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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

Con Cristo estoy juntamente crucificado

14 de diciembre

«Con Cristo estoy juntamente crucificado».

Gálatas 2:20

El Señor Jesucristo actuó en toda su obra como un gran personaje representativo, y su muerte en la cruz fue la muerte virtual de todo su pueblo. En esa muerte, todos sus santos pagaron a la justicia lo que le debían e hicieron expiación de todos sus pecados. El apóstol de los gentiles se complacía en pensar que él mismo, como parte del pueblo elegido de Cristo, había muerto en la cruz de Jesús. Más que creer esto doctrinalmente, Pablo lo había aceptado con fe, poniendo en ello su esperanza; creía, además, que, en virtud de la muerte de Jesús, había satisfecho la justicia divina y hallado la reconciliación con Dios. Querido amigo, ¡qué bendición supone cuando el alma puede, por así decirlo, extenderse sobre la cruz de Cristo y decir: «Estoy muerta; la ley me mató y, en consecuencia, soy libre de su poder, pues, en mi Fiador, yo cargué con la maldición y, en la persona de mi Sustituto, todo aquello que la ley podía hacer por vía de condenación, se cumplió en mí, puesto que estoy juntamente crucificado con Cristo»!

Sin embargo, Pablo quiere decir mucho más que eso aquí; ya que no solo creyó en la muerte de Cristo y confió en ella, sino que realmente sintió su poder al ejecutar esta la crucifixión de su vieja naturaleza corrupta. Cuando Pablo veía los placeres del pecado decía: «No puedo gozarme en estas cosas, pues estoy muerto para ellas». Tal es la experiencia de todo verdadero cristiano, quien, por haber recibido a Cristo, es como quien está enteramente muerto para el mundo. No obstante, aunque es consciente de su muerte al mundo, el cristiano puede, al mismo tiempo, exclamar con el Apóstol: «Y […] vivo». Realmente él vive para Dios: la vida del cristiano es un incomparable enigma. Ningún mundano puede entenderla; aun el creyente mismo no es capaz de comprenderla del todo. ¡Muerto y, sin embargo, vivo! ¡Crucificado con Cristo y, no obstante, resucitado con Cristo a una vida nueva! Estar unido al sufrido y ensangrentado Salvador, y muerto al mundo y al pecado, son cosas que alegran el alma. ¡Ojalá podamos gozarnos más en estas cosas!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 359). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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