cristo viviente ni enseñan su maravillosa Palabra. Pero eso no significa que todas las iglesias y todas las reuniones de adoración pública deban ser ignoradas. Hebreos 10:23-25 no nos da otra opción. Debemos reunirnos con el propósito animarnos mutuamente en amor y buenas obras y si no fuera por otra cosa, al menos por estímulo personal. Esto es muy importante cuando estamos sufriendo maltrato. Nos necesitamos mutuamente. No ignore esta expresión de fe saludable y ordenada por Dios.

Permítame añadir otra cosa más. Muéstreme un creyente que de manera constante ignora los servicios regulares de una iglesia que predica y enseña la Palabra de Dios fielmente y le mostraré una persona cuyo crecimiento espiritual se está opacando o erosionando, espiritualmente hablando. Cuando leo el libro de los Hechos, veo una iglesia de creyentes saludable aun en medio de la persecución. Ellos buscaban cualquier oportunidad para reunirse y adorar juntos, aun cuando tuviese que reunirse en secreto. ¡Qué ejemplo a seguir!

Afirmando el alma
¿Por qué cree que adorar a Dios es tan estimulante cuando las pruebas de la vida se intensifican? ¿Por qué es más útil pensar en Dios, en lugar de pensar en usted mismo? ¿Por qué cree usted que es importante adorar juntos con otros creyentes?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Los hijos de Dan

4 AGOSTO

Jueces 18 | Hechos 22 | Jeremías 32 | Salmos 1–2

Un lector inocente tal vez pensó que la lectura de ayer reflejaba un pequeño desliz aberrante del pueblo de Dios. La de hoy (Jueces 18) le roba el optimismo a esa esperanza: una tribu entera de Israel está corrompida y seguramente otras también lo están.

El contexto histórico es bastante antiguo: no todas las tribus han acabado de conquistar la tierra que les fue concedida. Este es ciertamente el caso de Dan (Jueces 18:1). Los hijos de Dan enviaron cinco soldados para explorar la tierra y eventualmente se toparon con la casa de Micaía. Ahí encuentran al joven levita y lo reconocen, quizás por algún encuentro previo o tal vez por lo que era o lo que hacía. (Posiblemente, le escucharon orar o estudiar, pues esto se solía hacer en voz alta.) Le preguntaron si su viaje tendría éxito. Tal vez, el “efod” que hizo Micaía (Jueces 17:5) incluía algo como el urim y el tumim con el pretexto de discernir la voluntad de Dios. En cualquier caso, él se lo confirma y siguen su camino.

Los soldados entraron como espías al pueblo de Lais, el que no era parte de la tierra que se les había asignado. No obstante, a ellos les pareció un blanco fácil y atractivo y así lo informaron. Al regresar con seiscientos hombres armados de la tribu de Dan, interrumpieron su asalto militar para llevarse todos los dioses de la casa de Micaía, así como al joven levita y efod, evidentemente pensando que esto les traería “suerte” o al menos apoyo a su proyecto. El levita estaba encantado, pues lo veía como un ascenso (18:20), pero ¿puede un clérigo “comprado” ejercer un verdadero testimonio profético?

Cuando Micaía y sus hombres alcanzan a este grupo de guerreros, su afirmación suena un tanto patética: “Vosotros os llevasteis mis dioses, que yo mismo hice, y también os llevasteis a mi sacerdote y luego os fuisteis. ¿Qué más me queda? ¡Y todavía os atrevéis a preguntarme qué me sucede!” (18:24). El hombre ni siquiera detectó la ironía de su propia declaración, la total inutilidad de otorgarle tanto peso a dioses que uno mismo ha hecho.

Los hombres de Dan amenazaron con aniquilar a Micaía y a su familia, y con eso resolvieron el asunto. La fuerza- no la justicia ni la integridad- gobierna la tierra. Los hijos de Dan capturaron Lais, atacando a un “pueblo tranquilo y confiado” (18:27) y cambiaron el nombre de la ciudad por “Dan”. Allí establecieron sus ídolos y el joven levita, quien ahora se identifica como un descendiente directo de Moisés (18:30), sirve como el sacerdote de la tribu y le pasa el legado a sus hijos, en tanto que el tabernáculo permanece en su debido lugar en Silo (18:30–31).

Los niveles de infidelidad al pacto en el ámbito religioso se multiplican mediante el aumento en la violencia, el egoísmo tribal, las aspiraciones personales de poder, la ingratitud, las amenazas burdas y la superstición masiva. Es común que estos pecados crezcan juntos.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 216). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El reflejo de la luna en el estanque

viernes 4 agosto

Dios es amor… envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.

1 Juan 4:8-9

Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida… ni lo presente, ni lo por venir… ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Romanos 8:38-39

El reflejo de la luna en el estanque

Una hermosa noche estrellada me puse a observar el reflejo de la luna en un estanque. La superficie del agua era lisa y reflejaba perfectamente su imagen.

De repente una ráfaga de viento agitó el agua, y la superficie empezó a moverse. Era como si la luna estuviera temblando. Levanté la mirada y vi que en el cielo ella seguía brillando como antes.

Luego una hoja cayó en el agua, movió nuevamente la superficie y alteró el reflejo de la luna. ¡En el cielo no había cambiado nada, pues la hoja no había tocado la luna!

Luego tomé un palo y agité el fondo del estanque. Esta vez el lodo subió a la superficie y el reflejo de la luna quedó totalmente borrado. ¡Pero ella seguía brillando entre las estrellas!

Cristianos, ¿cómo apreciamos el amor divino? “Dios es amor”, nos dice la Biblia. Dios es el mismo, suceda lo que suceda; pero nosotros somos fluctuantes. Como el viento, la caída de una hoja o el lodo turban el reflejo de la luna en el estanque, las circunstancias exteriores o nuestro estado interior pueden influenciar la manera en que apreciamos el amor divino. ¡No nos dejemos turbar! El amor de Dios por sus hijos es invariable. No depende de lo que somos; los elementos que nos perturban no pueden alcanzarlo. ¡El amor está en Dios mismo!

Por lo tanto, depositemos nuestra confianza en ese amor eterno. ¡No miremos en nosotros mismos, elevemos la mirada al cielo y gocémonos, pues Dios nos ama y seguirá amándonos!

1 Crónicas 17 – Lucas 14 – Salmo 90:7-12 – Proverbios 20:23-24

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch