Jesús le dijo: Si puedes creer…

23 de septiembre

«Jesús le dijo: Si puedes creer…».

Marcos 9:23

Cierto hombre tenía un hijo endemoniado al que atormentaba un espíritu mudo. El padre, habiendo visto el fracaso de los esfuerzos de los discípulos por sanar a su hijo, tenía poca o ninguna fe en Cristo y, por consiguiente, cuando Jesús le mandó que le trajese al muchacho, el padre respondió: «Si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros y ayúdanos». Ahora bien, en esa pregunta había un «si», pero el pobre y tembloroso padre lo había colocado en un lugar que no le correspondía. Por tanto, Jesús, sin ordenarle que retirara el «si», lo puso, muy afablemente, en su correspondiente lugar. «No —me parece oírle decir—, no debe haber ningún ‘si’ en cuanto a mi poder o mi buena voluntad. Ese ‘si’ hay que colocarlo en algún otro lugar: ‘Si puedes creer, al que cree todo le es posible’». La fe del hombre se afirmó entonces; y, además, este le pidió al Señor que se la aumentara. Al momento, Jesús pronunció la palabra y el diablo salió con orden de no volver jamás. Hay aquí una lección que necesitamos aprender: nosotros, a semejanza de aquel hombre, vemos que, a veces, hay que utilizar un «si» en alguna parte, pero siempre estamos errando en cuanto al lugar donde debe colocarse. Si Jesús puede ayudarme; si él puede darme gracia para vencer la tentación; si puede perdonarme; si puede hacerme salir victorioso… No, no es así; pues si tú puedes creer, Jesús es capaz y quiere hacerlo. Tú has puesto el «si» fuera de su lugar. Si puedes creer con confianza, todas las cosas son posibles para Cristo, y así todas las cosas serán también posibles para ti. La fe tiene valor ante el poder de Dios, y está ataviada con el poder del Altísimo. Se encuentra vestida con el ropaje real y cabalga sobre la cabalgadura del Rey, pues esa es la virtud que el Rey se complace en honrar. Ciñéndose con la gloriosa potencia del Espíritu poderoso, la fe se hace poderosa —en la omnipotencia divina— para actuar, para aventurarse y para sufrir. Todas las cosas, sin limitación alguna, son posibles para el que cree. Alma mía, ¿puedes tú creer en tu Señor esta noche?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 277). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Agradecimiento y alabanza

23 Septiembre 2017

Agradecimiento y alabanza
por Charles R. Swindoll

Salmos 100

El Salmo 100 continúa con dos preceptos finales y presenta tres razones específicas para «cantar con gozo» (v. 1). Ambos preceptos nos invitan a hablar directamente con el Señor.

6. Denle gracias (v. 4). La palabra hebrea para dar gracias viene de un verbo que significa confesar, alabar, reconocer, exaltar o agradecer. En otras palabras no es sencillamente decir: «gracias Dios, por los bendiciones». En este texto el verbo da a entender una persona que tiene razones específicas para dar gracias, que relata una historia donde Dios es el héroe. Nosotros hacemos esto cuando estamos contándoles a nuestros amigos acerca de algún buen doctor que nos ayudó con una larga enfermedad. La expresión de gratitud es impresionante. Sentimos que las palabras no nos alcanzan para poder hablar bien de ese doctor. De manera similar en este pasaje, la expresión «denle gracias» da la intención de expresar que literalmente no podemos decir con palabras lo bueno que es el Señor y lo que él hace por nosotros.

Una de las señales que muestra que estamos en los últimos días, es la ingratitud. 2 Timoteo 3: 1-5 escribe la palabra «malagradecido» en una lista de actitudes que marcan los días malos antes del fin del mundo. Hay que tener cuidado con esa generación ingrata y mal agradecida. Cultivar un corazón agradecido es algo muy importante para Dios.

7. Bendigan su nombre (v. 4). La palabra hebrea es «barak» y tiene el significado de arrodillarse, elogiar o saludar. La idea es mostrar honor y honra a Dios, reconociendo su nombre por encima de cualquier otro nombre. En el Oriente Antiguo, una persona «bendecía» a un superior arrodillándose o inclinándose ante él. Él o ella entonces expresaban su deseo para que esa persona tuviera poder, prosperidad, longevidad, éxito, etc.

Claro está que el Señor ya posee todo el poder, la prosperidad, la longevidad y siempre tendrá éxito en todo lo que haga; al «bendecir su nombre», afirmamos su poder y su bondad y nos comprometemos a unirnos a su causa.

Esas dos acciones, «dar gracias» y «bendecir su nombre» tiene un significado especial muy arraigado a la tradición del Oriente Antiguo. Recibir la hospitalidad de un noble y pronunciar la bendición como resultado establecía efectivamente una alianza, una deuda duradera que unía a ambas personas en un lazo de amistad. En este caso, el salmista nos invita a que demos lealtad al rey supremo.

Afirmando el alma
Durante los siguientes días, dedique su tiempo de oración a darle gracias y alabar al Señor. Esto no es tan fácil como pedirle al Señor ayuda, sabiduría, fortaleza, sanidad u otras necesidades así que debe prepararse antes de orar. Haga una lista de agradecimientos. Investigue los atributos de Dios. Luego, en oración, relate la historia de la bondad de Dios hacia usted.

Cultivar un corazón agradecido es algo muy importante para Dios.—Charles R. Swindoll

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

“Aguijón en la carne”

23 SEPTIEMBRE

2 Samuel 19 | 2 Corintios 12 | Ezequiel 26 | Salmo 74

Me veo obligado a jactarme”, escribe Pablo (2 Corintios 12:1), aunque, desde luego, únicamente lo ha estado haciendo de la manera más irónica (ver la meditación de ayer y la del 21 de septiembre). Pero ahora se enfrenta a un nuevo dilema. Aparentemente, sus enemigos han estado jactándose de sus experiencias espirituales. Incluso puede que estuvieran diciendo algo así como: “Bueno, claro que Pablo tuvo esa experiencia en el camino de Damasco, pero ya hace tiempo de eso. ¿Qué ha sabido él de Dios desde entonces? La gracia de ayer se ha puesto rancia”. En este caso, Pablo no puede usar simplemente la ironía y jactarse de lo opuesto de todo lo que valoran sus enemigos, como lo hizo en el capítulo 11. Lo contrario a tener varias experiencias espirituales es no tenerlas y, en el caso de Pablo, decir que no ha disfrutado de este tipo de vivencia sería una mentira. De manera que, a regañadientes, pasa a hablar de “las visiones y revelaciones del Señor” (12:1). Pero no soporta hablar de sí mismo en este aspecto, así que recurre a un recurso literario y lo hace en tercera persona. Escribe: “Conozco a un seguidor de Cristo” (12:2), aunque claramente se refiere a él (12:5–6).

Aun en este caso, Pablo ofrece tres énfasis para dejar de ser el centro de atención y restarle toda virtud a la costumbre de la jactancia.

Primero, dice que en su caso, no le es permitido hablar sobre las experiencias espectaculares que tuvo en el cielo catorce años antes (12:4). El “tercer cielo” (12:2) es la morada de Dios; el “paraíso” es donde él vive. Algunas de las cosas que vio eran “indecibles”: la gente que no ha experimentado este tipo de visión no cuenta con las categorías para comprenderlas. Más importante aún es que estas visiones tenían el propósito de fortalecer a Pablo; no se le permitía hablar de ellas, lo cual explica su silencio.

Segundo, Pablo teme que la gente piense que él es más de lo que realmente es (lo contrario a nuestros temores) y por eso, como cuestión de principios, prefiere no hablar de asuntos inaccesibles. Si ha de ser juzgado, quiere serlo por lo que dice y hace (12:6) y no por alegaciones de visiones y revelaciones que son inasequibles al escrutinio público.

Tercero, Pablo reconoce que, junto con las grandes ventajas que ha recibido, Dios le ha impuesto—a través de Satanás—un “aguijón en la carne” que no le será quitado, a pesar de sus múltiples y fervientes oraciones intercesoras (12:7–10). Se le dio para evitar que se volviera presumido, para mantenerlo “débil”, de manera que aprendiera que la fuerza de Dios se perfecciona en nuestra debilidad y que, por ello, nunca debía depender de la gracia extraordinaria que había recibido ni se jactara de esta. En este mundo caído, es misericordioso que la gracia copiosa vaya acompañada de gran debilidad, y viceversa.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 266). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Gente brillante

sábado 23 septiembre

Yo soy la luz del mundo.

Juan 8:12

Vosotros sois la luz del mundo.

Mateo 5:14

Sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor.

Efesios 5:8-10

Gente brillante

En la sociedad hay personas consideradas brillantes. Son inteligentes, cultas, tienen una opinión sobre cualquier tema y su compañía es apreciada. ¡Todos conocemos personas así, y quizás estemos un poco celosos de sus facultades intelectuales y de su brillantez!

Amigos cristianos, no tenemos ninguna razón para envidiar a estas personas, pues Dios también nos atribuye la facultad de brillar. Todos los hijos de Dios, sin excepción, todos aquellos que recibieron la vida divina mediante la fe en Jesucristo, son “luz en el Señor”. Sus cualidades personales no tienen ninguna importancia, pues la fuente de luz no está en ellos; solo reflejan la de Cristo. Solo él es “aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre” (Juan 1:9). En todos los detalles de su vida, Jesús manifestó esta luz compuesta de bondad, justicia y verdad. Al subir al cielo, dejó a los rescatados en la tierra como si fuesen espejos para reproducir sus cualidades.

Y esta pregunta es para cada uno de nosotros, cristianos: ¿Se puede ver en mi vida la luz de Jesucristo? Un espejo sucio y polvoriento no es eficaz. ¡No nos dejemos ensuciar por el mal ni invadir por el polvo de las malas costumbres! Escuchemos esta exhortación del apóstol Pablo: “Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Filipenses 2:15).

Oseas 3-4 – 2 Corintios 11:16-33 – Salmo 106:40-48 – Proverbios 23:29-35

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Cuando mi corazón desmayare, a la peña más alta que yo me conduzcas.

22 de septiembre

«Cuando mi corazón desmayare, a la peña más alta que yo me conduzcas».

Salmo 61:2 (RVR 1909)

La mayoría de nosotros sabemos lo que es sentir el corazón desmayado; estar vacío como cuando alguien limpia un plato y le da la vuelta; estar hundido y escorado como un barco vencido por la tempestad. El descubrimiento de los pecados secretos producirá tal efecto, al permitir el Señor que el gran abismo de nuestras maldades entre en erupción y vomite cieno y lodo. Las decepciones y los disgustos lo producirán también, cuando ola tras ola pase sobre nosotros y seamos semejantes a un casco partido que se ve arrojado de acá para allá por la marejada. Gracias a Dios que en esas ocasiones tenemos más que suficiente solaz, pues nuestro Dios es el puerto de las naves sacudidas por el temporal y el refugio de los peregrinos desamparados. Dios está por encima de nosotros; su gracia es más alta que nuestros pecados y su amor más elevado que nuestros pensamientos. Resulta lastimoso que los hombres pongan su confianza en algo más bajo que ellos; en cambio, nuestra confianza está puesta en un Señor muy alto y glorioso. Él es una Peña porque no cambia y una Peña alta porque las tempestades que nos abruman retumban lejos debajo de sus pies. Él no se turba por ellas, sino que las domina a su antojo. Si nos refugiamos bajo esa Peña alta podemos desafiar al huracán. Todo es calma a sotavento de dicha Peña elevada. ¡Ay, es tal la confusión en que a menudo se encuentra nuestra mente que necesitamos dirigirnos a ese divino refugio! De ahí la oración de nuestro texto. ¡Oh Dios nuestro, enséñanos por tu Santo Espíritu la senda de la fe y guíanos a tu reposo! El viento nos arrastra hacia el mar; el timón no responde a nuestra débil mano. Tú, solo tú puedes conducirnos sanos y salvos, entre los escondidos arrecifes, a puerto seguro. ¡Cuán dependientes somos de ti! Necesitamos que nos conduzcas a ti mismo. El ser sabiamente dirigidos y guiados con seguridad y paz es don tuyo y solo tuyo. Complácete en esta noche en tratar bien a tus siervos.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 276). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

¿De qué manera te jactas de tus debilidades?

22 SEPTIEMBRE

2 Samuel 18 | 2 Corintios 11 | Ezequiel 25 | Salmo 73

En medio de la continua presión que sentía Pablo de responder a los que intentaban socavar su autoridad en Corinto, se ve obligado a “jactarse” sin “jactarse” (ver la meditación de ayer). En 2 Corintios 10, Pablo culmina su argumento con la afirmación de que el cristiano sólo debe jactarse Jesucristo: “Más bien, «Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe en el Señor” (10:17). En 2 Corintios 11:16–33, adopta un enfoque diferente para llegar a la misma verdad.

Lo que hace es una especie de pausa: dice que se gloriará, no como apóstol, ni siquiera como cristiano, sino como un “loco” (11:16–21). Incluso esto le da muchísima vergüenza (11:21b, 23), pero no ve otra alternativa. Ciertamente, dice, ha estado sumergido en la cultura y lengua hebrea desde su juventud, y no es menos “ministro de Cristo” que los demás, pero hablar de esta manera le resulta tan doloroso, que explota con un paréntesis: “Como si estuviera loco hablo” (11:23). Y luego invierte todas las categorías. Ha “trabajado más arduamente”: se refiere a que ha realizado trabajo físico, con sus manos, cosa que jamás haría ningún maestro helenístico que se respetara a sí mismo. Más aún, dice que tiene un historial de prisiones más largo que ellos. Ha sido azotado más a menudo. Cinco veces recibió la sanción de la sinagoga, los treinta y nueve azotes. Ha naufragado tres veces en sus viajes por el evangelio (11:25) y esto lo escribió antes de que sucediera el evento que se registra en Hechos 27. El peligro le ha acechado constantemente en sus viajes y, a menudo, ha tenido que quedarse en ayunas. Peor aún, ha sido traicionado por “falsos hermanos” (11:26), a la vez que se enfrenta diariamente a su preocupación constante por todas las iglesias (11:27–28).

No debemos considerar esto con ojos de cristianos occidentales, como si fuera una saga emocionante de perseverancia bajo presión. Leemos acerca de los sufrimientos de Pablo y admiramos su fidelidad y resistencia, su conformidad al Cristo que fue hasta la cruz. Sin embargo, sus enemigos habrían visto todas estas “jactancias” como señales de debilidad e incluso de estupidez: como si no tuviera suficiente sensatez como para alejarse de los problemas. Pero Pablo está decidido a invertir la jactancia humana; él se gloría en las cosas que reflejan su debilidad (11:30). Incluso su último ejemplo sigue esta misma línea (11:31–33). Tendemos a ver la huida de Pablo de Damasco a través de los ojos de Lucas (Hechos 9). Pablo mismo, sin embargo, veía esta fuga como una derrota vergonzosa. En una época en la cual el honor militar más alto entre los romanos se le otorgaba al soldado con rango de centurión (o un grado mayor) que fuera el primero en escalar la muralla al sitiar una ciudad, Pablo asegura que fue el primero, pero en descenderla.

¿De qué manera te jactas de tus debilidades?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 265). Barcelona: Publicaciones Andamio.

HAY QUE DEMOSTRAR AMOR

HAY QUE DEMOSTRAR AMOR

9/22/2017

Andad en amor.

Efesios 5:2

¿Qué es el amor? ¿Cómo se demuestra? A fin de poder practicar el amor, hay que saber lo que es desde el punto de vista bíblico. A lo largo de las Escrituras, se caracteriza el amor como una acción.

Ante todo, el amor enseña la verdad a otros (Ef. 4:15) y los ayuda en sus necesidades (He. 6:10). Da ejemplo al servir a otros y a alentarnos en su crecimiento (Gá. 5:13). Cubre los pecados de otras personas (1 P. 4:8) y perdona (Ef. 4:32). También el amor soporta los problemas y las idiosincrasias de los demás (1 Co. 13:7) y el sacrificio por ellos (Jn. 15:13-14).

El amor abnegado presenta la verdad espiritual, ayuda y se interesa en los necesitados. Les debemos a todos ese amor y no debemos deberle nada más. Ese es el corazón de la vida cristiana; es el imán que atrae al mundo.

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Cultive una relación con Dios

22 Septiembre 2017

Cultive una relación con Dios

por Charles R. Swindoll

Salmos 100

El Salmo 100 es un precepto extendido para adorar al Señor con instrucciones específicas. Los primeros tres mandatos que aparecen en los versículos 1 y 2 están relacionados directamente con la idea de cultivar una actitud de gozo. Las siguientes cuatro instrucciones se enfocan en cómo vemos la identidad y el carácter del Señor. Examinemos dos de ellos.

4. Reconozcan que el Señor es Dios (v. 3). A primera vista, éste parece un precepto extraño. Un análisis más cercano de los términos en el idioma hebreo nos ayudará a aclarar la intención de salmista.

La palabra «conocer» viene del hebreo, «yada». Cuando se utiliza en referencia a una persona, denota un conocimiento personal por experiencia, no un conocimiento a la ligera. Es el mismo término que los escritores bíblicos utilizaron como un eufemismo de la relación sexual (Génesis 4: 1; 19: 8; Números 31:17, 35; Jueces, 11:39; 21:11; 1 Reyes 1:4; 1 Samuel 1:19). Nuestro conocimiento de Dios debe ser algo personal y basado en la experiencia, no en algo simplemente teológico.

La palabra, «Señor» es el nombre personal de Dios que se representa en hebreo por las cuatro consonantes «JHVH», y que era considerado muy sagrada para pronunciarlo de manera audible. Quizá recuerde que la palabra se basa en el verbo «ser» que le identifica como la deidad que verdaderamente existe. El finado filósofo cristiano, Francis Schaeffer lo decía de esta manera: «el Dios que existe» (al contrario de todos dioses que no existen).

La estructura de la oración también muestra un detalle importante enfatizando que ningún otro nombre puede tener esa distinción. La oración pudiera bien leerse: «conozcan que Jehová, solamente es Dios». Un compositor contemporáneo agregó una frase muy importante en una canción titulada, Él es Dios. Él escribió: «Él es Dios…y yo no».

La palabra, «Dios» al final de la oración es la palabra hebrea, «elohim», la cual enfatiza la grandeza de Dios, algo así como si utilizamos el título «Su realeza» cuando nos referimos a un rey.

El texto entonces podría parafrasearse de la siguiente forma: «conozcan por experiencia personal que JHVH es el único soberano Dios de todo».

Hay dos implicaciones muy importantes aquí. Primero, la soberanía de Dios está por encima de cada uno de nosotros. Dios no es sencillamente el gobernador del universo que domina las galaxias y las fuerzas de la naturaleza. Él es mi Dios soberano. Él es su rey. Él es el jefe; nosotros nos debemos a él. Cuando aceptamos ese hecho, la vida se vuelve más fácil de entender y el gozo hace un lado la frustración.

Segundo, nuestro conocimiento de Dios como el Señor soberano se debe aprender por experiencia personal. Eso implica una relación personal donde él nos dirige y nosotros le seguimos. Y a través de ese intercambio continuo, la decisión de confiar en él se vuelve un factor inmutable e inconmovible. Las personas seguras de sí mismas son personas gozosas.

5.  Entren por sus puertas con acción de gracias (v. 4). ¿Cuál era el concepto del salmista aquí? ‘¿A qué puertas y atrios se refiere? Existen dos posibilidades. Primero, puede referirse a la fortaleza de un gobernante, donde se decidían los juicios y se concedían los favores. Si es así, la invitación allí tiene que ver con entrar al lugar con alabanzas y agradecimiento en vez de buscar el favor de un gobernante.

La segunda posibilidad puede referirse al templo, el lugar donde el pueblo de Dios se acercaba al Señor. En el antiguo testamento, el resplandor de su gloria, que los hebreos llamaban, «Shekinah» llenaba el lugar santísimo del templo (2 Crónicas 5: 14 y 1 Reyes 8:10-11). El templo tenía puertas y atrios, los cuales daban acceso a la presencia de Dios.

Debido a que Jesús satisfizo todos los  requisitos de los rituales del templo, nosotros no tenemos que buscar un lugar específico para encontrarnos con Dios. En la actualidad, nosotros le adoramos «en espíritu y en verdad» (Juan 4:23). Entonces, ¿cómo entramos a sus puertas y a sus atrios? ¿Cuál es nuestro acceso a su presencia en la actualidad? La respuesta es la oración. Hebreos 4:16 nos invita a «acercarnos» al trono de Dios. A través de la oración llegamos a la misma presencia de Dios. El Salmo nos dice que nos acerquemos al Señor con alabanza y agradecimientos. De vez en cuando es bueno ahorrarnos nuestras peticiones para otro momento e ir a Dios con el único propósito de alabarle.

Afirmando el alma
Uno puede cultivar una relación personal con Dios de la misma forma en que lo hacemos con otra persona: escuchándole, dedicándole tiempo y haciendo cosas que la otra persona considera importantes. ¿Qué está haciendo para escuchar al Señor? ¿Cuánto tiempo usted dedica a estar con personas que aman a Dios? ¿Se une usted a Dios para lograr su obra?

 

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

La seguridad que da la Biblia  

Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.

1 Corintios 2:9-10

La seguridad que da la Biblia 

El conocimiento científico siempre trata de ir más allá de los límites de lo que puede explicar. Al mismo tiempo descubre la inmensidad y la complejidad del universo, trátese de lo infinitamente grande o de lo infinitamente pequeño, pero nunca ha podido resolver, entre otros temas, el del origen de la vida.

Los cristianos no fundan su fe en los resultados de los conocimientos humanos, sino en la Biblia, que está muy por encima de la sabiduría humana. La Biblia entreabre una puerta sobre la aparición de la vida. En varias ocasiones afirma que Dios es el Creador de los cielos y de la tierra. La Palabra de Dios nos invita a aceptar este hecho mediante la fe. Ella es muy sobria sobre el «cómo» de la creación. Solo nos da una síntesis de una simplicidad maravillosa: “Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos… Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió” (Salmo 33:6-9).

Nosotros formamos parte de este mundo, somos criaturas, fue Dios quien nos hizo; no podemos conocerlo sin que él se revele.

Dios pide que el hombre lo honre como Creador. Además se dio a conocer al hombre como “Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:3-4). El camino de la fe y del verdadero conocimiento tiene este punto de partida: reconocer que necesito esa salvación. Y a los que creen en él, les revela lo “que Dios ha preparado para los que le aman”, es decir, la felicidad de estar para siempre con el Señor Jesús.

Oseas 1-2 – 2 Corintios 11:1-15 – Salmo 106:32-39 – Proverbios 23:26-28

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Municiones contra la ansiedad

SEPTIEMBRE, 21

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Municiones contra la ansiedad

Devocional por John Piper

Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. (Filipenses 4:6)

Cuando siento ansiedad respecto de que mi ministerio pueda resultar inútil o vacío, lucho contra la incredulidad con la promesa de Isaías 55:11: «Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mi vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié».

Cuando me ataca la ansiedad y me siento demasiado débil para hacer mi trabajo, batallo contra la incredulidad con una promesa de Cristo: «Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Corintios 12:9).

Cuando estoy ansioso por las decisiones que tengo que tomar acerca del futuro, batallo contra la incredulidad con la promesa: «Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; te aconsejaré con mis ojos puestos en ti» (Salmos 32:8).

Cuando me siento ansioso por tener que enfrentar opositores, lucho contra la incredulidad con la promesa: «Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Romanos 8:31).

Cuando estoy ansioso por el bienestar de las personas que amo, batallo contra la incredulidad con la promesa de que si yo, siendo malo, sé dar cosas buenas a mis hijos, mucho más el «Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden» (Mateo 7:11).

Y lucho para mantener el equilibrio espiritual recordando que todo el que ha dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o tierras, por causa de Cristo recibirá «cien veces más ahora en este tiempo: casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y tierras junto con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna» (Marcos 10:29-30).

Cuando me ataca la ansiedad a causa de la enfermedad, batallo contra la incredulidad con la promesa: «Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas lo libra el Señor» (Salmos 34:19).

Y recibo con temblor la promesa de Romanos 5:3-5: «la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza; y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado».


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), páginas 60-61

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