El mimetismo

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

Mateo 7:13-14

El mimetismo

Esta facultad es muy conocida en el mundo animal, donde ciertas especies tienen la capacidad de mimetizarse en su entorno, sobre todo para escapar de sus predadores. El camaleón puede cambiar de color, algunas mariposas modifican su forma para disimularse en su entorno.

También existe un mimetismo del comportamiento, una tendencia a reproducir una manera de ser. Este deseo natural de no querer ser diferentes, sino al contrario, de preferir fusionarse en un colectivo, es particularmente visible entre los hombres, cuando hay un partido, una manifestación política…

Ese mimetismo también existe en el plano espiritual: hace pocos años, muchas personas frecuentaban los servicios religiosos para «ser como todo el mundo». Ahora los que acuden a un lugar de culto a menudo son pocos y a veces son discriminados.

En el versículo de hoy, la Biblia nos advierte sobre los peligros de la imitación de la mayoría. En ello hay una aparente seguridad y alguna facilidad, ¿pero a dónde nos conduce? No tengamos miedo de rechazar las formas de pensar de nuestros contemporáneos y los objetivos que persiguen; no temamos ser diferentes. Cristo nos invita a seguirle solo a él; él dijo: “Yo soy el buen pastor” (Juan 10:11). La “puerta” del Evangelio puede parecer más estrecha hoy que ayer, pero todavía conduce a la vida. Lo que cuenta es obedecer lo que Dios nos dice en su Palabra.

Cantares 5-6 – Apocalipsis 8 – Salmo 142 – Proverbios 29:26-27

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AVERGONZADO EN NADA

AVERGONZADO EN NADA

12/14/2017

Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré
avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo. (Filipenses 1:20)
 

El versículo de hoy recuerda la promesa de Cristo en Mateo 10:32: “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos”. El que reconoce a Cristo como Señor en la vida o en la muerte, si fuera necesario, es a quien el Señor reconocerá delante de Dios como suyo.

El apóstol Pablo podía regocijarse en esa verdad. Sabía que nunca sería avergonzado ante el mundo, ante el tribunal del César ni ante Dios mismo porque sabía que Dios sería glorificado en su vida. El Antiguo Testamento afirma que los justos nunca serán avergonzados, mientras que los injustos sí lo serán.

Ser avergonzado quiere decir desalentado, desilusionado o desacreditado. Pablo sabía que eso nunca le sucedería gracias a la promesa de Dios a los justos. Pudiera haber tenido en mente Isaías 49:23: “No se avergonzarán los que esperan en mí”. Sea usted uno de los que no se avergonzarán.

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Haciéndolo Realidad para su pueblo

DICIEMBRE, 14

Haciéndolo Realidad para su pueblo

Devocional por John Piper

Pero ahora Él [Cristo] ha obtenido un ministerio tanto mejor, por cuanto es también el mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. (Hebreos 8:6)

Según Hebreos 8:6, Cristo es el Mediador de un nuevo pacto. ¿Qué significa eso? Significa que su sangre —la sangre del pacto (Lucas 22:20Hebreos 13:20)— pagó por el cumplimiento de las promesas de Dios para nosotros.

Significa que Dios hace posible nuestra transformación interna por medio del Espíritu de Cristo.

También significa que Dios obra toda esta transformación en nosotros mediante la fe en todo lo que Dios es para nosotros en Cristo.

El nuevo pacto fue adquirido por el precio de la sangre de Cristo, fue establecido por el Espíritu de Cristo, y nos apropiamos de él por la fe en Cristo.

El mejor pasaje para ver a Cristo trabajando como el mediador del nuevo pacto es Hebreos 13:20-21:

Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor, el gran Pastor de las ovejas mediante la sangre del pacto eterno [ese es el precio del nuevo pacto], os haga aptos en toda obra buena para hacer su voluntad, obrando Él en nosotros lo que es agradable delante de Él mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Las palabras «obrando Él en nosotros lo que es agradable delante de Él» describen lo que sucede cuando Dios escribe la ley en nuestros corazones en el nuevo pacto. Y las palabras «mediante Jesucristo» describen a Jesús como Mediador de esta gloriosa obra de la gracia soberana.

Por lo tanto, el significado de la Navidad no solo es que Dios reemplaza las sombras por la Realidad, sino que él también toma la realidad y la hace real para su pueblo. La escribe en nuestro corazón. Él no deja el regalo de Navidad de la salvación y la transformación para que nosotros lo recojamos en nuestras propias fuerzas. Él lo toma en sus manos y lo deposita en nuestro corazón y en nuestra mente, y deja en nosotros el sello de que somos hijos de Dios.


Devocional tomado del sermón “Jesús: Mediador de un mejor pacto, parte 1″

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Con Cristo estoy juntamente crucificado

14 de diciembre

«Con Cristo estoy juntamente crucificado».

Gálatas 2:20

El Señor Jesucristo actuó en toda su obra como un gran personaje representativo, y su muerte en la cruz fue la muerte virtual de todo su pueblo. En esa muerte, todos sus santos pagaron a la justicia lo que le debían e hicieron expiación de todos sus pecados. El apóstol de los gentiles se complacía en pensar que él mismo, como parte del pueblo elegido de Cristo, había muerto en la cruz de Jesús. Más que creer esto doctrinalmente, Pablo lo había aceptado con fe, poniendo en ello su esperanza; creía, además, que, en virtud de la muerte de Jesús, había satisfecho la justicia divina y hallado la reconciliación con Dios. Querido amigo, ¡qué bendición supone cuando el alma puede, por así decirlo, extenderse sobre la cruz de Cristo y decir: «Estoy muerta; la ley me mató y, en consecuencia, soy libre de su poder, pues, en mi Fiador, yo cargué con la maldición y, en la persona de mi Sustituto, todo aquello que la ley podía hacer por vía de condenación, se cumplió en mí, puesto que estoy juntamente crucificado con Cristo»!

Sin embargo, Pablo quiere decir mucho más que eso aquí; ya que no solo creyó en la muerte de Cristo y confió en ella, sino que realmente sintió su poder al ejecutar esta la crucifixión de su vieja naturaleza corrupta. Cuando Pablo veía los placeres del pecado decía: «No puedo gozarme en estas cosas, pues estoy muerto para ellas». Tal es la experiencia de todo verdadero cristiano, quien, por haber recibido a Cristo, es como quien está enteramente muerto para el mundo. No obstante, aunque es consciente de su muerte al mundo, el cristiano puede, al mismo tiempo, exclamar con el Apóstol: «Y […] vivo». Realmente él vive para Dios: la vida del cristiano es un incomparable enigma. Ningún mundano puede entenderla; aun el creyente mismo no es capaz de comprenderla del todo. ¡Muerto y, sin embargo, vivo! ¡Crucificado con Cristo y, no obstante, resucitado con Cristo a una vida nueva! Estar unido al sufrido y ensangrentado Salvador, y muerto al mundo y al pecado, son cosas que alegran el alma. ¡Ojalá podamos gozarnos más en estas cosas!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 359). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 16 | Apocalipsis 5 | Zacarías 1 | Juan 4

14 DICIEMBRE

2 Crónicas 16 | Apocalipsis 5 | Zacarías 1 | Juan 4

Empezar bien no garantiza acabar bien. Judas Iscariote comenzó como apóstol; Demas empezó como un ayudante apostólico. Sabemos cómo terminaron. Asa comenzó como un rey reformador, con celo de Dios, y desplegó una formidable fe y valentía cuando los cusitas atacaron (ver meditación de ayer), pero es francamente inquietante ver cómo acabó en 2 Crónicas 16.

La crisis se precipitó cuando Baasa, rey de Israel, atacó a algunos de los pueblos y ciudades de las afueras de Judá. En vez de reflejar la misma fe firme que había mostrado veinticinco años antes, cuando se enfrentó a los cusitas (que eran mucho más formidables), Asa optó por un recurso político que resultó costoso. Despoja de sus riquezas al templo y a su propio palacio, y lo envía a Ben-adad, gobernante de Aram, una potencia regional centrada en Damasco que estaba emergiendo. Asa quiere que Ben-adad ataque a Israel desde el norte, obligando así a Baasa a retirar sus tropas del ataque en el sur para defenderse en el norte. El plan funcionó.

Esto también unió a Judá con Aram de forma peligrosa. Más importante aún, el profeta Hanani identifica el peor elemento de esta estrategia: Asa depende de la política y el dinero, no de Dios el Señor. “También los cusitas y los libios formaban un ejército numeroso, y tenían muchos carros de combate y caballos, y sin embargo el Señor los entregó en tus manos, porque en esa ocasión tú confiaste en él. El Señor recorre con su mirada toda la tierra, y está listo para ayudar a quienes le son fieles. Pero de ahora en adelante tendrás guerras, pues actuaste como un necio” (16:8–9).

Aun en ese momento, se pudo haber solventado la situación: Dios escucha regularmente a los que se arrepienten de verdad. Pero Asa sencillamente se enojó tanto, se enfureció de tal manera, que metió en la cárcel a Hanani el profeta. Sus tendencias dictatoriales se multiplicaron y Asa comenzó a maltratar al pueblo (16:10). Cuatro años después, contrajo una enfermedad terrible, pero, en vez de pedirle ayuda al Señor (y, sobre todo, perdón), se hundió en la amargura y sólo buscó ayuda de los médicos. Después de dos años enfermo, murió.

¿Y qué de todos esos años de reforma piadosa? No estamos, desde luego, en posición de ofrecer una conclusión final: eso le compete únicamente a Dios. Pero la realidad es que la gente puede apoyar la bondad y la reforma por muchas razones que no son el amor a Dios; en términos fenomenológicos, las personas pueden tener un corazón inclinado hacia Dios durante un amplio período (15:17), pero marchitarse antes de demostrar una perseverancia final. En una persona disciplinada, puede pasar mucho tiempo antes de que se vea la verdad. Pero cuando esto sucede, la prueba, como siempre, es fundamental: ¿soy yo lo primero, o es Dios?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 348). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Listo para el último viaje?

jueves 14 diciembre

 

Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo.

1 Pedro 1:18-20

¿Listo para el último viaje?

La mayoría de los pueblos de la antigüedad daban mucha importancia a los ritos funerarios. Existen muchas sepulturas que lo confirman. Al lado de los huesos del difunto a menudo encontramos objetos familiares, alimentos colocados cerca de él para asegurar la «supervivencia», amuletos y regalos para apaciguar a los dioses.

¡Sin duda son costumbres de otros tiempos! Pero existen prácticas parecidas en nuestros países cristianizados. Por ejemplo, en algunas regiones se acostumbra poner un vestido adicional en el ataúd del muerto, y colocar en su mano una moneda para ganar el favor de su dios.

Estas costumbres supersticiosas traducen el vago sentimiento de que después de la muerte no se acaba todo, ya que para ese último viaje la gente quiere satisfacer las exigencias de Aquel con quien se va a encontrar. ¿Puede conseguirlo con una moneda? ¿Qué puede ofrecer la criatura al Dueño del universo? No podemos conseguir el favor de Dios y presentarnos ante él por nuestros propios méritos, ni con dinero.

El «pase» ya fue pagado, mediante la sangre de Jesús, para los que creen en él. Antes de su crucifixión, Jesús prometió: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Juan 14:2). ¡Ese lugar está preparado; él mismo pagó el precio!

¿Quién obtiene ese pasaporte que asegura una libre entrada en el cielo? El que confía en el valor de la obra de Cristo en la cruz.

Cantares 3-4 – Apocalipsis 7 – Salmo 141:5-10 – Proverbios 29:24-25

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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SUSTENTO DE LOS JUSTOS

SUSTENTO DE LOS JUSTOS

12/13/2017

No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu.

(Zacarías 4:6) 

La Palabra de Dios, la oración y el Espíritu Santo obran juntos por el bien de los siervos de Dios. La parte especial del Espíritu es dar todo lo necesario para sustentar al justo.

Al Espíritu Santo se le llama “el Espíritu de Cristo” y “el Espíritu de Dios” (Ro. 8:9). Se le puede llamar por cualquier de los dos títulos porque Él está en la Trinidad y procede del Padre en el nombre de Cristo (cp. Jn. 14:26).

El apóstol Pablo conocía al Espíritu Santo como su maestro, intercesor, guía, fuente de poder y proveedor todopoderoso. Eso es el Espíritu para todos los creyentes. La confianza de Pablo en saber que todo obra para bien (Ro. 8:28) se basaba en la provisión del Espíritu, que “nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (v. 26).

El saber que el Espíritu provee lo ayudará a afrontar con gran confianza cualquiera cosa que se cruce en su camino.

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La realidad suprema está aquí

DICIEMBRE, 13

La realidad suprema está aquí

Devocional por John Piper

Ahora bien, el punto principal de lo que se ha dicho es éste: tenemos tal sumo sacerdote, el cual se ha sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero, que el Señor erigió, no el hombre. (Hebreos 8:1-2)

La Navidad es el reemplazo de las sombras por el objeto real.

Hebreos 8:1-2 es una clase de resumen. El punto es que ese sacerdote que se presenta entre nosotros y Dios nos reconcilia con Dios y ora por nosotros a Dios, no es un sacerdote ordinario, débil, pecador y mortal como los sacerdotes de los tiempos del Antiguo Testamento. Él es el Hijo de Dios —fuerte, sin pecado y con una vida indestructible—.

No solo eso, sino que él no ministra en un tabernáculo terrenal con todas las limitaciones de lugar y espacio, y expuesto al desgaste y al daño de las polillas y las inundaciones y los incendios y la destrucción y los robos. No, el versículo 2 dice que Cristo ministra por nosotros en el «tabernáculo verdadero, que el Señor erigió, no el hombre». Esa es la realidad que está en el cielo, y que le fue revelada a Moisés en el Monte Sinaí para que la copiara como una sombra de lo celestial.

Según el versículo 1, otro aspecto grandioso respecto de la realidad que es más grande que su sombra, es que nuestro Sumo Sacerdote está sentado a la diestra de la Majestad en los cielos. Ningún sacerdote del Antiguo Testamento podría haber dicho algo como ésto.

Jesús trata directamente con Dios el Padre. Tiene un lugar de honor a la diestra de Dios. Es infinitamente amado y respetado por Dios. Él está permanentemente junto a Dios. Esta no es la sombra de la realidad, como eran las cortinas y los tazones y las mesas y los candeleros y las vestiduras y las lazadas y las ovejas y los cabritos y las tórtolas. Ésta es la realidad definitiva y suprema: Dios y su Hijo interactuando en amor y santidad por nuestra salvación eterna.

La realidad Suprema es las Personas de la Trinidad en una relación, trabajando una con la otra respecto a cómo su majestad y santidad y amor y justicia y bondad y verdad deberán ser manifestadas en un pueblo redimido.


Devocional tomado del sermón “Nuestro Sumo Sacerdote es el Hijo de Dios hecho perfecto para siempre

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Tus ventanas pondré de piedras preciosas

13 de diciembre

«Tus ventanas pondré de piedras preciosas».

Isaías 54:12

La Iglesia está muy convenientemente simbolizada por un edificio levantado con el poder celestial y diseñado con habilidad divina. La casa espiritual no debía ser oscura, pues los israelitas necesitaban luz en sus habitaciones; debía tener, por tanto, ventanas para que la luz entrase en dichas habitaciones y sus moradores pudieran ver. Estas ventanas son preciosas como las ágatas. Los medios por los cuales la Iglesia contempla a su Señor, como también el Cielo y la verdad espiritual en general, han detenerse en alta estima. Las ágatas no son las más transparentes de las gemas; a lo sumo, son solo semitransparentes. La fe es una de estas preciosas ventanas de ágata, ¡pero ay, está frecuentemente tan turbia y velada que solo podemos ver oscuramente y confundimos muchas de las cosas que vemos! No obstante, si no podemos mirar a través de ventanas de diamante y conocer como fuimos conocidos, resulta glorioso contemplar al que es enteramente Amable aunque el vidrio sea nebuloso como el ágata. La experiencia es otra de esas opacas pero preciosas ventanas que nos dan una luz religiosa débil, por medio de la cual, a través de nuestras aflicciones, vemos los sufrimientos del Varón de Dolores. Nuestros débiles ojos no podrían soportar las ventanas de vidrios transparentes que dejan entrar la gloria del Señor; pero, cuando tenemos los ojos empañados por las lágrimas, los rayos del Sol de Justicia se ven atemperados y alumbran a través de las ventanas de ágata con suave resplandor, alentando indeciblemente a las almas tentadas. La santificación, que nos conforma a nuestro Señor, es otra ventana de ágata. Solo a medida que nos vamos transformando en seres celestiales comprendemos las cosas celestiales: el puro de corazón ve a un Dios puro; los que son como Jesús le ven tal y como él es. Ya que somos muy poco semejantes a Jesús, nuestra ventana es solo de ágata. Damos gracias a Dios por lo que tenemos, y ansiamos más. ¿Cuándo veremos a Dios y a Jesús, el Cielo y la verdad, cara a cara?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 358). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 14–15 | Apocalipsis 4 | Hageo 2 | Juan 3

13 DICIEMBRE

2 Crónicas 14–15 | Apocalipsis 4 | Hageo 2 | Juan 3

El reinado de Asa en Judá resulta educativo en varios sentidos y ocupará nuestra meditación tanto hoy (2 Crónicas 14–15) como mañana.

El largo reinado de Asa comenzó con diez años de paz (14:1), porque “el Señor le dio descanso” (14:6). Durante este tiempo, Asa “ordenó a los habitantes de Judá que acudieran al Señor, Dios de sus antepasados, y que obedecieran su ley y sus mandamientos” (14:4). El pueblo buscó al Señor y edificaron y prosperaron (14:7). Después de diez años, Asa se enfrentó al poder devastador de las fuerzas cusitas (del norte del Nilo). Asa no podía haber olvidado cómo su abuelo Roboam fue sometido por Sisac de Egipto (2 Crónicas 12). La conducta del mismo Asa es ejemplar, un anticipo de la manera como su descendiente Ezequías se comportaría siglos más tarde al enfrentarse a los babilonios: clamó al Señor, reconociendo con franqueza su total incapacidad ante estas potencias. “¡Ayúdanos, Señor y Dios nuestro, porque en ti confiamos, y en tu nombre hemos venido contra esta multitud! ¡Tú, Señor, eres nuestro Dios! ¡No permitas que ningún mortal se alce contra ti!” (14:11) Por algún medio (el texto no especifica), el Señor responde y el ejército relativamente pequeño de Asa destruye las huestes cusitas.

Llega Azarías, hijo de Obed, un profeta con un mensaje de aliento para Asa y para todo Judá y Benjamín (15:1–2). Reflexionando sobre la época terrible de anarquía durante los últimos años de los jueces y los primeros de la monarquía, el viaje y el comercio eran peligrosos y los levitas no eran lo suficientemente disciplinados y organizados como para instruir al pueblo. Azarías anima al rey y al pueblo en general a buscar al Señor, “él dejará que vosotros lo halléis; pero si lo abandonáis, él os abandonará” (15:2). Ese mensaje fortalece la determinación de Asa. Actúa en contra de la idolatría que aún quedaba e invierte recursos en el mantenimiento del templo. Esta es la comunidad del pacto, y bajo Asa, comienza a actuar como tal. Ellos buscaron “al Señor con voluntad sincera, y él se había dejado hallar de ellos y les había concedido vivir en paz con las naciones vecinas” (15:15) durante otro cuarto de siglo, hasta los treinta y cinco años del reinado de Asa (15:19). No eliminaron los “santuarios paganos” (15:17) — un residuo de la competencia contra el templo—, pero, por lo general, Asa fue un gobernante recto.

No debemos avergonzarnos de la bendición de Dios sobre la integridad y justicia. La justicia exalta a una nación: la levanta y fortalece su poder. Esto no es meramente una conclusión sociológica: es la forma en que Dios ha estructurado las cosas, su manera de reinar providencialmente. A la inversa, la corrupción atrae la ira de Dios y, tarde o temprano, destruirá a la nación.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 347). Barcelona: Publicaciones Andamio.