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2 Crónicas 14–15 | Apocalipsis 4 | Hageo 2 | Juan 3

13 DICIEMBRE

2 Crónicas 14–15 | Apocalipsis 4 | Hageo 2 | Juan 3

El reinado de Asa en Judá resulta educativo en varios sentidos y ocupará nuestra meditación tanto hoy (2 Crónicas 14–15) como mañana.

El largo reinado de Asa comenzó con diez años de paz (14:1), porque “el Señor le dio descanso” (14:6). Durante este tiempo, Asa “ordenó a los habitantes de Judá que acudieran al Señor, Dios de sus antepasados, y que obedecieran su ley y sus mandamientos” (14:4). El pueblo buscó al Señor y edificaron y prosperaron (14:7). Después de diez años, Asa se enfrentó al poder devastador de las fuerzas cusitas (del norte del Nilo). Asa no podía haber olvidado cómo su abuelo Roboam fue sometido por Sisac de Egipto (2 Crónicas 12). La conducta del mismo Asa es ejemplar, un anticipo de la manera como su descendiente Ezequías se comportaría siglos más tarde al enfrentarse a los babilonios: clamó al Señor, reconociendo con franqueza su total incapacidad ante estas potencias. “¡Ayúdanos, Señor y Dios nuestro, porque en ti confiamos, y en tu nombre hemos venido contra esta multitud! ¡Tú, Señor, eres nuestro Dios! ¡No permitas que ningún mortal se alce contra ti!” (14:11) Por algún medio (el texto no especifica), el Señor responde y el ejército relativamente pequeño de Asa destruye las huestes cusitas.

Llega Azarías, hijo de Obed, un profeta con un mensaje de aliento para Asa y para todo Judá y Benjamín (15:1–2). Reflexionando sobre la época terrible de anarquía durante los últimos años de los jueces y los primeros de la monarquía, el viaje y el comercio eran peligrosos y los levitas no eran lo suficientemente disciplinados y organizados como para instruir al pueblo. Azarías anima al rey y al pueblo en general a buscar al Señor, “él dejará que vosotros lo halléis; pero si lo abandonáis, él os abandonará” (15:2). Ese mensaje fortalece la determinación de Asa. Actúa en contra de la idolatría que aún quedaba e invierte recursos en el mantenimiento del templo. Esta es la comunidad del pacto, y bajo Asa, comienza a actuar como tal. Ellos buscaron “al Señor con voluntad sincera, y él se había dejado hallar de ellos y les había concedido vivir en paz con las naciones vecinas” (15:15) durante otro cuarto de siglo, hasta los treinta y cinco años del reinado de Asa (15:19). No eliminaron los “santuarios paganos” (15:17) — un residuo de la competencia contra el templo—, pero, por lo general, Asa fue un gobernante recto.

No debemos avergonzarnos de la bendición de Dios sobre la integridad y justicia. La justicia exalta a una nación: la levanta y fortalece su poder. Esto no es meramente una conclusión sociológica: es la forma en que Dios ha estructurado las cosas, su manera de reinar providencialmente. A la inversa, la corrupción atrae la ira de Dios y, tarde o temprano, destruirá a la nación.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 347). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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