La humillación de Cristo

Grace en Español

La Cruz de Cristo y su Significado

Henry Tolopilo

Henry se desempeña como pastor asociado en Grace Church, supervisando el Ministerio español. Anteriormente sirvió como misionero en Costa Rica y México, y también trabajó como director de desarrollo curricular para LOGOI International en Miami, Florida. Henry tiene títulos de Biola University (BA), Talbot Theological Seminary (M.Div.) Y Dallas Theological Seminary (STM). Él y su esposa Barbara tienen dos hijos.

«Entonces el SEÑOR me mostró cuatro artesanos»

5 de diciembre

«Entonces el SEÑOR me mostró cuatro artesanos».

Zacarías 1:20 (LBLA)

En la visión que se describe en este capítulo, el Profeta ve cuatro cuernos terribles que están acometiendo de una forma y de otra y derribando a los más fuertes y los más poderosos. El Profeta pregunta: ¿Qué son estos? Y se le responde: «Estos son los cuernos que dispersaron a Judá, a Israel y a Jerusalén». El Profeta tenía delante de sí una representación de los poderes que han oprimido a la Iglesia de Dios. Había cuatro cuernos, porque la Iglesia se ve atacada por todas partes. Bien podía el Profeta sentirse consternado; pero, de repente, aparecieron delante de él cuatro artesanos. Y el Profeta pregunta: «¿Qué vienen éstos a hacer?». Esos eran los hombres que Dios había elegido para hacer pedazos a aquellos cuernos. Dios siempre encontrará hombres para su obra, y los encontrará en el momento oportuno. El Profeta no había visto a los artesanos al principio, cuando no era necesario hacer nada, sino solo los «cuernos»; después vio a los «artesanos». Además, el Señor encuentra suficientes hombres. Él no trajo tres artesanos sino cuatro: había cuatro cuernos, por tanto, tenía que haber cuatro obreros. Dios encuentra a los hombres idóneos. No se trataba de cuatro hombres con plumas para escribir; ni cuatro arquitectos para trazar planos; sino cuatro artesanos para hacer trabajos rudos. Ten por cierto, tú que tiemblas por el arca de Dios, que cuando los «cuernos» molesten, se encontrarán los «artesanos» necesarios. No debes inquietarte por la debilidad de la Iglesia en ningún momento. Quizá algún valiente reformador que ha de sacudir a las naciones esté creciendo en el anonimato. Los Crisóstomos pueden salir de nuestras escuelas elementales, y los Agustines, de la más densa oscuridad de la pobreza de cualquier ciudad. El Señor sabe dónde encontrar a sus siervos. Él guarda en secreto una multitud de hombres eficientes quienes, al oír su orden, se levantarán para combatir: «porque la batalla es del Señor», y él obtendrá la victoria. Permanezcamos fieles a Cristo y, a su debido tiempo, él levantará una defensa a nuestro favor, ya sea en el día de nuestra necesidad personal o en un momento de peligro para la Iglesia.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 350). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 5:1–6:11 | 1 Juan 4 | Nahúm 3 | Lucas 19

5 DICIEMBRE

2 Crónicas 5:1–6:11 | 1 Juan 4 | Nahúm 3 | Lucas 19

Una vez construido el templo, el paso final antes de su dedicación era traer el arca del pacto desde el antiguo tabernáculo, que estaba en Sión, la Ciudad de David (parte de Jerusalén) a su nueva morada en el Lugar Santísimo del templo. 2 Crónicas 5:1–6:11 no sólo registra esta transición, sino también las palabras iniciales de Salomón al pueblo antes de su oración de dedicación (ver la meditación de mañana). Tanto el traslado del arca como las declaraciones de Salomón son importantes.

El traslado en sí siguió las disposiciones de la ley: únicamente se permitió a los levitas manejar el arca. Sin embargo, fue un acontecimiento nacional. Los ancianos de Israel y los líderes de las tribus se congregaron de toda la nación para esta gran celebración. El traslado fue acompañado por sacrificios tan espléndidos, que no se pudieron contar ni numerar los animales que se mataron (5:6). Finalmente, se ubicó el arca debajo de las alas de los querubines en el Lugar Santísimo. Como un aparte, el cronista menciona que, en este momento, sólo las tablas de la ley permanecieron en el arca del pacto. Es posible que la urna con maná y la vara de Aarón que había florecido hayan desaparecido cuando el arca estuvo en manos de los filisteos. De todos modos, las orquestas y coros se manifestaron, incluyendo una sección de 120 trompetas. Los cantores alabaron a Dios con el conocido estribillo: “El Señor es bueno; su gran amor perdura para siempre” (5:13).

Dos detalles merecen un comentario especial.

(1) En el pasado, la evidencia de la presencia de Dios en el tabernáculo había sido una nube. Ahora, la misma nube llena el templo; de hecho, la gloria de Dios llena el templo de tal manera que los sacerdotes tuvieron que salir y se encontraron incapaces de entrar para llevar a cabo sus tareas (5:13–14). Esto demuestra que Dios está complacido con el templo; que él mismo había aprobado el traslado del tabernáculo al templo, y sobre todo, que si el templo es su templo, no debe ser domesticado con meros ritos, sin importar cuán espléndidos sean. La gloria de su presencia es lo importante.

(2) Las declaraciones iniciales de Salomón también contribuyeron al sentido de continuidad. Tal vez, algunos puristas se vieron tentados a decir que hubiera sido mejor quedarse con el tabernáculo: después de todo, fue lo que Dios ordenó en el Monte Sinaí. De manera que Salomón recuerda los pasos expuestos por la narrativa hasta este momento: las promesas de Dios a David, la selección de Dios de Jerusalén y de esta ubicación del templo, la elección de Dios de Salomón en vez de David para hacer la construcción, y así debía ser. Por tanto, el templo no fue una innovación cuestionable, sino todo lo contrario: fue el próximo paso en la historia de la redención y en el cumplimiento de las promesas buenas de Dios (6:10–11).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 339). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Los cuidados de Dios

martes 5 diciembre

Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré.

Ezequiel 34:12

Los cuidados de Dios

Durante la segunda guerra mundial, un cristiano formaba parte de una patrulla de reconocimiento nocturno muy cercana de las líneas enemigas. Era necesario guardar silencio absoluto. Desgraciadamente a menudo los cordones de sus polainas se soltaban y él debía agacharse para volver a hacer el nudo, luego debía correr para unirse nuevamente a la patrulla. A la tensión de sentirse cerca del enemigo se añadía la contrariedad que le causaban estos incidentes.

Cuando se agachó nuevamente para atar los cordones, una ráfaga de metralleta lanzada justo en su dirección pasó por encima de él. Salvó su vida gracias a ese cordón recalcitrante. Comprendió que Dios había empleado ese medio para protegerlo, y emocionado le dio las gracias.

A veces el Señor permite situaciones en nuestra vida que nos molestan. Quiere detenernos en el camino que hemos emprendido, para que aprendamos a dominarnos o para protegernos. Nuestra primera reacción a menudo es un sentimiento de rebeldía, no comprendemos el porqué de lo que sucede.

El profeta Oseas nos muestra los cuidados de Dios, incomprendidos por su pueblo. “Contra mí se rebelaron; yo los redimí” (Oseas 7:13). “No conoció que yo le cuidaba… los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo” (Oseas 11:3).

El Señor siembra nuestras vidas con sus manifestaciones de amor, pero nosotros no las percibimos en el momento. Confiemos en él y aprenderemos a verlas.

Eclesiastés 1:1-2:11 – Santiago 4 – Salmo 138:1-5 – Proverbios 29:7-8

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PRESO POR CRISTO

PRESO POR CRISTO

12/4/2017

Mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás. (Filipenses 1:13) 

El apóstol Pablo siempre se consideró un preso por la causa de Cristo; nunca por un delito. Estaba encadenado porque creía en Cristo, lo predicaba y lo representaba.

Desde el punto de vista de Roma, Pablo era un preso encadenado a un guarda romano. Pero desde la perspectiva de Pablo, los guardas romanos eran esclavos cautivos encadenados a él. El resultado de tal confinamiento fue que la causa de Cristo se había llegado a conocer “en todo el pretorio”. Lejos de ser una condición opresiva, a Pablo se le había dado la oportunidad de dar testimonio de Cristo a cada guardia asignado a él, cada seis horas.

¿Qué veían los soldados? Veían el carácter santo de Pablo, su misericordia, su paciencia, su amor, su sabiduría y su convicción. Al convertirse los miembros de la guardia de palacio, se difundía la salvación más allá de ellos hasta “los de la casa de César” (Fil. 4:22).

Por muy difícil que pueda parecer a primera vista, nadie es demasiado difícil de evangelizar.

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Por los pequeños hijos de Dios

DICIEMBRE, 04

Por los pequeños hijos de Dios

Devocional por John Piper

Y aconteció en aquellos días que salió un edicto de César Augusto, para que se hiciera un censo de todo el mundo habitado. Este fue el primer censo que se levantó cuando Cirenio era gobernador de Siria. Y todos se dirigían a inscribirse en el censo, cada uno a su ciudad. Y también José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia de David, para inscribirse junto con María, desposada con él, la cual estaba encinta.(Lucas 2:1-5)

¿Alguna vez pensó cuán increíble es que Dios haya predestinado que el Mesías naciera en Belén (como anticipa la profecía de Miqueas 5); y que también haya decretado que, cuando llegara el tiempo, tanto la madre del Mesías como su padre legal estuvieran viviendo en Nazaret; y que, para cumplir con su palabra y hacer que aquellas dos pequeñas personas llegasen a Belén para esa primera Navidad, Dios pusiese en el corazón de César Augusto el deseo de hacer un censo de todo el imperio romano para que cada persona se registrase en su propio pueblo de origen?

¿Alguna vez se sintió, al igual que yo, pequeño e insignificante en un mundo poblado de siete mil millones de personas, donde todas las noticias tratan de grandes movimientos políticos, económicos y sociales, o de personas destacables llenas de poder y prestigio?

Si la respuesta a esa pregunta es sí, no se sienta triste ni desanimado. Las Escrituras dejan entrever que todas las gigantescas fuerzas políticas y todos los enormes complejos industriales, sin siquiera saberlo, están siendo guiados por Dios, no para obtener sus propios fines, sino por causa de los pequeños hijos de Dios: personas pequeñas como María y José, que tienen que ser llevados de Nazaret a Belén. Dios dirige imperios para bendecir a sus hijos.

No piense que, porque está atravesando adversidades, la mano de Dios se ha acortado. No es nuestra prosperidad, sino nuestra santidad lo que él busca de todo corazón. Con ese fin, él gobierna el mundo entero. Así lo expresa Proverbios 21:1: «Como canales de agua es el corazón del rey en la mano del Señor; Él lo dirige donde le place».

Él es un Dios grande para gente pequeña. Tenemos grandes motivos para regocijarnos: sin saberlo, todos los reyes, presidentes, primeros ministros y cancilleres del mundo cumplen los decretos soberanos de nuestro Padre que está en los cielos para que sus hijos seamos conformados a la imagen de su Hijo, Cristo Jesús.


Devocional tomado del sermón “A Big God for Little People

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«Nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo»

4 de diciembre

«Nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo».

Romanos 8:23

Este gemido es común a todos los santos: en mayor o menor grado, todos lo sentimos. No se trata del gemido de la murmuración o del lamento; más que la nota de la aflicción es la nota del deseo. Habiendo recibido una prenda, ahora deseamos toda nuestra dote. Queremos que nuestro ser entero (espíritu, alma y cuerpo) se vea libre del último rastro de la Caída. Ansiamos despojarnos de la corrupción, la debilidad y la vergüenza y vestirnos de incorrupción, de inmortalidad y de gloria en el cuerpo espiritual que el Señor Jesucristo ha de dar a los suyos. Anhelamos la manifestación de nuestra adopción como hijos de Dios. «Gemimos [pero] dentro de nosotros mismos». No se trata del gemido del hipócrita, que quiere hacer creer a los hombres que es un santo, cuando en realidad es un infeliz. Nuestros gemidos son sagrados: demasiado santos como para que los propalemos a los cuatro vientos. Reservamos nuestros gemidos solo para nuestro Señor. A continuación, el Apóstol dice que estamos «esperando»; con lo cual nos enseña a no refunfuñar, como Jonás y Elías, cuando le dijeron a Dios: «Quítame la vida». También nos muestra que no debernos pedir, con llanto y con gemido, el fin de nuestra vida por el hecho de estar cansados de trabajar; ni querer huir de los sufrimientos actuales hasta que se haga la voluntad de Dios. Hemos de gemir por la glorificación; pero debemos esperarla con paciencia, sabiendo que lo que Dios ha determinado es sin duda lo mejor. Esperar implica estar preparado: nos encontramos a la puerta aguardando que el Amado la abra y nos lleve a estar con él. Ese gemido supone una prueba: puedes juzgar a un hombre por aquello tras lo cual suspira. Algunos suspiran por las riquezas —estos adoran a Mamón—; otros suspiran continuamente bajo las aflicciones de la vida: estas son personas impacientes. Sin embargo, el hombre que suspira por Dios, que está inquieto hasta que se le haga semejante a Cristo, ese es el hombre feliz

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 349). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 3–4 | 1 Juan 3 | Nahúm 2 | Lucas 18

4 DICIEMBRE

2 Crónicas 3–4 | 1 Juan 3 | Nahúm 2 | Lucas 18

“¡Fijaos qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos!” (1 Juan 3:1). Todos, en algún momento, pertenecimos al mundo; para usar el lenguaje de Pablo, todos “éramos por naturaleza hijos de ira” (Efesios 2:3). El amor del Padre que ha efectuado la transformación es espléndido precisamente porque es inmerecido. Más aún:
(1) “¡Y lo somos!” Esta exclamación enfática fue generada probablemente porque los que habían abandonado la iglesia (2:19) eran expertos en manipular a los creyentes. Insistían en que sólo ellos tenían una conexión directa con Dios, que sólo ellos comprendían realmente el verdadero conocimiento (gnosis), que sólo ellos tenían la verdadera unción. Esto tenía el efecto de denigrar a los creyentes. Juan afirma que sus lectores han recibido la verdadera unción (2:27), que su conducta correcta demuestra que han nacido de Dios (2:29), que el amor de Dios ha sido derramado sobre ellos y que, por ello, se han convertido en hijos de Dios: “¡Y lo somos!” Es necesario hacer la misma aclaración a los creyentes de todas las generaciones que se sienten amenazados por las alegaciones extravagantes, pero equivocadas, de los grupos “súperespirituales” que ejercen una manipulación penosa, creando una especie de competencia del más espiritual. “Somos hijos de Dios.” Esto afirman los cristianos tranquilamente, y esto es suficiente. Si otros no reconocen ese hecho, puede ser la evidencia de que ellos mismos no conocen a Dios (3:1b).
(2) Aunque ya somos hijos de Dios, “todavía no se ha manifestado lo que habremos de ser” (3:2). Por un lado, no debemos denigrar ni minimizar todo lo que hemos recibido: “ahora somos hijos de Dios”. Por otro, esperamos la consumación y nuestra propia transformación final (3:2).
(3) De hecho, todo hijo de Dios que vive con esta proclama por delante, “que tiene esta esperanza en él [es decir, en Cristo o en Dios, pues se refiere al objeto de la esperanza y no meramente a quien alberga la esperanza] se purifica a sí mismo, así como él es puro” (3:3). El cristiano ve lo que será en la consumación y ya quiere ser de esa manera. Recibimos el amor del Padre; sabemos que un día seremos puros; así que desde ahora procuramos volvernos puros. Esto está en perfecta conformidad con el final del capítulo 2: “Si reconocéis que Jesucristo es justo, reconoced también que todo el que practica la justicia ha nacido de él” (2:29).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 338). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Dios nos ve (1)

¿Se ocultará alguno, dice el Señor, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice el Señor, el cielo y la tierra?

Jeremías 23:24

Dios conoce vuestros corazones.

Lucas 16:15

Dios nos ve (1)

¡Qué misterio es la mirada del Dios vivo! Ella lo cubre, lo penetra todo, desde la inmensidad del universo hasta los lugares más secretos de nuestra mente. Él ve lo que motiva nuestras expresiones, nuestras actitudes, lee en nuestros corazones. Distingue la expresión de la intención, la máscara de lo real. Discierne nuestras motivaciones más escondidas, nuestros pensamientos más íntimos. ¿Cuál es nuestra reacción a esa mirada de Dios? Podemos tratar de huir de él, de no pensar en él, o vivir como si no existiese, negar incluso su existencia.

Al contrario, si conocemos su amor redentor, podemos buscar la mirada de Dios, es decir, tratar de vivir de una forma que le agrade, estando atentos a lo que él nos dice en la Biblia. Pues sabemos que Dios nos mira con bondad. Podemos dejar todo en sus manos: nuestras alegrías, tristezas e inquietudes. Pero escuchemos también a nuestra conciencia. Si nos reprocha tal palabra o acción, digámoselo a Dios y pidámosle su ayuda para corregirnos.

Dios ve el mal y lo juzga, pero “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1 Juan 1:9). La mirada de Dios no me descubre ante los demás. Es una mirada protectora que previene del peligro. Ser visto por él no significa ser juzgado, al contrario, significa ser amado y protegido. Cuanto más conozcamos a Dios, tanto más desearemos vivir bajo su mirada, por la fe.

Dios “ama la rectitud, y no desampara a sus santos. Para siempre serán guardados” (Salmo 37:28).

(continuará el 6 de diciembre)

Job 42 – Santiago 3 – Salmo 137 – Proverbios 29:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

 

¿QUÉ LO HACE FUNCIONAR A USTED?

¿QUÉ LO HACE FUNCIONAR A USTED?

12/3/2017

Fui hecho ministro, según la administración

de Dios que me fue dada para con vosotros. (Colosenses 1:25) 

¿Qué lo motiva a usted? ¿Qué ocupa su energía, domina su tiempo y lo hace funcionar? Para el apóstol Pablo era el progreso del evangelio. Lo que pudiera ocurrirle a su propio cuerpo o a su carrera tenía poca importancia para él. En Hechos 20:24 dijo: “Ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús”. Rindió su vida, sus bienes, sus ropas, su reconocimiento, su reputación y su prestigio a una meta: “para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios” (v. 24).

Pablo escribió a la iglesia de Roma: “En cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma” (Ro. 1:15). Y en 1 Corintios 9:16 da testimonio de lo que lo impulsaba: “Me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!”

Pablo se sentía impulsado a ver que el evangelio siguiera adelante. Él es un ejemplo para todo cristiano. ¿Es su vida como la de Pablo?

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