Examen para un cristiano

Jueves 24 Mayo

Por el fruto se conoce el árbol.

Mateo 12:33

Yo pues… os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados.

Efesios 4:1

Examen para un cristiano

Un predicador se sentó en el bus que lo llevaría al lugar donde iba a predicar el Evangelio en público. Al contar el dinero que le devolvió el conductor, se dio cuenta de que había 40 centavos de más. Cuando llegó a su destino, en el momento de bajarse del bus, devolvió los 40 céntimos al conductor, diciéndole: –Me dio de más.

El conductor sonrió y le preguntó: –¿Es usted el nuevo predicador del barrio?

–Sí.

–Pues fíjese, continuó diciendo el conductor, desde hace algún tiempo he pensado ir a una iglesia, y solo quería ver cómo reaccionaría usted si le devolvía más de la cuenta… ¡Hasta el próximo domingo! Nos veremos en la sala de reuniones…

Cristianos, a menudo nuestra vida diaria es la primera manera de dar a conocer el Evangelio de Cristo a aquellos que nos rodean. La Palabra de Dios incluso afirma que para ellos somos “carta de Cristo” (2 Corintios 3:3): nuestra vida muestra lo que creemos. El ejemplo de este evangelista ilustra la manera como nos miran quienes nos rodean, y también la manera como a veces podemos ser probados mediante nuestro comportamiento. Somos llamados a actuar honestamente ante todos los hombres (Romanos 12:17), tanto en los pequeños detalles como en aquello que es más importante.

Recordemos que un cristiano lleva el nombre de Jesucristo. ¡Velemos sobre nuestras palabras, nuestros actos y nuestro comportamiento!

Levítico 5 – Romanos 2 – Salmo 62:9-12 – Proverbios 16:1-2

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No hay secreto alguno para el éxito

No hay secreto alguno para el éxito

5/23/2018

Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios. (Lucas 9:62)

Nunca he conocido a una persona influyente que haya tenido éxito en cualquier campo empresarial que no estuviera comprometida en alcanzar metas. Quienes influyen en el mundo son investigadores, competidores y ganadores, interesados más en las metas que en satisfacer sus propias necesidades. Todo lo que he aprendido acerca de la vida de grandes líderes cristianos me ha enseñado que no hay secreto alguno para el éxito.

Todos ellos hicieron el máximo esfuerzo por alcanzar metas espirituales y no les importó la satisfacción personal durante el proceso.

Es asombroso descubrir cuánto han sufrido los grandes predicadores, los teólogos y los misioneros en el proceso de alcanzar sus metas. Estaban mucho más interesados en seguir a Cristo que en su propia condición. ¿Puede usted decir lo mismo en cuanto a su propio compromiso con Cristo?

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¿De verdad Cristo lo vale?

MAYO, 23

¿De verdad Cristo lo vale?

Devocional por John Piper

Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre y madre, a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas, y aun hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. (Lucas 14:26-27)

Jesús no se avergüenza ni tiene temor alguno de decirnos a la cara lo «peor», el doloroso costo de ser cristianos: aborrecer a la familia (v. 26), cargar una cruz (v. 27) y renunciar a nuestros bienes personales (v. 33). No hay letra pequeña en el pacto de la gracia. Todo está escrito en letra grande y negrita. ¡No hay gracia barata! ¡Es muy costosa! Ven, y sé mi discípulo.

Por el contrario, Satanás esconde lo peor y nos muestra solo lo mejor. Lo único que realmente importa en el trato con Satanás está en letra pequeña en la última página.

En la primera página se lee en letra grande y llamativa: «Ciertamente no moriréis» (Génesis 3:4) y «Todo esto te daré, si postrándote me adoras» (Mateo 4:9). Sin embargo, en la última página y en letra pequeña —tan pequeña que solo se puede leer bajo la lupa de las Escrituras— se lee: «Y después de disfrutar de los placeres banales, sufrirás conmigo para siempre en el infierno».

¿Por qué Jesús está dispuesto a mostrarnos lo «peor» así como lo mejor de él, mientras que Satanás solo nos muestra lo mejor de él? Matthew Henry responde: «Satanás nos muestra lo mejor que tiene, pero oculta lo peor, porque no puede compensar lo peor con lo mejor; sin embargo Cristo lo compensará de manera abundante».

El llamado de Jesús no es solo un llamado al sufrimiento y la abnegación; en primer lugar es la invitación a un banquete. Esto es lo que nos enseña la parábola de Lucas 14:16-24. Jesús también promete una resurrección gloriosa en la que todas las pérdidas de esta vida serán recompensadas (Lucas 14:14). También nos dice que nos ayudará a soportar las pruebas (Lucas 22:32) y que nos dará el Espíritu Santo (Lucas 11:13). Promete que incluso si nos matan por causa del reino, «ni un cabello de [nuestra] cabeza perecerá» (Lucas 21:18).

Esto significa que cuando nos sentemos a calcular los costos de seguir a Jesús —cuando pongamos en la balanza lo «peor» y lo «mejor»— llegaremos a la conclusión de que lo vale. Él es absolutamente digno (véase Romanos 8:18).

No sucede lo mismo con Satanás. El pan robado es sabroso, pero luego la boca se llena de grava (véase Proverbios 20:17).

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Números 32 | Salmo 77 | Isaías 24 | 1 Juan 2

23 MAYO

Números 32 | Salmo 77 | Isaías 24 | 1 Juan 2

El pasaje de Isaías 24–27, que culmina la larga sección de los capítulos 13–27, es llamado en ocasiones “el apocalipsis de Isaías”. Aquí, el profeta pasa de los oráculos contra determinadas naciones a un apocalipsis (una “revelación) relativa al mundo entero. El pensamiento no es tanto secuencial o literalista, sino una serie de imágenes provocadoras que cuentan su propia historia. Isaías 24 describe principalmente la devastación que debe caer sobre toda la tierra. Le siguen tres capítulos de cánticos, e incluso festejos, ofrecidos con gozo al Señor por su triunfo final e irrefutable.

La mayor parte del capítulo 24 se ocupa de la devastación total del juicio final, de su rigurosidad y terror. En una serie de imágenes impactantes, las ciudades quedan asoladas (24:10), las viñas sin fruto (24:13), el terror y las trampas surgen por todas partes (24:18), y toda la tierra está quebrantada mientras los cielos derraman diluvios cataclísmicos (24:18–19), o, como alternativa, en una mezcla de metáforas, la tierra se marchita a causa de una terrible sequía (24:4). No obstante, hay dos subtemas que también captan la atención del lector.

Primero: “La tierra yace profanada, pisoteada por sus habitantes, porque han desobedecido las leyes, han violado los estatutos, han quebrantado el pacto eterno. Por eso una maldición consume la tierra, y los culpables son sus habitantes. Por eso el fuego los consume, y solo quedan unos cuantos” (24:5–6). Probablemente, la referencia a un “pacto” sea relativa al que Dios estableció con Noé y sus descendientes tras el diluvio (Génesis 9:8–17), lo cual repite la estructura de obligaciones procedente de la propia creación. De ser así, las “leyes” y “estatutos” que se han violado son los modelos fundamentales de conducta correcta implícitos y en ocasiones estipulados en un universo en el que Dios es absolutamente central y donde los seres humanos, los creados a su imagen, están adecuada y tiernamente relacionados con él. La triste realidad es que “han quebrantado el pacto eterno” (24:5). Esta terrible ruptura ha atraído la justa maldición de Dios (24:6). La visión apocalíptica del juicio final en este capítulo es la consecuencia.

Segundo: en este capítulo, la gloria que acompaña al juicio, o que espera sobre él, rompe en dos ocasiones las implacables tinieblas. En 24:14–16a, Isaías menciona personas que vienen de oriente y occidente, proclamando la majestad del Señor, levantando su voz en gozosa alabanza, cantando “¡Gloria al Justo!” desde los confines de la tierra, algo que señala simultáneamente que el juicio ha acabado y que Dios ha sido justo al dispensarlo. El último versículo del capítulo (v. 23) es como un preludio de la visión final de la Biblia. La gloria definitiva de la nueva Jerusalén es tan brillante que no se necesita sol: “La gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera” (Apocalipsis 21:23).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 143). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Tres objetivos

Miércoles 23 Mayo

Qué pide el Señor de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia (bondad), y humillarte ante tu Dios.

Miqueas 6:8

Tres objetivos

Amigos cristianos, Dios conoce las disposiciones interiores de cada uno de nosotros. A través del profeta Miqueas nos indica tres maneras de orientar nuestra vida para agradarle.

–Hacer justicia: Significa ser recto en nuestras palabras, actitudes y relaciones con los demás. Esta rectitud se nota rápido en un mundo impregnado de mentira e hipocresía. Es la base de todo testimonio cristiano. Muestra uno de los caracteres de Dios.

–Amar misericordia: “De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos” (Salmo 90:14). Dios es la fuente de la misericordia, de la bondad, y Jesús es su perfecta expresión. Esa bondad nos conduce a buscar el bien de los que nos rodean y a responder a sus necesidades espirituales, afectivas o materiales, sin dejarnos desanimar por la indiferencia o el menosprecio.

–Humillarte ante tu Dios (o “andar humildemente con tu Dios”): Los dos primeros puntos conciernen a nuestras relaciones con nuestros semejantes, y este último a nuestra actitud hacia Dios. Él es nuestro Creador, nuestro Dios Salvador. Él es quien nos sostiene en nuestra vida cristiana. Si reconocemos que absolutamente todo lo debemos a Dios, permanecemos humildes ante él y contamos con su ayuda para hacer su voluntad cada día.

Solo hubo Uno que respondió perfectamente a lo que Dios esperaba del hombre, Jesús nuestro Señor. Dios le dijo desde el cielo: “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Marcos 1:11).

¡Él desea que lo sigamos y lo imitemos!

Levítico 4 – Romanos 1 – Salmo 62:5-8 – Proverbios 15:33©

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Evitemos la teología centrada en el hombre

Evitemos la teología centrada en el hombre

5/22/2018 

De vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. (Hechos 20:30)

Muchas fuerzas impiden que comprendamos esta verdad fundamental: “La meta de la vida de todo cristiano es ser más semejante a Cristo”. La psicología humanista es una de esas fuerzas. Ella enseña que el hombre existe para su propia satisfacción: debe tener todo lo que cree que necesita y debe satisfacer sus deseos para ser feliz. Como resultado, en muchas iglesias el crecimiento espiritual se iguala a menudo con allanar los problemas de la vida y hallar satisfacción personal.

Esa clase de mentalidad que finalmente lleva a una teología centrada en el hombre, es diametralmente opuesta a lo que la Biblia enseña. La meta de la salvación y de la santificación es que seamos hechos conformes a la imagen de Cristo (Ro. 8:29). Se ha dicho muy bien que la fe mira hacia afuera y no hacia adentro, y que toda la vida está en esa esfera. Cuanto más conoce a Cristo y se concentra en Él, tanto más el Espíritu lo hará semejante a Él. Pero cuanto más se concentra usted en sí mismo, tanto más se distraerá usted de la senda correcta.

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Jesús conoce a sus ovejas

MAYO, 22

Jesús conoce a sus ovejas

Devocional por John Piper

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen. (Juan 10:27)

Jesús conoce a aquellos que le pertenecen. ¿En qué consiste tal conocimiento?

Un versículo paralelo a Juan 10:27 es Juan 10:3: «Las ovejas oyen su voz; llama a sus ovejas por nombre y las conduce afuera».

Por lo tanto, cuando Jesús dice: «yo las conozco», quiere decir que las conoce por su nombre; es decir, conoce a cada una individualmente y tiene una relación íntima con cada una de ellas. No son anónimas, ni están perdidas en medio del rebaño.

Los versículos 14 y 15 nos ayudan a comprenderlo mejor: «Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas y las mías me conocen, de igual manera que el Padre me conoce y yo conozco al Padre».

Hay una verdadera semejanza entre el modo en que Jesús conoce a su Padre que está en los cielos y el modo en que conoce a sus ovejas. Jesús se ve a sí mismo en el Padre, y también se ve a sí mismo en sus discípulos.

Hasta cierto punto, Jesús reconoce su propio carácter en sus discípulos. Ve su propia marca grabada en las ovejas.

Es como un esposo que espera a la esposa en el aeropuerto, mirando a cada persona que sale del avión. Cuando ella aparece, él la reconoce, conoce sus rasgos y facciones, se deleita en verla, y es ella la única persona a quien abraza.

El apóstol Pablo lo expresa de esta forma: «El sólido fundamento de Dios permanece firme, teniendo este sello: El Señor conoce a los que son suyos» (2 Timoteo 2:19).

Es improbable hacer demasiado énfasis en el tremendo privilegio que tenemos de ser conocidos de manera personal, tierna a íntima por el Hijo de Dios. Es un regalo precioso para todas sus ovejas y conlleva la promesa de la vida eterna.

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Números 31 | Salmos 75–76 | Isaías 23 | 1 Juan 1

22 MAYO

Números 31 | Salmos 75–76 | Isaías 23 | 1 Juan 1

En esta sección de la profecía de Isaías (caps. 13–27), la ciudad-Estado de Tiro (Isaías 23) es la última en atraer sobre sí un oráculo contra ella. Si Babilonia fue conocida por su poder imperial y sus logros culturales y artísticos, Tiro fue famosa en todo el mundo mediterráneo por su riqueza.

El escenario histórico de este oráculo está razonablemente claro. Los asirios han destruido recientemente Babilonia (23:13), una referencia al ataque de Senaquerib (710 a.C.) o a los saqueos y la destrucción bajo Sargón (689), antes de que esta se convirtiese en una superpotencia por sí misma, que finalmente destruiría y sustituiría a Asiria. Ese momento de la historia, la reciente destrucción de Babilonia, sirve como modelo de lo que pasará a Tiro, siendo también una amenaza.

Tiro se enriqueció como primer centro comercial del mundo mediterráneo. Los barcos de Tarsis (España, en el otro extremo del mismo) lloran por las noticias de la destrucción de la ciudad (23:1, 14), que llegan a Chipre (23:1), frente a sus costas, y después a Sidón (23:2–4). Egipto, el granero del Mediterráneo, llora por las consecuencias negativas en el comercio de su grano (23:5). La caída de Tiro afectó a la región del mismo modo que la caída de Wall Street al mundo en 1929.

Fuesen cuales fuesen las presiones históricas que produjeron la destrucción de Tiro, Isaías quiere que sepamos que fue obra de Dios (23:8–12) y que él es quien restaura a la ciudad de nuevo, aunque todo lo que haga con su resurgimiento sea volver a su antigua “prostitución” (23:15, 17). Sin embargo, finalmente su pecado no es el dinero, sino el orgullo: “Lo planeó el Señor Todopoderoso para abatir la altivez de toda gloria y humillar a toda la gente importante de la tierra” (23:9). No existe necesariamente relación entre riqueza y soberbia (como Job demuestra), pero ocurre con mucha frecuencia. Una gran fortuna fomenta a menudo un espíritu de arrogante autosuficiencia. ¿Qué pasos deben dar los cristianos del relativamente próspero Occidente en contra de este terrible pecado?

En el espíritu del escorzo profético, los últimos versículos (23:17–18) bailan de la historia a la escatología. Finalmente, la riqueza de la tierra, aunque la hayan reunido grandes comerciantes como Tiro, se apartará toda para el Señor: él es quien la dio y todas las cosas vuelven a él. Todo será para “los que habitan en presencia del Señor”. Aquí tenemos otro esbozo de un universo reconstituido, no más dañado por todo lo que es vil, donde el pueblo de Dios se deleita eternamente en él y en sus bendiciones.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 142). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Fe y obras

Martes 22 Mayo

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Romanos 5:1

Fe y obras

“Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).

Un evangelista explicaba este versículo. Estamos reconciliados, tenemos la paz con Dios solo mediante la fe, es un don de Dios. Nuestra salvación no se gana, no se merece, no se compra. Un asistente, convencido de que las obras eran necesarias para ser salvos, le citó otro pasaje de la Biblia: “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (Santiago 2:24). ¿Ambas cosas son compatibles?

La Biblia es la Palabra de Dios, y el Espíritu Santo es su autor. Dios no se contradice. Estos dos versículos expresan dos puntos de vista diferentes y complementarios: lo que Dios ve y lo que pueden ver los hombres.

Dios puede leer en nuestros pensamientos y en nuestro corazón. Él sabe si el creyente confía solo en la obra de Cristo para ser salvo. Solo de esta manera, es decir, por la fe, es hecho “justo” ante Dios. La fe es un acto de confianza en Dios y no una simple adhesión a un conjunto de dogmas.

Para los hombres, que únicamente ven el resultado exterior de la transformación interior, las obras hacen que la fe sea visible. Las obras de un creyente son coherentes con lo que hay en su interior. Su vida cotidiana es el reflejo de su fe.

Los dos aspectos son importantes. Primeramente la fe, para echar mano del regalo de Dios, y luego los actos, como frutos de la vida divina.

Levítico 3 – Marcos 16 – Salmo 62:1-4 – Proverbios 15:31-32

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El fracaso de los líderes

El fracaso de los líderes

5/21/2018

A ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. (Filipenses 2:20)

La historia de la Iglesia pudiera referirse a nuestra época como la del desastroso fracaso en el liderazgo de la iglesia. Se han bajado las normas del liderazgo, y millares han perdido trágicamente su camino.

¿Dónde están los hombres piadosos y veraces? ¿Dónde están los humildes y desinteresados modelos de virtud? ¿Dónde están los ejemplos de la victoria sobre la tentación? ¿Dónde están quienes nos muestren cómo orar y vencer las pruebas o la adversidad?

Tenemos una iglesia estancada y deformada porque hemos perdido de vista a Cristo, su Palabra y al Espíritu. Hemos perdido de vista nuestro claro ejemplo de crecimiento en la vida del apóstol Pablo. Y hemos tolerado una norma de liderazgo más baja que la permitida por la Biblia. La esencia del cristianismo es ser más semejante a Cristo. Se atenderán asuntos tales como las buenas relaciones, el servicio y la evangelización si procuramos alcanzar esa meta santa.

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