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Si no viereis señales y prodigios, no creeréis

2 de septiembre

«Si no viereis señales y prodigios, no creeréis».

Juan 4:48

Un síntoma del estado enfermizo de la mente del hombre en los días de nuestro Señor era el ardiente deseo de ver prodigios. Rechazaban el alimento sólido y ansiaban meros portentos. El evangelio, que tanto necesitaban, no lo querían y reclamaban ardientemente los milagros que Jesús no siempre estaba dispuesto a efectuar. Muchos en nuestros días tienen que ver señales y maravillas, de lo contrario no creen. Algunos han dicho: «Yo tengo que sentir un profundo horror en el alma; si no, no creeré en Jesús». ¿Pero… y si nunca llegas a sentir ese horror, como, probablemente, sucederá? ¿Quieres ir al Infierno por despecho contra Dios, porque no desea tratarte como trata a otros? Alguno se ha dicho a sí mismo: «Si yo tuviese un sueño o si sintiese una repentina sacudida de no sé qué clase, entonces creería». ¿Así que tú, indigno mortal, piensas que mi Señor va a recibir órdenes de ti? Tú eres un mendigo que está a su puerta solicitando piedad, ¿y has de prescribir reglas y reglamentos en cuanto a cómo te ha de dar esa gracia? Mi Señor es de espíritu generoso, pero tiene un corazón muy ilustre; por eso rechaza toda imposición y mantiene su soberanía de acción. Si es esta tu situación, querido lector, ¿por qué ansías señales y prodigios? ¿No es en sí mismo el evangelio una señal y un prodigio? ¿No es un milagro de milagros que «de tal manera [haya amado] Dios al mundo que ha [ya] dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda»? Sin duda, las palabras «el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente», y esta solemne promesa: «Al que a mí viene, no le echo fuera», son mejores que las señales y los prodigios. Un Salvador veraz debe ser creído. Él es la verdad misma. ¿Por qué has de pedir pruebas de la veracidad de Uno que no puede mentir? Los demonios declaran que él es el Hijo de Dios, ¿y dudarás tú de él?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 256). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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