DIOS ES QUIEN LO GARANTIZA

DIOS ES QUIEN LO GARANTIZA

9/2/2017

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.
JUAN 10:29

Lamentablemente, muchos creyentes a lo largo de la historia de la iglesia, incluso muchos en la actualidad, se han negado a creer que Dios garantiza la seguridad eterna de ellos. Tal negación se deriva de la errónea convicción de que esa salvación es un esfuerzo cooperativo entre las personas y Dios. Tal razonamiento dice que un Dios Todopoderoso no dejará de hacer su parte, pero que un cristiano falible pudiera dejar de hacer la suya.
Pero el creer en lo que dice la Biblia acerca de la salvación, que viene solo de un Dios soberano, lo llevará a la confianza de que su salvación es segura. Si la salvación es toda de Dios, entonces puede saber con certeza que Él no dejará de asegurarla. Cualquiera que sea verdaderamente hijo de Dios no tiene nunca que temer perder su ciudadanía en el cielo. Y si usted lo es, puede confiar en las palabras de Cristo del versículo de hoy de que “nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre”.

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Devastados y entusiasmados

SEPTIEMBRE, 02

Devastados y entusiasmados

Devocional por John Piper

El Señor tu Dios te ha escogido para ser pueblo suyo de entre todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra. (Deuteronomio 7:6)

¿Cómo sonarían las doctrinas de la gracia si por cada una de sus ramas fluyera la savia del deleite agustiniano (es decir, lo que yo llamo hedonismo cristiano)?

  • La depravación total no es solo maldad, sino también es la imposibilidad de ver la belleza de Dios y la falta de vida para experimentar el gozo más profundo.
  • La elección incondicional implica que la compleción de nuestro gozo en Jesús estaba planeada para nosotros desde antes de que siquiera existiéramos, y que este gozo es un desborde del superabundante gozo que Dios tiene en la comunión de la Trinidad.
  • La expiación limitada es la certeza de que el gozo indestructible en Dios está asegurado para nosotros de un modo infalible por medio de la sangre del nuevo pacto.
  • La gracia irresistible es el compromiso y el poder del amor de Dios asegurándose de que no nos aferremos a placeres suicidas y liberándonos, por medio del poder soberano, para disfrutar de los deleites supremos.
  • La perseverancia de los santos es la obra todopoderosa de Dios, que impide que caigamos en la esclavitud de los placeres inferiores, y en su lugar nos guarda, a través de toda aflicción y sufrimiento, para recibir la herencia de la plenitud del gozo en su presencia y placeres a su diestra para siempre.

La elección incondicional dicta a mi alma las sentencias más severas y las más dulces. El hecho de que sea incondicional echa por tierra todo tipo de exaltación personal; el hecho de que sea elección hace de mí su posesión preciada.

Esta es una de las maravillas de las doctrinas bíblicas de la gracia: la peor devastación nos prepara para el más grande de los deleites.

Cuán presuntuosos nos volveríamos ante las palabras: «El Señor tu Dios te ha escogido para ser pueblo suyo de entre todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra» (Deuteronomio 7:6), si esta elección dependiera en algún modo de nuestra voluntad. No obstante, para guardarnos del orgullo, el Señor nos enseña que fuimos escogidos incondicionalmente (7:7–9). Como dice la canción que con tanto agrado cantamos, Él «hizo de un vil pecador su tesoro» [traducción literal del verso de Profundo es el amor de Dios].

Solo la devastadora libertad e incondicionalidad de la gracia electiva nos permite tomar tales dones y gustarlos sin exaltarnos a nosotros mismos.


Devocional tomado del libro “Why We Love the Doctrines of Grace” (Por qué amamos las Doctrinas de la Gracia)

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Si no viereis señales y prodigios, no creeréis

2 de septiembre

«Si no viereis señales y prodigios, no creeréis».

Juan 4:48

Un síntoma del estado enfermizo de la mente del hombre en los días de nuestro Señor era el ardiente deseo de ver prodigios. Rechazaban el alimento sólido y ansiaban meros portentos. El evangelio, que tanto necesitaban, no lo querían y reclamaban ardientemente los milagros que Jesús no siempre estaba dispuesto a efectuar. Muchos en nuestros días tienen que ver señales y maravillas, de lo contrario no creen. Algunos han dicho: «Yo tengo que sentir un profundo horror en el alma; si no, no creeré en Jesús». ¿Pero… y si nunca llegas a sentir ese horror, como, probablemente, sucederá? ¿Quieres ir al Infierno por despecho contra Dios, porque no desea tratarte como trata a otros? Alguno se ha dicho a sí mismo: «Si yo tuviese un sueño o si sintiese una repentina sacudida de no sé qué clase, entonces creería». ¿Así que tú, indigno mortal, piensas que mi Señor va a recibir órdenes de ti? Tú eres un mendigo que está a su puerta solicitando piedad, ¿y has de prescribir reglas y reglamentos en cuanto a cómo te ha de dar esa gracia? Mi Señor es de espíritu generoso, pero tiene un corazón muy ilustre; por eso rechaza toda imposición y mantiene su soberanía de acción. Si es esta tu situación, querido lector, ¿por qué ansías señales y prodigios? ¿No es en sí mismo el evangelio una señal y un prodigio? ¿No es un milagro de milagros que «de tal manera [haya amado] Dios al mundo que ha [ya] dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda»? Sin duda, las palabras «el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente», y esta solemne promesa: «Al que a mí viene, no le echo fuera», son mejores que las señales y los prodigios. Un Salvador veraz debe ser creído. Él es la verdad misma. ¿Por qué has de pedir pruebas de la veracidad de Uno que no puede mentir? Los demonios declaran que él es el Hijo de Dios, ¿y dudarás tú de él?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 256). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

La edificación de familias

Gracia a Vosotros

John MacArthur 

La edificación de familias

La familia es la unidad designada por Dios para pasar el camino de rectitud de una generación a la siguiente (Dt. 6:7, 20-25). Satanás, sin embargo, ataca todo aquello que Dios ha establecido para preservar la rectitud.

  Satanás ataca las tres fuerzas preservadoras de la sociedad: El gobierno, la iglesia y la familia. Cada vez que Dios ha ordenado un gobierno para castigar a los que hacen el mal y apoyar a los que hacen el bien, Satanás lo asaltará. Siempre que hay una iglesia que exalta a Cristo y proclama la Palabra, Satanás la atacará. Y a él no le gustan las familias que pasan la rectitud divina, por eso procura desintegrarlas.

  Satanás está usado la sociedad inmoral y lujuriosa en la que vivimos para atacar a la familia. Ha hecho que a la familia le resulte difícil sobrevivir. La iglesia tiene que ayudar a preservar a la familia. Esa es una de nuestras prioridades en la iglesia; enseñamos y discipulazos a los hijos y a los jóvenes. Es inspirador ver a los adultos de la iglesia trabajar con los jóvenes, porque los jóvenes tienen la responsabilidad de preservar lo que aprenden y pasarlo a la siguiente generación. Quiero que nuestros jóvenes conozcan los principios de Dios para el matrimonio y la familia.

  Cuando los creyentes están llenos de Espíritu de Dios, se someten unos a otros (Ef. 5:21-6:9). En una situación familiar, eso quiere decir que las esposas se someterán a sus esposos, y los esposos se someterán a sus esposas mediante un amor que nutre, valora y purifica. Los hijos se someterán a sus padres y los padres se someterán a las necesidades de sus hijos, no provocándolos a la ira, sino cuidándolos y criándolos en los camino de Cristo. La sumisión brota de vidas llenas del Espíritu Santo. La iglesia tiene que asegurarse de que las familias vivan controladas por el Espíritu de Dios de forma que puedan experimentar la bendición que viene por la sumisión de unos a otros. Si cada uno en la familia pelea por sus propios derechos, entonces se destruye la posibilidad de una relación significativa.

  Las familias de una iglesia se debieran apoyar unas a otras. Se debieran ayudar y orar unas a otras con sus hijos. ¿Cuál es su reacción cuando ve hijos rebeldes? ¿Ora por ellos? ¿Ayuda usted a otros padres enseñando a sus hijos un comportamiento correcto? Una iglesia debe cuidar de sus familias.


 Extraído del libro, “El Plan del Señor Para La Iglesia escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz. 

¡El tiempo es corto!

2 SEPTIEMBRE

1 Samuel 26 | 1 Corintios 7 | Ezequiel 5 | Salmos 42–43

Al referirse a las personas “solteras” (1 Corintios 7:25–38; la palabra alude a los que no han tenido experiencias sexuales, ya sean hombres o mujeres), Pablo escribe: “a causa de la crisis actual, es bueno que cada persona se quede como está” (7:26). Así que, es bueno que el célibe siga siéndolo, que el casado no procure el divorcio y así sucesivamente. Esto no significa, añade Pablo, que si se casa una soltera, comete pecado. Pero sí insiste en que “el tiempo es corto” (7:29). ¿Qué quiere decir esto?

(1) Algunos argumentan que, al igual que todos los demás miembros de la iglesia primitiva, Pablo creía que Jesús iba a regresar muy pronto, definitivamente mientras ellos aún estaban vivos. Con un horizonte tan limitado, Pablo dice que, en general, es mejor que los que están solteros se queden sin casarse. Ahora bien, esta lectura del pasaje significa que Pablo y el resto de la iglesia primitiva estaban claramente equivocados: Jesús no regresó tan pronto. Pero hay tantos pasajes en el Nuevo Testamento que visualizan la posibilidad de una espera larga, que no podemos mantener la noción de que los primeros cristianos sufrían este delirio particular.

(2) Otros han explicado que “la crisis actual” (7:26) se refiere a un período de persecución particularmente difícil. Si las autoridades están buscando a los cristianos, sobre todo a sus líderes, sería una ventaja estar soltero: uno tiene más movilidad, es más fácil esconderse y las autoridades no pueden ejercer presión amenazando a la familia. Pero esta interpretación tiene dos problemas insuperables. (a) Puede que encaje con los solteros, pero no con todos los demás que Pablo menciona: por ejemplo, los que lloran deben vivir como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran algo, como si no lo poseyeran (7:29–30). (b) Sobre todo, no hay suficiente evidencia que demuestre que los corintios estaban amenazados por la persecución. El tono general de esta carta insinúa que estaban tomando la vida muy ligeramente.

(3) El término traducido como “crisis” sencillamente significa “necesidad” o “compulsión”. Pablo no se refiere al regreso de Cristo ni a la persecución, sino a la necesidad presente, la compulsión de vivir con el finalmente. Contrario a los paganos o seculares, no podemos hacer del matrimonio nuestro gozo principal, ni de la prosperidad o de ninguna otra cosa temporal. Todos están bajo la fórmula de “como si no”: vivir “como si no disfrutaran de ellas; porque este mundo, en su forma actual, está por desaparecer” (7:31). Hay maneras responsables en que los cristianos pueden disfrutar de estas cosas, o llorar o ser felices, pero nunca como si estas fueran lo máximo.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 245). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Silencio, Dios quiere hablarnos!

Yo (el Señor) la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón.

Oseas 2:14

Bueno es esperar en silencio la salvación (el socorro) del Señor.

Lamentaciones 3:26

Samuel dijo (al Señor): Habla, porque tu siervo oye.

1 Samuel 3:10

¡Silencio, Dios quiere hablarnos!

Hoy son numerosos los que no saben aislarse y detenerse para reflexionar. Algunos incluso sienten una verdadera angustia solo al pensar en estar solos. Y si no pueden aturdirse con los ruidos o las distracciones de todo tipo, alimentan ideas oscuras. La sociedad contemporánea está organizada de tal modo que se ha hecho casi imposible leer o reflexionar en los lugares públicos. Un periodista constató en un diario: «La música y el ruido nos acompañan en el camino, en el autobús, en el centro comercial, en el restaurante e incluso en el trabajo, en la playa… Giramos el botón de la radio para escuchar palabras sin hacer caso de su sentido, pues solo le pedimos que tranquilice nuestras conciencias. El ruido es un estupefaciente, y como todos los estupefacientes, un remedio para la angustia de estar solo».

Desgraciadamente, el cristiano no escapa a esta calamidad. Por ello es imperativo que reserve algunos momentos a solas con Dios. Así como el rocío no cae cuando sopla el viento, la Biblia no nos transmite el mensaje divino cuando nuestra mente está turbada por la contaminación sonora o moral. El creyente debe descubrir o redescubrir esos momentos favorables de intimidad con el Señor, para que él hable a su corazón.

¡Hagamos silencio, no solo a nuestro alrededor, sino en nosotros mismos, para poder escuchar la Palabra de Dios!

2 Crónicas 18 – 1 Corintios 10 – Salmo 103:1-5 – Proverbios 22:16

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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